El lunes 26 de abril de 1937 era día de mercado en Gernika, y por eso las calles estaban llenas de gente de los caseríos vecinos. A partir de las cuatro y veinte aproximadamente empezaron a caer las bombas de la Legión Cóndor nazi y de la Aviación Legionaria italiana. El ataque duró unas tres horas. Ochenta y nueve años después, el nombre de Gernika reaparece cada vez que una guerra deja una ciudad en ruinas, y hoy aparece junto al de Gaza. ¿Es una comparación legítima o un atajo emocional?
Lo que se parece. Hay una semejanza que casi nadie discute: en ambos casos hay población civil entre los escombros y una batalla paralela por las cifras. El Gobierno Vasco contabilizó en el Bombardeo de Guernica 1.654 muertos y 889 heridos. Investigaciones posteriores rebajan esa cifra a entre 126 y 153 víctimas identificadas en los estudios locales y unos 300 muertos según otras estimaciones. Xabier Irujo, en cambio, defiende que una cifra cercana a 1.500 es más probable. Franco negó siempre la autoría y llegó a atribuir la destrucción a los propios republicanos.
En Gaza, el Ministerio de Sanidad cifra en 74.618 los muertos desde octubre de 2023, de ellos 1.602 desde el alto el fuego del 11 de octubre de 2025. Son datos difíciles de auditar de forma independiente en plena guerra, y el ejército israelí ofrece a menudo un relato distinto de cada ataque. En las dos guerras, discutir los números forma parte de la guerra.
Lo que no se parece. Gernika fue una tarde sobre una villa indefensa, con los pilotos republicanos a unos setenta kilómetros, y fue además un ensayo: la Legión Cóndor aplicaría después la misma fórmula en Polonia. Gaza es una guerra de más de dos años, desencadenada o excusada por los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023 y librada contra una organización armada en un territorio densísimo. Israel sostiene que ataca objetivos militares; sus críticos denuncian desproporción y castigo colectivo. La calificación jurídica sigue en disputa entre tribunales y juristas, y pocas palabras no la van a zanjar.
Tampoco Gernika fue la primera. Sven Lindqvist, en su historia del bombardeo aéreo, sostiene que la indignación europea dependía de quién cayera bajo las bombas, y que ciudades como Chaouen ya habían sido atacadas antes.
¿Va el mundo a peor? Los datos dicen algo menos cómodo que un sí o un no. Our World in Data muestra que el número absoluto de muertes en guerra desciende desde 1946, con picos en Corea, Vietnam y los años ochenta. Pero también advierte de que las muertes por conflicto han aumentado recientemente en Oriente Medio, África y Europa, y de que mantener la tendencia depende de nuestras acciones.
Quizá lo que ha cambiado no es la cantidad de horror, sino la manera de recibirlo. Aquel Gernika viajó en las crónicas de los corresponsales y en un cuadro expuesto en la Exposición Universal de 1937. El de hoy llega a todos los bolsillos en tiempo real, y la saturación cansa la indignación. Es una interpretación mía, no un dato: peor no estamos necesariamente, pero sí más informados y, probablemente, más cansados.
Qué hacer con esto. Propongo un plan a diez años. En lectura, durante los dos primeros, un libro sobre Gernika (el de Irujo o el de Paul Preston), otro sobre derecho de guerra, y el hábito de contrastar cada noticia con dos fuentes de signo opuesto. En escritura, a los cinco años, una serie de textos que comparen conflictos con datos y sin consignas. En voluntariado, un número fijo de horas anuales en una asociación de memoria o de ayuda humanitaria, mantenido hasta el décimo año. Para evaluarlo, un cuaderno con lo leído, escrito y aportado, revisado cada enero. Si la indignación no se convierte en hábito, queda en espuma.
Conviene no olvidar quién bombardeó Gernika, además de cómo. Fue obra de un fascismo que convirtió a los civiles en blanco legítimo, a la prensa en enemiga y a la mentira en política de Estado: Franco negó durante décadas lo que sus aliados habían hecho. El fascismo no empezó con las bombas, sino cuando una parte de la humanidad dejó de contar como humana. Esa es la lección que no caduca, y no pertenece solo a 1937: reaparece siempre que se habla de poblaciones «prescindibles», de enemigos internos, de periodistas como traidores o de la fuerza como único argumento. Combatirlo hoy no exige comparar a nadie con Hitler, sino algo más cotidiano y más difícil: negarse a deshumanizar, en cualquier bando, y defender la prensa libre, las instituciones y el derecho internacional que se construyeron precisamente sobre las ruinas de ciudades como Gernika.
En última instancia, Gernika no fue un triste accidente del pasado, sino la advertencia primigenia de lo que ocurre cuando el fascismo convierte la dignidad humana en mero objetivo táctico. El fascismo —el de la Legión Cóndor en 1937 y sus mutaciones autoritarias contemporáneas— comparte siempre la misma matriz: la deshumanización del otro, el desprecio sistemático por el derecho internacional y la impunidad de la fuerza ciega sobre la población inerme. Enfrentarlo hoy, desde la memoria activa y la intransigencia democrática, exige denunciar sin tibia neutralidad a quienes reactivan el terrorismo de Estado y la barbarie colonial, pues permitir la impunidad del pasado en Europa es condenarnos a perpetuar el horror presente en Gaza y en cualquier rincón del planeta.
El 26 de abril de 1937 era lunes y día de mercado en Gernika. Tres horas de bombas después, la villa ardía y su nombre pasó a ser un símbolo universal. Hoy cada guerra que deja ciudades en ruinas lo evoca. https://t.co/T5zTiNg8JL ¿Sirve la comparación con Gaza? Hay semejanzas reales, diferencias que conviene nombrar y una pregunta de fondo: ¿va el mundo a peor, o ahora lo vemos todo en directo? Repaso histórico, cifras discutidas y una propuesta de acción a 2, 5 y 10 años. 👇 Monday, 26 April 1937, was market day in Gernika. Three hours of bombs later the town was burning, and its name became a universal symbol. Today every war that leaves cities in ruins evokes it. Does the comparison with Gaza hold? There are real similarities, differences worth naming, and a deeper question: is the world getting worse, or do we simply watch everything live now? A historical look, disputed figures, and a plan for action over 2, 5 and 10 years. 👇 1937ko apirilaren 26a astelehena zen, eta Gernikan merkatu eguna. Hiru orduko bonbardaketaren ondoren, hiria sutan zegoen eta bere izena sinbolo unibertsal bihurtu zen. Gaur, hiriak hondatuta uzten dituen gerra bakoitzak gogorarazten du. Zuzena al da Gazarekin egindako konparazioa? Antzekotasun errealak daude, izendatzea komeni diren desberdintasunak, eta funtsezko galdera bat: mundua okerrera doa, ala orain dena zuzenean ikusten dugu? Errepaso historikoa, zifra eztabaidatuak eta 2, 5 eta 10 urteko ekintza-proposamena. 👇 Le 26 avril 1937 était un lundi, jour de marché à Gernika. Trois heures de bombes plus tard, la ville brûlait et son nom devenait un symbole universel. Aujourd'hui, chaque guerre qui laisse des villes en ruines l'évoque. La comparaison avec Gaza tient-elle ? Il y a des ressemblances réelles, des différences à nommer et une question de fond : le monde va-t-il plus mal, ou voit-on simplement tout en direct ? Repères historiques, chiffres contestés et proposition d'action à 2, 5 et 10 ans. 👇
— Mikel Agirregabiria (@agirregabiria) November 6, 2026
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