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Elige una ética de vida en tiempos de disrupción tecnológica

Hablar hoy de una “ética de vida” no es un ejercicio retórico ni una nostalgia filosófica. Es, más bien, una necesidad práctica en sociedades caracterizadas por la aceleración tecnológica, la complejidad moral y la pluralidad de valores. Elegir una ética de vida significa adoptar un marco razonado de principios que orienten nuestras decisiones cotidianas, nuestras responsabilidades colectivas y nuestra relación con el conocimiento, la técnica y los demás.

Durante siglos, la ética fue concebida como una reflexión relativamente estable: un conjunto de virtudes o normas transmitidas por la tradición, la religión o la filosofía clásica. Sin embargo, la modernidad tardía ha erosionado los consensos morales fuertes sin sustituirlos por otros igualmente sólidos. En este contexto, la ética deja de ser heredada y pasa a ser, en gran medida, elegida. Esa elección no es trivial: condiciona cómo entendemos el progreso, el éxito, la dignidad humana o la justicia intergeneracional.

Desde la ciencia y la tecnología, esta cuestión adquiere una urgencia particular. La capacidad de intervenir sobre la naturaleza, los cuerpos y la información supera con creces nuestra madurez moral colectiva. La inteligencia artificial, la biotecnología, la edición genética o la economía de datos no son neutrales: amplifican valores preexistentes y hacen visibles nuestras prioridades éticas. Una ética de vida bien pensada actúa como brújula frente a la tentación del “todo lo técnicamente posible es moralmente aceptable”.

Pero ¿qué significa elegir bien una ética de vida? No se trata de adherirse dogmáticamente a un sistema cerrado, sino de articular criterios coherentes, revisables y argumentables. Una ética de vida madura combina convicciones firmes con apertura crítica. Reconoce la dignidad intrínseca de las personas, pero también la interdependencia con otros seres vivos y con las generaciones futuras. Integra la racionalidad científica sin reducir lo humano a lo cuantificable.

En el ámbito educativo, esta elección es especialmente relevante. Educar no consiste solo en transmitir competencias técnicas, sino en formar criterios de juicio. Una ética de vida explícita permite orientar el aprendizaje hacia fines más amplios que la empleabilidad inmediata: el pensamiento crítico, la responsabilidad social, la honestidad intelectual y el compromiso cívico. Sin esta dimensión ética, la educación corre el riesgo de convertirse en un mero entrenamiento funcional al mercado o a la inercia tecnológica.

Asimismo, elegir una ética de vida es un acto de libertad responsable. Frente al relativismo extremo —donde toda opción vale lo mismo— y frente al moralismo rígido —que clausura el diálogo—, una ética elegida conscientemente se apoya en razones, no solo en preferencias. Implica preguntarse qué tipo de persona queremos ser y qué tipo de sociedad deseamos construir. Estas preguntas, aunque antiguas, adquieren nuevas capas en un mundo globalizado y digital.

La oportunidad actual para esta elección no es casual. Vivimos una época de transición, marcada por crisis ecológicas, sanitarias, democráticas y culturales. En tiempos de incertidumbre, los marcos éticos implícitos se vuelven visibles cuando fallan. Elegir bien una ética de vida permite anticipar conflictos, resistir la banalización del mal cotidiano y sostener decisiones difíciles cuando los incentivos inmediatos empujan en dirección contraria.

Por último, una ética de vida no es sólo un asunto individual. Tiene una dimensión pública y compartida. Las instituciones científicas, tecnológicas y educativas necesitan explicitar los valores que guían sus prácticas: transparencia, equidad, sostenibilidad, cuidado. Sin este ejercicio, la confianza social se erosiona y el progreso se percibe como amenaza en lugar de oportunidad.

En definitiva, el valor de elegir bien una ética de vida reside en su capacidad para dar sentido, coherencia y orientación en un mundo saturado de opciones y estímulos. Y la oportunidad es ahora: cuando nuestras decisiones, amplificadas por la tecnología y el conocimiento, tienen consecuencias que exceden con mucho el ámbito privado. Elegir bien no garantiza respuestas simples, pero sí una forma más lúcida y responsable de habitar el presente y proyectar el futuro.


16 de noviembre: Día Internacional de la Tolerancia

Hoy toca hablar de la gran cualidad social: la tolerancia. La primera ley de la naturaleza (y de la inteligencia añadiríamos) es la tolerancia, ya que todos los seres humanos estamos llenos de errores y debilidades. Todo progreso estriba en la tolerancia. La clave de la sabiduría humana consiste en ser tolerantes. Es preferible un vicio tolerante a una virtud obstinada.

La mejor religión es la más tolerante. Más aún, como decía Víctor Hugo: "La tolerancia es la mejor religión". Por última, la supremacía como virtud de la tolerancia se expresa en la cita de Antoine de Saint-Exupéry: "Los niños han de tener mucha tolerancia con los adultos".

En el art. 26. 2 de la Declaración de los Derechos Humanos se liga educación y tolerancia: "La educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana y el fortalecimiento del respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales; favorecerá la comprensión, la tolerancia y la amistad entre todas las naciones",...

Hoy y desde el año 1995, a iniciativas de la Unesco, se viene celebrando en todo el mundo el Día Internacional de la Tolerancia. En su web oficial, "Tolerance Day", se relata: "El 12 de diciembre de 1996, la Asamblea General invitó a los Estados Miembros a que el 16 de noviembre de cada año observaran el Día Internacional para la Tolerancia con actividades dirigidas tanto a los centros de enseñanza como al público en general (resolución 51/95 ). Esta resolución se aprobó tras la celebración en 1995 del Año de las Naciones Unidas para la Tolerancia, proclamado por la Asamblea en 1993 (resolución 48/126), por iniciativa de la Conferencia General de la UNESCO; el 16 de noviembre de 1995, los Estados miembros de la UNESCO habían aprobado la Declaración de Principios sobre la Tolerancia y el Plan de Acción de Seguimiento del Año .En el Documento Final de la Cumbre Mundial 2005 (A/RES/60/1), los Jefes de Estado y de Gobierno reafirman su compromiso de fomentar el bienestar, la libertad y el progreso de los seres humanos en todas partes, así como de alentar la tolerancia, el respeto, el diálogo y la cooperación entre diferentes culturas, civilizaciones y pueblos".

Hay muchos modos de celebrar este día. Por ejemplo, estas "Diez Ideas para la Celebración del Día Internacional de la Tolerancia". Ya hemos conmemorado este gran día hace algunos años.
Paz 
Foto inferior alusiva de Aitor Agirregabiria.

Dónde aterrizar: una brújula filosófica para tiempos de colapso

Proseguimos con lecturas imprescindibles para el momento que vivimos, para poder actuar desde el ámbito que nos corresponda. Hoy analizamos el libro Dónde aterrizar. Cómo orientarse en política (2017) de Bruno Latour. En este breve pero profundo ensayo, el filósofo y sociólogo francés Bruno Latour nos plantea una reflexión urgente: ¿cómo reubicarnos políticamente en un mundo en colapso climático, político y epistemológico?

El título original en francés, Où atterrir? (¿Dónde aterrizar?), alude a la pérdida de puntos de referencia colectivos: ya no creemos en el progreso lineal, ni en los relatos nacionales clásicos, ni siquiera en la ciencia como verdad incuestionable. Y mientras tanto, la Tierra reacciona: calentamiento global, migraciones, pandemias, colapso ecológico…

Bruno Latour parte de una constatación inquietante: los negacionismos climáticos, los populismos reaccionarios y el desmantelamiento del estado social están conectados. Los poderosos saben que el planeta no soporta el ritmo del capitalismo global, y por eso están abandonando el proyecto común, replegándose en sus burbujas protegidas. En lugar de actuar por el bien del mundo, escapan del mundo.

Algunos de los principales ejes del libro:

1. El colapso del “arriba” y del “adelante”. Durante siglos, nuestra brújula política fue avanzar hacia el progreso, el crecimiento, la modernidad. Pero ese horizonte ha implosionado. Ya no sabemos hacia dónde dirigirnos. Latour escribe: “Lo que ha cambiado es que el suelo ya no responde. No podemos seguir avanzando hacia adelante como si nada.”

2. La negación del cambio climático como estrategia política. El negacionismo no es ignorancia, dice Latour, sino una doctrina política interesada, que busca proteger los privilegios de unos pocos. Es una forma de huida hacia una fantasía sin mundo.

3. El regreso a lo “local” y lo “terrestre”. Frente al cosmopolitismo abstracto y el nacionalismo excluyente, Latour propone una nueva anclaje: ser “terrestres”. No “globalistas”, ni “identitarios”, sino habitantes conscientes de un territorio común, finito y vulnerable. Ser terrestre significa atender a las redes de interdependencia ecológica, económica, política y simbólica que hacen posible la vida.

4. El nuevo conflicto político: globalización vs. planeta. Según Latour, el verdadero eje político no es derecha-izquierda, sino: los que quieren habitar el mundo juntos versus los que huyen del mundo para proteger su burbuja privilegiada. Este nuevo conflicto exige nuevas formas de militancia, sensibilidad y acción colectiva.

 Ideas clave en citas: 

“La política está bloqueada porque los actores ya no comparten el mismo mundo.”

“La cuestión ecológica ha dejado de ser un tema entre otros: se ha vuelto el marco general de la existencia.”

“Ya no podemos vivir como si tuviéramos otro planeta de repuesto.” 

“Lo que está en juego no es el clima, sino el suelo bajo nuestros pies.”

Bruno Latour (1947–2022) fue un influyente filósofo, sociólogo y antropólogo francés, reconocido mundialmente por sus aportaciones a la teoría del actor-red, la sociología de la ciencia y el pensamiento ecológico contemporáneo. Estudió filosofía y antropología en Francia y África, y fue profesor en instituciones como la École des Mines, Sciences Po y Harvard.

Entre sus obras más conocidas están: Nunca fuimos modernos (1991), Reensamblar lo social (2005), Políticas de la naturaleza (2004), Cara a cara con Gaia (2015) y Dónde aterrizar (2017). Latour dedicó su obra a replantear las relaciones entre humanos, ciencia, tecnología, naturaleza y política. Fue una voz clave del pensamiento “posmoderno ecológico”, y su legado es hoy central en los debates sobre el Antropoceno y la crisis planetaria.

Querida imaginación

En la lucha contra la realidad, la humanidad sólo tiene un arma: la imaginación. Llevemos la imaginación al poder.

Julio Verne sentenció que “Todo lo que una persona puede imaginar, otra podrá hacerlo realidad”. Somos lo que somos, porque primero lo hemos imaginado. Imaginar es elegir. Imaginar es construir. La imaginación produce fuerza. La imaginación gobierna. El poder creador de la imaginación ha inspirado, sin excepción, todo el progreso de la historia. Si lo creemos, creamos un nuevo mundo.

Sentido común lo puede tener cualquiera; lo que falta es imaginación. En todo, pero más en el amor, la imaginación traspasa los límites de la realidad. Lo de menos es ver las personas o las cosas fuera de nosotros; lo importante es sentirlas en nosotros. Lo que se ve puede perderse de vista; lo que se imagina, vive siempre por toda la eternidad. Entusiasmo es el estado de ánimo en el cual la imaginación ha triunfado sobre el raciocinio. El mismo Einstein creía que “La imaginación es más importante que el conocimiento”.

El imaginativo,… ¡con qué facilidad saca de la nada un mundo! En el punto donde se detiene la realidad, comienza la imaginación. El uso creativo de la imaginación no es sólo la fuente del arte, sino también de la ciencia, porque la imaginación suministra el impulso inicial en todo progreso social. Había tanta imaginación en la mente de Arquímedes como en la de Homero.

André Bretón sugirió el mejor efecto de imaginar. “Querida imaginación: Lo que amo sobre todo en ti es que no perdonas”. La imaginación es el “gran estímulo”, el volcán de deseos, la madre de las utopías,... convertidas en realidad. Pero para evitar que la imaginación se desmorone en fantasías es preciso constancia, esfuerzo y sabiduría. La imaginación sin erudición es como tener alas y carecer de pies. Para volar es preciso saber despegar… y aterrizar. Toda imaginación procede del corazón y de la voluntad; no confundirla con el espejismo, piedra angular de la insensatez.

La imaginación es activa, animosa, fecunda y desprendida; la reflexión calculando se hace cobarde y cicatera. La imaginación nos consuela de lo que no podemos ser; y el humor, de lo que somos. Pero la imaginación nos encamina y guía hacia un futuro mejor. Imaginemos que cada día es el último que brilla para nosotros, y así aceptaremos agradecidos un día que no esperábamos vivir ya, una jornada donde podremos ayudar en algo.

Nosotros, las personas reales, estamos repletos de seres imaginarios. Con razón se ha dicho: “Dejemos las mujeres bonitas para los hombres sin imaginación” o “El viaje sólo es necesario para las imaginaciones menguadas”. La imaginación es el ojo del alma. La imaginación es un corcel sobre el que galopar, aguijoneados por la espuela de la curiosidad que nos arrastra hacia los proyectos más difíciles pero necesarios: la justicia, la igualdad, la solidaridad, la paz, la libertad, la educación,...
Versión .DOC para imprimir

Versión final en: mikel.agirregabiria.net/2006/imagina.htm

Claves del aprendizaje, según John Hattie y su Visible Learning

Entre las muchas referencias que aparecieron el viernes pasado en la excelente segunda edición de "Las pruebas de la educación 2018", #PruebasEducación18, indiscutiblemente la mejor fue la sugerencia de releer a John Hattie y su ingente investigación sobre "Visible Learning" (ver en varios idiomas, aún no en español en esta web que encarecidamente recomendamos). 

"Visible Learning" presenta resultados obtenidos a través de unas 80.000 investigaciones empíricas con muestras que suman más de 300 millones de estudiantes, sintetizados por medio de unos 1.400 meta-análisis específicos.

Con un enfoque de descartar primero lo que nos distrae en la innovación educativa, enfoque similar al utilizado por Inger Enkvist, podemos desestimar lo que OCUPA MUCHO TIEMPO, PERO APENAS DETERMINA EFECTOS, que se puede leer en este link con "Las políticas de distracción". Entre los más de cien mil efectos que ha estudiado John Hattie, el “top cinco” de las distracciones inútiles son los siguientes devaneos: 
  • Distracción 1ª: APPEASE THE PARENTS. Apacigua a las familias – “Si hubiera más posibilidades de elección de escuelas y clases más pequeñas” 
  • Distracción 2ª: FIX THE INFRASTRUCTURE. Renueva la el currículum y la evaluación– “Si sólo tuviéramos planes de estudio más eficaz, estándares más rigurosos, más pruebas y más edificios en forma de alternativas” 
  • Distracción 3ª: FIX THE STUDENTS. Mejora el alumnado– “Si tan sólo nos vale, estudiantes mejor preparados, desde las etapas previas,... ” 
  • Distracción 4ª: FIX THE SCHOOLS. Atiende al presupuesto y la autonomía de los centros – “Si sólo las escuelas tuvieran más recursos y autonomía, serían mejores escuelas” 
  • Distracción 5ª: FIX THE TEACHERS. Fija el profesorado – “Si los maestros tuvieran mejor formación inicial, fueran pagados por su rendimiento y adoptasen nuevas tecnologías y metodologías”
Centrándonos en un enfoque positivo, he aquí las cinco claves para la transformación y el éxito de cualquier aula, escuela o sistema educativo:
  1. Conocimiento del impacto. No podemos mejorar lo que no conocemos y sin duda, no podremos ni querremos cambiar nuestras acciones si desconocemos el impacto que éstas tienen. Dentro de las escuelas, tenemos que preguntarnos cómo sabemos si lo que hacemos funciona, cuál es la magnitud del efecto y qué evidencia tenemos para comprobar que es cierto. Ahora bien, el equipo de Visible Learning pone el énfasis en que todos los actores del proceso, incluyendo el alumnodo, tienen que conocer su progreso y el impacto de las actividades de aprendizaje para actuar en consecuencia. Para ello, será fundamental que los objetivos e intenciones sean explícitos, y que existan evidencias de aprendizaje a las que todos tengan acceso.
  2. Docentes inspirados y apasionados. ¿Recuerdas a tu mejor profesor? Seguramente fue uno al que le apasionaba enseñar y te inspiraba constantemente; que incluso influyó en la persona en que te convertiste. Pues bien, las escuelas necesitan de docentes apasionados por enseñar y por aprender, que reten a los estudiantes y faciliten su aprendizaje. Un profesor es un agente de cambio y en realidad, el único objetivo de nuestro trabajo es que los estudiantes aprendan.
  3. Alumnado activo. Se refiere a que los estudiantes tengan la capacidad, las herramientas e información necesarias para ser conscientes sobre qué aprenden, cómo aprenden y qué tienen que hacer para aprender mejor. Un alumnado activo sabe qué necesita aprender, pregunta sobre aquello de lo que no está seguro, establece sus propios objetivos y también, se convierte en un maestro. Asimismo, está listo para ser evaluado, ya que sabe que puede cometer errores para mejorar la próxima vez –todo a su alrededor le indica que es seguro intentar y equivocarse.
  4. Retroalimentación efectiva. La retroalimentación puede tener un gran impacto en el proceso de aprendizaje de un estudiante. Sin embargo, la mayoría de las veces, los alumnos terminan más confundidos de lo que estaban después de que les damos nuestra crítica. Una buena retroalimentación tiene que llevar a la acción, decirnos claramente hacia dónde vamos, cómo estamos llegando allí y a dónde tenemos que dirigirnos después. Además, los resultados de los alumnos son también en realidad retroalimentación para el profesor. Otra idea clave de cómo las escuelas exitosas dan retroalimentación es que lo hacen en todos los sentidos: del profesor al educando, del educando al profesor, y entre los mismos estudiantes.
  5. Sistemas y procesos alineados. Este punto es fundamental, ya que para que una escuela sea exitosa, todos tienen que compartir y vivir la misma cultura. ¿Tienen todos –director, coordinadores, profesores, padres, supervisores, alumnos– la misma visión sobre lo que es progreso y éxito? ¿Buscan la excelencia? Para lograrlo, se necesitan políticas y procesos explícitos que tengan sentido y a los que todos estén alineados. Por poner un ejemplo, si la escuela quiere que los profesores colaboren entre ellos con la finalidad de planear experiencias de aprendizaje para los estudiantes, entonces tendría que haber oportunidades y tiempo para que lo puedan hacer.
John Hattie1
Seguiremos con todo esto, pero anticipamos algunos posts de lectura:
Claves del aprendizaje, según John Hattie y su Visible Learning

El arte de pensar en equilibrio, entre dudas y certezas

A propósito de las elecciones norteamericanas, donde los votantes de Trump parecen tan seguros mientras que los de Harris dudan, ha surgido este post. La historia del pensamiento humano ha estado marcada por una tensión constante entre la duda y la certeza. Estas dos fuerzas, aparentemente opuestas, son también las que impulsan el desarrollo de la inteligencia. La duda cuestiona y deconstruye, mientras que la certeza, al menos temporalmente, estabiliza y orienta. Pero, ¿cómo se entrelazan estos conceptos en el proceso de pensar? ¿Es posible alcanzar una inteligencia plena sin oscilar entre ambos?

La duda como motor del conocimiento

La duda ha sido una de las herramientas más poderosas de la humanidad para descubrir nuevas verdades. Descartes, el filósofo racionalista, afirmó: "Dudo, luego existo", en su famosa Meditación metafísica. Para él, el acto de dudar no solo probaba la existencia del yo pensante, sino que abría la puerta a una búsqueda de verdades más sólidas. Esta postura resalta que la duda, lejos de ser un obstáculo, es el primer paso hacia el conocimiento.

Sin embargo, la duda no es solo un método filosófico, sino una experiencia humana fundamental. Nos enfrenta con la incertidumbre del mundo y con nuestras propias limitaciones. La duda nos impulsa a cuestionar nuestras creencias, nuestras certezas y, en última instancia, nuestra comprensión del mundo. Tal como lo expresó Voltaire, el célebre filósofo de la Ilustración: "Quien es incapaz de dudar es incapaz de aprender".

En este sentido, la inteligencia no es simplemente una capacidad para acumular datos o resolver problemas, sino también la habilidad de mantener un equilibrio entre la duda y la certeza. Un individuo verdaderamente inteligente reconoce que muchas verdades son temporales, sujetas a revisión, y que el escepticismo razonable es una condición necesaria para el progreso del conocimiento.

Las certezas que construyen sentido

Por otro lado, las certezas son indispensables para navegar en la vida cotidiana. Sin ellas, estaríamos constantemente paralizados por la indecisión. Ciertamente, la duda puede estimular la curiosidad y la investigación, pero en algún momento necesitamos puntos de anclaje: certezas que nos permitan actuar y tomar decisiones. El filósofo Ludwig Wittgenstein, en su obra Sobre la certeza, nos recuerda que hay conocimientos que aceptamos sin cuestionar, sobre los cuales se construyen todas nuestras creencias y acciones. Estas certezas son como el suelo bajo nuestros pies, el punto de partida para toda reflexión posterior.

La certeza no es siempre sinónimo de rigidez. Muchas veces, las certezas que adoptamos son flexibles y pueden adaptarse a nueva información. Las teorías científicas, por ejemplo, son "verdades" aceptadas hasta que se encuentren nuevas evidencias que las cuestionen. El físico Albert Einstein revolucionó el mundo de la ciencia al demostrar que muchas de las "verdades" de la física newtoniana no se sostenían en contextos de velocidades cercanas a la luz o en campos gravitacionales intensos. Aun así, los principios de la mecánica clásica siguen siendo "ciertos" dentro de sus límites.

Esto nos lleva a una reflexión clave: nuestras certezas no tienen que ser absolutas para sernos útiles. Incluso las verdades parciales o contextuales nos ofrecen la estabilidad que necesitamos para avanzar.

La inteligencia: Entre la duda y la certeza

La inteligencia, en este marco, no es la posesión de un conjunto de respuestas correctas, sino la capacidad para moverse entre la duda y la certeza con agilidad. Un individuo inteligente sabe cuándo dudar y cuándo aferrarse a una convicción. Sabe que algunas preguntas no tienen respuestas definitivas, y aun así, sigue explorando.

El escritor y filósofo Albert Camus, en su obra El mito de Sísifo, plantea que la vida misma es un acto de balance entre la certeza y la duda. En su análisis del absurdo, Camus describe a Sísifo, el hombre condenado a empujar una roca montaña arriba solo para verla caer una y otra vez. Este mito es una metáfora de la vida humana: la inteligencia consiste en aceptar la falta de respuestas absolutas sin caer en la desesperación. Es en la búsqueda, no en la resolución definitiva, donde radica la verdadera riqueza del pensamiento.

Otro gran exponente de esta tensión fue el poeta y pensador alemán Johann Wolfgang von Goethe, quien expresó en Fausto: "Quien duda de todo se pierde, y quien no duda sobre nada es un insensato". Goethe nos invita a encontrar el equilibrio, a no ser presa de la duda paralizante ni de la certeza ciega. Solo entonces podemos alcanzar una inteligencia más plena, consciente tanto de los límites de nuestra comprensión como de su potencial.

La duda y la certeza en el conocimiento científico

El progreso científico es un claro ejemplo de cómo la duda y la certeza coexisten en el avance de la inteligencia humana. Cada descubrimiento se basa en el cuestionamiento de lo que se sabía hasta entonces. La ciencia es, en esencia, un proceso de poner a prueba nuestras certezas.

El biólogo Charles Darwin, al desarrollar su teoría de la evolución por selección natural, dudó de las explicaciones teológicas predominantes de su tiempo sobre el origen de las especies. Su capacidad para cuestionar estas ideas le permitió formular una de las teorías más influyentes en la historia de la ciencia. Sin embargo, también necesitaba certezas: datos empíricos, observaciones meticulosas, para construir su teoría.

Este ciclo de duda y certeza, retroalimentándose, es fundamental para el desarrollo del conocimiento. Incluso los científicos más brillantes reconocen que sus teorías están sujetas a revisión. Como dijo el físico Richard Feynman: "El conocimiento científico es una estructura de preguntas más que de respuestas".

Las sombras de la certeza: El peligro del dogmatismo

A pesar de la importancia de la certeza en nuestras vidas, también debemos ser conscientes de sus peligros. Cuando la certeza se convierte en dogmatismo, se cierra la puerta a nuevas ideas y a la posibilidad de cuestionar. Como advertía el filósofo Bertrand Russell: "Lo más dañino en la vida no es la ignorancia, sino las certezas absolutas". Las certezas inamovibles nos conducen al estancamiento del pensamiento y al rechazo de lo diferente, lo nuevo o lo incómodo.

El dogmatismo puede tomar muchas formas, desde las ideologías políticas hasta las creencias religiosas, pero en todas ellas se observa una característica común: la incapacidad para admitir la posibilidad de error. La inteligencia, por el contrario, está intrínsecamente relacionada con la apertura a la posibilidad de estar equivocado.

Conclusión: El equilibrio como forma de sabiduría

La vida humana es un viaje entre la duda y la certeza. Ninguna de las dos puede dominar completamente sin que algo se pierda en el proceso. La inteligencia reside en la habilidad de mantenernos en ese espacio intermedio, donde la duda nos permite explorar nuevas ideas y la certeza nos proporciona estabilidad para actuar.

Como bien lo resumió el poeta T. S. Eliot: "¿Dónde está la sabiduría que hemos perdido en el conocimiento? ¿Dónde está el conocimiento que hemos perdido en la información?". La sabiduría es más que conocimiento acumulado, es la capacidad de navegar con gracia entre lo que sabemos y lo que no sabemos, entre las certezas que nos guían y las dudas que nos impulsan a seguir buscando.

La duda puede ser un signo de inteligencia porque implica la disposición a cuestionar, reflexionar y buscar más información antes de llegar a una conclusión. Las personas que dudan no aceptan fácilmente lo que se les presenta como verdad; en lugar de eso, buscan entender, explorar diferentes perspectivas y examinar las evidencias. Esto fomenta un pensamiento crítico y evita caer en dogmatismos o suposiciones infundadas. 

Algunas citas que relacionan la duda con la inteligencia: 
  • “Duda de todo. Encuentra tu propia luz”. – Buda. 
  • “La duda es el principio de la sabiduría”. – Aristóteles. 
  • “Quien nunca duda, nunca ha aprendido”. – Charles Darwin.
  • “El ignorante afirma, el sabio duda y reflexiona”. – Aristóteles.
  • "La duda es el segundo nombre de la inteligencia". –  J. L. Borges.
  • "La duda es una condición incómoda, pero la certeza es ridícula". – Voltaire.  
  • "Si comienza uno con certezas, terminará con dudas; más si se acepta empezar con dudas, llegará a terminar con certezas".  – Francis Bacon.
  • “El problema del mundo es que la gente inteligente está llena de dudas, mientras que los estúpidos están llenos de confianza”. – Charles Bukowski.

Robots, humanos y el abismo emocional del Valle Inquietante

En el desarrollo de la robótica y de la inteligencia artificial aplicada a la interacción social, existe un fenómeno tan fascinante como perturbador: el
valle inquietante (uncanny valley). Este concepto describe la reacción de incomodidad, rechazo o incluso repulsión que muchas personas experimentan ante robots, androides o representaciones artificiales que se parecen mucho a los seres humanos, pero no lo suficiente como para resultar plenamente creíbles.

La idea fue formulada ya en 1970 por el ingeniero japonés Masahiro Mori, profesor del Instituto de Tecnología de Tokio. Mori propuso que, a medida que un robot adquiere rasgos cada vez más humanos, nuestra empatía hacia él aumenta… hasta que se alcanza un punto crítico. En ese punto, pequeñas imperfecciones —un gesto rígido, una mirada inexpresiva, un movimiento ligeramente antinatural— generan una fuerte sensación de extrañeza. Ese abismo emocional es lo que Mori denominó el “valle inquietante”.

Una hipótesis psicológica y cultural. Aunque el valle inquietante nació como una hipótesis intuitiva, con el tiempo ha sido objeto de numerosos estudios en psicología cognitiva, neurociencia y ciencias sociales. Algunas teorías sugieren que el rechazo surge de mecanismos evolutivos: el cerebro humano podría interpretar rostros o cuerpos casi humanos, pero defectuosos, como señales de enfermedad, muerte o amenaza. De ahí la inquietud que producen ciertos maniquíes, muñecos hiperrealistas o cadáveres animados en el cine.

Otras explicaciones apuntan a factores culturales y de aprendizaje. En sociedades altamente expuestas a robots sociales —como Japón—, la tolerancia a estas figuras puede ser mayor que en culturas donde la frontera entre lo humano y lo artificial se percibe de forma más rígida. El valle inquietante, por tanto, no sería universal ni inmutable, sino dependiente del contexto histórico y social. 

Robótica social y diseño ético. El concepto tiene implicaciones directas en el diseño de robots sociales, especialmente aquellos destinados a ámbitos sensibles como la educación, la atención a personas mayores o la asistencia sanitaria. Ingenieros y diseñadores se enfrentan a una decisión crucial: ¿conviene hacer robots cada vez más humanos o, por el contrario, mantener una estética claramente artificial pero amable?

Muchas empresas han optado por evitar el valle inquietante deliberadamente. Robots como Pepper o Nao presentan rasgos humanoides muy simplificados: ojos grandes, gestos exagerados y movimientos claramente robóticos. Esta elección no es solo técnica, sino también ética, ya que reduce el riesgo de engaño emocional o de expectativas irreales por parte de los usuarios.

El valle inquietante y la inteligencia artificial generativa. El fenómeno no se limita a la robótica física. En la era de los avatares digitales, los deepfakes y los asistentes conversacionales avanzados, el valle inquietante se manifiesta también en entornos virtuales. Voces casi humanas, pero con entonaciones extrañas, o rostros generados por ordenador con microexpresiones defectuosas pueden generar desconfianza y rechazo. 

Este aspecto es especialmente relevante desde el punto de vista educativo y ético. Si una inteligencia artificial se presenta como demasiado humana, puede inducir a error sobre su naturaleza, su grado de comprensión o su responsabilidad moral. El valle inquietante actúa, en cierto modo, como una señal de alerta que nos recuerda que seguimos interactuando con artefactos, no con personas. 

¿Superar o respetar el valle inquietante? Una cuestión abierta es si el valle inquietante desaparecerá con el progreso tecnológico. Algunos investigadores sostienen que, cuando la simulación humana sea prácticamente perfecta, el rechazo se disipará. Otros creen que siempre existirá un umbral psicológico difícil de cruzar, ligado a nuestra identidad como seres humanos.

Citas destacadas: “En robótica social, parecer menos humano puede ser una decisión ética tan importante como una decisión técnica.” “El valle inquietante describe el momento en que la semejanza con lo humano deja de generar empatía y comienza a provocar rechazo.” “No tememos a los robots por ser distintos, sino por ser casi humanos sin llegar a serlo.” “Pequeñas imperfecciones en un rostro artificial pueden resultar más perturbadoras que una apariencia claramente mecánica.” “El valle inquietante no es solo un problema de diseño tecnológico, sino un fenómeno psicológico y cultural.” “Cuando una máquina se presenta como demasiado humana, surge el riesgo del engaño emocional.” “El rechazo que provoca el valle inquietante actúa como una señal de alerta sobre los límites entre lo humano y lo artificial.” “El valle inquietante nos recuerda que la inteligencia artificial no solo debe ser eficaz, sino también comprensible y honesta.” “Educar sobre el valle inquietante es educar en pensamiento crítico frente a la tecnología.” “Allí donde la tecnología roza lo humano, la ética deja de ser opcional.”

Desde una perspectiva ética, quizá no se trate de “superar” el valle inquietante, sino de respetarlo. Mantener una diferencia perceptible entre humanos y máquinas puede ser beneficioso para preservar la autonomía, la dignidad y la claridad moral en nuestras relaciones con la tecnología. 

Educación, pensamiento crítico y futuro. Comprender el valle inquietante es fundamental para educar en un uso crítico y responsable de la robótica y la inteligencia artificial. No se trata sólo de un problema de diseño, sino de una ventana privilegiada para reflexionar sobre qué entendemos por humanidad, empatía y relación social en un mundo cada vez más mediado por máquinas.

El valle inquietante nos recuerda que el progreso tecnológico no es únicamente una cuestión de potencia o precisión, sino también de sensibilidad, cultura y ética. Allí donde la tecnología roza lo humano, la reflexión crítica se vuelve imprescindible.

Pilares de la Silver Economy en el país europeo con mayor esperanza de vida

Pilares de la Silver Economy en el país europeo con mayor esperanza de vida
El envejecimiento de la población está considerado un signo de progreso económico y social, pero ello lleva implícito una transformación de la sociedad a todos los niveles, que a su vez brinda nuevas oportunidades de inversión. España, con la mayor esperanza de vida de la Unión Europea, es unos países cuya economía debe hacer un mayor esfuerzo para adaptarse y, al mismo tiempo, beneficiarse de esa tendencia denominada como Silver Economy o Generación de Oro .

La Comisión Europea (CE) define como Silver Economy la parte de la economía que implica a los ciudadanos de más edad, lo que incluye todas las actividades relevantes para este segmento de la población y su impacto en otros muchos sectores, como la salud, el ocio, el bienestar, las finanzas, el transporte o la nutrición.

Un impacto que, según las estimaciones será significativo. No en vano, las previsiones apuntan a que la población de más de 60 años gastará en 2020 alrededor de 15 billones de dólares a nivel global frente a los 8 billones de dólares de 2010. De hecho, el gasto de este segmento de la población aportará alrededor del 55% del crecimiento del consumo en Norte América, Europa Occidental y los países del norte de Asia entre 2015 y 2030. Y también será un importante motor del PIB. Según un estudio publicado por la CE, la generación de oro aportará 6,4 billones de euros al PIB europeo en 2025, es decir, un 32% del mismo.

Según la Comisión Europea, se espera que en 2025 la Silver Economy contribuirá con unos 5,7 billones de euros a la economía europea. En el caso concreto de España, según los datos del INE, actualmente la población mayor de 60 años asciende a 8,9 millones – frente a los 7 millones de comienzos de siglo- y prácticamente se ha duplicado su poder adquisitivo, pasando de una pensión de jubilación media de 539 euros a 1.038 euros. Alrededor de esta generación surge todo un mundo de oportunidades, desde los que invierten su dinero en cuidar su salud, en bienestar o en ocio, hasta las necesidades de dependencia que muchos desarrollarán y que demandan mejores servicios y productos sanitarios.

Según la Comisión Europea, se estima que en 2060 uno de cada tres ciudadanos de Europa tendrá más de 60 años. La Encuesta de Presupuestos Familiares elaborada por el Instituto Nacional de Estadística (INE), pone de manifiesto cómo los jubilados españoles cada vez gastan más en partidas que no son vivienda o alimentación. Por ejemplo, el gasto medio de los jubilados en restauración es de 1.011 euros al año, mientras que los gastos relacionados con la salud ascienden de media a 743 euros. Este último resulta especialmente llamativo si se tiene en cuenta que, en España, la Seguridad Social cubre la mayor parte de las prestaciones sanitarias y farmacéuticas. Sin embargo, también resalta el potencial que tienen estos sectores como inversión, especialmente a medida que la extensa generación de los baby boomers envejezca y requieran mayores cuidados. Así, tanto la medicina, como otras ramas relacionadas con el tratamiento de patologías (fisioterapia, osteopatía, ortopedia…) y, por supuesto, el sector farmacéutico – con la aparición de nuevas enfermedades y el aumento de pacientes crónicos- son algunos sectores con muy buenas perspectivas.

Estrechamente relacionado con el cuidado personal está el papel de las nuevas tecnologías en la medida que sirven como herramienta para mejorar la calidad de vida. Además de la teleasistencia o la telemedicina, ya existen dispositivos dirigidos a este segmento de la población, por ejemplo, el Internet de las Cosas permite monitorizar la vivienda de una persona que necesite asistencia, o también se utilizan ya las plataformas de estimulación cognitiva. Pero esto es sólo la punta del iceberg y este sector cuenta con gran potencial.

Y no sólo lo relacionado con la salud es un valor al alza. Los baby boomers con un buen poder adquisitivo (esta generación gana de media casi un 50% más que los que tienen entre 25 y 34 años, según los datos del INE) disponen también de otra variable clave: tiempo libre. Al contrario que las generaciones anteriores, actualmente emplean dicho tiempo en ocio, viajes, belleza o -aunque pueda parecer paradójico- en cursos y/o estudios que hasta ahora no habían podido realizar. "El envejecimiento de las poblaciones es una tendencia irrevocable que influirá en última instancia en todas las facetas de la vida moderna". Las empresas están reconociendo rápidamente que los consumidores mayores son más activos, atrevidos y expertos en tecnología de lo que normalmente se les atribuye. "El desafío para los inversores actualmente es identificar aquellas compañías cuyos productos y servicios están bien situados para crear una conexión significativa con sus clientes de más edad", subraya Dani Saurymper, gestor del fondo AXA WF Framlington Longevity Economy.
Pilares de la Silver Economy en el país europeo con mayor esperanza de vida
Los siete pilares de la economía del envejecimiento o Silver Economy.  El código de conducta de la economía que surge con la confluencia de la digitalización y el envejecimiento, la Silver Economy, se basa en estos siete apartados:

1.- Todos tenemos derecho a un envejecimiento digno. Debemos orientar todos los sectores para que no se olviden de los mayores y sus familias. El objetivo es conseguir un envejecimiento saludable, más allá de la capacidad económica y desde la igualdad de oportunidades. Se trata de producir y diseñar productos y servicios customer centric, orientados a ganar dinero y ser rentables desde la idea de superar expectativas del mayor y su familia, y mejorar la calidad de vida de todos ellos. Nuestros mayores precisan de un envejecimiento digno Una de las características del envejecimiento es que "el mayor será mayor mucho tiempo", y es importante la fidelización. Luego será mayor su cuidador, siendo de nuevo importante la fidelización.

2.- Ganar dinero en un mundo mejor. Existe la oportunidad de ganar dinero en un mundo donde se mejora la calidad de vida de las personas mayores, de los más vulnerables y de los que se quieren vivir la vida a sorbos. Hay que contribuir a la duración y calidad de sus años con relaciones de apoyo, mejora de la salud y bienestar, estabilidad financiera y trabajo, en su caso. Antes se aceptaba como algo natural que las personas "mayores" (¡los 70 años!) eran "viejas" y tenían que estar, casi necesariamente, en malas condiciones de salud. Hoy, la vida que nos queda a los 65 años es de algo más de 20 años. De los cuales, una buena mitad se disfruta libre de discapacidades y en buenas condiciones de salud (que son dos condiciones distintas). 

3.- No existen viejos ni viejas. En un momento en el que cuidar el lenguaje políticamente correcto es importante, conviene también educar sobre los ciclos de vida y el envejecimiento. Se deben proyectar valores en cada expresión: son viejos los muebles; las personas, mayores. Hay que evitar el negativismo al hablar del mayor y todo lo que suene a negativizar la condición, como anciano, abuelo, decrépito, senil, achacoso, longevo... ¿Lo mejor? Hablar de personas, sin adjetivizar, y usando su nombre en lo posible. La madurez debe ser el "aquí" y "ahora" Hay que repetir hasta el cansancio que la madurez es la plenitud de la vida, en que se ha de disfrutar lo logrado interna y externamente. Si la juventud es la era del "espero que", la madurez debe ser el "aquí y ahora". Disfrutar por disfrutar.

4.- Envejecimiento positivo y activo: todos necesitamos aprovechar el tiempo incierto que nos queda. Hay que dejar de ver el envejecimiento como un problema. Se debería ver el envejecimiento como potencial: 
    1. Personas con larga vida por delante desde que empiezan a ser seniors. 
    2. Personas sabias a través de la experiencia.     
    3. Pasionales y que valoran la autenticidad. 

El envejecimiento debe entenderse como una fase más del ciclo vital, en la que se producen cambios positivos y negativos; se trata de cambios multidimensionales y no afectan por igual a todas las personas. Algunos de estos cambios suponen ganancias: la capacidad de aprendizaje se mantiene durante toda la vida, mantenemos la capacidad adaptativa y plástica del cerebro, podemos vivir desde la lógica "del aquí y ahora", podemos pasar del "tengo que hacer esto o aquello" al "hago lo que apetece", puedo prestar más atención a mis deseos y motivaciones, descansar y relajarme. 

Se debe enfatizar lo positivo: el entusiasmo contra la apatía, acentuar la sabiduría y la experiencia, manejar la alegría, el humor, la felicidad y el optimismo contra la tristeza y la amargura que antaño pudo suponer hacerse mayor. Se deben proponer experiencias de entrenamiento y diversión, de socialización. Hay que convencer de que ser mayor es sinónimo de ser productivo y de aportar a los demás a través del sentido común y la experiencia. Los recuerdos son positivos si no paralizan y permiten tomar impulso para seguir adelante. Hay una tendencia en los mayores al regocijo en el "cómo solía ser". Hay que convencer de que cualquier tiempo pasado fue... anterior.

5.- La idea de Amparo. Vivimos en una sociedad que negativiza el envejecimiento, admira y premia la autosuficiencia (la identifica con liderazgo) y la autonomía plena ("hacer lo que te da la gana"). Así, cumplir años, nos hace sentir vulnerables, frágiles incluso si no lo somos. Debemos positivizar que es ético ganar dinero ayudando a las personas cuando lo necesitan, dando calidad y calidez, lo que requiere invertir y rentabilizar los esfuerzos.

6.- Es necesario planificar.  Vivir más años exige planificar cómo envejecer. Sin obsesionarse porque el futuro no existe, es incierto, hay que planificar escenarios. La Silver Economy tiene un reto por delante desde el punto de vista de la planificación : oportunidad financiera de gestión del ahorro y la gestión patrimonial inmobiliaria.

7.- Servicios digitales para la Silver Economy.  Es necesario (urgencia inaplazable) invertir en I+D+i, en tecnología y servicios digitales para la Silver Economy. La evolución social futura se traduce en: incremento de productividad vía la tecnología. Se deben producir bienes y servicios más baratos para que consumidores empobrecidos en una sociedad dual puedan pagarlos. El Estado no podrá hacer frente a "las personas" necesarias para la ayuda a los mayores en dependencia y fragilidad. Quizás sí a los robots y a las ayudas telemáticas que abaraten la prestación de servicios. Telemática. Domótica. Big Data. Realidades virtuales, realidades reales, digitales. Y físicas. Equilibradas para dar lo mejor a las personas cuando más frágiles son. Personas que cuidan personas con la ayuda de la tecnología. En eso, quizás, se puede resumir la Silver Economy.

La «Silver Economy» representa ya el 25% del PIB europeo y supondrá casi el 38% de los empleos en 2025 La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) define la «Silver Economy» o economía plateada como el conjunto de las oportunidades derivadas del impacto económico y social de las actividades realizadas y demandadas por la población mayor de 55 años. Se trata de un concepto clave si tenemos en cuenta que, actualmente, más de ocho millones y medio de personas mayores de 65 años residen en España. 

No podemos olvidar que el 40 % del consumo mundial lo realizan los mayores de 65 años, lo que les convierte en un elemento tractor de actividad económica respecto a productos y servicios que cubran sus necesidades y preferencias, por lo que, en la actualidad, la Silver Economy representa el 25% del PIB europeo. En 2025 casi el 38% de los empleos estarán relacionados con la «Silver Economy».

La tecnología jugará un papel crucial en el progreso de la economía del envejecimiento. Ofrecerá una ventana de oportunidades únicas para crecer y prosperar, pero es necesario dejar de hablar de problemas y comenzar a ver las posibilidades que ofrece esta nueva etapa de la vida. La irrupción tecnológica se dará la mano con sectores como la salud y el turismo, las finanzas y los seguros, el urbanismo y la vivienda para transformarse y ofrecer nuevos escenarios adaptados a la extensión de la longevidad.

Iñaki Ortega, autor del libro "La revolución de las canas", hace hincapié en la aparición de una nueva etapa vital entre los 50 y 70 años, que se ha bautizado como la Generación Silver. Este nutrido grupo sénior traerá un cambio radical, porque permitirá que millones de personas de esa edad sigan trabajando, ahorrando, creando y consumiendo. “Lo que hará posible que nazcan nuevas industrias para servirles y nuevos emprendedores, muchos de ellos sénior, que encontrarán oportunidades donde nadie pensó que podía haberlas”, aclara el experto. Y cita ejemplos de estas innovaciones: en finanzas, las rentas vitalicias y las hipotecas inversas, en urbanismo, el Silver Housing y en educación, el lifelong learning, entre otros muchos.

LOE: La Olvidada Educación

Un eclipsado debate tras 8 Leyes Orgánicas educativas aprobadas en 25 años. Demasiadas reformas para seguir distanciados de la Europa más avanzada.

La educación es una tarea generacional, prolongada a lo largo de la vida, que afecta intensivamente a los más jóvenes, en un inigualable esfuerzo colectivo donde participan familias, profesorado, alumnado y el conjunto de la sociedad. Todo ello requiere un marco político y administrativo consensuado, con vocación de larga permanencia en el tiempo para garantizar el máximo aprovechamiento de tan ingentes recursos humanos y materiales.

La educación es responsabilidad de la familia, que delega en la enseñanza parte de sus funciones. La formación se estratifica en etapas, desde la educación infantil hasta la formación profesional o la universidad, y en planos de actuación abarcando desde el autoaprendizaje, el aula, el centro, la red o el sistema global. En el Estado español, con las competencias educativas transferidas a las Comunidades Autónomas, una nueva Ley Orgánica de Educación (LOE) ha despertado un doble debate, interno entre docentes y público donde se enfrentan algunas visiones opuestas (asignatura de religión, concertación de centros privados,…).

El proyecto de LOE presentado por el Ministerio de Educación y Ciencia para su tramitación en el Congreso ha sido calificado de muchas formas, según la perspectiva de los analistas. Puede definirse como un texto reducido, no excesivamente pormenorizado ni intervencionista, que busca soslayar los mayores escollos con los sectores más influyentes sin negar su inspiración “socialista”. Quizá la LOE sea una concreción del “talante Zapatero”, que -con paradojas y contradicciones- busca la máxima mayoría parlamentaria.

Repasemos algunas inconsistencias. En la exposición de motivos, declara que las evaluaciones internacionales recientes, como PISA (trianual) y TIMMS (cuatrianual), ponen de manifiesto que es posible combinar calidad educativa con equidad en su acceso, pero la LOE ni propone mecanismos urgentes de mejora (que obligarían a una mayor inversión), ni menciona las “devastadoras conclusiones del Informe Pisa” que denuncia el Consejo de Estado de Educación, máximo órgano consultivo que en su preceptivo dictamen proclama: “Parece como si el anteproyecto tratara sólo de modernizar el sistema educativo y no de corregir tendencias a la baja calidad que son de dominio público y preocupan a la sociedad…”.

Entre las incoherencias, sobresalen algunas. Propone el carácter “complementario” de las redes escolares pública y concertada, porque reconocer la “subsidiariedad” sería impresentable en nuestra realidad educativa continental, aunque luego en el articulado separe tajantemente entre centros públicos y centros sostenidos con “fondos públicos” (que incluiría a los privados concertados). Igualmente se pregona la autonomía de los centros docentes, pero no se facilitan instrumentos para ello en la escuela pública. Presume como gran novedad un área de “educación para la ciudadanía”, sin que se sepa quién impartirá tan difuso y discutible contenido.

En su última redacción ha incorporado el “esfuerzo individual de los alumnos”, como uno de los principios de la educación y como uno de sus fines “el mérito y el esfuerzo personal”. Este eslogan de la LOCE (Ley Orgánica de Calidad de la Educación) era uno de los aspectos más rescatables de la ley del PP, y aunque el PSOE se negaba a destacar su presencia, al final la obviedad se ha impuesto. Afortunadamente en la disposición final primera se pregona que el primer deber básico de los alumnos es… estudiar (lo que lamentablemente parece pertinente por un inexplicable olvido muy extendido).

El porcentaje de contenidos básicos de las enseñanzas básicas, 55% en las Comunidades Autónomas con lengua cooficial y 65% para las restantes, ha sido otro punto de polémica política artificial en prensa. Los educadores sabemos que la realidad escolar del siglo XXI exige un núcleo planetario absolutamente común (no en el Estado, ni en Europa siquiera), que es lo que se mide en las evaluaciones internacionales (matemáticas, ciencias, primera lengua,…). Igualmente sólo alguien ajeno a la práctica docente puede negar la indispensable adecuación curricular que desde la escala no sólo autonómica, sino de centro, de profesorado, de aula y de cada miembro del alumnado ha de programarse.

Otra espinosa controversia se centra en la enseñanza de la religión. La disposición adicional segunda comienza desacertadamente: “La enseñanza de la religión se ajustará a lo establecido en el Acuerdo sobre Enseñanza y Asuntos Culturales suscrito entre el Estado español y la Santa Sede,…”. Pareciera que la enseñanza religiosa no fuese una frecuente demanda familiar, de un alto porcentaje de madres y padres que la consideran esencial. Su deseo legítimo, al igual que el de quienes prefieren que sus hijos e hijas no reciban enseñanza confesional alguna, debe ser garantizado, al igual que los derechos de los docentes de estas materias. La opción más aceptable sería una materia de oferta obligatoria en todos los centros en sus versiones confesional (de todas las iglesias con representación significativa) y no confesional, para la aceptación voluntaria por parte de las familias. Debiera ser evaluada didácticamente para su notificación familiar, aunque no computable a ningún efecto académico (becas, promoción,…). El apartado 3º, que otorga a la entidad religiosa la condición de empleador y establece el pago delegado, no parece satisfacer ni al profesorado implicado, ni a las jerarquías eclesiásticas, por lo que parece inviable semejante variación unilateral de empleador cuando ni el receptor ni los trasferidos lo asumen. También sería de justicia la equiparación académica y salarial de este colectivo que reúne a más de 17.000 docentes en el Estado.

Entre sus cualidades, la LOE se destaca porque simplifica la proliferación de leyes educativas y de sus correspondientes reglamentos emitidos desde 1990, derogando -además de otras leyes menores- la LOGSE (Ley Orgánica de Ordenación General del Sistema Educativo de 1990), la LOPEG (Ley Orgánica de Participación, Evaluación y Gobierno de los Centros Docentes de 1995), y la LOCE (Ley Orgánica de Calidad de la Educación de 2002). La litigada LODE (Ley Orgánica del Derecho a la Educación de 1985), corrigiendo algunos de sus excesos, queda drásticamente reducida a una cincuentena de artículos (de sus 63 artículos iniciales), e incluso también son abolidos o reformulados muchos apartados de los artículos vigentes por la disposición final primera del anteproyecto. Desafortunadamente, el anteproyecto delira cuando, en su apartado 5º de la citada disposición, introduce un disparatado y encubierto derecho a la huelga del alumnado menor de edad, que ni respeta las responsabilidades, derechos y deberes de los padres, ni mejora la participación discente en la organización escolar. Debería suprimirse este enunciado, sin perjuicio de recoger adecuadamente el derecho de reunión en el centro escolar, respetando los horarios de actividad y los derechos de cuantos constituyen la comunidad educativa, previa comunicación a la dirección o de acuerdo con ella.

Las preconizadas “evaluaciones de diagnóstico”, al finalizar el segundo ciclo de Primaria (10 años) y al concluir el segundo curso de la Secundaria obligatoria (14 años), pueden ser reconocidas como puntos positivos por su carácter formativo y orientador, sin la estricta connotación de reválida (que la LOCE promulgaba) y que al medir currículos (y no competencias) podría condicionar y uniformar excesivamente la necesaria autonomía docente para atender a la diversidad discente. De este modo, queda una medición objetiva de la Primaria, antes de su tercer ciclo, y otra graduación en la crítica edad intermedia de la ESO, cuando en 3º parece que muchos de nuestros estudiantes encuentran súbitamente todos los obstáculos en lo que parecía un generalizado progreso modélico. Más dudosa es la supresión de la PGB (Prueba General de Bachillerato), prevista en la LOCE y común en toda la Unión Europea (salvo en Grecia y Portugal).

El retardo de los itinerarios hasta 4º de la ESO es oportuno y paneuropeo, cuando aparecen tres materias de modalidad y algunas optativas, retrasando el prematuro adelanto de la LOCE. Igualmente resulta conveniente la suavización en el número de asignaturas no superadas para promocionar de curso, porque nuestro retardo medio no mejora ni la calidad ni la equidad, y porque son más efectivas las medidas de refuerzo dirigidas hacia la superación final. El clamor contra la “promoción automática” ni es exacta, ni se corresponde con la reglamentación de los países de referencia educativa.

El reagrupamiento en tres bachilleratos de Ciencias y Tecnología, Humanidades y Ciencias Sociales, y Artes es acertado. La fusión en el primero de ellos de los antiguos Bachilleratos de Ciencias de la Naturaleza y de la Salud junto al de Tecnología era necesaria, y debería servir para incrementar el flujo hacia esta modalidad. Únicamente entre las materias comunes del Bachillerato, previstas en el artículo 34, debería incorporarse el metalenguaje omnipresente de una “Matemática Aplicada”.

Las insuficiencias de la LOE son variadas. El avance que supone la declaración de carácter educativo de los dos ciclos de Educación Infantil (superando el anacrónico nombre de Preescolar que reitera el PP), queda desdibujado por no abordar este período en tres ciclos bianuales (como todo el resto de la educación hasta el diseñado en el Espacio Europeo de Educación Superior). La espuria razón para este lastre es la inercia anterior y la insuficiente financiación dedicada a esta etapa, que da lugar a discrepancias totales entre Administraciones Educativas donde se retarda Andalucía (única con tasas de escolarización menor del 90% de la población de 3 años), mientras el País Vasco supera el 90% incluso de la infancia de 2 años. La gratuidad promulgada por la LOE del segundo ciclo de Infantil (3-6 años) es una mejora sólo para las Comunidades más retrasadas, mientras que las demandas sociales en edades más precoces ya se desbordan en las Comunidades mejor financiadas. En esta etapa, la subsidiariedad de la concertada se manifiesta en el artículo 15, en donde se garantizan una oferta suficiente en los centros públicos (además sólo con un incremento progresivo desde la situación actual), mientras que apenas se esboza que “podrán establecerse conciertos con centros privados”.

Son meramente declarativas y sin previsiones las apuestas por la mejora de los idiomas (foráneos y oficiales), que la LOE sigue sin apoyar más decididamente, o el aprovechamiento de las tecnologías de la información y la comunicación, donde nuestro retraso pedagógico comparado es deprimente. Igualmente las bibliotecas escolares quedan simplemente citadas y no incentivadas.

La participación de las familias podría acrecentarse asegurando, en función de la edad del alumnado, porcentajes no inferiores a un tercio de padres adicionalmente a un sexto de alumnos, en el artículo 126 sobre la composición del Consejo Escolar, para mostrar quiénes son los destinatarios que justifican todo el servicio educativo.

Respecto a la equidad escolar, el creciente alumnado (propio y extranjero) con necesidad específica de apoyo educativo por origen o minusvalía (sensorial, síquica o motora), e incluso el de altas capacidades intelectuales, sigue en la ambigüedad o en la inseguridad al asegurarse que las dotaciones para centros públicos y concertados serán las mismas (artículo 72), mientras que simultánea y posteriormente en el artículo 112, de medios materiales y humanos, se distinga sutilmente entre sus apartados primero y siguientes. Inicialmente se menciona expresamente a los “centros públicos” como aquéllos que deben ser dotados por las Administraciones Educativas, mientras en los restantes párrafos sean los “centros” genéricos los que atiendan a alumnado de educación especial,… Este artículo debiera incorporar el detalle de referirse en todo momento a los “centros sostenidos con fondos públicos”.

Preocupante resulta el matiz establecido en el artículo 84, relativo a la admisión de alumnos, donde se cita que “las Administraciones educativas realizarán una programación adecuada de los puestos escolares gratuitos que garantice el derecho a la educación”, pero sin mencionar la libertad de elección que corresponde a las familias. En ese mismo artículo, falta la inclusión de un criterio que facilite la continuidad pedagógica en un mismo centro, tanto en el caso de titularidad pública como no pública. En el artículo 88, sobre garantías de gratuidad, sigue sin aparecer el coste de los servicios complementarios de transporte y comedor, que debieran recibir un tratamiento similar en todos los centros sostenidos con fondos públicos.

Tampoco se acomete en esta oportunidad un refuerzo de la formación inicial del profesorado de enseñanza infantil, primaria y secundaria. La convergencia de las condiciones laborales, profesionales y económicas del profesorado y del personal no docente, tanto de centros públicos como concertados, queda en el limbo de los deseos, con una confusa cita en el apartado 117.4 donde turbiamente se sugiere “posibilitar la equiparación gradual de la remuneración (del profesorado concertado) con la del profesorado estatal (sic)”. Como si no existiesen diferencias salariales, incluso entre funcionarios docentes (respecto al “profesorado estatal”, sólo el redactor sabrá a qué se refiere en niveles no universitarios). Por último, en el capítulo del profesorado, la disposición transitoria segunda podría extenderse más allá del 4-10-2010 el régimen de jubilación voluntaria de los mayores de 60 años, a fin de rejuvenecer las plantillas docentes.

Lo peor es el mantenimiento de un sistema educativo basado en la oferta, y no en la demanda familiar (artículo 109. 2). La misma consideración de la educación como “servicio público”, quedaría mejor expresada como “servicio esencial” o de “interés general”, con independencia de la titularidad pública o concertada del centro elegido por los progenitores (situación a la que más se acerca en el Estado la Comunidad Autónoma Vasca, por tradición y financiación). El progreso hacia un sistema cooperativo, prestado por centros públicos y otros de iniciativa social, se entorpece cuando se desiguala por titularidad, como en el artículo 122.3 donde se concede que sólo los centros públicos podrán obtener recursos complementarios. Esto es apropiado y novedoso, pero debiera abrirse en las mismas condiciones a todos los centros “sostenidos con fondos públicos”.

Resulta aberrante el apartado 3 del artículo 109: “En la programación de la oferta de plazas, las Administraciones educativas armonizarán (sic) las exigencias derivadas de la consideración de la educación como servicio público, con los derechos individuales de alumnos, padres y tutores. Asimismo, conciliarán (sic) la libertad de elección de centro con el principio de equidad, atendiendo a las limitaciones materiales derivadas de la capacidad de los centros y de las consignaciones presupuestarias existentes y al principio de economía y eficiencia en el uso de los recursos públicos (sic)”. Discrepamos profundamente de que la economía impida derechos fundamentales, o que éstos queden restringidos por inciertas razones de supuesta eficiencia. Nefastamente, en la redacción actual el Estado parece erigirse como único titular originario del derecho a la educación, quedando las familias y los centros educativos reducidos a concesionarios de tal derecho. A todos nos conviene que los padres defendamos nuestro derecho a escoger el tipo de educación que preferimos, incluida la formación moral y religiosa que responda a nuestras convicciones.

Nadie discute la necesidad de una reforma educativa, cuando los datos negativos se acumulan en informes internacionales o en comparativas de fracaso escolar. El optimismo para que podamos competir con los mejores debe partir del máximo realismo sobre nuestra posición de partida, así como de un amplio y comprometido enfoque comunitario. Una Pedagogía del Éxito entraña que las familias y los educadores mantengan expectativas positivas sobre las capacidades de sus hijos y alumnos, para afrontan motivada y conjuntamente tan decisiva tarea, solventando los problemas crónicos con ilusión y apoyo social.

Concluyendo: Conviven en el Estado sistemas educativos muy diferenciados que la LOE debiera impulsar y desarrollar mirando hacia lo mejor de Europa, nunca uniformar por abajo. En general, nuestras posiciones educativas son mediocres o insuficientes respecto a la Unión Europea, y entre los países de la OCDE. No es algo de extrañar, dado que socio-culturalmente, económicamente y en esfuerzo educativo (interés familiar y porcentaje del PIB) no destacamos especialmente hasta la fecha.

Sólo cuando la ciudadanía presiona electoralmente, los poderes públicos y los dirigentes políticos otorgan la merecida atención, prioridad y recursos a la educación, a la universidad y a la investigación. Es el tiempo de los hechos. Rige un lema magistral: 'Si alguien cree que la educación es cara, que pruebe con la ignorancia'. Nuestro futuro individual y colectivo, a corto, medio y largo plazo, depende básicamente de nuestra apuesta educativa. Ojalá el debate sobre la LOE nos permitiese advertir la trascendencia de lo que está en juego.

Versión final en: http://mikel.agirregabiria.net/2005/loe.htm