Paciente de fisioterapia

Por razón de una recalcitrante lumbalgia, llevo unas semanas bajo cuidados fisioterapéuticos. Fisioterapia, o terapia física, es un término que proviene de la unión de las voces griegas: physis, que significa naturaleza y therapeia, que quiere decir tratamiento, según explica la wikipedia. Para un físico que reverencia a los profesionales sanitarios, pero que odia todo lo que huela a hospital, ha sido una nueva experiencia conocer la realidad de un centro de fisioterapia en el barrio bilbaíno de Indautxu.

Valoración positiva de las profesionales que allí gestionan tantos casos humanos con dignidad y amabilidad. Excelente trato personalizado para el trajín de gente que pasamos por allí cada hora, a pesar de las limitaciones de espacio. Aunque serán pocas sesiones, se ha establecido un hábito muy benéfico de partir el tiempo sedentario, caminar diez minutos de ida y vuelta, así como permanecer tumbado durante casi 45 minutos en medio de la jornada laboral.

La fisioterapia resulta perfecta para recordarnos que, aparte de ideas y anhelos, sobrevivimos por el sustrato de un cuerpo material que requiere entrenamiento y atención. Se revaloriza en extremo el sentido del tacto, esa primitiva pero vívida sensación de las manos curativas por contacto (con tacto). Aplicando con fuerza movimiento y calor (energías cinética y térmica), se aspira a reposicionar huesos, diluir inflamaciones, aliviar nervios y reajustar hacia la normalidad todas las complejas funciones de los diversos sistemas locomotor, sanguíneo, nervioso y muscular.

La foto, que no se corresponde con ningún escenario médico, simplemente sirve para ilustrar el tema con una espalda al descubierto.

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