24º Salón del Cómic de Getxo: 40 puestos, 3 días y gratis

24º Salón del Cómic de Getxo: 40 puestos, 3 días y gratis

¿Puede un comic o un tebeo enseñar a leer mejor que un manual? Quienes hemos pasado media vida entre aulas y bibliotecas sabemos que sí, y que además lo hace sonriendo. Hoy, viernes 16 de octubre de 2026, arranca en Getxo la vigésima cuarta edición del Salón del Cómic de Getxo, que se prolonga hasta el domingo 18 con entrada gratuita.

Un detalle de calendario: la cita adelanta este año sus fechas habituales para no coincidir con la San Diego Comic-Con de Málaga. La zona comercial se reparte entre la plaza Estación de Las Arenas, la calle Ibaiondo y la plaza Santa Eugenia, con cuarenta (40) puestos de librerías, fanzines y editoriales, entre ellas Astiberri, Joker, Elkar y Harriet. El horario es de 11:00 a 14:30 y de 17:00 a 21:00 (el domingo, hasta las 20:00). Las charlas, los talleres y las firmas se concentran en Romo Kultur Etxea. 

Lo más literario del programa llega hoy mismo. A las 19:00 se entregan los premios del Salón a dos trayectorias: el autor gallego Miguelanxo Prado y el editor y divulgador Laureano Domínguez. Después, a las 19:15, Domínguez conversa sobre «El placer de editar tebeos» y, a las 20:00, Prado sobre «Trazos de tinta». Quien edita decide qué llega a las manos del lector, y quien dibuja decide cómo se lee. Dos oficios que merecen homenaje.

Para quienes educamos, hay una cita señalada. A las 11:00 de esta mañana, la charla «Las chicas leen y hacen cómics», con Higinia Garay y Josune Muñoz, estaba dirigida al alumnado de 6.º de Primaria (11-12 años). Leer y dibujar son las dos mitades de una misma alfabetización.

Entre los invitados figuran Teresa Valero, autora del thriller social Contrapaso, y Juan Díaz Canales, Premio Nacional del Cómic y creador, junto a Juanjo Guarnido, de Blacksad. Acuden también Lorenzo Montatore, Miguel Brieva y Clara y Olivia Cábez. Conversan este sábado sobre «La fuerza del cómic europeo», una prueba más de que la novela gráfica ya no necesita pedir permiso a la literatura.

"El cómic es un arte secuencial que exige la participación intelectual y activa del lector", cita de  Will Eisner. Otro dato que invita a pensar: la exposición «La IA deshumaniza: ¿a quién beneficia?», comisariada por el Colectivo de Autoras de Cómic, puede visitarse en la sala de muestras de Romo Kultur Etxea. Una pregunta incómoda y necesaria en un salón de dibujantes. 

Recomendamos acercarse aunque sea una hora, con niños o sin ellos. Y proponemos un reto sencillo: leer un cómic al mes. A dos (2) años, quince (15) títulos leídos y uno regalado a un joven lector. A cinco (5) años, un pequeño club de lectura de viñeta en casa o en el aula. A diez (10) años, haber contagiado la costumbre a alguien más. Para evaluarlo basta una libreta con título y fecha, revisada cada Navidad. ¿Empezamos esta semana?

24º Salón del Cómic de Getxo

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♬ Pyrite Drive - Honeydew Heights

Agua fresca para beber más, y nunca muy caliente

Hoy responderemos a una pregunta que nos hacemos a menudo: ¿A qué temperatura conviene beber el agua? Veamos lo que dicen los investigaciones. ¿Importa la temperatura del agua que bebemos? Sí, y los datos advierten más precaución del calor que del frío. Casi todo lo que sabemos cabe en tres ideas: no beber demasiado caliente, preferir lo fresco con calor o ejercicio y no temer en exceso al frío.

Empecemos por lo más sólido. El 15 de junio de 2016, la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC) clasificó las bebidas muy calientes, por encima de 65 °C, como probablemente cancerígenas para los humanos (grupo 2A), por su relación con el cáncer de esófago. Los estudios venían de China, Irán, Turquía y Sudamérica, donde té y mate se suelen tomar a unos 70 °C. El foco es la temperatura, no la bebida: café y mate a temperaturas normales quedaron en el grupo 3, «no clasificables». 

En la provincia iraní de Golestán, un estudio publicado en el BMJ el 27 de marzo de 2009 comparó a 300 personas con cáncer de esófago y 571 controles. Quienes decían tomar el té muy caliente tenían un riesgo unas ocho (8) veces mayor (razón de odds de 8,16) que quienes lo tomaban templado. También pesaba la prisa: beberlo antes de dos (2) minutos tras servirlo daba una razón de 5,41 frente a esperar cuatro (4) o más. Son estudios observacionales: muestran una asociación, no una prueba definitiva. En todo caso, esperar unos minutos cuesta poco.

El agua fresca tiene a su favor algo sencillo: se bebe más. Ya en enero de 1996, el American College of Sports Medicine recomendaba (Medicine & Science in Sports & Exercise) que los líquidos del ejercicio estuvieran más fríos que la temperatura ambiente, entre 15 y 22 °C. La revisión sistemática de Catriona Burdon y su equipo (2012), con catorce (14) estudios, halló que las bebidas por debajo de 22 °C gustaban más (diez estudios), se bebían cerca de un 50 % más (cinco) y reducían la deshidratación del ejercicio en un 1,3 % del peso corporal (cuatro).

¿Y la creencia de que el agua fría «corta la digestión»? En lo que hemos consultado, lo medido es transitorio: en un estudio de la Universidad de Sheffield (Gut, 1988) con una bebida de naranja, la de 4 °C salió del estómago más despacio al principio que la de 37 °C, y el estómago recuperó la temperatura corporal en veinte o treinta (20-30) minutos. Quien tenga sensibilidad dental o molestias al tragar suele notar más el frío, y quizá prefiera el agua templada.

Lo decisivo es beber lo suficiente. El 26 de marzo de 2010, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) consideró adecuados 2,0 litros diarios de agua para las mujeres y 2,5 para los hombres (agua total, también la de los alimentos. Si una temperatura nos ayuda a llegar a esa cantidad, bienvenida; si nos aparta de ella, estorba.

Recomendamos, pues, tres gestos: agua fresca (por debajo de 22 °C) cuando hace calor o hacemos deporte; agua templada si el frío molesta; y cuatro (4) minutos de espera antes del primer sorbo de cualquier bebida recién servida. Un termómetro de cocina de pocos euros permite comprobarlo en casa. Una cita: «Ἄριστον μὲν ὕδωρ»: «Lo mejor es el agua». Píndaro, Olímpica I (476 a. C.), compuesta para Hierón de Siracusa.

Os proponemos una tarea con plazos. Lectura: el resumen de la IARC (15-06-2016), comentado en casa o en clase. Activismo: pedir fuentes de agua accesibles en colegios e institutos. Objetivos: a dos (2) años, que cada centro de nuestro entorno las tenga y funcionen; a diez (10) años, que esperar antes de beber lo caliente sea un hábito familiar. Evaluación: cada octubre, contar las fuentes operativas y preguntar en casa quién respeta ya los cuatro (4) minutos.

Surne Bilbao Basket en el Bilbao Arena con nuestra nieta

¿Qué aprende una niña pequeña sentada en una grada durante dos horas? Más de lo que muchos programas curriculares se atreven a prometer. Ayer, martes 13 de octubre de 2026, mi nieta menor y yo estuvimos en el
Bilbao Arena, en Miribilla, para presenciar la victoria del Surne Bilbao Basket sobre el Slavia Praha ERA NBK por 97-86, en la fase de grupos de la Basketball Champions League. Lo vimos juntos, y esa compañía es lo que da sentido a esta crónica.

Conviene empezar por el rival, porque la cortesía también se enseña. El Slavia Praha ERA NBK es un proyecto reciente, nacido de la fusión entre el club de la capital checa y el histórico ERA Nymburk, con raíces largas en el baloncesto centroeuropeo. Ganar a un equipo así tiene mérito, y explicarlo a una niña es una pequeña lección de geografía, de historia deportiva y de respeto. Los máximos anotadores y el parcial decisivo quedan para quien quiera la crónica técnica; aquí interesa otra cosa. 

Interesa lo que ocurre en una pista cuando se mira con ojos de ocho años, que también juega baloncesto. Cinco jugadores que se pasan el balón porque saben que solo no se gana. Un reloj que obliga a decidir bajo presión. Unas reglas que todos aceptan, incluido quien las sufre, y un árbitro al que se discute sin dejar de reconocer su autoridad. Y un público de miles de personas que canta, se desespera y aplaude, y que enseña sin proponérselo cómo se gestiona una emoción colectiva. Ninguna pizarra consigue lo mismo. Una cita de Michael Jordan: "El talento individual gana partidos, pero el trabajo en equipo y la inteligencia táctica ganan los campeonatos".

Hay además un aprendizaje silencioso: el de la memoria compartida. Dentro de veinte años, mi nieta quizá no recordará el marcador, pero sí que su aitite (abuelo) la llevó a Miribilla, que comieron algo durante el partido y que preguntó por qué se levantaba todo el mundo a la vez. Unamuno distinguió entre vencer y convencer. En el deporte, la victoria es el dato; convencer es lo que queda cuando uno vuelve a casa con preguntas nuevas. Esa noche ganó el Bilbao, y eso alegra, pero habría valido igual la pena con una derrota, porque la lección estaba en el camino de ida y vuelta, no en el 97-86.

Proponemos un objetivo sencillo para los próximos años: llevar a un niño o una niña de la familia a ver deporte en directo, al menos tres veces por temporada, y escribir juntos cinco líneas al volver. A los dos años, evaluemos si el hábito se ha consolidado; a los cinco, si el niño ya cuenta el partido con sus propias palabras; a los diez, si existe un cuaderno compartido que merezca guardarse. ¿Empezamos esta misma temporada?

Álbum de imágenes y vídeos (la mayoría sólo para la familia)

Intrahistoria de Unamuno: Invisibles que sostienen la historia

Hemos citado varias veces el concepto de Intrahistoria (posts), aquello que Miguel de Unamuno vio bajo la espuma de la Historia. Hoy nos detendremos en analizar algo muy relevante también hoy en la era de las redes y la IA, porque reúne todo aquello que no sale en los periódicos ni en Internet. 

Un martes cualquiera, a las siete de la mañana, alguien levanta la persiana de una panadería en un pueblo cualquiera. No habrá crónica ni titular. Sin embargo, si esa persiana no se levantara durante mucho tiempo, nos daríamos cuenta de que algo esencial se había roto. Unamuno llamó a ese territorio intrahistoria sin cámaras ni reportajes. 

Esta expresión aparece en En torno al casticismo, los ensayos que Unamuno publicó en 1895 para preguntarse qué era realmente España. Su respuesta fue una imagen casi geológica. La Historia de los libros, con sus batallas, reyes y tratados, es la espuma de la superficie. Debajo trabajan millones de hombres y mujeres que se levantan con el sol, labran, cocinan, crían y mueren sin dejar rastro, como los corales que, sin ser vistos, levantan el islote sobre el que luego se escribe la Historia. Esa labor oscura y continua es para Unamuno la tradición eterna, distinta de la tradición que se invoca en los discursos.

Otros lo vieron después, La intuición no quedó en Salamanca. Cuando los historiadores de los Annales, con Fernand Braudel a la cabeza, hablaron de la larga duración, o cuando la microhistoria se detuvo en molineros y campesinos concretos, estaban transitando un camino que el escritor vasco había señalado. Y la literatura lo practica sin llamarlo así: el Obaba de Bernardo Atxaga es un valle diminuto e inventado que dice más de nosotros que muchos tratados, porque mira lo pequeño con la seriedad con que otros miran lo grande.

Por qué hoy duele y sirve, Vivimos rodeados de registros, pero no de memoria. Las redes sociales amplifican lo estridente, Trump y los tecnoligarcas acaparan portadas, y confunden lo visible con lo importante. Los modelos de inteligencia artificial se alimentan de lo que se ha escrito y publicado, es decir, de la superficie, y apenas saben nada de lo que nunca se digitalizó: la receta sin cuaderno, el oficio sin manual, la canción que solo cantaba una abuela. Si dejamos que lo digital decida qué merece recordarse, estaremos escribiendo una historia de espuma.

La escuela tiene aquí una tarea concreta. Enseñar a un adolescente a entrevistar a un vecino, a transcribir una conversación o a contrastar una fotografía de familia con un archivo municipal es enseñarle pensamiento crítico con materiales reales. La intrahistoria deja de ser un concepto de manual cuando alguien comprende que su propia calle ya tiene pasado. 

Una pregunta para quedarse. Unamuno no pedía despreciar la Historia con mayúscula, sino sospechar de que fuese toda la historia. Quizá la pregunta útil para este siglo sea qué estamos dejando fuera sin darnos cuenta, y quién lo va a recoger si no lo hacemos nosotros.

Propuesta de acción: Leer en los próximos seis meses los cinco ensayos de En torno al casticismo y releer una obra de Atxaga, como Obabakoak. Escribir cada mes una página de intrahistoria, algo muy propio de los blogs, sobre una persona cercana, con su permiso, y grabar su voz cuando se pueda. A dos años, el objetivo es tener veinticuatro testimonios archivados y datados. A cinco, haber depositado una selección en una biblioteca, escuela o archivo local, o en un proyecto de memoria oral ya existente. A diez, que una persona más joven que tú haya tomado el relevo y continúe el archivo. Se evalúa contando testimonios, comprobando que son accesibles y preguntando cada año si alguien ajeno al círculo familiar los ha consultado. 

Buque escuela ARC Gloria: Velero colombiano creado en Bizkaia

ARC Gloria, el buque escuela de la Armada de Colombia con raíces en Bizkaia

Hoy hemos tenido la oportunidad de visitar y subir a bordo del ARC Gloria, el buque escuela de la Armada de Colombia con raíces en Bizkaia, atracado en Getxo. Caminar por sus cubiertas, contemplar sus tres mástiles y descubrir de cerca los espacios donde se forman los futuros oficiales colombianos nos ha permitido conectar con una historia que une el mar, la educación y dos territorios: Colombia y Bizkaia. El objetivo era contar con un buque escuela donde los cadetes de la Escuela Naval Almirante Padilla pudieran curtirse en las artes tradicionales de la navegación, la maniobra y la disciplina naval.

Hay algo especialmente emocionante en comprobar que este velero, símbolo de la Armada colombiana, fue construido aquí, en nuestros astilleros vizcaínos. La ría de Bilbao, tantas veces vinculada a la industria, la ingeniería y el trabajo de generaciones de profesionales, también fue el lugar donde comenzó la historia de una embarcación destinada a recorrer los océanos. 

De los astilleros vizcaínos a los mares del mundo. La historia del Gloria de la ARC (Armada de la República de Colombia) se remonta a 1966, cuando Colombia decidió adquirir un velero para completar la formación de los futuros oficiales de su Armada. El contrato de construcción se formalizó el 6 de octubre de aquel año con la Sociedad de Construcción Naval Española. El casco comenzó a construirse en abril de 1967 en los astilleros de Celaya, en Bilbao. De hecho, Astilleros Celaya no solo construyó este navío. A saber, de sus míticas gradas salieron también otros grandes veleros americanos como el Guayas de Ecuador, el Simón Bolívar de Venezuela y el Cuauhtémoc de México.

El 2 de diciembre de 1967 se celebró su botadura. El barco recibió el nombre de Gloria en homenaje a Gloria Zawadsky de Rebéiz, esposa del ministro de Defensa colombiano Gabriel Rebéiz Pizarro, uno de los principales impulsores del proyecto. El 7 de septiembre de 1968 se celebró en la ría de Bilbao el acto oficial de izado de la bandera colombiana. Poco después, el velero emprendió su viaje hacia América y llegó a Cartagena de Indias el 11 de noviembre de 1968. Desde entonces, el ARC Gloria ha llevado el nombre de Colombia por numerosos puertos internacionales. 

Una escuela que navega. ¿Qué se aprende a bordo de un velero que no siempre se puede enseñar en un aula? Los cadetes practican navegación, maniobras, comunicaciones y orientación, pero su formación va mucho más allá de las destrezas técnicas. La vida en el mar exige disciplina, cooperación, capacidad de decisión y confianza mutua. Cada maniobra recuerda que el conocimiento teórico debe contrastarse con la realidad y que el éxito colectivo depende de la responsabilidad individual.

Hoy, al recorrer sus cubiertas en Getxo, hemos podido acercarnos a esa dimensión educativa. Un buque escuela no es simplemente un barco histórico ni una pieza de ingeniería naval: es un espacio de aprendizaje donde las decisiones tienen consecuencias, las condiciones cambian y el trabajo en equipo resulta imprescindible. También es un embajador flotante. En cada puerto que visita, el Gloria representa a Colombia, acerca su cultura a otros países y crea oportunidades de encuentro entre ciudadanos de distintas procedencias.

Una historia compartida entre Colombia y Bizkaia. La visita de hoy nos recuerda que el patrimonio industrial vizcaíno no se limita a los edificios, las fábricas o las infraestructuras que permanecen en nuestro territorio. También vive en las obras que construimos y que, décadas después, siguen cumpliendo una función al otro lado del mundo. El Gloria constituye un magnífico ejemplo de esa proyección internacional. Su historia nos permite relacionar la ingeniería naval con la educación, la memoria industrial con las relaciones internacionales y la tradición marinera con la formación de nuevas generaciones.

Hoy no nos hemos limitado a contemplar el velero desde el muelle de Getxo: hemos podido subir a bordo y acercarnos a su historia desde dentro. Esa experiencia convierte los datos históricos en algo más tangible y nos ayuda a comprender mejor el vínculo entre nuestra ría y los mares de Colombia. Recomendamos conocer el ARC Gloria siempre que exista la oportunidad. Porque algunos barcos transportan mercancías, otros conectan puertos y unos pocos llevan también una escuela a bordo. Un velero nacido en Bizkaia, una bandera colombiana y generaciones de cadetes aprendiendo a navegar. Una historia compartida que hoy hemos tenido la suerte de vivir en primera persona. Eskerrik asko, Gloria, por acercarnos Colombia a Getxo.

Buque Escuela ARC Gloria de Colombia

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♬ Willow Horizon - Davenport Kitchen

Sapere aude: Ausencias que aún no ha tratado este blog

Concluimos hoy con este post esta revisión interna del blog, pero cumpliendo la promesa de ver lo que callan las etiquetas y los análisis: Los temas escasos o inexistentes de este blog. ¿Qué dice de un blog lo que no se ha tratado y que preocupa a la mayoría? Dice, para empezar, que en octubre de 2026, tras más de 10.500 entradas, no figura ninguna etiqueta sobre vivienda, soledad, inmigración ni clima. Es el reverso del recuento anterior: allí contamos lo que más hemos escrito; aquí, lo que aún no hemos tratado.

Conviene leer los silencios con el mismo método. Una etiqueta ausente no prueba que un tema no se haya tocado (puede esconderse bajo educación, sociedad o tecnología), pero sí que no tuvo casa propia, y lo que no tiene casa se encuentra mal y se cita peor. Además, nombrar un tema no es adelantar una tesis: es comprometerse a tratarlo con datos y con todas las voces. Los vacíos caen en las mismas tres columnas del recuento anterior (temas, formatos y lugares), y cada uno de los cinco ejes proyecta su sombra: ahí buscamos. 

La educación como lente tiene sus rincones sin pulir. Entre las 4292 entradas de educación, las etiquetas de matiz son escasas: Educación Especial (14), adolescencia (17), absentismo (6), inclusión digital (4). Faltan la convivencia y el acoso escolar, la salud mental y las pantallas, la neurodiversidad, la formación profesional, la evaluación en tiempos de IA y la neurociencia del aprendizaje: preguntas que hoy están en cualquier claustro y en cualquier cocina.

Compartir en abierto es el eje que más huellas conserva de su época: web2.0 (810), twitter (334), eeepc (43). Falta lo de ahora: desinformación y deepfakes, estafas y privacidad, polarización en las redes. La propia inteligencia artificial, que ya asoma en nuestras entradas recientes tiene la etiqueta AI (en inglés), pero son escasos los formatos de hoy: videojuegos (juegos suma 45), series o cómic.

Lo local, como puerta al mundo, también tiene fronteras sin cruzar. Bizkaia suma 375 etiquetas; Gipuzkoa, 20, y Araba, 22; Navarra e Iparralde no tienen ninguna. Faltan la memoria colectiva y la convivencia, el pasado industrial y obrero de la ría, la bertsolaritza y las voces nuevas de la literatura vasca más allá de Atxaga. Y un tema de futuro: el euskara ante la traducción automática y la IA.

La ética cívica y esperanzada (solidaridad 582, ética 573, paz 515) tiene su contrapunto en lo concreto y áspero: no hay etiqueta para vivienda ni alquiler, la inmigración y la diversidad apenas asoman (interculturalidad, 7) y, dentro de ecología (312), no figuran clima ni energía. Son terrenos de debate intenso, y por eso piden un tono neutral, con datos y fuentes.

La memoria entre generaciones (familia 599, nietos 328, infancia 322) mira quizá más hacia el comienzo de la vida. Del otro extremo hay poco: madurez (84), nostalgia (34); ni soledad no deseada, cuidados, duelo, jubilación o pensiones, ni biología o medicina, que explican por qué vivimos más. Unamuno escribió Del sentimiento trágico de la vida: ahí hay un ancla para tratar el asunto con hondura.

Cinco ejes, cinco sombras: lo que callan las etiquetas no es necesariamente desinterés, sino trabajo por hacer. Y empezar es la mitad, según Horacio (siglo I a. C.): «Dimidium facti qui coepit habet: sapere aude, incipe», es decir, «tiene hecha la mitad quien ha empezado: atrévete a saber, empieza».

Proponemos un ejercicio a tres (3) años. Objetivo: abrir una etiqueta nueva sobre un tema que te cueste (vivienda, soledad, clima, el que sea) y escribir o leer sobre él una vez por trimestre, hasta sumar doce (12) piezas en octubre de 2029. Evaluación: cada octubre, contarlas, anotar cuántas fuentes distintas has consultado y qué opinión tuya ha cambiado. ¿Nos acompañas?