Comprar una necesidad

Una de las anécdotas de mi infancia, que me persiguió como broma familiar durante años, fue cuando entré en una tienda y quise comprar "una necesidad". No me entendieron hasta que salí al escaparate y la señalé con el dedo. Era navidad y en el bazar se ofrecían diversas bromas de la época: bombas fétidas, petardos para los cigarrillos,... A nosotros nos habían educado en decir que íbamos al "servicio a hacer nuestras necesidades". Así que yo definía aquel excremento de plástico como una necesidad.

Ahora que vivimos una crisis, sentimos más algunas necesidades peor atendidas. Esto, en su desgracia, puede permitirnos apreciar más lo que tenemos y lo que somos, porque como hace 24 siglos ya decía Artajerjes I, "De cuántos gustos nos priva la abundancia si no vivimos la experiencia de la necesidad". Además, a gran necesidad, gran diligencia, porque el poder está muy cerca de la necesidad. Así nace el deber que no es sino una necesidad voluntaria, y la mejor carta de nobleza del ser humano. En la necesidad se reconoce la amistad y se agudiza el ingenio. Y el valor nunca es mayor que cuando nace de la necesidad.

Por último, no confundamos los muchos y fútiles deseos con las pocas y genuinas necesidades. Quizá, la única necesidad insoslayable es la necesidad de amar, el impulso de salir de uno mismo y entregarse a los demás. Porque cuando se ama de verdad, aunque sólo sea a la pareja,... ya no se puede dejar de amar al resto de la humanidad.

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