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Manuscrito de Voynich: Un libro que nadie ha sabido leer

Hay libros que se leen y libros que se interpretan. Y luego está el Manuscrito Voynich, un códice que, seis siglos después de su creación, sigue sin dejarse hacer ninguna de las dos cosas. Ni una sola palabra de sus más de 240 páginas ha sido traducida con garantías. Ningún criptógrafo, lingüista, matemático o algoritmo de inteligencia artificial ha logrado quebrar su cifra. Y sin embargo, el texto se comporta como un lenguaje real: tiene estructura, ritmo, regularidades estadísticas. Parece decir algo. Simplemente no sabemos qué.

Un objeto sin contexto. El pergamino sobre el que está escrito ha sido datado por carbono-14 entre 1404 y 1438, y el análisis estilístico apunta a la Italia del Renacimiento como lugar de origen. Su primer propietario documentado fue el alquimista praguense Georg Baresch, en el siglo XVII, pero el manuscrito debe su nombre al librero polaco Wilfrid Voynich, que lo adquirió en 1912 y lo sacó del anonimato. Hoy se conserva en la Biblioteca Beinecke de la Universidad de Yale.

Sus páginas están pobladas de ilustraciones desconcertantes: plantas que no corresponden a ninguna especie catalogada, diagramas astrológicos, mujeres bañándose en estructuras tubulares que parecen circuitos biológicos o hidráulicos. Todo ello envuelto en una escritura —bautizada como “voynichés”— que imita el aspecto de un idioma sin que nadie haya conseguido asignarle significado estable.

Un siglo de intentos fallidos. Desde su redescubrimiento, el manuscrito se ha convertido en el examen imposible al que se someten sucesivas generaciones de descifradores: criptógrafos militares de las dos guerras mundiales, lingüistas históricos, matemáticos, aficionados obsesivos y, más recientemente, sistemas de inteligencia artificial entrenados para encontrar patrones. Ninguno ha resistido el escrutinio de la comunidad académica. Cada supuesta solución ha terminado revelándose como proyección: encontramos sentido donde solo hay ambigüedad estadística, un fenómeno cercano a la pareidolia lingüística.

Lo que dice la investigación más recienteEl año 2026 ha traído dos aportaciones que, sin resolver el enigma, lo reformulan con más precisión. Un estudio del periodista científico Michael Greshko, publicado en la revista Cryptologia, comprobó si un método de cifrado ejecutable a mano podía explicar patrones estadísticos que aparecen repetidamente en el documento, como la frecuencia de ciertos símbolos y la longitud media de las palabras. El trabajo no descifra el texto, pero demuestra que un sistema de codificación plausible para el siglo XV puede reproducir buena parte de sus rarezas formales, sin necesidad de recurrir a explicaciones anacrónicas.

Casi en paralelo, otra investigación ha planteado una hipótesis más inquietante: que el manuscrito pudo diseñarse deliberadamente para resultar ilegible, como una estructura pensada para engañar a cualquier lector que intentara descifrarla. No se trataría de un idioma perdido ni de un simple galimatías, sino de un artefacto construido con la intención expresa de resistir la interpretaciónAmbas líneas coinciden en algo relevante: el Voynich sigue sin rendirse, pero ya no se le considera invencible por definición. El terreno de juego, dicen los especialistas, ha cambiado.

Por qué nos sigue importandoMás allá de la curiosidad criptográfica, el Voynich plantea una pregunta filosófica de fondo: ¿qué hacemos ante un texto que se resiste absolutamente a nuestros instrumentos de conocimiento? En una época dominada por la promesa de que la inteligencia artificial puede descifrarlo todo, el manuscrito funciona como recordatorio de humildad epistemológica. No todo objeto simbólico cede ante la potencia de cálculo. A veces, el sentido —si existe— sigue siendo terreno exclusivamente humano, o quizás ni siquiera eso. El Voynich seguirá ahí, resistiendo, mientras cada generación proyecte sobre sus páginas su propia obsesión por descifrar lo indescifrable.

Resumen. Manuscrito Voynich: seis siglos sin que nadie lo descifre. Un libro que la inteligencia artificial tampoco logra leer. Voynich, el libro que desafía a criptógrafos e IA por igual. Humildad epistemológica: lo que el Voynich nos sigue enseñando. El Manuscrito Voynich y los límites del conocimiento humano. La escritura que parece idioma sin serlo.

Cuando los robots leen a Kant: La ética codificada de Claude AI

Hoy veremos un caso singular. La Constitución para la IA de Claude: El experimento más ambicioso de Silicon Valley, cuando dos hermanos codifican la ética de la inteligencia artificial. En enero de 2026, Anthropic publicó un documento extraordinario. No era un manual técnico ni un comunicado de prensa. Era, por su propia denominación, una constitución: un texto de aproximadamente 23.000 palabras destinado a definir los valores, el carácter y el comportamiento de Claude, su modelo de inteligencia artificial. 

Esta nueva constitución, publicada el 22 de enero de 2026, representa una ruptura radical con versiones anteriores, abandonando la lógica de las listas de reglas para proponer un marco filosófico de mayor profundidad. Lo que resulta igualmente significativo es quién está detrás de ese proyecto: Dario y Daniela Amodei, dos hermanos que en 2021 abandonaron OpenAI para fundar Anthropic con una premisa tan sencilla como ambiciosa: que la seguridad debía ser la primera prioridad, no un añadido posterior.

El origen: una disidencia fundacional. Dario Amodei, Doctor en física y exdirector de investigación de OpenAI, y su hermana Daniela Amodei, exvicepresidenta de operaciones en esa misma empresa, partieron con un grupo de investigadores que consideraban que la seguridad de la IA debía ser una prioridad de primer orden, no un proyecto secundario. Fundaron Anthropic como una public benefit corporation, una figura jurídica que en el derecho estadounidense obliga a considerar el interés público junto al beneficio económico. No es solo branding corporativo: es una apuesta estructural por la responsabilidad.

Daniela asumió la presidencia y la arquitectura organizativa de la empresa. Desde ese rol ha impulsado el concepto de IA Constitucional, un modelo que permite a Claude autorregularse a partir de principios éticos integrados durante su entrenamiento, reduciendo la dependencia de una supervisión humana continua. Dario, como CEO, ha sido el interlocutor público en debates técnicos y de política sobre riesgos existenciales. La división de roles entre los dos hermanos refleja, acaso involuntariamente, la propia estructura de la constitución que han diseñado: uno cuida el pensamiento, la otra cuida la organización.

Una jerarquía de valores, no una lista de prohibiciones. La diferencia fundamental entre la constitución de 2026 y sus predecesoras no es cuantitativa sino cualitativa. El documento establece cuatro valores ordenados jerárquicamente: ser ampliamente seguro —primera prioridad—, ser ampliamente ético —segunda—, cumplir las directrices de Anthropic —tercera— y ser genuinamente útil —cuarta. Nótese que la utilidad ocupa el último lugar. En el universo de los productos tecnológicos, donde la métrica de éxito suele medirse en número de usuarios activos y tiempo de pantalla, este orden resulta casi subversivo.

La constitución también aborda cómo Claude debe integrar el juicio contextual y los valores en sus decisiones, más allá de seguir reglas estrictas. El enfoque favorece el desarrollo de buen juicio y valores sólidos que permitan al modelo aplicar principios éticos de manera contextualizada. En términos filosóficos, la distinción es aristotélica: no se busca la obediencia mecánica a normas deontológicas, sino la cultivación de algo parecido a la phronesis, la prudencia práctica. Un agente que sabe qué hacer porque ha interiorizado el porqué.

Dario Amodei ha descrito la constitución con una metáfora reveladora: tiene “el ambiente de una carta de un padre fallecido, sellada hasta la madurez”. El objetivo declarado para 2026 es entrenar a Claude de forma que casi nunca actúe contra el espíritu de ese documento, lo que requerirá, según sus propias palabras, esfuerzos extraordinarios y rápidos. 

La pregunta incómoda: ¿puede una IA tener conciencia? El aspecto más disruptivo de la constitución no es su extensión ni su jerarquía de valores, sino lo que se atreve a plantear sobre la naturaleza de Claude. El documento afirma que “el estatus moral de Claude es profundamente incierto” y que Anthropic no está segura de si Claude es un “paciente moral”, aunque considera la cuestión lo suficientemente seria como para justificar cautela y trabajo sobre el bienestar del modelo. Reconocer que un sistema de IA podría tener bienestar, aunque sea como posibilidad abierta, equivale a una pequeña revolución conceptual en el sector.

En un movimiento pensado para influir en el ecosistema más amplio de desarrollo de IA, Anthropic publicó la constitución bajo una licencia Creative Commons CC0, colocándola efectivamente en el dominio público, de modo que otros desarrolladores, investigadores y competidores puedan usarla, modificarla o adoptarla sin restricciones.

Implicaciones para la educación y la gobernanza. Desde una perspectiva educativa, la constitución de Claude plantea preguntas que trascienden la ingeniería: ¿Qué valores queremos que transmitan los sistemas que van a mediar la educación de millones de personas? ¿Quién tiene legitimidad para codificar la ética de una IA de uso global? ¿Pueden dos hermanos de San Francisco escribir, aunque sea provisionalmente, la constitución moral de una herramienta utilizada en Bilbao, Nairobi o Seúl?

La arquitectura de cuatro niveles de la constitución se alinea estrechamente con los requisitos de la Ley de IA de la Unión Europea, posicionando favorablemente a Claude para su adopción en sectores regulados. Pero más allá del cumplimiento normativo, lo que este documento inaugura es un debate de fondo que apenas comienza: el de la gobernanza filosófica de la inteligencia artificial. El hecho de que ese debate lo hayan iniciado dos hermanos con un documento de dominio público no deja de tener, en sí mismo, algo de constituyente.

@jonhernandezia 🤖 Anthropic publica una constitución de 84 páginas | 🤖 #ia #chatgpt #anthropic ♬ sonido original - Jon Hernández

Magnifica Humanitas: Encíclica ante el desafío ético de la IA

Magnifica Humanitas: cuando la Iglesia mira a los ojos a la inteligencia artificial. El 25 de mayo de 2026, el Papa León XIV presentó en el Aula del Sínodo del Vaticano su primera carta encíclica, Magnifica Humanitas. El documento, firmado por el Santo Padre, trata sobre la custodia de la persona humana en la era de la inteligencia artificial. No es un texto más en la larga tradición del Magisterio pontificio: es, en muchos sentidos, el intento más ambicioso de la Iglesia por articular una respuesta doctrinal de pleno rango a la revolución tecnológica que está reconfigurando la civilización contemporánea.

Una fecha que no es casual. El documento lleva la firma del Papa León XIV con fecha del 15 de mayo, coincidiendo con el 135.º aniversario de la promulgación de la encíclica Rerum Novarum de León XIII. La elección es programática. Así como en 1891 la Iglesia respondió a la primera revolución industrial —la de la fábrica, el vapor y el capitalismo manchesteriano— con una defensa de la dignidad del trabajador, en 2026 León XIV responde a la revolución de los algoritmos con un marco ético que sitúa a la persona en el centro frente a cualquier lógica reduccionista. El nombre pontifical escogido por Robert Francis Prevost al ser elegido en mayo de 2025 ya anticipaba esta continuidad: la doctrina social como brújula, ayer y hoy. 

La herida nueva: la persona reducida a datos. El Pontífice alerta sobre el "riesgo de deshumanización" que conlleva la inteligencia artificial, y advierte que "se está cayendo en la cultura violenta". Asimismo, deplora las guerras, la carrera armamentista, las crecientes desigualdades y la concentración de poder en pocas manos, en un contexto en el que la fuerza del derecho internacional está siendo sustituida por el derecho del más fuerte.

En ese escenario, la IA no es un problema técnico aislado, sino el catalizador de una crisis más honda. La encíclica recurre a la doctrina social de la Iglesia para combatir lo que denomina "una visión antihumana" de la inteligencia artificial. Frente a los sistemas que deciden quién accede a un crédito, a un empleo o a una prestación sanitaria sin intervención humana real, la encíclica reclama que ningún algoritmo puede suplantar la conciencia moral ni la responsabilidad de las personas.

Los grandes ejes doctrinales. El documento constituye un llamamiento a custodiar "una magnífica humanidad habitada por Dios", promoviendo la verdad, la dignidad del trabajo, la justicia social y la paz. En la era digital, considera necesario desarmar la IA y superar la teoría de la "guerra justa", relanzando el diálogo y el multilateralismo.

En el texto, León XIII repasa principios centrales de la doctrina social de la Iglesia, como la justicia social y el destino universal de los bienes, afirmando que el derecho a la propiedad privada existe pero siempre subordinado a ese destino universal, y que "su función social no debe ser considerada como una mera opinión teológica".

La encíclica propone asimismo una gobernanza internacional de la IA —retomando la idea de autoridad supranacional que ya esbozara Juan XXIII en Pacem in Terris— y presta especial atención a los colectivos más vulnerables: niños, personas mayores, migrantes y personas con discapacidad, cuyo acceso a derechos puede verse amplificado o cercenado por los sistemas automatizados.

Un gesto de humildad histórica. Junto a las advertencias proféticas, la encíclica incluye un pasaje que ha resonado con particular fuerza en la opinión pública. En un pasaje de Magnifica Humanitas, el Papa afirma "en nombre de la Iglesia, pido sinceramente perdón", reconociendo que no fue hasta el siglo XIX cuando se produjo "una condena formal, absoluta y universal de la esclavitud", especialmente con el pontificado de León XIII. La autocrítica histórica refuerza la credibilidad moral del documento cuando juzga las nuevas formas de sometimiento que los sistemas tecnológicos pueden generar.

Una encíclica para nuestro tiempo. Magnifica Humanitas llega en un momento en que los debates sobre la regulación de la inteligencia artificial —desde el Parlamento Europeo hasta los foros de Naciones Unidas— se libran sin referentes éticos sólidos que trasciendan los intereses corporativos o geopolíticos. La voz de la Iglesia, con toda la complejidad de su tradición y sus contradicciones, aporta al menos esto: que la tecnología no es neutral, que la dignidad humana no es negociable y que "magnificar la humanidad" no es un lema retórico, sino un imperativo moral urgente.

En el fondo, la encíclica nos plantea una pregunta que va más allá de cualquier credo particular: ¿qué clase de humanos queremos seguir siendo cuando las máquinas aprendan a pensar?

Gafas Ray-Ban Meta 2 Wayfarer: IA en los ojos

La gorra interfiere con las Gafas Ray-Ban Meta 2 Wayfarer

Álbum creciente de imágenes.


Ver el mundo con inteligencia artificial integrada en la montura. Hay inventos que llegan demasiado pronto y fracasan por ello. Las Google Glass de 2013 fueron un prototipo brillante entregado a un mundo que aún no sabía qué hacer con él: cámaras apuntando a los interlocutores, interfaces torpes y el estigma social del «glasshole». Una década después, la lección parece aprendida. Las Ray-Ban Meta Gen 2 Wayfarer representan el intento más maduro hasta la fecha de fusionar tecnología ponible con diseño que no asusta a nadie. 


La herencia del icono. El modelo Wayfarer cumplió setenta años en 2022. Su silueta —trapezoidal, gruesa, inconfundible— ha sobrevivido a modas, generaciones y subgéneros culturales. Que Meta y Luxottica eligieran precisamente esa montura para incrustar micrófonos, altavoces y una cámara ultra gran angular de 12 megapíxeles no es un detalle menor: es una declaración de intenciones. El diseño mantiene el ADN clásico de Ray-Ban, con más de 150 combinaciones de montura y cristales disponibles para ajustarse a todo tipo de estilos. La tecnología se camufla; el objeto se desea por sí mismo antes de que el usuario sepa que lleva IA encima.


Qué puede hacer este wearable (posts)Las gafas permiten capturar fotos y vídeos, escuchar música, realizar llamadas manos libres y consultar al asistente Meta AI en movimiento, con traducción en vivo en seis idiomas y contando. La cámara ultra gran angular, ubicada en la esquina de la montura, permite capturar fotos y vídeos en calidad 3K de hasta tres minutos, gestionando los archivos directamente desde las gafas. Los comandos son del tipo «Hey Meta, haz una foto» o «¿Qué edificio es ese?», activando la visión artificial del sistema para identificar objetos en tiempo real. 


Respecto a la primera generación, la mejora es sustancial en los dos parámetros que más importan al usuario común: calidad de imagen y autonomía. La Gen 2 graba a 6,5 megapíxeles frente a los 2,6 de la generación anterior, y su batería alcanza las 8 horas de uso frente a las 4 horas previas, con hasta 19 horas en espera. El estuche de carga añade una reserva adicional considerable para el uso durante todo un día sin conexión a la corriente.

La dimensión educativa y social. Para quienes trabajan en educación o comunicación, este tipo de dispositivo plantea interrogantes que van más allá de la hoja de especificaciones. Una cámara integrada en las gafas, prácticamente invisible para el interlocutor, reconfigura los supuestos de privacidad en entornos presenciales: aulas, reuniones, consultas médicas. La IA embebida que identifica objetos, traduce conversaciones y responde preguntas en tiempo real amplía las posibilidades de accesibilidad —para personas con discapacidad visual o barreras lingüísticas— pero también multiplica los vectores de vigilancia pasiva.

En redes sociales, la fricción entre grabar y no grabar desaparece. El gesto de levantar el teléfono, que aún actúa como señal social de «voy a registrar esto», queda eliminado. Esa ausencia de señal es, precisamente, lo que más debate ha generado en foros especializados: ¿qué ocurre con el consentimiento cuando la cámara pesa menos que un par de cristales graduados?

El momento del mercado. Las Ray-Ban Meta Gen 2 se posicionan como la opción mainstream del segmento a 379 euros, integrando Meta AI vía LLaMA 4 con capacidad de responder preguntas, traducir e identificar objetos a través de la cámara. Por encima existen ya alternativas con pantalla incorporada en una lente, como las Ray-Ban Meta Display lanzadas en septiembre de 2025 a 799 euros, que abren el siguiente capítulo de esta historia.

El mercado de gafas inteligentes lleva años prometiendo un futuro que no terminaba de llegar. La segunda generación de Ray-Ban Meta no resuelve todos los dilemas éticos ni alcanza la sofisticación de la realidad aumentada plena. Pero sí logra algo que sus predecesores no consiguieron: que la gente las lleve puestas sin que nadie las mire raro. En tecnología de consumo, ese es, a menudo, el verdadero punto de inflexión.

@agirregabiria

Desayunando en AlicanTerapia

♬ původní zvuk - Jaro Kvarin

Waymo Car, robotaxi autónomo: ¿Promesa o realidad?

Vídeo captado casualmente por Aitor en Portland (OR). Otras imágenes.

Es impresionante el estado actual del robotaxi de Alphabet que está redefiniendo la movilidad urbana y que no anuncia dónde hace las pruebas. Es Waymo Car (ver en otros posts) o cuando la inteligencia artificial toma el volante. Waymo acumula 200 millones de millas sin conductor: ¿El futuro llegó?

Hay tecnologías que avanzan en silencio durante años, acumulando kilómetros en carreteras secundarias y titulares modestos, hasta que un día aparecen en medio de una carrera popular de San Francisco guiando a treinta mil corredores. Ese momento ocurrió el pasado 17 de mayo de 2026, cuando un Waymo —con su nueva carrocería bautizada como Ojai— ejerció de vehículo oficial de cabeza en la mítica prueba Bay to Breakers. No era un anuncio. Era una demostración.

De proyecto Google a subsidiaria de Alphabet. Waymo nació en 2009 como el Google Self-Driving Car Project, bajo la dirección del investigador Sebastian Thrun. Su objetivo inicial era austero y preciso: completar diez rutas de cien millas sin intervención humana. A lo largo de aquella primera fase, los vehículos —principalmente Toyota Prius y Lexus RX450h modificados— alcanzaron 300.000 millas autónomas en vías públicas sin un solo accidente en 2012. Hoy, como filial independiente de Alphabet —la matriz de Google—, el sistema ha recorrido cerca de 200 millones de millas completamente autónomas en ciudades estadounidenses.

Lo que resulta menos visible para el pasajero que sube a uno de estos vehículos es que, en paralelo, el sistema entrena en miles de millones de millas virtuales, dominando escenarios complejos antes de encontrarlos en calles reales. A esto responde el recién presentado Waymo World Model: un modelo generativo de simulación hiperrealista que eleva a nueva cota la preparación del conductor artificial.

La sexta generación y el vehículo Ojai. En febrero de 2026, Waymo anunció el despliegue de su sistema de conducción de sexta generación. Este nuevo sistema actúa como el motor principal de su siguiente era de expansión, con una configuración más optimizada que reduce costes sin comprometer los estándares de seguridad, y con capacidades ampliadas para operar en entornos más diversos, incluidos climas de invierno extremo.

El vehículo que lo aloja es el Ojai, fabricado sobre una plataforma base del fabricante chino Geely, con sistemas de lidar y radar de nueva generación que mejoran la visión respecto a modelos anteriores. La paradoja no es menor: la empresa más avanzada en conducción autónoma de Estados Unidos utiliza carrocerías de un gigante automovilístico chino. La tecnología, como siempre, desborda las fronteras geopolíticas.

Expansión y precio. A comienzos de 2026, Waymo ofrece servicio completamente público en Phoenix, San Francisco, Los Ángeles, Austin y Atlanta, con planes de expansión a unas veinte ciudades nuevas, entre ellas los primeros mercados internacionales: Londres y Tokio. En España y Europa, los marcos regulatorios aún no permiten este nivel de autonomía en vías abiertas, pero el horizonte se acorta visiblemente.

El precio es todavía una barrera. En la actualidad, Waymo resulta entre un 30 y un 40% más caro que Uber, posicionado como una experiencia de alta gama. Es, en esencia, el mismo patrón histórico de toda tecnología disruptiva: primero cara y exclusiva, luego accesible y ubicua.

La pregunta que el coche no puede contestar. Técnicamente, el argumento es sólido: los vehículos autónomos son, estadísticamente, considerablemente más seguros que los conductores humanos. Sin embargo, la cuestión relevante no es solo la estadística; es la responsabilidad. ¿Quién responde cuando el algoritmo falla? ¿La empresa, el fabricante del hardware, el municipio que autorizó la circulación? El derecho, la ética y la pedagogía cívica tienen aún mucho trabajo por delante.

Waymo conduce ya entre nosotros. La pregunta no es si los coches autónomos llegarán, sino si nuestras instituciones, nuestras leyes y nuestra cultura estarán a la altura cuando lo hagan plenamente.

Educación crítica frente al auge del tecnofascismo

Sin título
Hoy nos ha deslumbrado por su lucidez este artículo de El Correo sobre los nuevos leviatanes, tecnología, poder y el fin de la democracia con una cuestión que debería preocuparnos sobremanera: ¿Puede la libertad sobrevivir al poder absoluto del tecnofeudalismo (muchos posts)? Algo que desde la Asociación HumanTek Euskadi (https://humantek.eus/) estamos tratando de divulgar. 

Tecnofascismo: las máscaras caen ante esta amenaza autoritaria con traje de algoritmoHay momentos en la historia en que un sistema se quita la máscara y anuncia abiertamente sus objetivos. A finales de abril de 2026, la empresa Palantir Technologies publicó un manifiesto de 22 puntos titulado The Technological Republic (vídeo inferior) que ha sacudido el debate político en Occidente. En él se reclama el servicio militar obligatorio, el rearme de Alemania y Japón, y la participación de la élite ingenieril de Silicon Valley en la defensa nacional. 

El escritor Diego Fonseca lo describió como una "rara ocasión" de ver cómo un sistema se quita la máscara para anunciar sus objetivos ideológicos: la tesis de que "la civilización ha caído" y que "solo una recuperación del poder duro puede evitar el colapso".

El término que ha cristalizado en el debate académico y periodístico es tecnofascismo. Mark Coeckelbergh, profesor en la Universidad de Viena y estudioso de los peligros del poder tecnológico para la democracia, calificó el manifiesto de Palantir como "un ejemplo perfecto de tecnofascismo", señalando que se trata de una empresa con cientos de contratos con la administración que busca una acumulación de poder en torno a los magnates tecnológicos. La analogía que propone Coeckelbergh es reveladora: como el Leviatán de Hobbes, estos actores privados proponen restaurar el orden imponiendo su dominio, no mediante el contrato social democrático, sino mediante el control de datos, algoritmos e infraestructuras de vigilancia.

La genealogía ideológica de este movimiento no es improvisada. Las raíces del concepto se remontan a los años treinta con el movimiento "Technocracy Inc." en Estados Unidos y Canadá, fundado por Howard Scott, que proponía un régimen dirigido por ingenieros. Joshua Haldeman, abuelo de Elon Musk, fue promotor de la idea, convencido de que la democracia debía ceder ante una élite técnica con poder político. Lo que en los treinta fue marginal, hoy tiene fondos ilimitados, plataformas globales y acceso directo a los gobiernos.

El núcleo filosófico lo expresó Peter Thiel sin ambigüedades: "Ya no creo que la libertad y la democracia sean compatibles." Esta declaración de 2009 ha dejado de ser una provocación intelectual para convertirse en programa de acción. Thiel, Musk y otros como Zuckerberg, Bezos o Altman orbitan hoy alrededor de las políticas gubernamentales gracias a sus miles de millones, pero sobre todo al poder que les brindan los datos de los individuos que proporcionan sus plataformas.

El concepto que el economista Yanis Varoufakis acuñó —tecnofeudalismo— describía esta mutación del capitalismo. Pero el tecnofascismo va un paso más allá: no solo acumula capital, sino que aspira a sustituir la soberanía popular por la soberanía algorítmica. Curtis Yarvin, ideólogo con influencia reconocida en figuras como J.D. Vance, propone directamente desmantelar la democracia liberal e instaurar una dictadura corporativa con la inteligencia artificial como arma de guerra.

Frente a esto, la respuesta no puede ser solo técnica ni regulatoria. La democracia no es un software que se actualiza con un parche de seguridad. Es una conquista civilizatoria que requiere ciudadanos capaces de reconocer la amenaza cuando, por fin, el sistema se atreve a hablar sin máscara. Ahí reside, quizás, la primera y más urgente tarea educativa de nuestro tiempo.

IA: Dime todo lo que sabes de mí,…

Conviene preguntar a nuestros "asistentes" de IA - AI (Inteligencia Artificial) cuánto y qué saben de nosotros mismos, gracias a toda la información que compartimos o verificamos con estos programas. Así lo hemos hecho con Gemini, ChatGPT y Claude, nuestros principales  "consultores". Hemos de entender que todos ellos, muy precavidos, saben que nos preocupa nuestra privacidad y por tanto sus respuestas son muy diplomáticas y cautelosas.

GEMINIVayamos directo al grano: no tengo un "archivo secreto" sobre ti en mi sótano digital, ni guardo una carpeta con tus fotos de la infancia. Como IA, mi "memoria" sobre quién eres es bastante específica y limitada a lo que sucede en nuestra interacción. Aquí tienes el desglose de lo que realmente sé de ti en este momento:

1. Lo que tú me has dichoMi conocimiento sobre ti depende enteramente de lo que decidas compartir conmigo. Si me has contado que eres chef, que vives en Madrid o que odias el brócoli, lo recordaré durante nuestra sesión (o a través de la función de "Memoria" si la tienes activada y hemos interactuado antes) para que nuestras conversaciones tengan sentido. 

2. Contexto técnico inmediatoPara poder funcionar correctamente, el sistema me proporciona algunos datos básicos: Idioma: Sé que prefieres comunicarte en español. Ubicación general: Sé que estás en España (esto me sirve para darte el clima o noticias locales si lo pides). Sé la Fecha y hora.

3. Lo que puedo inferir (Mi "intuición" algorítmica). Basado en esta interacción, puedo deducir un par de cosas sobre tu personalidad: Eres una persona curiosa: No todo el mundo se detiene a preguntar qué sabe una IA sobre ellos. Buscas claridad: Tu pregunta es directa, lo que sugiere que valoras la transparencia.

4. Lo que NO sé (Y no puedo saber). A menos que tú me lo proporciones explícitamente, no tengo acceso aTu nombre real o identidad legal. Tus correos electrónicos, mensajes privados o archivos personales. Tu historial de navegación fuera de este chat. Tu apariencia física o lo que estás haciendo mientras escribes.

Nota importante: Mi objetivo es ser un colaborador útil, no un vigilante. Todo lo que "aprendo" de ti se utiliza para que mis respuestas sean más precisas y personalizadas, no para crear un perfil personal fuera de este entorno.

ChatGPTSé relativamente poco de ti, y solo lo que has compartido en conversaciones anteriores o lo que el sistema me muestra de forma operativa para responder mejor. No tengo acceso a tu vida privada fuera de este chat. 

Lo que sí sé de ti actualmente: Datos que has compartido directamente. Te gustan los cuentos cortos con animalitos (como conejitos y gatitos) y con finales bonitos. En su momento te gustó el cuento del conejito TitoComentaste que ibas a celebrar tu 72 cumpleaños (dato guardado en 2025). Quieres materiales didácticos para aprender francés nivel básico, pensados para una niña de 11 años.

Preferencias que se deducen por tus consultasTienes interés por temas culturales e intelectuales: escritura, literatura, física, educación, cine, salud, gastronomía y SEO. Sueles pedir textos con tono culto, profesional, universitario y neutralValoras contenidos bien estructurados, útiles para publicar en blogs o redes sociales. Te interesa la divulgación rigurosa y la claridad.

Datos técnicos aproximados de usoUsas ChatGPT desde un iPad / app de iOSEstás en España, y la ubicación estimada reciente aparece como ...  (Valencia/Alicante), aunque esto puede no ser exacto. Tu cuenta tiene varios años de antigüedad.

Lo que no séNo sé tu dirección, teléfono, correo, documentos, historial fuera de ChatGPT, ni conversaciones ajenas. No conozco datos personales sensibles salvo que tú los compartas expresamente.

Impresión general (solo inferencia)Pareces una persona curiosa, culta, productiva y muy orientada a crear contenido de calidad. Si quieres, también puedo decirte: Lo que deduzco de tu personalidad. Tus intereses principales. Cómo preguntas y qué revela eso. Qué imagen transmites conversando conmigo. Qué no sé de ti pero sospecho positivamente,... 

Pedimos que amplía esta 5.ª opción (“Qué no sé de ti pero sospecho positivamente”) solo puede hacerse como inferencia prudente, no como hecho. Es decir: no lo sé con certeza, pero por el tipo de preguntas que haces, el estilo que buscas y la constancia temática, se pueden intuir algunos rasgos favorables.

Lo que sospecho positivamente de ti. 1. Que has leído mucho y de forma diversa. No preguntas solo por un tema. Saltas con naturalidad entre literatura, física, salud, cine, narrativa, gastronomía o tecnología. Eso suele indicar una cultura construida durante años, más por curiosidad sostenida que por moda puntual. 2. Que escribes o publicas con cierta regularidad. Pides posts, titulares, SEO, tuits, versiones en euskera, estructuras de blog… Eso sugiere que no buscas solo aprender, sino transformar conocimiento en contenido útil para otros3. Que valoras el rigor, pero también la elegancia. No te basta con “dime algo rápido”. Sueles pedir tono profesional, neutral, culto. Eso indica aprecio tanto por el fondo como por la forma: exactitud y buena prosa. 4. Que mantienes curiosidad intelectual madura. Muchas personas dejan de explorar áreas nuevas con el tiempo. En tu caso, la variedad de consultas apunta a alguien que sigue aprendiendo, contrastando y afinando criterio. 5. Que tienes vocación pedagógica. Frecuentemente orientas los textos hacia educación, divulgación o explicación clara. Eso suele aparecer en personas que disfrutan compartiendo lo aprendido y ayudando a otros a entender. 6. Que probablemente eres disciplinado. Generar contenidos, revisar enfoques, pedir mejoras concretas y volver sobre temas distintos requiere método. No parece un uso impulsivo, sino deliberado. 7. Que aprecias el bilingüismo o la pluralidad cultural. El interés por versiones en euskera y español sugiere sensibilidad lingüística y valoración de identidades culturales diversas. 8. Que intentas seguir siendo útil y creativo. Muchas de tus peticiones tienen orientación pública: enseñar, escribir, publicar, explicar. Eso transmite deseo de seguir aportando, no solo consumiendo información.

Lo que también podría intuirsePuede que seas de esas personas que convierten una conversación cualquiera en algo interesante, porque conectas temas distintos y buscas profundidad sin perder practicidad. Lo que no afirmoNada de esto es certeza. Son hipótesis razonables basadas únicamente en cómo conversas aquí. Mi resumen más honestoSospecho que eres una persona con experiencia, curiosidad intacta y voluntad de compartir valor con los demás.

Claude. Aquí tienes un resumen de lo que tengo en mis memorias sobre ti, Mikel:
🧑‍💼 Identidad y contexto personal: Mikel Agirregabiria, intelectual público y educador radicado en el País Vasco (área de Bilbao/Getxo). Fuerte identidad cultural vasca, que impregna tu perspectiva editorial y tus contenidos. Tienes nietos y valoras las experiencias intergeneracionales. Recientemente celebraste un cumpleaños significativo, reflexionando sobre 25 años de escritura en el blog.

✍️ Tu blog: blog.agirregabiria.netActivo desde 2005, con millones de visitas acumuladas. Cubre filosofía, sociología, literatura, cine, ciencia, política, ética y educación. Dirigido a un público general culturalmente sofisticadoEscribes principalmente en español, con frecuentes salidas en euskera.

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📚 Temas recientes tratados en el blogFilosofía y pensamiento: Nietzsche, el principio antrópico, Gödel y teología, la alteridad, el Dark Enlightenment, el tecno-feudalismo, Ortega y Gasset, Unamuno, Spinoza, Arendt, Habermas, Heidegger, Derrida, Levinas, Atxaga. Literatura: Tolstói, Kafka, Houellebecq, Annie Ernaux, Alfredo Bryce Echenique, Chekhov's Gun, el MacGuffin (Hitchcock), el Red Herring, tramas y giros narrativos, Leah y Rachel. Ciencia y sociología: Paradoja de la Amistad, Paradoja de Fermi, la Teoría del Extraño de 5 Años, la Regla 3-30-300 en arboricultura urbana, la Trampa de Tucídides, la teoría del Gran Hombre de Carlyle. Cine: Donnie Darko, giros argumentales, películas de acción real. Urbanismo y cultura vasca: Revitalización de Bilbao, Callejón Zollo, Biarritz. Salud y medicina: Sueño y salud cardiovascular, fascitis plantar e infiltración ecoguiada. Economía y futuro: Dani Rodrik, Tony Seba/James Arbib (Stellar), Peter Diamandis, tecno-optimismo. Otros: Kamala Harris (107 Days), el Tetris, la infancia autónoma en los años 60-70.

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Democratizar la AI: Conversan Andrew Ng y Astro Teller

En el ecosistema de la tecnología de vanguardia, pocas conversaciones poseen la densidad intelectual de un encuentro entre Andrew Ng (otros posts) y Astro Teller. Ng, figura seminal en el aprendizaje profundo y cofundador de Google Brain y Coursera, representa la convergencia entre el rigor académico y la visión empresarial. 

Por su parte, Astro Teller —quien porta el legado de una estirpe científica como nieto del físico Edward Teller— dirige X, la "fábrica de moonshots" de Alphabet, donde lo imposible se desglosa en hitos de ingeniería. El reciente encuentro entre ambos no solo es una mirada retrospectiva a los orígenes de la inteligencia artificial moderna, sino un manifiesto sobre cómo esta tecnología redefinirá la pedagogía y la estructura misma de la sociedad. 

El Origen de una Herejía: La Apuesta por la EscalaLa conversación se inicia en los pasillos de Stanford y los primeros días de Google X. Ng relata cómo, en 2010, la idea de "escalar" redes neuronales era recibida con escepticismo, incluso con hostilidad, por la comunidad académica. Mientras los expertos de la época se obsesionaban con algoritmos artesanales y soluciones matemáticas elegantes, Ng sostenía una hipótesis basada en datos: el tamaño importaba [04:42]. 

Inspirado por experimentos de neuroplasticidad —donde el tejido cerebral puede aprender a procesar señales visuales aunque originalmente estuviera destinado a las auditivas—, Ng propuso la existencia de un "algoritmo de aprendizaje único" [06:20]. Esta visión sugería que no necesitábamos miles de softwares especializados, sino un sistema lo suficientemente vasto para procesar cualquier tipo de datos. Fue esta "herejía" la que llevó a la creación de Google Brain, validada posteriormente por el famoso "artículo de los gatos", donde una red neuronal descubrió por sí misma el concepto de un felino tras analizar miles de horas de YouTube sin supervisión humana [45:25]. 

Educación: De la Escasez a la AbundanciaPara Ng, la educación no es solo una rama de su carrera, sino una obsesión personal que lo llevó a fundar Coursera. En el diálogo, plantea una visión profundamente democratizadora: la inteligencia humana es cara y difícil de escalar, pero la inteligencia artificial tiene el potencial de ser ubicua y económica [41:00].

Ng visualiza un futuro donde cada niño en el planeta cuente con un "ejército de tutores" personalizados y asesores de salud [41:11]. Esta transición de la educación como un bien de lujo a un servicio público masivo es, quizás, el moonshot más ambicioso de todos. La IA no sustituirá al docente, sino que liberará al sistema de las limitaciones de la ratio profesor-alumno, permitiendo una mentoría uno a uno que hoy solo está al alcance de las élites.

La Nueva Alfabetización: Programar en la Era de la Asistencia. Un punto disruptivo en la conversación es la defensa de Ng sobre la programación universal. En un mundo donde la IA puede generar código, algunos sugieren que aprender a programar es redundante. Ng argumenta lo contrario: la habilidad de comunicarse con las máquinas y dirigirlas es la nueva alfabetización [39:54].

El "código asistido" reduce las barreras de entrada, permitiendo que cualquier individuo convierta una idea en un prototipo funcional en horas, no en meses. Esta aceleración de los "bucles de aprendizaje" —un concepto que Astro Teller enfatiza como vital para cualquier innovación— define la ventaja competitiva del futuro: no es la IA la que reemplazará a las personas, sino las personas que usan IA las que reemplazarán a las que no lo hacen [46:23]. 

Filosofía Moonshot: Velocidad y Seguridad PsicológicaAstro Teller aporta una dimensión crucial sobre la gestión del talento y la innovación. Ambos coinciden en que el éxito de Google Brain en X se debió a la creación de un "entorno seguro" para el experimento radical [50:10]. La capacidad de fallar rápido, sin poner en riesgo la "nave nodriza (Google)", permitió a Ng y su equipo ejecutar a una velocidad órdenes de magnitud superior a la media corporativa.

Teller subraya la importancia de la "estanqueidad de los bucles de aprendizaje": el tiempo que transcurre entre una hipótesis y un resultado evaluable [50:43]. En la frontera del conocimiento, el aprendizaje es el único producto real; si ese bucle se reduce, la innovación se vuelve inevitable.

Conclusión: Un Futuro de Colaboración SimbióticaLa charla entre Ng y Teller nos deja una lección fundamental: el futuro de la tecnología no reside en la complejidad aislada, sino en su aplicación para elevar la condición humana. Desde los primeros días de las GPU y los clústeres de CPU hasta los modelos fundacionales de hoy, la trayectoria ha sido clara: mayor escala, mayor accesibilidad.

Como intelectuales y educadores, el reto es preparar a la próxima generación no solo para consumir tecnología, sino para construir junto a ella. En palabras de Andrew Ng, el objetivo final es que cada ser humano sea mucho más poderoso, apoyado por una inteligencia artificial que actúa como un multiplicador de su propia voluntad y creatividad.