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Mira las luces, amor mío: leer un supermercado

Imagina a la escritora más laureada de las letras francesas dedicando un año entero, no a un retiro en la campiña normanda, sino a tomar notas entre las cajas registradoras y las estanterías de un hipermercado de la periferia parisina. Eso es justo lo que hizo Annie Ernaux (más posts) entre noviembre de 2012 y octubre de 2013: convertir el Auchan del centro comercial de Les Trois-Fontaines, en Cergy, en su cuaderno de campo. El resultado, apenas setenta páginas, se tituló Regarde les lumières mon amour y llegó al castellano en 2021, de la mano de Cabaret Voltaire y en traducción de Lydia Vázquez Jiménez, como Mira las luces, amor mío.

El libro nació por encargo, dentro de la colección «Raconter la vie», dirigida por Pierre Rosanvallon y Pauline Peretz para el sello Seuil, pensada para dar forma literaria a vidas y espacios ordinarios. Ernaux no tuvo que buscar demasiado lejos: reside en Cergy desde hace décadas, y el hipermercado que frecuenta cada semana le ofrecía el terreno perfecto para su manera de mirar el mundo. Como escribe la propia autora, «voir pour écrire, c'est voir autrement» —ver para escribir es ver de otra manera—, una frase que resume su método: observar sin la anestesia de la costumbre.

Lo que encuentra no es un inventario de la compra semanal. El híper se le revela como un escenario social en miniatura que clasifica a sus visitantes sin que casi nadie lo note: la sección ecológica, frecuentada por los clientes más acomodados, apenas está vigilada, mientras que los pasillos de los productos más baratos concentran la atención de los guardias de seguridad. El pobre, sospechoso por defecto; el rico, honesto por descontado. En la sección de juguetes, Ernaux observa cómo se reproducen los roles de género sin la menor sutileza, hasta el punto de invocar, no sin ironía, a las activistas de Femen. Cajeras, reponedores y familias arrastrando carritos protagonizan, en sus páginas, una coreografía continua que convierte el trámite de comprar en una suerte de plaza pública bajo fluorescentes.

Hay además una coincidencia que el tiempo ha vuelto más incómoda que anecdótica: los meses del diario coinciden casi exactamente con el derrumbe, en abril de 2013, de la fábrica textil Rana Plaza en Bangladés, donde murieron más de mil trabajadoras y trabajadores que cosían ropa para cadenas parecidas a las que llenan los pasillos que Ernaux recorre. El libro no lo menciona de forma explícita, pero esa sombra —el origen invisible de lo que compramos— sobrevuela cada anotación.

El libro tampoco es un experimento aislado: es la tercera entrega de lo que la crítica francesa llama sus diarios «extimos», por oposición a los íntimos. Después de Journal du dehors (1993) y La vie extérieure (2000), Ernaux vuelve a los trenes de cercanías, las salas de espera y ahora el híper de Cergy para seguir cartografiando lo que ocurre fuera del ámbito familiar. Y aquí llega un dato curioso para el lector vasco: la traducción al euskera, Begira zenbat argi, maitea, obra de Xabier Aranburu para la editorial Igela, se publicó en 2015, un año después del original francés y seis años antes que la versión castellana. La consagración internacional llegaría más tarde, con el Nobel de 2022 y, en 2023, la traducción inglesa de Alison L. Strayer para Yale University Press.

Queda flotando una pregunta entre los carritos de la compra: si Ernaux pudo hallar literatura entre las estanterías de un Auchan cualquiera, ¿cuánto de nuestra propia vida se nos escapa, sencillamente, por falta de mirada?

Geronymonstre: Club de lectura que desafía los estereotipos

Hay fenómenos culturales que sorprenden no porque inventen algo completamente nuevo, sino porque consiguen colocar lo conocido en un escenario inesperado. Geronymonstre pertenece a esa categoría. Desde un barrio de Avignon, un grupo de jóvenes ha convertido la conversación sobre los grandes autores y pensadores en un espectáculo callejero difundido por las redes sociales. Marx, Zola, Flaubert, Molière, Rimbaud, George Sand o Simone de Beauvoir aparecen así entre chándales, zapatillas deportivas, humor, lenguaje coloquial y debates improvisados. 

La propuesta tiene algo deliberadamente contradictorio. Si imaginamos un club de lectura, probablemente pensamos en una biblioteca, una librería, un aula o una sala tranquila. Geronymonstre desplaza ese escenario a un aparcamiento situado junto a bloques de viviendas populares. Allí, la literatura deja de presentarse como un territorio reservado a quienes dominan determinados códigos culturales y se convierte en conversación, juego y enfrentamiento intelectual. Le Monde ha descrito el proyecto como una iniciativa de jóvenes de la periferia de Avignon que organizan auténticas «batallas literarias» entre grandes figuras del pensamiento. 

El fenómeno resulta especialmente interesante desde la educación, más aún tras la debacle de PISA 2025. Durante décadas hemos debatido cómo conseguir que los jóvenes lean. Con frecuencia, la respuesta institucional ha consistido en seleccionar obras, establecer lecturas obligatorias, elaborar cuestionarios y evaluar posteriormente su comprensión. Geronymonstre plantea una posibilidad diferente: quizá antes de pedir a un adolescente que lea un clásico haya que conseguir que perciba que la literatura también habla su lenguaje y puede formar parte de su mundo social.

No se trata, sin embargo, de simplificar los clásicos hasta hacerlos irreconocibles. Precisamente una de las virtudes del proyecto es mantener la ambición intelectual mientras cambia el registro comunicativo. La ironía, el argot, la escenificación y el humor funcionan como puertas de entrada hacia contenidos complejos. El resultado no es necesariamente una reducción de la cultura, sino una recontextualización.

Aquí aparece una cuestión educativa de fondo. ¿Quién determina qué aspecto debe tener una persona culta? Durante mucho tiempo existió una asociación bastante rígida entre cultura, apariencia, instituciones y determinados comportamientos. Geronymonstre desmonta esa asociación visual: jóvenes que podrían ser estereotipados socialmente como poco interesados en la cultura aparecen hablando de filosofía, literatura e historia de las ideas. El contraste es parte esencial de su mensaje.

También importa su dimensión digital. El proyecto comenzó en un entorno físico muy concreto, pero su difusión mediante Instagram, TikTok y otras plataformas ha multiplicado su alcance. La cuenta de Geronymonstre reúne cientos de miles de seguidores y ha llamado incluso la atención de instituciones culturales. 

Esto permite reconsiderar la relación entre libro y redes sociales. Con frecuencia se presentan como enemigos: el móvil distrae y el libro concentra; TikTok fragmenta y la lectura profundiza. La experiencia de Geronymonstre sugiere una relación menos sencilla. Una red social puede ser también un escaparate que despierte curiosidad por autores, obras y debates que después requieren una atención mucho más prolongada.

Naturalmente, conviene evitar la idealización. Un vídeo viral sobre Flaubert no equivale a leer Madame Bovary, del mismo modo que una batalla entre Marx y Adam Smith no sustituye el estudio de sus textos. La divulgación tiene límites y la cultura digital puede convertir cualquier obra compleja en una caricatura. El verdadero éxito educativo se produce cuando el espectáculo inicial conduce hacia la lectura, la argumentación y el pensamiento propio.

Por eso Geronymonstre merece atención más allá de su dimensión anecdótica. Su principal lección quizá no sea que los jóvenes franceses leen clásicos, sino que la cultura puede cambiar de escenario sin perder necesariamente su profundidad.

La literatura no necesita solemnidad para ser importante. Necesita lectores, conversación y preguntas. Si un aparcamiento de Avignon consigue que cientos de miles de personas vuelvan a hablar de Zola, Marx o Rimbaud, quizá la pregunta educativa no deba ser por qué esos jóvenes leen de una manera tan poco convencional, sino qué podríamos aprender de su manera de hacer que leer vuelva a parecer una aventura colectiva. 

Pierre Bourdieu habría reconocido de inmediato el mecanismo en juego: el capital cultural, ese patrimonio de referencias que distingue a quien "tiene derecho" a hablar de Flaubert de quien no. Geronymonstre no destruye ese capital, lo redistribuye: lo saca del salón burgués y lo devuelve a la calle sin perder rigor ni la palabra justa.

Un lector vasco reconocerá enseguida el parecido con la bertsolaritza, la improvisación oral en verso que Bernardo Atxaga situó siempre en el corazón vivo de la literatura vasca: dos voces, un tema impuesto, métrica exigente y el público como juez inmediato. La batalla de Aviñón y el bertso improvisado en una plaza vasca comparten una intuición muy anterior a internet: la literatura se conserva mejor cuando se dice en voz alta y se disputa, que cuando se archiva en vitrinas.

Para la educación, el fenómeno plantea una pregunta incómoda. Si un aparcamiento genera más entusiasmo lector que muchas aulas, quizá lo que falla no sea el contenido enseñado, sino el envoltorio institucional en que se presenta. La forma agonal —el debate, la disputatio medieval, el diálogo socrático— ha sido siempre uno de los motores más eficaces del pensamiento; Geronymonstre no ha inventado nada, ha recordado algo que la escuela olvida a veces: que las ideas se aprenden mejor cuando se defienden en voz alta, entre iguales, con algo en juego.

Queda por ver si el fenómeno sobrevivirá a su propia viralidad o se disolverá, como tantos otros, en el ciclo veloz de las redes. Pero mientras dure, recuerda una verdad incómoda para instituciones y minorías cultas por igual: la literatura no pertenece a nadie en particular, y menos aún a quienes creen poseer en exclusiva la llave de su vocabulario.

@anacabo17 ¿qué os parece esta iniciativa? #lectura #geronymonstre #francia #datoscuriosos #booktokenespañol ♬ sonido original - Ana Cabo

La controvertida teoría del Héroe de Thomas Carlyle

La teoría del Gran Hombre: Cuando los héroes escribían la historia
. En 1840, el historiador y filósofo escocés Thomas Carlyle pronunció una serie de conferencias que condensaría en su obra On Heroes, Hero-Worship, and The Heroic in History. En ella plasmaba una idea tan seductora como polémica: la historia universal es, en esencia, la biografía de los grandes hombres. 

Para Carlyle, figuras como Napoleón, Mahoma, Shakespeare o Lutero no eran meros productos de su época, sino arquitectos del devenir humano, individuos excepcionales cuya voluntad y genio moldeaban el curso de civilizaciones enteras.

El contexto de una idea individualista. La teoría del Gran Hombre emergió en plena era victoriana, un periodo marcado por la expansión imperial británica y una profunda fe en el progreso individual. El romanticismo literario y filosófico, con su exaltación del genio y la originalidad, proporcionaba el clima intelectual perfecto para esta visión heroica de la historia. Carlyle no inventó el culto al héroe, pero sí lo sistematizó en una teoría histórica coherente.

Según su planteamiento, la masa de la humanidad avanza a tientas hasta que surge un individuo dotado de visión superior, capaz de discernir verdades ocultas y de arrastrar a las sociedades hacia nuevos horizontes. Estos "grandes hombres" poseerían cualidades innatas —carisma, inteligencia, valor— que los distinguirían radicalmente del común de los mortales. La historia, en consecuencia, no sería el resultado de fuerzas económicas, estructuras sociales o movimientos colectivos, sino el escenario donde actúan estos titanes excepcionales.

Las grietas de un monolito. Sin embargo, incluso en su momento de mayor influencia, la teoría de Carlyle enfrentó objeciones sustanciales. Herbert Spencer, contemporáneo suyo, argumentó exactamente lo contrario: que los "grandes hombres" eran productos de su sociedad, no sus creadores. Un Napoleón habría sido imposible sin la Revolución Francesa, un Shakespeare sin el florecimiento cultural isabelino. Los individuos excepcionales, sugería Spencer, emergen cuando las condiciones sociales y materiales hacen posible y necesaria su aparición.

El golpe más contundente vino del materialismo histórico. Karl Marx y Friedrich Engels rechazaron frontalmente el "culto al individuo" de Carlyle, proponiendo que las fuerzas económicas y las luchas de clase constituían el verdadero motor de la historia. Para ellos, incluso las figuras más carismáticas operaban dentro de límites estructurales que no podían trascender. Lenin lo expresó con claridad: los líderes son importantes, pero solo cuando canalizan correctamente las corrientes históricas subyacentes.

El legado y la historiografía contemporánea. La historiografía del siglo XX se alejó decididamente de la teoría del Gran Hombre. La Escuela de los Annales en Francia, la historia social británica y el análisis de sistemas-mundo privilegiaron las estructuras de larga duración, los movimientos colectivos y las dinámicas impersonales. Los historiadores comenzaron a preguntarse por la vida cotidiana de la gente común, por los cambios demográficos, económicos y culturales que operan más allá de la voluntad de cualquier individuo.

No obstante, la teoría de Carlyle no ha desaparecido del debate intelectual. En biografías políticas, libros de liderazgo empresarial y narrativas populares de la historia, persiste la tentación de atribuir el cambio histórico a personalidades carismáticas. La pregunta sigue siendo pertinente: ¿habría ocurrido la Revolución rusa sin Lenin? ¿Los derechos civiles en Estados Unidos sin Martin Luther King Jr.?

Una síntesis necesaria. Quizás la respuesta no sea elegir entre Carlyle y sus críticos, sino reconocer una interacción compleja. Los individuos excepcionales pueden acelerar, reorientar o cristalizar procesos históricos, pero raramente los crean de la nada. Actúan dentro de contextos que limitan y posibilitan simultáneamente. Como señaló el historiador E.H. Carr, la historia resulta de una danza continua entre el individuo y la sociedad, entre la acción personal y las fuerzas estructurales.

La teoría del Gran Hombre, con todas sus limitaciones, nos recuerda algo valioso: Las decisiones humanas importan y son decisivas. Pero también debemos recordar que esas decisiones nunca se toman en el vacío, sino en el terreno fértil o árido que prepara la historia colectiva.

2025, un año de humanismo e innovación en este blog

Queridos lectores y lectoras: Pedimos a la IA (AI) que analizase el 2025, un año matemáticamente perfecto (45^2 = 2025), en nuestro blog. Tras analizar la trayectoria y las entradas de este año, estas son las etiquetas predominantes: #IA (Inteligencia Artificial): El tema estrella, enfocándose en la IA generativa y su impacto ético. #Educación: Siempre en el núcleo, analizando el cambio de paradigma en las aulas. #Euskadi / #Bilbao: El arraigo local, eventos culturales y la actualidad vasca. #HumanismoDigital: La búsqueda de la esencia humana frente a la automatización. #Citas: Reflexiones breves apoyadas en grandes pensadores. #Futuro: Proyecciones optimistas pero críticas sobre lo que vendrá. #Familia y #Amistad: El lado más personal y humano del autor.

Con 382 entradas publicadas, el blog se consolida no solo como un diario personal, sino como un faro de optimismo informado en un mar de incertidumbres tecnológicas y sociales. Si algo ha caracterizado este ciclo de 365 días (con su habitual ritmo de más de una publicación diaria), ha sido la capacidad de Mikel para tejer puentes entre lo ancestral y lo futurista. Al repasar estas 382 paradas, detectamos tres grandes ejes que han vertebrado la conversación.

1. El año de la IA con alma. La Inteligencia Artificial ha dejado de ser una promesa para convertirse en una herramienta cotidiana. En el blog, este tema ha sido tratado no desde el miedo o el deslumbramiento ciego, sino desde el Humanismo Digital. Mikel nos ha recordado en decenas de posts que, aunque las máquinas puedan alucinar o calcular, sólo los humanos podemos "sentir" el propósito. Sus reflexiones sobre LLMs, agentes autónomos y la ética algorítmica han servido para bajar el balón al suelo, siempre bajo la etiqueta de tecnología para la vida.

2. La Educación como resistencia y vanguardia. Como es habitual en su trayectoria, la educación ha ocupado un espacio privilegiado. En 2025, el debate se ha desplazado de "cómo usar las pantallas" a "cómo enseñar a pensar en un mundo automatizado". A través de sus crónicas de eventos pedagógicos y sus famosas metáforas, Mikel ha insistido en la necesidad de una educación que fomente la creatividad, el espíritu crítico y, sobre todo, la empatía. Sus posts han sido un recordatorio de que, en la era de la IA, el papel del docente es más sagrado que nunca: es el guía que enseña a distinguir la señal del ruido.

3. El arraigo: Entre Bilbao y el Mundo. A pesar de su mirada global, el blog nunca pierde su aroma a café en el Gran Bilbao o a paseo por Getxo. Las 382 entradas de 2025 están salpicadas de crónicas locales, homenajes a amigos que se han ido o que celebran hitos, y una defensa constante de la cultura vasca. Es este equilibrio entre la "aldea global" y el "botxo" lo que otorga a su escritura esa cercanía tan característica. Las fotos propias que acompañan sus textos no son meros adornos, son pruebas de vida de un observador que sigue disfrutando de un atardecer en el Abra tanto como de un nuevo descubrimiento científico.

Otras pequeñas cápsulas de sabiduría. No podemos olvidar las etiquetas de #Citas y #Humor. A menudo, entre densos análisis tecnológicos, Mikel nos ha regalado píldoras de sabiduría de otros autores o aforismos propios que invitan a la pausa. En un mundo que corre demasiado rápido, estas entradas han funcionado como oasis de reflexión. Su capacidad para conectar un problema de física con una lección de vida, o una anécdota familiar con una teoría sociológica, sigue siendo la marca de la casa.

Las temáticas dominantes de 2025 giran en torno a la literatura y la novela, que emergen como el pilar central del contenido. Con al menos tres etiquetas explícitas de “literatura” y “novela” en mayo, y numerosas entradas dedicadas a reseñas y análisis de obras clásicas y contemporáneas, el blog se convierte en un refugio para los amantes de las letras. Por ejemplo, en “Stoner: la épica silenciosa de una vida común” (mayo), se explora la obra de John Williams como un retrato de la existencia ordinaria elevada a lo extraordinario. Similarmente, “Demian” de Hermann Hesse (mayo) indaga en la identidad personal, mientras que “Lo raro es vivir” de Carmen Martín Gaite (mayo) navega por la memoria y el amor perdido. Otras joyas incluyen “Trampa 22” (abril), una sátira bélica absurda, y “El Señor de las Moscas” (noviembre), una parábola sobre la civilización. Esta temática no solo refleja un amor por la narrativa, sino también una invitación a reflexionar sobre la condición humana, con influencias de autores como Sándor Márai (“La elegancia de la decepción”, julio) o Irène Némirovsky (julio). En total, más del 30% de las entradas tocan la literatura, convirtiéndola en la temática más usada, a menudo entrelazada con filosofía para enriquecer el debate.

La filosofía y las reflexiones éticas ocupan el segundo lugar, con etiquetas como “filosofía” apareciendo en febrero, mayo y septiembre (al menos tres menciones). Temas como el meliorismo –la creencia en que el mundo puede mejorar con esfuerzo humano– (febrero) o el estoicismo clásico como guía en la “modernidad líquida” (diciembre) destacan la búsqueda de sabiduría práctica. Entradas como “El rostro del Otro: la revolución ética de Emmanuel Lévinas” (septiembre) o “Dónde aterrizar: una brújula filosófica para tiempos de colapso” (julio) abordan el colapso ambiental y social, inspiradas en pensadores como Bruno Latour. Asimismo, “La expulsión de lo distinto” (julio) critica la hiperconexión, y “Manifiesto por una Tecnología Humanista” (julio) propone una ética tecnológica. Estas publicaciones, que representan cerca del 25% del total, invitan a la introspección, con toques de optimismo como en “Ten el coraje de ser diferente” (marzo) o “La ley del espejo” (junio).

La sociedad y la política, con etiquetas como “sociedad” (tres menciones entre febrero y mayo) y “política” (dos), forman otro núcleo temático, abordando desigualdades y crisis actuales. “Bullshit Jobs” (febrero) critica empleos inútiles, mientras que “Gaza: Un genocidio flagrante” (mayo) denuncia injusticias globales con etiquetas como “derechos humanos” y “genocidio”. Otras incluyen “Cultura woke: Despertar Social y Justicia Global” (mayo), “Chavs: La demonización de la clase obrera” (febrero) y “¿Puede aún la educación salvarnos del fascismo?” (junio), reflejando una preocupación por la polarización y el ascenso social, como en “Síndrome de Doña Florinda” (abril). Estas entradas, alrededor del 20%, combinan análisis crítico con llamadas a la acción.

La salud y la longevidad emergen como temas recurrentes, especialmente en un contexto de longevidad. Con etiquetas como “salud” y “suplementos” (febrero), “envejecimiento” (mayo) y “vejez” (septiembre), publicaciones como “Suplementos alimenticios para mayores” (febrero), “El aprendizaje como elixir contra el envejecimiento” (mayo) y “Creatina: Un aliado para el músculo, el cerebro y la longevidad” (diciembre) ofrecen consejos prácticos. “El Muro de los 80 Años” (septiembre) propone 44 ideas para envejecer con dignidad, y “Tu rostro leído por la IA predice tu salud” (octubre) fusiona tecnología con bienestar. Este bloque, con un 15% de las entradas, resalta la importancia de la vitalidad en la tercera edad.

Otras temáticas notables incluyen tecnología y AI (10%), con posts como “Seis años con un Tesla Model 3” (febrero), “Kai-Fu Lee, pionero de AI” (junio) y “Neo, el robot que quiere entrar en casas” (octubre); música y artes (8%), destacando “Roberta Flack” (febrero) o “Los Soprano” (noviembre); educación (5%), como “Taller infantil de ciencia” (mayo) o “José de Calasanz” (noviembre); y viajes (5%), con exploraciones en La Manga y Guardamar (abril). El ajedrez aparece esporádicamente, como en “Homenaje a Boris Spassky” (febrero) o “Relación entre nivel de rating y duración” (diciembre), con etiquetas como “ajedrez” y “Lichess”.

Este 2025 ha sido un año de celebración intelectual, culminando en hitos como las 10 millones de visitas (julio) y reflexiones navideñas (diciembre). Gracias por acompañarme en este viaje. Que 2026 traiga más preguntas profundas y respuestas iluminadoras.

Hacia un 2026 de nuevas preguntas, retos y oportunidades. Llegar al final de este 2025 con 382 nuevas reflexiones en la mochila es un testimonio de disciplina, pero sobre todo de curiosidad inagotable. El blog de Mikel Agirregabiria sigue siendo un espacio donde se celebra la inteligencia en todas sus formas, pero donde siempre prima la inteligencia cordial.

Mientras nos preparamos para el próximo año, nos quedamos con esa idea que ha sobrevolado el blog este invierno: que la tecnología es el escenario, pero la humanidad es la obra de teatro. Gracias, Mikel, por seguir abriendo la persiana de tu blog cada mañana y por recordarnos que, en un mundo de algoritmos, lo más disruptivo que podemos hacer es seguir siendo profundamente humanos, curiosos y agradecidos. ¡A por el 2026, con la misma pasión y, ojalá, con otras tantas entradas que nos ayuden a entender mejor el mundo!

Estoicismo clásico como brújula ética en la modernidad líquida

Siempre sintonizamos con el estoicismo (varios posts), una filosofía de siempre que quizá ahora recobra más sentido que nunca. En una época marcada por la incertidumbre, la sobreestimulación informativa y la ansiedad colectiva, el estoicismo ha reaparecido con fuerza en el debate público. Libros superventas, cursos de “estoicismo práctico” y referencias constantes en el ámbito empresarial o deportivo parecen haber redescubierto una filosofía que, en realidad, nunca se fue. El estoicismo no es una moda intelectual, sino una tradición de pensamiento con más de dos mil años de historia que sigue ofreciendo herramientas conceptuales y éticas de notable vigencia.

El estoicismo nace en Atenas hacia el siglo III a. C., de la mano de Zenón de Citio, y se desarrolla plenamente en el mundo grecorromano. Sus figuras más conocidas — Epicteto, Séneca y Marco Aurelio— no fueron filósofos de gabinete, sino pensadores profundamente comprometidos con la vida práctica. Para ellos, la filosofía no consistía en acumular conocimientos, sino en aprender a vivir bien. Esta orientación vital explica buena parte de su atractivo contemporáneo.

Uno de los pilares del estoicismo es la distinción entre lo que depende de nosotros y lo que no. Nuestras opiniones, deseos y acciones están bajo nuestro control; la fortuna, la enfermedad, la fama o la opinión ajena, no. Esta idea, aparentemente sencilla, tiene profundas implicaciones éticas y psicológicas. Frente a una cultura que promueve el control total y la optimización permanente, el estoicismo invita a aceptar los límites y a concentrar la energía moral allí donde puede ser eficaz.

Lejos de promover la indiferencia o el desapego emocional absoluto, el estoicismo propone una disciplina del juicio. No son los hechos los que nos perturban —afirma Epicteto —, sino la interpretación que hacemos de ellos. Esta tesis, que resuena hoy en la psicología cognitiva y en la educación emocional, desplaza el foco desde el mundo exterior hacia la responsabilidad interior. Educar en clave estoica no es enseñar a evitar el conflicto, sino a responder a él con lucidez y templanza.

En el plano ético, el estoicismo sostiene que el bien supremo es la virtud: vivir conforme a la razón y a la naturaleza racional del ser humano. Esta virtud no es abstracta; se concreta en cualidades como la justicia, el autocontrol, la valentía y la sabiduría práctica. En un contexto social donde el éxito suele medirse en términos de visibilidad, rendimiento o acumulación, el estoicismo ofrece un criterio alternativo: la dignidad moral como valor intrínseco, independiente del reconocimiento externo.

La dimensión social del estoicismo suele ser menos conocida, pero resulta especialmente relevante hoy en plena modernidad líquida (posts). Los estoicos defendían una concepción cosmopolita del ser humano: todos formamos parte de una misma comunidad moral, más allá de fronteras políticas, culturales o económicas. Marco Aurelio, emperador del Imperio romano, insistía en la idea de cooperación y servicio mutuo como exigencias de la razón. Esta ética del cuidado del otro, basada en la interdependencia, dialoga de manera fértil con los debates actuales sobre ciudadanía global, educación en valores y responsabilidad social.

¿Por qué, entonces, el estoicismo vuelve a atraer en el siglo XXI? En parte, porque ofrece una respuesta sobria a problemas muy contemporáneos: la gestión de la frustración, el miedo al futuro, la hiperconexión digital o la sensación de pérdida de control. A diferencia de ciertos discursos motivacionales, el estoicismo no promete felicidad constante ni éxito garantizado. Promete algo más modesto y, quizá por ello, más sólido: coherencia interior y libertad frente a lo superfluo.

Sin embargo, esta recuperación no está exenta de riesgos. Una lectura superficial puede convertir el estoicismo en una ética del aguante pasivo o en una herramienta de adaptación acrítica a situaciones injustas. El estoicismo clásico no invitaba a resignarse ante el mal, sino a actuar con justicia sin depender emocionalmente del resultado. Recuperar esta dimensión crítica es esencial para integrarlo de forma honesta en la educación y en el debate ético contemporáneo.

Las mejores citas los pilares intelectuales del estoicismo: la percepción, el control, el tiempo y la integridad. Sobre la percepción (Epicteto): "No son las cosas las que nos perturban, sino nuestras opiniones sobre las cosas." Sobre la calidad mental (Marco Aurelio): "La felicidad de tu vida depende de la calidad de tus pensamientos; por lo tanto, vigila tus nociones para que no contengan nada inapropiado para la virtud y la naturaleza racional." Sobre la ansiedad (Séneca): "Sufrimos más a menudo en la imaginación que en la realidad." Sobre la integridad social (Marco Aurelio): "La mejor venganza es no ser como el que causó el daño." Sobre el uso del tiempo (Séneca): "No es que tengamos poco tiempo, sino que perdemos mucho." Sobre la humildad intelectual (Epicteto): "Es imposible para un hombre aprender lo que cree que ya sabe."

En definitiva, el estoicismo sigue siendo una filosofía de siempre y de ahora porque aborda una pregunta permanente: cómo vivir bien en un mundo que no controlamos del todo. Su vigencia no reside en ofrecer recetas rápidas, sino en proponer un ejercicio exigente de reflexión, autodominio y responsabilidad moral. En tiempos convulsos, esta antigua escuela sigue recordándonos que la verdadera fortaleza no consiste en dominar el mundo, sino en gobernarse a uno mismo.

Nota: En el vídeo de inicio se cita una "ética de vida" y le dedicamos un post.

@soren.chriis 7 cosas según los Estoicos para ser mejor persona #brandbuilder #marcapersonal #redessociales #creacióndecontenido #marketingdigital #creadordecontenido ♬ sonido original - Soren.chriis

Vieja teoría de improvisación explica parálisis política actual

La Arquitectura de la Espontaneidad: Por qué "Impro" es el manual de sociología que no sabías que necesitabas, y que recomienda Palantir (post previo) a sus empleados.  A menudo, los libros más reveladores sobre la condición humana aparecen en las estanterías equivocadas. Si visitas una librería, encontrarás "Impro: La improvisación y el teatro" (1979) en la sección de Artes Escénicas, encajonado entre manuales de iluminación y biografías de directores de cine. Sin embargo, reducir la obra maestra de Keith Johnstone a un manual para actores es un error de categorización fundamental.

"Impro" no es solo un libro sobre cómo actuar; es un tratado agudo y a veces doloroso sobre cómo la educación formal mutila la creatividad, cómo las jerarquías de poder (estatus) dictan cada una de nuestras interacciones sociales y qué sucede cuando decidimos dejar de censurar nuestra propia mente.

El Autor y el Contexto Histórico: Contra la "Alta Cultura".  Para entender "Impro", hay que entender a Keith Johnstone (1933–2023). Johnstone no era un académico de torre de marfil; se forjó en el Royal Court Theatre de Londres en los años 50, el epicentro de la revolución teatral británica. En una época donde el teatro era literario, rígido y elitista, Johnstone dirigía el estudio de guionistas y lecturas de obras.

Su influencia histórica nace de una rebelión: se dio cuenta de que la educación y la "buena cultura" estaban produciendo actores (y personas) aburridos, pretenciosos y aterrorizados por el error. Mientras sus contemporáneos buscaban la perfección del texto, Johnstone buscaba la vitalidad del momento. Su trabajo sentó las bases de lo que hoy conocemos como Theatresports y la comedia de improvisación moderna, pero su objetivo original no era hacer reír, sino desbloquear la mente humana.

El Estatus: La Física de la Política y la Sociedad.  El capítulo más influyente del libro, y el más relevante para el análisis político y social, es el dedicado al Estatus.

Johnstone argumenta que el estatus no es algo que "eres" (como tu clase social o tu cargo), sino algo que "haces". Es una serie de transacciones milimétricas que ocurren en cada interacción humana.  Estatus Alto: Mantener el contacto visual, movimientos suaves, interrumpir, ocupar espacio.  Estatus Bajo: Tocarse la cara, movimientos espasmódicos, dudar, contraer el cuerpo.  "Vemos el estatus como un balancín: si yo subo, tú tienes que bajar." — Keith Johnstone.

Para un analista político, esta sección es oro puro. Explica por qué un candidato "intelectual" puede perder un debate contra un populista simplemente por su manejo corporal del espacio. Explica las dinámicas de poder en una oficina o en una cumbre internacional. Johnstone desmitifica el carisma, revelándolo como una técnica de manipulación del estatus que, una vez vista, no puede dejar de verse.

La Crítica Feroz a la Educación.  Si el análisis del estatus es sociológico, la primera parte del libro es una crítica pedagógica devastadora. Johnstone sostiene que los niños nacen siendo creativos y espontáneos, y que el sistema educativo no desarrolla estas cualidades, sino que las atrofia sistemáticamente.

El libro detalla cómo la escuela nos enseña a temer el "error". En la improvisación (y en la innovación real), el error es un regalo, una oferta que debe ser aceptada. En la escuela, el error es castigado. Esto crea adultos que se autocensuran, que "bloquean" las ideas de los demás y las propias por miedo a parecer tontos.

Para Johnstone, la "normalidad" es una neurosis colectiva. Nos volvemos "sanos" (socialmente aceptables) a costa de perder nuestra imaginación. En un blog de educación, este es el punto neurálgico: ¿Estamos educando para la obediencia o para la capacidad de respuesta ante lo inesperado?

Espontaneidad y Política: El Peligro del "No".  El concepto central de la técnica de Johnstone es la diferencia entre bloquear (negar la realidad que ofrece el otro) y aceptar (decir "sí, y...").  En un contexto social y político polarizado, el "bloqueo" es la norma. El debate político actual es una sucesión de bloqueos donde cada parte niega la premisa de la otra. "Impro" sugiere que la única forma de avanzar la narrativa —sea en una escena teatral o en una sociedad democrática— es aceptar la oferta del otro y construir sobre ella, incluso si es para redirigirla. Una sociedad que ha olvidado cómo improvisar es una sociedad estancada en el conflicto.

Leer "Impro" hoy, décadas después de su publicación, se siente extrañamente urgente. En una era dominada por la inteligencia artificial y la automatización, las cualidades que Johnstone defiende —la intuición, la conexión humana real, la vulnerabilidad y la capacidad de narrar historias colectivas— son precisamente las que nos hacen irreemplazables.

No leas este libro para ser actor. Léelo para entender por qué tu jefe te intimida, por qué los sistemas educativos fallan y cómo recuperar esa parte de tu cerebro que la sociedad te obligó a apagar hace años.  Keith Johnstone entendió el fracaso escolar mejor que los Ministerios de Educación.  Dejamos para un post ulterior desarrollar más a fondo el concepto de "Transacciones de Estatus" con ejemplos aplicados a la política actual.

Diane Arbus: la mirada que desnudó la normalidad

Diane Arbus fue esa Mirada Incómoda que Redefinió la Fotografía Documental con la Deconstrucción del Retrato Estadounidense. Diane Arbus (1923-1971) transformó la fotografía documental al dirigir su cámara hacia sujetos que la sociedad estadounidense prefería ignorar. Nacida como Diane Nemerov en una familia judía acomodada de Nueva York, creció en el entorno privilegiado del negocio de pieles de sus padres. Esta distancia de la clase trabajadora generó en ella una fascinación por mundos que le resultaban ajenos.

Comenzó fotografiando para revistas de moda junto a su marido Allan Arbus, trabajo que abandonó en 1956 para desarrollar un lenguaje visual propio. Estudió con Lisette Model, quien reforzó su inclinación hacia lo no convencional y le enseñó a fotografiar sin condescendencia. Este periodo marcó el inicio de su exploración sistemática de personas transgénero, artistas de circo, nudistas, enanos, gigantes y habitantes de instituciones mentales.

Su obra se caracteriza por el uso de flash directo y formato cuadrado de medio formato, principalmente con cámaras Rolleiflex y posteriormente Mamiya. Esta elección técnica producía imágenes frontales, sin dramatismo lumínico, donde los sujetos miraban directamente a la cámara. El resultado eliminaba la posibilidad de observación voyeurística: el espectador quedaba confrontado, obligado a sostener la mirada de quienes fotografiaba.

"Child with a toy hand grenade in Central Park" (1962) ejemplifica su método. El niño, contraído en tensión, con expresión perturbada y la granada de juguete en una mano, no representa la infancia idealizada. Arbus capturó el momento de disfuncionalidad emocional, rechazando la imagen edulcorada que se esperaba de la fotografía infantil.

"Identical Twins, Roselle, New Jersey" (1967) muestra dos niñas gemelas con vestidos y cintas idénticos, pero sus expresiones divergen sutilmente, generando inquietud. Stanley Kubrick utilizó esta fotografía como inspiración para las gemelas de "El Resplandor". La imagen cuestiona la identidad y la diferencia dentro de la similitud absoluta.

"Jewish Giant at Home with His Parents" (1970) presenta a Eddie Carmel, de 2.28 metros, encorvado bajo el techo de la vivienda familiar mientras sus padres lo observan desde abajo. La composición subraya la inversión de las relaciones de poder familiares y la imposibilidad física de que Carmel habite espacios domésticos normales.

Su serie de personas transgénero en Nueva York, particularmente "A young man in curlers at home on West 20th Street" (1966), documentó comunidades invisibilizadas. Fotografió sin sensacionalismo ni moralización, tratando a sus sujetos con la misma seriedad formal que cualquier retratista otorgaría a figuras prominentes.

La recepción crítica fue contradictoria. Algunos acusaron su trabajo de explotación o de buscar lo grotesco. Susan Sontag escribió que sus fotografías mostraban que "la vida es una feria de monstruos". Sin embargo, esta lectura ignora que Arbus no presentaba a sus sujetos como aberraciones, sino que revelaba la artificialidad de las normas sociales de apariencia y comportamiento.

Arbus participó en la exposición "New Documents" del MoMA en 1967, junto a Lee Friedlander y Garry Winogrand. La muestra consolidó un nuevo enfoque documental que abandonaba el narrativismo humanista de la Farm Security Administration para adoptar una visión más fragmentaria y ambigua de la realidad social estadounidense.

Se suicidó en 1971 a los 48 años, dejando negativos sin revelar y proyectos inconclusos. Un año después, el MoMA organizó una retrospectiva que estableció su influencia definitiva. El catálogo se convirtió en el libro de fotografía más vendido hasta ese momento.

Su legado reside en haber expandido los límites de quién merecía ser fotografiado y cómo. Demostró que la dignidad del retrato no dependía de la conformidad social del sujeto. Las generaciones posteriores de fotógrafos documentales —desde Nan Goldin hasta Wolfgang Tillmans— heredaron su voluntad de acceder a espacios íntimos de comunidades marginales sin turistismo visual.

La obra de Arbus permanece como evidencia de que la fotografía puede funcionar simultáneamente como documento social y declaración artística, sin que ninguna función invalide la otra. Su contribución no reside solo en los temas que retrató, sino en la formulación de una ética de la mirada. Arbus desmanteló la frontera entre lo normal y lo anómalo, y mostró que la fotografía, lejos de registrar lo evidente, es un instrumento de conocimiento. Su mirada no busca la belleza, sino la verdad en su estado más inestable. Aquí se puede ver nuestra Serie de Fotógrafas Célebres.

Cindy Sherman: El autorretrato convertido en crítica social


Cindy Sherman: Mil caras

Cindy Sherman (Glen Ridge, Nueva Jersey, 1954) es una de las fotógrafas más influyentes y cotizadas del arte contemporáneo. Su obra ha redefinido los límites entre la fotografía, la performance y la crítica cultural, convirtiéndola en una figura imprescindible para entender el arte de las últimas cinco décadas. 

Formada en el Buffalo State College, Sherman comenzó su carrera artística a mediados de los años setenta, en pleno auge del movimiento feminista y el arte conceptual. Desde sus inicios, rechazó la pintura tradicional para centrar su práctica en la fotografía, un medio que consideraba más directo y contemporáneo. Sin embargo, su trabajo nunca ha sido puramente documental: cada imagen es una cuidadosa construcción, un escenario teatral donde ella misma es simultáneamente directora, actriz, maquilladora y fotógrafa.

Lo verdaderamente revolucionario de Sherman es que, utilizando siempre su propio cuerpo como lienzo, ha logrado desaparecer como individuo. En sus fotografías no vemos a Cindy Sherman, sino arquetipos, estereotipos y ficciones visuales que cuestionan cómo se construyen las identidades, especialmente las femeninas, en la cultura visual occidental.

El espejo fragmentado: Cindy Sherman y la deconstrucción del yo. Un recorrido por las mil máscaras de una sola artista camaleónica:

Untitled Film Stills (1977-1980). La serie que la catapultó a la fama internacional consiste en 70 fotografías en blanco y negro donde Sherman recrea escenas que parecen fotogramas de películas de serie B de los años cincuenta y sesenta. Cada imagen muestra a una mujer diferente: la secretaria vulnerable, la seductora rubia, la ama de casa solitaria, la joven en la gran ciudad. Ninguna de estas películas existe realmente; son invenciones que exponen cómo el cine ha moldeado nuestra percepción de la feminidad.

Esta serie es una obra maestra de la crítica visual. Sherman no denuncia explícitamente, sino que replica con tal precisión los códigos visuales del cine clásico que el espectador reconoce inmediatamente los estereotipos y, en ese reconocimiento, toma conciencia de su artificialidad.

Centerfolds (1981). Encargada por la revista Artforum, esta serie muestra mujeres en posiciones horizontales, vulnerables, ansiosas o melancólicas...

History Portraits (1989-1990). Sherman reinterpreta la historia del arte occidental posando como figuras de pinturas renacentistas y barrocas...

Horror and Surrealist Pictures (1994-1996). En estas series, Sherman abandona parcialmente su propio cuerpo...

Society Portraits (2008). Regresa a representar personas completas...

En 1995 recibió la beca MacArthur "Genius Grant", y sus obras alcanzan precios millonarios en subastas. Su Untitled #96 (1981) se vendió en 3.89 millones de dólares en 2011, estableciendo un récord para fotografía de artista vivo. 

Aquí se puede ver nuestra Serie de Fotógrafas Célebres.

@carladief Cindy Sherman, ¿fotógrafa, artista, modelo o todo a la vez? #fotografia #cindysherman ♬ Confidence (sped up version) - Ocean Alley