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Agua fresca para beber más, y nunca muy caliente

Hoy responderemos a una pregunta que nos hacemos a menudo: ¿A qué temperatura conviene beber el agua? Veamos lo que dicen los investigaciones. ¿Importa la temperatura del agua que bebemos? Sí, y los datos advierten más precaución del calor que del frío. Casi todo lo que sabemos cabe en tres ideas: no beber demasiado caliente, preferir lo fresco con calor o ejercicio y no temer en exceso al frío.

Empecemos por lo más sólido. El 15 de junio de 2016, la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC) clasificó las bebidas muy calientes, por encima de 65 °C, como probablemente cancerígenas para los humanos (grupo 2A), por su relación con el cáncer de esófago. Los estudios venían de China, Irán, Turquía y Sudamérica, donde té y mate se suelen tomar a unos 70 °C. El foco es la temperatura, no la bebida: café y mate a temperaturas normales quedaron en el grupo 3, «no clasificables». 

En la provincia iraní de Golestán, un estudio publicado en el BMJ el 27 de marzo de 2009 comparó a 300 personas con cáncer de esófago y 571 controles. Quienes decían tomar el té muy caliente tenían un riesgo unas ocho (8) veces mayor (razón de odds de 8,16) que quienes lo tomaban templado. También pesaba la prisa: beberlo antes de dos (2) minutos tras servirlo daba una razón de 5,41 frente a esperar cuatro (4) o más. Son estudios observacionales: muestran una asociación, no una prueba definitiva. En todo caso, esperar unos minutos cuesta poco.

El agua fresca tiene a su favor algo sencillo: se bebe más. Ya en enero de 1996, el American College of Sports Medicine recomendaba (Medicine & Science in Sports & Exercise) que los líquidos del ejercicio estuvieran más fríos que la temperatura ambiente, entre 15 y 22 °C. La revisión sistemática de Catriona Burdon y su equipo (2012), con catorce (14) estudios, halló que las bebidas por debajo de 22 °C gustaban más (diez estudios), se bebían cerca de un 50 % más (cinco) y reducían la deshidratación del ejercicio en un 1,3 % del peso corporal (cuatro).

¿Y la creencia de que el agua fría «corta la digestión»? En lo que hemos consultado, lo medido es transitorio: en un estudio de la Universidad de Sheffield (Gut, 1988) con una bebida de naranja, la de 4 °C salió del estómago más despacio al principio que la de 37 °C, y el estómago recuperó la temperatura corporal en veinte o treinta (20-30) minutos. Quien tenga sensibilidad dental o molestias al tragar suele notar más el frío, y quizá prefiera el agua templada.

Lo decisivo es beber lo suficiente. El 26 de marzo de 2010, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) consideró adecuados 2,0 litros diarios de agua para las mujeres y 2,5 para los hombres (agua total, también la de los alimentos. Si una temperatura nos ayuda a llegar a esa cantidad, bienvenida; si nos aparta de ella, estorba.

Recomendamos, pues, tres gestos: agua fresca (por debajo de 22 °C) cuando hace calor o hacemos deporte; agua templada si el frío molesta; y cuatro (4) minutos de espera antes del primer sorbo de cualquier bebida recién servida. Un termómetro de cocina de pocos euros permite comprobarlo en casa. Una cita: «Ἄριστον μὲν ὕδωρ»: «Lo mejor es el agua». Píndaro, Olímpica I (476 a. C.), compuesta para Hierón de Siracusa.

Os proponemos una tarea con plazos. Lectura: el resumen de la IARC (15-06-2016), comentado en casa o en clase. Activismo: pedir fuentes de agua accesibles en colegios e institutos. Objetivos: a dos (2) años, que cada centro de nuestro entorno las tenga y funcionen; a diez (10) años, que esperar antes de beber lo caliente sea un hábito familiar. Evaluación: cada octubre, contar las fuentes operativas y preguntar en casa quién respeta ya los cuatro (4) minutos.

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