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La traviata de Verdi: la ópera de una libertad imposible

La traviata de Verdi: la ópera de una libertad imposible

En unos días nos deleitaremos en el Palacio Euskalduna con La traviata de Verdi, la ópera que quiso vestirse de su tiempo y sentó a la sociedad en el banquillo. En febrero de 1847 murió en París una joven de veintitrés años, y los periódicos le dedicaron tanta atención que, según anotó Dickens, durante días abandonaron la política, el arte y el comercio. Seis años después, en Venecia, ocurrió lo contrario: Marie Duplessis, la cortesana tísica que Dumas hijo había convertido en heroína, volvía a escena como Violetta Valéry y, el 6 de marzo de 1853, el público de La Fenice no se creyó a la soprano que la encarnaba y se burló de ella. 

Hoy La traviata compite con Carmen y La flauta mágica por ser la ópera más representada del mundo, según Operabase. Entre aquella burla y este éxito hay un reparto mejor elegido y algo más difícil de fechar: la disposición del público a reconocerse en Violetta. 

Un asunto de su propia época. Verdi vio La dama de las camelias en París, en febrero de 1852, junto a Giuseppina Strepponi, y al comenzar 1853 escribió a su amigo De Sanctis que preparaba para Venecia un tema de su propia época. Él y su libretista, Piave, querían vestir a los personajes con ropa del presente; las autoridades de La Fenice impusieron que la acción se situara hacia 1700, y habría que esperar a la década de 1880 para que se cumpliera su deseo. Es, además, la única ópera de Verdi que transcurre íntegramente en interiores: no hace falta calle para que el juicio de la sociedad entre por la puerta. 

El estreno: un fiasco con revancha. El primer acto terminó entre aplausos, pero en el segundo el público se volvió contra los cantantes, sobre todo contra Fanny Salvini-Donatelli, una soprano de 38 años que le pareció demasiado madura y corpulenta para morir de tisis. Al día siguiente, Verdi escribió a Emanuele Muzio que había sido un fiasco y se preguntó si la culpa era suya o de los intérpretes. Respondió el tiempo: el 6 de mayo de 1854, con retoques en los actos segundo y tercero y con Maria Spezia-Aldighieri como Violetta, la obra triunfó en el Teatro San Benedetto. 

El tribunal de las apariencias. Verdi conocía ese tribunal. Vivía con Strepponi sin estar casado, la pareja encontró hostilidad en Busseto y solo se casaron en 1859. Algunos comentaristas han querido oír en el severo padre Germont la voz de Antonio Barezzi, el protector de Verdi, que desaprobó aquella unión. Nadie puede confirmarlo, pero la sospecha ayuda a oír el gran dúo del segundo acto como la voz de un hombre razonable que, en nombre de la respetabilidad, destruye una vida.

El título mismo es un veredicto: traviata significa extraviada, descarriada, y la ópera se tituló en origen Violetta. Pero la música se niega a firmar la sentencia. Reserva a la «extraviada» su música más honda, incluido ese destello de vida justo antes de morir. Quizá por eso La traviata no envejece: siempre habrá alguien a quien llamar extraviada y alguien dispuesto a pagar la respetabilidad ajena. Tampoco ha desaparecido la enfermedad que mató a Marie Duplessis: la OMS calcula 1,23 millones de muertes por tuberculosis en 2024. 

Como propuesta a futuro. En dos años: leer la novela de Dumas hijo y ver tres Traviatas distintas (una clásica, una actualizada y una filmada), anotando qué juicio social retrata cada una. En cinco: escribir una reseña comparada y llevar a una persona joven a su primera ópera. En diez: mantener un voluntariado o una aportación regular a una causa contra la tuberculosis o a un programa que acerque la ópera a las escuelas.  

En unos días, álbum de imágenes.

El futuro de la democracia, según Daniel Innerarity

Siempre es un placer y un aprendizaje escuchar a Daniel Innerarity (posts previos), a quien puede conocer en persona y conversar largo y tendido en Getxo allá por 2002, gracias a Josune Ariztondo. Hoy lo hemos escuchado de nuevo, y recogemos su intervención, así como una reseña de su muy recomendable libro "El futuro de la democracia". Al final también recogemos recogemos recientes vídeos sobre este mismo tema. Todo de la mano de BBK Bilbao Kultura Social Forum 2026 extremadamente bien organizado por la Fundación Fair Saturday presidida por nuestro amigo Jordi Albareda (posts)

Encontrar Waterloo en Waterloo: Innerarity y el futuro de la democracia. Fabrizio del Dongo huye de Italia para sumarse al ejército de Napoleón y acaba estando en una batalla sin verla. Corre de un lado a otro, oye los cañones, pasa junto al emperador sin reconocerlo y, al final, solo sabría contar su asombro por no haber conseguido encontrar Waterloo en Waterloo. Con esa escena de La cartuja de Parma abre Daniel Innerarity su ensayo El futuro de la democracia (Galaxia Gutenberg, mayo de 2026). No es un adorno: la pregunta que recorre el libro es cómo ser un buen contemporáneo cuando el estruendo de las noticias impide distinguir lo decisivo de lo llamativo.

Theodor Adorno dejó una divisa para esa dificultad: mantener viva la conciencia de que, entre la ostentación y el alboroto, algo falta. Innerarity la aplica a la democracia, un régimen del que no sabemos si reclama indignación ante sus enemigos o serenidad confiada en su resistencia. 

Un título prestado a Bobbio. El título es de Norberto Bobbio, cuyo ensayo de 1984 nació de una conferencia en el Congreso de los Diputados en 1983. Entonces la democracia vivía un momento triunfal; hoy sabemos que puede retroceder, y eso cambia la manera de preguntar. Innerarity no cuenta su historia sino su porvenir, y arranca con una paradoja: hablar del futuro de la democracia es hablar de algo que no existe, porque lo propio de este régimen es poner el futuro en nuestras manos. La democracia de mañana será distinta de la de hoy; si fuera idéntica, no tendría futuro. 

Los malos y los males. La distinción más fértil del primer capítulo separa a los malos (autoritarios, golpistas, demagogos) de los males: desinformación, desigualdad, complejidad, instituciones mal diseñadas. Preferimos un culpable a una explicación estructural, enemigos a rivales, corrupción a torpeza. Pero si un gobernante sin escrúpulos puede hacer daño, argumenta el autor, es porque las instituciones estaban mal pensadas: los errores personales solo adquieren gran tamaño donde hay fallos de sistema. Hay malos, pero tal vez los males sean más dañinos. 

La fascinación de lo peor. Más incómodo es su segundo movimiento. El relato que lo explica todo por la brutalidad de los fuertes, con House of Cards como retrato, nos convierte en espectadores y desactiva la indignación. Innerarity pregunta a quién beneficia esa explicación derrotista, y apunta a los autoritarios, interesados en que creamos que pueden más de lo que pueden. Su aliado es Maquiavelo, que enseñó a los príncipes a conquistar, pero también a los pueblos a resistir. Con su imagen de la inundación: cuando llega, poco se puede hacer; en tiempo de calma se levantan los diques. 

Un mapa por recorrer. Estas líneas se apoyan en la introducción, el primer capítulo y el índice, disponibles en la web de la editorial. El índice anuncia diez partes y un epílogo: polarización, crisis de la democracia liberal, extrema derecha, políticas de identidad, democratizar el trabajo, la migración y el dinero, inteligencia artificial y tiempo. Algunos títulos, como una defensa de las políticas de la identidad o un capítulo contra el antiwokismo, toman partido en asuntos que dividen; conviene discutirlos con el texto entero delante y no con el titular. 

Buenos contemporáneos. En una entrevista, Innerarity dice partir del orgullo por una democracia a la que hay que hacer muchos ajustes, «sin arrojarla por la ventana». Quizá esa sea la forma más sobria de ser buen contemporáneo: no buscar la batalla donde más truena el cañón, sino preguntarse qué falta en el paisaje. ¿Qué falta hoy en nuestro Waterloo, y quién se ocupa de mirar?

Propuesta de acción. En lectura, a dos años: leer el libro junto al de Bobbio en un grupo de seis personas, una sesión mensual durante seis meses, y evaluar cuántos desacuerdos razonados es capaz de formular cada miembro. En escritura, a cinco años: llevar un cuaderno de «lo que falta», con una nota trimestral sobre algo que el ruido público omite, y revisar al final cuáles de esas intuiciones se confirmaron. En voluntariado, a diez años: participar en un órgano ciudadano local (asociación vecinal, consejo escolar, presupuestos participativos), con indicadores de asistencia, propuestas presentadas y mejoras logradas, evaluados cada dos años con otra persona.

El futuro de la democracia, Daniel Innerarity
Álbum de imágenes. Hace tres meses,...

Hace nueve meses,...

Hace un año,...

Momentos de memoria fotográfica de El País en Bilbao

Momentos de memoria fotográfica de El País en Bilbao
Álbum de imágenes.

Este domingo hemos podido ver y grabar la exposición Momentos, acogida en Bilbao hasta el 24 de septiembre de 2026. Es una selección de fotografías que recorre cinco décadas de historia a través de la mirada del fotoperiodismo de EL PAÍS. Instalada al aire libre en la calle Ercilla, la muestra reúne 55 imágenes de gran formato y convierte el espacio urbano en una particular galería de memoria colectiva.

La exposición forma parte de las actividades del 50º aniversario de EL PAÍS, nacido en 1976, y está comisariada por Marisa Flórez, fotógrafa y antigua editora gráfica del periódico. La selección combina acontecimientos internacionales y españoles que han quedado inscritos en la memoria contemporánea: la caída del Muro de Berlín, acontecimientos relacionados con las Torres Gemelas, migraciones, encuentros de dirigentes políticos o celebraciones deportivas. Son imágenes que, además de informar sobre un acontecimiento concreto, terminan convirtiéndose en iconos de una época.

Bilbao incorpora una dimensión especialmente cercana. Cinco fotografías añaden episodios vinculados a la historia vasca y bilbaína: la transformación industrial de Bizkaia, el regreso del lehendakari Jesús María Leizaola del exilio, la figura de José Ángel Iribar, la gabarra del Athletic surcando la ría y la Aste Nagusia. La elección establece un diálogo entre la historia general y la memoria local, entre aquello que aparece en los libros y aquello que permanece en la retina de varias generaciones.

La muestra recuerda también que hacer periodismo en Euskadi tuvo durante décadas una dificultad añadida por la violencia de ETA. El comisario de la exposición, Javier Moreno, señala que hubo un tiempo en que firmar una información con nombre propio podía entrañar un riesgo personal. La exposición no solo conserva fotografías: conserva también el contexto en el que fueron tomadas.

Cada imagen incorpora un código QR que permite acceder a un audio de la Cadena SER en el que Marisa Flórez explica su contexto y relevancia periodística. Así, la fotografía deja de ser únicamente contemplación y se convierte también en una invitación a comprender.

Quizá esa sea la idea más sugerente de Momentos: 50 fotografías no pueden contener 50 años de historia, pero pueden activar recuerdos personales y colectivos. Una imagen congela un instante; nuestra memoria se encarga después de devolverle movimiento. En una época saturada de imágenes digitales, la exposición reivindica precisamente el valor de aquellas fotografías que no solo muestran lo que ocurrió, sino que ayudan a entender quiénes fuimos, quiénes somos y cómo hemos llegado hasta aquí.

@agirregabiria

Momentos de El País en Bilbao 1/2

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Momentos de El País en Bilbao 2/2

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Harvard sobre el “Efecto Bilbao”: Más allá del Guggenheim

Un reciente caso de enseñanza del Bloomberg Harvard City Leadership Initiative, firmado por Fernando Monge, Jorrit de Jong y Linda Bilmes, revisa la transformación de Bilbao desde una perspectiva poco habitual: no como el triunfo de un edificio singular, sino como el resultado de dos décadas de arquitectura institucional colaborativa.

El relato arranca con una escena simbólica: en noviembre de 2017, el alcalde Juan Mari Aburto recoge en Londres el premio a la Mejor Ciudad Europea y reivindica que se hable del “efecto Bilbao” en lugar del “efecto Guggenheim”. Ibon Areso, durante décadas teniente de alcalde y artífice silencioso del urbanismo bilbaíno, lo resume con una frase que vertebra todo el caso: el museo de Gehry fue solo “la punta de un iceberg mucho más profundo”.

Ese iceberg tiene nombre propio: Bilbao Ría 2000. Creada en 1992 a partir de una idea del ministro José Borrell, esta sociedad pública reunió en un mismo consejo de administración —presidido por el alcalde— a representantes de los cuatro niveles de gobierno con intereses en el río Nervión: Estado, Gobierno Vasco, Diputación de Bizkaia y Ayuntamiento. Las decisiones se tomaban siempre por consenso, sin necesidad de votar, y el modelo se autofinanciaba revalorizando suelo industrial degradado para venderlo a promotores privados, reinvirtiendo los beneficios en nuevas actuaciones.

El caso documenta con detalle cómo ese diseño institucional convivió con una gestión política muy humana: reuniones individuales previas a cada consejo para tantear sensibilidades, largas comidas y sobremesas como espacio informal de construcción de confianza, y el compromiso simbólico de “cortar siempre juntos las cintas” en las inauguraciones. También recoge las tensiones reales del proceso: la expropiación polémica del solar de los Ybarra para el Museo Guggenheim Bilbao, la fuerte oposición vecinal y de comerciantes, las críticas de arquitectos locales y hasta la dimisión del arquitecto César Pelli tras un cambio de diseño.

Los datos económicos respaldan el relato: entre 1996 y 2015 el PIB per cápita de Bilbao se multiplicó por más de dos, pasando de 13.561 a 30.895 euros, muy por encima de la media española. El Guggenheim recibió 1,2 millones de visitantes en su primer año, casi el doble de lo necesario para amortizar la inversión pública.

Pero el caso termina con una pregunta abierta y muy actual: con una población que envejece y se reduce, ¿puede Bilbao repetir ese “esfuerzo coral” —la expresión que utiliza Areso— para afrontar su segunda transformación, esta vez hacia una ciudad del conocimiento? La lección de fondo, más allá de la anécdota arquitectónica, es metodológica: las grandes transformaciones urbanas no dependen de un edificio icónico, sino de instituciones capaces de alinear intereses divergentes, sostener la confianza a largo plazo y mantener una visión compartida pese al relevo político. Para cualquier ciudad que busque reinventarse, el verdadero legado de Bilbao no es Frank Gehry: Es Bilbao Ría 2000.

Resumen: El efecto Bilbao según Harvard: Gobernanza antes que arquitectura. Cuatro gobiernos, un consenso: así se reinventó Bilbao. El “esfuerzo coral” que convirtió Bilbao en referencia mundial, Bilbao como caso de estudio: colaboración institucional y confianza

@daremapp El 𝘦𝘧𝘦𝘤𝘵𝘰 𝘎𝘶𝘨𝘨𝘦𝘯𝘩𝘦𝘪𝘮... o el efecto Bilbao? 🤔 La obra de Frank Gehry inició el cambio en la ciudad, pero lo impresionante es cómo Bilbao se adaptó a los nuevos tiempos 🎨. Lo que está claro es que es una parada más que obligatoria 🍲 ------------- The 𝘎𝘶𝘨𝘨𝘦𝘯𝘩𝘦𝘪𝘮 𝘦𝘧𝘧𝘦𝘤𝘵... or the Bilbao effect 🤔. Frank Gehry's work initiated the change in the city, but what is impressive is how Bilbao adapted to the new times 🎨. What is clear is that it is more than an obligatory stop 🍲. #spain #travel #bilbao #guggenheim #spain #travellers #travelinfamily ♬ sonido original - DareMapp

Ser parisino, o bilbaíno, es una experiencia, no un origen

«Être Parisien, ce n’est pas être né à Paris, c’est y renaître.» (Ser parisino no es nacer en París, sino renacer allí), señaló Sacha Guitry. Pocas ciudades del mundo han generado una mitología tan densa y tan disputada como París. Capitales más grandes existen; urbes más antiguas, también. Pero ninguna ha logrado convertirse, con tal persistencia a lo largo de los siglos, en un estado de ánimo. Y nadie lo formuló con mayor precisión y elegancia que Sacha Guitry, ese dramaturgo, actor y cineasta de la Belle Époque tardía que hizo del ingenio su firma más reconocible.

El hombre que encarnó París. Alexis Georges Pierre Sacha Guitry nació en San Petersburgo en 1885 —paradoja biográfica que la cita convierte en autobiografía involuntaria— y murió en París en 1957. Hijo del gran actor Lucien Guitry, creció entre bambalinas y salones literarios, absorbiendo desde niño ese arte tan parisino de decir lo profundo con ligereza y lo trivial con aparente seriedad. Escribió más de ciento veinte obras de teatro, dirigió una treintena de películas y cultivó una imagen pública de dandi brillante e irremediablemente enamorado de su ciudad.

Su relación con París fue, en efecto, la gran historia de amor de su vida —más estable, desde luego, que sus cinco matrimonios, todos ellos con actrices célebres. Se le atribuye haber dicho que un hombre que pierde a su mujer y a su perro al mismo tiempo comprende cuánto echaba de menos al perro. Ese filo irónico, capaz de herir y de hacer reír en el mismo instante, es la marca inconfundible de su estilo.

Pero Guitry fue también algo más que un ingenioso de salón. Durante la ocupación alemana de París sufrió acusaciones de colaboracionismo —fue arrestado en 1944 y posteriormente exonerado— en un episodio que enturbia su legado y lo humaniza a la vez, recordándonos que los espíritus más refinados no están necesariamente a salvo de los dilemas morales más brutales de su tiempo.

La frase es, en apariencia, sencilla. Ser parisino no es una cuestión de cuna, sino de renacimiento. Pero bajo esa aparente ligereza —tan característica del esprit français— late una reflexión filosófica de considerable profundidad sobre la identidad, el aprendizaje y la transformación personal.

El peso del nacimiento y la libertad de la elección. Durante siglos, la pertenencia a un lugar fue una cuestión de sangre y de suelo. Se era bretón, provenzal o alsaciano antes incluso de comprender qué significaba serlo. La modernidad, sin embargo, fue abriendo lentamente otra posibilidad: la de elegir a qué comunidad, a qué ciudad, a qué tradición cultural se desea pertenecer. París, más que ninguna otra metrópolis occidental, encarnó ese ideal.

Desde el siglo XIX, la ciudad fue destino de artistas, escritores y pensadores que llegaron desde los rincones más diversos del mundo —Apollinaire desde Polonia, Picasso desde Málaga, Hemingway desde Illinois, Beckett desde Dublín— y que, sin embargo, terminaron siendo inseparables del paisaje cultural parisino. No nacieron en París, pero en París renacieron. La ciudad los rehízo.

La pedagogía implícita de una ciudad. Hay en la cita de Guitry una dimensión educativa que merece atención. Renacer implica un proceso: no es una transformación instantánea, sino el resultado de una exposición prolongada, de una escucha activa, de lo que podría llamarse —en términos pedagógicos— un aprendizaje experiencial de la más alta intensidad.

París enseña a quien se deja enseñar. Sus cafés son aulas sin horario; sus museos, bibliotecas sin índice; sus mercados, lecciones de historia social. Caminar por el Marais o detenerse ante el Sena al atardecer no es turismo: es, para quien lo vive con atención, el inicio de una conversación con la civilización europea en su versión más concentrada y más exigente.

En este sentido, la frase de Guitry conecta con una tradición intelectual que va de Montaigne —quien consideraba el viaje como forma suprema de autoconocimiento— hasta la filosofía contemporánea del lugar y la identidad. No somos solo lo que nacemos; somos también lo que aprendemos a amar.

La ciudad como texto literario. La literatura francesa ha tratado París no como escenario, sino como protagonista. Balzac la cartografió socialmente; Baudelaire la convirtió en símbolo de la modernidad melancólica; Perec la fragmentó en inventarios cotidianos de insólita belleza. Todos ellos, a su manera, confirman la intuición de Guitry: uno no comprende París al llegar, sino al volver; no al visitarla, sino al habitarla; no al mirarla, sino al dejarse mirar por ella. Esa capacidad de la ciudad para interpelar al viajero, para hacerle preguntas que no sabía que llevaba consigo, es quizás su rasgo más literario y más pedagógico a la vez.

Coda final. La próxima vez que alguien regrese de París con esa extraña mezcla de melancolía y plenitud que la ciudad deja como rastro, convendrá recordar a Guitry. No es nostalgia lo que siente. Es, simplemente, que ha comenzado a renacer.

Aprender haciendo: Robot Academy y STEAM en Bilbao

Robot Academy y STEAM en Bilbao
Álbum de imágenes.

Robot Academy Bilbao: Sembrando curiosidad tecnológica desde la infancia. En el paisaje educativo de Bilbao, donde la tradición industrial convive con la innovación urbana, Robot Academy propone un enfoque práctico y lúdico para introducir a niñas y niños en la robótica educativa, la programación y la electrónica. Su presencia en la ciudad —con actividades pensadas por edades y niveles— responde a una necesidad evidente: convertir el interés por la tecnología en competencias reales y transferibles que preparen a las nuevas generaciones para un futuro profesional y cívico cada vez más ligado a lo digital. 

Dirigida por dos grandes profesionales (y amigos nuestros), Juan de la Herrán y Josu Garro, Robot Academy desarrolla su actividad en espacios vinculados a Alltek (Alameda Recalde, 47, Bilbao) y mantiene canales de contacto prácticos como el teléfono/WhatsApp, lo que facilita a las familias informarse y matricularse rápidamente. Su localización en Bilbao posiciona la escuela como un recurso accesible para la ciudad y su área metropolitana, fortaleciendo la red local de iniciativas STEAM. 

La oferta formativa de Robot Academy se articula en ciclos que abarcan desde la iniciación hasta niveles superiores, combinando montaje de kits, programación por bloques y —para niveles avanzados— conceptos de electrónica y machine learning adaptados a la edad de los alumnos. El modelo pedagógico apuesta por el “aprender haciendo”: los estudiantes diseñan, prueban y mejoran prototipos, lo que favorece el pensamiento crítico, la resolución de problemas y la creatividad. 

Para las familias bilbaínas, la logística también cuenta: el centro ofrece horarios extraescolares y actividades semanales que facilitan la conciliación con la vida escolar y laboral. Además de los cursos regulares, se organizan clubes y talleres intensivos —por ejemplo en vacaciones— pensados para profundizar proyectos concretos (concursos, retos STEAM, impresoras 3D y competiciones de diseño de robots). Esta estructura modular permite que el aprendizaje sea continuado y acumulativo, desde los primeros años de primaria hasta la adolescencia.

Es importante enmarcar la labor de Robot Academy dentro de un contexto más amplio: Bilbao está reforzando en los últimos años su apuesta por la educación tecnológica (proyectos de formación juvenil y centros especializados), y la aparición de iniciativas como Robot Academy contribuye a crear un ecosistema donde las oportunidades formativas se multiplican y se diversifican. Ese entorno permite además que los aprendizajes de aula conecten con programas municipales, eventos y otros actores educativos.

¿Por qué elegir una academia de robótica como complemento educativo? Porque más allá de la destreza técnica, la robótica educativa cultiva competencias transversales —trabajo en equipo, comunicación de ideas, tolerancia a la frustración y diseño iterativo— que las empresas, las universidades y las instituciones culturales valoran cada vez más. En suma: enseñar a programar un robot es, también, enseñar a preguntar mejor y a imaginar soluciones en un mundo complejo.

@agirregabiria

Robot Academy Bilbao 1/2

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Callejón Zollo: Historia de la calle más estrecha de Bilbao

El Callejón Zollo representa uno de los vestigios más singulares de Bilbao, una vía cuya extraordinaria estrechez —apenas supera los 1,5 metros en sus puntos más angostos— evoca una singular compresión espacial. Recuerdo cuando llegaba llegaba hasta la calle Iparragirre siendo una vía con entrada y salida, pero no un callejón. Ubicado en el Ensanche bilbaíno, en el número 11 de la calle Alameda San Mamés, este pasaje constituye un documento peculiar.

La historia del Callejón Zollo no debe contextualizarse dentro del Casco Viejo propio de la fundación de Bilbao en 1300, cuando Diego López de Haro dotó a estas tierras de fuero urbano. La villa, en sus Siete Calles, originalmente protegida por las murallas que flanqueaban las orillas del Nervión, se organizaba en torno a una trama viaria que equilibraba las necesidades defensivas con la circulación comercial. Las calles estrechas no eran meramente fortuitas, sino producto deliberado de estrategias urbanísticas que favorecían la defensa y optimizaban el aprovechamiento territorial en espacios limitados.

El topónimo mismo merece atención. "Zollo" —variante dialectal o arcaísmo lingüístico— designa potencialmente a un oficio artesanal o a una familia medieval, aunque la etimología permanece parcialmente oscurecida por la erosión documental. Puede provenir de un caserío o baserri de nombre Zalla (apellido vasco común).

Desde una perspectiva arquitectónica, el Callejón Zollo exhibe características propias: fachadas de mampostería con ventanas en progresión vertical, inclinación de tejados que responden a la captura de lluvia en condiciones de estrechez extrema, y una continuidad constructiva que comprime el espacio disponible hasta casi eliminar perspectiva. Esta compresión arquitectónica produce un efecto sensorial peculiar: la deambulación por el callejón provoca una experiencia casi claustrofóbica que sumerge al visitante en la cotidianidad medieval bilbaína.

En el contexto de la revitalización urbana —proceso que ha intensificado su presencia en la oferta turística y patrimonial de la ciudad— el Callejón Zollo ha adquirido un papel simbólico. No se trata simplemente de una curiosidad arquitectónica, sino de un símbolo de autenticidad urbana frente a los procesos de homogenización contemporánea. Su mantenimiento físico y su preservación en los mapas mentales colectivos responden a una valorización creciente del patrimonio inmaterial urbano: la calle estrecha es testimonio de una relación distinta entre el cuerpo humano, la arquitectura y el tejido urbano.

Turísticamente, el Callejón Zollo se ha convertido en destino obligado de las rutas de descubrimiento. La fotografía de su eslabón más estrecho ha devenido un elemento de la iconografía visual asociada a Bilbao, reproducida en guías turísticas y perfiles de redes sociales.

Desde la pedagogía urbana, el Callejón Zollo constituye un excelente observatorio para reflexionar sobre cómo la forma construida encarna decisiones colectivas, limitaciones técnicas y racionalidades distintas a la expansión contemporánea. Su existencia interroga nuestras actuales concepciones del espacio público y la movilidad urbana, recordándonos que la ciudad es un palimpsesto donde la historia física sigue habitando bajo las capas de modernización.

@agirregabiria

Callejón Zollo, calle más estrecha de Bilbao 

♬ оригинальный звук - ALEXANDER 🇰🇿 MU MUSIC 🎶🎧

Doctor Deseo: Décadas de rock comprometido desde Bilbao

Teníamos pendiente escribir sobre la  herencia indomable del grupo Doctor Deseo, la voz insurrecta del rock vasco que siempre supo encontrar una conciencia crítica con poesía, rebeldía y rock and roll desde las entrañas de Euskadi. En el paisaje musical vasco de finales de los años ochenta, una época en la que el rock radical vasco comenzaba a transformarse y a buscar nuevas formas de expresión, surgió en Bilbao una de las bandas más influyentes y respetadas de la escena peninsular: Doctor Deseo. 

Fundado en 1987, el grupo se convirtió en mucho más que una banda de rock; fue la voz de una generación que buscaba canalizar sus frustraciones, sus esperanzas y su hambre de cambio social a través de guitarras distorsionadas y letras que no dejaban indiferente a nadie.

Los arquitectos del deseo. El alma de Doctor Deseo siempre fue Francis Díez, vocalista, letrista y líder indiscutible de la formación. Su voz rasgada y su pluma afilada convirtieron al grupo en un referente no solo musical, sino también poético y político. Díez, con su presencia escénica intensa y su capacidad para transformar la rabia en belleza, supo construir un universo lírico donde convivían la crítica social, el amor, la desesperanza y la resistencia.

La formación original se completaba con Antonio Aranza a la guitarra, Iñaki "Uoho" Vázquez al bajo y Aritz Aranburu en la batería, aunque a lo largo de las décadas diversos músicos pasaron por sus filas, enriqueciendo el sonido de la banda. Entre ellos destacan nombres como Santi Capel o Joseba Irazoki, contribuyendo a la evolución constante de un grupo que nunca se conformó con repetir fórmulas.

Influencias y ADN musical. Doctor Deseo bebió de múltiples fuentes para crear su particular cóctel sonoro. El rock duro y directo de bandas como The Stooges o MC5 se mezclaba con la intensidad emocional del rock sureño americano, la tradición del rock más comprometido (herederos de Burning o Leño) y la contundencia del punk. Pero lo que realmente distinguía a Doctor Deseo era su capacidad para integrar todas estas influencias sin perder un ápice de personalidad propia.

Sus letras, en castellano, constituían auténticos manifiestos generacionales. Francis Díez escribía sobre la clase trabajadora, sobre los márgenes de la sociedad, sobre el amor como acto de resistencia y sobre la dignidad de los derrotados. En canciones como "A mi pequeña María", "Busco en tus labios" o "Detrás de los espejos", la poesía y el rock se fundían en una experiencia catártica.

Legado e influencia histórica. A lo largo de más de tres décadas de trayectoria, Doctor Deseo publicó álbumes fundamentales como Vía Sur (1993), Onza tras onza (1997), Cuatro rosas y una cicatriz (2001) o El rey del Clip Club (2014). Cada disco representaba una declaración de intenciones, un grito de supervivencia en una industria musical cambiante.

La banda se convirtió en referente ineludible para generaciones posteriores de músicos vascos y españoles. Grupos como Berri Txarrak, Huntza o Belako reconocen la deuda con aquellos pioneros que demostraron que se podía hacer rock honesto, comprometido y de calidad desde Euskadi.

Tras el fallecimiento de Francis Díez en 2019, víctima de un cáncer, Doctor Deseo cerró un capítulo irrepetible de la música. Sin embargo, su legado permanece vivo en cada concierto de rock con conciencia, en cada letra que no teme mirar a los ojos de la realidad, en cada banda que elige la autenticidad frente a las modas pasajeras.

Doctor Deseo no fue solo una banda: fue una forma de entender la vida, la música y la resistencia cultural. Desde Bilbao, construyeron catedrales de ruido y esperanza que seguirán resonando mientras exista quien crea que el rock and roll puede cambiar el mundo.

@doctor.deseo No podemos describir con palabras lo vivido anoche en Bilbao ❤️🔥💋🙏🏻 Eskerrik asko Deseantes!! #doctordeseo #bilbao #musica #concierto #poorock ♬ sonido original - Doctor Deseo

XXX Carrera Las Arenas-Bilbao 2026

 

XXX Carrera Las Arenas-Bilbao 2026

Álbum de imágenes y vídeos,...  Otras ediciones de esta carrera. La misma carrera, desde la salida en Areeta, en ediciones anteriores de 2025, 2023, 2022, 2020, 2019, 2018, 2017, 2015, 2014, 2013, 2012, 2011, 2010, 2009, 2008, 2007, 2006,...

@agirregabiria

XXX Carrera Las Arenas-Bilbao 2026

♬ nhạc nền - K-O DJ DJ REMIX

Este domingo se ha celebrado la 30ª edición de la carrera Las Arenas-Bilbao, la más antigua de Euskadi sobre asfalto y la segunda del Estado tras la Jean Bouin, que se celebra en Cataluña. La carrera nació en 1930, y tras numerosas interrupciones, recuperó su cronología histórica hace 30 años, habiéndose cancelado solamente por la pandemia del coronavirus. Más de 2.000 atletas recorren los 12.333 metros en esta vigesimonovena edición, y entre ellos habrá corredores de diferentes países. Y es que, esta carrera, aunque es de carácter popular, ha atraído a lo largo de sus historia a atletas de hasta 12 países diferentes, con podios absolutos de siete nacionalidades diferentes. 

Recorrido: La prueba ha partido a las 10.30 horas desde los aledaños del Puente Bizkaia, recorriendo toda la margen derecha de la ría del Nervión a través de los municipios de Getxo, Leioa y Erandio para llegar a la capital vizcaína. A Bilbao se entrará por el barrio de San Inazio donde los participantes contarán con un puesto de avituallamiento en la curva de Elorrieta. El recorrido seguirá por Zarandoa, Camino de Morgan, Ballets Olaeta, para subir por el puente de Euskalduna, el único desnivel importante de la carrera. Los últimos metros de carretera serán por la bajada de Olabeaga para introducirse por el Museo Marítimo y recorrer todo el paseo de Uribitarte hasta la llegada, a la altura de la Plaza Pío Baroja. 

Presentación de HumanTek en La Perrera Espazioa (Bilbao)

Presentación primera de HumanTek, última etapa de Internet & Euskadi.
Por Marta Moreno (Presidenta) y Joseba Etxebarria (Vicepresidente)      
Participación en un debate del Vicepresidente de HumanTek I&E.  Presentación de HumanTek
Álbum de imágenes. Web oficial de HumanTek.
Emisión oficial en Twitch

Colecistectomía en personas mayores: pros y contras a saber

Este jueves 25-9-25, tras sufrir un cólico biliar el día anterior (y otros episodio similar del 9 de mayo, que no identificamos entonces), me han practicado una colecistectomía o extirpación de la vesícula biliar mediante una cirugía de laparoscopia convencional. Ha sido en la excelente Clínica Zorrotzaurre del IMQ en Bilbao. La colecistectomía (extirpación quirúrgica de la vesícula biliar) es una de las operaciones más frecuentes en personas mayores, sobre todo por cálculos biliares o complicaciones asociadas. 

Afortunadamente, gracias al equipo de los Doctores Poma y Corcóstegui, así como de todo el personal sanitario del IMQ, y tras tres noches hospitalizados ya estamos recuperándonos en casa. Como toda cirugía, tiene ventajas y desventajas que conviene conocer:

Pros (ventajas)

  1. Elimina el dolor y las crisis biliares. – Se acaban los cólicos biliares, que suelen ser intensos y recurrentes.
  2. Prevención de complicaciones graves. – Evita colecistitis aguda, pancreatitis biliar o ictericia obstructiva.
  3. Mejora la calidad de vida. – La mayoría de pacientes puede volver a una vida normal y sin restricciones severas.
  4. Cirugía segura y con recuperación rápida. – Hoy suele hacerse por laparoscopia, con menos dolor postoperatorio y cicatrices pequeñas.
  5. No se necesita la vesícula para vivir. – El hígado sigue produciendo bilis de manera continua, por lo que la digestión se mantiene.
Vistas desde la Clínica Zorrotzaurre del IMQ en Bilbao

Contras (posibles inconvenientes)

  1. Cambios digestivos. – Algunas personas sufren diarreas, gases o digestiones pesadas, sobre todo con comidas grasas.
  2. Dieta más delicada. – Aunque se puede comer casi de todo, conviene moderar grasas, fritos y comidas muy pesadas.
  3. Síndrome poscolecistectomía (poco frecuente). – Dolor abdominal, acidez o diarrea persistente en un pequeño porcentaje de pacientes.
  4. Mayor riesgo de litiasis en vías biliares. – Raro, pero pueden aparecer piedras en los conductos tras la cirugía.
  5. Efectos en personas mayores o con otras enfermedades. – La cirugía, aunque segura, siempre tiene riesgos anestésicos y de recuperación.

En resumen: Lo positivo es que quita el dolor y previene complicaciones graves. Lo negativo es que puede dejar cierta sensibilidad digestiva, sobre todo con comidas grasas, aunque en la mayoría de casos se controla con dieta saludable. Ahora habrá que seguir un régimen cuidadoso (post siguiente), especialmente el primer mes.

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