
Celebrando anteriores cumpleaños: Primer año, cuarto año, 5 años, 6 años,...

Celebrando anteriores cumpleaños: Primer año, cuarto año, 5 años, 6 años,...
Durante siglos, hemos interpretado la historia como una sucesión de figuras excepcionales. Napoleón forjó Europa moderna. Edison iluminó el mundo. Steve Jobs democratizó la tecnología personal. Esta narrativa —conocida como la Teoría del Gran Hombre (post previo), articulada por Thomas Carlyle en el siglo XIX— sostiene que individuos singulares crean los momentos históricos que definen épocas. Sin estos genios, según la teoría, las transformaciones simplemente no ocurrirían, o lo harían de forma radicalmente diferente.
Un análisis contemporáneo desafía frontalmente esta premisa, argumentando que confundimos correlación con causalidad. Las grandes transformaciones civilizacionales, sugiere el denominado Marco Meta-Stellaris, no dependen de individuos excepcionales sino de fuerzas estructurales que operan con independencia de quién ocupe posiciones de liderazgo.
Las curvas matemáticas que no esperan héroes. El fundamento empírico de esta refutación se encuentra en la Ley de Wright, descubierta en 1936 al estudiar la manufactura aeronáutica. Wright observó que con cada duplicación del volumen acumulado de producción, los costes disminuyen en un porcentaje predecible. Los paneles solares siguen una tasa de aprendizaje del 89%: cada vez que se duplica la capacidad instalada acumulada, el coste se reduce un 11%. Las baterías de litio han pasado de costar más de mil dólares por kilovatio-hora en 2010 a menos de cien dólares en la actualidad.
Lo significativo de estas curvas es su motor: volumen de producción acumulado. No visión empresarial. No decretos gubernamentales. No genio inventivo. Simplemente la propiedad matemática de procesos industriales operando a través de miles de empresas, millones de trabajadores y billones de decisiones de consumidores distribuidas durante décadas.
Tomemos el caso de Elon Musk y Tesla. ¿Causó Musk la caída del precio de las baterías? El análisis estructural sugiere lo contrario: Musk reconoció que los precios de las baterías caerían —una distinción sutil pero crucial— y posicionó estratégicamente a Tesla para capturar valor conforme la curva progresaba. La curva habría seguido la Ley de Wright independientemente de quién construyera las fábricas.
El caso chino como validación empírica. China presenta un caso de estudio revelador. Entre 2019 y 2024, el país instaló más de mil gigavatios de capacidad solar, redujo costes de baterías a aproximadamente 81 dólares por kilovatio-hora para celdas de fosfato de hierro-litio, y alcanzó una penetración del 32,8% de vehículos eléctricos en su mercado. ¿Puede atribuirse esto al liderazgo de Xi Jinping?
Un análisis contemporáneo desafía frontalmente esta premisa, argumentando que confundimos correlación con causalidad. Las grandes transformaciones civilizacionales, sugiere el denominado Marco Meta-Stellaris, no dependen de individuos excepcionales sino de fuerzas estructurales.
Las curvas matemáticas que no esperan héroes. El fundamento empírico de esta refutación se encuentra en la Ley de Wright, descubierta en 1936 al estudiar la manufactura aeronáutica.
La perspectiva estructuralista sostiene que la coordinación centralizada china proporcionó condiciones institucionales que permitieron que las curvas de aprendizaje se aceleraran. El liderazgo creó condiciones, pero las funciones de forzamiento subyacentes —esas curvas matemáticas implacables— crearon la transformación. Con diferente liderazgo pero manteniendo la coordinación, curvas similares habrían emergido.
Arquetipos generacionales vs. individuos irremplazables. la teoría generacional de Strauss-Howe: los Baby Boomers, la Generación X, los Millennials: Ciclos de 80-90 años durante los cuales las instituciones estadounidenses se transforman en períodos de crisis. La configuración actual asigna roles específicos a arquetipos generacionales: los Baby Boomers ejerciendo autoridad moral, la Generación X implementando soluciones pragmáticas, los Millennials movilizando energía colectiva.
La distinción crítica: los arquetipos describen roles que se ocupan, no individuos irremplazables que los cumplen únicamente. Si Franklin Roosevelt hubiera fallecido en 1931, la lógica generacional sugiere que otro líder habría ocupado el rol de Crisis. Las condiciones estructurales —la Depresión, el alineamiento generacional, el colapso institucional— demandaban transformación.
Implicaciones metodológicas. Esta perspectiva estructuralista establece límites claros sobre qué puede predecirse. El marco identifica cuándo las transformaciones se vuelven económicamente inevitables, pero no puede predecir qué actores específicos, empresas o mecanismos de política dominarán la economía emergente. ¿Qué compañías energéticas capturarán la oportunidad de paridad de red? ¿Qué fabricantes de vehículos sobrevivirán la transición eléctrica? Estas especificidades requieren razonamiento individual —precisamente lo que el marco rechaza como metodología predictiva fiable.
Esta restricción, argumentan sus proponentes, funciona como virtud metodológica. Un marco que reclama identificar tanto la inevitabilidad estructural como los individuos específicos que liderarán contamina su credibilidad analítica.
El contexto presente. La saturación cultural contemporánea de narrativas de Gran Hombre —el líder correcto restaurará la grandeza manufacturera, el fundador correcto desbloqueará la economía de IA— captura deseos humanos legítimos de agencia y responsabilidad. Sin embargo, esta perspectiva sostiene que estas narrativas sistemáticamente engañan sobre las fuerzas reales que impulsan transformaciones.
Las curvas de aprendizaje no pausan durante debates de liderazgo. Los costes de generación solar ya han caído por debajo del carbón y gas natural en la mayor parte de Estados Unidos, no porque un Gran Hombre lo decretara, sino porque décadas de experiencia manufacturera acumulada condujeron los costes hacia inevitabilidad matemática. Los precios de baterías se aproximan al umbral donde los vehículos eléctricos cuestan menos que sus equivalentes de combustión durante toda su vida útil.
Reconocimiento de patrones vs. culto al héroe. La Teoría del Gran Hombre sirvió a un mundo decimonónico que carecía de herramientas matemáticas para identificar funciones de forzamiento económico estructural. Los datos de curvas de aprendizaje no existían. La investigación sobre ciclos generacionales no se había desarrollado. El análisis de dinámica de sistemas permanecía a un siglo de distancia.
Esas herramientas analíticas ahora existen. Las curvas de la Ley de Wright trazan décadas de declive de costes con precisión notable. La teoría de ciclos generacionales identifica ventanas de transformación institucional con regularidad histórica documentada. La síntesis de estas herramientas, argumentan sus proponentes, alcanza poder predictivo precisamente al trascender el marco del Gran Hombre.
La cuestión permanece abierta: ¿Son las transformaciones civilizacionales producto de genios excepcionales que alteran el curso de la historia, o manifestaciones inevitables de fuerzas estructurales que ningún individuo puede crear, acelerar o detener significativamente? La respuesta que adoptemos determina no solo cómo interpretamos el pasado, sino cómo nos preparamos para transformaciones futuras.
Esperar a que surja el líder adecuado desperdicia el tiempo de preparación que la claridad analítica del marco posibilita. Las condiciones estructurales ya visibles —el cruce de umbrales ya en marcha, la alineación generacional ya madura— proporcionan una señal suficiente para el posicionamiento estratégico, la preparación institucional y la asignación de inversiones. La transformación no espera a su Gran Hombre. Nadie debería hacerlo.
¿Por qué seguimos contando la historia como si solo los “genios” la hicieron posible? 🤔 En nuestro nuevo post exploramos cómo Napoleón, Edison o Steve Jobs encajan más en un mito que en una explicación económica real. La Teoría del Gran Hombre choca con datos: curvas de… pic.twitter.com/b8iBH5nae3
— Mikel Agirregabiria (@agirregabiria) February 21, 2026
En Europa hemos perdido la carrera tecnológica (y ni siquiera nos dimos cuenta). El Rastreador de Tecnología Crítica 2025 del Australian Strategic Policy Institute (ASPI) confirma un cambio profundo en el equilibrio global del conocimiento científico y tecnológico. Según este informe, China lidera actualmente 66 de las 74 tecnologías críticas analizadas, una cifra que equivale a casi el 90% del total y que marca una ruptura histórica con el dominio occidental de las últimas décadas.
El rastreador de ASPI no mide capacidad militar ni industrial directa, sino liderazgo en investigación avanzada, utilizando indicadores bibliométricos como el volumen de publicaciones de alto impacto y el número de citas académicas. Aun así, el informe es ampliamente considerado un indicador adelantado del poder tecnológico futuro, ya que la investigación de frontera suele preceder al control industrial, comercial y normativo.
Qué es el Rastreador de Tecnología Crítica de ASPI. El Critical Technology Tracker es un proyecto longitudinal que analiza más de dos décadas de producción científica global. En su edición de 2025, ASPI amplía su alcance hasta 74 tecnologías consideradas estratégicas para la seguridad nacional, la competitividad económica y la soberanía tecnológica.
Entre las nuevas áreas incorporadas destacan: Inteligencia artificial generativa (AGI), Visión por computador, Computación en la nube y en el borde (edge computing), Integración avanzada de redes eléctricas, Neuroprótesis, Gemelos digitales (Digital Twins), Realidad extendida (XR) y Geoingeniería. El liderazgo se determina evaluando qué países concentran la mayor proporción de investigaciones altamente citadas, un criterio que busca equilibrar cantidad y calidad científica.
En qué tecnologías lidera China. Según el informe, China ocupa la primera posición en 66 de las 74 tecnologías críticas, con especial fortaleza en ámbitos como: Inteligencia artificial (incluida IA generativa y visión artificial). Biotecnología avanzada y biología sintética. Sensores cuánticos y tecnologías cuánticas emergentes. Baterías avanzadas y almacenamiento energético. Energía nuclear de nueva generación. Satélites pequeños y tecnologías espaciales.
Estados Unidos mantiene el liderazgo sólo en ocho tecnologías, entre ellas las neuroprótesis y la geoingeniería, mientras que Europa aparece de forma fragmentada y con escasa presencia en los primeros puestos.
Por qué este liderazgo es relevante. El dominio chino en investigación crítica tiene varias implicaciones estratégicas: 1º Quien lidera la ciencia suele influir en los estándares técnicos internacionales, en la formación del talento global y en las agendas de investigación futuras. 2º La historia reciente demuestra que una ventaja sostenida en I+D puede transformarse en liderazgo industrial. Sectores como los vehículos eléctricos a batería (BEV), la energía solar o las redes 5G ilustran cómo China ha convertido investigación en capacidad productiva a gran escala. 3º Una elevada concentración geográfica del conocimiento genera riesgos sistémicos: dependencia tecnológica, vulnerabilidad de las cadenas de suministro y capacidad de influencia geopolítica.
Limitaciones y matices del informe. ASPI subraya que el liderazgo bibliométrico no equivale automáticamente a supremacía tecnológica total. Publicar más y mejor no garantiza una industrialización inmediata ni una ventaja comercial sostenible. Sin embargo, el informe insiste en que estos indicadores funcionan como una alerta temprana. Ignorar la tendencia sería repetir errores estratégicos ya cometidos en otras transiciones tecnológicas.
Implicaciones para Europa y las democracias avanzadas. El informe plantea un desafío claro para Europa, Estados Unidos y sus aliados: Reforzar la inversión en investigación básica, no solo en aplicaciones comerciales. Impulsar alianzas tecnológicas internacionales entre países de confianza. Diversificar cadenas de suministro en sectores críticos. Diseñar políticas industriales inteligentes compatibles con valores democráticos.
El Rastreador de Tecnología Crítica 2025 no es una profecía, pero sí un diagnóstico contundente. El centro de gravedad de la investigación estratégica global se ha desplazado hacia China, y la respuesta no pasa por el alarmismo, sino por una acción coordinada, sostenida y basada en el conocimiento. En el siglo XXI, la soberanía tecnológica comienza en los laboratorios.
Una Llamada a la Acción Estratégica. No se trata de caer en la tecnofobia ni en un neo- macartismo científico. La ciencia es, y debe aspirar a ser, un bien común. Sin embargo, ignorar que la tecnología es el sustrato del poder duro y blando en el siglo XXI es una ingenuidad que no podemos permitirnos.
Los datos de ASPI no son un veredicto final, pero sí una advertencia urgente. La brecha de 66 a 8 no se cerrará con retórica, sino con una reevaluación profunda de nuestras prioridades nacionales. Necesitamos una política científica que integre la ética, la educación y la estrategia de estado. Si Occidente desea que los valores democráticos estén embebidos en el código, las neuronas artificiales y los sistemas climáticos del futuro, debe volver a liderar su creación. De lo contrario, nos arriesgamos a habitar un futuro tecnológicamente milagroso, pero filosóficamente ajeno.
¡Alerta máxima! El informe @ASPI_org 2025 revela: China lidera el 90% de las tecnologías críticas (66 de 74). 🇨🇳
— Mikel Agirregabiria (@agirregabiria) December 18, 2025
Desde IA generativa hasta interfaces cerebro-computadora y geoingeniería... ¡dominan todo!
EE.UU. solo en 8. 🇺🇸 https://t.co/Ott9OTA01h La brecha se amplía.
¿Riesgos?… pic.twitter.com/QVkcDjJDm9

“Descubrir Getxo desde el agua es otra experiencia, pero hacerlo a bordo del Lasai 22 GL, un barco 100% eléctrico y solar, eleva el paseo a otro nivel. https://t.co/SfOlwCiUT4 Silencioso, eficiente y sin emisiones, es perfecto para navegar sin prisa por la bahía, sentir la calma… pic.twitter.com/KlP9eI2Txx
— Mikel Agirregabiria (@agirregabiria) December 12, 2025
@agirregabiria Lasai 22 GL desde Getxo
♬ sonido original - santiz_lyrics
La práctica más eficiente y duradera no consiste en llegar a los extremos, sino en mantenerse, en la medida de lo posible, entre el 30 % y el 80 % de carga. Esta franja, conocida en la comunidad técnica como la «regla del 30-80 %», no es un capricho de ingenieros: es una consecuencia directa de cómo funcionan (y se degradan) las celdas de litio.
¿Por qué los extremos son el enemigo? Las baterías de ion-litio no almacenan energía como un depósito de combustible lineal. Su capacidad depende de la intercalación reversible de iones de litio entre los electrodos de grafito (ánodo) y óxido metálico (cátodo). Cuando la batería está completamente cargada (4,2-4,35 V por celda según la química), el cátodo está saturado de litio y el ánodo casi vacío. Este estado genera dos problemas principales:
- Tensión mecánica: el ánodo de grafito se expande y contrae con cada ciclo. A voltaje máximo, la expansión es mayor y aparecen microfracturas que, con el tiempo, reducen la superficie activa.
- Formación de SEI y plating de litio: la capa pasivante (SEI) que protege el ánodo crece de forma descontrolada a alto voltaje y alta temperatura, consumiendo litio activo irreversiblemente. En casos extremos, puede formarse litio metálico dendrítico (plating), el precursor de cortocircuitos internos.
Por otro lado, una descarga profunda (por debajo de 2,5-3,0 V) también acelera la degradación: el ánodo se contrae excesivamente, se disuelve cobre del colector de corriente y se generan más productos de reacción irreversibles. Estudios de Battery University, el National Renewable Energy Laboratory (NREL) y universidades como Dalhousie (Jeff Dahn) coinciden: mantener la batería entre 30 % y 80 % puede duplicar o incluso triplicar el número de ciclos completos antes de que la capacidad caiga al 80 % del valor original.
Evidencia cuantitativa
- Un trabajo publicado en Journal of The Electrochemical Society (2018) mostró que celdas NMC cargadas siempre al 100 % y descargadas al 0 % perdían un 20-25 % de capacidad tras 300 ciclos. Las mismas celdas, limitadas a 30-80 %, apenas perdían un 5-7 % tras 1000 ciclos.
- Tesla recomienda en sus manuales mantener el Model 3 y Model Y en modo «carga diaria» al 80-90 % precisamente por esta razón (y solo llegar al 100 % antes de viajes largos).
- Apple introdujo desde iOS 13 la «Carga optimizada de batería» que mantiene el iPhone al 80 % la mayor parte del tiempo y completa al 100 % justo antes de que el usuario suela desconectarlo.
Aplicación práctica en la vida real
- Móviles y tabletas. Activa la carga optimizada (iOS) o «Proteger batería» (Samsung al 85 %, Pixel al 80 %). Usa apps como AccuBattery (Android) para limitar la carga al 80 % mediante alarmas o automatización con Tasker/MacroDroid.
- Portátiles. La mayoría de fabricantes (Dell, Lenovo, ASUS, MacBook) permiten limitar la carga máxima en sus utilidades (MyASUS, Lenovo Vantage, Dell Power Manager).
- Vehículos eléctricos. Configura el límite de carga diario al 80 % (Tesla, Hyundai/Kia, Porsche, etc.). Reserva el 100 % solo para viajes largos y evita dejar el coche enchufado al 100 % durante días.
Conclusión: La perfección es enemiga de la durabilidad. Cargar al 100 % no «romperá» tu batería de la noche a la mañana, pero cada vez que lo haces estás acelerando silenciosamente su envejecimiento. La regla del 30-80 % (o incluso 20-90 % si prefieres un margen más amplio) es la estrategia respaldada por la electroquímica moderna para maximizar ciclos de vida sin sacrificar una autonomía práctica excesiva.
En un mundo donde cambiamos de móvil cada dos o tres años quizá parezca irrelevante, pero para quien conserva su dispositivo cinco años o más, o para quien ha invertido decenas de miles de euros en un coche eléctrico cuya batería es el componente más caro, adoptar esta disciplina supone una diferencia de cientos (o miles) de euros a largo plazo.
La próxima vez que enchufes tu dispositivo, pregúntate: ¿necesito realmente ese 20 % extra ahora mismo, o estoy pagando con vida útil futura? La respuesta química es clara: quédate en la zona templada. Tu batería te lo agradecerá con años extra de servicio.
La ingeniería del presente y del futuro: Luciano Azpiazu Canivell nos habla de redes eléctricas, talento y la transformación de Bilbao,... En un país donde la tecnología avanza más rápido que la capacidad de regulación, donde la transición energética se discute a menudo desde el desconocimiento, escuchar la voz de un ingeniero con más de cuatro décadas de experiencia aporta una rara claridad.
La conversación con Luciano Azpiazu Canivell —ingeniero industrial formado en la Escuela Técnica Superior de Bilbao, profesor y profesional durante 40 años en Iberdrola Redes— es también un retrato generacional de quienes han sostenido silenciosamente el progreso energético y urbano de España.
Su historia familiar ya evoca la movilidad empresarial de otras épocas: abuelo catalán del sector textil, padre vasco, raíces que conectan la industria textil con la ingeniería eléctrica. Y a partir de ahí, la trayectoria de un profesional que ha sido testigo directo de la evolución del sistema eléctrico español y de los cambios profundos de Bilbao.
Azpiazu introduce una distinción fundamental: no todas las redes eléctricas sufren los mismos problemas. Las de muy alta tensión, gestionadas por Red Eléctrica, soportan la avalancha de peticiones de conexión de grandes plantas fotovoltaicas, eólicas o sistemas de almacenamiento. Las de media y baja tensión, que alimentan hogares, comercios e instituciones, presentan una situación más heterogénea: saturación en los centros urbanos —por el aumento de la demanda, climatización y peatonalización— y sobrantes de capacidad en zonas despobladas.
La paradoja es evidente: si pudiéramos trasladar demanda de las ciudades a Castilla, sobraría red, pero la necesidad está donde está la población, el tráfico y la actividad económica.
Cuando se habla de vehículo eléctrico, la ingeniería se impone al entusiasmo. Azpiazu lo explica con claridad pedagógica: una comunidad de vecinos de 14 plantas puede funcionar con un único transformador, pero una sola carga rápida de un coche necesita otro transformador equivalente. Y aun así, no todos los vecinos tendrán coche eléctrico ni lo cargarán simultáneamente, lo que introduce factores de simultaneidad que suavizan el problema.
¿Será el coche eléctrico de baterías el dominante en el futuro? El ingeniero es escéptico. Prevén un camino intermedio:
Estamos —dice— en una transición dentro de la transición: la tecnología definitiva aún no está definida.
Uno de los pasajes más contundentes es la crítica a los opinadores sin rigor técnico. Los “todólogos” que, ante una crisis como un apagón, hablan de grid forming sin que aún exista en operación real, o reclaman duplicar redes sin asumir los años de trámites necesarios para construirlas. Azpiazu recuerda un caso ilustrativo: un presidente de una gran compañía eléctrica pedía suministro a su finca… pero él mismo bloqueaba los permisos para la línea que debía alimentarla.
Su propuesta es provocadora pero argumentada: en ciertos asuntos, el voto de un profesional debería pesar más que el de un aficionado. No todas las opiniones son equivalentes cuando se discute cirugía, redes eléctricas o ingeniería civil.
Pocas ciudades simbolizan la transformación moderna como Bilbao. Y Azpiazu recuerda que el cambio no fue espontáneo ni mágico: detrás estaban la tenacidad de dos ingenieros —uno de Caminos y otro Industrial— que impulsaron la regeneración de Abandoibarra y facilitaron la llegada del Museo Guggenheim Bilbao. El metro, el tranvía y la limpieza de la ría completaron un proceso que convirtió una ciudad industrial oscura en un referente urbanístico europeo.
Los ingenieros no solo construyen infraestructuras: anticipan el futuro antes de que los demás lo vean.
Las escuelas de ingeniería españolas mantienen buen número de alumnos, pero afrontan desafíos: nuevas profesiones sin atribuciones, cambios en los planes académicos, incorporación de formación humanística y ética para preparar un mundo con inteligencia artificial. Las mujeres representan ya casi el 30% de las nuevas promociones, gracias a mejores condiciones de conciliación y a una visión más amplia de la profesión.
Pero persiste un problema sistémico: la fuga de talento. Muchos ingenieros jóvenes encuentran mejores condiciones en Alemania, Suiza o Reino Unido, y España debe esforzarse por retener y atraer talento si quiere mantener su avance tecnológico.
En definitiva, la conversación con Luciano Azpiazu es un recordatorio de que la ingeniería es una disciplina silenciosa, rigurosa y profundamente humana. De ella depende que las luces sigan encendidas, que las ciudades funcionen y que la transición energética sea algo más que un eslogan.
El ingeniero o la ingeniera del siglo XXI no puede ser un mero técnico: tiene que ser el RENACENTISTA DIGITAL.
— Mikel Agirregabiria (@agirregabiria) December 5, 2025
Luciano Azpiazu (presidente de los ingenieros industriales de España) lo clava: «Las redes están colapsadas, la transición energética es un caos… y aún educamos… pic.twitter.com/AO8XSqkSzC
En 1997 aparecimos en televisión no como expertos en Internet, sino como una rara avis de "usuario de Internet" . Dos décadas después, ya todos somos usuarios de Internet. En 2015 se creó AUVE, Asociación de Usuarios de Vehículos Eléctricos en España, de la que fui Presidente. Pronto todos los conductores seremos usuarios de VE (BEV), como en China lo son ya prácticamente todas las motos nuevas.
También podríamos crear una Asociación de Usuarios de Vehículos Autónomos, pero también sería de duración limitada porque finalmente todos lo serán. Puede sonar prematuro, pero el principal modo de transporte humano ya es autónomo y sostenible-eléctrico también,... El ascensor. Y es autónomo, a pesar de que se limite a niños de muy poca edad o fuera protegido en algún tiempo y lugar para proteger un empleo ya desaparecido, las y los ascensoristas.
La formulación recuerda a otras preguntas que hicieron historia. A finales del XIX, cuando la electricidad comenzaba a encender escaparates, hubo quien preguntó si llegaría a todos los hogares. Antes, cuando el ferrocarril unió territorios que se consideraban casi míticos, algunos dudaron de que la gente común necesitara semejante prodigio. Y cuando Internet apareció en escena, muchos pensaron que solamente sería útil para académicos, informáticos y quizá algún aventurero curioso. Hoy sabemos la respuesta. La historia de la tecnología, además de obstinada, es una gran aficionada a la ubicuidad y al usuario universal.
Tecnologías que no se eligen. Las tecnologías verdaderamente transformadoras nunca se adoptan: se infiltran. Como escribió Calvino, “las ciudades se revelan en la manera en que se habitan”; también las tecnologías se revelan en la manera en que dejamos que nos acompañen, a veces sin advertirlo. Del mismo modo que nunca decidimos “usar electricidad” —simplemente vivimos en ella—, tampoco decidimos “usar IA”: nos deslizamos hacia ese uso con la misma naturalidad con la que el teléfono clasifica nuestras fotos o el coche autónomo interpreta nuestro sueño al volante.
A menudo, la innovación se vuelve cotidiana a través de gestos mínimos: el mensaje autocompletado, la traducción instantánea, el asistente que nos recuerda un cumpleaños que juraríamos haber apuntado. Nada escandaloso, nada heroico. Y, sin embargo, decisivo.
Analogías históricas para un presente desconcertante. Es útil mirar atrás para comprender la serenidad que exige el futuro. La imprenta no acabó con la palabra manuscrita, pero la transformó. El ferrocarril no destruyó los caminos, pero les cambió el ritmo. La televisión no hizo desaparecer la radio, pero la obligó a renovarse. Internet no sustituyó la conversación, pero la desplazó a nuevas plazas.
La IA parece llamada a ocupar el mismo tipo de lugar: no vendrá a quitarnos la inteligencia, sino a obligarnos a preguntarnos qué hacemos con la nuestra. Como advertía Borges al imaginar su universo infinito, “cada acto supone un infinito de consecuencias”. También aquí.
Una herramienta que obliga a repensarse. La Inteligencia Artificial (IA / AI) según Andrew Ng (otros posts) es la nueva "electricidad". Llegará, si es que no ha llegado, a todo el mundo, a todas partes y a todas las personas, Es legítimo temer que la IA nos distraiga o nos haga delegar demasiado. La tentación de ceder tareas —y quizás decisiones— a una máquina que siempre parece disponible es grande. Pero es un temor, en cierto modo, antiguo.
Los griegos sospechaban del alfabeto porque permitiría recordar sin memoria; los sabios de otras épocas desconfiaron de la imprenta porque “banalizaría” el conocimiento. La historia no confirma esos temores, pero sí revalida algo más sutil: cada salto tecnológico nos obliga a redefinir nuestro papel. A preguntarnos qué queda de nosotros una vez que delegamos.
Sin embargo, la pregunta relevante para este tiempo convulso quizá no sea esa. No es si utilizaremos la IA, sino en qué medida la IA estructurará lo que hacemos, lo que elegimos, lo que entendemos como posible. Porque toda herramienta profunda transforma en silencio a quien la emplea. Y en este caso, la frontera puede resultar difusa. Al final, la cuestión quizá no sea si todos seremos usuarios de la IA… …sino si será la IA quien nos utilice a nosotros. Esta es la alternativa que hemos de dilucidar: ¿ IA para todos… o todos para la IA?
¿Todos seremos usuarios de la IA? La historia sugiere que sí: nadie eligió la imprenta, la electricidad o Internet… simplemente se volvieron inevitables. Pero la pregunta verdaderamente contemporánea no es esa. https://t.co/18OLVrYQXs No es si usaremos la IA, sino cómo cambiará… pic.twitter.com/1qUbC2fJ8C
— Mikel Agirregabiria (@agirregabiria) November 23, 2025


Atención con el Seguro #AXA @AXASegurosEs: Con el siniestro número 9704400387 nuestro #Tesla Model 3 que fue recogido en Alicante para ir al Service Center de Valencia, lleva 6 días bajo el sol de… Murcia en un depósito temporal. Y dicen que tardarán otros 3 días en… pic.twitter.com/JYKS5f1BAa
— Mikel Agirregabiria (@agirregabiria) July 14, 2025
Finalmente, @AXASegurosEs, hoy miércoles 16-7-27 a las 10.00 am tras 10 días naturales (8 días laborables) ha transportado nuestro TESLA al Service Center de Valencia. Inmediatamente, se han puesto a repararlo de esa avería interna. #AXA, 0 - #TESLA, 10.
— Mikel Agirregabiria (@agirregabiria) July 16, 2025
La gestión de AXA… pic.twitter.com/nZJLHdvy8f
Estimados amigos del Service Center #Tesla de la Eliana #Valencia (CC @Tesla @ElonMusk): Después de 13 días sin nuestro Model 3 de 2019, culpa de @AxaSegurosEs fundamentalmente, en unas horas emprenderemos un viaje en taxi de 250 km, casi 3 horas y 350€ para recoger nuestro… pic.twitter.com/ZnZ6UaIsks
— Mikel Agirregabiria (@agirregabiria) July 17, 2025