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Waymo Car, robotaxi autónomo: ¿Promesa o realidad?

Vídeo captado casualmente por Aitor en Portland (OR). Otras imágenes.

Es impresionante el estado actual del robotaxi de Alphabet que está redefiniendo la movilidad urbana y que no anuncia dónde hace las pruebas. Es Waymo Car (ver en otros posts) o cuando la inteligencia artificial toma el volante. Waymo acumula 200 millones de millas sin conductor: ¿El futuro llegó?

Hay tecnologías que avanzan en silencio durante años, acumulando kilómetros en carreteras secundarias y titulares modestos, hasta que un día aparecen en medio de una carrera popular de San Francisco guiando a treinta mil corredores. Ese momento ocurrió el pasado 17 de mayo de 2026, cuando un Waymo —con su nueva carrocería bautizada como Ojai— ejerció de vehículo oficial de cabeza en la mítica prueba Bay to Breakers. No era un anuncio. Era una demostración.

De proyecto Google a subsidiaria de Alphabet. Waymo nació en 2009 como el Google Self-Driving Car Project, bajo la dirección del investigador Sebastian Thrun. Su objetivo inicial era austero y preciso: completar diez rutas de cien millas sin intervención humana. A lo largo de aquella primera fase, los vehículos —principalmente Toyota Prius y Lexus RX450h modificados— alcanzaron 300.000 millas autónomas en vías públicas sin un solo accidente en 2012. Hoy, como filial independiente de Alphabet —la matriz de Google—, el sistema ha recorrido cerca de 200 millones de millas completamente autónomas en ciudades estadounidenses.

Lo que resulta menos visible para el pasajero que sube a uno de estos vehículos es que, en paralelo, el sistema entrena en miles de millones de millas virtuales, dominando escenarios complejos antes de encontrarlos en calles reales. A esto responde el recién presentado Waymo World Model: un modelo generativo de simulación hiperrealista que eleva a nueva cota la preparación del conductor artificial.

La sexta generación y el vehículo Ojai. En febrero de 2026, Waymo anunció el despliegue de su sistema de conducción de sexta generación. Este nuevo sistema actúa como el motor principal de su siguiente era de expansión, con una configuración más optimizada que reduce costes sin comprometer los estándares de seguridad, y con capacidades ampliadas para operar en entornos más diversos, incluidos climas de invierno extremo.

El vehículo que lo aloja es el Ojai, fabricado sobre una plataforma base del fabricante chino Geely, con sistemas de lidar y radar de nueva generación que mejoran la visión respecto a modelos anteriores. La paradoja no es menor: la empresa más avanzada en conducción autónoma de Estados Unidos utiliza carrocerías de un gigante automovilístico chino. La tecnología, como siempre, desborda las fronteras geopolíticas.

Expansión y precio. A comienzos de 2026, Waymo ofrece servicio completamente público en Phoenix, San Francisco, Los Ángeles, Austin y Atlanta, con planes de expansión a unas veinte ciudades nuevas, entre ellas los primeros mercados internacionales: Londres y Tokio. En España y Europa, los marcos regulatorios aún no permiten este nivel de autonomía en vías abiertas, pero el horizonte se acorta visiblemente.

El precio es todavía una barrera. En la actualidad, Waymo resulta entre un 30 y un 40% más caro que Uber, posicionado como una experiencia de alta gama. Es, en esencia, el mismo patrón histórico de toda tecnología disruptiva: primero cara y exclusiva, luego accesible y ubicua.

La pregunta que el coche no puede contestar. Técnicamente, el argumento es sólido: los vehículos autónomos son, estadísticamente, considerablemente más seguros que los conductores humanos. Sin embargo, la cuestión relevante no es solo la estadística; es la responsabilidad. ¿Quién responde cuando el algoritmo falla? ¿La empresa, el fabricante del hardware, el municipio que autorizó la circulación? El derecho, la ética y la pedagogía cívica tienen aún mucho trabajo por delante.

Waymo conduce ya entre nosotros. La pregunta no es si los coches autónomos llegarán, sino si nuestras instituciones, nuestras leyes y nuestra cultura estarán a la altura cuando lo hagan plenamente.

73 años tratando de vivir, aprender, compartir y amar

Family Agirregabiria: Carmen, Leire, Mikel y Aitor TOP ¿1989?
Foto de hace 37 años, ya con hijos y mirando al futuro
Gracias a quienes habéis recordado este 73º cumpleaños,...

Cumplir 73 años invita, más que a celebrar, a pensar. No en el sentido solemne de quien se siente obligado a justificar su trayectoria, sino en el de quien reconoce que la vida, vista con la distancia que da el tiempo, se parece más a un cuaderno de campo que a una autobiografía ordenada. Hoy, al mirar atrás, descubro que mis pasos —a veces firmes, a veces vacilantes— han estado guiados por una convicción persistente: la educación, la ciencia, la filosofía y la sociología no son disciplinas aisladas, sino formas complementarias de comprender y mejorar el mundo.

He vivido estos 26.663 días entre dos Viernes Santo (el de 1953 y de 2026) como un aspirante a aprendiz constante. La docencia me enseñó que el aula es un laboratorio de humanidad, un espacio donde las ideas se ensayan, se discuten y, con suerte, se transforman. Cada estudiante que he encontrado ha sido una pregunta nueva, una invitación a revisar mis certezas. Quizá por eso nunca he sentido la tentación de convertirme en un profesor que dicta verdades; siempre me he sentido más cómodo como acompañante intelectual, como quien abre puertas y señala caminos sin imponer destinos.

La escritura, por su parte, ha sido mi modo de ordenar el pensamiento. No escribo para dejar un legado, sino para comprender mejor aquello que me inquieta: la aceleración tecnológica, los cambios culturales, las tensiones entre tradición y modernidad, la fragilidad de los vínculos humanos. A veces me pregunto si mis textos han logrado acompañar a otros en sus propias búsquedas. Me basta con saber que, al menos, han sido honestos con mis dudas y mis esperanzas.

A los 73 años, descubro que la sociología me ha enseñado a mirar lo colectivo sin perder de vista lo singular. La filosofía, a preguntar sin prisa. La literatura, a escuchar los matices de la experiencia humana. Y la educación, a confiar en que cada generación trae consigo una forma inédita de interpretar el mundo. Esa confianza es, quizá, mi mayor celebración: seguir creyendo que el futuro merece ser pensado con rigor, pero también con ternura.

No puedo negar que el paso del tiempo deja su huella. Sin embargo, lejos de sentirlo como un límite, lo vivo como una ampliación del horizonte. La edad me ha regalado una perspectiva que no tenía a los treinta ni a los cincuenta: la capacidad de aceptar la complejidad sin necesidad de resolverla del todo. Hoy sé que la vida intelectual no consiste en acumular respuestas, sino en cultivar preguntas que nos mantengan despiertos.

Este cumpleaños no es un cierre, sino un umbral. Me gustaría seguir escribiendo, enseñando, conversando, aprendiendo. Me gustaría seguir participando en debates que incomoden y en proyectos que ilusionen. Me gustaría, sobre todo, seguir siendo parte de una comunidad que cree en el valor del pensamiento crítico y en la fuerza transformadora de la educación.

Si algo he aprendido en estas siete décadas largas es que la vida se sostiene en los vínculos: los que construimos con quienes nos rodean, los que tejemos con las ideas y los que mantenemos con nosotros mismos. Hoy celebro esos vínculos. Celebro el privilegio de haber vivido rodeado de personas curiosas, generosas y exigentes, especialmente Carmen (53 años juntos), nuestros hijos, nietos, sobrinas, ahijadas y ahijados. Celebro la oportunidad de seguir aportando, aunque sea modestamente, a un mundo que necesita más reflexión y menos estridencia.

Julen jugando con su primer periódico... en papel TOP
A mis 73 años y por todas ellas y ellos, sigo creyendo que pensar es un acto de esperanza. Y hoy, más que nunca, quiero seguir practicándolo. Aún hay tiempo para libros sin leer, ideas sin madurar, lectores sin encontrarQuiero seguir escribiendo. Quiero seguir aprendiendo. Quiero seguir creyendo —con Spinoza (posts), con Arendt (posts), con todos los pensadores que han acompañado estas páginas— que el conocimiento es el camino más corto hacia la solidaridad, y que la ignorancia es siempre el origen del miedo.
 

Democratizar la AI: Conversan Andrew Ng y Astro Teller

En el ecosistema de la tecnología de vanguardia, pocas conversaciones poseen la densidad intelectual de un encuentro entre Andrew Ng (otros posts) y Astro Teller. Ng, figura seminal en el aprendizaje profundo y cofundador de Google Brain y Coursera, representa la convergencia entre el rigor académico y la visión empresarial. 

Por su parte, Astro Teller —quien porta el legado de una estirpe científica como nieto del físico Edward Teller— dirige X, la "fábrica de moonshots" de Alphabet, donde lo imposible se desglosa en hitos de ingeniería. El reciente encuentro entre ambos no solo es una mirada retrospectiva a los orígenes de la inteligencia artificial moderna, sino un manifiesto sobre cómo esta tecnología redefinirá la pedagogía y la estructura misma de la sociedad. 

El Origen de una Herejía: La Apuesta por la EscalaLa conversación se inicia en los pasillos de Stanford y los primeros días de Google X. Ng relata cómo, en 2010, la idea de "escalar" redes neuronales era recibida con escepticismo, incluso con hostilidad, por la comunidad académica. Mientras los expertos de la época se obsesionaban con algoritmos artesanales y soluciones matemáticas elegantes, Ng sostenía una hipótesis basada en datos: el tamaño importaba [04:42]. 

Inspirado por experimentos de neuroplasticidad —donde el tejido cerebral puede aprender a procesar señales visuales aunque originalmente estuviera destinado a las auditivas—, Ng propuso la existencia de un "algoritmo de aprendizaje único" [06:20]. Esta visión sugería que no necesitábamos miles de softwares especializados, sino un sistema lo suficientemente vasto para procesar cualquier tipo de datos. Fue esta "herejía" la que llevó a la creación de Google Brain, validada posteriormente por el famoso "artículo de los gatos", donde una red neuronal descubrió por sí misma el concepto de un felino tras analizar miles de horas de YouTube sin supervisión humana [45:25]. 

Educación: De la Escasez a la AbundanciaPara Ng, la educación no es solo una rama de su carrera, sino una obsesión personal que lo llevó a fundar Coursera. En el diálogo, plantea una visión profundamente democratizadora: la inteligencia humana es cara y difícil de escalar, pero la inteligencia artificial tiene el potencial de ser ubicua y económica [41:00].

Ng visualiza un futuro donde cada niño en el planeta cuente con un "ejército de tutores" personalizados y asesores de salud [41:11]. Esta transición de la educación como un bien de lujo a un servicio público masivo es, quizás, el moonshot más ambicioso de todos. La IA no sustituirá al docente, sino que liberará al sistema de las limitaciones de la ratio profesor-alumno, permitiendo una mentoría uno a uno que hoy solo está al alcance de las élites.

La Nueva Alfabetización: Programar en la Era de la Asistencia. Un punto disruptivo en la conversación es la defensa de Ng sobre la programación universal. En un mundo donde la IA puede generar código, algunos sugieren que aprender a programar es redundante. Ng argumenta lo contrario: la habilidad de comunicarse con las máquinas y dirigirlas es la nueva alfabetización [39:54].

El "código asistido" reduce las barreras de entrada, permitiendo que cualquier individuo convierta una idea en un prototipo funcional en horas, no en meses. Esta aceleración de los "bucles de aprendizaje" —un concepto que Astro Teller enfatiza como vital para cualquier innovación— define la ventaja competitiva del futuro: no es la IA la que reemplazará a las personas, sino las personas que usan IA las que reemplazarán a las que no lo hacen [46:23]. 

Filosofía Moonshot: Velocidad y Seguridad PsicológicaAstro Teller aporta una dimensión crucial sobre la gestión del talento y la innovación. Ambos coinciden en que el éxito de Google Brain en X se debió a la creación de un "entorno seguro" para el experimento radical [50:10]. La capacidad de fallar rápido, sin poner en riesgo la "nave nodriza (Google)", permitió a Ng y su equipo ejecutar a una velocidad órdenes de magnitud superior a la media corporativa.

Teller subraya la importancia de la "estanqueidad de los bucles de aprendizaje": el tiempo que transcurre entre una hipótesis y un resultado evaluable [50:43]. En la frontera del conocimiento, el aprendizaje es el único producto real; si ese bucle se reduce, la innovación se vuelve inevitable.

Conclusión: Un Futuro de Colaboración SimbióticaLa charla entre Ng y Teller nos deja una lección fundamental: el futuro de la tecnología no reside en la complejidad aislada, sino en su aplicación para elevar la condición humana. Desde los primeros días de las GPU y los clústeres de CPU hasta los modelos fundacionales de hoy, la trayectoria ha sido clara: mayor escala, mayor accesibilidad.

Como intelectuales y educadores, el reto es preparar a la próxima generación no solo para consumir tecnología, sino para construir junto a ella. En palabras de Andrew Ng, el objetivo final es que cada ser humano sea mucho más poderoso, apoyado por una inteligencia artificial que actúa como un multiplicador de su propia voluntad y creatividad.