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El milagro del vuelo: De los vencejos de Getxo al charrán ártico

El milagro del vuelo: De los vencejos de Getxo al charrán ártico
Siempre nos maravilló la magia de cómo vuelan las aves o los insectos por el cielo. Hoy repasamos algunas lecciones de ornitología para aprender a mirar y admirar el vuelo de a nuestro alrededor. Siempre nos maravilló la magia de cómo vuelan las aves o los insectos por el cielo. Hoy repasamos algunas lecciones de ornitología para aprender a mirar y admirar el vuelo de a nuestro alrededor. 

¿Te has fijado alguna vez en un vencejo? Esa tarde de verano en que el cielo de Bizkaia se llena de chillidos y veloces flechas negras, quizá te hayas preguntado, como hacemos tantos adultos, cómo es posible que no se cansen nunca. Este fin de semana, paseando por los acantilados de La Galea en Getxo, nos detuvimos a observar a las gaviotas suspendidas frente al mar Cantábrico. Nuestra nieta, que tiene ahora ocho años, con esa curiosidad inagotable de la infancia, nos lanzó la pregunta definitiva: «Aitite, ¿cómo pueden volar tanto tiempo sin caerse al suelo?».

Responder a las mejores preguntas, que siempre son las de esa edad, requiere huir de la jerga densa. Empecemos por lo evidente: un pájaro es un cuerpo magistralmente diseñado para la ligereza. Le explicamos a Léa que sus huesos son huecos por dentro, como diminutas cañas, y sus plumas pesan casi nada, actuando como hélices y timones de altísima tecnología. 

Pero lo verdaderamente importante está en el ala. Le propusimos un ejemplo que todos hemos vivido: imagina que sacas la mano por la ventanilla del coche en movimiento y la inclinas ligeramente hacia arriba; notarás que el aire la empuja. Eso mismo hace el ala de un ave, que es curva por la parte superior y más plana por la inferior. Esa diferencia geométrica obliga al aire a viajar más rápido por encima, creando un poderoso efecto físico llamado «sustentación». Para Léa, fue fácil imaginarlo como una inmensa mano invisible que empuja sus barriguitas hacia las nubes. Para avanzar, les basta con batir esas alas.

Ahora viene lo verdaderamente asombroso. Muchas aves apenas aletean, aprovechando el aire como nosotros aprovecharíamos un inmenso tobogán. Cuando el sol calienta el suelo, el aire asciende formando columnas invisibles (las corrientes térmicas). Especies como las águilas y las cigüeñas se suben a ellas, dando vueltas hasta ganar altura sin gastar apenas fuerzas, para luego dejarse deslizar hacia su destino. Por su parte, los majestuosos albatros, con unas alas de unos tres (3) metros de envergadura, hacen lo propio sobre las olas del océano, aprovechando el viento que choca y sube por ellas.

¿Y cómo aguantan días, semanas o meses? Hay récords que parecen auténticos cuentos. Un fascinante estudio de la Universidad de Lund, dirigido por Anders Hedenström y publicado en el año 2016, siguió a vencejos comunes (Apus apus) con diminutos aparatos y concluyó que algunos pasan hasta diez meses seguidos en el aire: comen diminutos insectos al vuelo, beben rozando el agua de los lagos y, lo más increíble, duermen planeando.

No son los únicos viajeros infatigables de nuestros cielos entre tantas migraciones animales (posts). Una aguja colipinta pasó once días volando sin parar entre Alaska y Tasmania, cubriendo unos 11.000 kilómetros, según los asombrados investigadores que la monitorizaron en el año 2022. Y no olvidemos al heroico charrán ártico, que recorre cada año unos 70.000 kilómetros en su migración extrema entre el Polo Norte y el Polo Sur. 

Te preguntarás cómo duermen en travesías tan exigentes. Apagan la mitad de su cerebro para descansar en micro-siestas, mientras la otra mitad vigila, pilotando y controlando el viento. Es como si una mitad de ti durmiera placenteramente la siesta y la otra mirase con atención el camino. Además, antes de partir ingieren enormes cantidades de alimento para almacenar grasa, que es su gasolina natural.

Nos gusta pensar que la sorpresa al verlas volar es la mejor forma de empezar a amar la ciencia. Por ello, desde este modesto blog, os proponemos un plan de acción intergeneracional. A dos años vista: salgamos una vez al mes con un niño o niña a observar aves y anotemos en un cuaderno las especies vistas (nuestra meta inicial: 24 salidas y 20 especies locales identificadas). A cinco años: participemos juntos en un censo ciudadano de aves (como los de SEO/BirdLife) y leamos al menos tres libros de ornitología divulgativa. A diez (10) años, cuando este humilde bloguero supere ya los ochenta años, el objetivo vital es haber transmitido definitivamente esta afición a una persona más joven que ya observe el cielo por su cuenta. Para evaluar el éxito, revisaremos nuestro cuaderno cada doce meses, ajustando el plan y comparando especies.

Yo soy uno de los que ya ha empezado este reto. ¿Lo eres tú? ¿Cuántos vencejos contarás esta misma noche asomado a tu ventana? (Véase más sobre nuestra naturaleza local en entradas anteriores). “Déjate llevar por el niño que fuiste”, apuntó José Saramago. Eskerrik asko por seguir volando y aprendiendo a nuestro lado.

@masalladelhorizonte7 El charrán ártico realiza uno de los viajes más impresionantes de la naturaleza: vuela desde el Ártico hasta la Antártida y después regresa. Esta pequeña ave cruza océanos enteros para vivir dos veranos cada año. 🐦🌎❄️ #CharránÁrtico #AnimalesSorprendentes #Naturaleza #Aves #DatosCuriosos ♬ sonido original - Más Allá Del Horizonte 77

1 comentario:

  1. Es fascinante cómo la naturaleza diseña mecanismos tan perfectos para el vuelo continuo. ¿Cree que las nuevas tecnologías de drones basadas en la biomecánica de estas aves podrían mejorar su eficiencia energética en el futuro?

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