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Horizontes de la civilización: Ciencia para confiar en el futuro

Ante cierta desesperación circulante por doquier, aparece un libro "Horizontes de la civilización", una esperanza razonada frente al vértigo fatalista del presente. Porque, afortunadamente, hay obras que nacen para llevar la contraria a su época. "Horizontes de la civilización. Una mirada optimista al futuro de nuestra especie" (Editorial Planeta, 2026) es uno de ellos. 

Su autor, Héctor Socas (@hsocasnavarro), no es un ensayista de gabinete sino un astrofísico con más de dos décadas de trabajo en el Instituto de Astrofísica de Canarias, director de la Fundación del Telescopio Solar Europeo y creador del influyente podcast Coffee Break: Señal y Ruido. Esa doble condición —científico en activo y divulgador experimentado— marca el tono del libro: no se trata de un tratado de futurología ingenua, sino de un ejercicio de esperanza construido con el mismo rigor con el que se estudia el Sol o se diseña una misión espacial. 

El punto de partida es un diagnóstico compartido por buena parte de la cultura contemporánea: vivimos instalados en un pesimismo crónico, alimentado por discursos apocalípticos sobre el cambio climático, la inteligencia artificial o la crisis civilizatoria. Socas no niega la magnitud de estos desafíos, pero invierte la pregunta habitual. En lugar de preguntarse qué nos va a destruir, propone indagar en qué clase de civilización queremos convertirnos, ahora que disponemos, por primera vez en la historia, de la capacidad técnica para decidirlo de manera consciente. Ese desplazamiento —de la fatalidad al proyecto— es el verdadero eje argumental de la obra.

A lo largo de sus ocho ensayos, el autor recorre un territorio amplio: la inteligencia artificial y la posibilidad de convivir con formas de cognición no humana, la bioingeniería y sus implicaciones sobre qué significa seguir siendo humanos, la exploración espacial como horizonte de expansión de la especie, y la sostenibilidad como condición de supervivencia más que como opción moral. El libro se mueve con soltura entre la divulgación científica, la reflexión filosófica y ciertos guiños a la literatura de anticipación, sin renunciar en ningún momento a la solvencia del especialista que ha dedicado su vida a estudiar el lugar de la humanidad en el cosmos.

Lo más interesante, sin embargo, no es el inventario de tecnologías emergentes —terreno ya transitado por buena parte del ensayismo reciente sobre inteligencia artificial y transhumanismo— sino la apuesta de fondo: una defensa razonada de la esperanza que no se apoya en la negación del riesgo, sino en la historia y en la ciencia. En este sentido, el libro dialoga, aunque sin citarlos expresamente, con una tradición de pensamiento que ha hecho de la esperanza un acto racional antes que un sentimiento ingenuo: la razón vital orteguiana, que entiende al ser humano como proyecto y no como esencia fija; el agonismo de Unamuno, para quien la fe en el futuro se sostiene precisamente sobre la incertidumbre; o incluso el conatus spinoziano, esa tendencia de toda realidad a perseverar y afirmarse frente a la adversidad.

Cabe señalar, para un lector exigente, que la apuesta optimista de Socas no está exenta de tensión con otras corrientes del pensamiento contemporáneo sobre la técnica —desde las advertencias de Hans Jonas sobre el principio de responsabilidad hasta las lecturas más críticas del solucionismo tecnológico—, que ven en la confianza en la innovación un riesgo en sí mismo. El propio libro parece consciente de ello: su optimismo se presenta como decisión deliberada, no como diagnóstico complaciente, lo que abre un espacio legítimo de debate más que cerrarlo. 

Horizontes de la civilización se inscribe así en un género en auge, el del ensayo científico-filosófico sobre el futuro de la especie, pero lo hace desde una posición singular: la de quien observa la fragilidad humana con la misma distancia con la que se observa una estrella, y encuentra en esa distancia motivos no para el desánimo, sino para la lucidez. Una lectura recomendable para quien busque pensar el porvenir sin ceder ni al catastrofismo ni a la ingenuidad tecnológica.

Quizá esa sea la principal aportación del libro: recordar que el pesimismo también puede convertirse en una forma de pasividad. Si consideramos inevitable el desastre, desaparece el incentivo para modificar el rumbo. El optimismo razonado propone exactamente lo contrario: reconocer los riesgos sin convertirlos en profecías.

La educación tiene aquí un papel fundamental. Formar a las nuevas generaciones no debería consistir únicamente en transmitir conocimientos sobre el mundo existente, sino en proporcionarles herramientas para imaginar, evaluar y construir mundos posibles. Ciencia y humanismo vuelven a encontrarse en esa tarea.

Horizontes de la civilización plantea, en definitiva, una pregunta tan antigua como la propia humanidad y tan actual como la inteligencia artificial: ¿qué queremos llegar a ser? Su respuesta no está escrita en las estrellas. Dependerá de nuestra capacidad para combinar conocimiento científico, prudencia, imaginación, ética y cooperación. Mirar hacia el futuro con esperanza no significa cerrar los ojos ante sus peligros. Significa, precisamente, creer que todavía merece la pena abrirlos.

Elementos químicos que forman el cuerpo humano

Cuando Carl Sagan afirmó que somos "polvo de estrellas", no recurría a una metáfora poética gratuita, sino a una descripción rigurosamente científica de nuestra composición material. El cuerpo humano, en su intrincada arquitectura biológica, no es sino una disposición particular de átomos forjados en el interior de estrellas que murieron mucho antes de que existiera el sistema solar. Comprender qué elementos químicos nos constituyen, y en qué proporciones, es adentrarse en una de las conexiones más profundas entre la física, la química y la biología.

Aproximadamente el 96% de la masa corporal humana se concentra en solo cuatro elementos: oxígeno, carbono, hidrógeno y nitrógeno. El oxígeno, el más abundante con cerca del 65% del peso corporal, no se encuentra libre sino combinado mayoritariamente en forma de agua, que constituye entre el 55% y el 60% de nuestra masa. El carbono, columna vertebral de toda química orgánica, ronda el 18% y es el elemento que permite la formación de las cadenas y anillos moleculares sobre los que se sostienen proteínas, lípidos, carbohidratos y ácidos nucleicos. El hidrógeno, presente en casi todas las moléculas orgánicas y en el agua misma, aporta cerca del 10%, mientras que el nitrógeno, esencial en aminoácidos y bases nitrogenadas, contribuye con algo más del 3%.

Un segundo grupo de elementos, minoritarios en masa pero indispensables en función, completa buena parte del resto: calcio y fósforo, protagonistas de huesos y dientes pero también del metabolismo energético celular; potasio y sodio, reguladores del equilibrio hídrico y de la transmisión de impulsos nerviosos; azufre, presente en ciertos aminoácidos y en la estructura terciaria de las proteínas; cloro, ligado al equilibrio electrolítico; y magnesio, cofactor de cientos de reacciones enzimáticas.

Más allá de estos elementos mayoritarios, el organismo alberga una veintena de elementos traza, entre ellos hierro, zinc, cobre, yodo, selenio, manganeso, cromo, cobalto, molibdeno y flúor, presentes en cantidades minúsculas, a veces miligramos o incluso microgramos, pero cuya ausencia resulta incompatible con la vida. El hierro, componente de la hemoglobina, permite el transporte de oxígeno; el yodo es indispensable para la síntesis de hormonas tiroideas; el zinc participa en la actividad de cientos de enzimas y en la expresión génica. La química de la vida, se diría, opera tanto por acumulación como por escasez calculada. 

Lo verdaderamente notable de este inventario elemental no es solo su diversidad, sino su origen. Salvo el hidrógeno, formado en los primeros minutos tras el Big Bang, el resto de los elementos que componen nuestro cuerpo se sintetizó en el interior de estrellas, mediante procesos de fusión nuclear, o en las explosiones catastróficas de supernovas que dispersaron esos átomos por el cosmos. El calcio de nuestros huesos, el hierro de nuestra sangre, el oxígeno que respiramos: todo procede de hornos estelares extinguidos hace miles de millones de años. Esta perspectiva, lejos de disolver la singularidad humana en un frío inventario químico, invita a una forma distinta de asombro: la de reconocernos como el resultado transitorio y organizado de una historia cósmica que nos antecede y nos excede con largueza.

La biología, en este sentido, no contradice a la química ni a la física, sino que las culmina: organiza la materia dispersa en sistemas capaces de metabolizar, reproducirse y, en el caso humano, de preguntarse por su propio origen. Saber de qué estamos hechos no resuelve el misterio de la existencia, pero sí lo sitúa en su escala justa: la de una materia que, tras miles de millones de años de evolución cósmica, ha aprendido, contra toda probabilidad, a mirarse a sí misma.


El cuerpo humano está constituido por unos 60 elementos químicos, aunque casi el 99% de su masa total se concentra en tan solo seis de ellos.

Elemento

Símbolo

% en masa

Función principal

Oxígeno

O

65,0%

Formación del agua celular y respiración oxidativa.

Carbono

C

18,5%

Esqueleto estructural de las moléculas orgánicas (proteínas, lípidos, glúcidos).

Hidrógeno

H

9,5%

Componente del agua y de la mayoría de compuestos orgánicos.

Nitrógeno

N

3,2%

Presente en aminoácidos, proteínas y ácidos nucleicos (ADN y ARN).

Calcio

Ca

1,5%

Rigidez en huesos y dientes, contracción muscular y transmisión nerviosa.

Fósforo

P

1,0%

Estructura ósea, membranas celulares y transferencia de energía (ATP).

Potasio

K

0,4%

Regulación de impulsos nerviosos y volumen celular.

Azufre

S

0,25%

Componente de aminoácidos esenciales como la cisteína y la metionina.

Sodio

Na

0,2%

Control de la presión arterial y transmisión de impulsos eléctricos.

Cloro

Cl

0,15%

Mantenimiento del equilibrio de fluidos y digestión (ácido clorhídrico).

Magnesio

Mg

0,1%

Cofactor en más de 300 reacciones enzimáticas metabólicas.


Oligoelementos o elementos traza (< 0,1% en conjunto)

El porcentaje restante, aunque diminuto, resulta biológicamente imprescindible para el correcto funcionamiento del organismo: Hierro (Fe): ~0,006% (transporte de oxígeno en la hemoglobina). Zinc (Zn): ~0,0033% (sistema inmunitario y división celular). Otros elementos microscópicos: Cobre (Cu), Yodo (I), Flúor (F), Manganeso (Mn), Selenio (Se), Cromo (Cr), Molibdeno (Mo), Cobalto (Co) y Silicio (Si). Aunque esta distribución varía ligeramente según la edad, la masa muscular y el nivel de hidratación individual, el agua (H_2O) representa entre el 55% y el 65% del peso total de un adulto, lo que explica la alta presencia de oxígeno e hidrógeno.

Grabaciones del eclipse lunar parcial de 2026

Eclipse parcial de Luna desde Mil Palmeras
Álbum de imágenes.

A pesar de las nubes y de que ha chispeado un pco de lluvia, hemos podido grabar la parte final y más completa del eclipse parcial de la Luna (post previo con los detalles). Nos han acompañado y sorprendido por su aparición, a pesar del madrugón, los más fieles amigos, Sara y su padre Rafael. Post en elaboración.    
@agirregabiria

Eclipse parcial de Luna desde Mil Palmeras

♬ Total Eclipse of the Heart - Bonnie Tyler

Eclipse lunar parcial del próximo 28 de agosto de 2026

Post siguiente con las imágenes grabadas.

El eclipse lunar parcial del próximo viernes 28 de agosto de 2026 se desarrollará durante la madrugada y el amanecer. La fase de máxima cobertura ocurrirá cuando la Luna se encuentre a baja altura sobre el horizonte en dirección Oeste - Suroeste (SSO), por lo que es esencial situarse en zonas con perspectiva despejada hacia esa orientación (tierra adentro).


Horarios del eclipse (madrugada del 28 de agosto) 

  • 03:24 h – Inicio de la fase penumbral: Sutil oscurecimiento en el brillo lunar.
  • 04:34 h – Inicio de la parcialidad: Comienza a ser claramente visible la sombra terrestre en el disco lunar.
  • 06:13 h – Máximo del eclipse: La Luna alcanzará un 93% de ocultación, adquiriendo tonos rojizos cerca del horizonte.
  • 07:35 h – Puesta de la Luna: La Luna se ocultará por el horizonte mientras se aproxima el amanecer.

Dónde observarlo en Mil Palmeras y alrededores: 


Playa de Mil PalmerasOfrece una amplia visión del cielo nocturno y un entorno accesible para situarse cómodamente durante la madrugada. Aunque la Luna estará al oeste (hacia el interior de la costa), la amplitud del paseo y de la playa permite encontrar zonas despejadas lejos de obstáculos inmediatos.

Torre de la Horadada. Situada a corta distancia al sur de Mil Palmeras, esta franja litoral cuenta con amplias explanadas abiertas. Sus vías de acceso despejadas facilitan enfocar el horizonte terrestre hacia el oeste sin interferencia de grandes edificios.


Playa del Conde. Un enclave tranquilo junto a la emblemática torre vigía. Sus espacios abiertos permiten apostarse con comodidad para seguir el descenso de la Luna y capturar fotografías combinando la silueta del paisaje local con la tonalidad rojiza del eclipse.

Consejos prácticos: 

  • Orientación: Asegúrate de colocarte en puntos con la vista despejada hacia el Oeste / Suroeste, evitando que las urbanizaciones de primera línea o árboles altos tapen la Luna a partir de las 05:30 h, cuando estará más baja.
  • Observación directa: Los eclipses de Luna son 100% seguros a simple vista, sin necesidad de filtros solares.
  • Equipo recomendado: Unos prismáticos estándar (7x50 u 8x42) o una cámara con trípode te permitirán apreciar detalles del borde de la sombra y la superficie lunar.

Grabaciones del eclipse solar desde Mil Palmeras


Solamente pudimos ver el inicio y el final del eclipse parcial, por unas inoportunas nubes. Convocamos a un numeroso grupo de nuestra comunidad, del orden de un centenar, pero pocos se quedaron tras la hora de espera. 

Durante la semana previa buscamos localizaciones cercanas, a menos de 15' de nuestra urbanización, con vista despejada hacia el oeste. Elegimos la opción de la calle Río Llobregat, donde está Riomar 9. Escogimos este lugar por la perspectiva, por las referencias terrestres como farolas que aumentan la percepción del tamaño del Sol.

La jornada se ha completado, ya en la madrugada del jueves 13 de agosto de 2026, con el pico máximo de la Lluvia de Estrellas de las Perseidas. La mejor hora fue entre las 04:00 y las 06:00 de la madrugada, aunque se pudo ver meteoros desde la medianoche. Debimos mirar hacia el cielo abierto en zonas oscuras del hemisferio norte, lejos de la luminosidad de la ciudad. La madrugada anterior tuvimos una espectacular alineación de planetas (ver en este imagen).

Post en elaboración a completar en las próximas horas.
Eclipse solar 2026
Álbum de imágenes.
 
@agirregabiria

Final eclipse solar, Mil Palmeras 2/4

♬ oryginalny dźwięk - 🫰🫰Renata 9501🤪🔥

Eclipse solar en Mil Palmeras: Guía y observación segura

 

El próximo miércoles 12 de agosto de 2026, España vivirá un acontecimiento que no se producía sobre suelo peninsular desde hace más de un siglo: un eclipse solar total cruzará el norte del país, de Galicia a Baleares, mientras que en el resto del territorio —incluida la costa alicantina de Mil Palmeras, en Pilar de la Horadada— el fenómeno se vivirá como un eclipse parcial de una profundidad extraordinaria.

Desde Mil Palmeras y su entorno, muy próximo a Torrevieja y al Mar Menor, la Luna cubrirá en torno al 98,5 % del disco solar, un porcentaje tan alto que el día perderá buena parte de su luz sin llegar a la oscuridad total propia de la totalidad. El fenómeno comenzará hacia las 19:48 y alcanzará su máximo alrededor de las 20:36, con el Sol ya muy bajo, apenas a 4 grados sobre el horizonte, en dirección oeste-noroeste. El astro se pondrá hacia las 20:48, todavía parcialmente eclipsado, ofreciendo un ocaso teñido de tonos rojizos y anaranjados inusualmente intensos, consecuencia del mayor espesor de atmósfera que atraviesa su luz a esa altura tan baja.

Para disfrutarlo desde Mil Palmeras conviene elegir un punto elevado y despejado hacia el oeste-noroeste, sin edificios, arbolado ni elevaciones que corten el horizonte en los últimos grados de altura solar, que es justo donde se producirá el momento culminante. Las zonas abiertas del interior de la localidad, alejadas del frente marítimo —que mira hacia levante—, o los terrenos elevados en dirección a Pilar de la Horadada y la Torre de la Horadada, ofrecen mejores perspectivas que el propio paseo. Conviene comprobar el entorno con antelación y llegar con tiempo, ya que el fenómeno completo, desde el primer contacto hasta la puesta de sol, se prolongará algo más de una hora.

La protección ocular es, en este eclipse, una cuestión ineludible. Ni siquiera un 98 % de ocultación permite mirar el Sol directamente sin protección homologada: la delgada fracción de disco que permanece visible sigue emitiendo luz suficiente para dañar la retina de forma irreversible, un daño que además puede producirse sin dolor y manifestarse solo horas después. Las gafas de eclipse deben cumplir la norma ISO 12312-2:2015, llevar marcado CE y estar en perfecto estado, sin arañazos ni perforaciones; ningunas gafas de sol convencionales, por oscuras que parezcan, ofrecen protección suficiente. 

Fotografiar o grabar el fenómeno con el teléfono móvil, prismáticos o telescopios exige asimismo un filtro solar homologado colocado sobre la óptica, nunca detrás del ocular. Quien prefiera un método sencillo y gratuito puede recurrir a la proyección estenopeica: un simple agujero en una cartulina, o incluso un colador de cocina, proyecta decenas de pequeñas imágenes del Sol eclipsado sobre una superficie blanca, sin riesgo alguno para la vista.

Y para quien decida prolongar la velada, la fecha coincide con la proximidad del máximo de las Perseidas, de modo que al cielo despejado del atardecer eclipsado puede seguirle, ya de noche, la lluvia de estrellas fugaces. Pocas veces el firmamento concentra tanta invitación a la contemplación en una sola jornada de agosto. Este eclipse abre además un tríptico celeste sin precedentes para España: en agosto de 2027 la totalidad alcanzará Ceuta y Melilla con casi cinco minutos de oscuridad, la mayor duración del siglo, y en enero de 2028 un eclipse anular cerrará la secuencia. 

Webs esenciales: MiradorEclipe, Visualizadores,…

Cómo los eclipses revolucionaron la ciencia

Hoy veremos toda la ciencia derivada de los eclipses: del hallazgo del helio a la relatividad general. Desde la historia más remota, de la Sombra a la Luz haremos un repaso de la Revolución Científica de los Eclipses. Durante milenios, el oscurecimiento repentino del cielo infundió un pavor sagrado en las civilizaciones antiguas. Sin embargo, la transición del mito a la razón convirtió estos fenómenos de alineación cósmica en laboratorios naturales insustituibles. La observación rigurosa de la sombra de la Tierra y la Luna no solo permitió desentrañar los engranajes de la mecánica celeste, sino que transformó de forma radical nuestra comprensión de la materia, la luz y la estructura misma del universo. 

La primera escala del Cosmos: Antigüedad y Geometría. El valor científico de los eclipses se manifestó tempranamente en la Grecia clásica. Al observar la sombra circular que la Tierra proyectaba sobre la Luna durante un eclipse lunar, Aristóteles dedujo de manera empírica la esfericidad de nuestro planeta. Décadas más tarde, Aristarco de Samos e Hiparco de Nicea emplearon la geometría de los eclipses para calcular, con una precisión asombrosa para su época, las distancias relativas y proporciones entre la Tierra, la Luna y el Sol. Aquellos breves momentos de penumbra ofrecieron a la humanidad su primera regla métrica para medir el cosmos.

El descubrimiento de nuevos elementos: La espectroscopia solarCon la llegada del análisis espectral en el siglo XIX, los eclipses solares totales abrieron una ventana inédita hacia la composición de las estrellas. En condiciones habituales, el deslumbrante resplandor de la fotosfera impide analizar las capas externas del Sol. Durante el eclipse total del 18 de agosto de 1868, observado desde la India, el astrónomo francés Jules Janssen y el británico Norman Lockyer analizaron de forma independiente la luz de la corona solar.

Al descomponer la luz de las prominencias solares, detectaron una línea de emisión amarilla inédita hasta entonces. Norman Lockyer concluyó que correspondía a un elemento desconocido en la Tierra y lo bautizó como helio (del griego Helios, Sol). No sería hasta 1895 cuando el químico William Ramsay aisló el helio en nuestro planeta, convirtiendo al eclipse de 1868 en el único evento científico donde se descubrió un elemento químico en el espacio antes que en la corteza terrestre.


La curva del espacio-tiempo: La prueba decisiva de EinsteinEl hito científico más emblemático vinculado a un eclipse ocurrió el 29 de mayo de 1919. Albert Einstein había formulado en 1915 su Teoría de la Relatividad General, postulando que la gravedad no es una fuerza distante, sino una curvatura del espacio-tiempo provocada por la masa. Según la teoría, la masa del Sol debía desviar la trayectoria de la luz proveniente de estrellas lejanas.


Para comprobarlo era indispensable fotografiar estrellas situadas justo detrás del disco solar, algo técnicamente imposible salvo durante la totalidad de un eclipse. El astrofísico Sir Arthur Eddington organizó dos expediciones históricas a la isla de Príncipe y a Sobral (Brasil). Al comparar las posiciones estelares durante la penumbra con las fotografías nocturnas previas, se midió exactamente la deflexión predicha por Einstein. El resultado no solo confirmó la relatividad, sino que catapultó al físico alemán a la fama mundial y reescribió la física moderna.


Un legado científico en constante evoluciónHoy en día, aunque instrumentos como el coronógrafo o los observatorios espaciales permiten simular eclipses artificiales, los eclipses totales naturales siguen ofreciendo oportunidades únicas. Permiten estudiar la baja corona solar, el comportamiento de la ionosfera terrestre y validar modelos de dinámica atmosférica. Los eclipses representan la quintaesencia de la divulgación pedagógica: un espectáculo natural fascinante que nos recuerda que las mayores respuestas de la ciencia a menudo aguardan en la brevedad de una sombra.