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Cata de sales artesanales en el Museo del Mar


Hemos asistido a una interesante Cata de sales artesanales en el
Museo del Mar de San Pedro del Pinatar. Ha sido a cargo de su Director, José Benito Pérez. Recogemos una grabación de la conferencia previo con apuntes históricos y algunas imágenes de la degustación (en este caso, con ayuda de unas gafas Ray-Ban Meta y en TikTok).  

El MUSEO DEL MAR está en la C/ Lorenzo Morales, 1 Edificio Hogar del Pescador - 1º derecha. SAN PEDRO DEL PINATAR. El Museo del Mar perteneciente a la Cofradía de Pescadores organiza una degustación de sal con  bebida incluida

Pronto álbum de imágenes adicionales y un mayor detalle de contenidos.  

@agirregabiria

Cata de sales artesanales 1/3

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Museo del Mar de San Pedro del Pinatar, memoria de cofradía

El Museo del Mar de San Pedro del Pinatar es patrimonio vivo en manos de sus protagonistas, los pescadores de ambos mares. Hay museos construidos por instituciones y hay museos construidos por comunidades. Los primeros responden a políticas culturales; los segundos, a una necesidad más honda: la de preservar lo que uno mismo ha vivido antes de que el tiempo lo borre. El Museo del Mar de San Pedro del Pinatar pertenece a esta segunda y más rara categoría.

Único edificio de la Comarca del Mar Menor dedicado exclusivamente al arte de la pesca, el museo pertenece a la Cofradía de los Pescadores, una circunstancia que no es un mero detalle administrativo, sino la clave que explica su carácter y su valor. No es un museo sobre los pescadores; es un museo de los pescadores, gestionado por quienes conocen el mar desde adentro.

Origen y fundación. El museo fue fundado en 1980 por don Lázaro Escudero Alarcón, patrón mayor de la Cofradía, con la intención de divulgar y dar a conocer la cultura y la historia de la pesca en el Mar Menor y el Mediterráneo. Escudero Alarcón representaba ese tipo de figura que la sociología del trabajo reconoce como “trabajador orgánico”: alguien que, al retirarse del oficio, no abandona su saber, sino que lo convierte en legado colectivo. Su iniciativa fue el germen de lo que hoy es una institución cultural de referencia en la comarca murciana.

En 2013, la familia Pérez Gracia acometió una remodelación integral del espacio, trasladándolo a dependencias más amplias dentro de la propia Cofradía e incorporando nuevas colecciones y exposiciones. Un crecimiento que refleja el arraigo de la iniciativa en la comunidad local.

Las colecciones: cuando los objetos narran. Lo que el visitante encuentra al cruzar el umbral es una lección de materialidad cultural. Las colecciones incluyen maquetas de las redes tradicionales de la pesca local —encañizadas, paranzas, pantasana—, fotografías antiguas de faenas marineras, una colección de barcos tradicionales a vela latina y embarcaciones históricas como carabelas o galeones. 

A estas piezas se suman colecciones de caracolas marinas, dentaduras de peces, caparazones de moluscos, colecciones de nudos marineros y mapas cartográficos. Cada objeto es, en sí mismo, un documento etnográfico: habla de técnicas, de saberes transmitidos de generación en generación, de una relación entre el ser humano y el ecosistema lacunar del Mar Menor que difícilmente podría comprenderse a través de la sola palabra escrita.

Las encañizadas merecen mención especial. Se trata de un sistema ancestral de pesca mediante estructuras de cañas que aprovechan los movimientos migratorios de los peces entre el Mar Menor y el Mediterráneo. Las maquetas de las encañizadas de Punta de Algas constituyen una ventana desde la que asomarse a una tradición que es sello de identidad del pueblo pinatarense. 

Un museo ante el reto de la continuidad. El director del museo, José Benito Pérez, ha señalado que espacios como este son imprescindibles para conservar la historia de localidades como San Pedro del Pinatar: “Si no mantenemos este tipo de espacios, la cultura se pierde”. A su juicio, la cultura marinera sigue arraigada en el municipio, pero la pesca atraviesa momentos de dificultad y las generaciones que continúan la tradición familiar escasean.

Esta tensión entre permanencia y transformación es, precisamente, lo que convierte al museo en un espacio educativamente relevante. No es un recinto nostálgico: es un lugar donde el pasado interpela al presente y donde la pregunta sobre el futuro de los oficios del mar se vuelve urgente.

Para visitantes: El museo tiene su sede en el Edificio del Hogar del Pescador, en la Plaza de España, centro neurálgico de San Pedro del Pinatar. El horario de visita es de miércoles a domingo, de 9:30 a 13:30 horas. Para grupos, es recomendable concertar visita previa a través de la Cofradía. Una visita al Museo del Mar combina perfectamente con un paseo por el parque regional de las Salinas y Arenales, declarado zona Ramsar, convirtiendo San Pedro del Pinatar en un destino de turismo cultural y natural de primer orden en la costa murciana. Ver álbum creciente de imágenes.

@agirregabiria

Museo del Mar de San Pedro del Pinatar (Murcia)

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III Ruta de Coches Superdeportivos Clásicos y Modernos

III Ruta de Coches Superdeportivos Clásicos y Modernos
Grabación hecha por nuestro Tesla.

Hemos acudido a la visita a San Pedro del Pinatar (Murcia) de la III Ruta de Coches Superdeportivos Clásicos y Modernos. Una delicia ver estos motores legendarios junto al Mar Menor. El más significativo era un Ferrari 488 GTB, acompañado de varios Porsche,...

San Pedro del Pinatar: Donde el turismo se encontró con los superdeportivosEl domingo 24 de mayo de 2026, la localidad murciana de San Pedro del Pinatar vivió una jornada singular en la que el turismo cultural, la pasión automovilística y la convivencia ciudadana confluyeron gracias a la III Ruta de Coches Superdeportivos Clásicos y Modernos. El evento convirtió durante unas horas las inmediaciones del Museo Municipal Palacio Barón de Benifayó en un auténtico museo al aire libre dedicado al automóvil de excepción. 

La iniciativa reunió vehículos de distintas épocas y filosofías mecánicas: desde elegantes deportivos clásicos de combustión atmosférica hasta modernos superdeportivos de altas prestaciones, herederos de una industria automovilística donde diseño, ingeniería y tecnología conviven en permanente evolución. Más allá del atractivo visual de modelos legendarios, la ruta sirvió también como escaparate turístico para uno de los municipios más emblemáticos del litoral murciano.

A partir de las once de la mañana, los automóviles quedaron expuestos en una muestra estática que atrajo tanto a aficionados especializados como a familias, curiosos y visitantes ocasionales. El rugido contenido de motores italianos, alemanes o británicos contrastaba con la tranquilidad mediterránea de un municipio conocido por sus salinas, sus playas y su estrecha relación con el Mar Menor.

El recorrido no se limitó al componente automovilístico. Los participantes realizaron además una visita guiada al mural de la princesa rusa, explicada por su autor, el artista Goyo 203, junto al museo pinatarense. Esta combinación de patrimonio urbano, arte contemporáneo y cultura del motor evidenció cómo los eventos temáticos pueden enriquecer la oferta turística de una ciudad y diversificar su atractivo.

La presencia de coches clásicos aporta además un valor histórico y educativo que trasciende el mero espectáculo. Cada vehículo representa una época concreta de la evolución industrial: avances en aerodinámica, materiales, seguridad o diseño mecánico. Contemplar un deportivo de los años setenta junto a un híbrido contemporáneo permite observar, casi como en una lección de historia tecnológica, cómo ha cambiado la relación entre potencia, eficiencia y sostenibilidad.

En este tipo de encuentros también aparece una dimensión social frecuentemente olvidada. Los propietarios de estos automóviles suelen actuar como auténticos conservadores de patrimonio mecánico. Restaurar y mantener un clásico requiere conocimientos técnicos, paciencia y una considerable inversión emocional y económica. El automóvil deja entonces de ser solamente un medio de transporte para convertirse en memoria cultural rodante.

Para San Pedro del Pinatar, la cita supone igualmente una oportunidad estratégica. El municipio lleva años potenciando un turismo diverso que combina naturaleza, gastronomía, deporte y patrimonio. Eventos relacionados con el motor permiten atraer visitantes fuera de la temporada estrictamente veraniega y generan actividad económica en hostelería, comercio y restauración. Además, proyectan una imagen moderna y dinámica capaz de conectar con públicos muy diferentes.

No es casual que este tipo de concentraciones proliferen en numerosas ciudades españolas. Existe un creciente interés intergeneracional por el automóvil emocional frente a una movilidad cada vez más digitalizada y automatizada. En una época dominada por pantallas, asistentes inteligentes y electrificación, los coches clásicos y superdeportivos mantienen intacta cierta capacidad de fascinación estética y sensorial.

La III Ruta de Coches Superdeportivos Clásicos y Modernos demostró así que el motor puede integrarse plenamente en una experiencia cultural y turística de calidad. Entre salinas, palmeras y brisa mediterránea, San Pedro del Pinatar ofreció una imagen distinta del turismo: una donde patrimonio, tecnología, diseño y pasión compartida circulaban por la misma carretera. 

Mural a La Princesa Rusa en San Pedro del Pinatar

Goyo203

Con ocasión de una cita de coches deportivo, hemos visitado el nuevo mural de grandes dimensiones rinde homenaje, en las inmediaciones del Museo Barón de Benifayó, a la leyenda de La Princesa Rusa en San Pedro del Pinatar. Esta monumental obra ha sido realizada por el destacado artista pinatarense José Luis Martínez Escudero, conocido como Goyo 203, gracias a la colaboración de la Concejalía de Cultura con el galerista y promotor cultural Darío Vigueras, en el marco del 25 aniversario del museo. 

El alcalde de San Pedro del Pinatar, Pedro Javier Sánchez; la edil de Cultura, Carmen María López; y el director del Museo Barón de Benifayó, Marcos David Gracia, junto a Darío Vigueras y Goyo 203, han visitado hoy esta obra que recrea una de las leyendas más célebres y extendidas del municipio. 

El artista ha contado con plena libertad para la realización de este mural, basado en la leyenda de la princesa rusa de San Pedro del Pinatar, la cual narra el trágico amor y asesinato de una noble amante del Barón de Benifayó en la Isla del Barón (Mar Menor). Se dice que su fantasma, una figura de luz blanca, se aparece a pescadores y merodea el actual museo, evocando una historia de traición y celos del siglo XIX. 

El autor ha explicado que a esta leyenda ha sumado la historia personal de su familia. Una tatarabuela suya, de profesión trovera y que regentaba una posada, fue cortejada por el altanero Barón de Benifayó, quien la obsequió con una muñeca de porcelana y vidrio. Esta pieza aún permanece en la familia y ha servido también de inspiración al artista para esta obra. 

El alcalde ha alabado el trabajo realizado por Goyo 203, destacando que refleja a la perfección ese misterio que envuelve a la leyenda de La Rusa y que se convertirá en una excelente carta de presentación para las personas que visiten el municipio y el museo. 

José Luis Martínez Escudero (San Pedro del Pinatar, 1982), conocido artísticamente como Goyo 203, comenzó a pintar de forma autodidacta desde su infancia, convirtiendo su pasión en su forma de vida. Actualmente está considerado como un reconocido pintor de arte urbano en la Región de Murcia, habiéndose posicionado con éxito en otras ciudades nacionales y europeas. 

El trabajo de Goyo 203 está enfocado en el desarrollo y ejecución de rostros de gran formato, sobresaliendo por una gran expresividad lograda mediante la exaltación de elementos como los ojos, los cuales trabaja con minucioso detalle. Los críticos de arte destacan una evolución y madurez evidente en su obra, tanto en sus creaciones de estudio como en sus trabajos de gran formato. En ellos se observa una transición del realismo al surrealismo, con el uso de técnicas que van desde el impresionismo hacia un nuevo post-expresionismo.

Álbum de fotos y vídeos
@agirregabiria

Goyo203 explica el mural a la leyenda de La Rusa

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Con Marcos Gracia, Director del Museo del Barón de Benifayó

Entrevista de Sara E.A. al Director del Museo del Barón de Benifayó. Otros posts sobre este Museo del Barón de BenifayóÁlbum de imágenes de la jornada.
Post en elaboración,...
 
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Entrevista Marcos David Gracia, Director del Palacio Museo Barón de Benifayó

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Palacio Museo Barón de Benifayó en San Pedro del Pinatar

Para un museólogo como soy, con un selecto Máster universitario de dos años pero sin demasiada trayectoria profesional, hoy ha sido un lujo completar la visita a dos palacios, de un mismo linaje: Benifayó entre tierra firme (San Pedro del Pinatare Isla Mayor o del Barón (Mar Menor). Hoy hemos visitado el Palacio Museo Barón de Benifayó, repleto de historia, arquitectura y memoria colectiva; hace unos días vimos en barco su palacete réplica menor (posts previo). Nos ha recibido su Director, Marcos David Gracia Antolinos, quien muy amablemente nos ha hecho un resumen de esta joya demasiado poco reconocida. Incluso nos ha invitado a una exposición temporal "Cuarenta años de historia viva" que este próximo viernes 8 de mayo se inaugura. 

Hay edificios que trascienden su función original para convertirse en depositarios de la memoria de todo un territorio. El Palacio Museo Barón de Benifayó, en San Pedro del Pinatar (Región de Murcia), es uno de esos lugares privilegiados donde la arquitectura, la historia nobiliaria y el patrimonio arqueológico y etnográfico convergen en una visita que sorprende por su densidad cultural.

Un encargo aristocrático con ecos universales. El palacio fue construido en el siglo XIX como residencia de veraneo, en un momento en que San Pedro del Pinatar comenzaba a despuntar como destino estival de la alta burguesía. Su promotor fue Don Julio Falcó d’Adda, perteneciente a la casa italiana de Saboya y emparentado con las más ilustres familias de la nobleza española, quien encargó el proyecto al arquitecto madrileño Lorenzo Álvarez Capra. La construcción se terminó en 1892. 

Lo que hace singular a este encargo va más allá de su destinatario: el palacete es una réplica reducida del Pabellón de España en la Exposición Universal de 1873, lo que convierte al edificio en un eco construido de la modernidad internacional del siglo XIX, trasplantado a un enclave costero del Mediterráneo español. Álvarez Capra concibió así una obra que dialoga, desde la periferia levantina, con las grandes corrientes arquitectónicas de su época.

La magia del neomudéjar frente al Mar Menor. Se trata de una residencia rural de carácter palacial, formada por varios cuerpos de edificación que en su aspecto externo toman la forma romántica de una especie de castillo con almenas y torreones, rodeada por un gran parque. El resultado es un ejercicio de eclecticismo romántico que entronca con la corriente neomudéjar: el uso del ladrillo en canto o punta, frecuente en la arquitectura mudéjar, permite marcar los diversos motivos y decoraciones de la fachada.

La relación del edificio con su contexto urbano también merece atención: originalmente disponía de unos extensos terrenos ajardinados que fueron cedidos, a finales del siglo XX, en su mayor parte al municipio por la condesa de Campo Hermoso y Villar de Felices, convertidos en el parque adyacente con su nombre. Una generosidad aristocrática tardía que hoy beneficia a residentes y visitantes por igual.

Un duelo, una isla y un segundo palacete. La historia del Barón no se agota en San Pedro del Pinatar. Detrás de su arraigo murciano hay un episodio de novela: el Barón retó a duelo a un adversario y, casual o intencionadamente, lo mató, por lo que fue procesado y condenado a prisión durante varios años. La cárcel que le correspondió no fue cualquiera: la Isla Mayor pertenecía a la marina española y era prisión militar, y a ella fue enviado Don Julio Falcó a cumplir su condena. Unos seis años pasó rodeado de agua salada pero, posiblemente por ser quien era, recibía visitas y obtenía permisos para visitar los alrededores. El Barón se enamoró de la isla y su entorno.

Cumplida la condena, lejos de alejarse del lugar de su reclusión, el aristócrata lo hizo suyo: adquirió la Isla Mayor para recreo y caza, mandando construir el palacete neomudéjar que todavía existe. El mismo arquitecto Álvarez Capra diseñó ambos edificios siguiendo un esquema común, aunque con diferencias notables: el de San Pedro disponía de dos torres y estaba rodeado de un gran jardín, mientras que el de la isla contaba con una sola torre y escasas plantas por la falta de agua dulce y el tipo salino del terreno. Así, la isla debe su segundo nombre —Isla del Barón— precisamente a quien levantó ese palacio neomudéjar en su cima volcánica.

Hoy la isla es propiedad privada y de acceso muy restringido, lo que confiere al palacete insular una aureola de misterio que contrasta con la accesibilidad del museo de San Pedro. En el recorrido que realizan los turistas por la isla pueden ver por fuera este inmueble, así como otras edificaciones que todavía se mantienen en uso, y subir a la torre para contemplar el paisaje. Dos arquitecturas gemelas, pues, separadas por las aguas del Mar Menor: una abierta al público como museo vivo, la otra custodiada por la distancia y la propiedad privada como reliquia casi inaccesible.

Leyendas y propietarios: La Casa de la Rusa. Todo gran edificio acumula capas de historia y, a menudo, de leyenda. El palacio es también conocido como la «Casa de la Rusa», al ser vivienda de una señora de esa nacionalidad durante unos años. Aunque la historiografía local matiza que no hay constancia documentada de ello, la denominación popular ha persistido con la tenacidad que solo tienen los mitos urbanos bien arraigados. Sus últimos propietarios fueron los Condes de Villar de Felices, quienes finalmente donaron el inmueble al Ayuntamiento, asegurando así su preservación y uso público.

El museo: tres miradas sobre el territorio. Hoy el palacio alberga el Museo Arqueológico y Etnográfico de San Pedro del Pinatar, que organiza su discurso expositivo en tres grandes ejes temáticos de notable interés didáctico. La sección de arqueología ofrece una muestra de los principales hallazgos del municipio, tanto terrestres como submarinos, así como una selección de fósiles y material de culturas prehistóricas del sureste, con piezas que abarcan desde el mundo ibérico y romano hasta el medieval e islámico. La etnografía, por su parte, recorre la vida cotidiana de dos mundos paralelos: la burguesía que se asentó en San Pedro del Pinatar a finales del siglo XIX construyendo sus residencias de verano, y las gentes de a pie que con su trabajo levantaron el municipio, representadas a través de oficios como la pesca, la agricultura, las salazones y la industria salinera.

Y quizás el rincón más entrañable sea la colección de juguetes antiguos: más de 300 juguetes cedidos o donados por colaboradores, que recorren la historia del juguete desde los más antiguos tirachinas, canicas y trompas hasta los primeros videojuegos de ordenador. Un viaje generacional que conecta emocionalmente con visitantes de cualquier edad.

Una visita que merece el desvío. El Palacio Museo Barón de Benifayó es mucho más que una parada turística convencional. Es un lugar donde la ambición estética de un aristócrata decimonónico, la sabiduría popular de una comunidad costera y los estratos arqueológicos de siglos convergen bajo un mismo techo almenado. Y para quien mire desde sus ventanas hacia el horizonte azul del Mar Menor, sabrá que en el centro de esas aguas se alza, inaccesible y silenciosa, la isla que el mismo Barón amó lo suficiente como para hacer de su prisión un hogar.

Palacio Museo Barón de Benifayó

Álbum de imágenes. Post en elaboración que continuará creciendo.

@agirregabiria

Palacio Museo Barón de Benifayó

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Las cinco islas del Mar Menor: naturaleza, historia y misterio

Durante toda la travesía en barco por el Mar Menor, el guía nos irá explicando todos los detalles de las cinco islas del Mar Menor: la isla Perdiguera, la isla del Barón, la isla Ronda, la isla del Ciervo y la isla del Sujeto . ¿Sabíais que son de origen volcánico y que albergan espacios protegidos?

Además, durante el paseo en barco descubriremos que el Mar Menor es la laguna salada más grande de Europa. A bordo del barco podremos disfrutar de su clima, la calidad de sus aguas y el entorno natural que rodea a este paisaje. Después de una hora y media navegando por la costa murciana, regresaremos a tierra firme.

Las cinco islas del Mar Menor: un archipiélago interior en el corazón del Mediterráneo. El Mar Menor, situado en el sureste de la Región de Murcia, constituye la laguna costera de agua salada más extensa de Europa, con una superficie aproximada de 135 kilómetros cuadrados . Separado del Mediterráneo por La Manga, esa lengua de tierra de apenas trescientos metros de anchura en algunos puntos, este mar interior alberga en su seno cinco islas de origen volcánico que concentran en poco espacio una extraordinaria densidad de historia, ecología y cultura popular. Conocerlas es aproximarse a uno de los ecosistemas más singulares y frágiles de la península ibérica.

La Isla del Ciervo es, con diferencia, la más accesible y visitada. Unida a La Manga mediante una pasarela peatonal, su nombre evoca la presencia histórica de ciervos en sus costas, aunque hoy la fauna terrestre se reduce a aves y reptiles. Sus dimensiones modestas —apenas ocho hectáreas— no impiden que acoja una vegetación de matorral mediterráneo bien conservada y unas vistas panorámicas que permiten contemplar simultáneamente las dos masas de agua que la rodean. Es la puerta de entrada simbólica al archipiélago interior.

La Isla Mayor, también conocida como Isla del Barón —en referencia al barón de Benifayó, que la adquirió en el siglo XIX—, es la más extensa del conjunto, con unas catorce hectáreas. Históricamente cultivada y habitada de forma estacional, conserva restos de edificaciones que hablan de una economía vinculada a la pesca y la agricultura de secano. Su posición central en la laguna la convierte en un punto de referencia visual constante para quienes navegan el Mar Menor.

La Isla Perdiguera, cuyo topónimo alude a las perdices que antaño la poblaban, es quizás la más célebre entre aficionados a la vela y el submarinismo. Sus aguas circundantes, de escasa profundidad y notable transparencia, ofrecen fondos de Posidonia oceanica —la fanerógama marina cuya presencia es indicador de calidad ecológica— y restos arqueológicos subacuáticos que testimonian siglos de navegación comercial romana y fenicia. La isla forma parte de los espacios protegidos de la Región de Murcia.

La Isla Rondella es la más pequeña del grupo y la menos frecuentada. De morfología casi circular —de ahí su nombre— y escasa elevación sobre el nivel de la laguna, representa el arquetipo de islote residual volcánico. Su interés radica principalmente en su papel como refugio de aves acuáticas, especialmente limícolas y ardeidas durante los períodos migratorios, lo que la convierte en un enclave de observación ornitológica de primer orden.

La Isla de las Encañizadas, situada en el extremo norte, próxima a los canales que comunican el Mar Menor con el Mediterráneo, cierra el conjunto con una particularidad histórica relevante: las encañizadas son sistemas tradicionales de pesca mediante cañas entretejidas, una técnica que los pescadores locales han empleado durante siglos para capturar la lisa, el mújol y la dorada en su tránsito entre las dos masas de agua. Esta isla es, en cierta medida, un monumento vivo a la cultura pesquera del sureste español.
Las cinco islas comparten un origen geológico común: forman parte del campo volcánico de Cartagena-La Unión, cuya actividad se desarrolló fundamentalmente durante el Mioceno superior, hace entre seis y diez millones de años. Esta herencia geológica confiere a sus suelos una composición mineralógica particular que condiciona tanto la vegetación como la fauna que las habita.

El Mar Menor atraviesa hoy una crisis ecológica severa , derivada de la presión urbanística, la agricultura intensiva y la sobrecarga turística. La suerte de estas cinco islas está indisolublemente ligada a la de la laguna que las sostiene. Comprenderlas, visitarlas con responsabilidad y reivindicar su protección no es solo un acto de turismo consciente: es también un ejercicio de ciudadanía ambiental en defensa de un patrimonio natural irreemplazable.
@agirregabiria

Travesía en barco por el Mar Menor: Isla Mayor o del Barón

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Golas de La Manga: Los canales naturales entre dos mares

La Manga del Mar Menor no es solo un capricho urbanístico o un destino de sol y playa; es, ante todo, una anomalía geográfica fascinante. Se trata de un cordón litoral de unos 22 kilómetros que separa el Mediterráneo (el "Mar Mayor") de una de las lagunas hipersalinas más grandes del mundo. Sin embargo, este muro de arena no es estanco. La Manga "respira" a través de sus golas.

¿Qué es exactamente una gola? Desde un punto de vista geomorfológico, una gola es un canal natural que comunica una albufera o laguna costera con el mar abierto. En el caso del Mar Menor, estas aberturas son las responsables de la renovación de sus aguas, regulando tanto su temperatura como su salinidad. Son, en esencia, las arterias por las que circula la vida y el equilibrio químico de la zona.

Un recorrido por la geografía del intercambio. Históricamente, el Mar Menor contaba con cinco golas principales, cada una con una personalidad y un impacto ecológico distinto:

Gola de la Encañizada: Situada al norte, es la más septentrional y natural. Su nombre evoca las encañizadas, un arte de pesca tradicional de origen árabe que aprovecha las migraciones de los peces entre ambos mares mediante laberintos de cañas y redes.

Gola de El Estacio: Originalmente un canal somero y estrecho, fue drásticamente transformado en los años 70 para permitir el paso de embarcaciones de recreo. Esta intervención es un punto crítico en la historia ambiental de la laguna.

Golas del Ventorrillo y del Charco: Canales menores que serpentean entre islotes bajos y carrizales, fundamentales para la biodiversidad de aves acuáticas.

Gola de Marchamalo: Ubicada al sur, es un canal artificial que conecta con las Salinas de Marchamalo, un paisaje donde la industria y la naturaleza convergen en tonos rosáceos.

La ciencia del desequilibrio. La relevancia educativa de las golas reside en su capacidad para alterar el ecosistema. Durante siglos, el Mar Menor mantuvo una salinidad muy superior a la del Mediterráneo debido a la escasa profundidad y la alta evaporación. Las golas eran estrechas, limitando el intercambio.

Sin embargo, el dragado de la Gola de El Estacio en 1973 cambió las reglas del juego. Al ensanchar y profundizar el canal, se produjo una "mediterraneización" de la laguna: la salinidad descendió y la temperatura se suavizó, permitiendo la entrada de especies invasoras y alterando la flora autóctona.

El flujo de agua en las golas no solo depende de las mareas (mínimas en el Mediterráneo), sino de la presión atmosférica y los vientos. Un fuerte viento de Levante puede "empujar" el agua hacia el interior de la laguna, elevando su nivel.

Turismo con conciencia: ¿Por qué visitarlas? Para el viajero culto, las golas ofrecen una experiencia que trasciende el baño. Visitar la zona de Las Encañizadas —especialmente al atardecer— permite observar un paisaje casi lunar, donde el agua apenas cubre unos centímetros y la frontera entre el cielo y el mar se difumina. Es un santuario de paz donde se puede entender la lucha constante entre la erosión marina y la sedimentación.

En síntesis final, las golas de La Manga son mucho más que accidentes geográficos; son testimonios de la historia geológica de la Región de Murcia y recordatorios de nuestra responsabilidad ambiental. Comprender su funcionamiento es el primer paso para proteger un Mar Menor que, hoy más que nunca, necesita que sus pulmones funcionen en perfecta sintonía con su naturaleza original.

@agirregabiria

La gola de Marchamalo

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Otro día, otro amanecer: Cada mañana nacemos de nuevo

No hay mística en el hecho de que la Tierra complete otro grado de rotación; es pura mecánica celeste. Me siento frente al Mare Nostrum a observar cómo la atmósfera, densa y cargada de humedad, comienza a filtrar la radiación electromagnética. Es la dispersión de Rayleigh en su estado más puro: las longitudes de onda cortas se dispersan y solo los fotones del espectro rojo logran alcanzar mi retina desde el horizonte del Levante.

El disco solar asoma, distorsionado ligeramente por la refracción. No es un milagro, es un fenómeno óptico predecible, pero a mis años, la precisión del cosmos me resulta más reconfortante que cualquier fantasía. El agua alcanza su albedo máximo, reflejando una energía que pronto agitará las moléculas de aire. El día se impone por termodinámica. Es un ciclo ciego e indiferente, pero ver esa esfera de helio e hidrógeno emerger sobre el Mediterráneo sigue siendo el único orden que reconozco.
@agirregabiria

Otro minuto de otro amanecer en el Mediterráneo

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La calle más larga de España: Gran Vía de La Manga

Con nada más y nada menos que 19 kilómetros de longitud, la Gran Vía de La Manga del Mar Menor, situada entre Cartagena (los 3 primeros km y luego San Javier), Murcia, es la calle más extensa de toda España. Sus casi 20 kilómetros de calle suponen un fenómeno muy curioso.

Bajo el descriptivo apelativo de La Manga se encierra un curioso capricho orográfico que ha venido siendo uno de los símbolos que mejor identifican el litoral murciano como enclave turístico: un cordón extendido a lo largo de, aproximadamente, 24 km entre Cabo de Palos y la Punta del Mojón, que pone límites naturales a la laguna de agua salada conocida como Mar Menor.

Cuando escuchamos el nombre "Gran Vía", nuestra mente suele volar automáticamente al bullicio de Madrid o a la elegancia de Barcelona. Sin embargo, si lo que buscas es la verdadera reina de la longitud, tienes que mirar hacia el sureste, donde la tierra se vuelve un suspiro entre dos mares.

Hablamos de la Gran Vía de La Manga, en la Región de Murcia. Con sus casi 19 kilómetros de recorrido, ostenta el título de la calle más larga de España. Pero no es una calle cualquiera; es la columna vertebral de un capricho geológico único en el mundo: Un trayecto entre dos aguas.

Lo que hace especial a esta avenida no es solo su kilometraje, sino su ubicación. Imagina conducir con el Mar Mediterráneo a tu derecha y el Mar Menor a tu izquierda. Es, literalmente, una línea de asfalto que mantiene unido un paraíso turístico. Punto emblemático: El Puente del Estacio, un puente levadizo que permite el paso de embarcaciones entre ambos mares. Destino final: Termina en la zona de La Veneziola, donde la carretera se rinde ante los canales y la naturaleza.

¿Se puede recorrer a pie? Poder, se puede... si tienes la resistencia de un maratoniano y un suministro generoso de protector solar. Aunque técnicamente es una vía urbana, su escala es casi interurbana. Es el lugar perfecto para un road trip costero con las ventanillas bajadas, sintiendo el salitre en la cara. 

Dato curioso: Aunque la Gran Via de les Corts Catalanes en Barcelona suele disputar el trono por número de portales, en términos de distancia lineal continua, la de La Manga no tiene rival. Si planeas visitarla, no lo hagas con prisa. La Gran Vía de La Manga no es solo un camino para llegar a un sitio; en este caso, el camino es el destino.

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Desfile de una gaviota sobre el espejo del mar

Desfile de una gaviota sobre el espejo del mar

Días de vacaciones de portátil, solamente con el iPhone.

Lo más singular de las audaces gaviotas (cientos de fotos) resumido en seis puntos clave:

  1. Adaptabilidad extrema: Prosperan con éxito tanto en alta mar como en caóticos centros urbanos.

  2. Filtro biológico: Poseen glándulas supraorbitales que les permiten beber agua salada sin deshidratarse.

  3. Ingenio táctico: Son capaces de usar herramientas o soltar presas desde la altura para romper caparazones.

  4. Piratería aérea: Practican el cleptoparasitismo, una técnica experta para robar comida a otras especies.

  5. Comunicación compleja: Su estridente repertorio de gritos y gestos mantiene una jerarquía social estricta.

  6. Fidelidad y resiliencia: Pese a su fama de oportunistas, suelen ser monógamas y viven varias décadas.

@agirregabiria

Gaviota en el Mar Mayor

♬ sonido original - 🌹Verónica🌹