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George Perec y el arte de escribir con límites

Ayer volvimos a citar a Perec, y no es la primera vez (posts anteriores). Queremos dedicarle un post de homenaje a Georges Perec: el escritor que convirtió las restricciones en libertad. Georges Perec (1936-1982) ocupa un lugar singular en la literatura del siglo XX. No es el más célebre de los escritores franceses, pero sí uno de los más inclasificables: novelista, ensayista, crucigramista, cineasta ocasional y miembro del legendario OuLiPo (Ouvroir de Littérature Potentielle), el taller de literatura potencial fundado por Raymond Queneau y François Le Lionnais en 1960. Su obra, aparentemente lúdica, esconde una de las meditaciones más hondas sobre la memoria, la identidad y el vacío que ha producido la literatura contemporánea.

La vida como materia literaria. Perec nació en París en el seno de una familia judía de origen polaco. Su padre murió en la Segunda Guerra Mundial y su madre fue deportada y asesinada en Auschwitz. Esa ausencia radical —la del origen, la de la lengua materna, la de los padres— vertebra toda su escritura, aunque raramente de forma directa. Perec no escribió sobre el Holocausto; escribió alrededor de él, con una estrategia de rodeo que resulta tanto más devastadora cuanto más silenciosa.

Su obra autobiográfica más explícita, W ou le souvenir d'enfance (1975), alterna dos relatos aparentemente inconexos: una novela de aventuras protagonizada por un niño llamado Gaspard Winckler y los fragmentos de una autobiografía interrumpida. Solo al final el lector comprende que ambos hilos convergen en una alegoría sobre los campos de exterminio. La literatura como cifra, como modo de decir lo que no puede decirse de frente.

El juego como método. Lo que distingue a Perec de sus contemporáneos es su relación con la restricción formal. Para el OuLiPo, las reglas no son una camisa de fuerza sino un trampolín: la limitación libera la imaginación de sus inercias. Su novela La Disparition (1969) está escrita sin utilizar en ningún momento la letra e, la más frecuente del francés. No se trata de un truco vacío: la ausencia de esa vocal es también la ausencia de la madre (mère), del padre (père), de los seres queridos (aimée). El lipograma se convierte en elegía.

Su obra más ambiciosa, La Vie mode d'emploi (1978), describe en un instante detenido los cuartos de un edificio parisino y las vidas de sus habitantes. La estructura se basa en el recorrido del caballo de ajedrez por un tablero de diez por diez; cada capítulo incorpora elementos tomados de listas combinatorias cuidadosamente elaboradas. El resultado no es un ejercicio matemático sino una novela humana, polifónica y melancólica, sobre el tiempo que pasa y las historias que quedan inconclusas. Georges Perec murió de cáncer a los 45 años, sin haber terminado varios de sus proyectos. También eso forma parte de la obra.

Lo cotidiano como territorio. Perec fue también el escritor de lo infraordinario. En Tentative d'épuisement d'un lieu parisien (1975) se sentó durante tres días en la Place Saint-Sulpice y tomó nota de todo: los autobuses que pasaban, los peatones, las palomas, los cambios de luz. No buscaba lo extraordinario sino lo que habitualmente pasa desapercibido. "Lo que nos interroga", escribió, "es quizás no tanto lo insólito como lo cotidiano".  Esa atención minuciosa al detalle doméstico, a los objetos, a las listas, a los inventarios, conecta a Perec con una tradición que va de Flaubert a Proust y que en nuestros días resurge con fuerza en la autoficción y en la escritura de lo real.

Una lección de escritura. Leer a Perec es descubrir que la forma no es ornamento sino pensamiento. Que las reglas pueden ser más liberadoras que la espontaneidad. Que el juego y el duelo no son incompatibles. Y que la literatura, cuando funciona, convierte el silencio en palabra sin traicionarlo.

@franceculture À vous d'écrire un commentaire sans "e" dedans 👇 #surrealisme #alphabet #georgesperec #litterature #booktok #tiktokacademie ♬ son original - France Culture

Ser parisino, o bilbaíno, es una experiencia, no un origen

«Être Parisien, ce n’est pas être né à Paris, c’est y renaître.» (Ser parisino no es nacer en París, sino renacer allí), señaló Sacha Guitry. Pocas ciudades del mundo han generado una mitología tan densa y tan disputada como París. Capitales más grandes existen; urbes más antiguas, también. Pero ninguna ha logrado convertirse, con tal persistencia a lo largo de los siglos, en un estado de ánimo. Y nadie lo formuló con mayor precisión y elegancia que Sacha Guitry, ese dramaturgo, actor y cineasta de la Belle Époque tardía que hizo del ingenio su firma más reconocible.

El hombre que encarnó París. Alexis Georges Pierre Sacha Guitry nació en San Petersburgo en 1885 —paradoja biográfica que la cita convierte en autobiografía involuntaria— y murió en París en 1957. Hijo del gran actor Lucien Guitry, creció entre bambalinas y salones literarios, absorbiendo desde niño ese arte tan parisino de decir lo profundo con ligereza y lo trivial con aparente seriedad. Escribió más de ciento veinte obras de teatro, dirigió una treintena de películas y cultivó una imagen pública de dandi brillante e irremediablemente enamorado de su ciudad.

Su relación con París fue, en efecto, la gran historia de amor de su vida —más estable, desde luego, que sus cinco matrimonios, todos ellos con actrices célebres. Se le atribuye haber dicho que un hombre que pierde a su mujer y a su perro al mismo tiempo comprende cuánto echaba de menos al perro. Ese filo irónico, capaz de herir y de hacer reír en el mismo instante, es la marca inconfundible de su estilo.

Pero Guitry fue también algo más que un ingenioso de salón. Durante la ocupación alemana de París sufrió acusaciones de colaboracionismo —fue arrestado en 1944 y posteriormente exonerado— en un episodio que enturbia su legado y lo humaniza a la vez, recordándonos que los espíritus más refinados no están necesariamente a salvo de los dilemas morales más brutales de su tiempo.

La frase es, en apariencia, sencilla. Ser parisino no es una cuestión de cuna, sino de renacimiento. Pero bajo esa aparente ligereza —tan característica del esprit français— late una reflexión filosófica de considerable profundidad sobre la identidad, el aprendizaje y la transformación personal.

El peso del nacimiento y la libertad de la elección. Durante siglos, la pertenencia a un lugar fue una cuestión de sangre y de suelo. Se era bretón, provenzal o alsaciano antes incluso de comprender qué significaba serlo. La modernidad, sin embargo, fue abriendo lentamente otra posibilidad: la de elegir a qué comunidad, a qué ciudad, a qué tradición cultural se desea pertenecer. París, más que ninguna otra metrópolis occidental, encarnó ese ideal.

Desde el siglo XIX, la ciudad fue destino de artistas, escritores y pensadores que llegaron desde los rincones más diversos del mundo —Apollinaire desde Polonia, Picasso desde Málaga, Hemingway desde Illinois, Beckett desde Dublín— y que, sin embargo, terminaron siendo inseparables del paisaje cultural parisino. No nacieron en París, pero en París renacieron. La ciudad los rehízo.

La pedagogía implícita de una ciudad. Hay en la cita de Guitry una dimensión educativa que merece atención. Renacer implica un proceso: no es una transformación instantánea, sino el resultado de una exposición prolongada, de una escucha activa, de lo que podría llamarse —en términos pedagógicos— un aprendizaje experiencial de la más alta intensidad.

París enseña a quien se deja enseñar. Sus cafés son aulas sin horario; sus museos, bibliotecas sin índice; sus mercados, lecciones de historia social. Caminar por el Marais o detenerse ante el Sena al atardecer no es turismo: es, para quien lo vive con atención, el inicio de una conversación con la civilización europea en su versión más concentrada y más exigente.

En este sentido, la frase de Guitry conecta con una tradición intelectual que va de Montaigne —quien consideraba el viaje como forma suprema de autoconocimiento— hasta la filosofía contemporánea del lugar y la identidad. No somos solo lo que nacemos; somos también lo que aprendemos a amar.

La ciudad como texto literario. La literatura francesa ha tratado París no como escenario, sino como protagonista. Balzac la cartografió socialmente; Baudelaire la convirtió en símbolo de la modernidad melancólica; Perec la fragmentó en inventarios cotidianos de insólita belleza. Todos ellos, a su manera, confirman la intuición de Guitry: uno no comprende París al llegar, sino al volver; no al visitarla, sino al habitarla; no al mirarla, sino al dejarse mirar por ella. Esa capacidad de la ciudad para interpelar al viajero, para hacerle preguntas que no sabía que llevaba consigo, es quizás su rasgo más literario y más pedagógico a la vez.

Coda final. La próxima vez que alguien regrese de París con esa extraña mezcla de melancolía y plenitud que la ciudad deja como rastro, convendrá recordar a Guitry. No es nostalgia lo que siente. Es, simplemente, que ha comenzado a renacer.

Adiós a la ternura melancólica de Alfredo Bryce Echenique

Ayer, 10 de marzo de 2026, la literatura en español perdió a Alfredo Bryce Echenique, quien falleció en Lima (Perú) a los 87 años. Con su partida se cierra un capítulo fundamental en la narrativa latinoamericana contemporánea, marcado por una voz literaria inconfundible que supo combinar el humor, la melancolía y la observación social para crear un universo narrativo de profunda humanidad.

Nacido en Lima el 19 de febrero de 1939 en el seno de una familia vinculada al sector financiero peruano, Bryce Echenique se licenció en Derecho en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, donde posteriormente obtuvo el doctorado en Letras. Sin embargo, su verdadera vocación se manifestó en la literatura, ámbito en el que alcanzó reconocimiento internacional con su primera novela, Un mundo para Julius, publicada en 1970. 

Esta obra revolucionó la narrativa peruana al presentar un retrato de la alta sociedad limeña desde la mirada de un niño que descubre las contradicciones, discriminaciones y abusos de su propio entorno familiar y social. La novela, que cumplió 55 años en 2025, sigue siendo considerada un clásico de la literatura hispanoamericana y constituye una lectura esencial para comprender las dinámicas sociales del Perú contemporáneo.

A diferencia de otros autores de su generación, Bryce Echenique optó por una narrativa que privilegiaba la ternura, el humor y la empatía con sus personajes, alejándose del realismo confrontacional característico de gran parte de la literatura latinoamericana de la época. Su estilo narrativo, cálido y cercano, estableció un puente entre el llamado boom latinoamericano y las generaciones posteriores de escritores, consolidando una voz propia que supo captar las sutilezas del sentimiento humano sin caer en el patetismo ni en el juicio moral.

Su producción literaria se extendió a lo largo de más de cinco décadas e incluyó novelas como Tantas veces Pedro (1977), La vida exagerada de Martín Romaña (1981), El hombre que hablaba de Octavia de Cádiz (1985) y No me esperen en abril (1995), novela que el propio autor consideraba la más querida de su obra y que definió como su trabajo más exigente. Bryce Echenique exploró recurrentemente temas como el desarraigo, la memoria, el exilio y la experiencia de los latinoamericanos en Europa, reflejando su propia trayectoria vital, ya que residió gran parte de su vida en Francia y España.

Su obra recibió múltiples galardones a lo largo de su trayectoria, entre los que destacan el Premio Casa de las Américas (1968), el Premio Nacional de Literatura del Perú (1972), el Premio Planeta (2002) por El huerto de mi amada, y el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances (2012), uno de los reconocimientos más prestigiosos para escritores en lengua española. Además de sus novelas y cuentos, publicó varios libros de carácter autobiográfico, como Permiso para vivir (1993), en los que reconstruyó episodios de su vida personal y literaria con la misma franqueza y humor que caracterizaron su ficción.

Algunas de sus citas que recordamos"Mi patria son los amigos". "Muchas veces, sólo el humor nos permite sobrevivir al espanto". "Lo mío ha sido contar y nada más". “A cada uno su pena, pero a todos la alegría”

El fallecimiento de Bryce Echenique ha generado numerosas reacciones en el ámbito cultural de Perú y América Latina. Escritores, instituciones y lectores han destacado su capacidad para retratar la condición humana con sensibilidad y honestidad, así como su contribución a la formación de varias generaciones de lectores. 

Sus restos fueron velados en la Casona de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, institución donde estudió y que representó un espacio fundamental en su formación intelectual. Con la muerte de Alfredo Bryce Echenique, la literatura en español pierde a uno de sus narradores más singulares y entrañables, cuya obra seguirá siendo leída y valorada por su capacidad para captar la complejidad del alma humana y las contradicciones de la sociedad contemporánea.

@minculturape

La literatura peruana despide a una de sus figuras más representativas. 📚🕊️ Alfredo Bryce Echenique dejó una obra que retrató con profundidad las contradicciones de la sociedad peruana y la experiencia humana en su conjunto. Su obra, que hizo propias la inteligencia, el humor y la sensibilidad, es un legado que ahora enriquece la tradición narrativa del Perú. 🇵🇪✨

♬ sonido original - Ministerio de Cultura del Perú

El globo rojo: la poesía que hizo volar al cine

El globo rojo (Le Ballon rouge, 1956) es un mediometraje francés escrito y dirigido por Albert Lamorisse, considerado una joya del cine infantil y una obra poética sobre la amistad, la inocencia y la libertad. Con un estilo casi sin diálogos; la narración es visual y simbólica, apoyada en la música y la fotografía. Todo en una Francia de posguerra, la película ofrece un retrato tierno y esperanzador, contrapuesto a la dureza urbana.

Fue rodado en 1955 en París, especialmente en el barrio de Ménilmontant. Aproximadamente 34 minutos de duración. El protagonista es el propio hijo del director, Pascal Lamorisse, interpretando al niño. Ganó la Palma de Oro al mejor cortometraje en Cannes y el Óscar al mejor guion original (algo inusual para un cortometraje).

La historia El globo rojo sigue a Pascal, un niño parisino que, camino a la escuela, encuentra un gran globo rojo atado a una farola. Tras liberarlo, descubre que el globo parece tener vida propia: lo sigue, juega con él y se convierte en su inseparable compañero. La amistad del niño con el globo despierta la envidia de otros niños, que intentan arrebatárselo y destruirlo. 

En un momento trágico, el globo es finalmente reventado. Sin embargo, en un giro mágico, globos de todos los rincones de París se liberan y vuelan hacia Pascal, elevándolo por los aires y llevándolo lejos, como si fuera un viaje de escape y libertad.

La película El globo rojo se convirtió en un clásico educativo, proyectada en escuelas de Estados Unidos y Canadá durante décadas (1960-1990), y fue presentada en televisión por Ronald Reagan en 1961. Ha inspirado referencias en cine y cultura pop, como en El vuelo del globo rojo (2007) de Hou Hsiao-hsien, una especie de secuela espiritual. Se lanzó en formatos hogar como LaserDisc (1986), DVD (2008) y Blu-Ray (2010). Su legado radica en su capacidad para capturar la magia de la infancia en un París posguerra, convirtiéndose en un ícono del cine francés infantil.

Con un profundo simbolismo se tratan temas como:

Inocencia y amistad: El globo es un símbolo de la pureza infantil.
Libertad: El vuelo final representa la superación de las limitaciones y las injusticias.
Soledad y esperanza: Aunque el mundo del niño es gris, el globo añade color y alegría.
Resistencia a la hostilidad: El vínculo con el globo desafía la crueldad y la rutina.

Robert Doisneau: El fotógrafo que inmortalizó la magia de París

Robert Doisneau (1912-1994) fue un reconocido fotógrafo francés, célebre por sus imágenes en blanco y negro que capturan la vida cotidiana de París con un estilo espontáneo y poético. Nació el 14 de abril de 1912 en Gentilly, Francia, y desde joven mostró interés por la fotografía. Durante la Segunda Guerra Mundial trabajó en la resistencia francesa y documentó la ocupación nazi.

Su obra es considerada parte fundamental de la fotografía humanista, ya que retrata la sencillez y la belleza de la vida diaria con sensibilidad y humor. Fue un maestro en capturar escenas espontáneas que transmiten emociones genuinas.

Falleció Robert Doisneau (ver en otros postsel 1 de abril de 1994, dejando un legado visual que sigue inspirando a generaciones de fotógrafos. Algunas de sus fotografías más icónicas:

📸 "El beso del Hôtel de Ville" (1950) – Una de las imágenes más famosas de la historia, donde una pareja se besa apasionadamente en las calles de París.

📸 "El infante de la boulangerie" (1953) – Un niño con una enorme baguette, capturando la simplicidad y alegría de la infancia.

📸 "Los colegiales de la rue Damesme" (1956) – Un grupo de niños caminando por la ciudad, reflejando la inocencia y el dinamismo de la juventud.

📸 "Mademoiselle Anita" (1951) – Un retrato elegante de una joven parisina que captura la moda y la actitud de la época.

📸 "Banlieue de Paris" (1949) – Serie de fotografías sobre los suburbios parisinos que documentan la vida fuera del centro urbano.

La obra de Robert Doisneau, pura poesía de la vida cotidiana en blanco y negro, sigue siendo un símbolo de la nostalgia y la belleza de la vida cotidiana, con una mirada única y profundamente humana.

Vuelos atrevidos, como pasar por debajo de la Torre Eiffel

Vuelos atrevidos, como pasar por debajo de la Torre Eiffel
Avioneta Beechcraft Bonanza volando bajo la Torre Eiffel.

Para quienes tuvimos vocación (frustrada) de piloto desde niños, todo lo relacionado con aviones o el espacio siempre ha sido motivo de interés e inspiración. La mañana del sábado 31 de marzo de 1984 el piloto norteamericano Robert J. Moriarty y su compañero Richard Fenwic se inscribieron en una carrera aérea que uniría las ciudades de París y Libreville (Gabón)

Moriarty era un piloto con una dilatada experiencia lo que hacía que partiesen como uno de los equipos favoritos a la victoria. Sin embargo la mala suerte se cruzó en su camino y cuando sobrevolaban Portugal un inesperado fallo en el motor de su aeronave les obligó a realizar un aterrizaje de emergencia en Faro. Ya sin posibilidades de victoria decidieron abandonar la competición. Después de reparar el avión, y de vuelta en París mientras disfrutaban de una buena cena, se les ocurrió una idea que les haría famosos. 

Moriarty presentó un plan para volar desde el parisino aeropuerto de Le Bourget a Shannon, Irlanda. Despegó del aeropuerto de Paris a los mandos de su Beechcraft Bonanza y se dirigió al norte para que el control del tráfico aéreo local no sospechase de sus intenciones. Luego viró su rumbo para dirigirse directamente a la Torre Eiffel. Volando bajo y lento se acercó al icono francés. Llegado el momento se alineó con la cara sur de la torre, sobrevoló el kilómetro de longitud de los jardines del Campo de Marte ante la atónita mirada de parisinos y turistas, y atravesó el arco de la torre a escasos metros del suelo.

Previamente Moriarty y Fenwic habían contado sus planes a una agencia gráfica francesa para que tomase fotografías desde el suelo, pero estos fueron más allá y le propusieron llevar un cámara en el aeroplano (con la que se grabó el siguiente vídeo).
Tras cruzar la torre Eiffel volaron varios kilómetros en dirección norte, aterrizaron y dejaron bajar al cámara. El suceso pasó desapercibido para la opinión pública durante diez días hasta que la revista People lo publicó en abril. Posteriormente Moriarty diría que las autoridades francesas fueron bastante razonables acerca de todo el asunto. Llegaron a un acuerdo que simplemente me prohibía pisar suelo francés durante varios años. Posteriormente comentaría que solo se arrepintió de una cosa, haberlo hecho un 31 de Marzo y no esperar al día siguiente (1 de abril, el día de las bromas o inocentes). 

Este hecho, entre travesura temeraria e inusual hazaña, con su alta precisión en la ejecución de la maniobra no ha sido única. Tres años después del vuelo de Moriarty otra avioneta haría lo mismo. Las autoridades francesas se pusieron en contacto con Robert Moriarty para preguntarle si había vuelto a ser él. Contestó que, para él, con una vez era suficiente. 

Robert Moriarty fue un gran piloto, desde que debutó jovencísimo con 20 años como el aviador naval más joven de la historia en la guerra de Vietnam, luego obtuvo hasta 14 récords variados hasta un final menos glorioso, siempre a bordo de aviones. 

Aquel incidente no era la primera vez que se volaba por debajo de la Torre Eiffel. En otoño de 1945 el piloto Robert Fullerton a los mandos de un de Havilland Mosquito de la Royal Canadian Air Force perteneciente al escuadrón 409 también voló bajo el símbolo francés. Aunque la imagen siguiente posiblemente sea un montaje, parece ser que la fotografía original existe y se conserva en el museo de la Fuerza Aérea de Canadá en Comox, Columbia Británica.
Vuelos atrevidos, como pasar por debajo de la Torre Eiffel
París también había sido previamente el inmejorable escenario de otro vuelo aún más dificultoso, pasando una avión bajo el Arco de Triunfo, si bien a velocidades más manejables. Para recuperar el deshonor de no haber podido volar sobre las tropas en el Desfile de la Victoria el 14 de julio de 1919, menos de un año después de la Primera Guerra Mundial, un grupo de avezados pilotos franceses decidieron hacer esa proeza.

El elegido fue Jean Navarre, apodado "El centinela de Verdún", un popular as del aire con 12 victorias confirmadas y 15 no confirmadas. Navarra comenzó a practicar las técnicas de bajo vuelo en Villacoublay campo de aviación, pero desafortunadamente murió el 10 julio, mientras que su avión se estrelló durante uno de los vuelos de entrenamiento. Charles Godefroy, un instructor de vuelo con más de 500 horas de vuelo, se ofreció inmediatamente como voluntario para reemplazar a Navarre. Lamentablemente, era demasiado tarde para volar bajo el Arco el día del desfile. Godefroy también necesitaba algo de entrenamiento y el vuelo tuvo que posponerse. 

El espacio libre apenas es de 14,50 metros, por lo que Godefroy decidió volar bajo el Arco con el Nieuport 11 Bébé, un pequeño caza biplano introducido en 1916. Con su envergadura de 7,52 metros debería tener suficiente espacio para actuar. este vuelo de aventuras. Como el vuelo estaba ahora programado para agosto, sin una multitud de testigos en el desfile, se pidió al periodista francés Jacques Mortane que filmara todo el evento. 
El 7 ° de agosto de 1919, Godefroy despegó de Villacoublay y se dirigió hacia París. Al principio, rodeó el Arco dos veces y luego de repente lo atravesó en un vuelo de muy bajo nivel. Su Nieuport casi choca con el tranvía que pasaba y los pasajeros se tiran al suelo presas del pánico. Al día siguiente, todos los periódicos informaron del hecho, sin embargo, el público desconocía el nombre del valiente piloto. Desafortunadamente, la película de Mortane fue prohibida casi de inmediato por la policía, y pocos días después, la siguiente investigación reveló el nombre del piloto. Sin embargo, Charles Godefroy escapó solo con una advertencia, probablemente porque este era su último vuelo. Tomando en consideración a su familia, asustado por su truco, Godefroy prometió dejar de volar y se convirtió en comerciante de vinos.
Vuelos atrevidos, como pasar por debajo de la Torre Eiffel
Otros vuelos bajo la Torre Eiffel, como el fallido de Leon Collet y su Bleguet 19 en 1926 y otros no documentado como en combate en plena II Guerra Mundial
Más vuelos increíbles, en París y otras ciudades
Muchos más posts sobre aviones y vuelos.

La sencillez genera un éxito duradero: Caso BiC

La sencillez genera un éxito duradero: Caso BiC
Cuando yo nací en 1953 ya existía un objeto cotidiano que aún persiste y se todavía puede encontrar en casi cualquier hogar de todo el mundo. Apenas ha evolucionado y se ha hecho imprescindible. Algo útil, simple y necesario que se ha vendido ya en más de 140.000 millones de unidades. ¿De qué se trata podría ser un acertijo, si no fuese por las imágenes anteriores?

A pesar de ser una de las empresas más importantes de Francia, la historia de la Société BiC no comienza en el país vecino, sino en Argentina. En Buenos Aires, el inventor húngaro Ladislao Biro, ayudado de su hermano, químico de profesión, desarrolló una tinta más densa de lo normal que secaba antes. El objetivo de ese nuevo invento era conseguir que zurdos como Ladislao pudieran escribir con estilográfica sin peligro de extender la tinta y emborronar todo el papel. 

No obstante, los planes de los hermanos Biro se vieron truncados cuando descubrieron que, debido justamente a su densidad, la tinta no podía ser utilizada en las plumas convencionales porque atascaba el mecanismo. Ante semejante contratiempo y antes de abandonar todo lo avanzado, Ladislao Biro decidió diseñar un nuevo accesorio de escritura que, en lugar de utilizar un plumín, empleaba una minúscula bola de metal alojada en su punta que, al impregnarse de tinta, rodaba sobre el papel y lo manchaba. 

De ese modo, a finales de los años treinta, los hermanos Biro y un amigo que se les sumó como socio fundaron Biro-Meyne-Biro, empresa que, en 1943, comenzó la comercialización del bolígrafo. El invento fue todo un éxito. Además de ser más barato que cualquier estilográfica, permitía escribir sobre papel carbón y no se veía afectado por los cambios de temperatura o presión. Un detalle que permitía que fuera utilizado en los aviones, lo que no dejaba de tener importancia, habida cuenta de que la Segunda Guerra Mundial todavía estaba en curso. 
Una vez finalizada la contienda, pero en la otra punta del mundo, Marcel Bich y Édouard Buffard decidieron comprar una fábrica vacía en el barrio parisino de Clichy. En ella comenzaron a producir accesorios para estilográficas y portaminas, actividad que, todo sea dicho, no les diferenciaba de otras muchas empresas de la época. 

Habría que esperar hasta 1950 para que la empresa se desmarcase de sus competidoras con la fabricación y comercialización de ese novedoso producto: el bolígrafo. Para ello, Marcel Bich tuvo que comprar la patente de su invento a László Bíró, quien percibió por ello dos millones de dólares (alrededor de 1.800.000 euros). Aunque la cifra no era nada desdeñable para los años 50, el empresario francés no tardó en rentabilizarla.

Lázló Biró, verdadero artífice e inventor, fue un judío de origen húngaro que tuvo que huir de la persecución de los nazis, instalándose a vivir en Argentina, donde comercializó su inventó. El sencillo y eterno bolígrafo BiC es de los pocos productos que no fallan. Todo estaba pensado ya en 1950: La forma poligonal era para no rodase por la mesa, como los lapiceros.

La historia de BiC se parece al caso del fundador de McDonald's: unos tuvieron la idea inicial, pero necesitaron que otros la aprovecharan (véase en este post anterior). BiC espera recuperar el lugar que ocupó hace unos años y seguir haciendo realidad el que se ha convertido en su lema empresarial: "ofrecer opciones sencillas, ingeniosas y de confianza para cualquiera, en cualquier lugar y en cualquier momento".

BiC lanzó en 1950 un bolígrafo fiable que permitía escribir hasta dos kilómetros lineales y que, además, era barato y desechable, detalle que puede no sorprender hoy en día, pero que fue todo un signo de modernidad en la época. Para conseguir que el producto fuera más memorable de cara a los consumidores, Bich acortó su apellido eliminando la h final y, para darlo a conocer, apostó desde el primer momento por la publicidad y los patrocinios. Un ejemplo de ello, fue con el patrocinio del Tour de Francia, en el que primero actuó como anunciante y, posteriormente, como participante con un equipo ciclista propio. 

Con 140.000 millones de unidades vendidas, la popularidad no ha descendido ni siquiera en la época de las pantallas y los documentos digitales. Cada día se venden 6 millones de bolígrafos BIC Cristal en el mundo. Desde 1950 los únicos cambios han sido: 
  • En 1961 la bola de acero inoxidable fue reemplazada por una más resistente de carburo de tungsteno que está vitrificada por calor. 
  • Desde 1991 se añadió al icónico tapón de propileno un agujero con el objetivo de que una persona no se ahogue si por descuido lo traga.

No os perdáis el Twitter de BiC,...

Denis Shiryaev, arte y tecnología fusionados

Denis Shiryaev, arte y tecnología fusionados
“Mona Lisa” por Leonardo da Vinci

El artista artista, fotógrafo, youtuber y programador ruso Denis Shiryaev  (véase su canal YouTube) está logrando que la inteligencia artificial y la digitalización reescriban la historia.
Denis Shiryaev, arte y tecnología fusionados
“American Gothic” por Grant Wood
Por ejemplo, Denis Shiryaev creó un proyecto de arte con redes neuronales donde genera rostros realistas a partir de los protagonistas de las pinturas más famosas. En uno de sus vídeos nos muestra cómo los algoritmos digitales captan la esencia de los rostros artísticos y los transforman en retratos muy verosímiles.

También que 124 años después, escalando a 4K 60fps las películas clásicas de los hermanos Lumière de 1896 recobran un nuevo aspecto con estabilización y con colorización. En este vídeo de su canal nos muestra cómo los algoritmos recuperan incluso la película más antigua grabada en Inglaterra en 1888.

Denis Shiryaev asegura haber usado diferentes Inteligencias Artificiales para realizar distintos procesos; ha usado DAIN para realizar la interpolación por frame (para adecuarlo a los tan ansiados 60 fps), ESRGAN para realizar una base de datos para realizar el reescalado de los frames por segundo y DeOldify para la colorización del vídeo. Una IA que usa imágenes actuales y antiguas para intentar dar un color realista a los metrajes más antiguos de los que se tiene registro. El sonido proviene del sonido inmersivo remasterizado proveniente del vídeo original.
Aquí puede verse la Torre Eiffel en construcción. 
Otra reconstrucción coloreada de New York en 1911. 
San Francisco remasterizada, 4 días antes del terremoto y consiguiente incendio que el 18 de abril de 1906 la arrasó casi por completo.
O el paseo lunar del Apolo 16 que pronto cumplirá 50 años.

Pasear con Spotify es redescubrir L' Aigle Noir

Une des plus belles chansons françaises, L'Aigle Noir.

Versión traducida de su autora de la letra, la cantante, compositora, actriz y activista francesa de origen judío Barbara BrodiTambién conocida como La dame en noir, la Longue dame brune, la chanteuse de minuit (La dama de negro, la dama alta y morena, la cantante de la medianoche).
Pasear con Spotify es redescubrir L' Aigle Noir
Cada saludable paseo con Spotify y su mágica inteligencia artificial es un descubrimiento de canciones, además en francés ese idioma hecho para la música, que resuenan del pasado,... Como esta dramática, misteriosa y melódica canción L'Aigle Noir (El águila negra) de Barbara, desaparecida en 1997. 
Pasear por la Avenida Barbara con Spotify es redescubrir L' Aigle Noir
Algún día iremos a pasear por la Alameda Barbara, l'allée Barbara en Square des Batignolles à Paris, un homenaje a su contribución artística de lucha contra el SIDA y por el entendimiento franco-alemán (con canciones como Göttingen) en su lugar ciudad de nacimiento, París, escuchando sus canciones,... 
Una selección de diez de sus canciones más célebres. El vídeo se ubica en la décima, L'Aigle Noir.
Existen muchas variantes de L'Aigle Noir a cargo de diferentes intérpretes y en diversos idiomas,... 
Versión bellísima de Patricia Kaas "L'Aigle Noir" Concert
Gran  interpretación de Michel Sardou.
María del Mar Bonet cantando en català, L' Àguila Negra.
Muchas más entradas con nuestra música preferida.

Los cuatrocientos golpes, un retrato de nuestra infancia en los años '50

Los cuatrocientos golpes (título original en francés: Les quatre cents coups) es una película francesa dramática de 1959, rodada en DyaliScope, siendo la opera prima del director François Truffaut. Está protagonizada por Jean-Pierre Léaud, Albert Rémy y Claire Maurier. Una de las películas definitorias de la Nouvelle Vague, muestra muchos de los rasgos característicos del movimiento. 

Nos ha conmovido ver esta película, Los 400 golpes, tanto por la desgarradora y lejana representación de cómo era la dura vida en París (o en Bilbao) en los años '50, como las similitudes nostálgicas y los vívidos recuerdos que nos retrotrae de nuestra propia y rebelde infancia. Redescubren detalles de la escuela como las plumillas de tinta, los grupo solamente de chicos, los cubos de basura en el portal o las botellas de leche con su tapa de aluminio.

Escrita por Truffaut y Marcel Moussy, la película trata sobre Antoine Doinel, un adolescente incomprendido en París que lucha con sus padres y maestros debido a su comportamiento rebelde. Rodada en escenarios reconocibles del París de los años 50 y Honfleur, es la primera de una serie de cinco películas en las que Léaud interpreta el personaje semi-autobiográfico basado en Truffaut. 

El título se refiere a una expresión francesa (faire les quatre cents coups) cuya traducción podría ser "hacer las mil y una", refiriéndose a todas las transgresiones del personaje en la película, aunque también juega con el significado estricto de la expresión, es decir, con la enorme cantidad de golpes que la vida propina al protagonista.

Los 400 golpes obtuvo numerosos premios y candidaturas a otros, incluido el Premio del Festival de Cine de Cannes al Mejor Director, el Premio OCIC. La película también fue propuesta para un Premio de la Academia al mejor guión en 1960. Vendió en Francia un total de 41.092.970 entradas, por lo que es la película de más éxito de Truffaut en su país de origen. 
Los cuatrocientos golpes, un retrato de nuestra infancia en los años '50
Los 400 golpes es ampliamente considerada como una de las mejores películas francesas en la historia del cine; en la encuesta de críticos de 2012 de Sight & Sound sobre las mejores películas de todos los tiempos, se clasificó en el puesto 39. La película ocupó el puesto número 29 en la lista de la revista Empire de Las 100 mejores películas del cine mundial en 2010.
Impresionante travelling final hacia el mar de Los cuatrocientos golpes.
Triste, tierna, estremecedora, cándida, misteriosa, evocadora, acaso esperanzada.

Veinte días de prensa ante el retorno triunfal de Napoleón

Veinte días de prensa ante el retorno triunfal de Napoleón
Denominado como  el "Vuelo del Águila" (le "Vol de l'Aigle"), es el regreso triunfal de Napoléon Bonaparte escapado el 26 de febrero de 1918 de su exilio en la la Isla de Elba en el navío L'Inconstant hasta su llegada al Palacio de las Tullerías de París, provocando el exilio del rey Louis XVIII el 20 de marzo. 

Tras el exilio forzoso de Napoléon a la isla de Elba (1814), en calidad de príncipe, con un séquito de 400 personas y una generosa pensión vitalicia, donde no llegó su estancia a un año, los borbones se instalaron en el poder en Francia, pero el pueblo francés rechazaba enérgicamente la restauración monárquica. La prensa en general también estaba a favor de Napoleón, pero estaba sometida a la censura de los periódicos realistas,…
Veinte días de prensa ante el retorno triunfal de Napoleón
Así fue, cronológicamente, la forma en que los periódicos franceses anunciaron la huida de Napoleón de la isla de Elba, su marcha a través de Francia por los Alpes (evitando la Provenza, región mayoritariamente borbónica), su rápida aproximación y, finalmente, su entrada en la capital. Se nota que, a medida que se acercaba el emperador a París, los editores de prensa iban perdiendo el temor a la censura real,… o ganando el miedo a Napoléon.

Titulares de periódicos, mejor calificarlos de miserables libelos, como "Le Moniteur Universel" o "Journal des Débats" de esa veintena de días desde principios de marzo de 1815, según Alejandro Dumas:
  • Finales de febrero de 1815: “El caníbal ha escapado de su guarida (la Isla de Elba)”
  • 1 de marzo: “El ogro corso ha desembarcado en Golfe-Juan
  • 5 de marzo: “El Tigre ha desembarcado en Gap”. Había llegado Napoléon con apenas  40 soldados de caballería y 10 granaderos.
  • 7 de marzo: Napoleón dijo, "Antes de Grenoble, yo era un aventurero. En Grenoble, ya era Príncipe«Avant Grenoble, j’étais aventurier. À Grenoble, j’étais Prince ». Imagen lateral.
  • 12 de marzo: “El Monstruo ha pasado la noche en Grenoble”
  • 13 de marzo: “El tirano ha cruzado Lyon
  • 14 de marzo: “El usurpador de dirige hacia Dijon, pero los bravos y leales borgoñeses le rodean por todos lados”
  • 18 de marzo: “Bonaparte está a sesenta leguas (266 km) de la Capital, ha tenido la habilidad de escapar de sus perseguidores”
  • 19 de marzo: “Bonaparte avanza rápidamente, pero nunca entrará en París
  • 20 de marzo: “Mañana Napoléon estará bajo nuestras murallas”
  • 21 de marzo: “El Emperador está en Fontainebleau
  • 22 de marzo de 1815: “Su Alteza Imperial y Real Majestad hizo su entrada la pasada noche en el Palacio de las Tullerías, en medio de alegres aclamaciones de adoración y fidelidad de la gente”.
  • Ante la imposibilidad de los soldados franceses de disparar un solo disparo contra su Emperador y la defección de mariscales como Ney que volvía a quedar bajo el mando de quien fuera su líder durante veinte años, un letrero aparecido en la Plaza de Vendome decía así. "De Napoléon a Luis XVIII: No es necesario que me mandes más tropas, ya tengo bastantes".
Y el resto de la historia ya la conocemos: Napoléon recuperó el poder y armó de nuevo su ejército, que fue derrotado en la Batalla de Waterloo (18 de junio de 1815). Apenas fue lo que se designó como "el imperio de los cien días" desde su salida de Elba. Acabó desterrado y recluido en la remota isla de Santa Helena, donde falleció el 5 de mayo de 1821 (pero esto seguro que es otro próximo post).
Veinte días de prensa ante el retorno triunfal de Napoleón
Desde la página 156 se relata la estancia en la isla de Elba y desde la 170 los 100 días hasta su segundo exilio.