Teníamos pendiente leer la obra de Anne Carson, una filóloga que convirtió las palabras en un laboratorio, una escritora sin fronteras, que recoge de los clásicos para iluminar el presente y que ha merecido el Premio Nobel de Literatura 2026. Su arte esconvertir el conocimiento en poesía con una literatura que rompe los géneros, reivindica la libertad de la poesía y nos anima a aprender a mirar de otro modo.La literatura sigue viva cuando el pasado deja de ser una respuesta y vuelve a convertirse en una pregunta.
A los quince años, en una librería de Ontario, una adolescente aburrida abrió una edición bilingüe de Safo. A un lado, un griego impenetrable y hermoso; al otro, su traducción. Ese hueco entre dos páginas, el lugar donde un texto se rinde o se reinventa, es el territorio en el que Anne Carson ha vivido desde entonces. El 8 de octubre de 2026, la Academia Sueca le concedió el Nobel de Literatura por una obra audaz que dialoga con sentido del juego con la tradición clásica y ha creado formas nuevas para la literatura contemporánea.
Una alumna de latín que quiso aprender griego. Anne Carsonnació en Toronto en 1950, hija de un empleado de banca que cambiaba de destino por Ontario. Fue una profesora de latín, Alice Cowan, quien se ofreció a enseñarle griego a la hora del almuerzo, y la propia Carson dice que le debe su carrera. Abandonó dos veces la Universidad de Toronto, pasó un tiempo en las artes gráficas y regresó para licenciarse en 1974 y doctorarse en 1981 con una tesis sobre Safo. Ha enseñado en McGill y en Míchigan. Una trayectoria de abandonos y regresos, como sus libros.
Conocer es completar lo que falta. Hay un recorrido histórico en esta obra, y es el de la búsqueda del conocimiento. Safo nos llegó en jirones: copistas, bibliotecarios y papirólogos han tratado durante siglos de saber algo a partir de lo que falta. Carson convierte esa cadena en método. Ella misma señala la etimología como punto de partida de toda su obra, y el comité del Nobel habla de la obsesión del filólogo por las palabras unida al deseo del poeta de encontrar sentidos nuevos. Conocer no sería poseer, sino mirar el hueco con paciencia. Lo resumió así: «Si supiera qué es la poesía no tendría necesidad de escribir».
El universo intelectual de Carsondesdibuja con elegancia las fronteras entre ensayo filosófico, crítica literaria y creación poética. Frente a la inmediatez efímera que caracteriza al ecosistema digital contemporáneo, su producción reivindica la lentitud de la lectura, la precisión terminológica y la profundidad del análisis intergeneracional. Su magisterio recuerda que educar y aprender son actos de profunda humildad epistémica: reconocer lo que ignoramos para poder nombrarlo con rigor. En un tiempo fascinado por la automatización de la respuesta rápida, Carson contrapone la belleza del dilema, la investigación tenaz y el valor transformador de las Humanidades.
Una propuesta a diez años. Leer a Carson pide lentitud, y la lentitud se entrena. Durante los dos primeros años, lea un libro suyo por año (Eros. Poética del deseo, Autobiografía de rojo, La belleza del marido, todos en castellano) y anote cada semana una palabra con su etimología. Meta: 100 palabras y tres reseñas breves; se evalúa releyendo el cuaderno al final. Hacia el quinto año, organice en una biblioteca o aula un taller intergeneracional de traducción de fragmentos de Safo de Mitilene, con 10 a 12 participantes; se evalúa por asistencia (al menos el 75 %) y por un cuadernillo final. Al décimo año, un círculo de lectura estable, con encuesta anual de satisfacción y un registro de textos propios publicados.
Con 15 años, Anne Carson abrió en una librería una edición bilingüe de Safo y ya no volvió a cerrarla. Hoy, Nobel de Literatura 2026. https://t.co/OsaCPx5uuF Filóloga, poeta, traductora: de Autobiografía de rojo a su Antígona, ha convertido el estudio de las palabras en una forma nueva de escribir. Su método: mirar con paciencia lo que falta en el texto. Vida y obra, con una propuesta de lectura a diez años en el blog. 📖
Hamabost urte zituela, Anne Carsonek Saforen edizio elebidun bat ireki zuen liburu-denda batean, eta ez du berriz itxi. Gaur, 2026ko Literatura Nobel saria. Filologoa, poeta, itzultzailea: hitzen azterketa idazteko molde berri bihurtu du. Bere metodoa: testuan falta dena pazientziaz begiratzea. Bere bizitza eta lana, hamar urterako irakurketa-proposamenarekin, blogean. 📖
At 15, Anne Carson opened a bilingual edition of Sappho in a bookshop and never really closed it. Today she is the 2026 Nobel laureate in Literature. Philologist, poet, translator: she turned the study of words into a new way of writing. Her method is to look patiently at what is missing from a text. Her life and work, plus a ten-year reading plan, on the blog. 📖
À 15 ans, Anne Carson a ouvert dans une librairie une édition bilingue de Sappho et ne l'a plus jamais refermée. Aujourd'hui, prix Nobel de littérature 2026. Philologue, poète, traductrice : elle a fait de l'étude des mots une nouvelle façon d'écrire. Sa méthode : regarder avec patience ce qui manque au texte. Sa vie et son œuvre, avec un plan de lecture sur dix ans, sur le blog. 📖
Apurando fechas, finalmente ayer domingo visitamos laNao Victoria en Portugalete. Era el último día para subir a bordo. Hemos sentido un vértigo especial al ser verdaderamente conscientes de lo que supuso navegar hacia lo desconocido hace más de quinientos (500) años? Hace pocos días nos acercábamos a la terminal de cruceros Getxo 1 para admirar el imponente buque escuela ARC Gloria de la Armada de Colombia (post). Ayer, domingo 18 de octubre de 2026, la historia naval nos convoca de nuevo, esta vez en la otra margen de nuestra Ría. La legendaria réplica de la Nao Victoria apuraba sus últimas horas atracada en el Puerto de la Canilla de Portugalete.
Esta embarcación de doscientas (200) toneladas, una fiel recreación construida por maestros carpinteros de ribera en madera de pino e iroko, evoca la mayor hazaña marítima de la historia: la primera circunnavegación del globo terráqueo. Tras zarpar en 1519 al mando de Fernando de Magallanes, solo dieciocho (18) hombres regresaron exhaustos en 1522 bajo la capitanía del guipuzcoano Juan Sebastián Elcano. Esta réplica, además, atesora su propia gloria: entre 2004 y 2006 logró dar la vuelta al mundo, siendo el primer barco histórico en conseguirlo en tiempos modernos.
Hemos observado a lo largo de estos últimos días cómo el muelle portugalujo se llenaba de familias, curiosos y estudiantes. Según nuestra experiencia, recorrer sus cubiertas y descender a la bodega es el mejor modo de comprender las extremas condiciones de vida de aquellos marineros. Las entradas estaban disponibles en taquilla o en la web oficial (8 € adultos, 4 € niños y acceso gratuito para menores de 5 años).
¿Cuánto cuesta medir el mundo? A quienes zarparon de Sanlúcar de Barrameda el 20 de septiembre de 1519 les costó tres años, cuatro de los cinco barcos y a la inmensa mayoría de la tripulación: salieron alrededor de 240 hombres y regresaron dieciocho (18), el 6 de septiembre de 1522, a bordo de la Victoria, bajo el mando de un marino de Getaria, Juan Sebastián Elcano. Ayer, domingo 18 de octubre de 2026, pudimos pisar la cubierta de una réplica de aquel navío sin salir de la ría del Nervión.
Los datos, según la Fundación Nao Victoria, son estos. La nao atracó el 6 de octubre en el Puerto de la Canilla de Portugalete y abrió sus cubiertas al público del 8 al 18, con horario ininterrumpido de 10:00 a 20:00. Ayer era, por tanto, la despedida. Es además el primer puerto español al que regresa tras una gira europea de ocho meses por más de veinte puertos de España, Francia, Alemania, Países Bajos y Reino Unido.
Conviene recordar qué es y qué no es esta nave. No es el barco de 1522, que se perdió hace siglos, sino una réplica construida con rigor histórico y convertida en museo flotante (junto al Museo Rialia -posts). Ya ha dado su propia vuelta al mundo, entre 2004 y 2006, y ha recorrido cientos de puertos de Estados Unidos y Europa. Esa es quizá su mejor lección: una nao de madera no se contempla, se navega. La visita permite recorrer las cubiertas, bajar a la bodega y conocer la vida de la joven tripulación que hoy sigue embarcándose.
Hay algo muy nuestro en esta escala. Elcano era vasco de Getaria, y la Primera Vuelta al Mundo (1519-1522) se parece poco a una gesta de héroes de estatua y mucho a una historia de hambre, motines, escorbuto y obstinación. Basta asomarse a la ría para entender la desproporción entre aquel casco de madera y el océano. Quien quiera ir con niños, que vaya: se les queda grabado para siempre que el planeta, un día, fue desconocido.
Recomendamos, para quien se quede sin tiempo hoy, leer la crónica de Antonio Pigafetta, testigo y cronista del viaje, que cuenta la travesía con una frescura que sorprende. Eskerrik asko a Portugalete por la acogida y a la Fundación por traer la historia hasta casa.
Y un pequeño reto con fecha. En dos años, visitar el Espacio Exploraterra de Sanlúcar, donde empezó todo. En cinco, haber leído a Pigafetta y una biografía de Elcano y habérselas contado a alguien joven. En diez, haber dedicado algún tiempo al voluntariado cultural o marítimo. Para evaluarlo, una libreta con un apunte al año: qué hemos leído, visitado y compartido.
Hoy, domingo 18 de octubre, es el último día para subir a la Nao Victoria en el Puerto de la Canilla de Portugalete (10:00-20:00). https://t.co/yJarnB7wbb Es la réplica del barco que completó la Primera Vuelta al Mundo (1519-1522) con Juan Sebastián Elcano, de Getaria, y vuelve a España tras una gira de ocho meses por más de 20 puertos europeos. Dieciocho hombres regresaron en 1522; hoy podemos pisar su cubierta. Entrada en taquilla: 8 € adultos, 4 € niños de 5 a 10 años, 20 € familiar. #NaoVictoria #Portugalete #Elcano
Today, Sunday 18 October, is the last day to board the Nao Victoria at Puerto de la Canilla, Portugalete (10:00–20:00). This replica of the ship that completed the first circumnavigation of the globe (1519–1522) under Juan Sebastián Elcano, from Getaria, is back in Spain after an eight-month tour of more than 20 European ports. Eighteen men returned in 1522; today we can walk her decks. Tickets on site: €8 adults, €4 children aged 5–10, €20 family. #NaoVictoria #Portugalete #Elcano
Gaur, urriaren 18an, igandea, azken eguna da Portugaleteko Canilla portuan Victoria naora igotzeko (10:00-20:00). Munduari lehen bira (1519-1522) osatu zuen ontziaren erreplika da, Getariako Juan Sebastián Elcanoren agindupean, eta zortzi hilabeteko Europako ibilaldiaren ostean itzuli da Espainiara, 20 portu baino gehiago bisitatuta. Hemezortzi gizon itzuli ziren 1522an; gaur haien bizkar-ontzian ibil gaitezke. Sarrera: 8 € helduak, 4 € 5-10 urteko haurrak, 20 € familia. #NaoVictoria #Portugalete #Elcano
Aujourd'hui, dimanche 18 octobre, dernier jour pour monter à bord de la Nao Victoria au Puerto de la Canilla, à Portugalete (10 h-20 h). Cette réplique du navire qui acheva le premier tour du monde (1519-1522) sous le commandement de Juan Sebastián Elcano, natif de Getaria, est de retour en Espagne après huit mois de tournée dans plus de 20 ports européens. Dix-huit hommes revinrent en 1522 ; aujourd'hui, nous foulons son pont. Billets sur place : 8 € adultes, 4 € enfants de 5 à 10 ans, 20 € famille. #NaoVictoria #Portugalete #Elcano
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A las siete de la mañana, en miles de cocinas, alguien disuelve una pastilla en una cucharada de yogur, comprueba que la persona a la que cuida ha desayunado y llama al trabajo para avisar de que llegará tarde. Nadie ha escrito un tratado sobre esa escena. Y sin embargo en ella se decide más moral cotidiana que en muchos de los dilemas con tranvías y desconocidos que llenan los manuales de filosofía.
Durante siglos, la ética occidental se ocupó de preguntar qué es justo, qué es lícito, qué obliga a todos por igual. Son preguntas necesarias. Pero dejaron en la penumbra otra, más doméstica, más de intrahistoria y más persistente: cómo responder a alguien concreto que depende de mí, y cómo hacerlo bien. Esa segunda pregunta es el origen de la llamada ética del cuidado, una corriente que nació en un laboratorio de psicología, creció en la filosofía feminista y hoy discute con la economía, la política social y la educación.
Dos niños de once años y un farmacéutico. La historia empieza en Harvard. Carol Gilligan, nacida en Nueva York en 1936, trabajaba como colaboradora de Lawrence Kohlberg, el psicólogo que había construido la teoría del desarrollo moral más influyente de su tiempo. Kohlberg proponía una escalera de seis estadios que iba de la obediencia por miedo al castigo hasta los principios universales de justicia, y la medía con dilemas hipotéticos. El más célebre es el Dilema de Heinz, un hombre cuya esposa va a morir si no consigue un medicamento que el farmacéutico vende a un precio imposible. ¿Debe Heinz robarlo?
Gilligan observó algo que los resultados de Kohlberg resumían de forma incómoda: las niñas solían quedarse en estadios inferiores a los de los niños, y por extensión las mujeres adultas parecían moralmente menos maduras. En su libro de 1982, In a Different Voice, contrapuso a dos niños de once años, a los que llamó Jake y Amy. Jake resolvía el dilema como un problema de lógica: la vida vale más que la propiedad, luego Heinz debe robar. Amy dudaba. Se preguntaba si no habría otro camino, si Heinz podría hablar con el farmacéutico, qué sería de su esposa si él acababa en la cárcel. Para el esquema de Kohlberg, Amy razonaba peor. Para Gilligan, Amy razonaba otra cosa: no buscaba la regla aplicable, sino la respuesta que mantuviera intacta la relación entre las personas implicadas.
La tesis de fondo era doble. Primero, que la escala de Kohlberg, construida con muestras casi exclusivamente masculinas, tomaba una forma de pensar moral por la única posible. Segundo, que junto a la ética de la justicia, centrada en derechos, reglas e imparcialidad, existe una ética del cuidado, centrada en la atención, la responsabilidad hacia vínculos concretos y la respuesta a la necesidad del otro. Gilligan llegó a esta idea, además, escuchando a mujeres reales que debían decidir si interrumpían un embarazo: en sus relatos, la decisión moral no se parecía a una deducción, sino a una negociación entre responsabilidades que no cabían en un silogismo.
De la psicología a la filosofía. Una buena intuición necesita una teoría que la sostenga, y esa tarea la emprendieron otras pensadoras. Nel Noddings publicó en 1984 Caring, donde describió la relación de cuidado como un encuentro entre quien cuida y quien es cuidado, en el que la atención receptiva a las necesidades del otro vale más que cualquier principio abstracto. Sara Ruddick, en Maternal Thinking (1989), mostró que el trabajo de criar a un hijo, con su exigencia de proteger, favorecer el crecimiento y educar para la vida social, genera un modo de pensar con sus propias virtudes y sus propios dilemas. No se trataba de sentimentalismo: se trataba de reconocer que ciertas prácticas producen conocimiento moral.
El paso decisivo hacia la política llegó con Joan Tronto. En Moral Boundaries (1993) sostuvo que el cuidado no es una cualidad femenina del carácter, sino una práctica humana que sostiene el mundo, y la descompuso en fases: advertir que alguien necesita algo, asumir la responsabilidad de atenderlo, realizar el trabajo concreto y comprobar cómo responde quien lo recibe. A cada fase le corresponde una virtud: atención, responsabilidad, competencia y capacidad de respuesta. La pregunta de Tronto era incómoda para toda teoría moral: si el cuidado es tan central, ¿por qué ha ocupado un lugar tan marginal en el pensamiento moral y político? Su respuesta es que se asoció a lo privado, a lo femenino y a lo poco prestigioso, y que esa asociación lo vació de poder. En Caring Democracy (2013) añadió una quinta cualidad, el cuidado con otros: la capacidad de una sociedad de repartir con justicia las responsabilidades de cuidado entre todos sus miembros.
Virginia Held, en The Ethics of Care (2006), llevó el argumento aún más lejos y propuso que el cuidado puede servir de base para entender la sociedad mejor que el contrato entre individuos libres e iguales. Pensemos en una criatura recién nacida: nadie firmó nada con quien la sostiene, y sin embargo no hay relación más moral. Eva Feder Kittay, en Love's Labor (1999), añadió una observación que desmonta el mito liberal del individuo autosuficiente: todos hemos sido dependientes, casi todos volveremos a serlo, y quien cuida a un dependiente queda a su vez en una situación de vulnerabilidad que la sociedad debe reconocer y proteger. La independencia, concluye, no es la condición natural del ser humano, sino una fase de la vida que alguien sostuvo antes y sostendrá después.
Una cuestión de horas, no solo de ideas. Podría parecer que todo esto vive en el reino de las ideas, pero tiene una traducción contable. Según el informe de la Organización Internacional del Trabajo de 2018 sobre el trabajo y el empleo en el sector del cuidado, cada día se dedican en el mundo alrededor de 16.400 millones de horas a cuidados no remunerados, el equivalente a unos 2.000 millones de personas trabajando ocho horas diarias sin cobrar. Las mujeres asumen en torno al 76 % de ese tiempo, es decir, más de tres veces lo que aportan los hombres, y la OIT calculó que 606 millones de mujeres en edad de trabajar declaraban no poder emplearse por tener a su cargo a niños o a personas mayores. Son datos que conviene leer despacio: una parte considerable de la riqueza real de las sociedades se produce fuera del mercado y fuera de las estadísticas del PIB, y recae de forma desigual.
En España conocemos bien esta tensión. La Ley 39/2006, de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las Personas en Situación de Dependencia, quiso convertir el cuidado en un derecho subjetivo, y su aplicación posterior, con listas de espera y desigualdades territoriales, muestra lo difícil que resulta llevar una idea moral al terreno de la gestión pública. Economistas feministas como Amaia Pérez Orozco han propuesto, desde esa constatación, cambiar el centro de la mirada económica y preguntar no cuánto produce una sociedad, sino cómo sostiene la vida de quienes la forman. Y en la filosofía moral española, la razón cordial de Adela Cortina o los trabajos de Victoria Camps sobre las virtudes públicas dialogan, cada una a su manera, con la idea de que una ética sin empatía y sin vínculos es una ética mutilada.
Las objeciones, que las hay. Una buena corriente de pensamiento se reconoce por las críticas serias que recibe. La ética del cuidado ha recibido varias. La primera es metodológica: los estudios de Gilligan se apoyaron en muestras reducidas, y trabajos posteriores han discutido que existan diferencias de género sistemáticas en el razonamiento moral, o han señalado que desaparecen en buena medida cuando se controla el nivel educativo. Gilligan, de hecho, ha insistido en que la voz del cuidado no pertenece por naturaleza a las mujeres, y que en trabajos más recientes la ha presentado como una ética humana que el patriarcado tiende a reprimir en todos.
La segunda objeción es política, y de dentro del feminismo: asociar el cuidado a lo femenino puede reforzar justamente los estereotipos que se querían combatir, y exaltar una virtud que en la práctica es, para muchas mujeres, una carga impuesta. Quien enaltece el sacrificio sin tocar el reparto del trabajo corre el riesgo de romantizar la falta de poder. La tercera es filosófica: si el cuidado se limita al círculo de quienes están cerca, como pareció defender Noddings, ¿qué ocurre con los lejanos, con los niños que mueren de hambre a miles de kilómetros? Tronto, Held y otras pensadoras han respondido ampliando el alcance del cuidado a las instituciones y a las relaciones globales. Y la cuarta apunta al paternalismo: quien cuida puede confundir sus necesidades con las de la persona cuidada, y en ese caso el cuidado se convierte en control. Por eso las teóricas insisten en que cuidar incluye escuchar la voluntad de quien recibe el cuidado, no solo interpretarla.
Ninguna de estas objeciones destruye la propuesta; la obligan a madurar. Y es probable que la respuesta más sensata no sea elegir entre justicia y cuidado, sino aceptar que se necesitan mutuamente. Un cuidado sin justicia se vuelve arbitrario, doméstico y desigual; una justicia sin cuidado se vuelve fría, incapaz de percibir a la persona que hay detrás del expediente.
Lo que la escuela podría aprender. Si la ética del cuidado tiene algo que decir a la educación, es que el aprendizaje moral no se transmite solo mediante dilemas y normas, sino mediante la experiencia de ser cuidado y de cuidar. Los colegios suelen enseñar derechos, deberes y convivencia, pero rara vez tratan la atención, la responsabilidad concreta o la competencia para cuidar como saberes dignos de evaluación. Un aula donde alguien aprende a acompañar a un compañero que se ha quedado atrás, o donde los mayores y los pequeños comparten tareas, enseña más sobre ética que una unidad didáctica sobre valores. Y una sociedad envejecida como la nuestra necesitará, cada vez más, ciudadanos que sepan hacer esto sin que les hayan obligado a aprenderlo a golpes de necesidad.
Una conclusión, y un compromiso. Volvamos a la cocina de las siete de la mañana. Lo que allí ocurre no es una anécdota privada: es la infraestructura invisible sobre la que descansan las escuelas, los hospitales, las empresas y los parlamentos. Una sociedad que no sabe valorarla ni repartirla con justicia está construyendo sobre arena, por brillantes que sean sus principios. La ética del cuidado no pide que dejemos de pensar en reglas y derechos, sino que añadamos a la pregunta de qué es justo esta otra: ¿quién está cuidando de quién, a qué coste y con qué reconocimiento?
Pero una idea que no se traduce en hábitos se queda en elegancia. Por eso propongo un compromiso a diez años, con tres pistas que pueden recorrerse a la vez. En lectura, el objetivo de los dos primeros años es leer con calma tres obras fundamentales, por ejemplo a Gilligan, a Tronto y a Kittay, y escribir una reseña breve de cada una; se evalúa con un cuaderno propio y con una conversación sobre lo leído con alguien de otra generación. En escritura y activismo, entre el tercer y el quinto año, el objetivo es participar en una iniciativa local, desde una asociación vecinal hasta una mesa de cuidados municipal, para pedir un servicio concreto, como centros de día, apoyo a cuidadores o permisos de cuidado igualitarios, y medir el avance con un indicador sencillo, como el número de propuestas presentadas y el de respuestas obtenidas. En voluntariado, desde el primer año, el objetivo es dedicar un par de horas semanales al acompañamiento de personas mayores solas o de niños con dificultades de aprendizaje, y evaluarlo cada año con un balance de horas, de vínculos sostenidos y de lo aprendido. Al final de la década, la prueba más fiable no será cuántos libros hemos leído, sino cuántas personas se sienten un poco menos solas por nuestra culpa.
Dos niños de once años, un farmacéutico y un medicamento que no se puede pagar. Con ese dilema, Carol Gilligan mostró que la psicología moral había confundido un modo de pensar con la única posible: Jake buscaba la regla; Amy, la forma de no romper nada. https://t.co/FOrvyTelX1 De ahí nació la ética del cuidado, que hoy habla de dependencia, de trabajo invisible (16.400 millones de horas al día, según la OIT) y de lo que nos debemos unos a otros. Un recorrido de Gilligan a Tronto, con sus críticas incluidas, y una propuesta a diez años para pasar de la idea a la práctica. 👉
Hamaika urteko bi haur, farmazialari bat eta ordaindu ezin den botika bat. Dilema horrekin, Carol Gilligan-ek erakutsi zuen psikologia moralak pentsatzeko modu bat posible den bakarra balitz bezala hartzen zuela: Jakek araua bilatzen zuen; Amyk, ezer ez hausteko modua. Hortik sortu zen zaintzaren etika, eta gaur mendekotasunaz, lan ikusezinaz (egunean 16.400 milioi ordu ordaindu gabe, LANEren arabera) eta elkarri zor diogunaz mintzo da. Gilligan-etik Trontora bidaia, kritikak barne, eta hamar urteko proposamena ideia praktika bihurtzeko. 👉
Two eleven-year-olds, a pharmacist and a drug nobody can afford. With that dilemma, Carol Gilligan showed that moral psychology had mistaken one way of thinking for the only one: Jake looked for the rule; Amy, for a way not to break anything. That is where the ethics of care began. Today it speaks about dependency, invisible work (16.4 billion unpaid hours a day, per the ILO) and what we owe each other. A tour from Gilligan to Tronto, critics included, plus a ten-year plan to turn the idea into practice. 👉
Deux enfants de onze ans, un pharmacien et un médicament hors de prix. Avec ce dilemme, Carol Gilligan a montré que la psychologie morale avait pris une façon de penser pour la seule possible : Jake cherchait la règle, Amy le moyen de ne rien briser. Ainsi est née l'éthique du care, qui parle aujourd'hui de dépendance, de travail invisible (16,4 milliards d'heures non rémunérées par jour, selon l'OIT) et de ce que nous nous devons les uns aux autres. De Gilligan à Tronto, critiques comprises, avec un plan sur dix ans pour passer de l'idée à la pratique. 👉
¿Qué hace un puente de hierro del siglo XIX acogiendo una prueba de fuerza? Quizá lo mismo que hace una piedra de media tonelada bien arrastrada: demostrar que lo bien hecho resiste. La Giza ProbaBizkaia Zubia estaba programada para el sábado 17 de octubre de 2026 en el entorno del Puente Colgante, en Las Arenas (Getxo). Forma parte del calendario de competiciones de la Federación Vizcaína de Juegos y Deportes Vascos (Bizkaiko Herri Kirolen Federazioa), que la organiza y la incluye en su programación. Sus jueces oficiales certifican las distancias y las marcas.
Ese último detalle merece una pausa. En los deportes rurales vascos (herri kirolak) la marca no se discute: la mide una persona con nombre y apellidos, con cinta o con cronómetro, delante de todo el mundo. No hay realización televisiva ni repetición a cámara lenta. Hay un juez, un número y un público que lo comprueba con sus propios ojos. En tiempos de métricas opacas, esa transparencia casi artesanal resulta un lujo.
El escenario tampoco es casual. El Puente de Bizkaia, proyectado por Alberto de Palacio e inaugurado en 1893, une Portugalete y Getxo con una barquilla que cruza el Nervión colgada de las alturas. Es Patrimonio Mundial de la UNESCO desde 2006 y sigue funcionando: un monumento que trabaja cada día. Que una prueba de fuerza se celebre a su sombra tiene algo de diálogo entre dos formas de ingenio vasco, la del ingeniero que levantó el hierro y la del harrijasotzaile, el aizkolari o el sokatira que levantan o tiran con el cuerpo.
En esta disciplina, equipos integrados equitativamente por tres hombres y tres mujeres tiran al unísono, demostrando de forma palpable que la verdadera fuerza de arrastre reside en la sincronización, la técnica milimétrica y el esfuerzo compartido. Mover 500 kilogramos exige una preparación física extraordinaria, además de un encomiable espíritu de equipo donde nadie puede permitirse fallar al compañero que suda a su lado. A los gritos acompasados del equipo para marcar el paso exacto, se suman los aplausos y ánimos del público que se agolpa tras las vallas.
En esta época de tecnologías fugaces, inteligencias artificiales y silenciosos vehículos eléctricos (como nuestro Tesla que solemos monitorizar al detalle), presenciar en directo el roce rugoso y primitivo de la piedra contra el adoquinado supone un necesario anclaje a la realidad terrenal. Es un contraste que, en nuestra faceta de educadores, siempre nos ha gustado resaltar. Las mujeres y los hombres que conforman estos sextetos mixtos asumen por igual el peso y el sacrificio. Es decir, la giza-emakume proba no es únicamente una exhibición de potencia física, sino una hermosa metáfora en vivo de la sociedad paritaria y colaborativa que estamos construyendo día a día en Euskal Herria.
Mantenemos viva la memoria de nuestro pueblo apoyando a quienes se dejan la piel por conservar estas disciplinas. Recomendamos acudir a la próxima: llevar a los más pequeños, preguntar al juez cómo se mide una marca y quedarse a ver cómo se aplaude al que llega tercero. ¿Cuándo fue la última vez que viste levantar una piedra de verdad?
¿Qué hace una prueba de fuerza bajo un puente de hierro de 1893? La Giza Proba Bizkaia Zubia, del calendario de la Federación Vizcaína de Juegos y Deportes Vascos, llevó los herri kirolak al Puente Colgante de Las Arenas (Getxo), https://t.co/ygitNoJp5d con jueces oficiales que certifican cada marca. Sin pantallas ni repeticiones: un juez, un número y un público que lo ve con sus ojos. Cultura vasca viva, junto a un monumento UNESCO. Recomendamos acudir a la próxima. #HerriKirolak #Getxo #PuenteColgante
What does a strength contest have to do with an 1893 iron bridge? The Giza Proba Bizkaia Zubia, part of the Biscay Basque Sports Federation's calendar, brings traditional Basque rural sports to the Vizcaya Bridge in Las Arenas (Getxo), with official judges certifying every distance and mark. No screens, no replays: a judge, a number and a crowd that sees it live. Living Basque culture beside a UNESCO monument. Worth attending next time. #BasqueSports #Getxo #VizcayaBridge
Zer lotura du indar-proba batek 1893ko burdinazko zubi batekin? Giza Proba Bizkaia Zubia, Bizkaiko Herri Kirolen Federazioaren egutegikoa, Las Arenaseko Zubi Zintzilikatuaren ondoan antolatu zen (Getxo). Epaile ofizialek egiaztatzen dituzte distantziak eta markak. Pantailarik gabe: epaile bat, zenbaki bat eta bertan ikusten duen jendea. Euskal kultura bizia, UNESCOren monumentu baten itzalean. Hurrengora joatea gomendatzen dizuegu. #HerriKirolak #Getxo #BizkaiaZubia
Quel rapport entre une épreuve de force et un pont de fer de 1893 ? La Giza Proba Bizkaia Zubia, au calendrier de la Fédération biscayenne des jeux et sports basques, installe les herri kirolak près du Pont de Biscaye à Las Arenas (Getxo), avec des juges officiels qui certifient chaque marque. Pas d'écrans ni de ralentis : un juge, un chiffre, un public qui voit tout. Culture basque vivante, à l'ombre d'un monument UNESCO. À ne pas manquer la prochaine fois. #HerriKirolak #Getxo #PontdeBiscaye
En el verano de 1969, un joven recién licenciado en matemáticas Harvard recorría Europa con poco dinero y mucha curiosidad. Se llamaba Richard Gott, tenía 22 años, luego sería astrofísico y se detuvo ante el Muro de Berlín. Como cualquier viajero de la Guerra Fría, se preguntó cuánto tiempo más seguiría allí. Como casi nadie, llegó a una respuesta con un razonamiento que cabe en una servilleta.
Un turista sin información privilegiada. Gott sabía lo mismo que cualquiera: el muro tenía ocho años. Ni diplomacia secreta ni olfato político. De esa ignorancia sacó su argumento. Si nada hace especial el momento de su visita, lo razonable es suponer que llegó en un instante cualquiera de la vida del muro. Con un 50% de probabilidad estaba en los dos cuartos centrales de esa vida, ni en el primero ni en el último. Si se hallaba al comienzo de ese tramo, quedaba por delante el triple de lo ya vivido; si al final, un tercio. Con ocho años a cuestas, el muro duraría entre dos años y ocho meses y veinticuatro años más. Cayó en noviembre de 1989, 20 años después de su visita.
De Copérnico al calendario. El nombre del método, principio de mediocridad, es una declaración de intenciones. Copérnico nos retiró del centro del universo y la astronomía posterior no ha hecho sino confirmar que ocupamos un lugar corriente. Gott propone aplicar esa misma humildad al tiempo: tampoco habitamos un instante privilegiado. Es el principio de mediocridad, que conviene entender en sentido estadístico y no como reproche: casi todos los observadores viven en momentos corrientes, sencillamente porque los momentos corrientes son la mayoría.
En 1993 lo formalizó en Nature. Con un 95 % de confianza, lo que observamos hoy durará entre 1/39 y 39 veces su edad actual. El día de la publicación consultó The New Yorker y calculó el intervalo de cierre de las 44 obras que estaban en cartel en Broadway y fuera de él. Según el relato de Timothy Ferris en 1999, 36 habían cerrado ya, todas dentro de su intervalo. Aplicado a nuestra especie, con unos 200.000 años de existencia, el cálculo arroja entre unos 5.100 y 7,8 millones de años más. Una cifra que consuela y que, vista de cerca, también inquieta.
Un argumento, no un oráculo. Conviene no confundir el método con una bola de cristal. Los intervalos son anchos, y que el muro cayera dentro del suyo no prueba mucho: con márgenes tan generosos, acertar es relativamente fácil. Físicos y filósofos siguen discutiendo cuándo es válido, y una objeción frecuente es que sirve como punto de partida para quien no sabe nada, no como veredicto para quien sí sabe. Si conocemos algo más sobre el objeto, ese conocimiento pesa más que la aritmética. Brandon Carter formuló una variante del llamado argumento del fin del mundo en ese mismo 1993 (posts previos); Gott llegó a la suya de forma independiente.
Lo valioso, a mi juicio, es la lección de método. La ignorancia no obliga al silencio: una suposición mínima produce un intervalo que puede ser refutado. Unamuno hablaba del hambre de inmortalidad como núcleo del sentimiento trágico de la vida; Gott propone el reverso, una aritmética de la finitud que no pide consuelo sino precisión.
Una propuesta para los próximos años. Lectura. En los próximos seis meses, lee el artículo original( de Gott en Nature y la entrevista de Ferris. Objetivo: explicar el método a otra persona sin fórmulas. Escritura y práctica. Cada enero, durante cinco años, anota diez pronósticos de duración (un comercio del barrio, una serie, un proyecto educativo) con su intervalo del 50 %. Evaluación: al cabo de esos años, comprueba si aciertas cerca de la mitad, que es lo que un intervalo bien calibrado debería dar. Voluntariado. En un plazo de dos a diez años, organiza un taller intergeneracional en un centro escolar o un centro de mayores, titulado «Predecir con humildad». Evaluación: número de sesiones, participantes y cuántos son capaces de aplicar el método a un caso propio.
En 1969, un estudiante de 22 años se paró ante el Muro de Berlín, que tenía ocho años, y se preguntó cuánto duraría. Richard Gott no sabía nada de política: solo sabía que su visita no tenía nada de especial. https://t.co/gtT4lbNnuk Con esa humildad calculó que caería entre 2 y 24 años después. Cayó a los 20. Es el principio de mediocridad: no vivimos en un momento privilegiado. ¿Sirve para predecir una obra de Broadway, una empresa o nuestra especie? Lo cuento con sus límites y su belleza. 👇
In 1969, a 22-year-old student stood before the Berlin Wall, then eight years old, and wondered how long it would last. Richard Gott knew nothing about politics, only that there was nothing special about his visit. From that humility he worked out the Wall would fall between 2 and 24 years later. It fell after 20. That is the mediocrity principle: we don't live at a privileged moment. Can it forecast a Broadway show, a company, or our own species? I explore its beauty and its limits. 👇
1969an, 22 urteko ikasle batek Berlingo Harresiaren aurrean gelditu zen, zortzi urte zituela, eta galdetu zion bere buruari zenbat iraungo zuen. Richard Gottek ez zekien politikaz ezer; bakarrik, bere bisitan ez zegoela ezer berezirik. Apaltasun horretatik abiatuta, 2 eta 24 urte geroago eroriko zela kalkulatu zuen. 20 urtera erori zen. Hori da mediokritatearen printzipioa: ez gara une pribilegiatu batean bizi. Balio al du antzerki-lan baten, enpresa baten edo gure espeziearen iraupena aurreikusteko? Hemen kontatzen dut, bere mugekin. 👇
En 1969, un étudiant de 22 ans s'arrête devant le mur de Berlin, alors âgé de huit ans, et se demande combien de temps il tiendra. Richard Gott ne savait rien de politique : seulement que sa visite n'avait rien de spécial. De cette humilité, il déduit que le mur tomberait entre 2 et 24 ans plus tard. Il est tombé après 20. C'est le principe de médiocrité : nous ne vivons pas à un moment privilégié. Peut-il prévoir la durée d'une pièce à Broadway, d'une entreprise ou de notre espèce ? J'en raconte la beauté et les limites. 👇
@1bit1pixel3 La regla que predice cuánto durará cualquier cosa En 1969, un joven físico adivinó cuánto le quedaba al Muro de Berlín sabiendo solo que tenía 8 años. Richard Gott razonó como Copérnico: no estoy en un momento especial, sino en un instante cualquiera de la vida del Muro. Si partes una vida en cuatro trozos, la mitad de las veces caes en los dos del centro, y ahí lo que le queda está entre 1/3 y 3 veces lo que ya ha vivido. Con 8 años, eso era entre 2 años y 8 meses y 24 años: caería entre 1972 y 1993. Cayó el 9 de noviembre de 1989. En 1993 lo repitió con los 44 musicales en cartel en Nueva York (con un 95 % de confianza, entre 1/39 y 39 veces): de los 36 que habían cerrado años después, los 36 lo hicieron dentro de su predicción. Y con los ~200.000 años que contaba entonces para la humanidad, le salía que nos quedan entre 5.100 y 7,8 millones de años. Ojo: la regla solo vale cuando no sabes nada más de lo que mides. Para una persona de 90 años falla, porque de las personas sabemos mucho. El método sigue discutido entre físicos y filósofos. #Shorts#matematicas#probabilidad#murodeberlin♬ sonido original - 1Bit1Pixel
Hoy que hacia las 4 h hemos alcanzado los 23 millones de visitas (posts), tras 9 días desde el anterior millón, nos detendremos en comentar pros y contras de las Ray-Ban MetaGen 2. Tras un uso casi diario durante casi medio año, conviene hacerlo, así como ver lo que queda cuando pasa la novedad. Se trata de algo más que una cámara lo que se disfraza de Wayfarer(caminante, un nombre histórico bien elegido).
Balance de las Ray-Ban MetaGen 2 y la pregunta de la privacidad. Hay gadgets que triunfan por lo que enseñan y otros por lo que esconden. Las Ray-Ban Meta de segunda generación pertenecen a los segundos: bajo una silueta Wayfarer que lleva décadas en la cara de medio mundo hay una cámara ultra gran angular de 12 megapíxeles, altavoces abiertos y un asistente de inteligencia artificial. Las Google Glass fracasaron, entre otras razones, porque se notaban demasiado. Estas no se notan demasiado (o no demasiado pronto), y de esa diferencia nacen tanto sus virtudes como sus problemas.
Lo que se gana: Sobre el papel, la segunda generación corrige lo más evidente de la primera. Meta promete cerca del doble de batería y una carga del 50 % en veinte minutos; las fichas técnicas hablan de unas ocho horas de uso mixto y vídeo en 3K, con precios que en Estados Unidos (donde las compramos) arrancan en 379 $. Las reseñas agregadas coinciden en lo esencial: la captura en primera persona cuando tienes las manos ocupadas y el audio de oído abierto, que te deja oír la calle, son lo que justifica el aparato. Un paseo, una receta, una visita a un museo: la cámara más útil es la que no hay que sacar del bolsillo.
Mi experiencia confirma que me ha sorprendido la autonomía de las gafas y de su estuche. Nunca me he quedado sin batería, pero tampoco sirven para grabar horas de seguido. Se registran vídeos verticales de un máximo de 3 minutos, perfecto para shorts de YouTube. Se puede grabar vídeo secuencialmente, pero al de 20 ó 30 minutos se calientan y es preciso cesar de grabar y esperar unos 5'.
Lo que cansa: El asistente es el punto flojo más repetido: según las reseñas, resuelve bien lo sencillo y se atasca con lo complejo. La aplicación puede resultar torpe al sincronizar vídeo y los vídeos grabados no se sincronizan en el orden cronológico al pasar al móvil, lo que resulta molesto para secuencias. Quien necesita graduación lo tiene más difícil: un usuario que las llevó más de un año con lentes graduadas contó que un cambio de prescripción dejó sus lentes sin sitio dentro de la montura, porque la electrónica limita el grosor.
Lo que no es solo del dueño: La pregunta más seria no está en la batería, sino en la acera. Meta defiende que el LED de grabación es su garantía de privacidad; los críticos replican que casi nadie lo mira y que casi nada distingue una Wayfarer inteligente de una corriente. En estos pocos meses de uso he comprobado que cada vez es más gente la que reconoce el dispositivo y que en segundos es obvio que estás grabando cuando se enciende la luz del LED.
Valoración provisional: Seis meses es el tiempo en que el entusiasmo se asienta y quedan los hábitos. Las Ray-Ban Meta Gen 2 son, probablemente, unas gafas cómodas, que liberan de llevar un móvil en la mano, con una cámara muy buena y un asistente mediocre. Pero el verdadero problema es la falta de un acuerdo social que aún no existe: cuándo es aceptable grabar al otro sin que lo sepa. La tecnología avanza más deprisa que nuestras normas de protocolo y cortesía, y ese desfase es, quizá, lo único que no se puede actualizar por software. Mi criterio sobre privacidad es el siguiente: Solamente usar estas Ray-Ban MetaGen 2cuando por entorno y personas podrías estar usando una cámara o un móvil.
Propuesta de acción:Leer. Dedica unas horas al año a la guía de la AEPD sobre imagen y protección de datos. Objetivo a 2 años: poder explicar a un adolescente qué se puede grabar y publicar. Evaluación: un resumen escrito de una página, revisado cada año. Escribir. Lleva una bitácora anual de qué dispositivos con cámara o micrófono usas y por qué. Objetivo a 5 años: decidir con criterio propio qué dejas de usar. Evaluación: comparar bitácoras y contar cuántos usos has eliminado. Activismo y voluntariado. Propón en tu centro educativo, asociación o grupo cultural una norma sencilla sobre dispositivos con cámara y ofrece un taller de alfabetización digital para mayores. Objetivo a 10 años: que la norma exista y se revise. Evaluación: número de talleres, participantes y revisiones de la norma.
Unas gafas de silueta clásica con cámara de 12 megapíxeles, altavoces abiertos e inteligencia artificial: las Ray-Ban Meta Gen 2 prometen manos libres y memoria en primera persona. https://t.co/Yk5dXdl7VP Pasada la novedad, quedan preguntas más incómodas que la batería: ¿qué hace un asistente irregular en tu cara?, ¿por qué algunos locales y ópticas europeas las miran con recelo?, ¿quién consiente cuando tú grabas? Un balance sereno de lo que ganas tú y de lo que cede quien pasa a tu lado. #RayBanMeta #IA #Privacidad
Itxura klasikoko betaurrekoak, 12 megapixeleko kamerarekin, bozgorailu irekiekin eta adimen artifizialarekin: Ray-Ban Meta Gen 2-k eskuak libre uzteko eta lehen pertsonan gogoratzeko aukera eskaintzen dute. Berritasuna pasatzean, bateria baino galdera deserosoagoak geratzen dira: zer egiten du laguntzaile irregular batek zure aurpegian? Zergatik begiratzen dituzte Europako denda eta optika batzuek mesfidantzaz? Eta nork ematen du baimena zuk grabatzen duzunean? Irabazten duzunaren eta ondotik pasatzen denak uzten duenaren balantzea. #RayBanMeta #IA #Pribatutasuna
Classic Wayfarer frame, 12-megapixel camera, open-ear speakers, an AI assistant: the Ray-Ban Meta Gen 2 promise hands-free, first-person memories. Once the novelty fades, the awkward questions are not about battery life. What is an uneven assistant doing on your face? Why are some European venues and opticians wary of them? Who consents when you record? A calm look at what the wearer gains and what the person walking past gives up. #RayBanMeta #AI #Privacy
Monture Wayfarer classique, caméra de 12 mégapixels, haut-parleurs ouverts et assistant d'IA : les Ray-Ban Meta Gen 2 promettent les mains libres et des souvenirs à la première personne. Une fois la nouveauté passée, les questions qui dérangent ne concernent pas la batterie. Que fait un assistant inégal sur votre visage ? Pourquoi certains établissements et opticiens européens s'en méfient-ils ? Qui consent quand vous filmez ? Un bilan posé de ce que gagne celui qui les porte et de ce que cède celui qui le croise. #RayBanMeta #IA #Vieprivée