Con la poesía dejamos de hacer de profetas del porvenir y comenzamos a ser los autores del futuro. Porque si se riman poemas a los veinte años, es porque se tienen veinte años; sólo si se sigue pensando en lírica muchos años después surge el poeta. Lo más importante es escribir poesía... toda la vida. "A fin de cuentas, la historia es la poesía verdadera", citando nuevamente a Carlyle.
Necesitamos más poetas que profetas...
Con la poesía dejamos de hacer de profetas del porvenir y comenzamos a ser los autores del futuro. Porque si se riman poemas a los veinte años, es porque se tienen veinte años; sólo si se sigue pensando en lírica muchos años después surge el poeta. Lo más importante es escribir poesía... toda la vida. "A fin de cuentas, la historia es la poesía verdadera", citando nuevamente a Carlyle.
Buscaba qué amar amando el amar
"Todo, busca todo; sin meta, sin tregua, sin descanso".
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| Victor Hugo. |
La fortuna de amar
"La grandeza de una persona no se mide por sus bienes, sino por su capacidad de amar". |
| Opinamos algunos... |
Amor se escribe siempre con mayúscula
Amor se escribe con mayúsculas porque no hay amores pequeños; toda clase de amor verdadero es grandioso e imperecedero. La vida mancha, pero el Amor salva. El Amor es una caja de herramientas que puede transformar el universo. El Amor es un caballo de Troya que desde dentro abrirá las puertas de la ciudadela y nos salvará del odio.
Amor se escribe con A de almas anidadas, de aventura y de altruismo, de audacia y de aceptación, de arrebato y de alegría, de amistad y de ayuda, de afirmación y de agradecimiento, de atención y de apoyo, de ánimo y de acompañamiento. Amor se escribe con M de mocedad y de madurez, de mesura y de modales, de maestría y de modestia, de melancolía y de magia de misterio musical. Amor se escribe con O de optimismo y de oportunidad, de originalidad y de observación, de obstinación y orgullo. Amor se escribe con R de rebeldía y rigor, de recato y reflexión, de respeto y de rectitud. Amor se escribe sin E de egoísmo, sin I de ingratitud y sin U de urgente. Amor, a veces, se escribe con H de humor, con una H superflua, porque lo nimio y el detalle son importantes en el Amor.
Hay muchas clases de Amor: a la pareja, a los padres, a los hijos, a Dios, a los hermanos, a la familia, a los amigos, a los necesitados, a la Humanidad, a un oficio, a una dedicación,… Pero todo Amor se escribe con letras de oro, porque el Amor es lo mejor de la vida. Todo lo que vale la pena es, al fin y al cabo, Amor. Al final, sólo perduran los frutos del Amor. El recuerdo y las obras de quienes amamos o nos han amado.
La vocación de vivir no es sino la profesión de amar. Los niños, y en toda casa debiera haber un niño, nos enseñan que vivir es tan sencillo como amar y ser amado. En la sociedad de adultos adustos, donde sólo la maldad es noticia y donde la ternura viaja en trenes rigurosamente vigilados, el puzzle de almas difícilmente encaja. Convirtámonos en ciudadanos del Amor proclamando: "Mi patria es el Amor". El Amor es contagioso, al igual que la falta de Amor. ¡Amémonos! ¡Sólo por hoy! ¡Sólo por ti, Amor! ¡Cuánto te quiero, Amor!
¿Qué haría Jesucristo?
Ambos contendientes Bush y Kerry han recurrido, para la movilización del electorado indeciso, a la búsqueda de todo tipo de aliados y simpatizantes, incluso en las instancias religiosas. Numerosas jerarquías y representantes de los diferentes cultos y sectores estadounidenses se han pronunciado a favor de uno u otro candidato, en función de su posicionamiento político.
Francamente, no vale la pena recopilar las exhortaciones de algunos prelados sugiriendo un aval del Dios universal a un candidato y comparando a su adversario con el mismo demonio. En plena batalla electoral y cuando parece que todo vale para ganar a cualquier precio, se desentierran grupos que han actuado incluso con parafernalia paramilitar de brazaletes con las siglas "QHJ" (¿Qué haría Jesucristo?, en Florida incluso en castellano). Intempestivas y desafortunadas opiniones que interpretan en clave partidista y unívoca la respuesta que Jesucristo podría ofrecer a sus seguidores.
Desde una perspectiva europea, todo ello denota el trasunto de la extendida percepción estadounidense de pueblo elegido y tierra prometida, como hebreos del Antiguo Testamento. Incluso hay quién se cuestiona si Dios es norteamericano. En ocasiones, los conservadores en USA actúan como ungidos por la divinidad con la Verdad absoluta. El fundamentalismo que combaten (el islámico ahora, el comunismo antes), se efectúa con una visión igualmente intolerante y fanática por parte de algunos máximos dirigentes, que se consideran “cruzados” del Bien categórico contra el Mal absoluto.
Somos mayoría en el mundo quienes creemos que, en una verdadera democracia y con el pleno respeto a la libertad religiosa (de creer o no creer), solamente cabe proponer claves éticas para guiar los pasos de de la ciudadanía ante sus problemas cotidianos. Cada uno puede elegir en quién se inspira para tomar sus resoluciones. Para los creyentes cristianos, Jesucristo respeta el libre albedrío personal, al tiempo que nos ofrece criterios de ayuda en nuestras decisiones.
Jesucristo no es una mala opción, creemos muchos; mas es difícil discernir con certeza cómo obraría Jesús en cada ocasión. La suya fue una revolución salvadora basada en el amor y la esperanza. Su mensaje evangélico de amor fraterno es grandioso, pero persiste la incertidumbre de cómo acertar en cada caso.
En cada situación podríamos traducir el "¿Qué haría Jesucristo?" por el equivalente ¿Qué haría una persona que ama a todos?" Jesucristo nos instó a amar aun en difíciles circunstancias (Lucas 6:27-33). “El amor se sacrifica y no exige recompensa; sólo el amor trasciende y nos trae una paz verdadera”. La injusticia crea conflictos; pero también es cierto que toda contienda puede hallar una solución pacífica, no violenta, de restitución de la verdad y de la justicia política, económica y social.
No es verosímil que Dios apueste por soluciones bélicas, ni guerras santas. Las citas bíblicas que abogan por el entendimiento son innumerables: "Busquemos, pues, lo que contribuye a la paz y nos hace crecer juntos” (Romanos 14, 17-19). El amor es el punto de partida de todo, con un querer que no excluya a nadie. No basta amar a familiares y amigos, ni a los de nuestra religión, etnia o grupo social. Derribemos los muros de prejuicios que nos hacen indiferentes ante el dolor ajeno, porque la pasividad siempre será culpable. Si anhelamos la paz, debemos practicar el amor hacia todos como si fuesen hermanos nuestros. Eso haría Jesucristo. Y nosotros somos las manos de Dios en la Tierra.
Amor correspondido
La revolución de la ternura
Pablo Neruda citó, hablando del poeta Mayakovski, el invento de una alianza indestructible entre la revolución y la ternura. También Víctor Hugo sugirió que “la indignación y la ternura constituyen la misma facultad vuelta en los dos sentidos de la dolorosa esclavitud humana; y quienes son capaces de encolerizarse son también capaces de amar”. El mismo Ernesto "Ché" Guevara señaló que “a veces debemos endurecernos, pero jamás debemos olvidarnos de la ternura”. Antes se decía que una mujer sin ternura era una monstruosidad, todavía más que un hombre sin coraje; ahora, hemos de considerar que toda persona sin coraje y sin ternura es alguien truncado.
Lo cierto es que la ternura aunque soterrada, se halla por doquier. Jacques Brel, el trovador de la ternura, cantaba “Cuando sabemos dar la ternura y también sabemos recibirla, nos damos cuenta que se halla presente todas partes: en un perro, en un amigo o en una desconocida”. Hay una ternura infinita en todos los corazones humanos como en una noche llena de estrellas.
Aún los más centenarios y gigantes árboles, los que inspiran solidez, altura y firmeza, se rodean de una tierna corteza donde los amantes graban sus nombres y amores para la posteridad. La ternura nos hace vulnerables, nos convierte en humanos, y nos eleva a la categoría de ángeles mortales. Tenemos la misma edad que nuestra ternura. Nuestro desgaste de ternura no es más que amor sin utilizar, porque el amor crea ternura… que sobrevive al amor. La ternura es esa realidad que consigue superar al ensueño de la utopía.
Hay ternuras de todas clases. Todas, menos las ternuras postizas, son válidas. Un niño describió la ternura como una luz y un calor que permanece en nuestro corazón aunque afuera esté lloviendo. Por ello, la ternura infantil es la más entrañable, pero en la mirada de una mujer alcanza la ternura su expresión suprema. Aunque jamás en la vida encontraremos ternura mejor, más profunda, más desinteresada, ni más verdadera que la de una madre. Nunca agradecemos lo suficiente a las mujeres del mundo, por mantener algo de ternura y sensatez en nuestras infancias, en nuestros juegos y en nuestra existencia a lo largo de la historia.
La ternura es el reposo de la pasión, eso que convierte la existencia de la otra persona en nuestra segunda piel. Por ello, cuando se expresa la ternura, se expresa en plural. El escritor de la ternura, Jacques Salomé, cree que la ternura no es un estado permanente, sino un descubrimiento perpetuo que cada uno de nosotros podemos hacer, no a través de la fragilidad de las apariencias o la rutina de las costumbres, sino en una vivencia consciente y completa del presente. La ternura no nace de lo imposible, sino que engendra vitalmente lo posible.
Nada es pequeño para la ternura. Aquellos que esperan las grandes ocasiones para probar su ternura,… no saben amar. Si sólo por el sufrimiento se alcanza la grandeza, sólo por la ternura se descubre los grandes amores. Ternura es una palabra o un silencio convertido en ofrenda... para quien sabe escucharlo con confianza. Saber escuchar con tolerancia es otra de las mejores manifestaciones de la ternura. Una risa sin fronteras, un ligero roce y una caricia que hace temblar el suelo bajo nuestros pies,… son cumplidos reflejos de la ternura.
La ternura reencontrada es igual que unas gafas graduadas, destinadas a corregir nuestra prosaica visión de la vida. Cuando la muerte, la gran reconciliadora, llega a nosotros, nunca nos arrepentimos de nuestra ternura, sino de nuestra severidad. Nadie puede llamarse feliz hasta que haya aprendido a cultivar la alegría, la estima, la ternura y la buena voluntad hasta el punto de hallarse determinado a ser feliz todos los días, haciendo felices a los otros.
Todos buscamos ternura natural de forma desesperada. Jacques Brel lo cantó “Somos como barcos partiendo todos juntos en la pesca de la ternura”. Y recuerda: La ternura no pide nada, no espera nada, se basta a sí misma. Jamás hay que prestar la ternura; hay que obsequiarla, si no, duele demasiado.
Enamorados: En amor a dos
El día de los enamorados conmemora a San Valentín, obispo que defendió el matrimonio cuando Claudio II lo prohibió a los soldados profesionales al peligrar el Imperio Romano. San Valentín siguió bendiciendo las uniones en secreto, hasta ser encarcelado. Uno de sus carceleros, reconociendo su bondad, le pidió que educara a su hija ciega. Ella recobró la vista y se enamoró del Santo, quien envió una nota de adiós a su discípula antes de ser ejecutado el 14 de Febrero de 269.
Las actuales tarjetas también expresan un amor incondicional. Amor, amor con mayúscula, esa clase de pasión que ningún otro afecto puede superar. Por ello, se habla de estar enamorado como un loco, y se quiere decir como un… tonto. Así el primer deber de los enamorados es ponerse en ridículo, al pretender ser más amables de lo que es posible. Pero los enamorados se olvidan de que el mundo los observa (con envidia), dado que ambos enamorados no ven -de todo el entorno- sino a sí mismos.
El genial Shakespeare supuso que “el amor es ciego y los enamorados no pueden ver las graciosas locuras que cometen”. Por eso, se dice que los enamorados no ven, que la pasión les ofusca; pero muchos creemos que son los demás quienes no comprenden nada porque les apaga la indiferencia. Los seres humanos, cuando amamos, ponemos en el amor algo divino. Y ese amor se reduplica, se propaga y alcanza a quienes están cerca de cualquier enamorado, que son la más sólida alegría.
Para escribir una tarjeta de San Valentín no es suficiente, ni necesario, ser poeta: Es mucho más exigente, hay que estar enamorado. Y enamorarse es, por lo pronto, sentirse encantado por alguien, y alguien sólo puede hechizar si es o parece ser la perfección. Pero una persona enamorada no necesita ser rapsoda, ni perfecta: Logra ambas cualidades, a un tiempo, y sin perseguirlo.
Cuidado con lo que escribes. Nunca hables de ti, ni siquiera de ella. Habla de nosotros, y de un futuro con estrellas. En un amor vivo, todo es signo; el más nimio detalle anuncia difusas dichas o desdichas. Un amor a toda prueba se demuestra, cuando cada amante se enamora de la otra persona en cada aliento, percibiendo que su amada es única. Para un enamorado amar demasiado,… es no amar lo suficiente. Pero no desesperes; día a día aprende, hora a hora… ¡enamórate y enamora!
Versión final en: http://mikel.agirregabiria.net/2006/enamorados.htm
La atención es generosidad silenciosa en un mundo acelerado
Atención en tiempos acelerados: La avalancha de mensajes y tareas diarias nos arrastra con facilidad. Simone Weil nos recuerda que al prestar atención elegimos qué lugar ocupan las personas y las cosas en nuestra existencia. En palabras de una experta, la atención es una energía sutil que da forma a nuestras vidas: “lo que miramos, lo que sentimos, lo que decidimos que importa… todo nace de nuestra capacidad de prestar atención” . En otras palabras, cada vez que atendemos a alguien o algo, lo validamos y lo hacemos crecer. Por eso la atención es un recurso tan valioso: convertir lo invisible en visible. En un mundo de prisas, la decisión de enfocarnos es un gesto de rebeldía contra la distracción generalizada. Es el hilo invisible que une lo que amamos y lo que soñamos, y lo transforma en algo real.
Atención: generosidad y amor. Prestar atención al otro es una forma de amor que humaniza la relación. No basta con dirigir la mirada; hay que detenerse, escuchar y hacer sentir al otro que tiene un lugar en nuestra vida . Cuando hablamos con alguien, renunciar al celular para mirarlo a los ojos es un regalo de respeto. Escuchar en silencio los miedos o alegrías de un amigo sin ofrecer consejos inmediatos es un acto de compasión. En ese gesto humilde reconocemos la dignidad ajena.
Simone Weil sostenía que este tipo de atención desinteresada equivale a una oración laica, un modo de orientarnos hacia lo divino que todos llevamos dentro . Al eliminar el “yo” del centro, la atención pura crea espacio para la presencia del otro o incluso de algo superior. Tal como escribía Weil, cada ejercicio de concentración disciplinada –sea resolver un problema o leer un texto– “se convierte en oración” cuando lo practicamos con verdadero deseo de verdad . La atención así entendida es iluminación mutua: nos abre a la belleza del mundo y a la profundidad de las personas a nuestro alrededor.
La atención en la vida cotidiana tiene poder transformador en lo pequeño y lo rutinario. Ejemplos sencillos muestran su alcance:
- Escuchar sin interrupciones a un familiar o colega cuando habla de su día. Un silencio atento puede ser la mejor medicina para quien necesita contarse.
- Mirar a los ojos con interés durante una conversación. Con solo enfocar la mirada y asentar con la cabeza se puede entregar apoyo y cercanía.
- Ayudar con plena presencia: acompañar a una persona enferma o compartir una comida sin apuros. Estar ahí, sin prisa, es a veces el mejor regalo.
- Observar la naturaleza o el arte con calma. Ver el amanecer o leer un poema con atención nos reconecta con lo esencial y expande el corazón.
- Cultivar la atención a uno mismo, descansando el cuerpo y la mente. Cerrar los ojos unos minutos, respirar conscientemente o meditar son prácticas de auto-regalo que luego multiplicamos hacia afuera.
Estos gestos cotidianos de atención son formas discretas de generosidad. No se trata de grandes sacrificios, sino de presencia: ofrecer un poco de nuestro tiempo y de nuestra escucha genuina. Así manifestamos amor, respeto y responsabilidad ética. En cada detalle la atención crea un puente entre las personas y revela que el otro importa.
Conclusión inspiradora: Entender la atención como un acto de amor y de autenticidad nos invita a un cambio profundo. Simone Weil nos desafía a ver la atención no como algo mundano, sino como un camino ético y espiritual. Cada instante que damos con plena conciencia es un regalo: a los demás, al mundo y a nosotros mismos. Cultivar la atención transforma nuestras relaciones y nutre el alma. Al final, lo que más regala la vida son momentos de verdadera conexión: un silencio compartido, una escucha atenta, una mirada compasiva. Practicar la atención nos recuerda que estamos juntos en este viaje y que amar, en definitiva, es prestar la mejor de nuestras presencias.
"U. Más información en https://t.co/AmZOar9tQ4 pic.twitter.com/t2oP8ebGQR
— Mikel Agirregabiria (@agirregabiria) May 2, 2025
Un día como hoy, hace 79 años, falleció Simone Weil. Pese a su temprana muerte, con solo 34 años, consiguió dejar una producción filosófica que nos sigue fascinando.
— FILOSOFÍA&CO (@_filco) August 24, 2022
«Toda separación es un vínculo». pic.twitter.com/U2Oiie8nQ7
#AcciónPoética, pintando amor, futuro y esperanza
- Seré breve: Ven.
- ¿Y si fuera amor?
- El cielo a tus pies.
- Vos sos mi utopía.
- Mírame. Alcanzará.
- Suéltame el corazón.
- Faltas y todo me sobra.
- Te vi y dije: De aquí soy.
- Lo que sea, pero contigo.
- Bésame, luego te explico.
- Sin poesía no hay ciudad.
- Existo cuando pienso en ti.
- Mi color preferido es verte.
- La piel es de quien la eriza.
- Hasta olvidarte sería injusto.
- Eres tú: ¿Cómo no quererte?
- Ámame porque sí y sin peros.
- A besos entiendo, a veces no.
- Y soñar, verte los ojos y volar.
- Todo contigo o nada con nadie.
- Hazme el amor, pero de tu vida.
- Contigo hasta el último suspiro.
- No respires amor sin respirarme.
- Porque el beso define la historia.
- Háblame, solo para hacerme real.
- Yo me fui, pero mi amor insiste,...
- Eres un lento asesinato de ternura.
- Nunca se llega tarde al gran amor.
- Antes de rendirnos fuimos eternos.
- Dime dónde y nos perdemos juntos.
- La sonrisa es mía, el motivo eres tú.
- Yo sí creo en el amor a primera risa.
- El mundo se detiene cuando te beso.
- Sí puedo vivir sin ti, pero no quiero.
- Guardo en mis ojos tu última mirada.
- Es tan lindo saber que usted existe,...
- Piérdete en mí, y quizá te encuentres.
- Un amor conocerte, placer de mi vida.
- Todo lo que quiero en una palabra: Tú.
- No me desees buenas noches, dámelas.
- Decir tu nombre es deletrear mi destino.
- ¡Qué bonito detalle tuyo, ese de existir!
- Eres la casualidad más linda de mi vida.
- Díganle que me enamora cuando sonríe.
- No estamos distantes, estamos distintos.
- Que el amor valga la alegría, no la pena.
- Ojalá que tu adiós esté lleno de regresos.
- ¿Habrá algo más lindo que verte sonreír?
- Si no tardas mucho te espero toda la vida.
- Tu recuerdo es el pasaporte de mis viajes.
- No te quedes con ganas, quédate conmigo.
- Lo bonito no son los ojos, son las miradas.
- Acepta el milagro de habernos encontrado.
- Vámonos lejos, perdamos nuestros miedos.
- A pesar de los pronósticos de olvido,... estás.
- Mi fantasía textual es que me comas y punto.
- Nunca fuimos nada, pero siempre hubo algo.
- Adoro todo lo que no es mío: tú por ejemplo.
- Ten un buen día, tú, que leíste esto sin querer.
- Se acercan tiempos difíciles: Amar es urgente.
- Pudo haber sido lindo, pero lo hiciste perfecto.
- Quiero ser en tu vida algo más que un instante.
- Me senté a esperar por ti, pero llegaron por mí.
- Es en tus labios donde desembocan mis sueños.
- Te amo, pero no es para tanto,... Es para siempre.
- Habernos encontrado,... Ahora a corregir el destino.
- Fuiste, eres y siempre serás mi más bonita casualidad.
- Tal vez sólo fue un capítulo del libro que pudimos ser.
- Toda gran historia de amor comienza con una sonrisa.
- Iba a decir que me gustas,... y se me adelantó una sonrisa.
- Me dijiste "haz lo que quieras". Y aquí estoy, queriéndote.
- Si para el mundo no eres nadie, para mí eres todo el mundo.
- Si te volviera a conocer, volverías a gustarme indudablemente.
- Nunca fui tan millonario como cuando te tuve entre mis brazos.
- Sigues siendo lo primero que pienso cuando me piden un deseo.
- Mientras podamos ver la misma luna, nunca vamos a estar separados.
- Hay muchas formas de ser feliz. A mí la que más me gusta es estar contigo.
- Andábamos sin buscarnos, pero sabiendo que andábamos para encontrarnos.
- Nadie es tan rico que no necesita una sonrisa, ni nadie es tan pobre para no darla.
- No sé ni cómo, ni cuándo, pero si va ser será... en su momento. Y será.
- Si piensas que la aventura es peligrosa, prueba con la rutina: Es mortal.
- Gracias por los amores vividos, perdidos, soñados, amados,...
- No se puede ser fuerte con alguien que es tu debilidad.
- Yo hago lo imposible,... Lo posible lo hace cualquiera.
- Hay una cosa tan inevitable como la muerte: la vida.
- Yo tampoco sé como vivir,... Estoy improvisando.
- Si no te gusta el mundo al derecho, ponte ɐl ɹәʌәs.
- Cuidado con los miedos, les encanta robar sueños.
- A puntadas de dolor cosí la pena de estos versos.
- Ya comprendo la verdad, ahora a buscar la vida.
- Si me emociona pensarlo, imagínate hacerlo,...
- No cuentes tus días. Haz que tus días cuenten.
- Con los ojos cerrados y los sueños despiertos.
- Te amaré hasta que π se quede sin decimales.
- Fuimos un cuento breve que leeré mil veces.
- La poesía no necesita adeptos, sino amantes.
- Cuántas cosas perdemos por miedo a perder.
- Condenados a amar lo que otros ojos aman.
- Dormir temprano para soñarte más tiempo.
- Escribo esta pared. Es mi forma de tocarte.
- No mires hacia atrás. Suele bastar con eso.
- No sabía qué ponerme,... Y me puse feliz.
- Es la hora perfecta para comenzar a soñar.
- Equivoquémonos,... el desamor no existe.
- Somos una casualidad llena de intención.
- Solo está derrotado quien deja de soñar.
- Me encontré con tu recuerdo. No dolió.
- Naciste para ser real, no perfecta.
- Que el amor nos salve de la vida.
- ¿Por qué callar si nací gritando?
- No vales la pena. Lo vales todo.
- ¡Solos,... al fin! Al fin, somos.
- Estamos a nada de serlo todo.
- ¿Qué eramos antes del amor?
- Te invito a sonreír. Yo pago.
- Ten el valor de equivocarte.
- El arte nace con tu mirada.
- Ayúdame a no pedir ayuda.
- Queda mucho por sentir.
- Dios está en los detalles.
- Tú existes, pero ¿vives?
- Salir ilesos del amor.
- Duerme, sueña, haz.
- Hoy llueve poesía.
- Sucederás, lo sé.
Única opción de lógica contradicción
Vivimos sin vivir, muriendo por no morir, un tragicómico claroscuro de amor-odio, donde todo es lo contrario de sí mismo.La realidad virtual de este mundo inmundo, oculta un agudo sarcasmo bajo un aparente absurdo. Es algo nuevo y redundante, descrito por clásicos modernos con santos malditos, filósofos ignorantes, honorables villanos, cobardes matadores, reclusos en libertad, mártires crueles, leales traidores y rendidos victoriosos.
Este hielo abrasador, fuego helado que duele y no se siente, breve descanso muy cansado, es soñado bien y mal presente. Es un descuido de cuidado, un andar solitario entre la gente, libertad encarcelada, enfermedad que crece si es curada, un amar solamente ser amado. Un agridulce mundo así, de vista ciega y gentil descortesía tiernamente hiere la luz oscura, la música callada, la gloria triste, la vida muerta donde lo fugitivo perdura.
Nos inculcaron arquetipos híbridos como amor libre, discriminación positiva, lógica borrosa, cuadratura del círculo, estabilidad dinámica, apuesta segura, actuar con naturalidad, ambigüedad explícita, crecimiento negativo, caos controlado, club de solitarios, creencias científicas, cambio constante, aldea global, agricultura ecológica, comida basura,…
Primero fue la publicidad fiable, el espejismo real del pequeño milagro: Lujo imprescindible, nuevo y mejorado, estimación precisa, préstamo sin interés, ahorrar comprando, déficit cero, inversión segura, riesgo calculado y accidente premeditado, lavado en seco, café descafeinado, alarma muda, conservantes naturales, copia original, chocolate blanco de peso ligero, y para inyección letal estéril aguja.
Luego, el modelo plagiado de cultura de masas, espectacularmente aburrida, de intimidad compartida, espontaneidad calculada, improvisación pautada para perfectos idiotas, que en orden aleatorio siguen la línea discontinua de una organización caótica. El menos es más, la opulenta miseria de millonario arruinado, el éxito parcial del eterno presente, la emergencia rutinaria, el fanatismo cultural, la fantasía real, el realismo mágico de resultados iniciales, resumen detallado, porción completa de una realidad mística en silencio cacofónico de banalidad profunda.
Siguió la política privada, el rumor fidedigno, tregua permanente, calma tensa, suspensión indefinida, casi segura, principio del fin, paranoia justificada, pacto sin compromiso, paradas continuas, simples complicación de solución aproximada, el desacuerdo unánime, golpe institucional, derecha siniestra en una monarquía moderna de soberanía limitada.
Después, las medias verdades: Fuerza de paz, invasión humanitaria, guerra santa, ataque defensivo, ofensiva preventiva, armas inteligentes, destrucción creativa, ejército pacificador, fuego amigo, dulces derrotas, juegos de guerra, peligros controlados, desastres menores, y el yugo liberador de una paz armada.
Finalmente, la verdad relativa, la violación consentida de una moral flexible con opción obligatoria, plan espontáneo de opinión objetiva, la vida extinta en la historia del futuro, del hoy es el mañana para encontrarnos perdidos… en un secreto compartido de esperar lo imprevisto, de la versión definitiva de mudanza constante, semiprecioso zig-zag de simplicidad kafkiana vagamente consciente del nunca generalices.
Solos entre la multitud, soñamos despiertos las noches blancas de los recuerdos olvidados, medio muertos y medio enterrados. Para romper con cuidado esta atronadora mudez seamos pacientes ansiosos, pacíficos furiosos, tímidos arrogantes de graciosa torpeza, llena de vacíos repletos de tolerancia cero. Apresúrate despacio, calla y responde: ¿Prohibido prohibir la utopía viable?
Versión para imprimir en: mikel.agirregabiria.net/2007/oximoron.DOC
Crónica de Marcelo en el mundo real (II)

Tras una lectura que se hace muy fácil (tres madrugadas de dos horas y media), sus trescientas páginas dejan un persistente sabor muy agradable. Hablan de amor, educación, aventura, fantasía,... con un lenguaje ameno y un relato variado. Las vivencias de Marcelo, su protagonista "especial" (en el espectro autista se acercaría a una "síndrome de Asperger"), nos revelan la complejidad de la vida, de cualquier adolescente, en cualquier familia, en cualquier sociedad.- No se cita expresamente el "síndrome de Asperger" hasta la página 60 de la "edición anticipada", que cuenta con 300 páginas y otras dos finales con una nota del autor.
- En la página 90 se advierte una grave errata, con un error físico que Marcelo jamás cometería. Al hablar de la tabla periódica, el protagonista dice: "Es una tabla de todos los elementos químicos ordenados por el número de
átomos(protones, debería decir) que contienen". - La música citada en la página 231, la que quiso escuchar la madre de Jasmine en su agonía, Gymnopédies del compositor Erik Satie, fue el título de una de las libros que leímos y analizamos el verano pasado, obra de nuestro amigo bloger Fernando García Pañeda.
- El dilema con intriga final, casi detectivesco, se resuelve de modo que no citaremos, pero sí indicaremos que habíamos imaginado un final más complejo y glorioso (que estaríamos dispuestos a compartir con quienes lean el libro y lo analicen en los comentarios).
- [Avance del libro en un post anterior. Inclusión en nuestros goodreads.com (libros recomendados).]
Ser parisino, o bilbaíno, es una experiencia, no un origen
«Être Parisien, ce n’est pas être né à Paris, c’est y renaître.» (Ser parisino no es nacer en París, sino renacer allí), señaló Sacha Guitry. Pocas ciudades del mundo han generado una mitología tan densa y tan disputada como París. Capitales más grandes existen; urbes más antiguas, también. Pero ninguna ha logrado convertirse, con tal persistencia a lo largo de los siglos, en un estado de ánimo. Y nadie lo formuló con mayor precisión y elegancia que Sacha Guitry, ese dramaturgo, actor y cineasta de la Belle Époque tardía que hizo del ingenio su firma más reconocible.
El hombre que encarnó París. Alexis Georges Pierre Sacha Guitry nació en San Petersburgo en 1885 —paradoja biográfica que la cita convierte en autobiografía involuntaria— y murió en París en 1957. Hijo del gran actor Lucien Guitry, creció entre bambalinas y salones literarios, absorbiendo desde niño ese arte tan parisino de decir lo profundo con ligereza y lo trivial con aparente seriedad. Escribió más de ciento veinte obras de teatro, dirigió una treintena de películas y cultivó una imagen pública de dandi brillante e irremediablemente enamorado de su ciudad.
Su relación con París fue, en efecto, la gran historia de amor de su vida —más estable, desde luego, que sus cinco matrimonios, todos ellos con actrices célebres. Se le atribuye haber dicho que un hombre que pierde a su mujer y a su perro al mismo tiempo comprende cuánto echaba de menos al perro. Ese filo irónico, capaz de herir y de hacer reír en el mismo instante, es la marca inconfundible de su estilo.
Pero Guitry fue también algo más que un ingenioso de salón. Durante la ocupación alemana de París sufrió acusaciones de colaboracionismo —fue arrestado en 1944 y posteriormente exonerado— en un episodio que enturbia su legado y lo humaniza a la vez, recordándonos que los espíritus más refinados no están necesariamente a salvo de los dilemas morales más brutales de su tiempo.
La frase es, en apariencia, sencilla. Ser parisino no es una cuestión de cuna, sino de renacimiento. Pero bajo esa aparente ligereza —tan característica del esprit français— late una reflexión filosófica de considerable profundidad sobre la identidad, el aprendizaje y la transformación personal.
El peso del nacimiento y la libertad de la elección. Durante siglos, la pertenencia a un lugar fue una cuestión de sangre y de suelo. Se era bretón, provenzal o alsaciano antes incluso de comprender qué significaba serlo. La modernidad, sin embargo, fue abriendo lentamente otra posibilidad: la de elegir a qué comunidad, a qué ciudad, a qué tradición cultural se desea pertenecer. París, más que ninguna otra metrópolis occidental, encarnó ese ideal.
Desde el siglo XIX, la ciudad fue destino de artistas, escritores y pensadores que llegaron desde los rincones más diversos del mundo —Apollinaire desde Polonia, Picasso desde Málaga, Hemingway desde Illinois, Beckett desde Dublín— y que, sin embargo, terminaron siendo inseparables del paisaje cultural parisino. No nacieron en París, pero en París renacieron. La ciudad los rehízo.
La pedagogía implícita de una ciudad. Hay en la cita de Guitry una dimensión educativa que merece atención. Renacer implica un proceso: no es una transformación instantánea, sino el resultado de una exposición prolongada, de una escucha activa, de lo que podría llamarse —en términos pedagógicos— un aprendizaje experiencial de la más alta intensidad.
París enseña a quien se deja enseñar. Sus cafés son aulas sin horario; sus museos, bibliotecas sin índice; sus mercados, lecciones de historia social. Caminar por el Marais o detenerse ante el Sena al atardecer no es turismo: es, para quien lo vive con atención, el inicio de una conversación con la civilización europea en su versión más concentrada y más exigente.
En este sentido, la frase de Guitry conecta con una tradición intelectual que va de Montaigne —quien consideraba el viaje como forma suprema de autoconocimiento— hasta la filosofía contemporánea del lugar y la identidad. No somos solo lo que nacemos; somos también lo que aprendemos a amar.
La ciudad como texto literario. La literatura francesa ha tratado París no como escenario, sino como protagonista. Balzac la cartografió socialmente; Baudelaire la convirtió en símbolo de la modernidad melancólica; Perec la fragmentó en inventarios cotidianos de insólita belleza. Todos ellos, a su manera, confirman la intuición de Guitry: uno no comprende París al llegar, sino al volver; no al visitarla, sino al habitarla; no al mirarla, sino al dejarse mirar por ella. Esa capacidad de la ciudad para interpelar al viajero, para hacerle preguntas que no sabía que llevaba consigo, es quizás su rasgo más literario y más pedagógico a la vez.
Coda final. La próxima vez que alguien regrese de París con esa extraña mezcla de melancolía y plenitud que la ciudad deja como rastro, convendrá recordar a Guitry. No es nostalgia lo que siente. Es, simplemente, que ha comenzado a renacer.
Ser de París o de Bilbao no es cuestión de nacimiento, sino de identidad vivida. https://t.co/0zsBr34l79 Como diría Sacha Guitry: se renace en los lugares que nos transforman. Viajar, leer, habitar… es aprender a ser de muchos sitios sin dejar de ser uno mismo. 🌍✍️
— Mikel Agirregabiria (@agirregabiria) May 5, 2026
Parisko… pic.twitter.com/dPSoaxFDlF
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Un estudio realizado por la #UniversidaddeBoston demostró la relación entre #optimismo y mayor #longevidad. La probabilidad de que las mujeres optimistas superen los 85 años es 1,5 veces mayor que para las pesimistas, y en el caso de los hombres de 1,7💚👍https://t.co/pWYpJ2FRL9 pic.twitter.com/f5diZNZ4vn
— Conversando en Silencio (@silentconv23245) January 24, 2024














