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La niña del pelo rojo, una revolución pendiente que Chesterton propuso en 1910

La niña del pelo rojo, una revolución pendiente que Chesterton propuso en 1910
Con el pelo rojo de una golfilla del arroyo prenderé fuego a toda la civilización moderna. Porque una niña debe tener el pelo largo, debe tener el pelo limpio; porque debe tener el pelo limpio, no debe tener un hogar sucio; porque no debe tener un hogar sucio, debe tener una madre libre y disponible; porque debe tener una madre libre, no debe tener un terrateniente usurero; porque no debe haber un terrateniente usurero, debe haber una redistribución de la propiedad; porque debe haber una redistribución de la propiedad, debe haber una revolución. La pequeña golfilla de pelo rojo dorado, a la que acabo de ver pasar junto a mi casa, no debe ser afeitada, ni lisiada, ni alterada; su pelo no debe ser cortado como el de un convicto; todos los reinos de la tierra deben ser destrozados y mutilados para servirla a ella. Ella es la imagen humana y sagrada; a su alrededor, la trama social debe oscilar, romperse y caer; los pilares de la sociedad vacilarán y los tejados más antiguos se desplomarán, pero no habrá de dañarse ni un pelo de su cabeza.” 

Leedlo despacio, palabra a palabra, aprender de memoria este párrafo sublime del final de "Lo que está mal en el mundo" (texto íntegro en este PDF o en Proyecto Gutenberg). Es una admirable parábola del gran escritor, periodista, polemista, e intelectual católico Gilbert Keith Chesterton.

Aunque basta lo anterior para sublevarse cada año nuevo por las injusticias vigentes, contextualizamos esta obra de hace 110 años que conduce hasta esta potente metáfora última: Todo niña debe tener el pelo limpio y vivir feliz, y debe ser removido todo lo que lo impida

Se alude a una ley promulgada en aquel periodo en el Reino Unido según la cual, para evitar las epidemias de piojos en los barrios pobres, los niños de la clase obrera deberían llevar las cabezas rapadas. Los pobres, escribe Chesterton, se encuentran tan presionados desde arriba, en submundos de miseria tan apestosos y sofocantes, que no se les debe permitir tener pelo, pues en su caso eso significa tener piojos. En consecuencia, los médicos sugieren suprimir el pelo. No parece habérseles ocurrido suprimir los piojos. Y es que sería largo y laborioso cortar las cabezas de los tiranos; es más fácil cortar el pelo de los esclavos. 
La niña del pelo rojo, una revolución pendiente que Chesterton propuso en 1910

En el razonamiento que hila la conclusión de este libro formidable, Chesterton sostiene que la lección de los piojos de los suburbios es que lo que está mal son los suburbios, no el pelo. Y dice una cosa verdaderamente sorprendente: sólo por medio de instituciones eternas como el pelo podemos someter a prueba instituciones pasajeras como los imperios.

Chesterton lleva todo el libro pensando un punto de partida sobre el que construir todo un orden social, un mínimo más allá del cual no tiene sentido defender nada. Y comienza así el último párrafo del libro, el más bello que yo haya leído en mi vida sobre el tema de la revolución: hay que empezar por algún sitio y yo empiezo por el pelo de una niña. 

El orgullo que siente una buena madre por la belleza de su hija es excelso. Es una de esas ternuras que son inexorables y que son la piedra de toque de toda época y raza. Si hay otras cosas en su contra, hay que acabar con esas otras cosas. Si los terratenientes, las leyes y las ciencias están en su contra, habrá que acabar con los terratenientes, las leyes y las ciencias. Con el pelo rojo de una golfilla del arroyo prenderé fuego a toda la civilización moderna. Porque "una niña debe tener el pelo largo, debe tener el pelo limpio,..."  

El almirante flotante, obra colectiva de 14 escritores como Agatha Christie,...

El almirante flotante, obra colectiva de 14 escritores como Agatha Christie,...
Catorce miembros del prestigioso The London Detection Club, entre ellos autores de la talla de Agatha ChristieDorothy L. Sayers, G. K. Chesterton o Ronald A. Knox (teólogo y escritor que redactó el célebre decálogo de las novelas negras, que merece un post por sí solo), recibieron la propuesta de escribir una obra colectiva partiendo del planteamiento inicial de un caso criminal. Cada colaborador se enfrentó al misterio sin saber qué solución tenían en mente los autores precedentes y entregaron en un sobre cerrado su particular solución al crimen. 

Por primera vez en la historia, los creadores de Hercules Poirot, la Srta. Marple, lord Peter Wimsey y el padre Brown aplicaban conjuntamente su pericia al mismo caso. Así nació "El almirante flotante", considerada como una de las novelas clásicas del género policiaco.
El almirante flotante, obra colectiva de 14 escritores como Agatha Christie,...
Este magnífico grupo de autores y pioneros del club se inventaron un admirable juego: catorce de sus miembros escribirían una historia que «se aproximara lo máximo posible a un problema de investigación detectivesca real» y cada escritor iría añadiendo un capítulo a la novela desarrollando así la historia. La solución al caso ideada por cada uno de ellos, sería entregada en un sobre sellado y Chesterton sería el encargado de redactar el prólogo. Anthony Berkeley cerraría todos los cabos sueltos. "El almirante flotante" fue publicado en el año 1931.

Un breve resumen de presentación podría ser el siguiente: Un suboficial retirado de la Marina Real y aficionado a la pesca, en el momento en que está recogiendo los sedales lanzados el día anterior y se prepara para iniciar su nueva jornada de captura en el río Whyn y cercano a su casa, en la localidad de Lingham, verá como una pequeña barca sin remos y a la deriva, es arrastrada por la corriente. Pronto comprobará que la barca pertenece al párroco de la localidad y que dentro de la barca hay el cadáver de un hombre tumbado en el fondo. Recuperada la barca y poniendo sobre aviso a la policía, se constata que el fallecido es el almirante Penistone. Éste mostrará una herida profunda al haber sido apuñalado en el corazón.

El almirante flotante es un libro divertido e inteligente donde cada autor pondrá su imaginación en cada apartado y lo convertirá en una novela de enigma muy aguda. Aunque los capítulos son algo irregulares en calidad como puede suceder por ejemplo en un libro de relatos de varios autores, aquel lector amante de las novelas detectivescas y de los escritores de la Golden Age, deberá competir con catorce genios para intentar averiguar la solución al caso además de poder comprobar cuál es el estilo de redacción de cada uno. 

Los autores por orden de capítulos son: Victor L. Whitechurch, G. D. H y M. Cole, Henry Wade, Agatha Christie, John Rhode, Milward Kennedy, Dorothy L. SayersRonald A. Knox, Wills Crofts, Edgar Jepson, y Clemence Dane. Además, tendremos el prólogo de G. K. Chesterton y un capítulo final llamado “Aclarando el embrollo” de Anthony Berkeley.

La mera participación de la gran traductora y escritora Dorothy L. Sayers hace impagable este libro. También hay que leer con detenimiento su capítulo así como la solución de la autora sobre El almirante flotante, una de las más extensas y, en mi opinión, tanto la introducción, como su capítulo y la solución, lo mejor de todo este singular libro. Un juego de unos autores que podemos tener la suerte de conocer y de leer en una novela única.
El almirante flotante, obra completa en PDF para leer o descargar.

La infancia es un país completo…

Algunos de mis primos y yo. ©Mikel AgirregabiriaLa propia infancia es un país, o, al menos, debiera serlo; lástima que, al crecer, perdamos la nacionalidad...

Los años de la niñez son para cada uno de nosotros los tiempos más fabulosos de la historia. He vivido intensa y constantemente en el recuerdo de mi propia infancia, siempre presente en mi alma. Con el transcurrir de los años, he llegado a tres conclusiones, que quisiera compartir con los supuestos lectores que en algún sitio pudieran aparecer.

1ª) La propia infancia es un país plagado de difuntos presentes. La mayoría de los personajes con los que convivimos en nuestra niñez han ido desapareciendo gradualmente. Mis bisabuelos Isabel y Pedro, mis abuelos, mis padres, y otros muchos de quienes más aprendí habitan ya entre las estrellas del cielo. El peso de los grandes protagonistas infantiles persiste en nuestra memoria, tanto más vigentes cuanto más etéreos.

2º) La propia infancia es un país cargado de vivencias. Las experiencias más significativas y decisivas se producen en las edades más tempranas. Los sucesos se aceleran y atropellan en nuestros primeros años; a menudo, sin que puedan ser entendidos en su momento por quienes los vivimos y los aceptamos como inevitables. Esas vivencias moldean crucialmente nuestro espíritu.

3º) La propia infancia es un país rebosante de claves. La vida paulatinamente nos descubre las soluciones que explican lo que nos asombró durante la inocencia de nuestra niñez. La existencia va adquiriendo su significado progresivamente. El descubrimiento de los secretos y la magia del aprendizaje son máximos en las etapas incipientes; luego el escepticismo y, lo que es peor, la indiferencia se van apropiando de nosotros.

Por todo ello, muchos reivindicamos el retorno a los valores de la infancia, a los hallazgos propios de la niñez. No es nuevo el mensaje de la infancia como la patria común de todos los mortales. Antoine de Saint-Exupery señaló que “la infancia es la patria de todos los hombres”. Más matizadamente, Georges Bataille apuntaba que “la literatura es la infancia al fin recuperada”.

Otra conclusión también se deriva: La trascendencia de la educación infantil y primaria. Y necesariamente a través de educadores que coincidan con el pedagogo suizo Edouard Claparede, cuando sentenció que “todo el sentido que se da a la educación depende del significado que cada uno atribuya a la infancia”. De ahí la necesidad de que todos los adultos, pero especialmente quienes somos padres o educadores, interpretemos debidamente la etapa de la infancia. Con la misma atribución que otorgamos a nuestra propia niñez, desde la percepción más personal.

Sólo así descubriremos que la razón última es que “la infancia es un país repleto de amor”, ese deseo de imitación divina. El escritor Gilbert Keith Chesterton relataba: “Dios crea cada margarita separadamente, y nunca se cansa de forjarlas. Puede ser que Él tenga el apetito eterno de la infancia. Porque nosotros hemos pecado y envejecemos, pero nuestro Padre es más joven que nosotros”.

Un proverbio turco asegura que “el amor devuelve a los viejos sabios a la infancia”. Otros sugieren que el amor no envejece nunca,… muere en la infancia. Una razón más para perseverar en los valores infantiles de la incansable pasión por el juego, por la amistad y por el afecto. Hagamos que nuestra vida contradiga ese pesimista presagio que insinúa: “la infancia es una eterna promesa que nadie jamás mantiene”.

Versión final: mikel.agirregabiria.net/2005/infancia.htm