Su autor, Héctor Socas (@hsocasnavarro), no es un ensayista de gabinete sino un astrofísico con más de dos décadas de trabajo en el Instituto de Astrofísica de Canarias, director de la Fundación del Telescopio Solar Europeo y creador del influyente podcast Coffee Break: Señal y Ruido. Esa doble condición —científico en activo y divulgador experimentado— marca el tono del libro: no se trata de un tratado de futurología ingenua, sino de un ejercicio de esperanza construido con el mismo rigor con el que se estudia el Sol o se diseña una misión espacial.
El punto de partida es un diagnóstico compartido por buena parte de la cultura contemporánea: vivimos instalados en un pesimismo crónico, alimentado por discursos apocalípticos sobre el cambio climático, la inteligencia artificial o la crisis civilizatoria. Socas no niega la magnitud de estos desafíos, pero invierte la pregunta habitual. En lugar de preguntarse qué nos va a destruir, propone indagar en qué clase de civilización queremos convertirnos, ahora que disponemos, por primera vez en la historia, de la capacidad técnica para decidirlo de manera consciente. Ese desplazamiento —de la fatalidad al proyecto— es el verdadero eje argumental de la obra.
A lo largo de sus ocho ensayos, el autor recorre un territorio amplio: la inteligencia artificial y la posibilidad de convivir con formas de cognición no humana, la bioingeniería y sus implicaciones sobre qué significa seguir siendo humanos, la exploración espacial como horizonte de expansión de la especie, y la sostenibilidad como condición de supervivencia más que como opción moral. El libro se mueve con soltura entre la divulgación científica, la reflexión filosófica y ciertos guiños a la literatura de anticipación, sin renunciar en ningún momento a la solvencia del especialista que ha dedicado su vida a estudiar el lugar de la humanidad en el cosmos.
Lo más interesante, sin embargo, no es el inventario de tecnologías emergentes —terreno ya transitado por buena parte del ensayismo reciente sobre inteligencia artificial y transhumanismo— sino la apuesta de fondo: una defensa razonada de la esperanza que no se apoya en la negación del riesgo, sino en la historia y en la ciencia. En este sentido, el libro dialoga, aunque sin citarlos expresamente, con una tradición de pensamiento que ha hecho de la esperanza un acto racional antes que un sentimiento ingenuo: la razón vital orteguiana, que entiende al ser humano como proyecto y no como esencia fija; el agonismo de Unamuno, para quien la fe en el futuro se sostiene precisamente sobre la incertidumbre; o incluso el conatus spinoziano, esa tendencia de toda realidad a perseverar y afirmarse frente a la adversidad.
Cabe señalar, para un lector exigente, que la apuesta optimista de Socas no está exenta de tensión con otras corrientes del pensamiento contemporáneo sobre la técnica —desde las advertencias de Hans Jonas sobre el principio de responsabilidad hasta las lecturas más críticas del solucionismo tecnológico—, que ven en la confianza en la innovación un riesgo en sí mismo. El propio libro parece consciente de ello: su optimismo se presenta como decisión deliberada, no como diagnóstico complaciente, lo que abre un espacio legítimo de debate más que cerrarlo.
Horizontes de la civilización se inscribe así en un género en auge, el del ensayo científico-filosófico sobre el futuro de la especie, pero lo hace desde una posición singular: la de quien observa la fragilidad humana con la misma distancia con la que se observa una estrella, y encuentra en esa distancia motivos no para el desánimo, sino para la lucidez. Una lectura recomendable para quien busque pensar el porvenir sin ceder ni al catastrofismo ni a la ingenuidad tecnológica.
Quizá esa sea la principal aportación del libro: recordar que el pesimismo también puede convertirse en una forma de pasividad. Si consideramos inevitable el desastre, desaparece el incentivo para modificar el rumbo. El optimismo razonado propone exactamente lo contrario: reconocer los riesgos sin convertirlos en profecías.
La educación tiene aquí un papel fundamental. Formar a las nuevas generaciones no debería consistir únicamente en transmitir conocimientos sobre el mundo existente, sino en proporcionarles herramientas para imaginar, evaluar y construir mundos posibles. Ciencia y humanismo vuelven a encontrarse en esa tarea.
Horizontes de la civilización plantea, en definitiva, una pregunta tan antigua como la propia humanidad y tan actual como la inteligencia artificial: ¿qué queremos llegar a ser? Su respuesta no está escrita en las estrellas. Dependerá de nuestra capacidad para combinar conocimiento científico, prudencia, imaginación, ética y cooperación. Mirar hacia el futuro con esperanza no significa cerrar los ojos ante sus peligros. Significa, precisamente, creer que todavía merece la pena abrirlos.
🚀 ¿Y si el futuro de la humanidad no estuviera condenado al desastre? https://t.co/qdy8sBGFP6 En Horizontes de la civilización, el astrofísico Héctor Socas propone mirar más allá del pesimismo: inteligencia artificial, cambio climático, bioingeniería, exploración espacial, vida… pic.twitter.com/viQifd8LrQ
Hemos cursado una segunda visita a la extraordinaria Colección de Motos Clásicas de Emiliano Escudero Cano, quien nos ha recibido y acompañado muy amablemente. En esta ocasión, han acudido como interesados comunicadores Sergio de Haro García (1ª parte y 2ª parte de la entrevista), un estudiante de Ingeniería Mecánica, y Sara Estévez Álvarez (entrevista), una escolar de ESO.
Esta segunda visita ha sido para reunir más información sobre esta increíble colección, que dará para diferentes entradas porque reúne proezas de muy diferentes protagonistas. El primero y principal es el propio fundador, Emiliano Escudero Cano (véase su Facebook), que nos ha aportado muchas más referencias. En esta ocasión, también hemos recabado más información sobre las Motocicletas Lube, que reuniremos en un próximo post.
Hemos visitado la Colección de Emiliano Escudero Cano (FB Oficial),un inmenso patrimonio con la memoria mecánica sobre dos ruedas. En total, y por el momento, 196 motos de 56 marcas distintas en el centro de San Pedro del Pinatar (Murcia). Nos ha recibido muy amablemente su creador, junto a su hijo y otros colaboradores, que también nos han acompañado a su cercana Recopilación vintage de Coca Cola (siguiente post). Existen colecciones que representan mucho más que un conjunto de objetos antiguos reunidos por afición; son auténticos archivos vivos de la historia tecnológica, social e industrial de un país. La extraordinaria colección de motos clásicas de Emiliano Escudero Cano constituye uno de esos legados fundamentales donde la mecánica, el diseño y la pasión humana se entrelazan de forma ejemplar.
Ha sido una primera visita, que pronto repetiremos con algunas personas especialistas que quizá puedan colaborar como voluntariado para catalogar y documentar este tesoro del motor. Hablar de esta colección es adentrarse en un recorrido fascinante por la evolución del transporte ligero. No se trata únicamente de contemplar el brillo del cromo o el rugido nostálgico de los motores de dos y cuatro tiempos. Se trata, ante todo, de comprender cómo cada una de estas motocicletas encarna una respuesta técnica a los retos de movilidad de su tiempo, reflejando el contexto socioeconómico, la creatividad industrial y la estética cultural del siglo XX.
Tecnología analógica e ingeniería del esfuerzo. En una época hiperconectada, dominada por la electrónica, los sensores digitales y la gestión computarizada, aproximarse a las máquinas preservadas por Emiliano Escudero Cano ofrece una lección de física y tecnología aplicada de primer orden. En cada chasis multitubular, en la geometría de un carburador o en la simplicidad genial de los primeros sistemas de suspensión reside la esencia pura de la mecánica tradicional.
Marcas legendarias —tanto de la época dorada de la industria nacional española (Bultaco, Montesa, OSSA, Derbi, Sanglas o nuestra predilecta Lube de mi padre que pronto detallaremos, pero se avanza en el vídeo inicial) como iconos de la producción internacional (BMW, Vespa, Lambretta, Norton)— adquieren en este acervo una dimensión educativa singular. Cada proceso de restauración realizado con rigurosidad histórica no solo devuelve la vida a una pieza de metal; salvaguarda el conocimiento artesanal de los mecánicos de antaño, aquellos orfebres de taller que diagnosticaban averías con el oído y ajustaban tiempos con la precisión de un relojero.
Reflexión pedagógica: La restauración de una motocicleta clásica es una lección magistral de paciencia, física aplicada y respeto por la memoria tecnológica que cimentó la movilidad moderna.
Un recurso educativo e intergeneracional. Desde la perspectiva de la divulgación cultural y la educación en valores, colecciones con este nivel de conservación resultan herramientas pedagógicas indispensables. Permiten explicar a las nuevas generaciones que la innovación tecnológica no nace espontáneamente en una pantalla, sino en la cultura del ensayo, la optimización de materiales y el ingenio ante las limitaciones técnicas de cada contexto histórico.
Estudiar y contemplar este patrimonio industrial propicia además un fructífero diálogo intergeneracional. Los más mayores reencuentran en estos modelos las vivencias, trayectos y paisajes de su juventud, mientras que los estudiantes de tecnología, diseño e ingeniería descubren la elegancia y solvencia de las soluciones mecánicas primigenias.
Conclusión: El valor del patrimonio motorizado. La labor de recopilación, restauración y conservación de Don Emiliano Escudero Cano trasciende el ámbito del coleccionismo privado para prestar un servicio de primer orden a la memoria colectiva. Mantener vivas estas joyas mecánicas nos recuerda que el presente tecnológico camina sobre los hombros de la audacia y la inventiva del pasado. Un homenaje imprescindible a la historia industrial, a la pedagogía del trabajo manual y a la fascinación atemporal por la libertad sobre dos ruedas.
La economía en forma de K: cuando el progreso deja de ser compartido. Durante décadas asumimos que las crisis y las recuperaciones seguían trayectorias comunes: en V, cuando el rebote era rápido; en U, cuando la travesía era lenta pero uniforme; en L, cuando el estancamiento se instalaba sin remedio. La pandemia de 2020 introdujo una letra nueva en el alfabeto económico: la K. El término, acuñado por el economista Peter Atwater, describe algo más inquietante que un simple ciclo: una bifurcación estructural en la que unos sectores, empresas y hogares ascienden con fuerza mientras otros descienden o se estancan, dentro del mismo periodo y bajo las mismas condiciones macroeconómicas.
En 2026 esa letra ha dejado de ser una metáfora pasajera para convertirse en el diagnóstico dominante de la economía global. Los organismos internacionales anticipan un crecimiento mundial moderado, en torno al 2,9%, con la inteligencia artificial y el sector de defensa como principales motores de expansión. Pero ese crecimiento no se reparte: la inversión, la productividad y las cotizaciones bursátiles suben por el trazo ascendente de la K, mientras los salarios reales, el empleo industrial y el consumo de las rentas medias y bajas transitan el trazo descendente.
El caso estadounidense resulta paradigmático. El gasto de los hogares con mayores ingresos —muchos de ellos beneficiados por la revalorización de sus carteras de inversión y planes de pensiones— sostiene buena parte del consumo agregado, mientras las familias más expuestas a la inflación en alimentación, vivienda y energía recurren al crédito o a sus ahorros para llegar a fin de mes. En América Latina el fenómeno adopta otra forma: sectores exportadores como el agro, la minería o la energía crecen y generan divisas, pero apenas crean empleo, mientras la industria manufacturera orientada al mercado interno sigue rezagada.
Lo que estas geografías tienen en común es una misma lección: el crecimiento agregado ha dejado de ser un buen indicador del bienestar colectivo. Puede haber expansión del PIB y, simultáneamente, deterioro de las condiciones de vida de una mayoría silenciosa. Es la vieja advertencia que ya intuyeron Ortega y Gasset y Hannah Arendt sobre las sociedades de masas: el progreso técnico no garantiza por sí solo cohesión ni justicia; requiere instituciones que lo redistribuyan.
La inteligencia artificial añade una capa nueva a esta bifurcación. Quienes poseen capital, cualificación digital o acceso a formación continua capturan las ganancias de productividad; quienes desempeñan tareas automatizables afrontan sustitución, precariedad o la necesidad de reconvertirse sin apenas red de apoyo. La brecha, por tanto, no es solo de renta, sino de capacidades y de tiempo disponible para adaptarse.
Frente a este diagnóstico, la respuesta no puede limitarse a la política monetaria o fiscal. La educación pública de calidad, la formación continua accesible y las políticas de solidaridad intergeneracional son las herramientas que permiten enderezar, aunque sea parcialmente, el trazo descendente de la K. No se trata de frenar la innovación, sino de asegurar que sus frutos —como recordaba el espíritu comunitario tan arraigado en la cultura vasca— se compartan con quienes quedan fuera de sus circuitos.
La economía en forma de K no es una fatalidad natural, sino el resultado de decisiones colectivas: fiscalidad, inversión pública, negociación colectiva y acceso al conocimiento. Reconocer la forma de la letra es el primer paso; decidir si la dejamos abierta o la volvemos a unir en un solo trazo compartido es, todavía, una elección política y ética.
📈 La economía en forma de K explica mejor que nunca el mundo actual: mientras unos prosperan gracias a la innovación, la IA y la digitalización, otros quedan rezagados por la precariedad, la automatización o la falta de oportunidades. https://t.co/JLL2izsr4c El verdadero… pic.twitter.com/U3BuPksNW4
— Mikel Agirregabiria (@agirregabiria) July 11, 2026
Robot Academy Bilbao: Sembrando curiosidad tecnológica desde la infancia. En el paisaje educativo de Bilbao, donde la tradición industrial convive con la innovación urbana, Robot Academy propone un enfoque práctico y lúdico para introducir a niñas y niños en la robótica educativa, la programación y la electrónica. Su presencia en la ciudad —con actividades pensadas por edades y niveles— responde a una necesidad evidente: convertir el interés por la tecnología en competencias reales y transferibles que preparen a las nuevas generaciones para un futuro profesional y cívico cada vez más ligado a lo digital.
Dirigida por dos grandes profesionales (y amigos nuestros), Juan de la Herrán y Josu Garro, Robot Academy desarrolla su actividad en espacios vinculados a Alltek (Alameda Recalde, 47, Bilbao) y mantiene canales de contacto prácticos como el teléfono/WhatsApp, lo que facilita a las familias informarse y matricularse rápidamente. Su localización en Bilbao posiciona la escuela como un recurso accesible para la ciudad y su área metropolitana, fortaleciendo la red local de iniciativas STEAM.
Para las familias bilbaínas, la logística también cuenta: el centro ofrece horarios extraescolares y actividades semanales que facilitan la conciliación con la vida escolar y laboral. Además de los cursos regulares, se organizan clubes y talleres intensivos —por ejemplo en vacaciones— pensados para profundizar proyectos concretos (concursos, retos STEAM, impresoras 3D y competiciones de diseño de robots). Esta estructura modular permite que el aprendizaje sea continuado y acumulativo, desde los primeros años de primaria hasta la adolescencia.
Es importante enmarcar la labor de Robot Academy dentro de un contexto más amplio: Bilbao está reforzando en los últimos años su apuesta por la educación tecnológica (proyectos de formación juvenil y centros especializados), y la aparición de iniciativas como Robot Academy contribuye a crear un ecosistema donde las oportunidades formativas se multiplican y se diversifican. Ese entorno permite además que los aprendizajes de aula conecten con programas municipales, eventos y otros actores educativos.
El libro vino acompañado de una lupa dorada que nuestra nieta Léa ya nos birló,...
Tras unos días de lectura y reposo, hoy tenemos el placer de analizar y recomendar este libro de mesilla, "Microéxitos: La revolución de lospequeños logros", de Salva López (salvarock.es). El autor es un brillanteeconomista, profesor, pensador del cambio y buen amigo que nos ha hecho llegar esta nueva obra que redefine la escala del progreso personal cuando se transita por la innovación y el emprendizaje.
Salvador López, conocido en el
ámbito académico y empresarial como SalvaROCK, es licenciado en Ciencias
Económicas y Empresariales por la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona, con
posgrados en Dirección de Marketing e Investigación de Mercados. Desde 2008,
ejerce como profesor de Marketing en ESADE Business School, una de las escuelas
de negocio más prestigiosas de Europa. Su trayectoria combina la docencia con
la consultoría empresarial y la formación en habilidades directivas,
especializándose en el desarrollo de personas desde una perspectiva práctica y
cercana.
Lo más singular de su trayectoria como ponente es su vertiente internacional (mucho más allá de España y Latinoamérica como speaker de habla hispana). Sus conferencias han recorrido toda Asia, lo cual es insólito: Ha estado en Japón, India, Filipinas, Malasia, Indonesia, Bangladesh, Mongolia, o Pakistán.
Esta perspectiva ecléctica
encuentra su máxima expresión en Microéxitos, publicado por Editorial
Plataforma, donde se propone una filosofía vital alejada del ruido
motivacional convencional. Es una obra que continúa su libro previo, ahora reeditado y plurilingüe como "Empresas en clave de ROCK" (ver en Amazon).
Microéxitos se presenta
como una brújula amable para el progreso cotidiano y una invitación al cambio sin dramatismos, desde lo pequeño, cotidiano y
alcanzable. Frente al culto contemporáneo al éxito inmediato y espectacular
—alimentado por la cultura del emprendimiento heroico y los gurús del
crecimiento personal—, SalvaROCKpropone una filosofía de vida basada en los logros
minúsculos que, acumulados, generan beneficios ingentes. El libro rechaza las
fórmulas mágicas y las promesas grandilocuentes para centrarse en la
observación lúcida y las propuestas posibles.
Con un estilo ágil, cercano y
cargado de inteligencia práctica, SalvaROCK guía al lector a través de reflexiones
que ayudan a avanzar con constancia, humor y sentido común. El autor, con
experiencia en comunicación, formación y gestión del cambio, articula un
discurso que huye de la autoayuda convencional para situarse en un territorio
más honesto: el de la imperfección como punto de partida y el progreso gradual como
estrategia sostenible.
El concepto de microéxito opera
como unidad mínima de transformación. SalvaROCK sostiene que los grandes cambios
raramente se producen por decisiones radicales o revelaciones súbitas, sino por
la acumulación de pequeñas victorias que, en su conjunto, reconfiguran hábitos,
actitudes y resultados. Esta perspectiva conecta con investigaciones recientes
en psicología del comportamiento, particularmente con el trabajo de autores
como James Clear en Hábitos atómicos (post de 2024), aunque SalvaROCK aporta una
sensibilidad más europea y menos orientada al rendimiento obsesivo.
El libro es ideal para quienes
buscan resultados reales sin perderse en grandes promesas. Así se ofrece una
brújula amable para orientarse en el día a día, construir progreso desde la imperfección
y avanzar con alegría y sin ansiedad. No hay aquí un manual de instrucciones ni
una receta para el éxito, sino una compañía inteligente para el camino.
Filosofía del cambio incremental. La propuesta de SalvaROCK se
fundamenta en varias premisas que atraviesan el libro. En primer lugar, la
reivindicación de lo cotidiano como escenario legítimo del cambio. Frente a la
épica del gran giro vital, el autor defiende que es en las decisiones menores
—qué desayunar, cuándo responder un email, cómo afrontar una conversación
difícil— donde se construye realmente una vida distinta.
SalvaROCK escribe: "El
cambio no necesita ser heroico para ser real. La valentía está en levantarse
cada día y elegir avanzar, aunque sea un milímetro". Esta afirmación
resume el espíritu del libro: la transformación no como evento extraordinario,
sino como práctica ordinaria.
En segundo lugar, la obra
defiende el humor y la ligereza como herramientas de cambio. El autor desconfía de
la solemnidad motivacional y apuesta por un tono que reconoce lo absurdo de la
existencia sin caer en el cinismo. "La vida es demasiado seria para
tomársela en serio", sugiere el autor, invitando a relativizar los
fracasos y celebrar los avances sin grandilocuencia.
Finalmente, Microéxitos propone una ética de la constancia frente a la cultura de la intensidad. "No
se trata de quemarte en un sprint, sino de encontrar un ritmo que puedas
sostener hasta el final". Esta idea conecta con la
sostenibilidad emocional y la economía de la atención: en un mundo que premia
la hiperproductividad y el agotamiento, el autor reivindica la posibilidad de
construir sin destruirse.
Se incluyen ejercicios
prácticos, reflexiones y estrategias concretas para identificar microéxitos en
la vida profesional y personal. Salva Lópezno promete revoluciones, pero sí ofrece
algo más valioso: un método para avanzar sin ansiedad, para construir sin
dramatismo, para cambiar sin perder la cordura. En tiempos de exigencia extrema
y promesas vacías, Microéxitos se presenta como un antídoto necesario,
una invitación a reconocer que el progreso también puede ser silencioso,
gradual y, sobre todo, humano.
Algunas citas representativas para estos tiempos acelerados, que podrían resumirse en tres: “Cambiar sin dramatismos, desde lo pequeño y alcanzable.” “Los logros minúsculos generan beneficios inmensos.” “No hay fórmulas mágicas, solo observación lúcida y propuestas posibles.”
Con permiso del autor, reproducimos una exhaustiva selección de 43 referencias. Todo el mundo habla
siempre del secreto del éxito. SalvaROCK prefiero hablar del éxito secreto. Durante la mayor parte de la Historia, el
éxito se ha asociado más al poder que a la sabiduría, con contadas excepciones.
Hoy en día la mayoría de las personas siguen sin comprender de verdad la
diferencia entre conocimiento y sabiduría. El conocimiento puede encontrarse,
construirse, comprarse e incluso robarse. Pero la sabiduría no, la sabiduría
debe desarrollarse.
1. Es importante
distinguir entre el éxito de las cosas que uno hace y el de la persona que las
hace. 2. Todo ser humano
merece sentir la satisfacción del éxito ya que es a la vez una necesidad para
el desarrollo humano y un derecho de nacimiento. 3. “Mucha gente
pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, pueden cambiar el
mundo”. Esta frase se atribuye por igual aal
periodista y escritor uruguayo Eduardo Galeano y a San Juan Bautista de La
Salle. 4. El éxito de cara a
la galería vs. El éxito íntimo, secreto e invisible. 5.Siempre que compito
contra mí mismo gano, aunque pierda. 6.Desafíate, hazlo
con frecuencia, con retos y objetivos alcanzables y factibles. Ese es el
camino hacia lo que podemos bautizar como logros en cascada. 7.Para lograr cosas
grandes primero hay que lograr cosas pequeñas, y luego convertirlo en un
hábito. 8.Pero la escala no
es lo importante aquí. Aquí lo importante es entrar en el flujo de lo que
significa lograr cosas, triunfar en algo. 9.Mi disciplina es
la música, y de ella he aprendido muchas cosas sobre el cerebro, el cuerpo, el
sistema nervioso, la mente y la consciencia. 10.Un micrologro,
experimentado con conciencia, tiene repercusiones en tu cerebro, modifica
cosas, deja una huella. 11.En determinadas
circunstancias un logro minúsculo podría llegar a cambiar tu percepción de la
realidad, tu actitud ante la vida diaria y, consecuentemente, podría cambiar tu
vida. 12.Un solo microéxito puede poner
en marcha este mecanismo, puede ponerte en movimiento, en el camino de una
infinita colección de otros logros que solo pueden conducirte a una versión
mejorada, expandida, multiplicada de ti. 13.No se trata de andar buscando el
significado de la vida, sino de que seas tú quien llene tu vida de significados 14.Hay una serie de endorfinas y
neurotransmisores que se activan cuando logras una pequeña victoria. Y al cerebro le ENCANTAN esas
pequeñas descargas químicas. Nos hacen sentir muy bien, y eso no provoca
adicción, pero sí produce afición. Por ahí es por donde se entra en el
deseable flujo de los pequeños logros. Es la puerta de embarque de este
viaje. 15.Uno debe seguir un camino de
pequeños logros secuenciales y concatenados.16. Si la paciencia es la madre de
la ciencia, la repetición es, sin duda alguna, la madre de la perfección. 17.Tu cerebro, esa máquina
increíble y maravillosa, tiene la capacidad de crear éxito para que tú y las
personas que te rodean lo disfrutéis, si logras entender cómo funciona el
mecanismo. 18.El resultado de una vida depende
de los hábitos de esa vida. 19.A veces, la fórmula más simple
para que te vayan bien las cosas consiste en aprender a no hacer lo que no te
conviene, no perseguir sueños que no son verdaderamente nuestros, no aceptar
la definición del éxito que otros nos inculcan, y, por supuesto, no adquirir
malos hábitos. Así de simple. 20.Los hábitos son, literalmente,
nuestras herramientas para cincelar nuestro cerebro. 21.Cuando empiezas algo y lo
terminas, estás desarrollando tu fuerza de voluntad, lo cual es en sí mismo un
logro importantísimo.
22.Estamos en un libro que habla de
logros minúsculos que pueden proporcionar beneficios personales inmensos. Todo
se enmarca en un contexto de desprogramación y reprogramación y, en el fondo,
todo consiste en convertir la superación en algo cotidiano, fácil de alcanzar
y divertido. La superación no tiene por qué limitarse a grandes gestas
heroicas. Uno puede superarse a sí mismo cada día, con gestos pequeños y cotidianos.
Lo importante es el ritmo y la frecuencia, y para mantener ambas cosas esos
gestos deben ser pequeños para poder convertirlos en algo cotidiano. 23.El cerebro, al igual que el
cuerpo, no mejora repentina ni instantáneamente, sino a base de pequeños esfuerzos
repetidos y acumulados en el tiempo, que irán resultando en pequeños progresos
que lo irán reconfigurando. 24.El cerebro es una máquina muy
viva y adaptable, que puede recablearse y evolucionar en función de lo que
hagamos con él cada día. 25.Esas microsuperaciones serán
literalmente nuestros microéxitos. Y para convertirlas en hábito primero hay
que subirse al flujo de los pequeños logros. 26.Pero si deseas ser más
ambicioso, recuerda que no se progresa de golpe, dando saltos demasiado
grandes. Se progresa paso a paso. 27.Un niño que inicia su propio
flujo de pequeños logros estará haciendo exactamente lo que necesita para
llegar a ser un adulto plenamente desarrollado. 28.La buena noticia es que el
flujo de pequeños logros es un tren que pasa todos los días, y puedes subirte a él cuando tú
quieras, empezando ahora mismo. 29.Como muchos ya sabemos, nuestras
vidas son un conjunto de automatismos cotidianos que repetimos cada día
mientras pensamos en otras cosas. 30.Poner conciencia en lo que haces
es la clave de todos los logros, de cualquier tamaño. 31.La falta de control sobre
nuestra mente es uno de los males de nuestra especie. Lograr aunque sea un
pequeño control sobre ella es un absoluto éxito para cualquiera que lo consiga. 32.Cuando somos pequeños tenemos
nuestra capacidad de asombro al 100 %. Cualquier detalle nos puede resultar
fascinante, porque, en realidad, todo es fascinantemente asombroso si lo
miramos adecuadamente. 33.La capacidad de asombro se va
borrando con la edad y con la propagación y establecimiento de automatismos. 34.Recuperar nuestra capacidad de
asombro es algo que está al alcance de todos y que cuesta muy poco, y es algo
básico para la percepción de los pequeños logros. 35.Estamos rodeados de gloriosas
maravillas que ya no percibimos, como si estuviéramos anestesiados. 36.¿Son tus sueños realmente tuyos
o vienen de otros lugares? ¿Te han enseñado a desear determinadas cosas? 37.La respuesta es justamente una
pregunta que uno puede hacerse ante cualquier deseo que uno sienta. ¿Por qué
deseo esto o aquello? 38.Lograr decir lo que se quiere
decir y lo que se necesita decir, sin herir a nadie y sin crear ningún
conflicto, es uno de los logros más útiles para el día a día de cualquier
persona. 39.Las emociones pueden
considerarse mensajeros de nuestro interior, y deben escucharse, digerirse e
integrarse en nuestra vida. 40.De algún modo, el ambiente
social en el que vivimos trata de arrebatarnos la soberanía sobre nuestras
emociones. 41.Siempre me ha parecido algo
perverso que en nuestra infancia nos enseñen algunas materias que, para una
mayoría de nosotros, jamás nos servirán de nada, y sin embargo no se nos enseñe a alimentarnos inteligentemente, que es algo que nos serviría absolutamente a todos. 42.Es a la vez liberador y
aterrador acceder a puntos de vista y datos que pueden contradecir las
versiones oficiales que nos ofrecen los medios tradicionales. 43.[En el ámbito espiritual] todas
las enseñanzas ya han sido dadas. Toda la información ya está entre nosotros.
Pero para encontrar, hay que buscar.
Estas frases ilustran el perfecto equilibrio entre realismo, optimismo y pragmatismo. Y recoge citas clásicas como esta de Epicteto (posts): "No tienes que ser perfecto. Solo tienes que ser mejor que ayer". El mejor consejo para volver a valorar la lentitud del aprendizaje y la modestia de los avances cotidianos. Sigue un vídeo muy reciente del autor,...
¿Y si el éxito no fuera un gran salto, sino miles de pequeños pasos? 📘 Microéxitos, de Salva López (SalvaRock), propone una revolución silenciosa: avanzar cada día con logros diminutos pero constantes. https://t.co/dZTz2LYFHp En un mundo obsesionado con el éxito instantáneo,… pic.twitter.com/lOYwFinP4A