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HidrateSpark Pro 2: ¿Hidratación mejor o simple postureo?

Ha sido el capricho gadget de estas navidades,... que hace años se materializaba con las originales y precursoras - aunque ahora primitivas- Stanley. Su evolución llegó a la HidrateSpark Pro 2, uno de esos dispositivos que parecen anecdóticos —una botella de agua "inteligente"— pero que, al incorporar sensores, conectividad Bluetooth y sincronización con plataformas de salud digital, se convierten en un objeto revelador de cómo vivimos la tecnología en el siglo XXI. No sólo promete mejorar la hidratación diaria (más posts sobre el agua como elixir), sino que también plantea preguntas sobre dependencia tecnológica, privacidad y educación del autocuidado.

La puesta en marcha es fácil y rápida: Basta extraer el fondo, recargar la batería, instalar la APP, calibrar el sensor de peso en vacío y rellenar con agua o cualquier líquido (su función de termo, mantiene la temperatura). Cada sorbo es registrado en la aplicación y se gamifica con retos diarios, en equipo si se quiere. 

La peculiar base del HidrateSpark Pro 2, aparentemente propensa a la inestabilidad, es para ajustarse en la típica anchura de los posavasos en coches,...(fotos). Según la información oficial, la HidrateSpark Pro 2 es “la botella más inteligente del mundo”, fabricada en acero inoxidable reciclado, con aislamiento al vacío y un sensor SipSense capaz de registrar cada sorbo y emitir recordatorios luminosos de 360 grados. Su integración con Apple Health y Fitbit la sitúa en el ecosistema de la salud cuantificada, donde cada gesto corporal se convierte en dato. 

Qué ofrece la HidrateSpark Pro 2. La botella incorpora varias funciones destacadas: • Sensor SipSense que registra automáticamente la ingesta de agua. • Recordatorios luminosos personalizables para beber a intervalos regulares. • Sincronización con Apple Health, Fitbit y relojes inteligentes, ajustando objetivos según actividad física o clima Amazon. • Aislamiento térmico de doble pared, manteniendo el agua fría hasta 24 horas. • Fabricación en acero inoxidable reciclado, con un enfoque explícito en sostenibilidad. • Diferentes capacidades: 621 ml, 887 ml y 946 ml, según el modelo y la tienda. • Precio entre 70 y 90 € según tamaño y distribuidor.

✔️ Pros: tecnología al servicio del hábito:

1. Mejora del comportamiento de hidratación. La mayoría de las personas bebe menos agua de la recomendada. La botella automatiza el seguimiento y ofrece recordatorios visuales que ayudan a establecer un hábito más constante. La gamificación —trofeos, metas, progresos— añade un componente motivador.

2. Integración con ecosistemas de salud. La sincronización con Apple Health y Fitbit permite que la botella ajuste objetivos según pasos, ejercicio o clima. Esto convierte la hidratación en un parámetro más dentro del conjunto de métricas de bienestar.

3. Diseño ergonómico, robusto y térmico. El acero inoxidable reciclado y el aislamiento al vacío garantizan durabilidad y conservación del frío durante 24 horas. Esto la hace útil tanto para el día a día como para deporte o trabajo.

4. Personalización estética y funcional. Los recordatorios luminosos de 360° no solo son útiles, sino también agradables visualmente. El usuario puede elegir colores, patrones y frecuencia.

5. Precisión del sensor. El sistema SipSense registra cada sorbo con notable exactitud, lo que permite un seguimiento fiable de la ingesta diaria HidrateSpark.

Contras: precio, dependencia y dilemas éticos:

1. Precio elevado. Con precios entre 70 y 90 € según modelo y tienda, es un gadget costoso comparado con botellas térmicas de alta calidad sin electrónica.

2. Dependencia tecnológica. Convertir un acto tan básico como beber agua en un proceso mediado por sensores y notificaciones plantea preguntas: ¿Estamos externalizando funciones corporales esenciales? ¿Puede la gamificación generar ansiedad por cumplir objetivos? ¿Qué ocurre cuando el dispositivo se queda sin batería?

3. Privacidad y datos corporales. La botella recopila datos sobre hábitos de consumo, horarios y patrones de comportamiento. Integrarla con Apple Health implica que la hidratación pasa a formar parte del ecosistema de datos biométricos. Esto abre debates sobre: quién controla esos datos, cómo podrían usarse en el futuro, y si es necesario registrar cada sorbo para mejorar la salud.

4. Sostenibilidad ambigua. Aunque está fabricada con acero reciclado, su electrónica interna y batería dificultan su reciclaje completo. La pregunta ética es clara: ¿Necesitamos tecnología para todo?

5. Ergonomía mejorable. Algunos usuarios señalan que los modelos de mayor capacidad pueden resultar pesados o voluminosos, y que el sistema de tapa no siempre es intuitivo.

🧩 Conclusión: ¿Vale la pena? En absoluto es imprescindible, pero la HidrateSpark Pro 2 es un ejemplo perfecto de cómo la tecnología puede mejorar hábitos cotidianos, pero también de cómo puede colonizar espacios que antes pertenecían a la autonomía personal. Es útil, precisa y bien diseñada; ideal para quienes ya viven en ecosistemas digitales de salud y disfrutan de la cuantificación.

Pero también es un recordatorio de que la salud no siempre necesita sensores, y de que la educación del hábito puede —y debe— coexistir con la reflexión crítica sobre la dependencia tecnológica.

Tablero de dibujo de agua de Buda

Frente a un mundo de pantallas gigantescas, de eco imborrable en Internet, con ayudas digitales por doquier, de texto y dibujo precisos, de prosa borboteante,... nace la poesía de lo efímero, el arte del pincel, los trazos imprecisos y desiguales que expresan nuestro ser. Ese ha sido el regalo mejor de estas navidades, pura filosofía Feng shui (otros posts) para niños y mayores. Unas figuras o palabras manuscritas que se desvanecen, que literalmente se evaporan en unos pocos minutos, gradual, inexorablemente.

Sentarse ante un tablero de dibujo de agua de Buda invita a reflexionar sobre relaciones entre creatividad, atención plena y aprendizaje en contextos contemporáneos. Un tablero de este tipo —comúnmente conocido como Buddha Board— es una superficie sobre la que se pinta únicamente con agua; los trazos se hacen visibles mientras el líquido permanece, y desaparecen a medida que se evapora, devolviendo la pizarra a su estado inicial. El diseño simple —solo agua, sin pigmentos ni químicos— promueve no solo una práctica artística sin residuos, sino una experiencia que alienta a vivir el momento presente y a no aferrarse a la permanencia de la obra.

Desde una perspectiva educativa, este instrumento permite explorar conceptos de expresión fugaz, proceso creativo y desapego, útiles tanto para la pedagogía artística como para aprendizajes sobre atención y regulación emocional. En un mundo tecnológico donde la información y las imágenes se almacenan indefinidamente, el contraste con una creación que deliberadamente desaparece ofrece una metáfora potente: el valor del proceso por encima de la obra. Éticamente, estimula también una menor dependencia de materiales desechables, alineándose con principios de sostenibilidad.

Estos denominados tableros de dibujo de agua de Buda (en Amazon) sirven para calmar las ideas, para reposar el alma, para afinar los sentidos, para cultivar la caligrafía. Cualidades sempiternas que parecía habíamos olvidado, un regreso a las plumas estilográficas que tanto nos gustaron en la infancia. Recomendamos este obsequio para personas que necesiten paz y relax,... es decir, para cualquier familiar o amigo.
El hombre dijo: "yo quiero FELICIDAD". Buda respondió: Quita el "yo", quita el "quiero",... y el resto será "FELICIDAD".
@buddha_board let go of the outcome. make art not for how it looks, but how it makes you feel. . Line art exercise inspired by @HarrisonHow and @Linescapes. . . #satisfyingart #arttherapy #buddhaboard #buddhaboardart ♬ original sound - em5videos 📹
@buddha_board You are allowed to start small. Celebrated your little wins. Focus on what you were able to do, no what passed you by 💫 #resolution #newyear #mantra #dailymantra #selflove ♬ Little Life - Robert Gromotka

Deseos para el nuevo año 2026: amar, aprender, vivir

Ante todo, os deseamos que todos vuestros problemas de 2026 duren tanto como vuestros buenos propósitos de Año Nuevo. Será un año 10, porque 2+0+2+6= 10. Y suma de dos cuadrados, porque 2027=45ˆ2+1ˆ2 o 25ˆ2+35ˆ2. Esperando al año 2027 que será número primo, 2026 es suma de dos primos con dos soluciones distintas: 1013+1013=2026=2003+23. También es la suma de 2013 enteros consecutivos, desde -504 - 503 -…+ 507+ 508 = 2026. 

Hay otras muchas curiosidades matemáticas del número 2026:
- 2026 es un número feliz. Esto significa que si sumas los cuadrados de sus dígitos y repites el proceso, eventualmente llegas a 1: 2026 -> 2^2 + 0^2 + 2^2 + 6^2 = 4 + 0 + 4 + 36 = 44 -> 4^2 + 4^2 = 32 -> 3ˆ2+2ˆ2 =13 -> 1ˆ2 + 3ˆ2 = 10 10 -> 1.
- 2026 es un número compuesto y semiprimo, ya que solo tiene dos factores primos: 2 * 2013. 
- 2026 es un número cortés, lo que significa que puede expresarse como suma de números naturales consecutivos. Por ejemplo: 505 + 506 + 507 + 508 = 2026.

Con todo ello, ojalá que este nuevo año nos traiga más humanidad en la era de la IA, educación que inspire creatividad y empatía, salud para disfrutar de la familia y amigos, y un toque de sabiduría vasca desde Getxo, Bilbao y Alicante para navegar los cambios con optimismo ético.

Que la innovación nos una, no nos divida; que la literatura y la filosofía nos guíen; y que cada día sea una oportunidad para crecer con curiosidad y bondad. ¡Feliz Año Nuevo lleno de abrazos, libros abiertos, avances responsables y momentos inolvidables!

Este es un post en desarrollo, hecho con restos de año, pero será seguido de un análisis de deriva de este vuestro/nuestro blog. Y siempre con mensajes de gratitud y optimismo para recordarnos la "joie de vivre" como el que sigue con la sabiduría de la infancia,... 
@deplechinalexis #atoi #fyp #humanity #reality #belleparole ♬ son original - alex
@agirregabiria

2025, Agur. Kaixo, 2026

♬ оригинальный звук - 👉ANJELIKA❤ANJELIKA👈

Doce uvas o agua nueva: Dos modos de comenzar un año

El paso de un año a otro es uno de los momentos simbólicos más universales de la experiencia humana. Todas las culturas han desarrollado rituales para marcar ese umbral temporal en el que se cierra un ciclo y se abre otro. En el ámbito español conviven tradiciones muy conocidas, como las doce uvas de la suerte, con otras más antiguas, como el rito vasco-navarro del agua nueva, conocido en algunas zonas como Ur goiena, ur barrena (agua de arriba, agua profunda). Compararlas no es un ejercicio folclórico menor, sino una oportunidad para reflexionar sobre cómo entendemos el tiempo, la comunidad y la esperanza.

La tradición de las doce uvas, que nacida en Alicante data de al menos 1895,​ pero que  se establecieron en 1909, hoy es casi inseparable de la imagen televisiva de la Puerta del Sol, consiste en comer una uva por cada campanada de medianoche. Cada uva simboliza un mes del año entrante y, de forma implícita, el deseo de que ese mes transcurra con fortuna. Se trata de un ritual relativamente reciente, consolidado a finales del siglo XIX y principios del XX, que ha logrado una extraordinaria difusión y homogeneización. Su fuerza reside en la sincronía: millones de personas, en hogares y plazas, comparten un mismo gesto al mismo segundo.

Ur goiena, ur barrena, el rito del agua nueva pertenece a un universo distinto donde año se dice urte que proviene de ur, agua. En determinadas localidades del ámbito vasco y navarro, la llegada del año se celebra recogiendo agua fresca de una fuente o manantial en el instante del cambio de año. Ese agua se bebe o se comparte, a veces tras ser llevada casa por casa, acompañada de cantos o fórmulas rituales. El gesto es sencillo, pero su carga simbólica es profunda: el agua nueva representa la vida que continúa, la limpieza del pasado y la posibilidad de comenzar de nuevo. 

En la cosmovisión vasca el agua es fundamental para la fertilidad de la tierra y la vida, y este rito refuerza ese vínculo con Ama Lur (Madre Tierra)Por ello existen seres míticos como Basajaun que cuidan de los manantiales, fuentes de curación y pureza, mostrando la reverencia ancestral por el agua.

Ambas tradiciones comparten un elemento esencial: la voluntad humana de dar sentido al tiempo. Sin embargo, lo hacen desde lógicas culturales diferentes. Las doce uvas convierten el año en una secuencia de doce unidades iguales, domesticables, casi contables. El tiempo se ingiere, se controla, se supera con humor y destreza. El rito del agua, en cambio, remite a un tiempo más natural y fluido: no se divide, sino que se deja pasar; no se mastica, se bebe.

Desde un punto de vista ético, esta diferencia no es trivial. Las uvas reflejan una concepción moderna del tiempo como recurso: algo que se administra, se planifica y se optimiza. El agua simboliza una relación más natural con el entorno, donde el ser humano se reconoce dependiente de la naturaleza y de la comunidad. No es casual que el rito del agua sea colectivo, cercano, casi íntimo, mientras que las uvas pueden vivirse tanto en soledad como en grandes multitudes anónimas.

En el plano educativo, ambas tradiciones ofrecen un enorme potencial pedagógico. Las doce uvas permiten hablar de historia social, de construcción de tradiciones y de la influencia de los medios de comunicación en los rituales contemporáneos. El agua nueva, por su parte, invita a reflexionar sobre sostenibilidad, cultura local, transmisión intergeneracional y el valor de los bienes comunes. Compararlas en el aula ayuda a entender que la cultura no es uniforme ni estática, sino plural y situada. 

También conviene subrayar que ninguna de las dos tradiciones es “superior” a la otra, sino plenamente complementarias. Las uvas han logrado crear un poderoso sentimiento de pertenencia compartida a escala estatal. El rito del agua ha conservado un vínculo estrecho con el territorio y la memoria euskaldun. Ambas cumplen su función: ayudarnos a cruzar el umbral del tiempo con un gesto cargado de sentido.

En una sociedad cada vez más acelerada y homogénea, detenerse a mirar estas tradiciones con atención crítica es, en sí mismo, un acto educativo. Nos recuerda que los rituales no son meras costumbres pintorescas, sino formas de ética cotidiana: maneras de decir qué valoramos, cómo nos relacionamos y qué esperamos del futuro. Quizá, al comenzar el próximo año, no se trate solo de comer las uvas o beber el agua, sino de preguntarnos qué tipo de tiempo queremos habitar y compartir.

@humonoide En castellano el año es un ciclo que se cierra. En Euskera, el año es algo que fluye. Esta palabra —URTE— dice mucho más de lo que parece: habla de agua, de cambio, de tiempo que no se repite igual. Por eso aprender una lengua no es memorizar vocabulario. Es asomarte a otra forma de habitar el mundo. Guárdalo si te gusta pensar el tiempo no como una lista… sino como un río. #euskera #euskara #aprendereuskera #paisvasco #parati ♬ THE MOON - Camargguinho
@hamaikatb

Ur freskoarekin topa eginez, agurtuko dugu urtea Hamaikan!🥂💧 Urdiainen antzinako 'Ur goiena, ur barrena' izeneko erritu batekin hasten dute urte berria eta bertako herritarrekin batera ur freskoarekin topa eginez eta koplak kantatuz hasiko dugu urtea. 👉🏼Ez galdu abenduaren 31n, 23:40etik aurrera, kanpaikaden saio berezia Hamaikan!

♬ original sound - Hamaika Telebista

Cuentos navideños que ninguna IA podría imaginar jamás

Para un blog que navega entre la tecnología y la lírica, hay que seguir creando cuentos y no basta con decir que la IA "no tiene sentimientos". Hay que explicar por qué su arquitectura probabilística choca contra la pared de la íntima experiencia humana. Con sempiterna nostalgia y bajo el árbol de Navidad, tirando de humanidad y generatividad, sin recurrir al prompt de turno, el reto es describir la fragilidad humana en una época de solidaridad.

Cierto que vivimos, y lo que se avecina es impensable, en la era de la "creatividad estadística". Hoy, cualquier modelo de lenguaje de gran tamaño (LLM) puede redactar, en segundos, un cuento sobre un reno que pierde su nariz roja o un robot que descubre el significado de la generosidad. Son relatos impecables, con una estructura de tres actos perfecta y una moraleja reconfortante. Sin embargo, todos comparten un aroma común: el de la media aritmética. Son historias nacidas del promedio de todo lo que ya se ha escrito.

La trampa de la perfección algorítmica. La Inteligencia Artificial trabaja mediante la predicción del "siguiente token más probable". Si le pides un cuento navideño, acudirá a los patrones de Dickens, a la estética de Coca-Cola y a la estructura de las películas de sobremesa. El resultado será acogedor, pero carecerá de "astillas".

Lo que la IA no puede imaginar no es la magia, sino la belleza de lo que no encaja. El silicio no entiende la melancolía de un juguete roto que, precisamente por estar roto, se convierte en el favorito. No comprende que la Navidad no ocurre en el árbol perfecto de Instagram, sino en el espacio entre lo que esperábamos y lo que realmente sucedió.

El cuento que ninguna IA escribiría jamás. Imaginemos un relato titulado "La Caja de Luces Fundidas". En él, no hay rescates heroicos ni milagros deslumbrantes. Trata sobre un niño que, al ayudar a su abuela a decorar un árbol raquítico, descubre una caja de bombillas viejas que ya no encienden.

Una IA resolvería el conflicto haciendo que las luces brillen por arte de magia o que el niño aprenda una lección sobre el reciclaje. Pero el cuento humano "imposible" para la IA sería aquel donde las luces siguen fundidas, y el clímax consiste en la abuela describiendo el color de cada una de esas bombillas muertas basándose en los recuerdos de los inviernos de 1964 o 1982.

El valor pedagógico no está en la resolución (el "output"), sino en la transmisión de la pérdida y la persistencia de la memoria a través de lo inútil. La IA, diseñada para la optimización y la resolución de problemas, tiene dificultades intrínsecas para valorar lo que no sirve para nada, que es, a menudo, donde reside lo sagrado.

Ética y Educación: El derecho al "error" humano. Desde una perspectiva educativa, delegar nuestras historias a la IA conlleva un riesgo ético: la homogeneización del asombro. Si alimentamos a los niños solo con relatos generados por modelos que evitan el riesgo, la ambigüedad y el dolor real, estamos atrofiando su capacidad para procesar la complejidad de la vida.

La educación humanista debe defender el "cuento con errores". Ese relato que un padre inventa antes de dormir, donde se equivoca de nombre, donde la trama no tiene sentido lógico, pero donde hay un hilo de verdad biológica y una conexión emocional que ningún servidor en la nube puede procesar. La IA no puede imaginar este cuento porque no tiene cuerpo; no sabe lo que es el frío en los pies, el olor a mandarina o el miedo irracional a que el tiempo pase demasiado rápido.

Pero la Navidad, en su esencia más profunda y pedagógica, no es un promedio. Es una anomalía. Es el territorio de lo que los científicos cognitivos llaman qualia: la experiencia subjetiva e intransferible de lo vivido. La genuina Navidad es, en términos técnicos, un glitch (un error) en el sistema de la lógica productiva. Es el momento en que decidimos que el tiempo de estar con otros vale más que la eficiencia.

La Navidad es, entre muchas otras cosas, un laboratorio emocional. Un espacio donde se mezclan memoria, imaginación, tradición y deseo. Y, sin embargo, en plena era de la inteligencia artificial, surge una pregunta que parece inocente pero que abre un debate profundo: ¿puede una IA imaginar un cuento infantil navideño que no esté ya contenido, de algún modo, en sus datos?

La cuestión no es trivial. Los cuentos infantiles son artefactos culturales que condensan valores, miedos, aspiraciones y contradicciones de una sociedad. No son solo historias: son pedagogía emocional. Y la Navidad, con su mezcla de magia, nostalgia y ritual, es un terreno especialmente fértil para esa pedagogía.

La imaginación humana como territorio irreductible. Un cuento infantil navideño que la IA jamás podría imaginar no es necesariamente un cuento complejo, ni oscuro, ni filosófico. Podría ser, paradójicamente, algo muy sencillo: una historia nacida de una vivencia íntima, de un gesto irrepetible, de un recuerdo que no está en ninguna base de datos.

Imaginemos, por ejemplo, que una niña de siete años inventa un cuento sobre un calcetín que se siente solo porque todos los demás tienen dueño, y que en Nochebuena descubre que su misión no es guardar regalos, sino calentar los pies fríos de quienes llegan tarde a casa.

La Navidad como territorio de lo no cuantificable. La Navidad es un fenómeno cultural saturado de símbolos: luces, villancicos, rituales familiares, expectativas, tensiones, reconciliaciones. Una IA puede describirlos, clasificarlos, analizarlos. Pero no puede experimentar la mezcla contradictoria de emociones que provoca una mesa llena de gente que se quiere y se irrita a partes iguales.

El cuento imposible en este extraño tiempo de algoritmos y villancicos. Quizá el cuento infantil navideño que la IA jamás podría imaginar no sea un cuento concreto, sino un tipo de cuento: aquel que nace de una vivencia irrepetible.

El cuento que surge cuando un niño observa cómo su abuelo, que siempre fue serio, se emociona al colgar un adorno antiguo. O cuando una madre inventa una historia improvisada para consolar a su hija en una noche de tormenta. O cuando un adolescente decide escribir un cuento para un hermano pequeño que aún cree en la magia.

Esos cuentos no están en ninguna base de datos. No pueden inferirse estadísticamente. No pueden replicarse. Son cuentos que existen porque alguien estuvo allí. Porque alguien sintió algo. Porque alguien quiso contarlo. Y esa es, quizá, la lección más importante: la imaginación humana no es sustituible porque no es transferible.


El éxito explicado a los nietos (y recordado a todos)


Con los años he aprendido que la vida no se gana como una carrera, ni se mide con trofeos. Por eso quiero dejaros estas ideas sencillas, como pequeñas luces para el camino. No son órdenes ni lecciones, sino fórmulas de abuelo, acompañados de ejemplos para cuando dudéis.

1.  El triunfo en la vida no reside en sacar siempre buenas notas, sino en aprender sin rendirseComo cuando un problema se resiste y, aun así, volvéis a intentarlo.

2.  El triunfo en la vida no reside en llegar el primero, sino en no abandonar el caminoComo cuando termináis un partido cansados, pero orgullosos de haberlo dado todo.

3.  El triunfo en la vida no reside en acertar siempre, sino en saber decir “me equivoqué”Como cuando pedís perdón y reparáis lo que se rompió.

4.  El triunfo en la vida no reside en tener muchas cosas, sino en querer bien todo lo que importaComo ese libro antiguo, ese juguete roto o esa amistad que cuidáis con cariño.

5.  El triunfo en la vida no reside en que os miren, sino en portaros bien cuando nadie os observaComo devolver algo que no es vuestro sin esperar aplausos.

6.  El triunfo en la vida no reside en hablar más, sino en escuchar mejorComo cuando atendéis de verdad a quien os cuenta algo importante, porque de todo el mundo se puede aprender algo.

7.  El triunfo en la vida no reside en evitar los días tristes, sino en aprender de ellosComo cuando un mal día no os quita las ganas de volver a empezar con más valor al siguiente.

8.  El triunfo en la vida no reside en no tener miedo, sino en avanzar con valentíaComo cuando os atrevéis a probar algo nuevo por primera vez. 

9.  El triunfo en la vida no reside en correr para llegar cuanto antes, sino en disfrutar de cada pasoComo nuestros paseos tranquilos, donde lo importante no es alcanzar la meta, sino conversar.

10.  El triunfo en la vida no reside en controlarlo todo, sino en confiar y ayudarComo cuando echáis una mano en casa o en el colegio sin que nadie os lo pida.

Guardad estas palabras sólo si os sirven. Los mayores ya hemos vivido lo suficiente para saber que lo mejor que puede dejar un abuelo o una abuela no son consejos perfectos, sino afecto, ejemplo y tiempo compartido.

Qué hace que un regalo navideño sea inolvidable y eterno?

En una época dominada por el consumismo acelerado, donde las listas de deseos en aplicaciones y las campañas publicitarias nos bombardean con objetos brillantes y efímeros, hemos sintonizado con un artículo reciente en The New York Times (en su edición en español, lectura obligada) nos invita a una reflexión profunda y conmovedora. Bajo el título "600 lectores nos contaron sobre sus regalos más memorables. Estos son los trece mejores", el texto recopila testimonios reales de cientos de personas que compartieron no los regalos más caros o lujosos que recibieron, sino aquellos que han permanecido grabados en su memoria y en su corazón décadas después.

Lo fascinante de esta selección no radica en el valor monetario, sino en el valor humano. Los 13 regalos destacados tienen un denominador común: son expresiones auténticas de amor, atención, sacrificio y conexión. No se trata de gadgets tecnológicos o joyas ostentosas, sino de gestos que revelan la esencia de la familia, la amistad y los valores éticos que deberían guiar nuestra vida, especialmente en fechas tan significativas como la Navidad.

Entre las historias destacadas, encontramos un padre que, en tiempos de escasez económica, regaló a su hija un simple viaje en tren para ver las luces navideñas de la ciudad. No era un juguete caro, pero ese tiempo compartido, las conversaciones en el vagón y la maravilla compartida ante el espectáculo luminoso se convirtieron en un recuerdo imborrable. Otra lectora recuerda el regalo de su abuela: una caja con recetas familiares manuscritas, acompañadas de anécdotas personales. Ese obsequio no solo transmitió sabores y tradiciones culinarias, sino un legado de amor intergeneracional, reforzando el sentido de pertenencia y continuidad familiar.

Otros relatos enfatizan el poder de la atención personalizada. Un esposo que, sabiendo la pasión de su pareja por la lectura, dedicó meses a restaurar un libro antiguo deteriorado. O un amigo que organizó una sorpresa colectiva para ayudar a alguien en un momento difícil, recordándonos que la verdadera amistad se manifiesta en actos de solidaridad desinteresada. Hay también regalos que implicaron sacrificio: padres que renunciaron a sus propias necesidades para priorizar las de sus hijos, enseñando implícitamente lecciones de generosidad y humildad.

Estas narraciones nos confrontan con una verdad ética fundamental: el regalo perfecto no se mide en euros o dólares, sino en el impacto emocional y moral que deja en quien lo recibe. En un mundo donde el consumismo navideño genera estrés, deudas y desperdicio ambiental, estas historias proponen una alternativa virtuosa. Regalar tiempo —una tarde dedicada exclusivamente a un ser querido—, atención —escuchar de verdad, conocer los deseos profundos del otro— o experiencias compartidas fortalece los lazos familiares y de amistad de manera mucho más duradera que cualquier objeto material.

Desde una perspectiva ética, inspirada en pensadores como Aristóteles o en las tradiciones cristianas que subyacen a la Navidad, el dar debe ser un acto de virtud: generosidad sin expectativa de reciprocidad, prudencia al evitar el exceso y justicia al considerar las necesidades reales del otro. Estos regalos inolvidables encarnan precisamente eso: no buscan impresionar, sino conectar. Enseñan a los niños valores como la gratitud (al valorar lo intangible), la empatía (al ponerse en el lugar del otro) y la responsabilidad (al entender que el verdadero lujo reside en las relaciones humanas).

En este blog dedicado a la familia, la amistad y los valores éticos, estas historias nos recuerdan que la Navidad es una oportunidad para cultivar lo esencial. En lugar de agotarnos en centros comerciales, ¿por qué no invertir en crear recuerdos? Una carta escrita a mano expresando aprecio, una tradición familiar revivida, un acto de servicio desinteresado... Estos son los regalos que trascienden el tiempo y que, años después, evocan sonrisas y lágrimas de emoción.

Que esta Navidad nos inspire a ser más intencionales en nuestros dones. Al fin y al cabo, los regalos más memorables no ocupan espacio en un armario, sino en el alma. Y en un mundo cada vez más digital y efímero, eso es un tesoro incalculable.

¿Qué regalo inolvidable que exprese amistad y gratitud has recibido o dado tú? Comparte en los comentarios; quizá tu historia inspire a otros a redescubrir el verdadero espíritu navideño. 

Para acertar con regalos verdaderamente inolvidables, abandonando el materialismo navideño, abundamos en nuestra obstinada insistencia siempre de "regalar tiempo y atención", la mejor ofrenda (ver en muchos porfiados posts).

La Gran Noria de Bizkaia en Getxo

La gran Noria de Bizkaia llega a Getxo como el nuevo plan en familia para estas Navidades. Con 24 metros de altura y 30 cabinas, será la única noria de estas dimensiones instalada en Bizkaia en estas fechas. Del 28 de noviembre al 6 de enero, su silueta iluminada transformará el Muelle de Evaristo Churruca en un punto imprescindible para vivir la magia navideña junto al mar.

La única Noria de Bizkaia estará en Getxo estas Navidades y funcionará en horario de 11:30 a 14:30 y de 17:00 a 21:00 h, con un precio de 5 € por viaje (gratuito para personas con discapacidad). ¡Además, los lunes no festivos la noria del muelle de Churruca contempla un 2x1! 

Un plan para disfrutar las Navidades en familia. La Noria será el corazón de la zona navideña, compartiendo ubicación y horario con el Parque Infantil de Navidad “Getxolandia”. Además, habrá también un mini tren infantil decorado con temática navideña y con recorrido fijo. Y para completar la experiencia, un puesto de gofres y crepes ofrecerá meriendas dulces para grandes y menores.

Fechas: 28/11/2025 - 06/01/2026. Horario: 28 de noviembre al 6 de enero. De 11:30 a 14:30 y de 17:00 a 21:00h. Lugar: Muelle de Evaristo Churruca, Las Arenas (Getxo). Álbum creciente de imágenes y lista de vídeos.

@agirregabiria

La gran noria de Getxo

♬ LUCIA RIVERA - ✨💖ANII.®️🇦🇷💖💫.⋆•

Algo de lo que hemos aprendido en 2024

No ha sido nada habitual en este blog que algunas personas aún leen, pero -será porque nos hacemos mayores- en esta fin de años haremos alguna selección de lo vivido. Primero haremos un resumen de memoria, enlazando con posts que hagan referencia a lo citado.

- Hemos logrado lo que nos propusimos, aunque no encuentre el momento en el que lo explicitamos, nuestra promesa y compromiso de publicar un post diario con lo vivido, lo aprendido o lo amado en cada uno de los 365 días de 2024. Es el espíritu blogger que forma parte de nuestro personal Ikigai
- En este periódico-blog que diariamente escribimos este año han sido frecuentes noticias sobre Inteligencia Artificial (AI), libros, ajedrez, viajes, salud, matemáticas, ciencia, física (cuántica, sobre todo), historia de distintas asociaciones,… 
- Toda la familia y amistades van creciendo, al menos en edad, y nuestros nietos en tamaño y aspiraciones. Verlos crecer, acompañarlos en sus tareas, sentir sus demandas y apreciar sus esfuerzos es la mayor felicidad.
- Ha sido un año marcado por un viaje especial, a Estados Unidos, doce años después del anterior que fue en 2012. Interesante y que ha condicionado el calendario del verano.
- Ha habido otros viajes, a La Manga que redescubrimos o a Hortigüela, y hemos recibido muy queridas visitas viajeras que también han sido memorables.
- Hemos cerrado algunos proyectos tras años de recorrido como GetxoBlog (tras 16 años) o InTertulia (con 4 años). Era preciso para no dejarlos acabar sin un evento de cierre. También el tema AUVE queda para la historia pasada.
- Hemos puesto en barbecho la atención a la temática de longevidad y esperanza de vida, tras algunos conferencias en enero y febrero de este 2024, y una reunión con la Alcaldesa de Getxo. 
- Parece, con todo lo anterior, que nuestra cabecera que va de longevidad a motor, ha quedado poco contribuida (apenas enriquecida) siendo autocríticos. 
- Puede ser que nuestra vida, pronto Carmen también será septuagenaria, se va retirando de la vida pública,... y recogiéndose en la esfera más familiar.
- Estamos tratando de alentar una iniciativa, con la etiqueta provisional de QuantHumanity, reuniendo personas y experiencia de varios grupos de voluntariado.
- Hemos entendido, una vez más pero cada vez con más claridad, que lo importante, lo que nos hace ser humanos, es lo que damos, lo que amamos, lo que ayudamos a aprender, lo que aportamos, lo que legamos,...

En navidad repensar la emigración desde la ética y la economía

En estas fechas navideñas, conviene repensar la emigración desde la ética, la ciencia y la economía. En cierto sentido, Jesús de Nazaret fue un inmigrante durante parte de su vida, según los relatos de los evangelios. Se pueden interpretar como migración la huida a Egipto para escapar de la persecución del rey Herodes, o el desplazamientos dentro de Israel entre diferentes regiones como Galilea, Judea y Samaria. 

Desde una perspectiva histórica, aunque Jesucristo no emigró en el sentido moderno de cruzar fronteras con pasaporte (concepto que no se generalizó hasta después de la primera guerra mundial), sí experimentó situaciones de desplazamiento, refugio y vida como forastero. Este aspecto ha sido usado como símbolo de solidaridad con los inmigrantes en contextos modernos.

El libro "Open Borders: The Science and Ethics of Immigration" (2019), escrito por Bryan Caplan e ilustrado por Zach Weinersmith, es una obra que combina economía, ética y política para argumentar a favor de fronteras abiertas y la liberalización de las políticas migratorias. Su presentación en formato de novela gráfica lo hace accesible y atractivo para un público amplio.

Bryan Caplan plantea que las restricciones actuales a la inmigración son moralmente cuestionables y económicamente perjudiciales. Según él, permitir la libre movilidad de las personas entre países podría transformar la economía global y reducir drásticamente la pobreza. Por razones como las siguientes:

  • Aumento del PIB mundial: Los trabajadores serían más productivos si pudieran migrar a países con mejores oportunidades económicas.
  • Efectos en los países receptores: La inmigración contribuye a la economía al cubrir vacantes laborales, aumentar la diversidad de habilidades y estimular el crecimiento.
  • Impacto en los migrantes: La movilidad permite a los migrantes ganar mucho más dinero y mejorar su calidad de vida al trasladarse a países más desarrollados.

Caplan respalda estas afirmaciones con estudios económicos que sugieren que el PIB mundial podría duplicarse si se permitiera la libre migración. 

El autor desarma las objeciones habituales a la inmigración, como:

  • "Los inmigrantes quitan empleos a los locales": Argumenta que los inmigrantes complementan en lugar de sustituir el trabajo de los locales.
  • "Los inmigrantes agotan los recursos del estado de bienestar": Presenta datos que muestran que, en general, los inmigrantes aportan más en impuestos de lo que consumen en servicios.
  • "Los inmigrantes erosionan la cultura local": Asegura que la diversidad cultural es enriquecedora y que las culturas se adaptan y evolucionan con el tiempo.
  • "Debilita la seguridad nacional": Sostiene que los riesgos relacionados con inmigrantes, como el terrorismo, son mínimos en comparación con los beneficios.
Además aporta argumentos éticos, afirmando que las restricciones a la inmigración violan los derechos humanos básicos al impedir que las personas busquen mejores condiciones de vida. También aboga por la igualdad de derechos y oportunidades, destacando que el lugar de nacimiento no debería determinar las posibilidades de una persona.

Bryan Caplan no ignora las dificultades prácticas de implementar su visión, pero propone:

 I) Transiciones graduales: Comenzar con políticas que permitan más inmigración controlada y avanzar hacia la apertura total. 

II) Arreglos fiscales: Diseñar políticas para que los inmigrantes paguen impuestos proporcionales que financien los servicios públicos.

"Open Borders: The Science and Ethics of Immigration" es una llamada provocadora a reconsiderar las políticas de inmigración desde una perspectiva basada en datos, lógica y ética. Caplan presenta su caso de manera accesible, con ilustraciones humorísticas que hacen que el contenido sea comprensible incluso para quienes no tienen conocimientos previos de economía o política.