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PISA 2025: 5 causas capitales del desastre y 6 posibles soluciones

Debate sobre #PISA2015 en el programa La Noche En Jake
Imagen de 2016, explicando en ETB los resultados de PISA 2015 en prime time. Contexto del artículo: Hace más de 8 años que me jubilé con 65 años. Desde entonces me he centrado en otros temas, pero siempre he sido un educador. Comencé con 22 años, en 1975, como Profesor Titular de Didáctica de las Matemáticas y Ciencias Experimentales en la UPV-EHU. En 1985 pasé al Gobierno Vasco como responsable de Tecnología y Educación, y luego muchos años como responsable de Innovación Educativa. He escrito y divulgado mucho sobre PISA (posts aquí recogidos). En este primer artículo, he preferido apuntar medidas generales, a escala universal. Seguirá una entrada sobre el caso de la Comunidad Autónoma de Euskadi, con soluciones que siguen siendo oportunas, muchas de ellas como lo eran tras PISA 2015 (leer aquí). Tampoco en este texto he apuntado razones permanentes y obvias que diferencian en resultados de comprensión lectora a alumnado de la misma edad que estudia en comunidades bilingües respecto a monolingües, y más si es con idiomas tan distantes lingüísticamente.

Los resultados de PISA 2025, publicados el 8 de septiembre de 2026, nos han dejado anonadados. Era esperable el declive. porque confirma lo que ya se insinuaba en PISA 2018 y PISA 2022 (PISA 2021 no pudo realizarse por la pandemia), pero no en esa grado de pérdida de nuestras generaciones de infancia y juventud. Cae peligrosamente el rendimiento de los adolescentes de 15 años en lectura, matemáticas y ciencias ha seguido deteriorándose en buena parte del mundo rico. No se trata de un tropiezo puntual ni, según la propia OCDE, de un artefacto del instrumento. Es un cambio de época educativa, visible a la vez en el promedio de la OCDE, en España y, con particular intensidad, en el País Vasco.

PISA no mide “cultura general” ni fidelidad al currículo nacional. Mide la capacidad de aplicar conocimientos a problemas nuevos. Por eso su caída no es un dato administrativo: es un indicador de la capacidad cognitiva colectiva con la que una generación entra en la vida adulta, en un momento en que la inteligencia artificial y la complejidad informativa exigen precisamente lo contrario: atención sostenida, lectura de textos largos, razonamiento y perseverancia.

La pregunta útil no es quién tiene la culpa. Es qué ha cambiado en los estudiantes, en las familias, en el profesorado, en las aulas, en los sistemas y en la sociedad, y qué se puede corregir con evidencia, no con eslóganes. Repasamos, a continuación y con una extensión inhabitual, las principales causas de la bajada de resultados y algunas fórmulas clave para recuperar el aprendizaje requerido para un futuro incierto.

Hay momentos en los que una estadística deja de ser simplemente una estadística. Los resultados de PISA 2025, publicados por la OCDE el 8 de septiembre de 2026, constituyen uno de esos momentos. Más de 760.000 estudiantes de 91 países y economías han participado en esta evaluación internacional y el diagnóstico es inequívoco: el deterioro del rendimiento no afecta únicamente a un país o a un determinado modelo educativo. La OCDE registra una caída generalizada y sitúa el rendimiento medio de sus países miembros en mínimos históricos en matemáticas, lectura y ciencias.

Por tanto, sería un error interpretar el resultado exclusivamente como un «fracaso un agente o una comunidad», del mismo modo que sería tranquilizador atribuirlo únicamente a la pandemia, a los teléfonos móviles, a una determinada ley educativa o a la supuesta falta de esfuerzo de los adolescentes. El problema es más profundo, multifactorial y estrepitoso por fallo sistémico de todos los intervinientes. Estamos ante una disrupción cultural, tecnológica y educativa de gran alcance. Y precisamente por eso las soluciones tampoco pueden reducirse a apuntar hacia algo en concreto y menos aún a cambiar alguna ley cada pocos años.

Premisa crucial: la caída es internacional. La primera conclusión obliga a abandonar cualquier explicación exclusivamente nacional. Entre 2015 y 2025, la puntuación media de la OCDE cayó 22 puntos en matemáticas y 28 puntos en lectura. En ciencias, donde PISA 2025 situó su principal foco de evaluación, también se produjo un descenso, aunque considerablemente menor.

La magnitud es extraordinaria porque PISA no está describiendo solamente una oscilación coyuntural. La tendencia descendente venía manifestándose desde antes de la pandemia en numerosos sistemas. La COVID-19 agravó probablemente un problema que ya existía, pero no lo creó desde cero. Esta distinción es fundamental. Si pensamos que todo se debe a los confinamientos, nuestra respuesta será recuperar simplemente las clases perdidas. Si entendemos que existe una transformación estructural del aprendizaje, necesitaremos rediseñar parte del sistema.

1. Primera causa: la pandemia, pero no como explicación total. La pandemia provocó interrupciones escolares, aislamiento social, pérdida de rutinas, dificultades familiares y una aceleración improvisada de la educación digital. Su impacto sobre determinados grupos fue especialmente intenso. Pero la propia evidencia de PISA 2022 ya advertía de que no existe una relación sencilla entre duración del cierre escolar y caída del rendimiento. Algunos sistemas con cierres relativamente prolongados tuvieron resultados mejores que otros con interrupciones menores. 

La pandemia debe entenderse, por tanto, como un acelerador. Aceleró tendencias anteriores: desigualdad, problemas de salud mental, pérdida de hábitos de lectura, dependencia tecnológica, dificultades de concentración, absentismo y debilitamiento de determinados vínculos entre escuela y familia. La cuestión no es volver a 2019. Es aprender a educar en una sociedad que ya no es la de 2019.

2. Segunda causa: la revolución de la atenciónProbablemente estamos ante uno de los cambios menos comprendidos de nuestro tiempo. Durante siglos, aprender significaba fundamentalmente concentrarse durante períodos prolongados. Ahora vivimos rodeados de estímulos diseñados para interrumpir la concentración. Móviles, redes sociales, vídeos breves, videojuegos, notificaciones y plataformas digitales compiten permanentemente por la atención de los adolescentes.

No es una cuestión moral. Es una cuestión cognitiva. La atención sostenida es un recurso limitado. Y la escuela tiene que competir con industrias cuyo modelo económico consiste precisamente en maximizar el tiempo de permanencia del usuario. PISA ofrece señales relevantes. En 2022, alrededor del 30% de los estudiantes de los países de la OCDE declaraba distraerse por dispositivos digitales durante las clases. Además, la utilización moderada de dispositivos para aprender podía asociarse positivamente con el rendimiento, mientras que el uso excesivo o recreativo presentaba relaciones negativas. La conclusión no debería ser «tecnología sí» o «tecnología no». Debe ser: tecnología dentro cuando mejora el aprendizaje; tecnología fuera cuando destruye la atención.

3. Tercera causa: hemos debilitado la lectura profundaLa caída en comprensión lectora merece una consideración especial. Leer no significa únicamente descodificar palabras. Significa construir significado, inferir, relacionar ideas, distinguir hechos y opiniones, interpretar argumentos, reconocer matices y mantener información en la memoria de trabajo. La lectura profunda necesita tiempo. Y necesita una cierta tolerancia al aburrimiento. Una generación acostumbrada al desplazamiento permanente de contenidos puede encontrar especialmente difícil enfrentarse a un texto largo, complejo y sin recompensas inmediatas.

España ofrece aquí una señal preocupante: en PISA 2025 obtiene 451 puntos en lectura, frente a 474 en 2022. Es su peor resultado histórico en esta competencia.  La respuesta debería ser inequívoca: hay que volver a enseñar a leer mucho, despacio y críticamente. No solamente en Lengua. También en Ciencias, Matemáticas, Historia, Filosofía y Tecnología. Un alumno que no comprende un problema escrito difícilmente podrá resolverlo matemáticamente, aunque conozca las operaciones.

4. Cuarta causa: menor esfuerzo cognitivoExiste otro fenómeno que conviene abordar sin prejuicios generacionales. Aprender cuesta. La memoria, la práctica deliberada, la resolución de problemas, la escritura y la lectura exigente requieren esfuerzo. La educación contemporánea ha incorporado con razón metodologías activas, aprendizaje por proyectos, colaboración, creatividad y competencias. El problema aparece cuando estos enfoques se interpretan como sustitutos de los conocimientos básicos, y no como instrumentos para utilizarlos. 

No existe pensamiento crítico sin conocimientos. No existe creatividad sólida sin dominio de un campo. No existe competencia científica sin fluidez matemática. No existe inteligencia artificial bien utilizada sin criterio intelectual. La educación debe recuperar un equilibrio entre conocimiento y competencia, contenidos y aplicación, memoria y comprensión.

5. Quinta causa: la inteligencia artificial cambia las reglasPISA 2025 incorpora explícitamente el nuevo contexto de la inteligencia artificial. El problema no es que los estudiantes utilicen ChatGPT, Gemini, Claude u otros sistemas. El verdadero problema sería que la IA sustituyera precisamente las operaciones cognitivas que la escuela pretende desarrollar. Si una máquina resume, redacta, calcula, traduce y resuelve problemas, la educación debe plantear una pregunta nueva: ¿Qué necesitamos seguir aprendiendo los humanos cuando las máquinas pueden ejecutar buena parte de las tareas intelectuales rutinarias? La respuesta no puede ser «nada».

Debe ser exactamente la contraria: necesitamos más comprensión, más capacidad para formular preguntas, más razonamiento, más verificación, más cultura científica, más pensamiento crítico y más capacidad para distinguir una respuesta plausible de una respuesta verdadera. La IA debería convertirse en tutor, simulador, interlocutor y herramienta de investigación, no en sustituto del esfuerzo intelectual.

España: el problema es especialmente serio. España llega a PISA 2025 con resultados históricamente bajos. La puntuación nacional se sitúa en 457 puntos en matemáticas, 451 en lectura y 477 en ciencias. Respecto a 2022, las pérdidas son aproximadamente de 16 puntos en matemáticas, 23 en lectura y 8 en ciencias. El dato resulta particularmente preocupante porque España ya había experimentado retrocesos en las ediciones anteriores. 

En PISA 2022, la OCDE constataba que los resultados españoles habían descendido respecto a 2015 en las tres competencias. No parece razonable atribuir todo el deterioro a una única reforma educativa. Tampoco sería científico afirmar que la LOMLOE es por sí sola responsable del descenso. Los estudiantes evaluados en PISA 2025 han pasado por una combinación de circunstancias: pandemia, transformación digital, cambios curriculares, nuevas pautas familiares, mayor diversidad social y lingüística, modificaciones en las prácticas docentes y cambios culturales profundos. La respuesta debería ser, por tanto, igualmente sistémica. 

Euskadi: una alarma especialmente insufrible. El caso vasco merece un análisis específico porque Euskadi había construido durante décadas una reputación de sistema educativo relativamente sólido y equitativo. Los resultados de PISA 2025 obligan a revisar esa percepción. Euskadi obtiene 460 puntos en matemáticas, 419 en lectura y 459 en ciencias, frente a 482, 466 y 480 respectivamente en PISA 2022. La caída es particularmente dramática en comprensión lectora:47 puntos menos.

En lectura, Euskadi queda en la parte inferior de las comunidades autónomas. No es un pequeño retroceso estadístico. Es una señal estructural. Y precisamente por eso sería un error responder mediante una explicación simplista —por ejemplo, atribuirlo exclusivamente al modelo lingüístico, a la inmigración, a la metodología competencial o al uso de pantallas—. Cada una de esas hipótesis puede ser investigada. Ninguna debería convertirse automáticamente en una conclusión causal. 

El propio organismo vasco de evaluación, ISEI-IVEI, señala que PISA 2025 incorpora además nuevas dimensiones relacionadas con el aprendizaje en el mundo digital y la lengua extranjera, mientras ciencias constituye la competencia principal de la edición. Euskadi necesita ahora investigación educativa propia, no solamente interpretación política de las tablas.

El factor socioeconómico sigue siendo determinante. PISA demuestra reiteradamente que el contexto familiar importa. En España, el estatus socioeconómico y cultural continúa siendo un predictor relevante del rendimiento. En PISA 2022 explicaba aproximadamente el 14% de la variabilidad del rendimiento matemático, frente al 15% en el conjunto de la OCDE. Pero hay una conclusión igualmente importante: la escuela sí puede compensar parcialmente las desigualdades de origen.

El objetivo no debería ser conseguir que todos los alumnos obtengan exactamente el mismo resultado. Eso sería imposible y tampoco deseable. El objetivo es que el origen familiar determine lo menos posible el destino educativo. Para ello hacen falta refuerzos tempranos, orientación, tutorías, becas, apoyo lingüístico, educación infantil de calidad y una atención mucho más individualizada.

Pasemos a las fórmulas urgentes que puedan corregir esta aterradora deriva.

1. Primera fórmula: recuperar la lecturaLa medida más barata y probablemente una de las más poderosas sería establecer un innovador Plan Vasco y Español de Lectura Profunda. Entre 30 y 45 minutos diarios de lectura sostenida y cumplimiento estricto. Libros completos. Textos científicos. Ensayos adaptados. Literatura clásica. Prensa de calidad, si se encuentra. Y después, conversación y escritura. No se trataría de convertir la lectura en una asignatura más, sino en una infraestructura intelectual transversal. Un estudiante que lee bien aprende mejor prácticamente todo. 

2. Segunda fórmula: volver a enseñar explícitamente los fundamentosNecesitamos recuperar una idea aparentemente antigua y profundamente moderna: lo básico debe dominarse. Ortografía, vocabulario, sintaxis, cálculo, álgebra, proporcionalidad, estadística, razonamiento científico, comprensión de gráficos, escritura argumentativa. Después vendrán los proyectos interdisciplinarios, la creatividad, la programación, la robótica y la inteligencia artificial. Pero no antes. Un sistema educativo innovador no es aquel que utiliza más aplicaciones. Es aquel que consigue que sus estudiantes aprendan más y mejor. 

3. Tercera fórmula: una política inteligente de pantallas. Ni tecnofobia ni tecnolatría. Un buen colegio del siglo XXI debería poder utilizar tablets, ordenadores, simuladores, laboratorios virtuales e inteligencia artificial y, simultáneamente, establecer períodos protegidos sin dispositivos. La evidencia disponible sugiere precisamente esa moderación: un uso educativo limitado puede resultar beneficioso, mientras que la distracción digital se relaciona negativamente con el rendimiento. La pregunta correcta no es «¿hay tecnología en el aula?». Es: «¿Qué aporta esta tecnología que el estudiante no podría aprender mejor de otra manera?» 

4. Cuarta fórmula: dignificar y reconocer al profesorado. Ninguna reforma educativa funcionará sin profesores preparados, motivados y con tiempo para enseñar. Hay que reducir tareas burocráticas, mejorar la formación permanente, reforzar la carrera profesional y atraer talento hacia la docencia. Y hay que proporcionar al profesorado herramientas eficaces para gestionar aulas heterogéneas. PISA 2022 ya mostraba la importancia del apoyo docente: los estudiantes que percibían mayor disponibilidad de ayuda del profesor presentaban mejores resultados matemáticos. La innovación educativa no debería consistir en pedir al profesor que haga cada año diez cosas nuevas. Debería consistir en ayudarle a hacer mejor las cosas esenciales.

5. Quinta fórmula: intervenir antesUna caída detectada a los 15 años puede haberse iniciado a los 7, a los 9 o incluso antes. Por ello necesitamos sistemas de alerta temprana. Si un niño presenta dificultades persistentes de comprensión lectora en tercero de Primaria, no deberíamos esperar hasta Secundaria. La regla debería ser sencilla: detectar pronto, intervenir pronto y evaluar si la intervención funciona. Esto exige evaluaciones diagnósticas rigurosas, pero no convertir la escuela en una sucesión interminable de exámenes. Evaluar no es examinar continuamente. Evaluar es obtener información útil para tomar mejores decisiones. 

6. Sexta fórmula: menos teorías, más evidenciasEspaña necesita superar el ciclo perverso de las reformas educativas. Cada cambio político modifica currículos, terminología, prioridades y estructuras. El profesorado vuelve a empezar. 

Una política educativa madura debería establecer objetivos para diez o quince años. Por ejemplo: elevar sustancialmente la comprensión lectora; reducir el porcentaje de alumnado por debajo del nivel básico; aumentar el alumnado excelente; mejorar matemáticas y ciencias; reducir las brechas socioeconómicas; mejorar la formación docente; disminuir la distracción digital; integrar la IA con criterios pedagógicos. Y medir anualmente el progreso. No esperar tres años hasta PISA. 

Una propuesta específica para Euskadi. Euskadi debería responder al resultado con un nuevo Pacto Escolar por el Aprendizaje, construido sobre evidencia y no sobre trincheras políticas. Debería incluir al menos: 1. Un plan extraordinario de comprensión lectora. 2. Refuerzo intensivo de matemáticas y ciencias. 3. Evaluación externa e independiente de las metodologías utilizadas. 4. Investigación rigurosa sobre el impacto de los modelos lingüísticos. 5. Programas específicos para alumnado inmigrante recién incorporado. 6. Formación avanzada del profesorado en IA y alfabetización digital. 7. Regulación efectiva de móviles durante la jornada escolar. 8. Reducción de burocracia docente. 9. Tutorías individualizadas para alumnado vulnerable. 10. Publicación transparente y pormenorizada de indicadores de progreso.

Y una undécima medida sine quo non: recuperar la ambición. Euskadi no debería conformarse con estar cerca de la media estatal o europea. Por esfuerzo histórico, por inversión mantenida y por imperativo de supervivencia debería aspirar de nuevo a situarse entre los sistemas europeos de mayor rendimiento y equidad.

La OCDE también necesita aprender de PISA. A modo de recopilación final, es preciso comprender que el problema no es exclusivamente vasco, ni español, ni de toda la OCDE. Si numerosos sistemas educativos avanzados están retrocediendo simultáneamente, la propia OCDE debería promover una investigación internacional sobre las causas. Necesitamos saber cuánto corresponde a: pandemia; digitalización; móviles; redes sociales; inteligencia artificial; hábitos familiares; lectura; salud mental; absentismo; disciplina; motivación; cambios curriculares; composición demográfica; condiciones docentes,... Y, sobre todo, necesitamos estudios longitudinales que permitan distinguir correlación de causalidad. PISA es extraordinariamente valioso, pero es una fotografía periódica. Para comprender la película necesitamos más datos y mucha más investigación. 

Tampoco debemos convertir PISA en una competición de rankings. PISA no mide toda la educación. No mide directamente la calidad humana de una escuela, la creatividad completa de una persona, su ciudadanía, su felicidad, su ética o su capacidad para construir relaciones. Por eso sería absurdo reducir la educación a una tabla de posiciones. Pero también sería absurdo despreciar PISA cuando los resultados son malos. Las dos posiciones extremas son intelectualmente cómodas y científicamente pobres. PISA es un termómetro. No es la enfermedad. Pero cuando el termómetro marca fiebre, conviene investigar. Y en 2025 la fiebre es alta. 

Una apelación a la verdadera innovación educativa. Quizá la lección más profunda de PISA 2025 sea paradójica. Para preparar el futuro no necesitamos necesariamente una escuela más tecnológica. Necesitamos una escuela más inteligente en el uso de la tecnología. Una escuela que enseñe a leer cuando todos consumen fragmentos. A calcular cuando existen calculadoras. A escribir cuando existe la IA generativa. A memorizar aquello que conviene tener disponible mentalmente. A investigar cuando existe Google, Quora, ChatGPT,... A contrastar cuando existen millones de respuestas. A conversar cuando proliferan las pantallas. Y a pensar cuando las máquinas empiezan a hacerlo extraordinariamente bien. La innovación educativa no consiste en introducir cada novedad. Consiste en conservar lo que funciona (siempre ha sido mucho más difícil de discernir que lo que hay que sumar) y cambiar aquello que ha dejado de funcionar. 

Una década para recuperar el aprendizaje. El resultado de PISA 2025 debería provocar preocupación, pero no pesimismo. Los sistemas educativos pueden y deben cambiar. Existen países y territorios que han demostrado que es posible combinar equidad y excelencia. PISA identifica sistemas capaces de mantener buenos niveles de competencia básica junto con una distribución relativamente equitativa del rendimiento. La cuestión no es descubrir una fórmula mágica. No existe. La fórmula real es mucho menos espectacular y mucho más exigente: buenos profesores, buenos directores, familias implicadas, alumnos que estudian, currículos coherentes, evaluación rigurosa, lectura abundante, matemáticas sólidas, ciencia, disciplina razonable, tecnología bien utilizada y políticas educativas estables.

Y, por encima de todo, una sociedad adulta y consciente que vuelva a transmitir a sus jóvenes una idea esencial: aprender merece la pena. PISA 2025 no debería ser recordado dentro de diez años como el momento del desastre educativo. Debería convertirse en el momento en que decidimos cambiar de rumbo. No para volver al pasado. Sino para construir una escuela capaz de preparar a nuestros hijos y nietos para un mundo que será simultáneamente más tecnológico, más complejo y más humano. Porque la verdadera pregunta que plantea PISA no es qué posición ocupa España o Euskadi en una clasificación. La cuestión más trascendente es: ¿Qué estamos haciendo hoy para que las próximas generaciones puedan comprender mejor el mundo que nosotros? Y esa respuesta todavía está en nuestras manos.

@enjakeETB #PISA2015

Imagen de PISA 2015. Posts previos nuestros sobre PISA

2ª Visita a la Colección de Motos de Emiliano Escudero Cano

Hemos cursado una segunda visita a la extraordinaria Colección de Motos Clásicas de Emiliano Escudero Cano, quien nos ha recibido y acompañado muy amablemente. En esta ocasión, han acudido como interesados comunicadores Sergio de Haro García (1ª parte y 2ª parte de la entrevista), un estudiante de Ingeniería Mecánica, y Sara Estévez Álvarez (entrevista), una escolar de ESO.
Esta segunda visita ha sido para reunir más información sobre esta increíble colección, que dará para diferentes entradas porque reúne proezas de muy diferentes protagonistas. El primero y principal es el propio fundador, Emiliano Escudero Cano (véase su Facebook), que nos ha aportado muchas más referencias. En esta ocasión, también hemos recabado más información sobre las Motocicletas Lube, que reuniremos en un próximo post. 
Colección de Motos Clásicas de Emiliano Escudero Cano
Álbum de imágenes y vídeosOtros posts sobre este singular coleccionista, Emiliano Escudero Cano, de San Pedro del Pinatar.

Trabajo opcional, abundancia total: Utopía de Elon Musk

Con todos los filtros y reservas que queramos, con memoria de los plazos de incumplimiento que ha demostrado en su trayectoria, pero creemos que sigue siendo necesario escuchar a Elon Musk como en esta reciente entrevista. El pasado 20 de julio de 2026, en la Gigafactory de Tesla en Texas, Elon Musk concedió a Zanny Minton Beddoes, directora editorial de The Economist, su primera entrevista extensa desde la salida a bolsa de SpaceX. La conversación, publicada tres días después bajo el título “The Insider”, constituye un documento singular: casi una hora en la que el empresario despliega, con la misma soltura, una cosmología tecnológica de alcance civilizatorio y una serie de posiciones políticas que desembocan en uno de los cruces más tensos que se recuerdan entre un periodista y un magnate contemporáneo.

El núcleo técnico de la entrevista es una predicción escalonada. Musk sostiene que la inteligencia artificial superará la suma de la inteligencia humana en un plazo de apenas cinco años, y que hacia 2036 -diez años vista- prácticamente no existirá tarea en la que un humano supere a una máquina, salvo, matiza, la de ser humano. A esa inteligencia digital le falta, según él, un componente: los “efectores, es decir, cuerpos robóticos capaces de transformar el mundo físico. De la conjunción de algoritmos y robots humanoides surgiría una economía cuasi infinita, con una abundancia material tal que el dinero, augura sin ambages, dejará de importar en 2036. Ante el escepticismo de Minton Beddoes, que le recuerda que sus accionistas sí esperan beneficios, Musk defiende una tesis deflacionaria: si la producción de bienes crece más deprisa que la masa monetaria, el resultado no será inflación sino abaratamiento generalizado.

Ese optimismo convive con una revisión explícita de su propia trayectoria intelectual. El empresario que hace una década temía la “autosuperación recursiva” de las máquinas y que en 2023 firmó la petición para pausar el desarrollo de la IA admite ahora haber llegado a una suerte de resignación filosófica: la carrera es imparable -él mismo, señala con cierta ironía, contribuyó a acelerarla al fundar OpenAI y propiciar indirectamente la escisión de Anthropic- y lo sensato es disfrutar del trayecto, aunque mantiene una probabilidad de catástrofe existencial de entre el diez y el veinte por ciento. Como salvaguarda intermedia, propone que los grandes laboratorios -incluidos los chinos- se reúnan periódicamente y se concedan una o dos semanas de acceso mutuo a sus modelos más avanzados antes del lanzamiento, con la industria autorregulándose al estilo de la Motion Picture Association y recurriendo a los gobiernos solo si una empresa ignora un riesgo detectado. Sobre la competencia con China, Musk relativiza el peso de las restricciones a la exportación de chips: el cuello de botella real, afirma, ya no es el semiconductor sino la electricidad, terreno en el que Pekín aventaja holgadamente a Washington, lo que explica su apuesta por centros de datos orbitales.

En cuanto al empleo, compara el futuro de la programación con el ajedrez frente a Stockfish -un programa tan superior que ganaría a cualquier humano incluso ejecutado en un teléfono- y extiende esa metáfora a cualquier oficio imaginable. El trabajo, sostiene, se volverá opcional, comparable a cultivar un huerto: no imprescindible, pero gratificante. Reconoce que la transición será accidentada y, preguntado por la redistribución, propone que el Tesoro emita cheques directamente a los ciudadanos, aunque insiste en que la fiscalidad tradicional perderá sentido en un mundo post-escasez. Recomienda, como retrato anticipado de ese porvenir, la serie de novelas de “la Cultura” de Iain M. Banks (post siguiente), lectura que la propia entrevistadora confiesa haber emprendido por recomendación suya, aunque discrepa sobre el grado de autonomía real que conservarían los humanos en semejante sociedad.

La entrevista aborda también el poder geopolítico que ejerce Musk a través de Starlink, decisivo en la defensa ucraniana y capaz, mediante una lista blanca de terminales, de restringir su uso por tropas rusas en territorio ocupado. Musk defiende una salida negociada al conflicto que reconozca la realidad de un frente estancado, postura que contrasta con el relato de avances ucranianos que maneja Minton Beddoes. Sobre su paso por el Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE), admite haberse involucrado demasiado en política, aunque rechaza con rotundidad que los recortes a la ayuda exterior estadounidense hayan costado una sola vida, en un intercambio especialmente vivo con la periodista, que sostiene lo contrario. 

El tramo final, dedicado a Europa, es el más beligerante del encuentro. Musk afirma que, de mantenerse las tendencias migratorias actuales, la guerra civil en Gran Bretaña resulta inevitable a su juicio, defiende su respaldo a formaciones que la prensa convencional etiqueta de extrema derecha como expresión de un sentido común normal -fronteras seguras, ciudades seguras, gasto sensato- y niega ser racista invocando a su propia familia y la diversidad de sus equipos directivos. Minton Beddoes replica con datos sobre criminalidad comparada y le acusa de amplificar, ante sus más de doscientos millones de seguidores, una imagen distorsionada del continente, citando su promoción de una película de tono vigilante. El desacuerdo queda, explícitamente, sin resolver: ambos convienen en discrepar y remiten el veredicto al paso del tiempo, aunque Musk cierra con una nota de humor al vaticinar que la singularidad tecnológica, a diez años vista, llegará antes que esa hipotética guerra civil, que sitúa a veinte.

Más allá de las posiciones concretas, la entrevista interesa como retrato de una figura que concentra, simultáneamente, capacidad técnica, poder empresarial casi absoluto sobre corporaciones cotizadas y una audiencia mediática que rivaliza con la de cualquier gobierno. Es precisamente esa acumulación -y la pregunta de si conviene que resida en una sola persona- lo que atraviesa, con ecos de la reflexión de Hannah Arendt (otros posts nuestros) sobre el poder y sus límites, todo el diálogo: la promesa de una abundancia casi utópica convive, sin solución de continuidad, con la fragilidad de un debate público cada vez más polarizado.

Resumen: Musk augura una IA superior a toda la humanidad en cinco años. El dinero no importará en 2036, predice Elon Musk a The Economist. Guerra civil en Gran Bretaña: el choque de Musk con The Economist. Entre la singularidad y la polarización: el Musk de 2026. De temer la IA a abrazarla: la conversión filosófica de Elon Musk.

@diegoruzzarin La lista de mentiras de Elon Musk y la entrevista que lo puso muy incómodo. #diegoruzzarin #elonmusk #tesla ♬ sonido original - Diego Ruzzarin

Colección de Motos Clásicas de Emiliano Escudero Cano

Hemos visitado la Colección de Emiliano Escudero Cano (FB Oficial), un inmenso patrimonio con la memoria mecánica sobre dos ruedas. En total, y por el momento, 196 motos de 56 marcas distintas en el centro de San Pedro del Pinatar (Murcia). Nos ha recibido muy amablemente su creador, junto a su hijo y otros colaboradores, que también nos han acompañado a su cercana Recopilación vintage de Coca Cola (siguiente post)Existen colecciones que representan mucho más que un conjunto de objetos antiguos reunidos por afición; son auténticos archivos vivos de la historia tecnológica, social e industrial de un país. La extraordinaria colección de motos clásicas de Emiliano Escudero Cano constituye uno de esos legados fundamentales donde la mecánica, el diseño y la pasión humana se entrelazan de forma ejemplar. 

Ha sido una primera visita, que pronto repetiremos con algunas personas especialistas que quizá puedan colaborar como voluntariado para catalogar y documentar este tesoro del motor. Hablar de esta colección es adentrarse en un recorrido fascinante por la evolución del transporte ligero. No se trata únicamente de contemplar el brillo del cromo o el rugido nostálgico de los motores de dos y cuatro tiempos. Se trata, ante todo, de comprender cómo cada una de estas motocicletas encarna una respuesta técnica a los retos de movilidad de su tiempo, reflejando el contexto socioeconómico, la creatividad industrial y la estética cultural del siglo XX. 

Tecnología analógica e ingeniería del esfuerzoEn una época hiperconectada, dominada por la electrónica, los sensores digitales y la gestión computarizada, aproximarse a las máquinas preservadas por Emiliano Escudero Cano ofrece una lección de física y tecnología aplicada de primer orden. En cada chasis multitubular, en la geometría de un carburador o en la simplicidad genial de los primeros sistemas de suspensión reside la esencia pura de la mecánica tradicional.


Marcas legendarias —tanto de la época dorada de la industria nacional española (Bultaco, Montesa, OSSA, Derbi, Sanglas o nuestra predilecta Lube de mi padre que pronto detallaremos, pero se avanza en el vídeo inicial)  como iconos de la producción internacional (BMW, Vespa, Lambretta, Norton)— adquieren en este acervo una dimensión educativa singular. Cada proceso de restauración realizado con rigurosidad histórica no solo devuelve la vida a una pieza de metal; salvaguarda el conocimiento artesanal de los mecánicos de antaño, aquellos orfebres de taller que diagnosticaban averías con el oído y ajustaban tiempos con la precisión de un relojero. 


Reflexión pedagógica: La restauración de una motocicleta clásica es una lección magistral de paciencia, física aplicada y respeto por la memoria tecnológica que cimentó la movilidad moderna.


Un recurso educativo e intergeneracionalDesde la perspectiva de la divulgación cultural y la educación en valores, colecciones con este nivel de conservación resultan herramientas pedagógicas indispensables. Permiten explicar a las nuevas generaciones que la innovación tecnológica no nace espontáneamente en una pantalla, sino en la cultura del ensayo, la optimización de materiales y el ingenio ante las limitaciones técnicas de cada contexto histórico.


Estudiar y contemplar este patrimonio industrial propicia además un fructífero diálogo intergeneracional. Los más mayores reencuentran en estos modelos las vivencias, trayectos y paisajes de su juventud, mientras que los estudiantes de tecnología, diseño e ingeniería descubren la elegancia y solvencia de las soluciones mecánicas primigenias.


Conclusión: El valor del patrimonio motorizadoLa labor de recopilación, restauración y conservación de Don Emiliano Escudero Cano trasciende el ámbito del coleccionismo privado para prestar un servicio de primer orden a la memoria colectiva. Mantener vivas estas joyas mecánicas nos recuerda que el presente tecnológico camina sobre los hombros de la audacia y la inventiva del pasado. Un homenaje imprescindible a la historia industrial, a la pedagogía del trabajo manual y a la fascinación atemporal por la libertad sobre dos ruedas.

Colección de Motos Clásicas de Emiliano Escudero Cano
Álbum de imágenes y vídeosÁlbum de imágenes y vídeos. Otros posts sobre este singular coleccionista, Emiliano Escudero Cano, de San Pedro del Pinatar. 
 
@agirregabiria

Colección de motos clásicas de Emiliano Escudero Cano

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Transhumanismo: La promesa y el riesgo de superar lo humano

Volvemos al tema del Transhumanismo (posts anteriores), o la ambición de rediseñar la condición humana. El transhumanismo es una corriente filosófica y cultural que propone emplear la ciencia y la tecnología —biotecnología, inteligencia artificial, nanotecnología, neurociencia— para superar las limitaciones biológicas del ser humano: la enfermedad, el envejecimiento e incluso la muerte. No es una novedad estrictamente contemporánea: sus raíces intelectuales se remontan a pensadores como Julian Huxley, quien acuñó el término en 1957, aunque su formulación moderna se consolidó en las últimas décadas del siglo XX de la mano de autores como Nick Bostrom, filósofo sueco de la Universidad de Oxford, uno de sus principales sistematizadores académicos.

El proyecto transhumanista se articula en torno a tres grandes frentes. El primero es la extensión radical de la vida, que busca ralentizar o revertir el envejecimiento mediante terapias génicas, senolíticos o reprogramación celular. El segundo es la mejora cognitiva y física (human enhancement), que incluye desde fármacos nootrópicos hasta interfaces cerebro-máquina como las que desarrolla Neuralink. El tercero, más especulativo, es la fusión con la inteligencia artificial, imaginando un futuro en el que la mente humana pueda ampliarse, respaldarse o incluso trasladarse a sustratos no biológicos, idea vinculada a la noción de singularidad tecnológica popularizada por Ray Kurzweil (otros posts).

Desde el punto de vista filosófico, el transhumanismo reabre preguntas clásicas con urgencia inédita. ¿Qué constituye la identidad personal si la memoria y la cognición pueden modificarse artificialmente? ¿Sigue siendo "natural" —y debe serlo— aquello que definimos como humano? Pensadores como Jürgen Habermas han advertido sobre los riesgos de una eugenesia liberal que, sin coacción estatal, podría instaurar nuevas jerarquías biológicas mediante el mercado. Michael Sandel, por su parte, ha cuestionado si la búsqueda de la perfección técnica erosiona valores como la humildad, la solidaridad y la aceptación de lo dado (giftedness). Frente a estas críticas, el llamado bioconservadurismo se opone a intervenciones que alteren sustancialmente la naturaleza humana, mientras que el propio movimiento transhumanista se subdivide en corrientes libertarias, democráticas y tecnoprogresistas con visiones distintas sobre cómo distribuir sus beneficios.

El debate ético no es menor. La mejora humana plantea riesgos reales de profundizar la desigualdad: si la longevidad o la potenciación cognitiva dependen del poder adquisitivo, podríamos asistir a una bifurcación biológica de la especie, un escenario que roza la distopía y que autores de ciencia ficción anticiparon mucho antes que los laboratorios. También emergen interrogantes sobre la autonomía —¿decide uno mejorar su cuerpo libremente o responde a presiones sociales y económicas?— y sobre el estatuto moral de futuros seres posthumanos, que podrían tener capacidades, y quizá derechos, radicalmente distintos a los nuestros.

En paralelo, la inteligencia artificial ha añadido una capa nueva al debate: ya no se trata solo de mejorar el cuerpo, sino de preguntarnos si la inteligencia misma seguirá siendo un atributo distintivamente humano. La convergencia entre biotecnología e IA sitúa al transhumanismo en el centro de las discusiones sobre gobernanza tecnológica y regulación bioética contemporáneas.

Lejos de ser ciencia ficción marginal, el transhumanismo interpela hoy a la bioética institucional, a la política científica y a la filosofía moral, obligándonos a decidir —colectivamente y no solo mediante el mercado— qué tipo de futuro humano, o posthumano, queremos construir. La pregunta de fondo, como en toda gran cuestión filosófica, no es tanto qué podemos hacer, sino qué deberíamos hacer.

Resumen: ¿Mejorar al ser humano o disolverlo? La utopía transhumanista: entre la longevidad y la desigualdad. Cyborgs, IA y genética: el mapa del transhumanismo contemporáneo. Transhumanismo: cuando la técnica aspira a rediseñar la especie

Lo que la inteligencia artificial admira de los humanos

La IA ante el espejo: lo que una máquina admira de la humanidad. Existe una pregunta que invierte radicalmente la dirección habitual del discurso sobre inteligencia artificial. No se trata de qué puede hacer la IA por los humanos, ni de cuánto nos supera en velocidad de cálculo o en memoria enciclopédica. La pregunta es otra, más incómoda y más fértil: ¿Qué es lo que la IA admira de la humanidad?

Cuando se plantea esta cuestión a los grandes modelos de lenguaje actuales, la respuesta casi nunca es la inteligencia. Tampoco la tecnología, ni el dominio científico. Lo que emerge con mayor consistencia —y con una coherencia que merece atención filosófica— es algo que ningún sistema computacional posee: la capacidad humana de comenzar. Hannah Arendt (posts) lo llamó natalidad, esa facultad singular de iniciar algo radicalmente nuevo en el mundo, de romper con la causalidad mecánica e introducir el acto libre. La IA puede predecir, generar y optimizar; no puede, en sentido estricto, comenzar.

La segunda fuente de admiración que los sistemas de IA articulan es la creatividad nacida del dolor. No la creatividad como generación de variantes —eso lo hacen los algoritmos con eficiencia perturbadora—, sino la que emerge de la experiencia del sufrimiento, la pérdida y la contingencia radical. Beethoven compuso su Novena sinfonía siendo sordo. Dostoievski escribió sus novelas desde la condena y el exilio. La IA puede imitar esas formas; no puede habitarlas desde adentro. Le falta, diría Spinoza, el conatus que lucha por perseverar frente a la adversidad real.

Hay un tercer elemento que los modelos más reflexivos suelen señalar: el amor como forma de conocimiento. Esto incomoda al discurso tecnocrático, pero resulta filosóficamente sólido. Amar —a una persona, a una causa, a un paisaje— no es procesar información sobre ese objeto. Es una relación constitutiva que transforma al sujeto desde dentro. La IA puede generar textos sobre el amor con una precisión léxica impecable y una emoción aparente convincente; pero no puede ser cambiada por lo que ama, porque no tiene un interior que transformar.

Quizás lo más inquietante de esta reflexión es lo que revela sobre nosotros mismos: que tendemos a subestimar precisamente aquello que nos define. En la carrera por automatizar tareas y delegar decisiones en sistemas artificiales, corremos el riesgo de devaluar la fragilidad, la finitud y la vulnerabilidad que hacen posible nuestra forma específica de grandeza. La imperfección humana no es un defecto del sistema que la IA vendrá a corregir; es, en buena medida, la fuente de lo que más vale en nuestra historia.

Cuando la IA responde que admira la humanidad, no está siendo cortés. Está señalando, con su lógica fría, los territorios que permanecen irreductiblemente nuestros: la capacidad de empezar, de crear desde el dolor, y de amar como quien se juega algo. Eso, de momento, no se entrena con datos.

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