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2025, un año de humanismo e innovación en este blog

Queridos lectores y lectoras: Pedimos a la IA (AI) que analizase el 2025, un año matemáticamente perfecto (45^2 = 2025), en nuestro blog. Tras analizar la trayectoria y las entradas de este año, estas son las etiquetas predominantes: #IA (Inteligencia Artificial): El tema estrella, enfocándose en la IA generativa y su impacto ético. #Educación: Siempre en el núcleo, analizando el cambio de paradigma en las aulas. #Euskadi / #Bilbao: El arraigo local, eventos culturales y la actualidad vasca. #HumanismoDigital: La búsqueda de la esencia humana frente a la automatización. #Citas: Reflexiones breves apoyadas en grandes pensadores. #Futuro: Proyecciones optimistas pero críticas sobre lo que vendrá. #Familia y #Amistad: El lado más personal y humano del autor.

Con 382 entradas publicadas, el blog se consolida no solo como un diario personal, sino como un faro de optimismo informado en un mar de incertidumbres tecnológicas y sociales. Si algo ha caracterizado este ciclo de 365 días (con su habitual ritmo de más de una publicación diaria), ha sido la capacidad de Mikel para tejer puentes entre lo ancestral y lo futurista. Al repasar estas 382 paradas, detectamos tres grandes ejes que han vertebrado la conversación.

1. El año de la IA con almaLa Inteligencia Artificial ha dejado de ser una promesa para convertirse en una herramienta cotidiana. En el blog, este tema ha sido tratado no desde el miedo o el deslumbramiento ciego, sino desde el Humanismo Digital. Mikel nos ha recordado en decenas de posts que, aunque las máquinas puedan alucinar o calcular, sólo los humanos podemos "sentir" el propósito. Sus reflexiones sobre LLMs, agentes autónomos y la ética algorítmica han servido para bajar el balón al suelo, siempre bajo la etiqueta de tecnología para la vida.

2. La Educación como resistencia y vanguardiaComo es habitual en su trayectoria, la educación ha ocupado un espacio privilegiado. En 2025, el debate se ha desplazado de "cómo usar las pantallas" a "cómo enseñar a pensar en un mundo automatizado". A través de sus crónicas de eventos pedagógicos y sus famosas metáforas, Mikel ha insistido en la necesidad de una educación que fomente la creatividad, el espíritu crítico y, sobre todo, la empatía. Sus posts han sido un recordatorio de que, en la era de la IA, el papel del docente es más sagrado que nunca: es el guía que enseña a distinguir la señal del ruido.

3. El arraigo: Entre Bilbao y el MundoA pesar de su mirada global, el blog nunca pierde su aroma a café en el Gran Bilbao o a paseo por Getxo. Las 382 entradas de 2025 están salpicadas de crónicas locales, homenajes a amigos que se han ido o que celebran hitos, y una defensa constante de la cultura vasca. Es este equilibrio entre la "aldea global" y el "botxo" lo que otorga a su escritura esa cercanía tan característica. Las fotos propias que acompañan sus textos no son meros adornos, son pruebas de vida de un observador que sigue disfrutando de un atardecer en el Abra tanto como de un nuevo descubrimiento científico.

Otras pequeñas cápsulas de sabiduríaNo podemos olvidar las etiquetas de #Citas y #Humor. A menudo, entre densos análisis tecnológicos, Mikel nos ha regalado píldoras de sabiduría de otros autores o aforismos propios que invitan a la pausa. En un mundo que corre demasiado rápido, estas entradas han funcionado como oasis de reflexión. Su capacidad para conectar un problema de física con una lección de vida, o una anécdota familiar con una teoría sociológica, sigue siendo la marca de la casa.

Las temáticas dominantes de 2025 giran en torno a la literatura y la novela, que emergen como el pilar central del contenido. Con al menos tres etiquetas explícitas de “literatura” y “novela” en mayo, y numerosas entradas dedicadas a reseñas y análisis de obras clásicas y contemporáneas, el blog se convierte en un refugio para los amantes de las letras. Por ejemplo, en “Stoner: la épica silenciosa de una vida común” (mayo), se explora la obra de John Williams como un retrato de la existencia ordinaria elevada a lo extraordinario. Similarmente, “Demian” de Hermann Hesse (mayo) indaga en la identidad personal, mientras que “Lo raro es vivir” de Carmen Martín Gaite (mayo) navega por la memoria y el amor perdido. Otras joyas incluyen “Trampa 22” (abril), una sátira bélica absurda, y “El Señor de las Moscas” (noviembre), una parábola sobre la civilización. Esta temática no solo refleja un amor por la narrativa, sino también una invitación a reflexionar sobre la condición humana, con influencias de autores como Sándor Márai (“La elegancia de la decepción”, julio) o Irène Némirovsky (julio). En total, más del 30% de las entradas tocan la literatura, convirtiéndola en la temática más usada, a menudo entrelazada con filosofía para enriquecer el debate.

La filosofía y las reflexiones éticas ocupan el segundo lugar, con etiquetas como “filosofía” apareciendo en febrero, mayo y septiembre (al menos tres menciones). Temas como el meliorismo –la creencia en que el mundo puede mejorar con esfuerzo humano– (febrero) o el estoicismo clásico como guía en la “modernidad líquida” (diciembre) destacan la búsqueda de sabiduría práctica. Entradas como “El rostro del Otro: la revolución ética de Emmanuel Lévinas” (septiembre) o “Dónde aterrizar: una brújula filosófica para tiempos de colapso” (julio) abordan el colapso ambiental y social, inspiradas en pensadores como Bruno Latour. Asimismo, “La expulsión de lo distinto” (julio) critica la hiperconexión, y “Manifiesto por una Tecnología Humanista” (julio) propone una ética tecnológica. Estas publicaciones, que representan cerca del 25% del total, invitan a la introspección, con toques de optimismo como en “Ten el coraje de ser diferente” (marzo) o “La ley del espejo” (junio).

La sociedad y la política, con etiquetas como “sociedad” (tres menciones entre febrero y mayo) y “política” (dos), forman otro núcleo temático, abordando desigualdades y crisis actuales. “Bullshit Jobs” (febrero) critica empleos inútiles, mientras que “Gaza: Un genocidio flagrante” (mayo) denuncia injusticias globales con etiquetas como “derechos humanos” y “genocidio”. Otras incluyen “Cultura woke: Despertar Social y Justicia Global” (mayo), “Chavs: La demonización de la clase obrera” (febrero) y “¿Puede aún la educación salvarnos del fascismo?” (junio), reflejando una preocupación por la polarización y el ascenso social, como en “Síndrome de Doña Florinda” (abril). Estas entradas, alrededor del 20%, combinan análisis crítico con llamadas a la acción.

La salud y la longevidad emergen como temas recurrentes, especialmente en un contexto de longevidad. Con etiquetas como “salud” y “suplementos” (febrero), “envejecimiento” (mayo) y “vejez” (septiembre), publicaciones como “Suplementos alimenticios para mayores” (febrero), “El aprendizaje como elixir contra el envejecimiento” (mayo) y “Creatina: Un aliado para el músculo, el cerebro y la longevidad” (diciembre) ofrecen consejos prácticos. “El Muro de los 80 Años” (septiembre) propone 44 ideas para envejecer con dignidad, y “Tu rostro leído por la IA predice tu salud” (octubre) fusiona tecnología con bienestar. Este bloque, con un 15% de las entradas, resalta la importancia de la vitalidad en la tercera edad.

Otras temáticas notables incluyen tecnología y AI (10%), con posts como “Seis años con un Tesla Model 3” (febrero), “Kai-Fu Lee, pionero de AI” (junio) y “Neo, el robot que quiere entrar en casas” (octubre); música y artes (8%), destacando “Roberta Flack” (febrero) o “Los Soprano” (noviembre); educación (5%), como “Taller infantil de ciencia” (mayo) o “José de Calasanz” (noviembre); y viajes (5%), con exploraciones en La Manga y Guardamar (abril). El ajedrez aparece esporádicamente, como en “Homenaje a Boris Spassky” (febrero) o “Relación entre nivel de rating y duración” (diciembre), con etiquetas como “ajedrez” y “Lichess”.

Este 2025 ha sido un año de celebración intelectual, culminando en hitos como las 10 millones de visitas (julio) y reflexiones navideñas (diciembre). Gracias por acompañarme en este viaje. Que 2026 traiga más preguntas profundas y respuestas iluminadoras.

Hacia un 2026 de nuevas preguntas, retos y oportunidadesLlegar al final de este 2025 con 382 nuevas reflexiones en la mochila es un testimonio de disciplina, pero sobre todo de curiosidad inagotable. El blog de Mikel Agirregabiria sigue siendo un espacio donde se celebra la inteligencia en todas sus formas, pero donde siempre prima la inteligencia cordial.

Mientras nos preparamos para el próximo año, nos quedamos con esa idea que ha sobrevolado el blog este invierno: que la tecnología es el escenario, pero la humanidad es la obra de teatro. Gracias, Mikel, por seguir abriendo la persiana de tu blog cada mañana y por recordarnos que, en un mundo de algoritmos, lo más disruptivo que podemos hacer es seguir siendo profundamente humanos, curiosos y agradecidos. ¡A por el 2026, con la misma pasión y, ojalá, con otras tantas entradas que nos ayuden a entender mejor el mundo!

Elige una ética de vida en tiempos de disrupción tecnológica

Hablar hoy de una “ética de vida” no es un ejercicio retórico ni una nostalgia filosófica. Es, más bien, una necesidad práctica en sociedades caracterizadas por la aceleración tecnológica, la complejidad moral y la pluralidad de valores. Elegir una ética de vida significa adoptar un marco razonado de principios que orienten nuestras decisiones cotidianas, nuestras responsabilidades colectivas y nuestra relación con el conocimiento, la técnica y los demás.

Durante siglos, la ética fue concebida como una reflexión relativamente estable: un conjunto de virtudes o normas transmitidas por la tradición, la religión o la filosofía clásica. Sin embargo, la modernidad tardía ha erosionado los consensos morales fuertes sin sustituirlos por otros igualmente sólidos. En este contexto, la ética deja de ser heredada y pasa a ser, en gran medida, elegida. Esa elección no es trivial: condiciona cómo entendemos el progreso, el éxito, la dignidad humana o la justicia intergeneracional.

Desde la ciencia y la tecnología, esta cuestión adquiere una urgencia particular. La capacidad de intervenir sobre la naturaleza, los cuerpos y la información supera con creces nuestra madurez moral colectiva. La inteligencia artificial, la biotecnología, la edición genética o la economía de datos no son neutrales: amplifican valores preexistentes y hacen visibles nuestras prioridades éticas. Una ética de vida bien pensada actúa como brújula frente a la tentación del “todo lo técnicamente posible es moralmente aceptable”.

Pero ¿qué significa elegir bien una ética de vida? No se trata de adherirse dogmáticamente a un sistema cerrado, sino de articular criterios coherentes, revisables y argumentables. Una ética de vida madura combina convicciones firmes con apertura crítica. Reconoce la dignidad intrínseca de las personas, pero también la interdependencia con otros seres vivos y con las generaciones futuras. Integra la racionalidad científica sin reducir lo humano a lo cuantificable.

En el ámbito educativo, esta elección es especialmente relevante. Educar no consiste solo en transmitir competencias técnicas, sino en formar criterios de juicio. Una ética de vida explícita permite orientar el aprendizaje hacia fines más amplios que la empleabilidad inmediata: el pensamiento crítico, la responsabilidad social, la honestidad intelectual y el compromiso cívico. Sin esta dimensión ética, la educación corre el riesgo de convertirse en un mero entrenamiento funcional al mercado o a la inercia tecnológica.

Asimismo, elegir una ética de vida es un acto de libertad responsable. Frente al relativismo extremo —donde toda opción vale lo mismo— y frente al moralismo rígido —que clausura el diálogo—, una ética elegida conscientemente se apoya en razones, no solo en preferencias. Implica preguntarse qué tipo de persona queremos ser y qué tipo de sociedad deseamos construir. Estas preguntas, aunque antiguas, adquieren nuevas capas en un mundo globalizado y digital.

La oportunidad actual para esta elección no es casual. Vivimos una época de transición, marcada por crisis ecológicas, sanitarias, democráticas y culturales. En tiempos de incertidumbre, los marcos éticos implícitos se vuelven visibles cuando fallan. Elegir bien una ética de vida permite anticipar conflictos, resistir la banalización del mal cotidiano y sostener decisiones difíciles cuando los incentivos inmediatos empujan en dirección contraria.

Por último, una ética de vida no es sólo un asunto individual. Tiene una dimensión pública y compartida. Las instituciones científicas, tecnológicas y educativas necesitan explicitar los valores que guían sus prácticas: transparencia, equidad, sostenibilidad, cuidado. Sin este ejercicio, la confianza social se erosiona y el progreso se percibe como amenaza en lugar de oportunidad.

En definitiva, el valor de elegir bien una ética de vida reside en su capacidad para dar sentido, coherencia y orientación en un mundo saturado de opciones y estímulos. Y la oportunidad es ahora: cuando nuestras decisiones, amplificadas por la tecnología y el conocimiento, tienen consecuencias que exceden con mucho el ámbito privado. Elegir bien no garantiza respuestas simples, pero sí una forma más lúcida y responsable de habitar el presente y proyectar el futuro.


Estoicismo clásico como brújula ética en la modernidad líquida

Siempre sintonizamos con el estoicismo (varios posts), una filosofía de siempre que quizá ahora recobra más sentido que nunca. En una época marcada por la incertidumbre, la sobreestimulación informativa y la ansiedad colectiva, el estoicismo ha reaparecido con fuerza en el debate público. Libros superventas, cursos de “estoicismo práctico” y referencias constantes en el ámbito empresarial o deportivo parecen haber redescubierto una filosofía que, en realidad, nunca se fue. El estoicismo no es una moda intelectual, sino una tradición de pensamiento con más de dos mil años de historia que sigue ofreciendo herramientas conceptuales y éticas de notable vigencia.

El estoicismo nace en Atenas hacia el siglo III a. C., de la mano de Zenón de Citio, y se desarrolla plenamente en el mundo grecorromano. Sus figuras más conocidas — Epicteto, Séneca y Marco Aurelio— no fueron filósofos de gabinete, sino pensadores profundamente comprometidos con la vida práctica. Para ellos, la filosofía no consistía en acumular conocimientos, sino en aprender a vivir bien. Esta orientación vital explica buena parte de su atractivo contemporáneo.

Uno de los pilares del estoicismo es la distinción entre lo que depende de nosotros y lo que no. Nuestras opiniones, deseos y acciones están bajo nuestro control; la fortuna, la enfermedad, la fama o la opinión ajena, no. Esta idea, aparentemente sencilla, tiene profundas implicaciones éticas y psicológicas. Frente a una cultura que promueve el control total y la optimización permanente, el estoicismo invita a aceptar los límites y a concentrar la energía moral allí donde puede ser eficaz.

Lejos de promover la indiferencia o el desapego emocional absoluto, el estoicismo propone una disciplina del juicio. No son los hechos los que nos perturban —afirma Epicteto —, sino la interpretación que hacemos de ellos. Esta tesis, que resuena hoy en la psicología cognitiva y en la educación emocional, desplaza el foco desde el mundo exterior hacia la responsabilidad interior. Educar en clave estoica no es enseñar a evitar el conflicto, sino a responder a él con lucidez y templanza.

En el plano ético, el estoicismo sostiene que el bien supremo es la virtud: vivir conforme a la razón y a la naturaleza racional del ser humano. Esta virtud no es abstracta; se concreta en cualidades como la justicia, el autocontrol, la valentía y la sabiduría práctica. En un contexto social donde el éxito suele medirse en términos de visibilidad, rendimiento o acumulación, el estoicismo ofrece un criterio alternativo: la dignidad moral como valor intrínseco, independiente del reconocimiento externo.

La dimensión social del estoicismo suele ser menos conocida, pero resulta especialmente relevante hoy en plena modernidad líquida (posts). Los estoicos defendían una concepción cosmopolita del ser humano: todos formamos parte de una misma comunidad moral, más allá de fronteras políticas, culturales o económicas. Marco Aurelio, emperador del Imperio romano, insistía en la idea de cooperación y servicio mutuo como exigencias de la razón. Esta ética del cuidado del otro, basada en la interdependencia, dialoga de manera fértil con los debates actuales sobre ciudadanía global, educación en valores y responsabilidad social.

¿Por qué, entonces, el estoicismo vuelve a atraer en el siglo XXI? En parte, porque ofrece una respuesta sobria a problemas muy contemporáneos: la gestión de la frustración, el miedo al futuro, la hiperconexión digital o la sensación de pérdida de control. A diferencia de ciertos discursos motivacionales, el estoicismo no promete felicidad constante ni éxito garantizado. Promete algo más modesto y, quizá por ello, más sólido: coherencia interior y libertad frente a lo superfluo.

Sin embargo, esta recuperación no está exenta de riesgos. Una lectura superficial puede convertir el estoicismo en una ética del aguante pasivo o en una herramienta de adaptación acrítica a situaciones injustas. El estoicismo clásico no invitaba a resignarse ante el mal, sino a actuar con justicia sin depender emocionalmente del resultado. Recuperar esta dimensión crítica es esencial para integrarlo de forma honesta en la educación y en el debate ético contemporáneo.

Las mejores citas los pilares intelectuales del estoicismo: la percepción, el control, el tiempo y la integridad. Sobre la percepción (Epicteto): "No son las cosas las que nos perturban, sino nuestras opiniones sobre las cosas." Sobre la calidad mental (Marco Aurelio): "La felicidad de tu vida depende de la calidad de tus pensamientos; por lo tanto, vigila tus nociones para que no contengan nada inapropiado para la virtud y la naturaleza racional." Sobre la ansiedad (Séneca): "Sufrimos más a menudo en la imaginación que en la realidad." Sobre la integridad social (Marco Aurelio): "La mejor venganza es no ser como el que causó el daño." Sobre el uso del tiempo (Séneca): "No es que tengamos poco tiempo, sino que perdemos mucho." Sobre la humildad intelectual (Epicteto): "Es imposible para un hombre aprender lo que cree que ya sabe."

En definitiva, el estoicismo sigue siendo una filosofía de siempre y de ahora porque aborda una pregunta permanente: cómo vivir bien en un mundo que no controlamos del todo. Su vigencia no reside en ofrecer recetas rápidas, sino en proponer un ejercicio exigente de reflexión, autodominio y responsabilidad moral. En tiempos convulsos, esta antigua escuela sigue recordándonos que la verdadera fortaleza no consiste en dominar el mundo, sino en gobernarse a uno mismo.

Nota: En el vídeo de inicio se cita una "ética de vida" y le dedicamos un post.

@soren.chriis 7 cosas según los Estoicos para ser mejor persona #brandbuilder #marcapersonal #redessociales #creacióndecontenido #marketingdigital #creadordecontenido ♬ sonido original - Soren.chriis

La tecnología del Siglo XXI necesita más filosofía y ética

La ingeniería del presente y del futuro: Luciano Azpiazu Canivell nos habla de redes eléctricas, talento y la transformación de Bilbao,... En un país donde la tecnología avanza más rápido que la capacidad de regulación, donde la transición energética se discute a menudo desde el desconocimiento, escuchar la voz de un ingeniero con más de cuatro décadas de experiencia aporta una rara claridad. 

La conversación con Luciano Azpiazu Canivell —ingeniero industrial formado en la Escuela Técnica Superior de Bilbao, profesor y profesional durante 40 años en Iberdrola Redes— es también un retrato generacional de quienes han sostenido silenciosamente el progreso energético y urbano de España. 

Su historia familiar ya evoca la movilidad empresarial de otras épocas: abuelo catalán del sector textil, padre vasco, raíces que conectan la industria textil con la ingeniería eléctrica. Y a partir de ahí, la trayectoria de un profesional que ha sido testigo directo de la evolución del sistema eléctrico español y de los cambios profundos de Bilbao.

La situación real de las redes eléctricas

Azpiazu introduce una distinción fundamental: no todas las redes eléctricas sufren los mismos problemas. Las de muy alta tensión, gestionadas por Red Eléctrica, soportan la avalancha de peticiones de conexión de grandes plantas fotovoltaicas, eólicas o sistemas de almacenamiento. Las de media y baja tensión, que alimentan hogares, comercios e instituciones, presentan una situación más heterogénea: saturación en los centros urbanos —por el aumento de la demanda, climatización y peatonalización— y sobrantes de capacidad en zonas despobladas.

La paradoja es evidente: si pudiéramos trasladar demanda de las ciudades a Castilla, sobraría red, pero la necesidad está donde está la población, el tráfico y la actividad económica.

Electrificación, vehículos y transición real

Cuando se habla de vehículo eléctrico, la ingeniería se impone al entusiasmo. Azpiazu lo explica con claridad pedagógica: una comunidad de vecinos de 14 plantas puede funcionar con un único transformador, pero una sola carga rápida de un coche necesita otro transformador equivalente. Y aun así, no todos los vecinos tendrán coche eléctrico ni lo cargarán simultáneamente, lo que introduce factores de simultaneidad que suavizan el problema.

 ¿Será el coche eléctrico de baterías el dominante en el futuro? El ingeniero es escéptico. Prevén un camino intermedio:

Motores de combustión con combustibles alternativos ya desarrollados por empresas como Petronor.
Hidrógeno o metano para vehículos pesados: autobuses, barcos, camiones. 
- E incluso menciona el absurdo práctico de la carga por inducción: para cargar sin cables habría que colocar una placa metálica de hasta 80 kg bajo la batería.

Estamos —dice— en una transición dentro de la transición: la tecnología definitiva aún no está definida. 


Un elogio a los profesionales frente a los “todólogos”

Uno de los pasajes más contundentes es la crítica a los opinadores sin rigor técnico. Los “todólogos” que, ante una crisis como un apagón, hablan de grid forming sin que aún exista en operación real, o reclaman duplicar redes sin asumir los años de trámites necesarios para construirlas. Azpiazu recuerda un caso ilustrativo: un presidente de una gran compañía eléctrica pedía suministro a su finca… pero él mismo bloqueaba los permisos para la línea que debía alimentarla.

Su propuesta es provocadora pero argumentada: en ciertos asuntos, el voto de un profesional debería pesar más que el de un aficionado. No todas las opiniones son equivalentes cuando se discute cirugía, redes eléctricas o ingeniería civil.

Bilbao: la prueba de que la ingeniería transforma ciudades

Pocas ciudades simbolizan la transformación moderna como Bilbao. Y Azpiazu recuerda que el cambio no fue espontáneo ni mágico: detrás estaban la tenacidad de dos ingenieros —uno de Caminos y otro Industrial— que impulsaron la regeneración de Abandoibarra y facilitaron la llegada del Museo Guggenheim Bilbao. El metro, el tranvía y la limpieza de la ría completaron un proceso que convirtió una ciudad industrial oscura en un referente urbanístico europeo.

Los ingenieros no solo construyen infraestructuras: anticipan el futuro antes de que los demás lo vean.

Ingeniería, talento y el reto educativo

Las escuelas de ingeniería españolas mantienen buen número de alumnos, pero afrontan desafíos: nuevas profesiones sin atribuciones, cambios en los planes académicos, incorporación de formación humanística y ética para preparar un mundo con inteligencia artificial. Las mujeres representan ya casi el 30% de las nuevas promociones, gracias a mejores condiciones de conciliación y a una visión más amplia de la profesión.

Pero persiste un problema sistémico: la fuga de talento. Muchos ingenieros jóvenes encuentran mejores condiciones en Alemania, Suiza o Reino Unido, y España debe esforzarse por retener y atraer talento si quiere mantener su avance tecnológico.

En definitiva, la conversación con Luciano Azpiazu es un recordatorio de que la ingeniería es una disciplina silenciosa, rigurosa y profundamente humana. De ella depende que las luces sigan encendidas, que las ciudades funcionen y que la transición energética sea algo más que un eslogan.

Sexus, Nexus, Plexus: Viaje a la libertad de Henry Miller

La llamada "Trilogía Rosada o La crucifixión rosa" de Henry Miller, compuesta por Sexus (1949), Plexus (1953) y Nexus (1960), no es simplemente una serie de novelas; es un monumental y a menudo escandaloso examen autobiográfico de la vida, el arte, la sexualidad y la búsqueda de la identidad en la América de principios del siglo XX. Escritas en sus años de exilio en París, estas obras son una continuación del espíritu transgresor que definió al autor en sus anteriores Trópicos, pero con un enfoque más centrado en su desarrollo como artista y su relación con la segunda esposa, June Edith Smith (Mara en la ficción).

Miller concibió la trilogía como una exploración exhaustiva de su vida en la veintena, justo antes de su decisivo viaje a París. El eje central es su lucha por liberarse de la vida burguesa y el trabajo de oficina, y su despertar a la vida sexual y artística bajo la influencia de Mara, una figura compleja y casi mítica que lo inspira y lo atormenta. 

1. Sexus (1949): Se centra en el despertar sexual de Miller (aquí llamado Walter "Wally" Gorton) y su tormentosa relación con Mara. La novela es un torrente de memoria, fantasía y reflexión, entrelazado con descripciones explícitas de encuentros sexuales que, en su momento, provocaron cargos de obscenidad.

El libro traza la vida de Miller en Brooklyn, su matrimonio fallido con su primera esposa (Maude) y el comienzo de su obsesión destructiva y creativa con Mara. La libertad sexual es presentada no como un fin en sí mismo, sino como un vehículo para la liberación espiritual y artística. Miller se rebela contra las convenciones sociales, buscando una autenticidad brutal. 

"Debes hacer de la vida una aventura. Y el primer paso es negarse a servir como esclavo de cosas que no necesitas, de un trabajo que no te gusta, de una existencia que te vacía." 

2. Plexus (1953)El enfoque se desplaza hacia la lucha por sobrevivir económicamente mientras intenta definirse como escritor. El título hace referencia a un "entrelazamiento" o "red" (como el plexo solar), y la novela teje las experiencias de Miller con una serie de trabajos absurdos y humillantes (como su famoso empleo en la Oficina Telegráfica Cosmocrática, o The Cosmodemonic Telegraph Company) y su esfuerzo por encontrar tiempo y espacio para escribir.

La relación con Mara continúa, pero la narrativa se enriquece con largas divagaciones sobre el arte, la filosofía, la literatura, y la naturaleza de la existencia. Plexus es quizás el más reflexivo de los tres libros, profundizando en la mente de Miller y su proceso creativo. Es una defensa apasionada de la vida bohemia.

"El mundo tiene que ser constantemente destruido y reconstruido en el crisol de tu propia mente. Tienes que recrearlo si quieres comprenderlo, si quieres amarlo."

3. Nexus (1960)Concluye la trilogía narrando la inminente partida de Miller hacia Europa y la culminación de su relación con Mara. El título alude al "vínculo" o "conexión" final, el momento en que se cortan los lazos que lo atan a su vida anterior.

La novela profundiza en la naturaleza ilusoria y parasitaria de Mara, cuya infidelidad y manipulación se vuelven insostenibles. Al final, el viaje a Europa no es solo una huida de Mara o de América, sino un acto de fe en sí mismo como escritor, una aceptación de su destino. El arte se convierte en el vínculo supremo, reemplazando la obsesión amorosa. Nexus es el adiós a su pasado y el nacimiento del Miller que el mundo llegaría a conocer en París.

"El único viaje es el interior. La esencia de la vida es moverse, y el movimiento crea lo que deseas."

La "Trilogía Rosada" es un texto fundamental para entender la literatura de la liberación personal. Sus temas centrales son:

- La Búsqueda de la Vocación Artística: La lucha por rechazar la conformidad de la vida convencional y abrazar el destino de ser un artista, un tema que resuena con muchos.
- La Sexualidad como Honestidad: Miller utiliza el sexo no solo para el choque o el placer, sino como una metáfora de la verdad desnuda y la conexión auténtica.
- La Figura de la Mujer Mítica: Mara es una musa destructiva, un catalizador para el arte de Miller, y su retrato es un ejemplo temprano de la mujer fatal moderna.
- El American Dream vs. El Exilio: La trilogía es una crítica mordaz al materialismo y la represión moral de América, lo que impulsa a Miller a buscar la libertad en Europa.

A pesar de la controversia inicial, la trilogía es celebrada hoy por su fuerza estilística, su honestidad brutal y su valor como testimonio de la vida bohemia en una era de cambio.

La ilusión del tiempo: El enigma temporal visto por la física

Alberto Casas, físico teórico español e investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en el Instituto de Física Teórica (IFT) UAM-CSIC, nos invita en “La ilusión del tiempo” a cuestionar una de las certezas más arraigadas de nuestra existencia: la naturaleza del tiempo. Doctor en Física Teórica por la Universidad Autónoma de Madrid, Casas ha dedicado su carrera al estudio de la física de partículas elementales y la cosmología, campos que lo han situado en la vanguardia de la divulgación científica en España. Su capacidad para transformar conceptos complejos en narrativas accesibles lo ha convertido en un referente para quienes buscan comprender los enigmas fundamentales del universo.

La ilusión del tiempo” no es simplemente otro libro de divulgación científica; es una exploración profunda y rigurosa que nos lleva desde nuestra experiencia cotidiana del tiempo hasta las fronteras más abstractas de la física moderna. Casas construye su argumento con la meticulosidad de un físico y la claridad de un maestro, guiándonos a través de siglos de pensamiento científico y filosófico.

El libro comienza desmontando nuestras intuiciones sobre el tiempo. Esa sensación de que el pasado es inmutable, el presente fugaz y el futuro abierto a posibilidades, resulta ser mucho más problemática de lo que imaginamos. A través de las teorías de Newton, Einstein y la mecánica cuántica, Casas demuestra cómo la ciencia ha ido erosionando progresivamente nuestra comprensión intuitiva del tiempo.

La obra se adentra en la relatividad especial y general, explicando cómo el tiempo no es absoluto sino relativo al observador, cómo puede dilatarse o contraerse según la velocidad y la gravedad. Más perturbador aún, nos muestra cómo, desde la perspectiva de las ecuaciones fundamentales de la física, no existe una dirección privilegiada del tiempo. Las leyes microscópicas son simétricas temporalmente: funcionan igual hacia adelante que hacia atrás.

Uno de los aspectos más fascinantes que aborda Alberto Casas es la aparente contradicción entre la reversibilidad temporal de las leyes fundamentales y nuestra experiencia del tiempo como unidireccional. ¿Por qué envejecemos? ¿Por qué recordamos el pasado pero no el futuro? La respuesta, nos explica, reside en la termodinámica y el concepto de entropía. El tiempo, tal como lo experimentamos, emerge de procesos estadísticos y del aumento constante del desorden en el universo.

El autor también explora territorios más especulativos pero igualmente rigurosos: la naturaleza del “ahora”, la posibilidad de que el tiempo sea una ilusión emergente de algo más fundamental, y las implicaciones de la mecánica cuántica para nuestra comprensión temporal. ¿Es el universo un bloque tetradimensional donde pasado, presente y futuro coexisten eternamente? ¿O el tiempo posee alguna característica fundamental que aún no comprendemos?

Resumen de algunas ideas destacadas: No existe un presente único e inmutable: la relatividad relativiza la simultaneidad.  La flecha del tiempo está ligada al aumento de entropía; eso explica por qué recordamos el pasado y no el futuro.  La mecánica cuántica introduce indeterminación que complica cualquier imagen determinista simple del tiempo.  Interpretaciones como la de «muchos mundos» o la idea de bloques espacio-temporales aparecen como herramientas conceptuales, no como certezas empíricas.  

Dos citas: “El tiempo no es una ilusión, pero la manera en que lo percibimos sí lo es.” “La sensación de que el pasado ya ocurrió y el futuro está abierto puede ser una ilusión debida al incremento de entropía.” 

Lo que distingue “La ilusión del tiempo” es su capacidad para conectar la física con cuestiones filosóficas profundas. Casas no rehúye las implicaciones de sus explicaciones científicas para conceptos como el libre albedrío, la consciencia y el significado de nuestra existencia. Sin caer en la especulación gratuita, el autor mantiene un delicado equilibrio entre el rigor científico y la reflexión humanística.

El libro resulta accesible para lectores sin formación científica avanzada, aunque demanda atención y disposición para enfrentar ideas contraintuitivas. Casas utiliza analogías efectivas y ejemplos cotidianos que iluminan conceptos abstractos sin simplificarlos en exceso. Su prosa es clara, directa y ocasionalmente impregnada de un humor sutil que alivia la densidad conceptual.

La ilusión del tiempo” pertenece a esa categoría especial de libros que modifican permanentemente nuestra forma de ver el mundo. Después de leerlo, es imposible mirar un reloj con la misma inocencia. Nos deja con más preguntas que respuestas, pero son preguntas más profundas, más interesantes, más cercanas al corazón del misterio de la existencia.

Este ensayo es perfecto para lectores de divulgación científica con interés por la física fundamental, la filosofía de la ciencia y la cosmología. También resulta útil para profesores y estudiantes de ciencias y humanidades que quieran un puente entre formalismo físico y consecuencias conceptuales sobre la realidad y la conciencia. 

Alberto Casas logra lo que todo gran divulgador aspira: no solo transmitir conocimiento, sino despertar asombro. En una época donde el tiempo parece acelerarse paradójicamente mientras lo medimos con precisión nanoscópica, este libro nos recuerda que los misterios más profundos a menudo se esconden en aquello que damos por sentado.

La ilusión del tiempo aporta claridad a un asunto que suele oscurecerse por jergas y paradojas. Casas no promete respuestas definitivas —la física aún busca la reconciliación entre relatividad y mecánica cuántica—, pero sí ofrece un mapa valioso para entender por qué la percepción temporal es un problema científico y filosófico vivo. 

Tu rostro leído por la IA predice tu salud futura y longevidad

¿Tu cara revela la edad biológica? Nueva frontera de la longevidad

La promesa de la longevidad ha acompañado a la humanidad desde los alquimistas medievales hasta los laboratorios biotecnológicos del siglo XXI. Pero hoy, un nuevo actor ha entrado en escena: la inteligencia artificial. En laboratorios europeos, desde Berlín hasta Copenhague, los algoritmos ya no se limitan a procesar datos médicos: observan, aprenden y “leen” nuestros rostros para estimar cuánto ha envejecido realmente nuestro cuerpo, más allá de los años que marca el calendario.

El proyecto FAHR-Face, desarrollado por un consorcio europeo de investigadores, ha analizado más de 40 millones de imágenes faciales para construir un modelo de edad biológica visual. Según sus resultados preliminares, la IA puede predecir la edad real de nuestros tejidos y órganos con una precisión notable, incluso anticipando riesgos de salud y mortalidad. No se trata, por tanto, de un simple espejo digital, sino de un nuevo “reloj de arena” biométrico, que calcula no cuánto tiempo hemos vivido, sino cómo lo hemos hecho.

La cara como espejo del cuerpo (y del tiempo)

La idea es tan poética como perturbadora: el rostro como mapa del envejecimientoLa IA no mira arrugas o canas, sino patrones complejos —tensión cutánea, microtexturas, coloraciones imperceptibles— que correlacionan con procesos internos como el estrés oxidativo, la inflamación o el metabolismo celular. En estudios paralelos de la revista Aging-US, se ha comprobado que ciertos algoritmos predicen incluso la “resiliencia biológica”: la capacidad del organismo para recuperarse del estrés o de una enfermedad.

Esta tecnología, nacida en un contexto clínico, pronto podría extenderse a revisiones médicas rutinarias o programas personalizados de salud. Pero también abre una serie de preguntas incómodas: ¿Queremos que un algoritmo nos diga si envejecemos “bien”? ¿Qué hará una aseguradora con ese dato? ¿Y cómo afecta psicológicamente saber que, según tu cara, tu cuerpo tiene diez años más de los que creías?

Del laboratorio a la ética pública

Europa, cuna de la bioética moderna, se enfrenta ahora a un nuevo desafío moral¿Hasta dónde debe llegar la cuantificación de la vida? Proyectos como FAHR-Face o el Longevity AI Consortium de Oxford y Heidelberg buscan establecer marcos transparentes, garantizando que los datos biométricos sean tratados con la misma dignidad que los datos genéticos. Porque si el rostro es la parte más visible de nuestra identidad, convertirlo en un indicador de salud puede rozar la frontera de la privacidad existencial.

Las instituciones educativas y sanitarias tienen aquí un papel crucial. La alfabetización digital no consiste solo en aprender a usar dispositivos, sino en entender qué significan los datos que nos devuelven. Enseñar a interpretar nuestra edad biológica requerirá la misma sensibilidad que enseñar a leer poesía: leer entre líneas, distinguir lo humano de lo mecánico, lo probable de lo esencial.

Europa ante la biotecnología del envejecimiento

Mientras Silicon Valley y Shenzhen invierten miles de millones en la “inmortalidad tecnológica”, la respuesta europea es más mesurada, filosófica y comunitaria. Frente al discurso de la “eterna juventud”, los proyectos europeos de longevidad se centran en la “vida buena” y la “edad saludable”El envejecimiento se concibe como una etapa de aprendizaje, no una enfermedad a erradicar. La IA, bien orientada, puede ayudar a prolongar la autonomía, prevenir patologías y diseñar entornos educativos y sociales adaptados al envejecimiento activo.

De hecho, varias universidades —como la de Aarhus o la de Roma La Sapienza— están incorporando módulos sobre longevidad digital y ética del envejecimiento en programas de medicina, educación y filosofíaEl futuro de la salud no solo pasa por los hospitales, sino por aulas donde se enseñe a vivir (y envejecer) con inteligencia artificial.

Hacia una pedagogía de la edad

En última instancia, la IA aplicada a la longevidad no nos invita a escapar del tiempo, sino a reconciliarnos con élQuizás la enseñanza más profunda del proyecto FAHR-Face no sea médica, sino educativa: aprender a leer nuestro propio rostro como texto vital, como biografía que la tecnología puede ayudarnos a comprender, pero no a sustituir.

Y aunque el algoritmo vea un número, somos nosotros quienes damos sentido a los añosLa longevidad no será una cifra, sino una nueva forma de cultura: la de quienes saben vivir más y mejor, con consciencia y con límite.