Mostrando las entradas para la consulta tristeza ordenadas por fecha. Ordenar por relevancia Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas para la consulta tristeza ordenadas por fecha. Ordenar por relevancia Mostrar todas las entradas

La parábola de las naranjas

La parábola de las naranjas es una metáfora clásica del sabio consejo de Pítaco de Mitilene, "Hagas lo que hagas, hazlo bien" ("Whatever you do, do it well").  Se puede escuchar en el vídeo superior, Un relato breve sería el siguiente.

Había un joven que tenía la aspiración de trabajar para una empresa porque pagaba muy bien y era muy prestigiosa. Preparó su Curriculum Vitae y tuvo varias entrevistas. Al final le dieron un puesto de inicio. Entonces su aspiración la convirtió en su siguiente meta—un puesto de supervisor que le daría aún mayor prestigio y salario. De manera que completó las tareas que le daban. Llegaba temprano algunas mañanas y se quedaba tarde, para que el jefe viera que trabajaba jornadas largas.

Después de cinco años, se abrió un puesto de supervisor; pero, para tristeza del joven, otro empleado, que llevaba trabajando para la empresa sólo seis meses, obtuvo el puesto. El joven estaba muy enojado y fue al jefe para exigirle una explicación. El sabio jefe le dijo: “Antes de responder a tus preguntas, ¿me podrías hacer un favor?” “Sí, claro”, dijo el empleado. “¿Puedes ir a la tienda a comprarme unas naranjas? Las necesita mi esposa”. El joven aceptó y fue a la tienda.
Naranjas cayendo
Cuando regresó, el jefe le preguntó: “¿Qué clase de naranjas compraste?” “No sé”, respondió el joven. “Usted sólo dijo que comprara naranjas; y éstas son naranjas. Aquí tiene”. “¿Cuánto cuestan?” preguntó el jefe. “Bueno, no estoy seguro”, fue la respuesta. “Usted me dio treinta dólares. Aquí está su recibo; y aquí tiene su cambio”. “Gracias”, dijo el jefe. “Ahora, por favor, toma asiento y presta mucha atención”.

Entonces el jefe llamó al empleado que había conseguido la promoción y le pidió el mismo favor. Aceptó sin reparos y fue a la tienda. Cuando regresó, el jefe le preguntó, “¿Qué clase de naranjas compraste?” “Bueno”, contestó, “la tienda tenía diferentes variedades—navelinas, Valencia, sanguinas, mandarinas y muchas más; y no sabía cuál de todas comprar; pero me acordé que dijo que su esposa necesitaba las naranjas, así que la llamé. Me dijo que iba a tener una fiesta y que iba a hacer jugo de naranja; por lo que le pregunté al señor de la tienda cuál de todas sería la mejor para hacer jugo. Me dijo que la naranja Valencia era muy jugosa y dulce, así que ésa es la que compre. Las dejé en su casa antes de volver a la oficina. Su esposa estaba muy contenta”.
La parábola de las naranjas
“¿Cuánto cuestan?” preguntó el jefe. “Bueno, ése fue otro problema. No sabía cuántas comprar, así que volví a llamar a su esposa y le pregunté a cuántas personas calculaba recibir. Dijo que 20. Así que le pregunté al de la tienda cuántas naranjas harían falta para hacer jugo para 20 personas; y eran muchas. Entonces le pregunté si me haría un descuento por cantidad, ¡y me lo hizo! Estas naranjas normalmente cuestan 75 centavos cada una, pero las pagué sólo a 50 centavos. Aquí tiene el cambio y el recibo”. El jefe sonrió y le dijo: “Gracias; ya se puede retirar”.

Miró al joven que había estado contemplando la conversación. El joven se levantó, bajó los hombros y dijo: “Entiendo lo que quiere decir”, mientras salía desanimado de la oficina.

Todavía hay otras parábolas de la naranjas, ni "Las naranjas no son la única fruta", como ésta del psicólogo Wayne Dyer.

Sorprendentes mutaciones en las televisiones por el COVID-19,... que no se han producido

Post escrito en clave de humor. Especificando que, aunque poco blogger o radiofónica la ironía es el pudor de la humanidad y esa forma de tristeza que sonríe,... por no poder llorar.
Sumidos en la vorágine de las videoconferencias múltiples, hoy lo hemos intentado y casi logrado con dos simultáneas (ver vídeo inicial), los sobresaltos sociales se van manifestando en todo lo cotidiano. 
Videoconferencias múltiples y simultáneas,...
Emergen los fantasmas del pasado, entre tantas lecturas de libros de mass y social media. Ensoñaciones como esa televisión que antes no veíamos, pero que ahora nos ha abducido por la calidad de su nueva programación.

Se suceden cambios que parecían imposibles en todas las cadenas, pero que ahora nos acompañan en la cotidiana rutina diaria. Las más esperadas y ¿confirmadas? son las siguientes:
  1. Todas las televisiones han reconvertido todos sus extensos programas deportivos a temas científicos y médicos, con héroes y heroínas de laboratorios y quirófanos.
  2. Han desaparecido los "programas del corazón" y ahora -eliminados los "tertulistos"- se han dedicado a dar voz a cualificados especialistas en distintas áreas del conocimiento.
  3. Los tiempos dedicados a despellejarse entre los sempiternos personajes de la telebasura se han reconvertido en buenas noticias que pregonan la solidaridad de la buena gente que abunda.
  4. Las interminables horas destinadas al tiempo atmosférico se han sustituido por propuestas culturales para leer en un día lluvioso o museos para visitar en una jornada soleada.
  5. Las propuestas y debates de CULTURA, ARTE, POLÍTICA, EDUCACIÓN,... desbordan por doquier ensalzando modelos humanos de personas generosas y esforzadas en toda su vida. 
  6. La grandeza se expresa con frases nunca antes escuchadas como "no lo sé", "os necesitamos a los demás", "o todos o ninguno", "gracias por las críticas", "dimito porque no acerté",...
  7. El periodismo se hace grande con periodistas humildes, valerosos, vocacionales, que se afanan por ESCRIBIR las verdades incómodas, no por la fama o el salario de teclear.
Alumnado y organizadores del I Máster de Periodismo Ciudadano
Hace 25 años en Iurreta cuando soñábamos con otras formas de periodismo ciudadano.

¿Habéis visto más de estos asombrosos cambios en vuestras pantallas? Si fuera sí, podéis publicarlo en los comentarios o en las redes sociales con el hashtag #PostCOVIDTV.
Para concluir, el 44º Aplauso Sanitario de hoy, lunes 27-4-2020, en Getxo.
En este enlace su van acumulando las grabaciones de horas de aplausos.

Cartas de ánimo para pacientes aislados por coronavirus

Actualización, días después: El Hospital de Cruces (el mayor de Bizkaia) pide cartas en ApoyoHospitalCruces@gmail.com
Aprendamos de la infancia: Sonríe
Acabo de leer una iniciativa que nos propone una médico, Cristina Marín Campos (facilito su email para este proyecto), del Hospital de la Princesa (Madrid). En un emotivo audio (escuchad aquí o bajo este párrafo), ella cuenta cómo uno de los mayores problemas que tienen los pacientes ingresados con coronavirus es que están en un “aislamiento brutal, completamente solos, separados de sus familias, muchos de ellos saben que sus familiares también están en otras habitaciones solos, o intubados en la UCI o que incluso se están muriendo y tienen que hacer frente a esa soledad de que los médicos pasemos, porque es la norma, sólo una vez al día a verles”. Hace hincapié en el aislamiento, explicando que incluso los que se curan pasan por un “estrés postraumático por todo el aislamiento”.
Cristina Marín nos invita a que la gente escriba cartas anónimas que les harán llegar a estas personas enfermas, como forma de acompañarles. Los médicos se las entregarán en la única visita diaria que les realicen. Se propone identificarnos, con nuestro nombre de pila, hablándoles de nosotros, para que nos imaginen y contarles en mensajes de ánimo todo aquello que queramos. La idea es hacerles más llevadera su estancia en estas circunstancias.

Acepto el reto, muy fácil para quienes sólo hemos de cumplir con el #YoMeQuedoEnCasa, y con brevedad escribo una primera misiva que os comparto a continuación.

Estimada amiga o amigo:

Quiero escribirte, necesito trasladarte mis sentimientos, aunque no nos conozcamos aún. Me han asegurado que esta carta llegará a tus manos. 

Ante todo, ¿cómo estás, cómo te sientes, cómo llevas esa reclusión, que supongo es dolorosa y angustiante, aunque necesaria para tu curación y la de toda la sociedad a la que pertenecemos? 

Para entretenerte te contaré cómo imagino que estaría yo en tu situación,... A mí me atemorizan los hospitales, aunque en ellos nos curan tantos y tan excelentes profesionales que van desde quienes limpian el hall de entrada hasta quienes resuelven nuestras peores enfermedades. Lo sé, lo aprecio, lo admiro, lo aplaudo estos días, toda esa labor médica, pero a un hospital solamente me gusta acudir cuando ha nacido un hijo o hija, un nieto o nieta, como en la foto que te adjunto arriba.

Seguro que el proceso de tu enfermedad ha sido descorazonador, y quizá te haya conducido a la tristeza. Acepta, aceptemos que la tristeza nos arrastra a veces, pero apóyate en la mágica alegría. Recuerda los buenos momentos del pasado, evoca a las personas que has amado y que te han amado, piensa en ellas, y cree -porque es verdad- que la vida siempre nos depara alguna agradable sorpresa en el futuro.

Yo quiero ser tu amigo. Si salimos de esta crisis, que pasará como todo pasa, te invito a que nos reunamos tan pronto como sea posible. Pero para ello, hemos de superar este trance, tanto tú -de quien se están ocupando como te mereces- como yo mismo. Aunque, de momento parece que estoy bien, mi edad -casi 67 años en unos días- como las bronquitis que pasé en la niñez, no me auguran nada bueno,... Todos los seres humanos somos tan frágiles, tan vulnerables, incluso quienes no lo advierten,...

¡Maldito coronavirus! Nos atacas despiadadamente, pero nos está obligando a re-aprender a amarnos, a apoyarnos, a reconocernos como seres capaces de todo, grandiosos y generosos, sobre todo en los momentos críticos que ahora vivimos.

Como decía el Quijote, ... "Bien podrán los encantadores quitarme la ventura, pero el esfuerzo y el ánimo será imposible". Este virus es maligno y poderoso, pero a ti y a mí, a la buena gente y a los sanitarios, jamás nadie nos arrebatará la dignidad de combatirlo,... y de vencerlo.

Quedamos emplazados a encontrarnos, para abrazarnos y reírnos del COVID-19 cuando sea un mal recuerdo,... Recuperemos ese ánimo que ya demostramos en ocasiones anteriores, y si fuera posible, escríbeme tú también,... Estas circunstancias nos están conectando, a ti y a mí, a tu familia y a la mía, a toda la humanidad,... 

Me despido con un saludo cordial, de corazón. ¡Ya somos, tú y yo, dos hermanos!

Remitid otras cartas a cartas.venceremos.covid19@gmail.com / ApoyoHospitalCruces@gmail.com

Repost: Sabrosa recompensa para quien recupere mi blog

- Post duplicado de los 9 días en los que Google nos inhabilitó este blog principal -

Canon EOS Rebel T4i & 50mm f/1.4 USM
La desesperación prosigue,... Han pasado cinco días, tres laborables, y Google @google_es sigue sin responder, ni reaccionar. No nos ha devuelto la cuenta Gmail de la que dependen el blog, los documentos en la nube con años de trabajo, y todo lo demás. Google, Bernando Hernández,.... no han dado señales de que nadie escuche la campaña en Twitter del "Caso Google contra Agirregabiria", y otros ecos.

Lo mejor en la desdicha ha sido la solidaridad de las amistades, especialmente desde la red, que han aportado ideas, posteado la situación, y animado a proseguir en la campaña. Aunque cada día que pasa nuestras expectativas de recuperar la cuenta se va desvaneciendo, continuamos lanzando iniciativas para lograr lo que creemos es nuestro derecho: Que nos devuelvan nuestros contenidos.

Como un elemento más, innecesario para quienes acudieron presurosos en nuestra ayuda, lanzamos otra propuesta para animar el debate.INVITAREMOS A UNA COMIDA DE LUJO a quien nos ayude a recuperar nuestro Gmail (y todo lo que supone), en el restaurante que elija en el País Vasco, o en Alicante o Murcia (donde pasaremos algunas semanas de veraneo). Podrá elegir lugar y un menú (de hasta 100 euros), y haremos una amplia y detallada crónica (similar a las 7.000 que hemos perdido si Google @google_es no nos devuelve la cuenta). Dar con la persona intermediaria fue la clave para recuperar @agirregabiria cuando también Twitter creyó que era un robot. Una gran mujer, que prefirió no publicase su nombre, actuó y medió con Twitter en USA y resolvió un caso igualmente difícil.

Por el momento, y aunque es imposible enumerar todos los apoyos incondicionales recibidos, los primeros en sugerir ideas prometedoras han sido por facilitarnos el número en España de Google @google_es (aunque sólo sirve para contratar publicidad). Luego, @ y , quienes casi simultáneamente nos sugirieron escribir a . También nos indicó el contacto con Fabien Curto Millet. Por su parte, abrió una denuncia en Menéame.

A través de nuestro buen amigo Luis Alfonso Gámez @lagamez, se ha interesado y nos ha llamado Mario Jiménez Arroyo de fjcommunications.com, la empresa en Madrid que lleva la comunicación de Google España @Google_es. También, no sabemos por qué vía, seguramente Twitter, Inés Skotnicka está buscando una solución con algún amigo de San Diego. Confiamos en estos contactos que se están multiplicando por momentos. También viejos amigos físicos como Tomás Sainz Angulo de IBM España, Josu Aranberri de i2basque,... están moviendo hilos por todo el planeta. Josu Aranberri ha implicado a Andreu Veà de Internet Society (ISOC-ES), quien desde Sunnyvale lo está gestionado.

Por el momento, no hemos conseguido el objetivo, pero nos sentimos acompañados.También lo han contado en sus blogs, entre otros porque también hemos perdido el Reader, Iñaki Murua (Al despertarse, la pesadilla que se cumple), Raimundo Rubio (Ayudemos a salvar su BLOG a Mikel Agirregabiria), Laura (Google: Devuelve a @agirregabiria su Gmail, su Blog, su YouTube,...), Eraser (Operación Trabuco,...), LanIrekia (Encuentro con Orientadores),...

Como la tristeza no está reñida con la belleza, para ilustrar este blog (esperemos que temporal), recurriremos al arte de Aitor Agirregabiria en su Flickr y en su YouTube (cuidado con este servicio que también depende del arbitrio de Google @google_es).

-- Este problema se resolvió el 20 de julio de 2012 por Google --

¿Estás vivo o eres un zombi?

En la vida existen muchas clases de personas. Y para clasificarlas, también hay muchas categorías. Pero una división, la más simple, es la siguiente que podemos aplicarnos todos: ¿Transmites alegría o tristeza? O lo que es lo mismo: ¿Estás activo o extinto?
Ser optimista es lo mejor por un doble motivo: Porque le alegra la vida a uno mismo y porque ser positivo es una cualidad que atrae a la gente. Así, el optimista vive más feliz por sí mismo, porque todo lo ve de color rosa, y porque está más arropado por los demás, lo que también contribuye a la felicidad.
Un buen consejo general es rodearse de gente feliz, acercarse a ellos, dado que la ilusión y la euforia se contagian; al igual que también se traspasa el pesimismo y la pesadumbre. De esta primera recomendación se deriva otra: Procurar ser más animado. Y para ello, el truco está en compartir las alegrías en público, y dejar las tristezas en la intimidad de los más cercanos. Por supuesto que es más fácil estar eufórico si la vida nos sonríe, pero el verdadero mérito reside en superar las desventuras con ánimo y jovialidad.

El rostro del paro...

Aparentaba tener unos cuarenta años. Los ojos rojos, pero sonreía. Un mendigo negro, así alguien lo describiría. Alto, delgado, pero con mucha ropa amontonada. Hacía frío, y llovía. Se había asomado a la valla y, al ver salir al joven aparejador con el casco, se le acercó. Pidió trabajar en la obra, de cualquier cosa, sólo para pagarse un alojamiento donde dormir. Respetuoso, sólo quería empezar, "ahora mismo" dijo. Insistió, acabada de venir de Madrid. En Bilbao encontraría trabajo, le habían dicho. En la construcción, tenía alguna experiencia. El técnico le dijo que lo intentaría. El inmigrante se lo agradeció. Que volviese mañana. Y el africano se alejó. El arquitecto técnico, de sólo 22 años, estaba en los inicios de su carrera y nunca había visto tan de cerca la pobreza. Parecía ser muy buena persona aquel hombre maltratado por la vida en dos continentes. Seguro que nadie merece estar así, sin saber qué cenaría o dónde descansaría aquella noche. Habló con su colega más experimentada. Lo comentaron con la subcontrata. Sería difícil. Una tristeza profunda le invadió al pensar que él tenía una casa (la de sus padres) para vivir. Nunca olvidará la cara del desempleo, de la miseria, de la desigualdad. Algo se me había roto, aquella tarde oscura y lluviosa. Luego, comprendió. No era la crisis,... O, al menos, no la reciente, por grave que fuese. Eran siglos, milenios de injusticia. No bastaba facilitar un folleto con la Guía de Recursos Sociales. Ya era hora de empezar a despertar, a construir un mundo mejor, con todas las personas, entre todas, para todas, para las de aquí y las de allá, allí y acá.

22 de diciembre: ¡Buenas noticias, como siempre!

Empiezan a alargarse los días... tras haber vivido ayer el día más corto (quienes habitamos el hemisferio norte del planeta).

Pasado el solsticio de invierno la duración de la luz solar comenzará a aumentar. Al principio, tímidamente; luego, más se notará un poco más hasta que con el inicio de la primavera, el día y la noche duren lo mismo.

¡Es festiva novedad la tendencia a más sol, viviendo las jornadas más oscuras del año! Aunque el alma tienda a sincronizarse con la luz, el corazón sigue un calendario distinto; lo largo y lo breve del día lo mide según su alegría o su tristeza.

Buenos días, pereza

“Buenos días, pereza”. un libro cínico, divertido y perspicaz de Corinne Maier. Recopila elementos críticos de la gran empresa. El título que emula a "Buenos días, tristeza", de la desaparecida Françoise Sagan. Promueve la “desvinculación activa” de la empresa; critica el “neolenguaje empresarial” (proactividad, benchmarking,,,,), y destripa la “empleabilidad”, (que consiste básicamente en que debemos dar gracias a la empresa por darnos trabajo). [Recomendado por Txus, que trabaja en una gran empresa eléctrica parecida a EDF, objetivo inicial de la crítica]

Bonjour Tristesse de Françoise Sagan

¡Buenos días, tristeza! es un libro de Françoise Sagan (1953) y una película de Otto Preminger (1958). Degustemos el primer párrafo del libro: "Sur ce sentiment inconnu dont l'ennui, la douceur m'obsèdent, j'hésite à apposer le nom, le beau nom grave de tristesse. C'est un sentiment si complet, si égoïste que j'en ai presque honte alors que la tristesse m'a toujours paru honorable. Je ne la connaissais pas, elle, mas l'ennui, le regret, plus rarement le remords. Aujourd'hui, quelque chose se replie sur moi comme une soie, énervante et douce, et me sépare des autres."

"A ese sentimiento desconocido cuyo tedio, cuya dulzura me obsesionan, dudo en darle el nombre, el hermoso y grave nombre de tristeza. Es un sentimiento tan total, tan egoísta, que casi me produce vergüenza, cuando la tristeza siempre me ha parecido honrosa. No la conocía, tan sólo el tedio, el pesar, más raramente el remordimiento. Hoy, algo me envuelve como una seda, inquietante y dulce, separándome de los demás."

Jardín sin fin

También la bienaventuranza requiere límites para apreciarla.

Dicen que hay una especie de melancolía que acompaña siempre al entusiasmo. Si reservamos el frenesí de la energía a los días laborables, nos queda el cultivo de la languidez, quizá para un solo día. El domingo de trascendente apatía, tras un sábado comodín de baladí alegría.

No sé para ti, pero a mí me hace tilín pasar del adoquín ruin al festín de un jardín de verdín, violín y jazmín. Del trajín cantarín a un confín de Hamelín, sin flautín ni figurín. Fin del maletín de postín y del peluquín de arlequín malandrín y parlanchín. Fin de desgastar calcetín y mocasín. Toda la semana de andarín bailarín, de alevín danzarín en zeppelín, en bergantín o en patín, como el tontín de Tintín.

¿Motín o botín? Mejor un botiquín, un trampolín a un difícil jardín. Por el amor de una rosa, todo jardinero es servidor de espinas mil. Imagínate en un jardín de Lenôtre, como el de Verlaine, a un tiempo correcto, ridículo y encantador (correct, ridicule et charmant). Percibe, como Antonio Machado, “… algo que es barro en nuestra carne siente / la humedad del jardín como un halago”.

Entonces, lo entendemos. La muerte sólo es una puerta herrumbrosa colocada al final de una ajada tapia, para dar paso al cielo, que debe ser el jardín del Edén. Ya Shakespeare señaló que “no hay nobleza más antigua que la del jardinero y la del sepulturero; son ellos quienes mantienen viva la profesión de Adán”.

Hoy calma, introspección, quizá una pausa. Mañana lunes, de nuevo la dicha de educar, de construir, de crecer y de vivir. La tristeza es un muro entre dos jardines de palabras. Valga un paréntesis de nostalgia y añoranza, entre las alegrías del ayer y los gozos del mañana.

Versión para imprimir en: mikel.agirregabiria.net/2007/sinfin.DOC

Savia joven sabia

Sabía la sabia savia joven porque llevaba atesorada en su mocedad más experiencia que edad.

Sorprende escuchar a una joven tenista como Justine Henin, que con apenas 23 años ha conseguido ser el codiciado puesto nº 1 a escala mundial. En una reciente entrevista declara considerarse una persona sencilla y concluye: “Al final, no recuerdas las cosas que poseíste, sino a quienes estuvieron a tu lado”.

Su sensatez y modestia impresionan en boca de una deportista exitosa. Su madurez quizá procede de una vida que no ha sido un camino de rosas. Comenta: “Es cierto que el gran drama de mi vida fue la pérdida de mi madre. Me dejó un halo de tristeza. Pero, al tiempo, me obligó a forjarme un carácter. Me propuse que no debía seguir viviendo en el pasado. Hay circunstancias que no pueden cambiarse. Pero, si miro hacia adelante, me siento rodeada de buenas personas y soy feliz”.

Su cordura y perspicacia despuntan en el diálogo: “Hay unos principios de los que intento no desviarme. Pretendo que quien esté a mi lado se sienta bien. Aunque comprendo que mi verdadera vida comenzará cuando deje el tenis, dentro de unos cinco años. Entonces será el momento de pensar en tener hijos”. Entre las reglas cita: “Me tengo por leal. Pienso que la generosidad forma parte de mi vida. No tengo inconveniente en mostrarme tal como soy. Prefiero hacer un regalo que recibirlo. Es un poco mi principio de vida: lo importante es dar, sin esperar necesariamente nada a cambio”.

Es una delicia a lo que invita: ”La felicidad está en lo cotidiano, en las pequeñas cosas, en estar rodeada de aquéllos a quienes amo, en ir a un picnic... Hay que construir cada día tu felicidad. Intento aprovechar cada momento al máximo. Tuve grandes alegrías con el tenis, evidentemente, pero para mí es más importante sentir que hay personas que me aman y que yo también las amo”.

Lo mejor es su fórmula de preferir antes personas que cosas: “No recuerdas las cosas, sino a quienes tuviste a tu lado”. Justine acumula razón de corazón y acrecienta el mejor tesoro, que no es el dinero sino el encuentro con los amigos y el amor de los seres queridos.

Versión final en: http://mikel.agirregabiria.net/2006/henin.htm

Límites personales

©Mikel AgirregabiriaA medida que avanzamos en la vida, aprendemos a conocer, reconocer y finalmente a amar los límites de nuestras facultades.

Todo tiene sus límites. La madurez no es sino la penosa constatación de nuestro fracaso relativo en casi todo lo que hemos intentado durante nuestra vida. Perseguimos muchas metas, pero sólo alcanzamos algunas y a medias. Al fin descubrimos que todo tiene un límite, incluso la melancolía. Sólo con demasiados años juzgamos finalmente que la felicidad consiste en reconocer nuestros propios límites,… y amarlos.

La infancia y la juventud poseen como cualidades más preciadas la ilimitada esperanza en sus propias aspiraciones y la gloriosa sobreestimación de sus capacidades. La desbordante imaginación no tiene límites. La experiencia humana no toma conciencia de su ser sino en las situaciones límite. El aprendizaje, especialmente durante la adolescencia, va marcando los hitos de nuestra realidad personal. La naturaleza, que enseña la vía de los placeres, señala también sus intraspasables límites.

Pronto descubrimos que el progreso vital no consiste en ampliar los límites, sino en conocerlos mejor. El juego de ponerse límites a uno mismo es el mayor de las delicias secretas de la vida. Por ello, la “educación de la permisividad” ha hecho entrar en crisis al modelo escolar. La falta de capacidad de los adultos para poner límites a la juventud es el gran problema de nuestro tiempo. Todos hablamos de la necesidad de imponer límites, pero nadie se encarga de responsabilizarse: la tarea siempre le corresponde a otros. El profesorado dice: «Si en los hogares no les ponen límites, ¿qué podemos hacer nosotros?» Las familias responden: «La escuela ya no educa, nuestros hijos "se desatan" allí y en la calle.»

El establecimiento de límites contribuye a lograr la madurez psicológica y a formar la identidad personal. Alguien está bien definido cuando sabe lo que es y lo que no es; cuando ha elegido lo que piensa, siente y quiere. Los límites indican asimismo lo que no piensa, lo que no siente, lo que no puede y lo que no debe y lo que no quiere. Saber quién es, qué lo diferencia de los otros. Esto nos da conciencia de nuestra identidad. Esto nos da unidad y nos permite reconocernos y movernos adecuadamente en nuestro ámbito.

Los límites no recortan nada, sino que nos permiten distinguir entre lo real y la fantasía. Nos ubican en la realidad y nos definen como personas. Así descubrimos quiénes somos, con toda la riqueza y la pobreza que acompaña a este descubrimiento. Supone una agridulce sensación de desdicha y felicidad. Tristeza, porque siempre quedan expectativas defraudadas; bienestar, al comprender que somos totalmente originales, únicos e irrepetibles. Además, la condición de únicos da paso al amor, que sólo es posible entre personas diferentes que se complementan.

Los límites son altamente educativos porque la realidad es necesariamente limitativa. Mal que nos pese, no nacimos omnipotentes. Hemos de ir vislumbrando esto desde la niñez con la socialización. La realidad no es manipulable como el pensamiento mágico de la infancia egocéntrica. La vida muchas veces nos dirá no y habremos de aceptarlo o viviremos resentidos. La tolerancia a la frustración es un rasgo básico de la personalidad madura.

Toda genuina educación supone una racionalización, reducción o demora del deseo, que distinga el caprichoso antojo de la exigible necesidad. Si permitiésemos una satisfacción plena e inmediata de todas las continuas demandas de cualquier ser humano, sólo crearíamos un despótico monstruo ególatra. Ha de haber medida en las cosas, y ciertos límites, allende de los cuales el bien no puede subsistir. La libertad de cada uno tiene por límite lógico no provocar la opresión de los demás; al igual que existe un frontera al buscar la felicidad, el dolor ajeno.

Lo más difícil es establecer los correctos límites personales, sin caer en los dos errores extremos: sobrepasarlos o cercenarlos en demasía. Todo poder que no reconozca límites, crece, se eleva, se dilata, y por fin se hunde por su propio peso. Si el medio más seguro de ocultar nuestros límites es no traspasarlos, también es un profundo error creer que no hay nada por descubrir; equivale a tomar el horizonte por el límite del mundo. Sepamos que el espíritu humano se extiende a medida que el universo se despliega.

Para concluir y resumir nos quedamos con la narración insuperablemente del gran escritor portugalujo Juan Antonio de Zunzunegi: “Todo lo bueno se acaba y... / Y ésa es su delicia, que se acabe antes de terminar en la monotonía. / Sí...; sólo lo que tiene límites es hermoso”.

Versión final en: http://mikel.agirregabiria.net/2005/limites.htm

Riqueza verdadera

Descubriendo la grandeza de algunas gentes, que por nuestra pereza y simpleza suele pasarnos desapercibida.

Todos los días, mi esposa Carmen y yo paseamos por Getxo. Nuestro recorrido predilecto va desde el Puente Colgante hasta el Puerto Nuevo, donde la elegante y variada arquitectura capitula ante la belleza natural de la costa vasca. En apenas dos kilómetros pueden verse desde gigantescos barcos mercantes que navegan por la Ría Nervión-Ibaizabal hasta gráciles veleros o ferries por el Abra de Bilbao, tres playas y varios monumentos históricos junto a palomas y gaviotas, pero lo mejor es la gente con la que te encuentras.

Ayer caminando en nuestro trayecto habitual, descubrimos que vivimos entre personas “ricas”. Pero “ricas” de verdad. Queremos compartir nuestro hallazgo, porque en todas las sociedades y en todos los pueblos hay “gente acaudalada”, pero no son necesariamente los “millonarios en dinero” que creemos por ser tan visibles. La genuina riqueza se disfraza, muy a menudo, de enfermedad, de pobreza, de flaqueza, de torpeza y de crudeza en la corteza. Porque la auténtica fortaleza reside interiormente en la sutileza de la agudeza, en la certeza de la entereza y en esa nobleza que sólo otorga la proeza de sobrevivir.

Quizá sea grandeza y delicadeza, mejor que riqueza, lo que caracteriza a estas personas de firmeza y gentileza, de dureza y pureza, de belleza con tristeza, justeza y largueza. Sólo los niños “reconocen” a esas personas que se han hecho “grandes”, día a día, porque cabeza, listeza, destreza, franqueza y realeza se acumulan únicamente ganando la batalla cotidiana de la existencia, atesorando arrugas que son las cicatrices de la experiencia.

Si aún no lo has entendido, quizá necesites unas horas más, unos meses más o unos años más. Con suerte al final serás tan ‘rico’ como cualquier anciano, y todo lo comprenderás. Porque no hablamos de riqueza económica, sino de riqueza en pasado, en alegría compartida, en vida subsistida y transmitida. Nos referimos a los “verdaderos ricos” que son los abuelos de la Tierra, los aristócratas de la Vida, los añosos vencedores del Tiempo.

Artículo ilustrado en: http://mikel.agirregabiria.net/2005/riqueza.htm

Pastillas de tristeza

Fue uno de esos extraños sueños cuyo sentido se adivinó al despertar súbitamente.

No sé muy bien cómo empezó todo. Alguien me contó que una joven, conocida mía, disponía de unas extrañas píldoras que provocaban un inmediato estado de tristeza profunda. Opiné que debía tratarse de un bulo, porque en caso de resultar la noticia verdadera sería la más estúpida invención posible. Días después, me volvió a llegar el rumor de que la susodicha vecina había traído tales comprimidos de un lejano viaje, y que se estaban vendiendo rápidamente con un promocional precio inicial. También supe que esta estudiante se estaba haciendo rica con su producto, habiendo abandonado la universidad para centrarse en aquella distribución en la que había invertido todos sus ahorros.

Me explicaron que existe mucha gente que, aún disponiendo de todo y siendo más o menos felices con sus vidas, decidían probar la nueva experiencia de entristecerse abismalmente, como último reto para combatir la posibilidad de una vida alegre y tranquila. Finalmente me propusieron probar una de las “pastillas tristes”, de bello color, con el módico precio de un euro.
Me aseguraron que descubriría una nueva dimensión de la aflicción y del dolor, como nunca antes hubiera podido imaginar. Garantizaron que la experiencia sería inolvidable y que desearía volver a vivirla, porque su recuerdo queda grabado para siempre. Tanto me tentaron que hube de tomar una determinación final.

Contesté con rotundidad: ¡NO! Que no me interesaba en absoluto saber de penas artificiales, de pesadumbres químicas, de muerte adelantada. Y entonces desperté. Comprendí que eso es la droga, que promete divertida felicidad, pero sólo aporta un seguro sufrimiento y una atormentada agonía.

¡Vivan los que estudian!


Redescubriendo una antigua canción de éxito con música siempre evocadora y una inolvidable letra revolucionaria.

Las coplas resonaron igual de sugestivas que hace tantos años… ¡Que crezca la única verdad, que florezca la fraternidad! ¡Muera la tristeza, mueran los que odian! ¡Subid al mundo de los cielos, descended a los infiernos! ¡Alegrémonos pues, mientras seamos jóvenes! ¡Viva nuestra sociedad! ¡Viva la Universidad! ¡Vivan los que estudian! Definitivamente, el retorno a los claustros universitarios, por razón de los estudios de nuestros hijos, nuevamente nos permite –junto a la condición de no haber olvidado el latín que aprendimos- seguir admirando el Gaudeamus Igitur.

Se trata de una canción estudiantil de autor anónimo que proviene de la Edad Media. En origen se titulaba De brevitate vitae ("Sobre la brevedad de la vida") y se coreó inicialmente en universidades alemanas a mediados del siglo XVIII. La letra pudiera ser del siglo XIII, según un manuscrito en latín fechado en 1287 y encontrado en la Biblioteca Nacional de París. Las palabras de algunos versos son idénticas, aunque no aparece la expresión inicial "Gaudeaumus Igitur". La música se atribuye a Johann Cristian Grüntaus y fue reescrita en 1781 por el teólogo evangelista Chétien Wilhelm Kindleben. Johannes Brahms, incluyó esta melodía en su obertura "Akademische Fest-Ouverture", compuesta en 1880 para agradecer su nombramiento como Doctor Honoris Causa por la Universidad de Breslau.

El pensador Paul Auguez señaló que “vivir, sufrir, morir son tres cosas que no se enseñan en nuestras universidades y que, sin embargo, encierran toda la sabiduría necesaria al hombre”. En las universidades se ofrecen muchas carreras, pero el aprendizaje del alumnado universitario se extiende también mediante otras actividades presentes en los campus, como las tunas en los actos solemnes. Escuchar recientemente el himno universitario de toda Europa, el "Alegrémonos pues", ha removido muchos recuerdos aportados por su melodía y su letra, que encierra grandes verdades.

Las estrofas son explícitas, con alguna como la quinta tan desenfadada que se suprime en las distintas versiones adoptadas por cada universidad. Sus enseñanzas bien merecerían ser reconocidas durante toda la vida, porque además de consejos para la juventud son reflexiones muy ilusionantes. Dicen sus versos traducidos a “romano paladín”: “¡Alegrémonos pues, mientras seamos jóvenes! Tras la divertida juventud, tras la incómoda vejez, nos recibirá la tierra. ¿Dónde están los que antes que nosotros pasaron por el mundo? Subid al mundo de los cielos, descended a los infiernos, donde ellos ya estuvieron. ¡Viva la Universidad, vivan los profesores. Vivan todos y cada uno de sus miembros, resplandezcan siempre! Nuestra vida es corta, en breve se acaba. Viene la muerte velozmente, nos arrastra cruelmente, no respeta a nadie. ¡Viva nuestra sociedad! ¡Vivan los que estudian! ¡Que crezca la única verdad, que florezca la fraternidad y la prosperidad de la patria! Viva también el Estado, y quien lo dirige. ¡Viva nuestra ciudad, y la generosidad de los mecenas que aquí nos acoge! ¡Muera la tristeza, mueran los que odian! ¡Muera el diablo, cualquier otro monstruo, y quienes se burlan! Florezca el Alma Mater que nos ha educado, y ha reunido a los queridos compañeros que por regiones alejadas estaban dispersos”. Maravillosas inspiraciones, para cualquier edad.

Cuento cruento

Historia de un hombre tan invisible que nadie se percató de que existía.

Era un soñador utópico, que conocía amargamente el eterno ahora de la soledad. De esa soledad llena de distancias. La rutina de su vida le llevaba al exilio de la incomunicación. Incluso viajaba en el metro para apretar su soledad con otros cientos de soledades. Bien sabía que la soledad almuerza con la tristeza, come con el abatimiento y cena con la desesperación.

Necesitaba una dieta de cariño. Una amiga a quien contra sus soledades. Una mujer que le liberara de los monstruos que nos devoran en la soledad. Una compañera que le ayudase a romper la asimetría de su pequeñez frente al colosal mundo exterior. Intuía que era sólo un Adán que soñaba con el paraíso, pero que siempre despertaba con todas sus costillas intactas.

Se encerró en casa, resuelto a no regresar a las hostiles calles. Apagó para siempre la televisión, donde sólo monologan gentes sin escucharse. Cuando se le acabaron los víveres, decidió tirarse por la ventana de su cuarto piso. Llevaba tantos días sin hablar con nadie, ni oír las noticias, que no supo de la huelga de limpieza. Cayó sobre una montaña de bolsas de basura. En pijama repasó sus desperfectos. Comprendió que había sobrevivido sin daños; apenas una gota de sangre en una rozadura. Pero, quizá con el batacazo, su soledad se hizo añicos.

No tenía llaves para volver a su hogar. Pidió ayuda a unos transeúntes. Le socorrieron con amabilidad. Desde aquel incidente su soledad, que había crecido más y más como un cerdo obeso, fue consumiéndose. Eligió abandonar el elegido destino de una mezquina soledad. La tristeza desapareció cuando descubrió que nunca conviene llegar al fondo de la soledad. Quienes le rodeaban se alegraron de su vuelta, tras aquel destierro de soledad.

Procrastinación: Un mal actual

Esta denominación es designación de la dominación por la indeterminación: No perezca en la pereza.

Una grave enfermedad contemporánea es la procrastinación, la actitud de postergar los problemas o de aplazar las tareas que se imaginan dificultosas. El descriptivo término es un anglicismo reconocido por la Academia de la Lengua, derivado del latín pro (para) y de cras (mañana), que matiza el atávico pecado capital de la pereza como esa demora e inactividad provocada por el temor y la comodidad.

La procrastinación conduce a evitar o aplazar consciente o inconscientemente lo que se percibe como desagradable o incómodo. Es el caso del ejecutivo que eterniza una reunión para evitar un conflicto o el estudiante que sistemáticamente demora estudiar. Se enmascara la ociosidad desviando la atención hacia otras tareas más asequibles. La Biblia dice que “El perezoso quiere y no quiere al mismo tiempo”. Los perezosos tienen siempre deseos de hacer algo, pero no aquello que deberían afrontar. La procrastinación deja para mañana lo que debe hacerse hoy. Se complica más cuando se justifica con excusas y más excusas. Escudándonos tras disculpas huecas sólo nos engañaremos a nosotros mismos.

La procrastinación crónica origina incluso trastornos psicológicos, y en cualquier caso actúa como un ladrón de tiempo. El “déjalo para mañana” realmente es el arte de “vivir en el ayer”. Los perezosos siempre encuentran razones para esperar. Siguen la ley del mínimo esfuerzo: Pueden estar ocupados en intrascendentes aficiones, pero son incapaces de cumplir sus obligaciones con esmero metódico. Deberían saber que si el trabajar duro frecuentemente sólo rinde con el tiempo, en cambio la holgazanería se paga al contado.

El laborioso gana su vida; el perezoso la roba y cree suerte el éxito del trabajador. Ante la misma situación responden muy distintamente. Quién no ha visto a un albañil cantando alegremente mientras dispone ladrillos, junto a otro amargado que realiza la misma tarea con desgana. Y lo mismo en las aulas o en las familias. Hay padres y profesores que se recrean en las tareas del hogar y en la educación, y quienes parece que sólo saben quejarse del trabajo y de los quebraderos de cabeza que les proporcionan sus hijos o sus alumnos.

Una persona con pereza es un reloj sin cuerda que se fatiga de su propia vagancia. La holganza hace caer en profundo sueño que disgrega la voluntad. Basta de excusar nuestra pereza so pretexto de la dificultad. Liberémonos de la esclavitud de la pereza, que conduce inevitablemente a la pobreza y a la tristeza. El diablo tienta a todos, pero el perezoso tienta al diablo. Sócrates incluso amplía el concepto de indolencia y señala que “No es perezoso únicamente el que nada hace, sino también el que podría hacer más y mejor lo que hace”.

Huyamos de la procrastinación. Muchas veces nos lamentamos de las oportunidades que se escaparon de nuestras manos por diferirlas o aplazarlas. Tranvías que pasaron y no volverán. Los estudios que no acabamos, las amistades que no cultivamos, la ayuda que no prestamos… La diferencia entre un sueño y una meta es la acción. La meta tiene un objetivo, una línea de tiempo y unas etapas intermedias; el sueño es... una fantasía. No dejemos que nuestros ensueños nos roben nuestra realidad. Si de verdad deseamos algo empecemos, movámonos, actuemos. Todos podemos si queremos; además nos lo debemos a nosotros mismos... y a quienes nos necesitan.

Repaso al verano

El verano es un boomerang lanzado que casi siempre vuelve.

Nada como las vacaciones estivales para comprender el esfuerzo humano por aprehender la vida, que como agua recogida con las manos se nos escurre entre los dedos. Aunque nuestro corazón se rige por su propio calendario, con la alegría alarga los días y con la tristeza encoge las fechas, la medida de luz solar parece dilatar en todos nosotros los minutos que adornan cada hora diurna del veraneo.

En verano nacen seres maravillosos que tienen de vida un día, una semana o un mes. En tan breve lapso de tiempo revolotean a nuestro alrededor, proclamando lo efímero de una existencia que, en su caso, no sobrepasa una estación del año. Son un aviso para las personas que también sentimos cómo ha volado otro verano y que nos esperan meses de trabajo en serie y en serio.

Amigo lector: Si la displicencia por el fin de las vacaciones le surge, no se preocupe, no es el único. Pero no vale la pena disgustarse porque ya se terminó el verano; mejor sonreír porque sucedió. Un proverbio sueco declara que "una vida sin amor es como un año sin verano". A la espera del próximo estío, que como las golondrinas acudirá a su cita excepto el último año, nos queda el recurso de convertir nuestra vida en una permanente pasión con un poco de ternura, algo de amistad, bastante cordialidad, mucha vocación y raudales de optimismo.