Banderas blancas en el horizonte

La política atiende preferentemente el corto plazo; a lo sumo, los cuatro años de una legislatura. La políRica, por el contrario, casi se desentiende del presente inmediato y eleva la mirada hacia el horizonte. Observando la lejanía, este agitado proceso de elección de Lehendakari y de formación de gobierno se puede ver con una cierta esperanza.
La políRica nunca atribuye errores en el electorado, que se define claro en sus preferencias de acuerdo a lo que se le pregunta. Naturalmente que la ciudadanía es sensible a las presiones de los medios, de la publicidad y de cómo los partidos se comunican con la sociedad. Pero esto es algo que debe formar parte esencial de la política, que ha de reforzarse en transparencia, en canalizar su operatoria y en dar escucha y participación a su militancia... y, sobre todo, a su electorado. Y este proceso está apenas iniciado, quedando mucho por recorrer en la selección de listas (primarias), en las políticas impulsadas o defendidas, y en las temáticas de las que se habla durante y entre los breves períodos electorales.
Con plazos dilatados de tiempo, podríamos comparar la situación presente con la de hace ocho años. En 2001 el choque de carneros fue más brutal que hoy, en marzo de 2009. Entonces, competían dos bloques monoliticos: un Acuerdo de Lizarra y un PP-PSOE de Oreja-Redondo. Estas autonómicas han suavizado las formas, han dejado fuera a cada vez menos votos ilegalizados, y permitirán un relevo gubernamental, si se produce, dentro de la rutina parlamentaria. Pero faltan probablemente otros ochos años para normalizar la política vasca, olvidar la aberración de la violencia en todas sus manifestaciones, superar la atroz crisis económica y comenzar una alternancia o variabilidad común en las democracias europeas más avanzadas.
Por ello, quienes apostamos por la políRica trataremos que en todos los pasos que se vayan dando se busque la superación de los enfrentamientos sempiternos con una perspectiva democrática más acendrada y desdramatizada. Han sido décadas de trincheras, siglos quizá, y la aparición de banderas blancas, de negociación entre diferentes, quizá aventure un futuro expedito como el que se merece una población que ha sufrido el odio y la incomprensión en dosis que no se corresponden con otros avanzados parámetros sociales de nuestra realidad.
Levantar una bandera blanca no siginifica rendirse, sino comprender al fin. El blanco es un color de integración, es una suma de colores particulares, es el cromatismo de la políRica. Portar una bandera blanca no es de cobardes viles, sino de pacifistas inteligentes, prospectivos y valientes. Vídeo inferior de "Feliz Navidad" ( y parte), película basada en una nochebuena de 1914 en el frente de la Primera Guerra Mundial.
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2 comentarios:

Gontzal dijo...

Mikel, debe ser que mis miras no alcanzan distancias tan lejanas, pero ese necesario pacto entre diferentes creo que está quedando en el olvido o en la esperanza de algunos. Se está demostrando que alcanzar el poder y pasar factura al diferente es más sencillo y tentador que molestarse en llegar acuerdos.

Cierto es, también, que algunos sólo han hecho mención de ceder cuando han visto la cosa muy negra...

Iñaki Ortiz dijo...

La polírica es más que un reparto de poltronas (lo que habría sido ese "pacto entre diferentes"), es otra forma de hacer política, más transparente, más limpia, más honesta. La polírica es cooperación, no confrontación. La polírica se hace con la ciudadanía, no sólo con los votos de la ciudadanía. La polírica es convivencia, no apartheid.

Levanto mi bandera blanca.

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