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Felicidad según Harvard: Genética, entorno y hábitos

¿Se puede aprender a ser feliz? La neurociencia y la educación responden desde Harvard. Descubriremos cómo la neurociencia y la pedagogía transforman la felicidad en una disciplina de aprendizaje vital. Analizamos el modelo de Arthur C. Brooks en la Universidad de Harvard.

Durante siglos, la felicidad ha sido tratada como un enigma poético, un golpe de fortuna o un estado anímico puramente efímero. Sin embargo, la investigación contemporánea en neurociencia, psicología cognitiva y ciencias sociales está cambiando radicalmente esta perspectiva. En la Universidad de Harvard, el profesor e investigador Arthur C. Brooks aboga por un enfoque estructurado: la felicidad no es una emoción pasiva que simplemente nos ocurre, sino un conjunto de competencias científicas y hábitos conscientes que se pueden estudiar, entrenar y divulgar.


La ecuación del bienestar: genoma, entorno y hábitos. Uno de los aportes centrales del trabajo de Brooks radica en desmitificar el origen del bienestar subjetivo. A través de la síntesis de datos empíricos, la ciencia propone una fórmula orientativa para comprender nuestra predisposición al bienestar:


Factor

Peso

Impacto y margen de transformación

Genética

~50%

Heredada; define el punto de partida neurobiológico y la homeostasis emocional.

Contexto

~25%

Circunstancias externas efímeras (nivel de ingresos, estatus, eventos fortuitos).

Hábitos

~25%

La palanca clave: modula la expresión biológica y transforma el entorno.

A primera vista, un 25% para los hábitos personales podría parecer una porción modesta. No obstante, la neurobiología demuestra que este porcentaje actúa como un catalizador decisivo: las rutinas conscientes tienen la capacidad de modificar cómo percibimos el entorno y modular la respuesta de nuestros genes ante el estrés.


Sentimientos frente a felicidad real: la perspectiva neurocientífica. Uno de los errores conceptuales más frecuentes en la sociedad contemporánea es confundir las emociones placenteras con la felicidad misma. Como señala Brooks, los sentimientos no son la felicidad en sí, sino la evidencia de que esta existe.


El verdadero bienestar humano se construye sobre la interacción entre la corteza prefrontal, el sistema límbico y redes hormonales mediadas por la oxitocina y la dopamina. Mientras que las emociones impulsivas son pasajeras, la felicidad profunda requiere arquitectura mental y cuatro pilares fundamentales:

  1. Familia: Relaciones afectivas estables, profundas e incondicionales.
  2. Amistades auténticas: Conexiones reales basadas en la empatía y la vulnerabilidad compartida.
  3. Trabajo con sentido: Una vocación que aporte valor a la comunidad y sirva al bien común.
  4. Propósito trascendente: Una dimensión filosófica, espiritual o humanista que supere el propio ego.

Educación y liderazgo: convertir la ciencia en impacto social. El verdadero valor pedagógico de esta investigación estriba en su vocación de servicio público. A través del Leadership & Happiness Laboratory en la Harvard Kennedy School, el objetivo trasciende el aula universitaria para capacitar a educadores, líderes sociales y ciudadanía. 


Si enseñamos la neurobiología de las emociones y las estrategias psicológicas de autorregulación con la misma rigurosidad que las matemáticas o la física, capacitamos a las personas para liderar sus vidas de manera más empática, crítica y constructiva.


Conclusión: una llamada al aprendizaje consciente (una de nuestras obsesiones como demuestran estos posts). La felicidad no es un destino estático ni una utopía inalcanzable; es una praxis diaria. En una época dominada por la prisa y la sobreestimulación digital, la ciencia nos recuerda que el bienestar duradero se siembra en las aulas, se cultiva en el tejido social y se consolida a través de hábitos fundamentados en el conocimiento y el sentido vital.


Como bonus, un vídeo anterior de Arthur C. Brooks

Late Bloomers: Descubriendo el Ikigai en la Madurez

Una serie que ha popularizado el binomio Late Bloomer.

En un mundo obsesionado con el éxito prematuro, donde los prodigios de Silicon Valley y las estrellas juveniles dominan los titulares, surge una narrativa contraria y profundamente humana: la de los late bloomers. Estos individuos, que florecen en etapas avanzadas de la vida, encarnan una resiliencia que desafía las expectativas culturales. Pero ¿qué ocurre cuando este florecimiento tardío se alinea con el concepto japonés de ikigai (muchos posts previos), esa intersección entre pasión, vocación, misión y profesión? En este post, exploraremos esta confluencia desde perspectivas científicas, tecnológicas, éticas y educativas, argumentando que los late bloomers no solo enriquecen su propia existencia, sino que aportan un valor inestimable a la sociedad.

Comencemos por desglosar los términos. Un late bloomer es alguien que alcanza su potencial máximo después de los 40 o 50 años, a menudo tras décadas de exploración, fracasos o roles secundarios. Pensemos en figuras como Julia Child, quien publicó su icónico libro de cocina a los 50 años, o en Harland Sanders, fundador de KFC, que inició su imperio a los 65. 

Por otro lado, el ikigai —palabra que combina "iki" (vida) y "gai" (valor)— representa el "razón de ser". Según el autor Héctor García en su libro Ikigai: Los secretos de Japón para una vida larga y feliz, se trata de un diagrama de Venn donde convergen cuatro elementos: lo que amas, lo que se te da bien, lo que el mundo necesita y lo que puedes monetizar. Para los late bloomers, encontrar este equilibrio no es un evento juvenil efímero, sino un proceso maduro, forjado en la experiencia.

Desde una lente científica, la neurociencia respalda esta posibilidad. La plasticidad neuronal, concepto popularizado por investigadores como Norman Doidge en The Brain That Changes Itself, demuestra que el cerebro no se rigidiza con la edad, sino que puede reorganizarse incluso en la vejez. Estudios del Instituto Max Planck de Alemania revelan que adultos mayores que aprenden nuevas habilidades —como un idioma o un instrumento— exhiben cambios en la materia gris similares a los de los jóvenes. Esto implica que los late bloomers no son anomalías, sino productos de una biología adaptable. En el contexto del ikigai, esta plasticidad permite redescubrir pasiones olvidadas.

La tecnología amplifica este potencial. En la era de las plataformas digitales como Coursera, Khan Academy,... el aprendizaje lifelong se democratiza. Un late bloomer puede, desde su hogar, adquirir competencias en campos emergentes como la biotecnología o la inteligencia artificial ética. Consideremos el caso de Vera Wang, quien a los 40 años dejó el periodismo para diseñar vestidos de novia. Aquí, la tecnología no solo facilita el descubrimiento del ikigai, sino que lo acelera.

Éticamente, valorar a los late bloomers cuestiona el edadismo rampante en sociedades occidentales. Filosóficamente, pensadores como Aristóteles en su Ética a Nicómaco hablaban de la eudaimonia —felicidad floreciente— como un logro vitalicio, no juvenil. Instituciones como la Universidad de Harvard promueven programas de "reinvención profesional" para adultos.

No obstante, el camino no es idílico. Los late bloomers enfrentan barreras psicológicas, como el síndrome del impostor. Aquí, la psicología positiva, con figuras como Martin Seligman, ofrece herramientas como el mindfulnessEn conclusión, los late bloomers y su ikigai representan un paradigma esperanzador. 

Si estás en la madurez y sientes un vacío, reflexiona: ¿Qué amas? ¿En qué eres experto tras décadas? El ikigai espera, no como un destino juvenil, sino como un legado maduro. En palabras de Viktor Frankl, "el sentido de la vida no se descubre, se crea".

Tablero de dibujo de agua de Buda

Frente a un mundo de pantallas gigantescas, de eco imborrable en Internet, con ayudas digitales por doquier, de texto y dibujo precisos, de prosa borboteante,... nace la poesía de lo efímero, el arte del pincel, los trazos imprecisos y desiguales que expresan nuestro ser. Ese ha sido el regalo mejor de estas navidades, pura filosofía Feng shui (otros posts) para niños y mayores. Unas figuras o palabras manuscritas que se desvanecen, que literalmente se evaporan en unos pocos minutos, gradual, inexorablemente.

Sentarse ante un tablero de dibujo de agua de Buda invita a reflexionar sobre relaciones entre creatividad, atención plena y aprendizaje en contextos contemporáneos. Un tablero de este tipo —comúnmente conocido como Buddha Board— es una superficie sobre la que se pinta únicamente con agua; los trazos se hacen visibles mientras el líquido permanece, y desaparecen a medida que se evapora, devolviendo la pizarra a su estado inicial. El diseño simple —solo agua, sin pigmentos ni químicos— promueve no solo una práctica artística sin residuos, sino una experiencia que alienta a vivir el momento presente y a no aferrarse a la permanencia de la obra.

Desde una perspectiva educativa, este instrumento permite explorar conceptos de expresión fugaz, proceso creativo y desapego, útiles tanto para la pedagogía artística como para aprendizajes sobre atención y regulación emocional. En un mundo tecnológico donde la información y las imágenes se almacenan indefinidamente, el contraste con una creación que deliberadamente desaparece ofrece una metáfora potente: el valor del proceso por encima de la obra. Éticamente, estimula también una menor dependencia de materiales desechables, alineándose con principios de sostenibilidad.

Estos denominados tableros de dibujo de agua de Buda (en Amazon) sirven para calmar las ideas, para reposar el alma, para afinar los sentidos, para cultivar la caligrafía. Cualidades sempiternas que parecía habíamos olvidado, un regreso a las plumas estilográficas que tanto nos gustaron en la infancia. Recomendamos este obsequio para personas que necesiten paz y relax,... es decir, para cualquier familiar o amigo.
El hombre dijo: "yo quiero FELICIDAD". Buda respondió: Quita el "yo", quita el "quiero",... y el resto será "FELICIDAD".
@buddha_board let go of the outcome. make art not for how it looks, but how it makes you feel. . Line art exercise inspired by @HarrisonHow and @Linescapes. . . #satisfyingart #arttherapy #buddhaboard #buddhaboardart ♬ original sound - em5videos 📹
@buddha_board You are allowed to start small. Celebrated your little wins. Focus on what you were able to do, no what passed you by 💫 #resolution #newyear #mantra #dailymantra #selflove ♬ Little Life - Robert Gromotka

Qué hace que un regalo navideño sea inolvidable y eterno?

En una época dominada por el consumismo acelerado, donde las listas de deseos en aplicaciones y las campañas publicitarias nos bombardean con objetos brillantes y efímeros, hemos sintonizado con un artículo reciente en The New York Times (en su edición en español, lectura obligada) nos invita a una reflexión profunda y conmovedora. Bajo el título "600 lectores nos contaron sobre sus regalos más memorables. Estos son los trece mejores", el texto recopila testimonios reales de cientos de personas que compartieron no los regalos más caros o lujosos que recibieron, sino aquellos que han permanecido grabados en su memoria y en su corazón décadas después.

Lo fascinante de esta selección no radica en el valor monetario, sino en el valor humano. Los 13 regalos destacados tienen un denominador común: son expresiones auténticas de amor, atención, sacrificio y conexión. No se trata de gadgets tecnológicos o joyas ostentosas, sino de gestos que revelan la esencia de la familia, la amistad y los valores éticos que deberían guiar nuestra vida, especialmente en fechas tan significativas como la Navidad.

Entre las historias destacadas, encontramos un padre que, en tiempos de escasez económica, regaló a su hija un simple viaje en tren para ver las luces navideñas de la ciudad. No era un juguete caro, pero ese tiempo compartido, las conversaciones en el vagón y la maravilla compartida ante el espectáculo luminoso se convirtieron en un recuerdo imborrable. Otra lectora recuerda el regalo de su abuela: una caja con recetas familiares manuscritas, acompañadas de anécdotas personales. Ese obsequio no solo transmitió sabores y tradiciones culinarias, sino un legado de amor intergeneracional, reforzando el sentido de pertenencia y continuidad familiar.

Otros relatos enfatizan el poder de la atención personalizada. Un esposo que, sabiendo la pasión de su pareja por la lectura, dedicó meses a restaurar un libro antiguo deteriorado. O un amigo que organizó una sorpresa colectiva para ayudar a alguien en un momento difícil, recordándonos que la verdadera amistad se manifiesta en actos de solidaridad desinteresada. Hay también regalos que implicaron sacrificio: padres que renunciaron a sus propias necesidades para priorizar las de sus hijos, enseñando implícitamente lecciones de generosidad y humildad.

Estas narraciones nos confrontan con una verdad ética fundamental: el regalo perfecto no se mide en euros o dólares, sino en el impacto emocional y moral que deja en quien lo recibe. En un mundo donde el consumismo navideño genera estrés, deudas y desperdicio ambiental, estas historias proponen una alternativa virtuosa. Regalar tiempo —una tarde dedicada exclusivamente a un ser querido—, atención —escuchar de verdad, conocer los deseos profundos del otro— o experiencias compartidas fortalece los lazos familiares y de amistad de manera mucho más duradera que cualquier objeto material.

Desde una perspectiva ética, inspirada en pensadores como Aristóteles o en las tradiciones cristianas que subyacen a la Navidad, el dar debe ser un acto de virtud: generosidad sin expectativa de reciprocidad, prudencia al evitar el exceso y justicia al considerar las necesidades reales del otro. Estos regalos inolvidables encarnan precisamente eso: no buscan impresionar, sino conectar. Enseñan a los niños valores como la gratitud (al valorar lo intangible), la empatía (al ponerse en el lugar del otro) y la responsabilidad (al entender que el verdadero lujo reside en las relaciones humanas).

En este blog dedicado a la familia, la amistad y los valores éticos, estas historias nos recuerdan que la Navidad es una oportunidad para cultivar lo esencial. En lugar de agotarnos en centros comerciales, ¿por qué no invertir en crear recuerdos? Una carta escrita a mano expresando aprecio, una tradición familiar revivida, un acto de servicio desinteresado... Estos son los regalos que trascienden el tiempo y que, años después, evocan sonrisas y lágrimas de emoción.

Que esta Navidad nos inspire a ser más intencionales en nuestros dones. Al fin y al cabo, los regalos más memorables no ocupan espacio en un armario, sino en el alma. Y en un mundo cada vez más digital y efímero, eso es un tesoro incalculable.

¿Qué regalo inolvidable que exprese amistad y gratitud has recibido o dado tú? Comparte en los comentarios; quizá tu historia inspire a otros a redescubrir el verdadero espíritu navideño. 

Para acertar con regalos verdaderamente inolvidables, abandonando el materialismo navideño, abundamos en nuestra obstinada insistencia siempre de "regalar tiempo y atención", la mejor ofrenda (ver en muchos porfiados posts).

Helen Levitt: La fotógrafa poeta de las calles de Nueva York

Helen Levitt (1913-2009) fue una de las fotógrafas más singulares del siglo XX, una cronista silenciosa que supo transformar la vida callejera de Nueva York en poesía visual. Sin grandes declaraciones teóricas, sin afán de protagonismo, Levitt construyó una obra que capturó momentos efímeros, gestos espontáneos y escenas cotidianas que hoy conforman un retrato único de la infancia, la marginalidad y el teatro improvisado de la ciudad.

De vendedora de revelado a fotógrafa icónicaHelen Levitt nació en Brooklyn, en el seno de una familia de inmigrantes judíos. A diferencia de otros grandes fotógrafos de su generación, no estudió arte ni buscó un camino académico: comenzó trabajando revelando fotografías en una tienda del Bronx. Allí descubrió la magia del proceso fotográfico y, sobre todo, la importancia del encuadre y del instante. 

Su vida cambió hacia 1936, cuando conoció a Henri Cartier-Bresson, figura clave de la fotografía callejera. Él le enseñó el uso de la Leica de 35 mm y el valor del “instante decisivo”. Levitt interiorizó esa filosofía, pero la llevó a su propio terreno: si Cartier-Bresson buscaba geometrías perfectas, ella buscaba humanidad, espontaneidad, juego y vulnerabilidad.

Durante los años treinta y cuarenta comenzó a recorrer los barrios populares de Nueva YorkHarlem, Lower East Side, Spanish Harlem— con una mirada respetuosa y discreta. En 1943, el MoMA dedicó una exposición a su trabajo, algo excepcional para una joven fotógrafa de apenas treinta años.

En los años cincuenta se volcó también en la fotografía en color, cuando casi nadie lo hacía con intención artística. Publicó dos libros fundamentales: A Way of Seeing (1965, junto a James Agee) y In the Street (1987). Pasó largas temporadas trabajando con cineastas como Luis Buñuel y Janice Loeb, con quien codirigió In the Street (1952), uno de los primeros documentales urbanos rodados con cámara oculta. Pese a su reconocimiento, Levitt evitó la fama y concedió muy pocas entrevistas. Vivió siempre en Nueva York y fotografió casi exclusivamente su ciudad. 

La mirada Levitt: poesía, juego y humanidadLa obra de Helen Levitt destaca por su capacidad para captar el teatro espontáneo de la calle. Su temática más célebre es la infancia, no desde una mirada idealizada, sino como un territorio de libertad, creatividad y supervivencia. Sus fotografías de niños jugando en aceras, step-ladders y solares vacíos siguen siendo, décadas después, representaciones inigualables del juego urbano.

Características de su estilo

1. Fotografía callejera humanistaFrente al tono documental o sociológico de otros fotógrafos de la época, Levitt se centró en la dimensión lúdica y emotiva de la vida diaria. Sus imágenes no pretenden explicar la ciudad, sino observarla.
2. Composición intuitivaSus fotografías parecen “accidentales”, pero esconden una enorme precisión: equilibrio entre figuras, uso del espacio negativo, diagonales suaves y una composición casi coreográfica.
3. Humor y ternuraLevitt encontraba ironía en pequeños gestos: un niño disfrazado, una pareja discutiendo, unas manos que asoman por una ventana. Su sentido del humor es sutil y profundamente humano.
4. El color como narrativaFue pionera en el uso del color en la calle. La serie de los años cincuenta y sesenta, parcialmente perdida tras un robo en su estudio, muestra su habilidad para usar el color no como adorno sino como fuerza expresiva.

Obras y fotografías emblemáticasAunque gran parte de su obra es difícil de reducir a una lista, destacan:
- Los murales de tiza en Harlem (1938-1941): imágenes de dibujos infantiles sobre muros, símbolo de creatividad en contextos de pobreza.
- Niños jugando en la calle: quizá su serie más célebre, donde captura juego, alegría y riesgo en un Nueva York lleno de vida.
- In the Street (1952): film documental que amplía su mirada fotográfica al movimiento.
- Serie en color de los años cincuenta y sesenta: escenas de gente anónima en esquinas, autobuses, portales y aceras.

Su obra puede encontrarse en museos como el MoMA, el Metropolitan Museum of Art y el Centre Pompidou, pero también en libros que han recuperado su legado. 

Legado: la fotógrafa invisible que lo vio todoHelen Levitt influyó en generaciones de fotógrafos, desde Joel Meyerowitz hasta Vivian Maier. Su discreción la mantuvo lejos del foco mediático, pero su sensibilidad y su manera única de narrar la vida urbana la han convertido en una figura imprescindible de la fotografía del siglo XX. Hoy su obra es una invitación a mirar: a reconocer belleza en lo ordinario, poesía en lo frágil y humanidad en lo efímero. Su legado es, sobre todo, una ética de la mirada.

Aquí se puede ver nuestra Serie de Fotógrafas Célebres.

Dignidad máxima ante la muerte

Hoy, último domingo de julio de 2024, hemos vivido un enésimo ahogamiento en la playa de Mil Palmeras (Pilar de la Horadada, Alicante). Hacia las 19:00 horas se ha coordinado todo un despliegue de servicios de emergencia, para intentar salvar a un hombre recogido de unas aguas aparentemente no demasiado agitadas con bandera amarilla. Todo en el centro de la playa, donde desemboca la principal calle comercial y enfrente del principal puesto de socorristas.

Han acudido todo tipo de vehículos con sus correspondientes dotaciones de equipos humanos especializados: ambulancias, protección civil, bomberos, policía local y Guardia Civil. Estamos seguros de la profesionalización y buenos protocolos seguidos, porque hemos sido testigos de sus actuaciones en diversas ocasiones, incluso hace pocas semanas.

Cuando actúan estos equipos de emergencia casi siempre el desenlace es feliz y logran salvar vidas que parecían perdidas. Pero no ha sido el caso de esta concurrida tarde con la playa aún llena de turismo familiar residente, veraneante o procedente del sur de Alicante y de buena parte de Murcia. Niños y mayores seguían a pocos metros disfrutando de la playa, aprendiendo acaso lo efímero de la existencia.

Pero cuando el final es trágico, cuando la muerte se lleva a un ser humano, incluso en tan fatídico colofón aún queda algo por hacer: Asegurar la máxima dignidad del cadáver. Su visión ante los millares de ojos que lo han contemplado durante horas, puedo haberse preservado mejor. Cubierto con dos improvisadas toallas de diferente color, aquel ser humano vivo apenas unas horas antes quizá ofrecía una imagen poco trascendente en su prostero trance. 

No había familiares a su alrededor, ni nadie que lo conociese en apariencia, nadie que llorase allí mismo su pérdida y que cuidase de su apariencia. Quedaron dos guardias civiles, tras la retirada del resto de equipos, asegurando el perímetro, a la espera del levantamiento del cadáver por parte del Juez o Jueza de Instrucción que corresponda. 

Surge una inevitable pregunta: ¿No deberían llevar todos los vehículos de emergencia, entre sus completos y complejos equipos, una simple bolsa o sábana mortuoria de un color respetuoso para cubrir con respeto y dignidad los restos humanos en los infaustos finales? 
Muerte en la playa (Mil Palmeras, 20:30 28-7-2024)
La noticia en prensa, al día siguiente.

Geografía cambiante: Lecciones de la historia

Geografía cambiante: Lecciones de la historia
Recoger los viejos libros y enseres de una casa querida es una lección de vida, del paso del tiempo, de lo que queda cuando han transcurrido casi cien años de vida de estudio, de trabajo, de lecturas,... El servicio de recogida y reciclaje de Emaús Bilbao (por cierto, recomendamos sus cestas de productos ecológicos de la Bioeskola) ha hecho un trabajo increíble y nos tranquiliza saber que van a reutilizar cuanto sea posible de los dos camiones que han llenado de recuerdos de la historia. 

Cada uno de los miles de libros retirados es un tesoro. Para quienes tenemos vocación docente, especialmente los libros de texto antiguos, de principios y mediados del siglo XX. Sus láminas nos muestran el devenir de la humanidad con sus mapas políticos cambiantes. 

En este libro de texto, "Elementos de Geografía" por los Padres Escolapios de 1928 (imagen), hace ya casi un siglo, se puede apreciar el amplio Protectorado español en Marruecos (que existió hasta 1956) o la ambigua situación de Irlanda que hasta 1931 no lograría su independencia legislativa.
Geografía cambiante: Lecciones de la historia
La misma descripción de Inglaterra, formada principalmente por Gran Bretaña e Irlanda, muestra lo efímero de las potencias mundiales. Entonces, la marina y la armada británicas eran las más poderosas del mundo, y sus colonias sumaban 38 millones de kilómetros cuadrados y 400 millones de habitantes que casi decuplicaban la población inglesa-irlandesa de entonces de 47,4 millones.

El orden de grandes poblaciones era muy diferente del actual. Antes era Londres, Liverpool, Bristol, Hull, Glasgow y Manchester. Ahora en el Reino Unido de la Gran Bretaña son Londres, Birmingham, Glasgow, Liverpool, Leeds, Sheffield, Edimburgo, Bristol, Mánchester, Leicester, Coventry, Kingston upon Hull, ...  El mismo mapa administrativo de Inglaterra (entonces) no muestra la división actual con Irlanda del Norte y la República de Irlanda.
Geografía cambiante: Lecciones de la historia
También el mapa de hace casi un siglo también mostraba un Deutsches Reich (el Imperio Alemán) que por el Este llegaba hasta Danzig. Lo más llamativo se relata en el vértice superior izquierdo donde enumera las colonias alemanas en África, Asia y ¡Australia! Dichas colonias alemanas en Oceanía fueron compradas o cedidas a Alemania por España a finales del siglo XIX, como las Marianas del Norte o las islas Palaos o Palau.
Mapa de Alemania de principios del siglo XX 
Los otros libros de texto de matemáticas o de lenguas extranjeras, por cierto entonces se estudiaban los idiomas continentales (francés y alemán, no el inglés), han cambiado menos en sus aritméticas o gramáticas que los mapas políticos. 

Imágenes de estos antiguos libros de texto.

¿Qué es y por qué ser blogger?

¿Qué es y por qué ser blogger?
Hemos explicado en muchos posts que es el "espíritu blogger". Pero sigue siendo frecuente la consabida pregunta de si los blogs siguen vivos, parece que sí para quienes los escribimos,... aunque la duda aparece en el grado de lectura e interacción que logran.

En otras ocasiones, la cuestión planteada, especialmente a los quienes escriben blogs personales, es ¿por qué dedicas tiempo a algo tan,... ¿inútil, exhibicionista. egocéntrico, efímero, irrelevante,...? Subyace la premisa de... ¿a quién le importa lo que cuentes? Pero este criterio, en algunos casos, es irrelevante, por que muchos bloggers escriben porque sienten esa necesidad, sean o no sea leídos por nadie.

Será un nuevo intento fallido para quienes, acaso, lleguen a leer este post, pero compartimos nuestra perspectiva sobre estas cuestiones, siempre de modo obviamente subjetivo.

¿Qué es ser bloggerPara nosotros alguien alcanza esa categoría de comunicador  social cuando se compromete  a leer cada día, a escribir cada día (publicar va a otro ritmo), mantener la curiosidad y la voluntad de aprender cada día de los temas que le apasionen, y comunicar sus "descubrimientos cotidianos" en su bitácora. 

Por tanto, merecer ese calificativo de blogger es mantener la tensión de aprender, leyendo, analizando, condensando y publicando todos los días. Dejando un testimonio, uno más pero siempre singular, de lo que acontece a nuestro alrededor, de los proyectos y aventuras en los que nos embarcamos con quienes nos acompañan (familia, amistades, colegas,...).

Ser blogger es desvelarse cada amanecer buscando un mensaje que apoyar, una idea que predicar, un proyecto para el que recabar ayuda, una misión a medio o largo plazo en la que persistir. Un blog también es un diario de esfuerzos y, quizá, algún logro. 

Otros muchos posts sobre qué es y por qué ser "blogger".

Días que son como un haiku

Atardecer en Alicante
Hay días perfectos, simples y dichosos, jornadas que dejan huella, en su cotidiano devenir, de calma, de paz, de esa esencia de la que están hechas las almas que aman.

Esas noches merecen un haiku, una poesía que flota como el rocío, y se asienta en la tierra, promesa de vida, regalo de la naturaleza, don del espíritu, que sabe apreciarla.

"Todo efímero,
mas eterno el amor,...
si es verdadero".

Texto Efímero: Otra iniciativa de A Fortiori Editorial

Recogemos en la web de Textoefimero su convocatoria:
Es un juego preparado por A Fortiori Editorial para el verano. Consiste en aportar ideas en Twitter junto con la etiqueta #textoefimero. No tiene otra pretensión que haceros pasar un buen rato a la vez que os provocamos para que saquéis vuestro lado más brillante aunque efímero y soltéis los mejores pensamientos, el pálpito del momento o las frases más ingeniosas que os vengan a la mente utilizando como herramienta Twitter, que, en principio, convierte en efímeros los mensajes que volcamos, y en cualquier momento pueden desaparecer, como lágrimas en la lluvia.

La imagen superior procede del Twitter de Texto Efímero, que reúne los tuits efímeros. El resultado será publicado en un libro y también se leerán algunos tuits en la Cadena SER en el programa del fin de semana “A vivir que son dos días”. Conviene leer las condiciones exactas en el blog oficial.

El segundo gran Julio,... el de los viajes de ensueño

Nació en Nantes, a orillas del río Loira, el 8 de febrero de 1828. Según la leyenda tejida sobre su vida, se escapó de su casa a la edad de 11 años para ser grumete en un barco que se dirigía a las Indias. 

Prontamente atrapado y recuperado por sus padres, fue llevado de nuevo al hogar paterno en el que, en un furioso ataque de vergüenza por lo breve y efímero de su aventura, juró solemnemente (para fortuna de la humanidad lectora) no volver a viajar más que en su imaginación y a través de la fantasía...



Otras entradas sobre Julio Verne,

Sic transit gloria mundi

Es decir: "Así pasa la gloria del mundo". Es una reflexión latina sobre lo efímero de la vanagloria mundana, obra de Tomás de Kempis, en su Imitación de Cristo (1,3,6). Imagen promocional de "Aventura en el Teatro", tomada en la Plaza del teatro Arriaga en Bilbao.

La misma Luna

Unos la visitaron; otros sólo la vemos. Algunos le atribuyen extraños poderes; todos presentimos su presencia.

Nos sorprendemos cuando leemos que existen árboles vivos con diez siglos de existencia en el Amazonas. Algún abeto Douglas se complementa con madera subfósil con 22 siglos de existencia. A especies como el Pinus longaeva, la Sequoia gigante, el Drago Canario o ciertas esponjas les son atribuidas edades de hasta cinco mil años. Asombrosa vitalidad frente a las mariposas cuyo efímero ciclo vital apenas llega a un mes, o a bacterias que nunca sobreviven más allá de unos fugaces quince minutos.

Por fortuna, a nuestro alrededor existen elementos muy estables. En la película “Nueve vidas” un personaje menciona de pasada a su pareja que todos descubrimos y nos encandilamos con la misma Luna. Y así es. Desde todos los continentes y océanos. Niños y ancianos. Los que aún vivimos y nuestros más remotos antepasados. Jesucristo y Newton vieron la misma cara de la misma Luna.

La misma que hizo exclamar a Galileo cuando resplandeció a través de su catalejo: “Es muy hermoso y placentero contemplar la Luna”. A todos nos inspira la gobernadora de las mareas. A veces, hasta demasiado. Como dijo el poeta Matsuo Basho en un brillante haiku: “De vez en vez llegan las nubes, / y conceden al hombre una tregua: / le ocultan la Luna”.

En todo caso, es maravilloso contar con un amarre eterno, un noray donde fijar la mirada. En cualquier momento, de cualquier noche, desde cualquier lugar de la Tierra. Allí estará, la fría y casta Luna, reina del firmamento, siempre alumbrada. Helada llama, por cuartos transfigurada, pero siempre con la misma mirada. Ella no sólo nos ilumina, también… nos guarda.

Versión para imprimir en: mikel.agirregabiria.net/2007/mismaluna.DOC