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Nos la dan con queso

Primero inventaron la pubertad, y convirtieron en malcriados insufribles a los adolescentes. Ahora, quieren fastidiar a la infancia con “libros de autoayuda” para niños de seis años. Un espabilado psicólogo de éxito mundial, quiere volvernos locos a los padres al tiempo que se embolsa nuestro dinero. El célebre Spencer Johnson, autor de libros best-sellers traducidos a 26 idiomas, ha publicado en castellano una adaptación de su obra “¿Quién se ha llevado mi queso?”, con más de 12 millones de ejemplares vendidos en 37 países, destinada a escolares que apenas saben leer. Pretende enseñarles a identificar objetivos vitales y a responder cuando no se alcanzan, como si fuese la clave que garantiza el éxito futuro.

¿Cómo se puede pasar de entrenador de ejecutivos en el mundo de los negocios a maestro de párvulos en la escuela infantil, sólo quitando letras y añadiendo dibujos para narrar la misma historia? Johnson relata las consabidas peripecias de dos ratoncillos y dos liliputienses que recorren un laberinto diariamente para encontrar siempre su queso en el mismo lugar. Pero un día el queso desaparece. Los ratones simple e instintivamente rebuscan otra fuente de queso. Los hombrecitos, sin embargo, quedan molestos y paralizados. Tras comprobar que el queso no volverá, Haw reacciona y decide buscar nuevos suministros, asumiendo el cambio como una oportunidad. No logra convencer a Hem para unirse a la búsqueda, porque éste decide que cualquier otro queso no le gustaría tanto como el anterior, y termina muriendo de hambre. Haw finalmente descubre más queso del que nunca soñó, aprendiendo lecciones como “no temas al cambio: anticípate; no te quedes parado; no te aferres a viejas ilusiones; observa los indicios que predicen los grandes cambios; disfruta de la novedad y saborea la aventura”.

La fábula permite a un adulto extraer la moraleja de la adaptación, porque instintivamente tratamos de evitar o minimizar los cambios que, inevitablemente, ocurren. Cada uno de nosotros mantiene su propia idea de lo que es el “Queso” (la Felicidad). Si lo conseguimos, nos encariñamos con él, pero si lo perdemos hemos de estar preparados para nuevas búsquedas. Pero es desatinado y prematuro anticipar a criaturas lemas tan prosaicos como “las viejas convicciones no te conducen al Queso Nuevo”, “cuanto antes olvides del Queso Viejo, antes encontrarás el Queso Nuevo»” o “debes imaginarte disfrutando del Queso Nuevo incluso antes de encontrarlo, para animarte en su búsqueda”.

Sólo cabe la excusa de que un librito así, realmente no se dirige a chiquillos, sino a adultos con edad mental propia de la infancia, que entienden mejor un mensaje con pocas palabras y grandes ilustraciones. A los niños de verdad, no pretendamos “auto-ayudarles”. Mejor que sigan soñando con un mundo feliz mientras leen precozmente cuentos clásicos como “El Principito”.

La lealtad es más espesa que la sangre

Lealtad (véanse otros posts sobre este cualidad) es la mayor y máxima cualidad. Los caminos de la lealtad son siempre rectos, decía Charles Dickens. Si somos leales a alguien también debemos serle sinceros, pues sin sinceridad no existe ningún tipo de lealtad. El sabio no considera el oro como un preciado tesoro, sino la lealtad y la buena fe, según Confucio. Los actos son mucho más importantes que las palabras, pues las palabras son meras promesas y los actos hechos irrefutables. 

La lealtad no se puede imprimir. No puede ser producida en una línea de montaje porque su origen está en el corazón humano, el centro del respeto a uno mismo y de la dignidad humana. La lealtad es una decisión, una resolución del alma. Casi siempre no elegimos nuestras lealtades, esas personas sencillamente se la ganan a pulso. 

Entendamos que es más fácil desear y conseguir la atención de decenas de millones de absolutos extraños que aceptar el cariño y la lealtad de las personas más próximas. Las personas más cercanas a nosotros son el motor de nuestras vidas, debemos guardarles siempre un gran cariño y respeto. La lealtad es el camino más corto entre dos corazones, afirmó Ortega y Gasset.

La lealtad es cosa de la que todo el mundo habla y muy pocos la practican, por la sencilla razón de que no es una posición espiritual al alcance de todo el mundo, ni todo el mundo está preparado para ser leal. La lealtad tiene un corazón tranquilo, proclamó William Shakespeare. Hay algo que no dan la clase social, ni el dinero, ni el poder ni la inteligencia; es algo que se lleva dentro, que se nace con ello: lealtad. 

Nuestro país no es la única cosa a la que debemos nuestra lealtad. También se le debe a la justicia y a la humanidad. Actuar de forma honesta nos ayudará inequívocamente, a poder forjar en el futuro una sociedad mejor que la actual. Es una elección que sólo los espíritus fuertes tienen el coraje de cumplir. El amigo leal se ríe con tus chistes, aunque no sean tan buenos, y se conduele de tus problemas aunque no sean tan graves. El auténtico amigo es el que lo sabe todo sobre ti y sigue siendo tu amigo. Siempre el traidor es el vencido y el leal es el que vence, aseguraba Calderón de la Barca. 

Nuestras lealtades serán siempre una gran parte de la persona que somos, quizás no las elegimos conscientemente pero aún así han llegado para quedarse. Las personas leales no se sienten incómodos al mostrarse como son, porque otros espíritus leales entienden sus cualidades y sus defectos. Ser leal es la mayor valentía.

Mantenernos fieles a nuestros pensamientos puede ser algo duro de realizar en la práctica, pero debemos hacerlo si queremos ser felices en el futuro. Quien es leal eleva su mirada con humildad, y quien es desleal, con soberbia.

La sangre te hace pariente pero la lealtad te hace familia. Saber elegir nuestros amigos nos ahorrará muchos disgustos en el futuro, sé cauteloso al elegirlos. Nuestros hijos deben brindarnos siempre su lealtad hacia nosotros. Para que esto suceda nosotros tendremos que haber sido justos con ellos.

Coincidimos con 
Edward AbbeyLa lealtad no será limitada por fronteras nacionales, o limitada por la historia de una nación, o limitada a la dimensión espiritual de una sola lengua o cultura. Yo comprometo mi lealtad a la maldita raza humana y mi amor eterno a las verdes columnas de la Tierra, y mis insinuaciones de gloria cantando a las estrellas hasta el fin del espacio y el tiempo. 

"Colocado en un tránsito histórico, pagaré con mi vida la lealtad al pueblo". Con esta cita, Salvador Allende nos demuestra su firme convicción de ser ajusticiado si hiciese falta. Él siempre viviría y moriría acorde con sus propias ideas. Uno para todos y todos para uno (en Los tres mosqueteros). Uno de los lemas más recordados de esta novela de Alejandro Dumas. 

La lealtad es el sentimiento más caro, no lo esperes de personas baratas. La lealtad de una persona es un bien muy preciado y nos indica que el grado de calidad humana y de inteligencia de ésta. La fidelidad no es gris. Es negra o blanca. Eres por completo fiel, o nada fiel en absoluto. Pocas cosas hay en la vida más frágiles que la lealtad y la fidelidad. Tan pronto como la tengamos de alguien, la podemos perder. 

La confianza se gana, el respeto se da, la lealtad se demuestra. Premia la lealtad con lealtad; y la deslealtad con distancia. Una de las recetas más útiles que podemos seguir en la vida. Premiar lo que recibimos de otros con la misma moneda. Nada es más noble, nada es más venerable, que la lealtad. 

Desleal es quien desaparece cuando el camino es oscuro. La lealtad es el primer valor que muchos olvidan. La lealtad no se jura, se demuestra, en El Principito. La lealtad es uno de esos sentimientos que deben ser demostrados más que proclamados.