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2ª Medida para mejorar PISA 2025: Now, Education

2ª Medida para mejorar PISA 2025: Now, Education

Proseguimos con las medidas para mejorar PISA 2025 (ver otros posts). El orden será reorganizado cuando alcancemos las 25 propuestas para superar los resultados en la CAPV (Comunidad Autónoma de Euskadi). Hoy nos tendremos en una clave que es condición imprescindible, necesaria y casi suficiente: Que la educación sea el tema primero y central del debate y del acuerdo político. Esto es algo que nunca se ha dado, y menos en nuestro escenario vasco, estatal o europeo.

Esta reflexión trae recuerdos de hace 50 ó 25 años,... Cuando comencé a educar en 1975 en la universidad, con la Didáctica de las Matemáticas y las Ciencias Experimentales, y cuando entre 2002 y 2003 tuve el honor de ser el redactor único de Hezkuntza XXI: "Libro Blanco para la Educación Vasca del Siglo XXI". 

Sus conclusiones, resumidas en 11 apartados y presentadas por Josu Jon Imaz en 2004, siguen siendo un faro que podría guiar cómo persistir en lo válido y reconducir en lo innovador el complejo sistema educativo vasco. El undécimo (con toda la carga de hamaika en euskera) y final punto declaraba: "Somos muchos quienes creemos firmemente que sólo existe un cauce social de equidad, solidaridad, cohesión social, progreso y futuro: la Educación". 

Pero premisa preliminar es otorgar a la educación el rol social en toda su singular trascendencia y grandiosa magnitud, siendo coherentes con recursos y prioridades acordes con la función que desempeña a través de todos los agentes implicados. Se ha manoseado la educación en algunos debates politiqueros, pero nadie -ni aún- lo ha puesto en la cúspide de las promesas de futuro. 

Hace un cuarto de siglo, aquel un libro Hezkuntza XXI de 550 páginas ya hablaba de «escuela expandida», de software libre, de weblogs y de pasar de la New Education a la Now, Education. Lo releo veinticinco años después, con la IA llamando o esperando a la puerta del aula, y me quedo con una cautela que ha envejecido muy bien: las tecnologías digitales exigen cosas nuevas, pero presuponen las antiguas, y la primera es (era y será) saber leer. 

Toda comunidad política decide, lo quiera o no, qué clase de ciudadanos tendrá, y lo decide sobre todo educando; por eso la educación es menos una política sectorial que la medida primera de todas las demás. Montesquieu lo condensó al abrir el libro IV de El espíritu de las leyes: las leyes de la educación son «las primeras que recibimos», y nos preparan para ser ciudadanos. Kant fue más lejos: el ser humano, sostuvo en su Pedagogía, «no es nada sino lo que la educación hace de él». 

Que tradiciones tan distintas coincidan en este primado no resuelve, sin embargo, para qué educar. Dewey escribió en 1916 (hace 110 años) que la democracia debe «nacer de nuevo en cada generación» y que la educación es su partera; Mill, que defendía obligar a todos a recibir instrucción, advertía en Sobre la libertad que una educación estatal general es «un mero artificio para moldear a las personas» con el molde que prefiera el poder dominante. Entre ambas posiciones se juega el dilema que ya planteaba Kant: cómo cultivar la libertad en medio de la coacción. Quizá el mínimo común de una política plural sea formar ciudadanos capaces de sostener las instituciones sin renunciar a examinarlas. 

La primacía pedagógica dentro de la praxis gubernamental no constituye un mero recurso retórico, sino la condición ontológica de cualquier proyecto cívico perdurable. Como bien señalaba Jules Michelet al inquirir sobre las prioridades fundamentales de la polis, «¿cuál es la primera parte de la política? La educación. ¿Cuál la segunda? La educación. ¿Y la tercera? La educación». Esta intuición encuentra su correlato clásico en el ideal platónico expuesto en La República, donde la paideia deja de ser un instrumento secundario del Estado para convertirse en su propia arquitectura constitutiva. Si la política aspira a estructurar la convivencia y la justicia, debe reconocer que ninguna institución subsiste sin la formación deliberada de las mentes que la sostienen; toda reforma institucional que prescinda de la maduración intelectual del ciudadano queda, indefectiblemente, condenada a la esterilidad formal.

Por otra parte, articular la acción pública en torno a la enseñanza implica entender la libertad no como un dato previo, sino como un logro formativo. Con precisión lapidaria, Epicteto de Frigia sentenció que «sólo las personas que han recibido educación son libres», presupuesto que siglos más tarde reinterpretaría la teoría crítica al concebir el aprendizaje como un acto eminentemente emancipador. Sin un pensamiento educado para el discernimiento autónomo y la duda metódica, la participación ciudadana corre el riesgo de degenerar en simple automatismo autómata o en mera reacción pasiva ante la demagogia. En consecuencia, situar la educación en el centro del diseño político trasciende la asignación presupuestaria: representa el compromiso ético de dotar a la sociedad de las herramientas epistémicas necesarias para auto-determinarse y construir su propio porvenir.

El lema «Education, education, education!», asociado a Tony Blair, sintetizó una de las prioridades políticas del Nuevo Laborismo británico en la década de 1990: situar la educación en el centro de la modernización económica y social. La fórmula, pronunciada durante la campaña electoral de 1996, antes de la victoria laborista de 1997, convirtió una política pública en un mensaje de extraordinaria fuerza comunicativa. Blair desarrolló estas ideas en su discurso de Ruskin College, en diciembre de 1996, defendiendo también la alfabetización temprana, la formación docente y el aprendizaje permanente. Tres palabras memorables, en definitiva, que siguen planteando una pregunta esencial: ¿cómo convertir la educación en una prioridad presupuestaria, pedagógica y social, y no solo electoral?

Aquel libro, Hezkuntza XXI, merece una relectura 25 años después. Sugiere augurios y esperanzas: más acceso, más autonomía, más aprendizaje. Contiene, sin embargo, una cautela que ha envejecido mejor que muchos de sus entusiasmos. Recoge un pasaje según el cual las tecnologías digitales exigen cosas nuevas pero presuponen las antiguas, y la más importante es la lectura. En 2026, con sistemas capaces de producir texto sin esfuerzo, esa idea pesa más: cuando cualquiera obtiene una respuesta, escasea quien sabe decidir si merece confianza. Cuánto de lo proyectado se cumplió en las aulas vascas es otra cuestión; responderla exigiría cruzar la obra con evaluaciones externas como PISA.

1ª Medida para mejorar PISA 2025: Anular la repetición de curso

1ª Medida para mejorar PISA 2025: Anular la repetición de curso

Comenzaremos con una medida urgente que llevamos décadas defendiendo (aunque necesitará un período de implantación y perfeccionamiento del profesorado) para corregir el hábito escolar más caro de Euskadi, España, Francia,... que repercute negativamente en PISA porque demasiado alumnado de 15 años (objetivo de las pruebas) no está en el máximo nivel posible de la ESO (4º ó 3º). Necesitamos una innovación del calado de la promoción automática, reduciendo al mínimo la repetición de curso. En la CAPV sería pasar del 16% a menos del 3%. Múltiples estudios (incluidos los informes PISA de la OCDE) demuestran que repetir las mismas materias con la misma metodología no garantiza que se comprendan la segunda vez. 

La tendencia internacional avalada por la OCDE se inclina hacia la reducción al mínimo de la repetición de curso. Sin embargo, la transición de un modelo a otro no funciona simplemente "prohibiendo" repetir; requiere transformar las escuelas para que la promoción automática venga acompañada de planes de refuerzo personalizados, codocencia (dos profesores en el aula) y flexibilización del currículo. La repetición debería dejar de ser una respuesta ordinaria al fracaso escolar y convertirse, si acaso, en una medida sumamente excepcional. La evidencia ofrece mejores razones para invertir en detección temprana, apoyo personalizado y acompañamiento que para hacer recorrer de nuevo al alumno el mismo camino.

España repite como en ningún otro rincón de la Unión Europea: el 22% de los quinceañeros ha repetido alguna vez, casi el doble de la media de la OCDE (9,8%) y tercer puesto mundial en este ranking poco honroso. Peor aún, se repite demasiado y sin ningún acompañamiento intensivo. Repasemos los argumentos más sólidos para defender la postura de la no repetición (o su uso sólo como último recurso excepcional, jamás automático).

1. El coste no se corresponde con el dudoso beneficio. A escala del Estado repetir curso significa pagar más y no aprender más. Repetir cuesta al erario público español 1.441 millones de euros al año —el 6,2% del gasto en primaria y secundaria, equivalente al presupuesto educativo de todas las islas Canarias juntas— para un resultado académico que ni siquiera está claramente demostrado. Esa inversión debería financiar refuerzo educativo para ese alumnado rezagado. Es preferible dedicar el esfuerzo con el alumnado necesitado en el aula, no en obligarles a repetir el curso entero.

2. La evidencia acumulada apunta en contra. Las síntesis de John Hattie sobre cientos de metaanálisis sitúan la repetición entre las pocas prácticas educativas con efecto medio negativo sobre el aprendizaje; un metaanálisis específico sobre primaria (1990-2010) encontró que los alumnos repetidores acaban puntuando 0,5 desviaciones típicas por debajo de sus compañeros promocionados. El argumento de "darle más tiempo" no se traduce en más aprendizaje real.

3. No es neutral: amplifica la desigualdad. Con la misma nota en PISA, un alumno de nivel socioeconómico bajo tiene hasta cuatro veces más probabilidades de repetir que uno de familia acomodada; el alumnado de origen migrante, el doble. Esto sugiere que la repetición no corrige déficits de aprendizaje de forma objetiva, sino que penaliza más a quien ya parte con menos recursos.

4. Tiene un coste psicológico documentado. La investigación asocia la repetición con una caída significativa de la autoestima y del esfuerzo, con estigmatización por parte de los compañeros y con problemas de ajuste socioemocional, especialmente cuando se produce en cursos más avanzados.

5. Es uno de los mejores predictores del abandono escolar. Repetir —y sobre todo repetir más de una vez— tiene un efecto causal reconocido sobre el abandono temprano: cuantos más años de retraso acumula un alumno, menos probable es que termine la educación obligatoria.

6. Existe una alternativa que funciona a gran escala. Finlandia, con menos del 3% de repetición —ocho veces menos que España, bajo normativas comparables—, lleva décadas entre los mejores sistemas educativos del mundo en PISA. Su modelo no elimina el problema del alumno rezagado: lo aborda mes a mes mediante niveles escalonados de apoyo (general, intensivo, especial) en lugar de esperar a una decisión administrativa en junio.

7. La disparidad entre territorios con la misma ley delata que es cultural, no pedagógica. Dentro de España, Asturias y el País Vasco repiten en torno al 16-17% frente a más del 20% en media docena de comunidades, con la misma normativa estatal. Eso indica que la repetición obedece más a hábitos y creencias del profesorado y los centros —lo que la Comisión Europea llama "cultura de la repetición"— que a una necesidad objetiva del alumnado.

Dos alumnos de quince años sacan la misma nota en el mismo examen. Uno repetirá curso el año que viene; el otro no. La diferencia no está en sus respuestas, sino en la renta de sus padres: según el análisis de Save the Children sobre los datos de PISA, un adolescente de nivel socioeconómico bajo tiene hasta cuatro veces más probabilidades de repetir que uno de familia acomodada con idéntico rendimiento. Ese dato resume mejor que cualquier discusión pedagógica abstracta lo que está realmente en juego al hablar de repetición de curso.

Dos países ilustran mejor que cualquier teoría lo que de verdad importa. Finlandia apenas repite —menos del 3% del alumnado—, no porque prohíba la práctica, sino porque la hace innecesaria: un sistema de apoyo escalonado detecta las dificultades mes a mes y las atiende antes de que se acumulen en un suspenso de junio. En el extremo opuesto, Misisipi, uno de los estados más pobres de Estados Unidos, decidió en 2013 retener en tercero a los niños que no leían al nivel exigido, pero acompañó la medida con noventa minutos diarios de instrucción intensiva en lectura. El resultado, bautizado como el "milagro de Misisipi", fue que esos alumnos obtuvieron en sexto curso resultados muy superiores a los de sus compañeros que habían promocionado raspando el aprobado.

Quien quiera profundizar puede leer el informe "Repetir no es aprender" de Save the Children, que desmonta con datos los mitos más repetidos sobre esta práctica. Y quien tenga relación con un centro escolar —como madre, padre, docente o miembro de un consejo escolar— puede hacer algo más concreto: preguntar si existe un plan de refuerzo temprano, como exige la LOMLOE, y pedir que se mida su efecto. Un objetivo razonable sería reducir a la mitad la tasa de repetición del propio centro en cinco años, revisando cada curso cuántos alumnos reciben apoyo antes de junio, no después.

Horizontes de la civilización: Ciencia para confiar en el futuro

Ante cierta desesperación circulante por doquier, aparece un libro "Horizontes de la civilización", una esperanza razonada frente al vértigo fatalista del presente. Porque, afortunadamente, hay obras que nacen para llevar la contraria a su época. "Horizontes de la civilización. Una mirada optimista al futuro de nuestra especie" (Editorial Planeta, 2026) es uno de ellos. 

Su autor, Héctor Socas (@hsocasnavarro), no es un ensayista de gabinete sino un astrofísico con más de dos décadas de trabajo en el Instituto de Astrofísica de Canarias, director de la Fundación del Telescopio Solar Europeo y creador del influyente podcast Coffee Break: Señal y Ruido. Esa doble condición —científico en activo y divulgador experimentado— marca el tono del libro: no se trata de un tratado de futurología ingenua, sino de un ejercicio de esperanza construido con el mismo rigor con el que se estudia el Sol o se diseña una misión espacial. 

El punto de partida es un diagnóstico compartido por buena parte de la cultura contemporánea: vivimos instalados en un pesimismo crónico, alimentado por discursos apocalípticos sobre el cambio climático, la inteligencia artificial o la crisis civilizatoria. Socas no niega la magnitud de estos desafíos, pero invierte la pregunta habitual. En lugar de preguntarse qué nos va a destruir, propone indagar en qué clase de civilización queremos convertirnos, ahora que disponemos, por primera vez en la historia, de la capacidad técnica para decidirlo de manera consciente. Ese desplazamiento —de la fatalidad al proyecto— es el verdadero eje argumental de la obra.

A lo largo de sus ocho ensayos, el autor recorre un territorio amplio: la inteligencia artificial y la posibilidad de convivir con formas de cognición no humana, la bioingeniería y sus implicaciones sobre qué significa seguir siendo humanos, la exploración espacial como horizonte de expansión de la especie, y la sostenibilidad como condición de supervivencia más que como opción moral. El libro se mueve con soltura entre la divulgación científica, la reflexión filosófica y ciertos guiños a la literatura de anticipación, sin renunciar en ningún momento a la solvencia del especialista que ha dedicado su vida a estudiar el lugar de la humanidad en el cosmos.

Lo más interesante, sin embargo, no es el inventario de tecnologías emergentes —terreno ya transitado por buena parte del ensayismo reciente sobre inteligencia artificial y transhumanismo— sino la apuesta de fondo: una defensa razonada de la esperanza que no se apoya en la negación del riesgo, sino en la historia y en la ciencia. En este sentido, el libro dialoga, aunque sin citarlos expresamente, con una tradición de pensamiento que ha hecho de la esperanza un acto racional antes que un sentimiento ingenuo: la razón vital orteguiana, que entiende al ser humano como proyecto y no como esencia fija; el agonismo de Unamuno, para quien la fe en el futuro se sostiene precisamente sobre la incertidumbre; o incluso el conatus spinoziano, esa tendencia de toda realidad a perseverar y afirmarse frente a la adversidad.

Cabe señalar, para un lector exigente, que la apuesta optimista de Socas no está exenta de tensión con otras corrientes del pensamiento contemporáneo sobre la técnica —desde las advertencias de Hans Jonas sobre el principio de responsabilidad hasta las lecturas más críticas del solucionismo tecnológico—, que ven en la confianza en la innovación un riesgo en sí mismo. El propio libro parece consciente de ello: su optimismo se presenta como decisión deliberada, no como diagnóstico complaciente, lo que abre un espacio legítimo de debate más que cerrarlo. 

Horizontes de la civilización se inscribe así en un género en auge, el del ensayo científico-filosófico sobre el futuro de la especie, pero lo hace desde una posición singular: la de quien observa la fragilidad humana con la misma distancia con la que se observa una estrella, y encuentra en esa distancia motivos no para el desánimo, sino para la lucidez. Una lectura recomendable para quien busque pensar el porvenir sin ceder ni al catastrofismo ni a la ingenuidad tecnológica.

Quizá esa sea la principal aportación del libro: recordar que el pesimismo también puede convertirse en una forma de pasividad. Si consideramos inevitable el desastre, desaparece el incentivo para modificar el rumbo. El optimismo razonado propone exactamente lo contrario: reconocer los riesgos sin convertirlos en profecías.

La educación tiene aquí un papel fundamental. Formar a las nuevas generaciones no debería consistir únicamente en transmitir conocimientos sobre el mundo existente, sino en proporcionarles herramientas para imaginar, evaluar y construir mundos posibles. Ciencia y humanismo vuelven a encontrarse en esa tarea.

Horizontes de la civilización plantea, en definitiva, una pregunta tan antigua como la propia humanidad y tan actual como la inteligencia artificial: ¿qué queremos llegar a ser? Su respuesta no está escrita en las estrellas. Dependerá de nuestra capacidad para combinar conocimiento científico, prudencia, imaginación, ética y cooperación. Mirar hacia el futuro con esperanza no significa cerrar los ojos ante sus peligros. Significa, precisamente, creer que todavía merece la pena abrirlos.

2ª Visita a la Colección de Motos de Emiliano Escudero Cano

Hemos cursado una segunda visita a la extraordinaria Colección de Motos Clásicas de Emiliano Escudero Cano, quien nos ha recibido y acompañado muy amablemente. En esta ocasión, han acudido como interesados comunicadores Sergio de Haro García (1ª parte y 2ª parte de la entrevista), un estudiante de Ingeniería Mecánica, y Sara Estévez Álvarez (entrevista), una escolar de ESO.
Esta segunda visita ha sido para reunir más información sobre esta increíble colección, que dará para diferentes entradas porque reúne proezas de muy diferentes protagonistas. El primero y principal es el propio fundador, Emiliano Escudero Cano (véase su Facebook), que nos ha aportado muchas más referencias. En esta ocasión, también hemos recabado más información sobre las Motocicletas Lube, que reuniremos en un próximo post. 
Colección de Motos Clásicas de Emiliano Escudero Cano
Álbum de imágenes y vídeos. Otros posts sobre este singular coleccionista, Emiliano Escudero Cano, de San Pedro del Pinatar.

Colección de Motos Clásicas de Emiliano Escudero Cano

Hemos visitado la Colección de Emiliano Escudero Cano (FB Oficial), un inmenso patrimonio con la memoria mecánica sobre dos ruedas. En total, y por el momento, 196 motos de 56 marcas distintas en el centro de San Pedro del Pinatar (Murcia). Nos ha recibido muy amablemente su creador, junto a su hijo y otros colaboradores, que también nos han acompañado a su cercana Recopilación vintage de Coca Cola (siguiente post). Existen colecciones que representan mucho más que un conjunto de objetos antiguos reunidos por afición; son auténticos archivos vivos de la historia tecnológica, social e industrial de un país. La extraordinaria colección de motos clásicas de Emiliano Escudero Cano constituye uno de esos legados fundamentales donde la mecánica, el diseño y la pasión humana se entrelazan de forma ejemplar. 

Ha sido una primera visita, que pronto repetiremos con algunas personas especialistas que quizá puedan colaborar como voluntariado para catalogar y documentar este tesoro del motor. Hablar de esta colección es adentrarse en un recorrido fascinante por la evolución del transporte ligero. No se trata únicamente de contemplar el brillo del cromo o el rugido nostálgico de los motores de dos y cuatro tiempos. Se trata, ante todo, de comprender cómo cada una de estas motocicletas encarna una respuesta técnica a los retos de movilidad de su tiempo, reflejando el contexto socioeconómico, la creatividad industrial y la estética cultural del siglo XX. 

Tecnología analógica e ingeniería del esfuerzo. En una época hiperconectada, dominada por la electrónica, los sensores digitales y la gestión computarizada, aproximarse a las máquinas preservadas por Emiliano Escudero Cano ofrece una lección de física y tecnología aplicada de primer orden. En cada chasis multitubular, en la geometría de un carburador o en la simplicidad genial de los primeros sistemas de suspensión reside la esencia pura de la mecánica tradicional.


Marcas legendarias —tanto de la época dorada de la industria nacional española (Bultaco, Montesa, OSSA, Derbi, Sanglas o nuestra predilecta Lube de mi padre que pronto detallaremos, pero se avanza en el vídeo inicial)  como iconos de la producción internacional (BMW, Vespa, Lambretta, Norton)— adquieren en este acervo una dimensión educativa singular. Cada proceso de restauración realizado con rigurosidad histórica no solo devuelve la vida a una pieza de metal; salvaguarda el conocimiento artesanal de los mecánicos de antaño, aquellos orfebres de taller que diagnosticaban averías con el oído y ajustaban tiempos con la precisión de un relojero. 


Reflexión pedagógica: La restauración de una motocicleta clásica es una lección magistral de paciencia, física aplicada y respeto por la memoria tecnológica que cimentó la movilidad moderna.


Un recurso educativo e intergeneracional. Desde la perspectiva de la divulgación cultural y la educación en valores, colecciones con este nivel de conservación resultan herramientas pedagógicas indispensables. Permiten explicar a las nuevas generaciones que la innovación tecnológica no nace espontáneamente en una pantalla, sino en la cultura del ensayo, la optimización de materiales y el ingenio ante las limitaciones técnicas de cada contexto histórico.


Estudiar y contemplar este patrimonio industrial propicia además un fructífero diálogo intergeneracional. Los más mayores reencuentran en estos modelos las vivencias, trayectos y paisajes de su juventud, mientras que los estudiantes de tecnología, diseño e ingeniería descubren la elegancia y solvencia de las soluciones mecánicas primigenias.


Conclusión: El valor del patrimonio motorizado. La labor de recopilación, restauración y conservación de Don Emiliano Escudero Cano trasciende el ámbito del coleccionismo privado para prestar un servicio de primer orden a la memoria colectiva. Mantener vivas estas joyas mecánicas nos recuerda que el presente tecnológico camina sobre los hombros de la audacia y la inventiva del pasado. Un homenaje imprescindible a la historia industrial, a la pedagogía del trabajo manual y a la fascinación atemporal por la libertad sobre dos ruedas.

Colección de Motos Clásicas de Emiliano Escudero Cano
Álbum de imágenes y vídeos. Álbum de imágenes y vídeos. Otros posts sobre este singular coleccionista, Emiliano Escudero Cano, de San Pedro del Pinatar. 
 
@agirregabiria

Colección de motos clásicas de Emiliano Escudero Cano

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Economía en forma de K: Crecer más pero repartir menos

La economía en forma de K: cuando el progreso deja de ser compartido. Durante décadas asumimos que las crisis y las recuperaciones seguían trayectorias comunes: en V, cuando el rebote era rápido; en U, cuando la travesía era lenta pero uniforme; en L, cuando el estancamiento se instalaba sin remedio. La pandemia de 2020 introdujo una letra nueva en el alfabeto económico: la K. El término, acuñado por el economista Peter Atwater, describe algo más inquietante que un simple ciclo: una bifurcación estructural en la que unos sectores, empresas y hogares ascienden con fuerza mientras otros descienden o se estancan, dentro del mismo periodo y bajo las mismas condiciones macroeconómicas.

En 2026 esa letra ha dejado de ser una metáfora pasajera para convertirse en el diagnóstico dominante de la economía global. Los organismos internacionales anticipan un crecimiento mundial moderado, en torno al 2,9%, con la inteligencia artificial y el sector de defensa como principales motores de expansión. Pero ese crecimiento no se reparte: la inversión, la productividad y las cotizaciones bursátiles suben por el trazo ascendente de la K, mientras los salarios reales, el empleo industrial y el consumo de las rentas medias y bajas transitan el trazo descendente.

El caso estadounidense resulta paradigmático. El gasto de los hogares con mayores ingresos —muchos de ellos beneficiados por la revalorización de sus carteras de inversión y planes de pensiones— sostiene buena parte del consumo agregado, mientras las familias más expuestas a la inflación en alimentación, vivienda y energía recurren al crédito o a sus ahorros para llegar a fin de mes. En América Latina el fenómeno adopta otra forma: sectores exportadores como el agro, la minería o la energía crecen y generan divisas, pero apenas crean empleo, mientras la industria manufacturera orientada al mercado interno sigue rezagada.

Lo que estas geografías tienen en común es una misma lección: el crecimiento agregado ha dejado de ser un buen indicador del bienestar colectivo. Puede haber expansión del PIB y, simultáneamente, deterioro de las condiciones de vida de una mayoría silenciosa. Es la vieja advertencia que ya intuyeron Ortega y Gasset y Hannah Arendt sobre las sociedades de masas: el progreso técnico no garantiza por sí solo cohesión ni justicia; requiere instituciones que lo redistribuyan.

La inteligencia artificial añade una capa nueva a esta bifurcación. Quienes poseen capital, cualificación digital o acceso a formación continua capturan las ganancias de productividad; quienes desempeñan tareas automatizables afrontan sustitución, precariedad o la necesidad de reconvertirse sin apenas red de apoyo. La brecha, por tanto, no es solo de renta, sino de capacidades y de tiempo disponible para adaptarse.

Frente a este diagnóstico, la respuesta no puede limitarse a la política monetaria o fiscal. La educación pública de calidad, la formación continua accesible y las políticas de solidaridad intergeneracional son las herramientas que permiten enderezar, aunque sea parcialmente, el trazo descendente de la K. No se trata de frenar la innovación, sino de asegurar que sus frutos —como recordaba el espíritu comunitario tan arraigado en la cultura vasca— se compartan con quienes quedan fuera de sus circuitos.

La economía en forma de K no es una fatalidad natural, sino el resultado de decisiones colectivas: fiscalidad, inversión pública, negociación colectiva y acceso al conocimiento. Reconocer la forma de la letra es el primer paso; decidir si la dejamos abierta o la volvemos a unir en un solo trazo compartido es, todavía, una elección política y ética.

@hernan.castro11 La economía no está creciendo igual para todos. Mientras algunos suben rápido con tecnología y habilidades digitales… otros se quedan atrapados. Entender esta tendencia puede marcar la diferencia. Anticípate. #EconomíaEnK #FuturoDelTrabajo #InteligenciaArtificial #Tecnología #EducaciónFinanciera #Oportunidades #CambioGlobal #AprenderIA #desarrollopersonal #2030 #Tendencias #MentalidadDeCrecimiento ♬ sonido original - Hernan Castro

Aprender haciendo: Robot Academy y STEAM en Bilbao

Robot Academy y STEAM en Bilbao
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Robot Academy Bilbao: Sembrando curiosidad tecnológica desde la infancia. En el paisaje educativo de Bilbao, donde la tradición industrial convive con la innovación urbana, Robot Academy propone un enfoque práctico y lúdico para introducir a niñas y niños en la robótica educativa, la programación y la electrónica. Su presencia en la ciudad —con actividades pensadas por edades y niveles— responde a una necesidad evidente: convertir el interés por la tecnología en competencias reales y transferibles que preparen a las nuevas generaciones para un futuro profesional y cívico cada vez más ligado a lo digital. 

Dirigida por dos grandes profesionales (y amigos nuestros), Juan de la Herrán y Josu Garro, Robot Academy desarrolla su actividad en espacios vinculados a Alltek (Alameda Recalde, 47, Bilbao) y mantiene canales de contacto prácticos como el teléfono/WhatsApp, lo que facilita a las familias informarse y matricularse rápidamente. Su localización en Bilbao posiciona la escuela como un recurso accesible para la ciudad y su área metropolitana, fortaleciendo la red local de iniciativas STEAM. 

La oferta formativa de Robot Academy se articula en ciclos que abarcan desde la iniciación hasta niveles superiores, combinando montaje de kits, programación por bloques y —para niveles avanzados— conceptos de electrónica y machine learning adaptados a la edad de los alumnos. El modelo pedagógico apuesta por el “aprender haciendo”: los estudiantes diseñan, prueban y mejoran prototipos, lo que favorece el pensamiento crítico, la resolución de problemas y la creatividad. 

Para las familias bilbaínas, la logística también cuenta: el centro ofrece horarios extraescolares y actividades semanales que facilitan la conciliación con la vida escolar y laboral. Además de los cursos regulares, se organizan clubes y talleres intensivos —por ejemplo en vacaciones— pensados para profundizar proyectos concretos (concursos, retos STEAM, impresoras 3D y competiciones de diseño de robots). Esta estructura modular permite que el aprendizaje sea continuado y acumulativo, desde los primeros años de primaria hasta la adolescencia.

Es importante enmarcar la labor de Robot Academy dentro de un contexto más amplio: Bilbao está reforzando en los últimos años su apuesta por la educación tecnológica (proyectos de formación juvenil y centros especializados), y la aparición de iniciativas como Robot Academy contribuye a crear un ecosistema donde las oportunidades formativas se multiplican y se diversifican. Ese entorno permite además que los aprendizajes de aula conecten con programas municipales, eventos y otros actores educativos.

¿Por qué elegir una academia de robótica como complemento educativo? Porque más allá de la destreza técnica, la robótica educativa cultiva competencias transversales —trabajo en equipo, comunicación de ideas, tolerancia a la frustración y diseño iterativo— que las empresas, las universidades y las instituciones culturales valoran cada vez más. En suma: enseñar a programar un robot es, también, enseñar a preguntar mejor y a imaginar soluciones en un mundo complejo.

@agirregabiria

Robot Academy Bilbao 1/2

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Microéxitos de SalvaRock, el arte constante del triunfo cotidiano

El libro vino acompañado de una lupa dorada que nuestra nieta Léa ya nos birló,...

Tras unos días de lectura y reposo, hoy tenemos el placer de analizar y recomendar este libro de mesilla, "Microéxitos: La revolución de lospequeños logros", de Salva López (salvarock.es). El autor es un brillante economista, profesor, pensador del cambio y buen amigo que nos ha hecho llegar esta nueva obra que redefine la escala del progreso personal cuando se transita por la innovación y el emprendizaje. 

Salvador López, conocido en el ámbito académico y empresarial como SalvaROCK, es licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona, con posgrados en Dirección de Marketing e Investigación de Mercados. Desde 2008, ejerce como profesor de Marketing en ESADE Business School, una de las escuelas de negocio más prestigiosas de Europa. Su trayectoria combina la docencia con la consultoría empresarial y la formación en habilidades directivas, especializándose en el desarrollo de personas desde una perspectiva práctica y cercana.

Lo más singular de su trayectoria como ponente es su vertiente internacional (mucho más allá de España y Latinoamérica como speaker de habla hispana). Sus conferencias han recorrido toda Asia, lo cual es insólito: Ha estado en Japón, India, Filipinas, Malasia, Indonesia, Bangladesh, Mongolia, o Pakistán.

Su trabajo ha sido citado en medios internacionales como Bloomberg's Business Week, Financial Times Europe, The Times of India y Expansión. Entre sus publicaciones destaca ROCKvolución Empresarial, donde explora las lecciones de gestión empresarial a través de la historia del rock. SalvaROCK se define a sí mismo como un learnaholic (adicto al aprendizaje), lo que se refleja en su enfoque multidisciplinar y en su capacidad para conectar música, economía y desarrollo personal.

Esta perspectiva ecléctica encuentra su máxima expresión en Microéxitos, publicado por Editorial Plataforma, donde se propone una filosofía vital alejada del ruido motivacional convencional. Es una obra que continúa su libro previo, ahora reeditado y plurilingüe como "Empresas en clave de ROCK" (ver en Amazon). 

Microéxitos se presenta como una brújula amable para el progreso cotidiano y una invitación al cambio sin dramatismos, desde lo pequeño, cotidiano y alcanzable. Frente al culto contemporáneo al éxito inmediato y espectacular —alimentado por la cultura del emprendimiento heroico y los gurús del crecimiento personal—, SalvaROCK propone una filosofía de vida basada en los logros minúsculos que, acumulados, generan beneficios ingentes. El libro rechaza las fórmulas mágicas y las promesas grandilocuentes para centrarse en la observación lúcida y las propuestas posibles.

Con un estilo ágil, cercano y cargado de inteligencia práctica, SalvaROCK guía al lector a través de reflexiones que ayudan a avanzar con constancia, humor y sentido común. El autor, con experiencia en comunicación, formación y gestión del cambio, articula un discurso que huye de la autoayuda convencional para situarse en un territorio más honesto: el de la imperfección como punto de partida y el progreso gradual como estrategia sostenible.

El concepto de microéxito opera como unidad mínima de transformación. SalvaROCK sostiene que los grandes cambios raramente se producen por decisiones radicales o revelaciones súbitas, sino por la acumulación de pequeñas victorias que, en su conjunto, reconfiguran hábitos, actitudes y resultados. Esta perspectiva conecta con investigaciones recientes en psicología del comportamiento, particularmente con el trabajo de autores como James Clear en Hábitos atómicos (post de 2024), aunque SalvaROCK aporta una sensibilidad más europea y menos orientada al rendimiento obsesivo.

El libro es ideal para quienes buscan resultados reales sin perderse en grandes promesas. Así se ofrece una brújula amable para orientarse en el día a día, construir progreso desde la imperfección y avanzar con alegría y sin ansiedad. No hay aquí un manual de instrucciones ni una receta para el éxito, sino una compañía inteligente para el camino.

Filosofía del cambio incremental. La propuesta de SalvaROCK se fundamenta en varias premisas que atraviesan el libro. En primer lugar, la reivindicación de lo cotidiano como escenario legítimo del cambio. Frente a la épica del gran giro vital, el autor defiende que es en las decisiones menores —qué desayunar, cuándo responder un email, cómo afrontar una conversación difícil— donde se construye realmente una vida distinta.

SalvaROCK escribe: "El cambio no necesita ser heroico para ser real. La valentía está en levantarse cada día y elegir avanzar, aunque sea un milímetro". Esta afirmación resume el espíritu del libro: la transformación no como evento extraordinario, sino como práctica ordinaria.

En segundo lugar, la obra defiende el humor y la ligereza como herramientas de cambio. El autor desconfía de la solemnidad motivacional y apuesta por un tono que reconoce lo absurdo de la existencia sin caer en el cinismo. "La vida es demasiado seria para tomársela en serio", sugiere el autor, invitando a relativizar los fracasos y celebrar los avances sin grandilocuencia.

Finalmente, Microéxitos propone una ética de la constancia frente a la cultura de la intensidad. "No se trata de quemarte en un sprint, sino de encontrar un ritmo que puedas sostener hasta el final". Esta idea conecta con la sostenibilidad emocional y la economía de la atención: en un mundo que premia la hiperproductividad y el agotamiento, el autor reivindica la posibilidad de construir sin destruirse.

Se incluyen ejercicios prácticos, reflexiones y estrategias concretas para identificar microéxitos en la vida profesional y personal. Salva López no promete revoluciones, pero sí ofrece algo más valioso: un método para avanzar sin ansiedad, para construir sin dramatismo, para cambiar sin perder la cordura. En tiempos de exigencia extrema y promesas vacías, Microéxitos se presenta como un antídoto necesario, una invitación a reconocer que el progreso también puede ser silencioso, gradual y, sobre todo, humano.

Algunas citas representativas para estos tiempos acelerados, que podrían resumirse en tres: “Cambiar sin dramatismos, desde lo pequeño y alcanzable.” “Los logros minúsculos generan beneficios inmensos.” “No hay fórmulas mágicas, solo observación lúcida y propuestas posibles.” 

Con permiso del autor, reproducimos una exhaustiva selección de 43 referencias. Todo el mundo habla siempre del secreto del éxito. SalvaROCK prefiero hablar del éxito secreto. Durante la mayor parte de la Historia, el éxito se ha asociado más al poder que a la sabiduría, con contadas excepciones. Hoy en día la mayoría de las personas siguen sin comprender de verdad la diferencia entre conocimiento y sabiduría. El conocimiento puede encontrarse, construirse, comprarse e incluso robarse. Pero la sabiduría no, la sabiduría debe desarrollarse. 

1. Es importante distinguir entre el éxito de las cosas que uno hace y el de la persona que las hace. 2. Todo ser humano merece sentir la satisfacción del éxito ya que es a la vez una necesidad para el desarrollo humano y un derecho de nacimiento. 3. “Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, pueden cambiar el mundo”. Esta frase se atribuye por igual a al periodista y escritor uruguayo Eduardo Galeano y a San Juan Bautista de La Salle. 4. El éxito de cara a la galería vs. El éxito íntimo, secreto e invisible. 5. Siempre que compito contra mí mismo gano, aunque pierda. 6. Desafíate, hazlo con frecuencia, con retos y ob­jetivos alcanzables y factibles. Ese es el camino hacia lo que podemos bautizar como logros en cascada. 7. Para lograr cosas grandes primero hay que lograr cosas pequeñas, y luego convertirlo en un hábito. 8. Pero la escala no es lo importante aquí. Aquí lo importante es entrar en el flujo de lo que sig­nifica lograr cosas, triunfar en algo. 9. Mi dis­ciplina es la música, y de ella he aprendido muchas cosas sobre el cerebro, el cuerpo, el sistema nervioso, la mente y la consciencia. 10. Un micrologro, experimentado con con­ciencia, tiene repercusiones en tu cerebro, modifica cosas, deja una huella. 11. En determinadas circunstancias un logro minúsculo podría llegar a cambiar tu percepción de la realidad, tu actitud ante la vida diaria y, consecuentemente, podría cambiar tu vida. 12. Un solo microéxito puede poner en marcha este meca­nismo, puede ponerte en movimiento, en el camino de una infinita colección de otros logros que solo pueden condu­cirte a una versión mejorada, expandida, multiplicada de ti. 13. No se trata de andar buscando el significado de la vida, sino de que seas tú quien llene tu vida de signi­ficados 14. Hay una serie de endorfinas y neu­rotransmisores que se activan cuando logras una pequeña victoria. Y al cerebro le ENCANTAN esas pequeñas des­cargas químicas. Nos hacen sentir muy bien, y eso no pro­voca adicción, pero sí produce afición. Por ahí es por don­de se entra en el deseable flujo de los pequeños logros. Es la puerta de embarque de este viaje. 15. Uno debe seguir un camino de pequeños logros secuen­ciales y concatenados. 16. Si la paciencia es la madre de la ciencia, la repetición es, sin duda alguna, la madre de la perfección. 17. Tu cerebro, esa máquina increíble y maravillosa, tiene la capacidad de crear éxito para que tú y las personas que te rodean lo disfrutéis, si logras entender cómo funciona el mecanismo. 18. El resultado de una vida depende de los hábitos de esa vida. 19. A veces, la fórmula más simple para que te vayan bien las cosas consiste en aprender a no hacer lo que no te conviene, no perseguir sueños que no son verdadera­mente nuestros, no aceptar la definición del éxito que otros nos inculcan, y, por supuesto, no adquirir malos hábitos. Así de simple. 20. Los hábitos son, literalmente, nuestras herramientas para cincelar nuestro cerebro. 21. Cuando empiezas algo y lo terminas, estás desarrollando tu fuerza de voluntad, lo cual es en sí mismo un logro im­portantísimo. 

22. Estamos en un libro que habla de logros minúsculos que pueden proporcionar beneficios personales inmensos. Todo se enmarca en un contexto de desprogramación y reprogra­mación y, en el fondo, todo consiste en convertir la supera­ción en algo cotidiano, fácil de alcanzar y divertido. La su­peración no tiene por qué limitarse a grandes gestas heroicas. Uno puede superarse a sí mismo cada día, con gestos pequeños y cotidianos. Lo importante es el ritmo y la frecuencia, y para mantener ambas cosas esos gestos de­ben ser pequeños para poder convertirlos en algo cotidiano. 23. El cerebro, al igual que el cuerpo, no mejora repentina ni instantáneamente, sino a base de pequeños esfuerzos repetidos y acumulados en el tiempo, que irán resultando en pequeños progresos que lo irán reconfigurando. 24. El cerebro es una máquina muy viva y adapta­ble, que puede recablearse y evolucionar en función de lo que hagamos con él cada día. 25. Esas microsuperaciones serán literalmente nues­tros microéxitos. Y para convertirlas en hábito primero hay que subirse al flujo de los pequeños logros. 26. Pero si deseas ser más ambicioso, recuerda que no se progresa de golpe, dando saltos demasiado grandes. Se progresa paso a paso. 27. Un niño que inicia su propio flujo de pequeños logros estará haciendo exactamente lo que nece­sita para llegar a ser un adulto plenamente desarrollado. 28. La buena noti­cia es que el flujo de pequeños logros es un tren que pasa todos los días, y puedes subirte a él cuando tú quieras, em­pezando ahora mismo. 29. Como muchos ya sabemos, nuestras vidas son un conjunto de au­tomatismos cotidianos que repetimos cada día mientras pensamos en otras cosas. 30. Poner conciencia en lo que haces es la clave de todos los logros, de cualquier tamaño. 31. La falta de control sobre nuestra mente es uno de los males de nuestra especie. Lograr aunque sea un pequeño control sobre ella es un absoluto éxito para cualquiera que lo consiga. 32. Cuando somos pequeños tenemos nuestra capacidad de asombro al 100 %. Cualquier detalle nos puede resultar fascinante, porque, en realidad, todo es fascinantemente asombroso si lo miramos adecuadamente. 33. La capacidad de asombro se va borrando con la edad y con la propagación y establecimiento de automatismos. 34. Recuperar nuestra capacidad de asombro es algo que está al alcance de todos y que cuesta muy poco, y es algo básico para la percepción de los pequeños logros. 35. Esta­mos rodeados de gloriosas maravillas que ya no percibimos, como si estuviéramos anestesiados. 36. ¿Son tus sueños realmente tuyos o vienen de otros luga­res? ¿Te han enseñado a desear determinadas cosas? 37. La respuesta es justamente una pregunta que uno puede hacerse ante cualquier deseo que uno sienta. ¿Por qué deseo esto o aquello? 38. Lograr decir lo que se quiere decir y lo que se necesita decir, sin herir a nadie y sin crear ningún conflicto, es uno de los lo­gros más útiles para el día a día de cualquier persona. 39. Las emociones pueden considerarse mensajeros de nuestro interior, y de­ben escucharse, digerirse e integrarse en nuestra vida. 40. De algún modo, el ambiente social en el que vivimos trata de arrebatarnos la soberanía sobre nuestras emociones. 41. Siempre me ha parecido algo perverso que en nuestra infancia nos enseñen algunas materias que, para una mayo­ría de nosotros, jamás nos servirán de nada, y sin embargo no se nos enseñe a alimentarnos inteligentemente, que es algo que nos serviría absolutamente a todos. 42. Es a la vez liberador y aterrador acceder a puntos de vista y datos que pueden contradecir las versiones oficiales que nos ofrecen los medios tradicionales. 43. [En el ámbito espiritual] todas las enseñanzas ya han sido dadas. Toda la información ya está entre nosotros. Pero para encontrar, hay que buscar.

Estas frases ilustran el perfecto equilibrio entre realismo, optimismo y pragmatismo. Y recoge citas clásicas como esta de Epicteto (posts): "No tienes que ser perfecto. Solo tienes que ser mejor que ayer". El mejor consejo para volver a valorar la lentitud del aprendizaje y la modestia de los avances cotidianos. Sigue un vídeo muy reciente del autor,... 

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