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La doctrina del shock: Mecanismo de dominación global

Hoy hemos de analizar la vigencia de la nada reciente pero vigente obra "La doctrina del shock: El auge del capitalismo del desastrede Naomi Klein. Un libro que, aunque se publicó originalmente en 2007, parece haber sido escrito para explicar los cataclismos del mundo en este 2026. Nos alerta sobre cómo la Crisis es el Modelo de Negocio y del Saqueo Programado

La Cronista de las Grietas del Sistema. Naomi Klein (Montreal, 1970) no es solo una periodista; es una de las intelectuales públicas más influyentes de nuestra era. Surgida del activismo antiglobalización con su aclamado No Logo, Klein ha dedicado su carrera a cartografiar las intersecciones entre el poder corporativo, el cambio climático y la política internacional.

Hija de una familia con un largo historial de activismo, su enfoque combina el rigor de la investigación periodística con una narrativa capaz de conectar puntos que, a simple vista, parecen inconexos. En un mundo saturado de información fragmentada, Klein se especializa en ofrecer "la imagen completa", esa que incomoda a los centros de poder.

La Doctrina del Shock: El Manual del Aprovechamiento del Caos. "La doctrina del shock" es una de las obras de no ficción más impactantes del siglo XXI. Su tesis central es tan audaz como perturbadora: las políticas económicas de libre mercado (neoliberalismo extremo) no han triunfado por el consenso democrático, sino a través de la explotación de desastres que dejan a la población en un estado de trauma o "shock".

El Ciclo del ShockKlein establece un paralelismo escalofriante entre los experimentos psiquiátricos de la CIA sobre el electroshock —diseñados para borrar la personalidad del paciente y "reescribirla"— y las políticas económicas promovidas por Milton Friedman y la Escuela de Chicago. Según Klein, cuando una sociedad sufre un shock (una guerra, un golpe de Estado, un desastre natural o una crisis financiera), entra en un estado de regresión infantil y desorientación. Es en ese preciso momento cuando los gobiernos y las corporaciones imponen medidas de privatización y recortes que, en condiciones normales, serían rechazadas unánimemente.

Casos de Estudio. El libro nos lleva por un viaje histórico devastador: Chile (1973): El golpe de Pinochet como el laboratorio original de la Escuela de Chicago. Rusia (años 90): La "terapia de choque" tras la caída de la URSS que creó la clase oligárquica. Nueva Orleans (2005): Cómo el huracán Katrina fue la excusa perfecta para desmantelar el sistema escolar público y privatizar la vivienda. La IA y la automatización están siendo presentadas como el "próximo shock" laboral para finales de 2026

Klein argumenta que el capitalismo no espera a que las crisis pasen; las utiliza como su principal motor de expansión. El "capitalismo de desastre" es, en esencia, un sistema que se alimenta de la vulnerabilidad colectiva.

Citas para la reflexión: "Sólo una crisis —real o percibida— da lugar a un cambio verdadero. Cuando esa crisis ocurre, las acciones que se emprenden dependen de las ideas que flotan en el ambiente." "La doctrina del shock es la estrategia política de utilizar las crisis a gran escala para impulsar políticas que sistemáticamente profundizan la desigualdad y enriquecen a las élites." "El libre mercado no se extiende mediante la libertad, sino mediante la fuerza y el aprovechamiento de los traumas sociales."

Conclusión: La Vigilancia como AntídotoHoy, en 2026, tras haber superado nuevas crisis globales de salud y tecnología, el análisis de Klein sigue siendo una herramienta de autodefensa intelectual. Comprender la mecánica del shock es el primer paso para no quedar paralizados cuando la próxima sacudida golpee el tablero. La educación y la memoria histórica son, en última instancia, los únicos "pararrayos" efectivos contra el capitalismo de desastre.

@ghospectralone la doctrina del shock explicada por Don José Luis Sampredro #miedo #doctrinadelshock #sampedro #spanishrevolution ♬ sonido original - ghospectral dobleH 🎤🎶

Síndrome 1933: La fragilidad de la democracia según la historia

El “Síndrome 1933” es un concepto formulado por el corresponsal Siegmund Ginzberg para explicar un patrón recurrente en la historia contemporánea: el modo en que sociedades democráticas, saturadas de tensiones internas, crisis económicas y desconfianza en las instituciones, pueden deslizarse de forma gradual hacia formas autoritarias sin que la mayoría sea plenamente consciente de ello.

El término toma como referencia el año 1933 en Alemania, cuando Adolf Hitler fue nombrado canciller y el régimen nazi inició su consolidación política, no a través de un golpe inmediato y violento, sino mediante procesos legales, normalización del discurso de odio y aceptación social progresiva.

Siegmund Ginzberg (Estambul, 1948) es un pensador y periodista italiano de origen judío, cercano durante décadas al análisis político y cultural europeo. Colaborador habitual en medios italianos como La Repubblica y revistas de pensamiento crítico, Ginzberg ha trabajado especialmente en temas vinculados al totalitarismo, la memoria histórica y los mecanismos discursivos que permiten el ascenso de líderes carismáticos con discursos simplificadores y polarizantes. Sus ensayos suelen combinar análisis histórico riguroso con reflexión filosófica y sociológica, destacando la necesidad de leer el presente con la prudencia que otorga la comparación con el pasado.

El “Síndrome 1933” no pretende equiparar directamente las democracias actuales con el Tercer Reich, sino advertir sobre la fragilidad de las instituciones democráticas cuando la desafección ciudadana crece y la cultura política se deteriora. Ginzberg sostiene que la erosión de la democracia no suele ser súbita y espectacular, sino gradual, difusa y, en apariencia, legal. Los síntomas se manifiestan en varios niveles:

  1. Deslegitimación de las instituciones. La población empieza a percibir al parlamento, los medios, la judicatura y los partidos como parte de una misma élite desconectada y corrupta. Surge la noción de “ellos” contra “nosotros”.

  2. Simplificación del discurso público. Se imponen relatos binarios, identitarios, emocionales. Las explicaciones complejas se consideran sospechosas; la reflexión, signo de debilidad.

  3. Normalización de la exclusión. Se aceptan discursos que señalan colectivos como responsables únicos de las crisis. Se legitima la hostilidad, la burla y la deshumanización.

  4. Delegación voluntaria de poder. Sectores amplios de la sociedad aceptan líderes “fuertes” en nombre de la eficacia. La libertad se percibe como un lujo frente al orden.

  5. Aceptación progresiva de la excepcionalidad. Medidas extraordinarias se hacen rutinarias; restricciones temporales se vuelven permanentes.

El año 1933 encarna este proceso no como un hecho aislado, sino como el punto en el que la acumulación de tensiones previas cristaliza en un giro irreversible. Ginzberg enfatiza que aquel deslizamiento fue posible gracias a complicidades civiles, burocráticas y culturales. No se trató únicamente de la voluntad de los líderes nazis, sino de una sociedad que, en su conjunto, toleró, miró hacia otro lado o incluso celebró la erosión de derechos, al creer que se estaba recuperando estabilidad.

La relevancia histórica del “Síndrome 1933” reside en que ofrece una lectura estructural aplicable a múltiples contextos actuales. En distintos países se observan dinámicas inquietantemente similares: polarización extrema, desinformación viralizada en redes, descrédito de los saberes expertos, rechazo al pluralismo y ascenso de discursos “salvadores”. Ginzberg no señala equivalencias mecánicas, sino paralelismos funcionales: lo peligroso no es la repetición exacta del pasado, sino la repetición de sus mecanismos psicológicos y sociales.

Para el ámbito educativo, invita a reforzar la enseñanza crítica de la historia. Para la vida pública, exige una cultura compartida de responsabilidad cívica.

Ginzberg advierte que la mayor amenaza no proviene de líderes autoritarios aislados, sino de la pasividad o resignación colectiva, no como repertorio de fechas, sino como comprensión de procesos y estructuras. Para el ámbito político y social, implica recordar que la democracia no se sostiene únicamente mediante constituciones y leyes, sino como cultura compartida de responsabilidad cívica, debate informado y respeto mutuo

La pregunta decisiva no es si podría repetirse “otro 1933”, sino si estamos atentos a los indicios antes de que sea demasiado tarde.


No confundir con el "Síndrome 333", relativo a la mediocridad institucionalizada, en un momento histórico donde la competencia técnica parece cada vez más prescindible en las esferas del poder. También conocido como "Síndrome BIC", un término atribuido a William Dahmer que significa Burocracia, Incompetencia y Corrupción.  Esta teoría disecciona uno de los males endémicos de nuestras democracias: la proliferación de la mediocridad en los puestos de responsabilidad.

La fórmula del fracaso: ⅓, ⅓, ⅓. El Síndrome 333 sostiene que en cualquier organización o institución aquejada de este mal, aproximadamente un tercio de sus miembros son incompetentes para el cargo que ocupan; otro tercio son corruptos o éticamente cuestionables; y el tercio restante, aunque potencialmente válido, se encuentra paralizado por los dos anteriores, incapaz de implementar cambios significativos.

Esta distribución no es casual ni accidental. Responde a mecanismos de selección perversos donde la lealtad sustituye al mérito, la obediencia a la iniciativa, y el clientelismo al talento. El resultado es una espiral descendente en la que cada generación de dirigentes es ligeramente inferior a la anterior, estableciendo estándares cada vez más bajos que facilitan la entrada de nuevos mediocres.

Mecanismos de perpetuación. Lo verdaderamente insidioso del Síndrome 333 radica en su capacidad de autorreforzamiento. Los incompetentes temen a los competentes, por lo que sistemáticamente bloquean su ascenso. Los corruptos necesitan incompetentes que no detecten sus maniobras. Y el tercio válido, atrapado en esta dinámica, debe elegir entre la frustración permanente o la adaptación al sistema, perdiendo progresivamente su capacidad transformadora.

El Síndrome 333 nos recuerda que la calidad de nuestras instituciones no se deteriora por accidente, sino por procesos sistemáticos que, una vez identificados, exigen respuestas igualmente sistemáticas. La pregunta que sigue resonando es: ¿Estamos dispuestos a mirarnos en ese espejo?

La estupidez de la gente culta: Lecciones para la educación

La obra «La estupidez de la gente culta» recopila los artículos periodísticos que Chesterton escribió en el año 1912 para varias publicaciones, siendo este tomo el séptimo de una serie de recopilaciones de sus escritos de prensa.  El título en español, «La estupidez de la gente culta», da a entender un choque de ideas: no se trata de atacar la cultura en sí, sino de advertir los riesgos de lo que se considera “culto” o “educado” cuando pierde el sentido de lo humano, ético o práctico.

El contexto: 1912 es el año del hundimiento del Hundimiento del Titanic, del escándalo Marconi en el Parlamento británico, del setenta aniversario de la revista The Illustrated London News (para la que Chesterton escribía) y de la fundación de la compañía teatral   The Players’ Club por el autor. 

Los artículos abordan temas tan variados como la crítica de la moda intelectual de la época, la enseñanza, la política, el papel del periodismo, la religión, la educación de las masas, la “gente culta” que quizá presume de saber pero carece de juicio, y la necesidad de una sabiduría que no sea sólo académica. El tono es ágil, sardónico, divertido muchas veces, pero también serio cuando apunta a lo que considera una decadencia moral o cultural.

Por ejemplo, uno de los ejes es la idea de que la cultura o la educación no garantizan el sentido común, la virtud o el buen juicio. Que una “gente culta” sin raíces, sin humildad, sin conexión con lo real, puede caer en la estupidez —en la vulgaridad intelectual, en la arrogancia. Esa es la provocación del autor.

Otra línea es la defensa de lo cotidiano, de lo popular, de la sabiduría común frente al elitismo o al esnobismo. Chesterton recuerda que los “expertos” no deben convertirse en sacerdotes de la verdad sin cuestionamiento.

Este libro permite al lector adentrarse en la faceta periodística de Chesterton, menos conocida quizá que sus novelas, pero igualmente reveladora de su personalidad literaria: humor, paradoja, crítica social, ironía ética. Además, muestra cómo pensaba en aquel momento sobre cultura, educación, medios de comunicación y sociedad. Aun siendo textos de 1912, muchas de sus observaciones tienen vigencia para la educación, la prensa y la reflexión sobre el saber.

Siguen tres citas extraídas del autor que ilustran bien su pensamiento (y que sirven como complemento al volumen, disponible también en Google Books):

  • "Sin educación, estamos en un horrible y mortal peligro de tomar en serio a las personas educadas."
  • "El momento en que los hombres comienzan a preocuparse más por la educación que por la religión, comienzan a preocuparse más por la ambición que por la educación... La educación tiende a ser un reflector que se centra enteramente en sí mismo."
  • "La democracia significa gobierno por los no educados, mientras que la aristocracia significa gobierno por los mal educados."

  • Estas frases condensan la reflexión de Chesterton: no se trata de rechazar la educación ni la cultura, sino de advertir que hay formas de “ser culto” que pueden volverse vacías, arrogantes o desconectadas de lo humano. De qué sirve saber mucho si no se entiende lo humano: Es el mensaje de Chesterton contra la vanidad intelectual.

    G. K. Chesterton (Gilbert Keith Chesterton, véase en otros muchos posts) nació el 29 de mayo de 1874 en Londres y falleció el 14 de junio de 1936 en Beaconsfield, Buckinghamshire.  Fue un escritor muy prolífico: ensayista, novelista, crítico literario, periodista y apologista cristiano.  Su educación incluyó estudios artísticos en la Slade School y literatura en University College London

    Chesterton desarrolló un estilo distintivo, lleno de paradojas, humor, ironía inteligente y una defensa de lo que él consideraba “el sentido común” frente a modas intelectuales o filosofías de su tiempo.  Inicialmente se identificó con el anglicanismo, pero en 1922 se convirtió plenamente al catolicismo, lo cual marcó profundamente su obra posterior. 

    Entre sus obras más conocidas figuran la novela The Man Who Was Thursday (1908), la serie de relatos del sacerdote-detective Father Brown y los ensayos Orthodoxy (1908) y The Everlasting Man (1925). Su importancia literaria radica también en su capacidad para combinar lo cotidiano y lo filosófico, lo humorístico y lo serio, y para cuestionar la “sabiduría establecida” con una mirada fresca. Por todo ello, muchos lo han llamado “el príncipe de la paradoja”. 

    Joan Didion: cómo escribir cuando todo se desmorona

    Como prometimos recientemente hoy escribimos un homenaje a Joan Didion (1934–2021). Fue una de las grandes maestras de la prosa norteamericana del siglo XX y comienzos del XXI. Nacida en Sacramento, California, creció en un ambiente marcado por las tradiciones pioneras y la luz implacable del Oeste americano, un paisaje moral y físico que impregnó gran parte de su obra.

    Precoz escritora desde los cinco años, fue Licenciada en la Universidad de California, Berkeley. Joan Didion comenzó su carrera como redactora en Vogue en los años sesenta. Fue allí donde perfeccionó un estilo único, preciso como un bisturí, capaz de diseccionar con fría lucidez las tensiones y fracturas de la cultura estadounidense.

    Periodista, ensayista, novelista y memorialista, Didion destacó como figura señera del nuevo periodismo, ese movimiento que rompió las fronteras entre el reportaje, la crónica y la literatura. Su escritura combina una mirada casi clínica con una sensibilidad doliente, revelando las grietas bajo la superficie del sueño americano.

    Joan Didion fue también testigo lúcida y desgarrada de la dimensión más íntima del dolor. En sus libros de memorias, abordó sin concesiones la experiencia del duelo, el amor conyugal y la fragilidad de la vida, conquistando a nuevas generaciones de lectores con su honestidad brutal y su belleza implacable. Falleció en 2021 en Nueva York, dejando una obra que sigue iluminando las sombras de nuestra época.

    Las Principales obras de Joan Didion según formatos de periodismo, memoria y ficción.

    ✒️ Ensayo y crónica. 

    • Slouching Towards Bethlehem (1968). Una colección seminal del nuevo periodismo: retratos implacables de la contracultura californiana y el desmoronamiento de los valores tradicionales.
    • The White Album (1979). Ensayos emblemáticos sobre el caos de finales de los años 60 y 70 en EE. UU., desde los asesinatos de Manson hasta las grietas en la psique colectiva.
    • After Henry (1992). Una colección que confirma su mirada crítica y melancólica sobre la cultura y la política americanas.
    • Political Fictions (2001). Análisis agudo de la política estadounidense, desnudando sus ficciones y rituales vacíos.
    • South and West (2017, póstumo en parte). Fragmentos de cuadernos que revelan su investigación sobre el Sur profundo y la California rural.

    ✍️ Memorias.

    • The Year of Magical Thinking (2005). Ganadora del National Book Award. Un relato inolvidable sobre el duelo tras la muerte súbita de su esposo, el escritor John Gregory Dunne. Una exploración sobre el dolor, la memoria y la obstinación de la esperanza. 
    • Blue Nights (2011). Un texto aún más íntimo y desgarrador, centrado en la muerte de su hija adoptiva, Quintana Roo. Reflexión sobre la maternidad, la pérdida y la fragilidad de la propia vejez.

    📖 Novela.

    • Run River (1963). Su debut novelístico: un oscuro retrato del legado familiar y la violencia soterrada en el valle de Sacramento. 
    • Play It As It Lays (1970). Considerada su obra maestra de ficción: el vacío moral de Hollywood, el nihilismo elegante de una actriz rota, y la belleza mortal del desierto californiano. 
    • A Book of Common Prayer (1977). Una novela política y existencial ambientada en un país ficticio de Centroamérica, con mujeres atrapadas en el caos.
    • Democracy (1984). Ambiciosa y elusiva, explora la política internacional y las intrigas personales en el Pacífico.
    • The Last Thing He Wanted (1996). Thriller político que anticipa con fría ironía el escándalo Irán-Contra.

    Joan Didion no fue solo una gran cronista de su tiempo. Fue, ante todo, una exploradora de la incertidumbre, de la fragilidad humana ante la muerte, el amor, la política y el mito del progreso. Su estilo —económico, luminoso y devastador— transformó el periodismo y la narrativa contemporánea. Su obra sigue siendo un espejo incómodo pero necesario, que nos obliga a mirar de frente el coste de nuestras ficciones colectivas y personales. ‘El agua estaba quieta y no sabíamos nadar’: el legado de Joan Didion, anatomista del colapso”

    ¿Puede aún la educación salvarnos del fascismo?

    Vivimos un momento histórico inquietante. Por todo el mundo surgen movimientos ultranacionalistas y autoritarios que, sin remedar del todo los uniformes del siglo XX, retoman su retórica: odio al diferente, desprecio por el pluralismo, culto al líder mesiánico y autócrata. A este resurgir del fascismo —llamémoslo “neofascismo o tecnofeudalismo” — se le suma hoy un aliado inesperado y poderoso, la tecnología.

    Las redes sociales se han convertido en cámaras de eco que refuerzan prejuicios y polarizan a la sociedad. Algoritmos opacos privilegian el contenido más emocional y divisivo. Herramientas de microtargeting permiten manipular a votantes con una precisión nunca vista, como reveló el escándalo de Cambridge Analytica. Y la desinformación, desde memes hasta deepfakes, erosiona la confianza en la idea misma de verdad.

    Frente a este panorama, la pregunta es tan urgente como incómoda: ¿Está la educación a tiempo de evitar que nuestra democracia se hunda en un futuro despótico? Creo que la respuesta es sí, pero con condiciones.

    Porque la educación sigue siendo, pese a todo, la mejor herramienta para combatir el dogmatismo y la manipulación. Puede (y debe) cultivar el pensamiento crítico, la alfabetización mediática, la empatía y el compromiso cívico. Pero la escuela actual a menudo se muestra rezagada: curricula rígidos, falta de formación docente en competencias digitales, poca discusión sobre ética tecnológica o historia del fascismo.

    El filósofo Jason Stanley advierte en How Fascism Works (2018) que las democracias no se destruyen de la noche a la mañana, sino mediante la normalización del odio y el desprecio por la verdad. La educación puede detener este proceso, pero solamente si se transforma para estar a la altura del reto.

    Hoy necesitamos enseñar a detectar falacias y narrativas manipuladoras con el mismo empeño con que enseñamos álgebra o gramática. Debemos formar a los estudiantes para que cuestionen el poder y se enfrenten a la desinformación con criterio y evidencia. Necesitamos docentes preparados para discutir de forma abierta y honesta temas difíciles, desde la historia de los totalitarismos hasta la ética de los algoritmos.

    Pero no basta con reformar los contenidos: hace falta también un cambio en la forma de enseñar. Promover el debate, el trabajo colaborativo, el respeto por la diversidad de opiniones. Crear espacios donde el error sea parte del aprendizaje y no un estigma. En definitiva, construir ciudadanía democrática desde la escuela.

    No es una tarea sencilla ni rápida. Pero hay ejemplos esperanzadores: Finlandia ha incorporado la alfabetización mediática contra la desinformación en todas sus etapas educativas. Organismos como la UNESCO o el Consejo de Europa han propuesto marcos de competencias cívicas para reforzar la resiliencia democrática.

    Claro está, no podemos cargar todo el peso de la solución únicamente en la escuela. El periodismo también necesita mucha innovación para cumplir su función. Hace falta también una regulación democrática de las plataformas tecnológicas, que hoy operan con una lógica puramente comercial, premiando el contenido polarizante porque genera más clics. Hace falta una alianza entre estados, educadores y sociedad civil para construir un ecosistema informativo más sano.

    Porque la amenaza de un nuevo fascismo no se presenta con botas militares, sino con memes virales, discursos seductores y una retórica de odio cuidadosamente optimizada para captar nuestra atención. La educación está, todavía, a tiempo de evitarlo. Pero el reloj avanza. Y el tiempo, ahora, cuenta.

    Ojalá, al menos, nos asegurásemos que nuestros jóvenes al leído 1984 de Orwell,...
    Siguiente post con La era de del capitalismo de vigilancia.   

    "Europa: ¿Un continente derrotado?", debate en Kazetariak

    Nos ha gustado este debate organizado por la Asociación y Colegio de Periodistas de Euskadi. Presenta y modera: Eva Domaika, periodista de Cadena SER. Participantes por orden de intervención: José Antonio Zorrilla Álvarez, diplomático retirado, escritor, articulista y conferenciante en temas relacionados con la ciencia política, la política internacional y la diplomacia. Ruth Ferrero Turrión, doctora de Ciencia Política, Estudios Europeos y Relaciones Internacionales en la Universidad Complutense de Madrid. Investigadora en el Instituto Complutense de Estudios Internacionales y del Grupo de Investigación de Migraciones Internacionales. Jesús A. Núñez Villaverde, Codirector del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH). Economista y militar (retirado), experto en relaciones internacionales, seguridad internacional, construcción de la paz y prevención de conflictos. Ha sido profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad Pontificia Comillas y miembro del International Institute for Strategic Studies. Colaborador habitual en diferentes medios de comunicación.

    De los 195 países que hay en el mundo, 50 de ellos pertenecen a Europa, uno de los seis continentes existentes y el segundo más pequeño, más reducido de tamaño a nivel territorial. El viejo continente no levanta cabeza. Está en apuros, incendiado por conflictos dentro y fuera de sus fronteras. Europa se encuentra en una encrucijada compleja que amenaza la convivencia, el espíritu y los valores que impulsaron la creación y puesta en marcha de todo el andamiaje institucional de la UE. 

    De representar un proyecto ilusionante, la casa común y segura, el “campamento base” para toda la ciudadanía europea, Europa en general y los 27 países que integran la UE en particular, ha pasado al colapso demográfico, al estancamiento económico, al caos político y a una endeble posición geoestratégica e irrelevante liderazgo y protagonismo en el nuevo orden mundial definido por las grandes potencias económicas, tecnológicas y armamentísticas (EE.UU., Rusia y China). A este diagnóstico de crisis y preocupante debilidad se suma la desafección política de sus ciudadanos y la inexistencia de élites y líderes capaces de generar confianza y seguridad. Todo lo cual nos lleva a plantear esta mesa redonda para hacernos la pregunta de si, en el actual Marco geoestratégico, de cambio de paradigma, Europa debe darse por derrotada, o si será capaz, una vez más, de resurgir de sus cenizas. 

    Todo esto nos recuerda el libro "La derrota de Occidente" de Emmanuel Todd.

    Saberlo todo y no hacer nada: el crimen del siglo

    Algunas obras ganan peso con el paso de la historia. En "El conocimiento inútil" (La Connaissance inutile, de 1988), el filósofo y periodista francés Jean-François Revel examinó la paradoja de que, a pesar de vivir en una era de acceso sin precedentes a la información y al conocimiento, estos rara vez conducen a decisiones racionales o justas en política, economía o sociedad. Revel planteó que el conocimiento, aunque disponible, a menudo no se utiliza para actuar con eficacia, especialmente cuando contradice intereses ideológicos, prejuicios o dogmas.

    El título alude a esa “inutilidad del conocimiento” cuando no se traduce en acción o se ignora deliberadamente. Revel denuncia la manipulación mediática, la negación de hechos evidentes (como los crímenes del comunismo), y critica tanto a la derecha como a la izquierda por cerrar los ojos ante verdades incómodas. Para él, la libertad solo puede sostenerse cuando se respeta la verdad y se enfrenta la realidad sin tapujos. 

    Algunas de las ideas principales de este "viejo" libro: 

    Saber no basta: lo crucial es actuar conforme al conocimiento. Los medios y la intelectualidad muchas veces distorsionan o silencian hechos incómodos. La ideología puede ser más poderosa que la evidencia. La democracia requiere de ciudadanos informados y comprometidos con la verdad.

    Jean-François Revel (1924–2006) fue un influyente filósofo, ensayista y periodista francés, miembro de la Academia Francesa. Crítico del totalitarismo y del dogmatismo ideológico, Revel fue una de las voces más lúcidas del liberalismo intelectual en Francia durante el siglo XX. Su obra se caracteriza por la defensa de la libertad, la democracia y la racionalidad, y por su denuncia de los peligros del relativismo y la manipulación ideológica.

    Otras obras destacadas suyas incluyen Ni Marx ni Jesús, La tentación totalitaria y Cómo terminan las democracias

    El paso del tiempo ratifica y exacerba toda su previsión: La verdad no importa: manual del autoengaño moderno”. Podríamos titularlo con variantes tipo “El conocimiento es poder… desperdiciado”, o “La era de la información inútil: cómo nos rendimos a la mentira”, o la “Inteligencia sin coraje: la cobardía de las élites”, o finalmente Sabemos la verdad, pero preferimos la ficción”.