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De la Defensa a la Agresión: Realismos de Waltz y Mearsheimer

Hoy, revisamos dos visiones del poder: Waltz, Mearsheimer y los límites del realismo (abundando en una introducción que hicimos en este post previo).  El realismo político ha dominado el pensamiento sobre relaciones internacionales durante décadas, pero no todos los realistas ven el mundo de la misma manera. Kenneth Waltz y John Mearsheimer, dos de los teóricos más influyentes del siglo XX y XXI, ofrecen interpretaciones contrastantes sobre por qué los Estados actúan como lo hacen y qué nivel de agresividad es inevitable en el sistema internacional.

La estructura como destino: el neorrealismo de Waltz Kenneth Waltz revolucionó el campo con su obra "Theory of International Politics" (1979), donde argumentó que la anarquía internacional —la ausencia de una autoridad superior a los Estados— es la variable fundamental que explica el comportamiento estatal. Para Waltz, los Estados no son inherentemente agresivos o expansionistas; simplemente responden racionalmente a las presiones estructurales del sistema.

El realismo estructural o neorrealismo de Waltz es esencialmente defensivo. Los Estados buscan principalmente la supervivencia y la seguridad, no la maximización del poder por sí misma. En un sistema anárquico, donde nadie puede garantizar la seguridad de otro, los Estados adoptan estrategias de autoayuda y equilibrio de poder. Waltz sostenía que el sistema internacional tiende hacia el equilibrio: cuando un Estado se vuelve demasiado poderoso, otros se coaligan para contenerlo.

Esta visión sugiere que la expansión territorial excesiva es contraproducente. Los Estados que intentan dominar provocan el balanceo de otros actores, generando coaliciones que limitan su poder. Así, el sistema se autorregula. Waltz veía con escepticismo las políticas imperialistas agresivas, argumentando que la búsqueda desmedida de poder suele terminar en el debilitamiento del agresor.

El imperativo de la hegemonía: el realismo ofensivo de Mearsheimer John Mearsheimer, discípulo intelectual pero crítico de Waltz, presenta en "The Tragedy of Great Power Politics" (2001) una versión más pesimista y agresiva del realismo. Para Mearsheimer, la anarquía no sólo empuja a los Estados a buscar seguridad, sino que los impulsa a maximizar su poder relativo de forma constante.

El realismo ofensivo parte de cinco premisas: la anarquía internacional, las capacidades militares ofensivas inherentes de los Estados, la incertidumbre sobre las intenciones ajenas, la supervivencia como objetivo primario y la racionalidad de los actores. De estas premisas, Mearsheimer concluye que los Estados, especialmente las grandes potencias, buscan la hegemonía como la mejor garantía de supervivencia .

Para Mearsheimer, el Estado ideal es un hegemón regional que domina su área geográfica e impide que surjan hegemones en otras regiones. Estados Unidos habría logrado esto en el hemisferio occidental y trabajaría para prevenir que China o Rusia alcancen posiciones similares en Asia o Europa. La expansión territorial y la acumulación de poder no son opciones, sino imperativos estratégicos.

Divergencias fundamentales: seguridad versus poder La diferencia esencial entre ambos teóricos radica en sus respuestas a una pregunta crucial: ¿cuánto poder es suficiente? Waltz respondería que el poder suficiente para garantizar la supervivencia y disuadir amenazas. Mearsheimer insistiría en que nunca hay suficiente poder, porque sólo la hegemonía regional ofrece seguridad genuina.

Esta divergencia tiene implicaciones políticas profundas. Waltz justificaría políticas de contención y equilibrio moderado, argumentando que la agresión excesiva es autodestructiva. Mearsheimer, en cambio, validaría estrategias expansionistas preventivas, sugiriendo que esperar a ser amenazado es demasiado arriesgado.

Waltz creía en la estabilidad de los sistemas bipolares o multipolares equilibrados. Mearsheimer ve la competencia entre grandes potencias como inevitable y potencialmente catastrófica, especialmente en un mundo multipolar donde varios Estados compiten por la hegemonía.

Relevancia contemporánea: China, Rusia y el orden liberal Las tensiones actuales entre Estados Unidos y China parecen dar la razón a Mearsheimer, quien predijo hace dos décadas que una China en ascenso intentaría dominar Asia, provocando resistencia estadounidense. El conflicto en Ucrania también refleja dinámicas realistas ofensivas, con Rusia buscando mantener una esfera de influencia.

Sin embargo, los límites de la expansión rusa y la formación de coaliciones contra sus ambiciones ilustran igualmente la lógica waltziana del equilibrio de poder. Quizás ambos teóricos capturan aspectos parciales de una realidad más compleja.

Conclusión: Realismo con matices Tanto Waltz como Mearsheimer nos recuerdan que la política internacional opera bajo restricciones estructurales que limitan las opciones de los Estados. Pero mientras Waltz ofrece una visión donde la moderación estratégica es posible y deseable, Mearsheimer pinta un cuadro más sombrío donde la competencia por el poder es implacable . Comprender ambas perspectivas es esencial para navegar las tensiones geopolíticas del siglo XXI con realismo, pero también con la esperanza de que la prudencia pueda prevalecer sobre la tragedia.

2026, el año en que la Fuerza bruta desnudó al Derecho

2026, está siendo el año del descubrimiento del poder bruto. Vivíamos en un teatrillo mundial de la democracia, manteniendo las apariencias de una legalidad internacional. Pero Ucrania, Gaza y Venezuela han retirado el telón y muestra que solamente la fuerza militar al servicio de la economía de los gigantes manda en el mundo. Descubrimos, incómodos, que el escenario está vacío de normas y lleno de tanques, drones y divisas. Ucrania, Gaza y Venezuela no son solo conflictos regionales; son espejos que devuelven una misma imagen: la fuerza militar al servicio de la economía de los gigantes se ha impuesto al derecho. El poder bruto ha dejado de ser la excepción para convertirse en la regla que nadie se atreve a nombrar.

Hasta hace poco, la comunidad internacional se comportaba como un elenco de teatro clásico: cada actor recitaba su parte —soberanía, derechos humanos, resoluciones de la ONU— mientras el público asentía, satisfecho con la apariencia de orden. Hoy ya una mera observación periodística nos conduce a una comprensión sistémica de por qué el 2026 ha certificado el colapso de la retórica liberal. Es el Retorno a la Tebaida Geopolítica, si leemos las noticias con las perspectivas del realismo estructural de Kenneth Waltz y el realismo ofensivo de John Mearsheimer.

Al analizar el panorama global de 2026, la sensación de "desvelo" ante el poder bruto no es una novedad histórica, sino la reconfirmación de las tesis más severas de la ciencia política. El optimismo antropológico que dominó las instituciones tras la Guerra Fría ha sucumbido ante la anarquía sistémica, un concepto central en la obra de Kenneth Waltz. Según esta visión, al no existir un "gobierno de gobiernos" con capacidad coercitiva real, el sistema internacional obliga a los Estados a actuar bajo la lógica de la autoayuda (self-help).

1. La Distribución de Capacidades (Waltz) y el Dilema de Seguridad. Para Kenneth Waltz, el comportamiento de los Estados no depende de su régimen interno (democracia o autocracia), sino de su posición en la estructura del sistema. En 2026, los conflictos en Ucrania y Gaza ilustran perfectamente lo que Waltz denominó el dilema de seguridad: el esfuerzo de un actor por aumentar su seguridad es percibido por otros como una amenaza existencial, desencadenando una espiral de rearmamento y fuerza.

Desde esta perspectiva neorrealista, la "legalidad internacional" nunca fue un regulador autónomo, sino un epifenómeno de la distribución de capacidades. Mientras el poder estuvo unipolarmente concentrado, las reglas parecían sólidas; al volverse el sistema multipolar y fragmentado en 2026, la estructura obliga a los "gigantes" a ignorar la norma para preservar su seguridad relativa.

2. La Tragedia de las Grandes Potencias (Mearsheimer). Si Waltz nos explica por qué el sistema es inestable, John Mearsheimer nos ofrece la clave de la agresividad actual a través de su realismo ofensivo. Para Mearsheimer, las grandes potencias no son meras buscadoras de seguridad (como sugería Waltz), sino maximizadoras de poder. En su visión, la única forma de garantizar la supervivencia en un mundo anárquico es ser el actor más fuerte del sistema. 

- UcraniaDe la norma al hecho: la aceleración de la «realpolitik». Siguiendo a Mearsheimer, la expansión de esferas de influencia no es una elección moral, sino un imperativo estructural. El conflicto es la consecuencia trágica de grandes potencias compitiendo por un espacio que ambos consideran vital. La invasión rusa a Ucrania en 2022 ya había exhibido la anulación abierta del principio de no agresión. Sin embargo, la guerra de 2026 —más larga, más destructiva— ha trascendido la lógica de ocupación para instalarse en la lógica de aniquilación de la voluntad política del adversario. Occidente responde con sanciones que, paradójicamente, consolidan bloques económicos alternativos: el rublo-yuan se fortalece, el comercio de materias primas se desdolariza y la «legalidad» se reduce a un capítulo de retórica diplomática. El poder bruto ya no necesita justificarse; basta con imponer un fait accompli y esperar que el cansancio lo legitime.

Gaza: la humanitarización del cinismo. En Gaza, el derecho internacional humanitario se ha vuelto un acompañamiento ornamental de los comunicados de prensa. El principio de proporcionalidad se mide en días de titulares, no en vidas salvadas. Cuando los hospitales se convierten en objetivos militares y la ayuda exterior es filtrada por algoritmos de seguridad, la comunidad internacional descubre que el veto en el Consejo de Seguridad funciona como un interruptor de legalidad: basta con pulsarlo para que desaparezca. El poder bruto ya no oculta su rostro; lo transmite en streaming y lo monetiza como contenido.

Venezuelala ilusión contractual rota. El mantenimiento del régimen en Caracas, bajo el paraguas de potencias extrarregionales, responde a la lógica de impedir la hegemonía absoluta de un solo actor en el hemisferio, transformando el derecho a la democracia en una variable secundaria frente al equilibrio de poder material. El caso venezolano cierra el triángulo moral. En 2015-2019 la crisis se presentaba como un problema de gobernanza; en 2026 es un laboratorio de «Estado fallido administrado (ver tuit)». Las multinacionales extraen petróleo bajo licencias que el gobierno de Caracas no puede revocar sin enfrentar demandas millonarias en tribunales arbitrales. La oposición, desarmada y sin recursos, negocia con la misma élite que la reprime. El poder bruto aquí no es bala ni bomba: es deuda soberana, embargo de activos y bloqueo financiero que decide quién come y quién emigra. La lección es brutal: sin capacidad de disuasión militar o económica, la palabra «soberanía» es un suspiro. El asalto postrero es la evidencia de poder militar y del secuestro descarado de una soberanía

El triángulo Ucrania-Gaza-Venezuela revela una arquitectura mundial en la que las normas solo se aplican a quienes no pueden pagar el costo de violarlas. El resultado es una suerte de «vigilantismo» institucional: cada potencia actúa como sheriff en su zona de influencia, imponiendo su interpretación de la seguridad y la economía. La democracia internacional se reduce a una competencia de narrativas en redes sociales, mientras los algoritmos premian la emoción, no la verificación. El poder bruto, lejos de ser anacrónico, se ha digitalizado: se mide en megavatios, terabytes y capacidad de veto en foros multilaterales.

La tarea de la ética política: nombrar lo que sucede. Ante este panorama, la reflexión ética no puede limitarse a condenar o lamentar. Su primer deber es conceptual: nombrar con precisión lo que ocurre. Llamar «guerra» a la invasión, «ocupación» al asedio, «bloqueo» al cerco financiero. El lenguaje neutral no es imparcial; a menudo es cómplice. El segundo deber es educativo: devolver a la ciudadanía —y especialmente a las nuevas generaciones— la capacidad de relacionar causa y efecto más allá del titular de 280 caracteres. La desinformación no se combate solo con fact-checking; se combate con alfabetización política que enseñe a leer intereses tras las normas.

La Economía como Proyección de la Fuerza. En 2026, la distinción entre low politics (economía) y high politics (seguridad) ha desaparecido. Mearsheimer sostiene que el poder económico es solo un medio para obtener poder militar. La formación de bloques económicos cerrados y el uso de sanciones como armas de guerra no son fallos del mercado, sino la demostración de que la riqueza es, ante todo, potencia latente. Los gigantes ya no compiten por el bienestar global, sino por la capacidad de producir los medios de coacción necesarios para dominar la próxima década.

Pedagogía y Ética: El Desafío de la "Realpolitik". Este escenario impone una revisión ética y educativa profunda. Si aceptamos las premisas de Waltz y Mearsheimer, ¿qué espacio queda para la educación en valores?

- Educación Crítica vs. Idealismo: La pedagogía del 2026 debe transitar hacia una "alfabetización en el realismo". No se trata de validar la violencia, sino de entender las leyes de hierro del poder para que la ciudadanía no sea presa de la propaganda. Como advertía Mearsheimer, las potencias a menudo usan un lenguaje liberal para camuflar objetivos realistas.

- Ética de la Responsabilidad: Frente a la ética de la convicción (que se limita a los grandes principios), 2026 exige una ética de la responsabilidad weberiana: actuar comprendiendo las consecuencias y las limitaciones impuestas por la fuerza bruta.

El Fin de la Minoría de Edad Internacional. En definitiva, 2026 ha sido el año en que la comunidad internacional ha alcanzado una amarga madurez. Hemos descubierto que el "teatro de la democracia" era una tregua temporal en la eterna competencia por el poder. Al leer a los clásicos del realismo estructural, comprendemos que el telón no se ha caído por accidente; se ha desgarrado por el peso de la realidad material. El desafío actual de la ética y la educación política es construir un nuevo humanismo que, reconociendo la primacía de la fuerza, sea capaz de encontrar mecanismos de equilibrio que eviten la conflagración total.

Epílogo: El riesgo de acostumbrarnos. El mayor peligro de 2026 no es la violencia en sí, sino la tentación de normalizarla. Si aceptamos que el poder bruto es el default histórico, renunciamos a la innovación política y a la ética pública. Quedarse en la indignación moral es cómodo; construir contrapesos es laborioso. Pero la alternativa es un mundo donde la única pregunta relevante sea «¿quién dispara primero?». La educación, la ética y la política tienen aún una ventana estrecha para demostrar que la humanidad puede algo más que disparar.

Civilización en tiempos de crisis: El laberinto de los extraviados

Hoy repasamos a Amin Maalouf (post previo) y su obra El laberinto de los extraviadosuna brújula para entender el mundo actual. Un  ensayo, de geopolítica y pensamiento histórico en tiempos de extravío global. Amin Maalouf  (Beirut, 1949) es un escritor y periodista franco-libanés cuya obra ocupa un lugar central en el pensamiento cultural e histórico contemporáneo. Formado en economía política y sociología, desarrolló su primera carrera como periodista en el diario An-Nahar , antes de exiliarse en Francia en 1976 a causa de la guerra civil libanesa.

Desde entonces, Maalouf ha construido una obra singular que combina novela histórica, ensayo político y reflexión filosófica. Títulos como Las cruzadas vistas por los árabes, Identidades asesinas, La roca de Tanios (Premio Goncourt, 1993) o El naufragio de las civilizaciones lo han consolidado como una de las voces más lúcidas en el análisis de los conflictos culturales y geopolíticos. 

Miembro de la Académie française y Premio Príncipe de Asturias de las Letras, Maalouf escribe desde una posición fronteriza: cristiano oriental, intelectual laico, europeo de adopción. Esa condición híbrida atraviesa toda su obra y le permite observar las tensiones del mundo con distancia crítica y empatía histórica.

Publicado en 2024, El laberinto de los extraviados. Occidente y sus adversarios es un ensayo que busca ofrecer una interpretación profunda del momento histórico actual. Lejos del análisis coyuntural, Amin Maalouf se pregunta por las raíces largas del desorden global, rastreando decisiones, miedos y ambiciones que han ido configurando el mundo contemporáneo.

El autor estructura su reflexión en torno a varios grandes actores históricos y geopolíticos — Japón, Rusia, China y Estados Unidos — para analizar cómo cada uno ha respondido, a su manera, al desafío de la modernidad occidental. El resultado es un mapa complejo de imitaciones, rechazos, resentimientos y malentendidos acumulados durante más de un siglo.

El “laberinto” del título no alude solo a la confusión del presente, sino a la sensación de que la humanidad avanza sin un horizonte moral compartido. Progreso tecnológico, poder militar y crecimiento económico no han ido acompañados de un avance equivalente en convivencia, justicia o cooperación global.

Citas destacadas:  “La humanidad pasa hoy por uno de los períodos más peligrosos de su historia. En algunos aspectos, lo que está sucediendo no tiene precedentes; pero, en otros, es una herencia directa de los conflictos anteriores que enfrentaron a Occidente con sus adversarios.”  “No se trata de una pregunta nueva, sino de una que reaparece desde la Primera Guerra Mundial: ¿estamos asistiendo realmente al declive de Occidente?”  Estas reflexiones condensan el enfoque de Maalouf: una mirada que evita tanto la nostalgia como el triunfalismo, y que invita a comprender el presente como resultado de decisiones históricas acumuladas.

Una obra clave para política, literatura y educación El laberinto de los extraviados es un libro especialmente valioso para lectores interesados en política internacional, pensamiento histórico y educación cívica. No ofrece recetas simples, pero sí herramientas conceptuales para pensar con mayor profundidad la rivalidad entre potencias, el papel de las civilizaciones y los límites del liderazgo global.

Desde el punto de vista educativo, el ensayo puede leerse como una invitación a formar ciudadanos críticos, capaces de situar los conflictos actuales en un marco histórico amplio y de cuestionar relatos simplificadores sobre “nosotros” y “ellos”.

2025, un año de humanismo e innovación en este blog

Queridos lectores y lectoras: Pedimos a la IA (AI) que analizase el 2025, un año matemáticamente perfecto (45^2 = 2025), en nuestro blog. Tras analizar la trayectoria y las entradas de este año, estas son las etiquetas predominantes: #IA (Inteligencia Artificial): El tema estrella, enfocándose en la IA generativa y su impacto ético. #Educación: Siempre en el núcleo, analizando el cambio de paradigma en las aulas. #Euskadi / #Bilbao: El arraigo local, eventos culturales y la actualidad vasca. #HumanismoDigital: La búsqueda de la esencia humana frente a la automatización. #Citas: Reflexiones breves apoyadas en grandes pensadores. #Futuro: Proyecciones optimistas pero críticas sobre lo que vendrá. #Familia y #Amistad: El lado más personal y humano del autor.

Con 382 entradas publicadas, el blog se consolida no solo como un diario personal, sino como un faro de optimismo informado en un mar de incertidumbres tecnológicas y sociales. Si algo ha caracterizado este ciclo de 365 días (con su habitual ritmo de más de una publicación diaria), ha sido la capacidad de Mikel para tejer puentes entre lo ancestral y lo futurista. Al repasar estas 382 paradas, detectamos tres grandes ejes que han vertebrado la conversación.

1. El año de la IA con almaLa Inteligencia Artificial ha dejado de ser una promesa para convertirse en una herramienta cotidiana. En el blog, este tema ha sido tratado no desde el miedo o el deslumbramiento ciego, sino desde el Humanismo Digital. Mikel nos ha recordado en decenas de posts que, aunque las máquinas puedan alucinar o calcular, sólo los humanos podemos "sentir" el propósito. Sus reflexiones sobre LLMs, agentes autónomos y la ética algorítmica han servido para bajar el balón al suelo, siempre bajo la etiqueta de tecnología para la vida.

2. La Educación como resistencia y vanguardiaComo es habitual en su trayectoria, la educación ha ocupado un espacio privilegiado. En 2025, el debate se ha desplazado de "cómo usar las pantallas" a "cómo enseñar a pensar en un mundo automatizado". A través de sus crónicas de eventos pedagógicos y sus famosas metáforas, Mikel ha insistido en la necesidad de una educación que fomente la creatividad, el espíritu crítico y, sobre todo, la empatía. Sus posts han sido un recordatorio de que, en la era de la IA, el papel del docente es más sagrado que nunca: es el guía que enseña a distinguir la señal del ruido.

3. El arraigo: Entre Bilbao y el MundoA pesar de su mirada global, el blog nunca pierde su aroma a café en el Gran Bilbao o a paseo por Getxo. Las 382 entradas de 2025 están salpicadas de crónicas locales, homenajes a amigos que se han ido o que celebran hitos, y una defensa constante de la cultura vasca. Es este equilibrio entre la "aldea global" y el "botxo" lo que otorga a su escritura esa cercanía tan característica. Las fotos propias que acompañan sus textos no son meros adornos, son pruebas de vida de un observador que sigue disfrutando de un atardecer en el Abra tanto como de un nuevo descubrimiento científico.

Otras pequeñas cápsulas de sabiduríaNo podemos olvidar las etiquetas de #Citas y #Humor. A menudo, entre densos análisis tecnológicos, Mikel nos ha regalado píldoras de sabiduría de otros autores o aforismos propios que invitan a la pausa. En un mundo que corre demasiado rápido, estas entradas han funcionado como oasis de reflexión. Su capacidad para conectar un problema de física con una lección de vida, o una anécdota familiar con una teoría sociológica, sigue siendo la marca de la casa.

Las temáticas dominantes de 2025 giran en torno a la literatura y la novela, que emergen como el pilar central del contenido. Con al menos tres etiquetas explícitas de “literatura” y “novela” en mayo, y numerosas entradas dedicadas a reseñas y análisis de obras clásicas y contemporáneas, el blog se convierte en un refugio para los amantes de las letras. Por ejemplo, en “Stoner: la épica silenciosa de una vida común” (mayo), se explora la obra de John Williams como un retrato de la existencia ordinaria elevada a lo extraordinario. Similarmente, “Demian” de Hermann Hesse (mayo) indaga en la identidad personal, mientras que “Lo raro es vivir” de Carmen Martín Gaite (mayo) navega por la memoria y el amor perdido. Otras joyas incluyen “Trampa 22” (abril), una sátira bélica absurda, y “El Señor de las Moscas” (noviembre), una parábola sobre la civilización. Esta temática no solo refleja un amor por la narrativa, sino también una invitación a reflexionar sobre la condición humana, con influencias de autores como Sándor Márai (“La elegancia de la decepción”, julio) o Irène Némirovsky (julio). En total, más del 30% de las entradas tocan la literatura, convirtiéndola en la temática más usada, a menudo entrelazada con filosofía para enriquecer el debate.

La filosofía y las reflexiones éticas ocupan el segundo lugar, con etiquetas como “filosofía” apareciendo en febrero, mayo y septiembre (al menos tres menciones). Temas como el meliorismo –la creencia en que el mundo puede mejorar con esfuerzo humano– (febrero) o el estoicismo clásico como guía en la “modernidad líquida” (diciembre) destacan la búsqueda de sabiduría práctica. Entradas como “El rostro del Otro: la revolución ética de Emmanuel Lévinas” (septiembre) o “Dónde aterrizar: una brújula filosófica para tiempos de colapso” (julio) abordan el colapso ambiental y social, inspiradas en pensadores como Bruno Latour. Asimismo, “La expulsión de lo distinto” (julio) critica la hiperconexión, y “Manifiesto por una Tecnología Humanista” (julio) propone una ética tecnológica. Estas publicaciones, que representan cerca del 25% del total, invitan a la introspección, con toques de optimismo como en “Ten el coraje de ser diferente” (marzo) o “La ley del espejo” (junio).

La sociedad y la política, con etiquetas como “sociedad” (tres menciones entre febrero y mayo) y “política” (dos), forman otro núcleo temático, abordando desigualdades y crisis actuales. “Bullshit Jobs” (febrero) critica empleos inútiles, mientras que “Gaza: Un genocidio flagrante” (mayo) denuncia injusticias globales con etiquetas como “derechos humanos” y “genocidio”. Otras incluyen “Cultura woke: Despertar Social y Justicia Global” (mayo), “Chavs: La demonización de la clase obrera” (febrero) y “¿Puede aún la educación salvarnos del fascismo?” (junio), reflejando una preocupación por la polarización y el ascenso social, como en “Síndrome de Doña Florinda” (abril). Estas entradas, alrededor del 20%, combinan análisis crítico con llamadas a la acción.

La salud y la longevidad emergen como temas recurrentes, especialmente en un contexto de longevidad. Con etiquetas como “salud” y “suplementos” (febrero), “envejecimiento” (mayo) y “vejez” (septiembre), publicaciones como “Suplementos alimenticios para mayores” (febrero), “El aprendizaje como elixir contra el envejecimiento” (mayo) y “Creatina: Un aliado para el músculo, el cerebro y la longevidad” (diciembre) ofrecen consejos prácticos. “El Muro de los 80 Años” (septiembre) propone 44 ideas para envejecer con dignidad, y “Tu rostro leído por la IA predice tu salud” (octubre) fusiona tecnología con bienestar. Este bloque, con un 15% de las entradas, resalta la importancia de la vitalidad en la tercera edad.

Otras temáticas notables incluyen tecnología y AI (10%), con posts como “Seis años con un Tesla Model 3” (febrero), “Kai-Fu Lee, pionero de AI” (junio) y “Neo, el robot que quiere entrar en casas” (octubre); música y artes (8%), destacando “Roberta Flack” (febrero) o “Los Soprano” (noviembre); educación (5%), como “Taller infantil de ciencia” (mayo) o “José de Calasanz” (noviembre); y viajes (5%), con exploraciones en La Manga y Guardamar (abril). El ajedrez aparece esporádicamente, como en “Homenaje a Boris Spassky” (febrero) o “Relación entre nivel de rating y duración” (diciembre), con etiquetas como “ajedrez” y “Lichess”.

Este 2025 ha sido un año de celebración intelectual, culminando en hitos como las 10 millones de visitas (julio) y reflexiones navideñas (diciembre). Gracias por acompañarme en este viaje. Que 2026 traiga más preguntas profundas y respuestas iluminadoras.

Hacia un 2026 de nuevas preguntas, retos y oportunidadesLlegar al final de este 2025 con 382 nuevas reflexiones en la mochila es un testimonio de disciplina, pero sobre todo de curiosidad inagotable. El blog de Mikel Agirregabiria sigue siendo un espacio donde se celebra la inteligencia en todas sus formas, pero donde siempre prima la inteligencia cordial.

Mientras nos preparamos para el próximo año, nos quedamos con esa idea que ha sobrevolado el blog este invierno: que la tecnología es el escenario, pero la humanidad es la obra de teatro. Gracias, Mikel, por seguir abriendo la persiana de tu blog cada mañana y por recordarnos que, en un mundo de algoritmos, lo más disruptivo que podemos hacer es seguir siendo profundamente humanos, curiosos y agradecidos. ¡A por el 2026, con la misma pasión y, ojalá, con otras tantas entradas que nos ayuden a entender mejor el mundo!

Vieja teoría de improvisación explica parálisis política actual

La Arquitectura de la Espontaneidad: Por qué "Impro" es el manual de sociología que no sabías que necesitabas, y que recomienda Palantir (post previo) a sus empleados.  A menudo, los libros más reveladores sobre la condición humana aparecen en las estanterías equivocadas. Si visitas una librería, encontrarás "Impro: La improvisación y el teatro" (1979) en la sección de Artes Escénicas, encajonado entre manuales de iluminación y biografías de directores de cine. Sin embargo, reducir la obra maestra de Keith Johnstone a un manual para actores es un error de categorización fundamental.

"Impro" no es solo un libro sobre cómo actuar; es un tratado agudo y a veces doloroso sobre cómo la educación formal mutila la creatividad, cómo las jerarquías de poder (estatus) dictan cada una de nuestras interacciones sociales y qué sucede cuando decidimos dejar de censurar nuestra propia mente.

El Autor y el Contexto Histórico: Contra la "Alta Cultura".  Para entender "Impro", hay que entender a Keith Johnstone (1933–2023). Johnstone no era un académico de torre de marfil; se forjó en el Royal Court Theatre de Londres en los años 50, el epicentro de la revolución teatral británica. En una época donde el teatro era literario, rígido y elitista, Johnstone dirigía el estudio de guionistas y lecturas de obras.

Su influencia histórica nace de una rebelión: se dio cuenta de que la educación y la "buena cultura" estaban produciendo actores (y personas) aburridos, pretenciosos y aterrorizados por el error. Mientras sus contemporáneos buscaban la perfección del texto, Johnstone buscaba la vitalidad del momento. Su trabajo sentó las bases de lo que hoy conocemos como Theatresports y la comedia de improvisación moderna, pero su objetivo original no era hacer reír, sino desbloquear la mente humana.

El Estatus: La Física de la Política y la Sociedad El capítulo más influyente del libro, y el más relevante para el análisis político y social, es el dedicado al Estatus.

Johnstone argumenta que el estatus no es algo que "eres" (como tu clase social o tu cargo), sino algo que "haces". Es una serie de transacciones milimétricas que ocurren en cada interacción humana.  Estatus Alto: Mantener el contacto visual, movimientos suaves, interrumpir, ocupar espacio.  Estatus Bajo: Tocarse la cara, movimientos espasmódicos, dudar, contraer el cuerpo.  "Vemos el estatus como un balancín: si yo subo, tú tienes que bajar."Keith Johnstone.

Para un analista político, esta sección es oro puro. Explica por qué un candidato "intelectual" puede perder un debate contra un populista simplemente por su manejo corporal del espacio. Explica las dinámicas de poder en una oficina o en una cumbre internacional. Johnstone desmitifica el carisma, revelándolo como una técnica de manipulación del estatus que, una vez vista, no puede dejar de verse.

La Crítica Feroz a la Educación Si el análisis del estatus es sociológico, la primera parte del libro es una crítica pedagógica devastadora. Johnstone sostiene que los niños nacen siendo creativos y espontáneos, y que el sistema educativo no desarrolla estas cualidades, sino que las atrofia sistemáticamente.

El libro detalla cómo la escuela nos enseña a temer el "error". En la improvisación (y en la innovación real), el error es un regalo, una oferta que debe ser aceptada. En la escuela, el error es castigado. Esto crea adultos que se autocensuran, que "bloquean" las ideas de los demás y las propias por miedo a parecer tontos.

Para Johnstone, la "normalidad" es una neurosis colectiva. Nos volvemos "sanos" (socialmente aceptables) a costa de perder nuestra imaginación. En un blog de educación, este es el punto neurálgico: ¿Estamos educando para la obediencia o para la capacidad de respuesta ante lo inesperado?

Espontaneidad y Política: El Peligro del "No" El concepto central de la técnica de Johnstone es la diferencia entre bloquear (negar la realidad que ofrece el otro) y aceptar (decir "sí, y...").  En un contexto social y político polarizado, el "bloqueo" es la norma. El debate político actual es una sucesión de bloqueos donde cada parte niega la premisa de la otra. "Impro" sugiere que la única forma de avanzar la narrativa —sea en una escena teatral o en una sociedad democrática— es aceptar la oferta del otro y construir sobre ella, incluso si es para redirigirla. Una sociedad que ha olvidado cómo improvisar es una sociedad estancada en el conflicto.

Leer "Impro" hoy, décadas después de su publicación, se siente extrañamente urgente. En una era dominada por la inteligencia artificial y la automatización, las cualidades que Johnstone defiende —la intuición, la conexión humana real, la vulnerabilidad y la capacidad de narrar historias colectivas— son precisamente las que nos hacen irreemplazables.

No leas este libro para ser actor. Léelo para entender por qué tu jefe te intimida, por qué los sistemas educativos fallan y cómo recuperar esa parte de tu cerebro que la sociedad te obligó a apagar hace años.  Keith Johnstone entendió el fracaso escolar mejor que los Ministerios de Educación.  Dejamos para un post ulterior desarrollar más a fondo el concepto de "Transacciones de Estatus" con ejemplos aplicados a la política actual.

La doctrina invisible: Cómo el poder naturalizó el mercado

La doctrina invisible. La historia secreta del neoliberalismo (y cómo ha acabado controlando tu vida), de George Monbiot y Peter Hutchison. El libro perfecto para desmontar el mito del mercado como ley natural.

En La doctrina invisible (2024) George Monbiot y Peter Hutchison trazan una genealogía crítica del neoliberalismo: no se trata sólo de una teoría económica sino de una maquinaria cultural y política que, durante décadas, ha naturalizado la competencia, reducido la idea de ciudadanía a la de consumidor y reconfigurado instituciones públicas para que sirvan a intereses privados. 

El libro pretende mostrar cómo una filosofía que nació como una idea marginal en el siglo XX fue deliberadamente promovida por élites —think tanks, medios, departamentos académicos y corporaciones— hasta convertirse en doctrina dominante. 

George Monbiot (Londres, 1963) es periodista, escritor y activista ambiental conocido por su columna semanal y por obras críticas con el capitalismo contemporáneo y la degradación ecológica. Monbiot combina periodismo, divulgación y activismo; su trayectoria le ha situado como una de las voces británicas más influyentes en debates sobre ecología política. Peter Hutchison es cineasta y colaborador en proyectos documentales; en este libro aporta sensibilidad narrativa y perspectiva histórica al trabajo conjunto con Monbiot. La edición española está publicada por Capitán Swing (febrero de 2025). 

El libro La doctrina invisible se organiza como una investigación histórica y polemista. Parte señalando que el neoliberalismo no es una ley natural del mercado sino una doctrina construida y promovida activamente. A través de episodios clave —desde los orígenes intelectuales hasta campañas de desregulación, privatización y reforma educativa— los autores describen los mecanismos que han permitido la expansión de la doctrina: financiamiento privado de ideas públicas, control discursivo por medio de medios y think tanks, y una espectacular transformación terminológica que ha hecho pasar lo ideológico por “lo inevitable”. 

Monbiot y Hutchison también analizan consecuencias: la erosión del Estado de bienestar, la precarización laboral, la mercantilización de la educación y la salud y la fragilización de la democracia ante la captura de políticas por intereses económicos. El tono es combativo: los autores apelan a recuperar la idea de ciudadanía y reconstruir instituciones que protejan bienes comunes frente a la lógica propietaria. 

Citas extraídas: 

“La historia secreta del neoliberalismo (y cómo ha acabado controlando tu vida).” (subtítulo). 

Si la riqueza fuera el resultado inevitable del trabajo duro y el espíritu emprendedor, todas las mujeres de África serían millonarias.

- “La defensa de la competencia como rasgo definitorio de la humanidad” — frase que resume uno de los ejes críticos del libro.

- “Un cuento de hadas del capitalismo” — expresión empleada por los autores y reseñas para describir el relato legitimador del mercado. 

Valoración y relevancia para economía y educación

La doctrina invisible es lectura indispensable para economistas, pedagogos y responsables públicos que deseen entender por qué determinadas reformas (por ejemplo, la introducción de lógicas de mercado en las aulas o la proliferación de indicadores y rankings) han calado con tanta fuerza. El libro ofrece argumentos históricos y ejemplos contemporáneos que permiten ir más allá del discurso tecnocrático: muchas políticas “neutrales” responden a construcciones ideológicas con rentas políticas. Para la educación, la tesis central alerta sobre los riesgos de transformar la formación en producto y al estudiante en cliente; para la economía pública, la obra subraya la urgencia de recuperar espacios democráticos de decisión.

Lectores a quienes recomendarlo: Quienes trabajan en política pública, educación, economía crítica, periodismo y movimientos sociales encontrarán en el libro herramientas analíticas para cuestionar supuestos y diseñar alternativas. También es útil como texto de discusión en seminarios de posgrado que estudien la relación entre discurso, poder y política económica.

Síndrome 1933: La fragilidad de la democracia según la historia

El “Síndrome 1933” es un concepto formulado por el corresponsal Siegmund Ginzberg para explicar un patrón recurrente en la historia contemporánea: el modo en que sociedades democráticas, saturadas de tensiones internas, crisis económicas y desconfianza en las instituciones, pueden deslizarse de forma gradual hacia formas autoritarias sin que la mayoría sea plenamente consciente de ello.

El término toma como referencia el año 1933 en Alemania, cuando Adolf Hitler fue nombrado canciller y el régimen nazi inició su consolidación política, no a través de un golpe inmediato y violento, sino mediante procesos legales, normalización del discurso de odio y aceptación social progresiva.

Siegmund Ginzberg (Estambul, 1948) es un pensador y periodista italiano de origen judío, cercano durante décadas al análisis político y cultural europeo. Colaborador habitual en medios italianos como La Repubblica y revistas de pensamiento crítico, Ginzberg ha trabajado especialmente en temas vinculados al totalitarismo, la memoria histórica y los mecanismos discursivos que permiten el ascenso de líderes carismáticos con discursos simplificadores y polarizantes. Sus ensayos suelen combinar análisis histórico riguroso con reflexión filosófica y sociológica, destacando la necesidad de leer el presente con la prudencia que otorga la comparación con el pasado.

El “Síndrome 1933” no pretende equiparar directamente las democracias actuales con el Tercer Reich, sino advertir sobre la fragilidad de las instituciones democráticas cuando la desafección ciudadana crece y la cultura política se deteriora. Ginzberg sostiene que la erosión de la democracia no suele ser súbita y espectacular, sino gradual, difusa y, en apariencia, legal. Los síntomas se manifiestan en varios niveles:

  1. Deslegitimación de las instituciones. La población empieza a percibir al parlamento, los medios, la judicatura y los partidos como parte de una misma élite desconectada y corrupta. Surge la noción de “ellos” contra “nosotros”.

  2. Simplificación del discurso público. Se imponen relatos binarios, identitarios, emocionales. Las explicaciones complejas se consideran sospechosas; la reflexión, signo de debilidad.

  3. Normalización de la exclusión. Se aceptan discursos que señalan colectivos como responsables únicos de las crisis. Se legitima la hostilidad, la burla y la deshumanización.

  4. Delegación voluntaria de poder. Sectores amplios de la sociedad aceptan líderes “fuertes” en nombre de la eficacia. La libertad se percibe como un lujo frente al orden.

  5. Aceptación progresiva de la excepcionalidad. Medidas extraordinarias se hacen rutinarias; restricciones temporales se vuelven permanentes.

El año 1933 encarna este proceso no como un hecho aislado, sino como el punto en el que la acumulación de tensiones previas cristaliza en un giro irreversible. Ginzberg enfatiza que aquel deslizamiento fue posible gracias a complicidades civiles, burocráticas y culturales. No se trató únicamente de la voluntad de los líderes nazis, sino de una sociedad que, en su conjunto, toleró, miró hacia otro lado o incluso celebró la erosión de derechos, al creer que se estaba recuperando estabilidad.

La relevancia histórica del “Síndrome 1933” reside en que ofrece una lectura estructural aplicable a múltiples contextos actuales. En distintos países se observan dinámicas inquietantemente similares: polarización extrema, desinformación viralizada en redes, descrédito de los saberes expertos, rechazo al pluralismo y ascenso de discursos “salvadores”. Ginzberg no señala equivalencias mecánicas, sino paralelismos funcionales: lo peligroso no es la repetición exacta del pasado, sino la repetición de sus mecanismos psicológicos y sociales.

Para el ámbito educativo, invita a reforzar la enseñanza crítica de la historia. Para la vida pública, exige una cultura compartida de responsabilidad cívica.

Ginzberg advierte que la mayor amenaza no proviene de líderes autoritarios aislados, sino de la pasividad o resignación colectiva, no como repertorio de fechas, sino como comprensión de procesos y estructuras. Para el ámbito político y social, implica recordar que la democracia no se sostiene únicamente mediante constituciones y leyes, sino como cultura compartida de responsabilidad cívica, debate informado y respeto mutuo

La pregunta decisiva no es si podría repetirse “otro 1933”, sino si estamos atentos a los indicios antes de que sea demasiado tarde.


No confundir con el "Síndrome 333", relativo a la mediocridad institucionalizada, en un momento histórico donde la competencia técnica parece cada vez más prescindible en las esferas del poder. También conocido como "Síndrome BIC", un término atribuido a William Dahmer que significa Burocracia, Incompetencia y Corrupción.  Esta teoría disecciona uno de los males endémicos de nuestras democracias: la proliferación de la mediocridad en los puestos de responsabilidad.

La fórmula del fracaso: ⅓, ⅓, ⅓. El Síndrome 333 sostiene que en cualquier organización o institución aquejada de este mal, aproximadamente un tercio de sus miembros son incompetentes para el cargo que ocupan; otro tercio son corruptos o éticamente cuestionables; y el tercio restante, aunque potencialmente válido, se encuentra paralizado por los dos anteriores, incapaz de implementar cambios significativos.

Esta distribución no es casual ni accidental. Responde a mecanismos de selección perversos donde la lealtad sustituye al mérito, la obediencia a la iniciativa, y el clientelismo al talento. El resultado es una espiral descendente en la que cada generación de dirigentes es ligeramente inferior a la anterior, estableciendo estándares cada vez más bajos que facilitan la entrada de nuevos mediocres.

Mecanismos de perpetuación. Lo verdaderamente insidioso del Síndrome 333 radica en su capacidad de autorreforzamiento. Los incompetentes temen a los competentes, por lo que sistemáticamente bloquean su ascenso. Los corruptos necesitan incompetentes que no detecten sus maniobras. Y el tercio válido, atrapado en esta dinámica, debe elegir entre la frustración permanente o la adaptación al sistema, perdiendo progresivamente su capacidad transformadora.

El Síndrome 333 nos recuerda que la calidad de nuestras instituciones no se deteriora por accidente, sino por procesos sistemáticos que, una vez identificados, exigen respuestas igualmente sistemáticas. La pregunta que sigue resonando es: ¿Estamos dispuestos a mirarnos en ese espejo?