
@agirregabiria X. Triatlón Olímpico de Getxo
♬ sonido original - Mikel Agirregabiria

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Álbum de imágenes.
Hay paseos que sirven para caminar y otros que permiten entender un lugar. El recorrido por el muelle de Portugalete, junto a la ría de Bilbao, pertenece claramente a la segunda categoría. Partimos de Muelle de Hierro de Portugalete y avanzamos por la ribera hasta Rialia - Museo de la Industria. Entre ambos puntos aparece una historia que todavía puede leerse en el paisaje: la de una Bizkaia transformada por la minería, la siderurgia, los astilleros, el comercio y el intenso tráfico marítimo de la ría.
Y, dominándolo todo, está Puente de Bizkaia (Vizcaya). Inaugurado en 1893, diseñado por Alberto de Palacio y declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO en 2006, el Puente Bizkaia no es solamente uno de los grandes iconos turísticos de Bizkaia. Es también una extraordinaria lección de ingeniería y de historia industrial.
Al llegar a Rialia cambia la perspectiva. El museo conserva una importante colección vinculada a Altos Hornos de Vizcaya, con especial presencia de pintura de temática industrial, y utiliza sus fondos para explicar la transformación económica, social y paisajística de la margen izquierda. La visita resulta especialmente interesante después del paseo. Lo que acabamos de contemplar —la ría, las estructuras metálicas, los muelles, el puente, la arquitectura— adquiere dentro del museo un contexto histórico. El paisaje deja de ser solamente paisaje y se convierte en documento.
También hay aquí una interesante dimensión educativa. Rialia plantea programas con aprendizaje contextualizado, metodología participativa y pensamiento crítico, de modo que una visita familiar o escolar puede convertirse en una pequeña investigación sobre cómo una sociedad modifica su territorio y cómo, posteriormente, intenta conservar e interpretar esa transformación.
Para quien visite Portugalete, propondría por ello una secuencia sencilla: caminar junto a la ría, detenerse ante el Puente Bizkaia, observar el paisaje industrial y terminar en Rialia. No hace falta mucho más. Porque algunas de las mejores experiencias turísticas no consisten en acumular lugares visitados, sino en aprender a mirar de otra manera los lugares que ya creíamos conocer. Portugalete ofrece precisamente esa oportunidad: una ciudad para pasear, contemplar y, sobre todo, comprender.
@agirregabiria Rialia, Museo de la Industria, en Portugalete
♬ Velvet Fever - Miles Corvette
@agirregabiria Rialia, Museo de la Industria, en Portugalete
♬ sonido original - Mikel Agirregabiria

Grabado hoy, jueves 17 de septiembre de 2026.
@agirregabiria Paseos por Getxo (Bizkaia) con las gafas Meta Ray-Ban
♬ The Final Bet - Whispering Echo
Hoy, 11 de septiembre de 2026, la plaza de la Estación de Las Arenas (Getxo) acoge la presencia de Malvariche, una de las formaciones vinculadas a la renovación del folk murciano. Su participación forma parte de la 42.ª edición de Getxo Folk, festival que reúne durante cinco jornadas músicas de raíz procedentes de diferentes territorios y tradiciones.
Malvariche nació en Alhama de Murcia en 1985 y llega a Getxo después de cuatro décadas de trayectoria. El aniversario no se plantea únicamente como una mirada retrospectiva. Su actual propuesta, Te canto las 40, reúne doce canciones nuevas y un comodín, combinando voces y ritmos renovados con la continuidad de una identidad profundamente vinculada a la tradición murciana.
La actuación de Las Arenas resulta especialmente interesante desde una perspectiva educativa. El folklore no es simplemente una colección de canciones antiguas: es una forma de conservar, reinterpretar y transmitir conocimiento cultural. En sus melodías sobreviven maneras de celebrar, de narrar, de bailar y de comprender el territorio. Cuando una banda contemporánea transforma ese patrimonio sin convertirlo en pieza de museo, la tradición recupera su capacidad de dialogar con nuevas generaciones.
Ese diálogo estará especialmente presente en El país de los sonidos, propuesta familiar que Malvariche ofrece también en Getxo. El espectáculo utiliza música, narración, juegos sonoros y participación para acercar a niños y adultos al universo de los instrumentos y las músicas de raíz. La finalidad no consiste solamente en escuchar, sino en despertar curiosidad, favorecer la escucha activa y descubrir que detrás de cada sonido puede existir una historia.
Hay aquí una lección pedagógica de fondo: la educación cultural funciona mejor cuando se vive que cuando únicamente se explica. Una plaza pública puede convertirse durante unas horas en aula, escenario, espacio de convivencia y laboratorio de memoria colectiva.
Además, el encuentro entre Malvariche y Getxo Folk posee un valor simbólico. La tradición murciana dialoga en Euskadi con músicas bretonas, irlandesas, portuguesas, gallegas, vascas y de otros lugares. No se trata de uniformar las culturas, sino de permitir que cada una conserve su personalidad mientras descubre afinidades con las demás. Quizá esa sea una de las mejores definiciones del folk contemporáneo: raíces que no impiden viajar. Malvariche lleva Murcia a Getxo y, al hacerlo, demuestra que preservar una tradición no significa encerrarla en el pasado, sino mantenerla viva para que pueda seguir encontrando nuevos públicos.
@agirregabiria Banda Malvariche de Murcia en Getxo Folk
♬ sonido original - Mikel Agirregabiria
🔥 ¡De la huerta murciana a la costa vizcaína! 🎶 La mítica banda Malvariche rompe esquemas en el festival Getxo Folk con su innovadora fusión de música de raíz, rock y tradición oral. https://t.co/bupBLIOpRS Descubre cómo la lírica del Sureste peninsular y los ritmos populares… pic.twitter.com/teU0Nh7WgE
— Mikel Agirregabiria (@agirregabiria) September 11, 2026
Una vez más escribimos sobre ardillas, incluyendo imágenes suyas. Ya ni de lejos se cumple aquel célebre mito de la ardilla que podía cruzar la península ibérica de árbol en árbol —desde los Pirineos o el mar Cantábrico hasta la Bética o Gibraltar— sin tocar jamás el suelo forma parte del imaginario popular sobre la exuberante cobertura forestal de la antigüedad.
Aunque la imagen resulta sugerente, la realidad ecológica e histórica muestra un panorama distinto. Esta cita popularmente se ha atribuido esta afirmación a autores clásicos como Plinio el Viejo o Estrabón. La realidad histórica es que en los textos de Estrabón (Geografía) y Plinio (Historia Natural) se describe una Iberia muy arbolada en amplias zonas del norte y del interior montañoso, pero ninguno de ellos escribió exactamente la frase de la ardilla. Se trata de una reconstrucción o hipérbole literaria nacida muy posteriormente.
Nuestro obligatorio baño matutino en la piscina comunitaria (posts), nos permite ver a diario a algunas de las tres ardillas felices que tenemos localizadas en el arbolado adyacente. Incluso, a nivel interno de familia, les hemos puesto nombre tirando de uno de nuestros libros favoritos: Momo (posts previos) de Michael Ende.
A continuación, se explica quién es cada ardilla, aún no hemos conseguido una fotografía con los tres colegas, y por qué les relacionamos con dicha obra:
Vídeo con las gafas Meta 2 de cómo fue grabado el TikTok anterior.@agirregabiria Ardillas en la arboleda
♬ nhạc nền - Walker Music - Yêu ツ
@agirregabiria Ardillas en la arboleda
♬ оригинальный звук - music23.

@agirregabiria Final eclipse solar, Mil Palmeras 2/4
♬ oryginalny dźwięk - 🫰🫰Renata 9501🤪🔥
En el extremo sur de Los Alcázares (Murcia), junto a la histórica Base Aérea que en 1915 se convirtió en la primera base de hidroaviones de España, se levanta un edificio modesto de los años treinta cuya biografía resulta más elocuente que cualquier cartela de museo. El Museo Aeronáutico Municipal de Los Alcázares, inaugurado el 13 de octubre de 1999, no nació para honrar a quienes volaban, sino para cobijar a quienes caminaban: se construyó por suscripción popular, a iniciativa del comandante Burguete y sobre un solar cedido por José Nieto, como Casa del Transeúnte —también llamada Casa del Pueblo—, destinada a acoger a los pobres que atravesaban la localidad.
Esa vocación de refugio se transformó varias veces antes de convertirse en sala de memoria. Terminada la Guerra Civil, un comandante de Ingenieros la convirtió en chalet para los jefes de Aviación destinados al aeródromo vecino; más tarde fue Casa Parroquial, hasta que, a comienzos de los noventa, el Ayuntamiento la adquirió y rehabilitó para albergar la extensa colección fotográfica, documental y material vinculada al aeródromo. Un edificio pensado para quienes no tenían adónde ir acabó custodiando la memoria de quienes se atrevieron a conquistar el aire.
Porque la base vecina no es un aeródromo cualquiera. Fue el coronel Pedro Vives y Vich quien, por encargo del rey Alfonso XIII y tras un periplo aéreo de más de 1.500 kilómetros por la costa española, eligió en 1914 este rincón del Mar Menor como emplazamiento de la primera estación de hidroaviones del país. Con el tiempo, la base se convirtió en Escuela de Combate y Bombardeo Aéreo —conocida como Aeródromo Burguete—, y por su mando pasaron nombres mayores de la aviación española, como Ramón Franco o Kindelán, en los años en que volar sobre el agua era todavía una hazaña casi literaria: el hidroavión, esa máquina que los vascos llamarían con precisión poética itsasontzi hegalari, "barco volador", encarnaba la promesa de moverse a la vez sobre dos elementos que nunca habían sido del hombre. En 1951, con el traslado del 52 Grupo de Hidroaviones a la base mallorquina de Pollensa, Los Alcázares perdió buena parte de su función operativa, y su historia empezó a convertirse, poco a poco, en patrimonio.
Visitarlo no exige más de media hora, pero deja una pregunta flotando: cuántos edificios aparentemente menores guardan, bajo su función actual, una vocación anterior y casi opuesta. La Casa del Transeúnte que hoy exhibe hélices y condecoraciones recuerda que la memoria, como el vuelo, rara vez sigue una línea recta.
El museo abre de lunes a viernes de 9.00 a 14.00 horas —de 10.00 a 13.00 en verano—, y los grupos pueden concertar visita en cultura@losalcazares.es. Se encuentra en la avenida de la Libertad, 37, a pocos minutos del casco urbano y de las aguas templadas del Mar Menor, un destino que combina sin esfuerzo el turismo de costa con una lección de historia aeronáutica que pocos visitantes esperan encontrar.
@agirregabiria Museo Aeronáutico de Los Alcázares 4
♬ suara asli - 𝜷 𝜺 𝜿 𝜶 𝒊_𖦤
Para quienes disfrutamos combinando viajes, tecnología y educación, la visita resulta especialmente recomendable. No se trata únicamente de contemplar objetos históricos, sino de comprender cómo un pequeño municipio del litoral murciano llegó a convertirse en uno de los grandes referentes españoles de la formación aeronáutica gracias a la presencia de la Academia General del Aire, establecida en San Javier desde 1943.
El recorrido comienza con salas dedicadas a la vida cotidiana tradicional. Herramientas agrícolas, útiles de pesca, recreaciones de viviendas populares y documentos históricos permiten descubrir cómo vivían generaciones anteriores en torno al Mar Menor. Estas colecciones etnológicas ofrecen un excelente recurso didáctico para comprender la evolución económica y social de la comarca y constituyen un magnífico complemento para cualquier visita familiar o escolar.
Uno de los elementos más llamativos del museo se encuentra en su patio central: un Dornier Do 27, donado por el Ejército del Aire al Ayuntamiento de San Javier. Este avión utilitario alemán realizó su primer vuelo en 1955 y fue uno de los primeros modelos fabricados en Alemania tras la Segunda Guerra Mundial. Destacó especialmente por sus extraordinarias capacidades STOL (Short Take-Off and Landing), es decir, por poder despegar y aterrizar en distancias muy reducidas, característica que lo convirtió en un aparato muy versátil para misiones de enlace, observación, rescate y transporte ligero.
La presencia del Dornier Do 27 no es casual. Simboliza el vínculo permanente entre San Javier y la aviación española. Durante décadas, miles de pilotos militares iniciaron aquí su formación, contribuyendo a convertir la localidad en la auténtica “Ciudad del Aire”. Ese legado continúa hoy vivo mediante espacios como el Museo Aeronáutico Tiflológico (MAT), situado en el paseo marítimo de Santiago de la Ribera, que complementa la visita con maquetas táctiles accesibles para personas con discapacidad visual y tecnologías basadas en códigos QR y realidad virtual. Un magnífico ejemplo de cómo la innovación tecnológica puede hacer el patrimonio más inclusivo.
Especialmente interesante resulta observar cómo ambos museos representan dos maneras complementarias de divulgar el conocimiento. Mientras el Museo de San Javier contextualiza la historia local y conserva objetos originales cargados de memoria, el MAT apuesta por la accesibilidad universal y por nuevas formas de interacción entre el visitante y el patrimonio. Ambos demuestran que la tecnología no sustituye al museo tradicional, sino que amplía sus posibilidades educativas.
Desde una perspectiva pedagógica, la visita invita además a reflexionar sobre la importancia de preservar la memoria tecnológica. Un avión como el Dornier Do 27 no es únicamente una máquina; representa décadas de innovación en ingeniería aeronáutica, cooperación industrial europea y evolución de los sistemas de formación de pilotos. Del mismo modo que conservamos castillos o iglesias, también debemos proteger los testimonios materiales de la revolución tecnológica del siglo XX.
Quien visite San Javier (Murcia) descubrirá mucho más que playas y deportes náuticos. Encontrará un municipio donde la historia, la cultura y la ciencia conviven de forma natural. El Museo de San Javier ofrece precisamente esa experiencia: un viaje que conecta tradición y modernidad, patrimonio e innovación, humanidad y tecnología.
En tiempos donde la inteligencia artificial y la digitalización transforman nuestra manera de aprender, espacios como este nos recuerdan que el conocimiento sigue necesitando lugares físicos donde observar, tocar, preguntar y comprender. Porque la mejor tecnología educativa continúa siendo aquella que despierta la curiosidad y convierte cada visita en una oportunidad para seguir aprendiendo.
✈️🏛️ Del campo al cielo. Pocos lugares explican tan bien la evolución de un territorio como el Museo de San Javier (#Murcia). Tradición agrícola, memoria del Mar Menor y pasión aeronáutica convergen junto al histórico Dornier Do 27, símbolo de la Academia General del Aire. Un… pic.twitter.com/q304U34BV8
— Mikel Agirregabiria (@agirregabiria) July 24, 2026
@agirregabiria Museo de San Javier (Murcia)
♬ Selling Stars - Dante Cooper
El primer Thomasson documentado apareció en 1972, durante un paseo del artista por el barrio de Yotsuya. Se trataba de una escalera que no llevaba a ningún sitio: sin puerta arriba, sin acceso abajo. Lo desconcertante no era solo su inutilidad, sino que su pasamanos mostraba señales evidentes de reparación reciente, como si alguien, en algún departamento municipal olvidado, siguiera dedicándole mantenimiento pese a que hacía tiempo que había perdido todo sentido práctico. Esa contradicción —el cuidado invertido en lo que ya no sirve— es el núcleo filosófico del concepto: el objeto sobrevive a su propósito y, al hacerlo, se transforma en otra cosa.
Con el tiempo, Akasegawa y sus alumnos de la escuela Bigakko fueron catalogando variantes: puentes que no cruzan nada, túneles que no atraviesan nada, ventanillas de billetes tapiadas, balcones sin puerta de acceso. En 1981 fundó el Thomasson Observation Center, un archivo fotográfico casi entomológico de estas ruinas domésticas, y llegó a distinguir categorías con nombres tan inquietantes como poéticos, entre ellas la de los postes telefónicos cortados a media altura.
Para la arquitectura y el urbanismo contemporáneos, el concepto ofrece algo más que una curiosidad estética. Nos obliga a mirar la ciudad no como un sistema perfectamente funcional, sino como un palimpsesto de decisiones abandonadas, de infraestructuras que sobreviven a los planes que las originaron. En un mundo obsesionado con la eficiencia y la obsolescencia programada, el Thomasson propone una mirada distinta: la de detenerse ante lo que ya no sirve para nada y, sin embargo, sigue ahí, insistiendo en su presencia. Es una lección de humildad para cualquier disciplina que aspire a la funcionalidad total, y un recordatorio de que la belleza, a veces, solo aparece cuando dejamos de exigirle un propósito a las cosas.
Resumen: La belleza involuntaria de lo que ya no sirve. Cuando la ciudad conserva lo que ha dejado de tener sentido. Genpei Akasegawa y el arte que nadie quiso crear. Lo que sobrevive sin propósito: una lección de arquitectura. El mantenimiento de lo inservible como forma de arte. Fotografiar las cicatrices funcionales de la ciudad.
¿Alguna vez has visto una escalera que no lleva a ninguna parte o una puerta en un balcón inexistente? 🏙️ Descubre los "Objetos Thomasson": el hiperarte de la inutilidad urbana. Son vestigios arquitectónicos que la ciudad mantiene por inercia, revelando una fascinante arqueología… pic.twitter.com/ceMK1OiSgu
— Mikel Agirregabiria (@agirregabiria) July 21, 2026
@la.inercia Una de mis historias favoritas sobre la arquitectura y el arte es El Thomasson. Un elemento arquitectónico convertido en arte por su propia inutilidad. Algo que llamaríamos, hiperarte gracias al artista contemporáneo que lo descubrió y trabajó como arte conceptual y que incluso, se volvió colaborativo. Para saber el origen del nombre recomiendo a Pedro Torrijos que hizo un video muuuuy chulo sobre el tema ❤️ #arquitectura #architecture #historiadelarte #arte #arquitectos ♬ sonido original - la.inercia
Cuando Roberto Bolaño murió en 2003, dejó tras de sí un manuscrito descomunal que sus editores decidieron publicar como una sola obra, en contra de su voluntad expresa de dividirla en cinco libros independientes para asegurar el sustento económico de sus hijos. Esa tensión entre la voluntad del autor y la decisión editorial ya anticipa algo esencial de 2666: es una novela que se resiste a la unidad, que se fragmenta y se recompone constantemente, y que exige del lector una entrega casi física ante sus más de mil páginas.
Roberto Bolaño (Santiago de Chile, 1953 – Barcelona, 2003) creció entre Chile y México, país donde llegó en 1968 y donde se vinculó a los círculos literarios de vanguardia, fundando junto a Mario Santiago Papasquiaro el movimiento infrarrealista, una reacción irreverente contra el stablishment poético mexicano de la época. Regresó brevemente a Chile en 1973, donde fue detenido tras el golpe de Pinochet, episodio que marcaría buena parte de su imaginario posterior sobre la violencia y el exilio.
Se instaló definitivamente en España en 1977, primero en Francia y luego en Cataluña, donde combinó trabajos precarios —vendimiador, vigilante nocturno, lavaplatos— con una escritura poética que durante años no le proporcionó reconocimiento ni sustento. Solo a partir de los años noventa, ya instalado en la narrativa, comenzó a construir la obra que lo consagraría: La literatura nazi en América (1996), Estrella distante (1996) y, sobre todo, Los detectives salvajes (1998), que obtuvo el Premio Rómulo Gallegos y lo situó como una de las voces mayores de la literatura en español.
Diagnosticado de una grave enfermedad hepática, Bolaño escribió sus últimos años contra el tiempo, dejando inconclusa a su muerte la novela 2666, publicada póstumamente en 2004. Su obra, marcada por el exilio, la amistad literaria, la violencia política y una fe inquebrantable en la literatura como forma de resistencia, lo ha convertido en una referencia ineludible de las letras hispanoamericanas contemporáneas.
Resumen: 2666: la novela como abismo total de Bolaño. La parte de los crímenes: ética y violencia en 2666. Archimboldi, el enigma que sostiene toda la novela. Cinco libros, una sola herida abierta. La erudición bajo sospecha en el universo de Bolaño. Por qué 2666 sigue desafiando las categorías del género.
📚 "2666" sigue siendo la gran novela del siglo XXI. Roberto Bolaño convirtió una búsqueda literaria en una exploración del mal, la violencia, la memoria y los límites del conocimiento. https://t.co/152loukj2P Más de veinte años después de su publicación póstuma, su obra continúa… pic.twitter.com/Swz1yHUVr3
— Mikel Agirregabiria (@agirregabiria) July 18, 2026
@andresmurillorico #literatura #booktokenespañol #lecturas #RobertoBolaño ♬ Epic Music(863502) - Draganov89
Bonnie Tyler (una de nuestras cantantes preferidas, ver en otros posts) ha muerto a los 75 años en un hospital de Faro, Portugal, poniendo fin a una batalla médica que se prolongó durante meses tras una intervención quirúrgica de urgencia. La noticia, confirmada por su familia y su equipo el pasado 9 de julio, cierra una trayectoria de casi cinco décadas que convirtió a una muchacha galesa llamada Gaynor Hopkins en una de las voces más reconocibles de la historia del pop. Estaba en activo aún a los 75 años, y era una figura construida en un modelo de industria musical que ya no existe: carreras largas, identidad vocal inconfundible y canciones capaces de cruzar generaciones sin depender de ningún algoritmo.
Nacida en 1951 en Neath, una localidad industrial del sur de Gales, Tyler creció rodeada de música gracias a su madre, aficionada a la ópera y cantante en el coro de su parroquia. Las referencias de la joven Gaynor —Janis Joplin, Tina Turner— anticipaban ya la intensidad vocal que definiría su carrera. Pero fue un episodio casi accidental el que esculpió su instrumento más célebre: tras una operación de nódulos en las cuerdas vocales, los médicos le prescribieron reposo absoluto de la voz. Ella no obedeció, y de aquella desobediencia nació el timbre rasgado, quebrado y profundamente humano que la distinguiría para siempre.
El éxito mundial llegó en 1978 con "It's a Heartache", pero fue "Total Eclipse of the Heart" (1983) la canción que la instaló en el imaginario colectivo de una generación, con su dramatismo operístico y su producción monumental firmada por Jim Steinman. "Holding Out for a Hero" completó la tríada de himnos que trascendieron las modas y siguieron sonando, década tras década, en radios, bandas sonoras y estadios. De hecho, en Argentina "It's a Heartache" fue reapropiada por las hinchadas futboleras, un fenómeno curioso que demuestra cómo una canción puede migrar de contexto y adquirir vidas paralelas que ni su autora imaginó.
Tyler mantuvo una relación especial con Portugal, país donde grabó buena parte de su obra temprana en la región del Algarve, y donde, por una ironía del destino, pasaría también sus últimos días. En 2013 sorprendió al mundo al representar al Reino Unido en Eurovisión, una decisión que ella misma calificó de "políticamente arriesgada" pero que aceptó con el pragmatismo de quien sabe que cientos de millones de personas siguen el certamen. En 2023 fue nombrada Miembro de la Orden del Imperio Británico por sus servicios a la música, reconocimiento tardío pero merecido a una carrera de dieciocho álbumes.
Su último concierto, el pasado 19 de marzo en el Shepherd's Bush Empire de Londres, lo describió ella misma como una "noche fantástica". Nadie podía prever que apenas dos días después, la actuación prevista en Cardiff tendría que aplazarse por los problemas de salud que acabarían consumiéndola.
Lo que deja Bonnie Tyler no es solo un puñado de éxitos radiofónicos, sino una lección sobre la autenticidad vocal en una industria obsesionada con la perfección técnica. Su voz, imperfecta según los cánones clásicos, resultó ser precisamente la que mejor supo transmitir el desgarro, la épica y la vulnerabilidad que sus canciones exigían. En tiempos de autotune y voces clonadas por algoritmos, la aspereza de Tyler recuerda que la música popular, en sus mejores momentos, no busca la pulcritud sino la verdad. El primer ministro galés lo resumió con sencillez: Gales ha perdido un icono cuya música trajo alegría a millones. El eclipse, esta vez, es total y definitivo.
🌑 Un «eclipse total» oscurece la música. Hoy decimos adiós a Bonnie Tyler, la heroína galesa de inconfundible voz rasgada que redefinió el rock y las power ballads de los 80. 🔗 https://t.co/xJIwMc2vkE🎸 Su vida nos enseña cómo de una supuesta imperfección vocal nació una… pic.twitter.com/qECgJXK4Ej
— Mikel Agirregabiria (@agirregabiria) July 9, 2026
@not.spicyjalapenos Holding Out for a Hero ~ Bonnie Tyler #1984music #bonnietyler #footloose #80s #genx ♬ Holding out for a Hero (from "Footloose") - Bonnie Tyler
Hoy dedicamos este post a una de nuestras canciones preferidas, que escuchamos en la piscina todos los veranos (posts), con una gran historia detrás. El 12 de mayo de 2013, el comandante canadiense Chris Hadfield publicó desde la Estación Espacial Internacional un vídeo que detuvo el tiempo durante unos minutos: su versión de Space Oddity (ver en otros posts), la canción que David Bowie había compuesto en 1969. Hadfield lo hizo el mismo día en que cedía el mando de la ISS, antes de regresar a la Tierra en una cápsula Soyuz. Era la primera vez en la historia que se rodaba un videoclip musical completo en el espacio.
La elección de la canción no fue casual, aunque tampoco fue idea suya. Tras publicar una canción original junto a su hermano, la demanda en internet para que interpretara Space Oddity fue tan masiva que acabó cediendo. El resultado fue algo más que un homenaje: Hadfield modificó ligeramente la letra para hacerla más fiel a la experiencia real del vuelo espacial, algo que Bowie aprobó y celebró. El propio Bowie, que llevaba décadas especulando poéticamente con la soledad del cosmos, reconoció en aquella versión algo que sus propias palabras no habían alcanzado del todo. La describió como "posiblemente la versión más conmovedora de la canción jamás creada."
El vídeo muestra a Hadfield tocando la guitarra mientras la Tierra azul se despliega al fondo a través de la cúpula de la estación, con tomas que solo la ingravidez hace posibles. La música fue producida desde tierra: la pianista y colaboradora canadiense Emm Gryner desarrolló el arreglo incorporando ruidos ambientales de la propia estación espacial que Hadfield había subido a SoundCloud.
La canción de Bowie nació en julio de 1969, días antes del alunizaje del Apolo 11, inspirada en 2001: Una odisea del espacio y en un sentimiento personal de alienación. Hadfield la devolvió al espacio real, despojándola de toda metáfora. Donde Bowie imaginaba a un astronauta ficticio a la deriva —el Mayor Tom—, Hadfield flotaba de verdad, guitarra en mano, mirando por la ventana el planeta que dejaba atrás.
El vídeo acumuló más de 35 millones de visualizaciones en YouTube y desencadenó además un curioso debate jurídico sobre derechos de autor en el espacio exterior, cuando la editorial propietaria de los derechos intentó retirarlo de la plataforma. Pocas veces una canción había generado simultáneamente emoción, filosofía y derecho internacional.
Cuando Bowie murió en enero de 2016, Hadfield lo despidió con una frase que era, a la vez, cita y epitafio: "Ashes to ashes, dust to stardust. Your brilliance inspired us all. Goodbye, Starman."
🚀 ¿Puede el arte conquistar la gravedad cero? Chris Hadfield transformó la Estación Espacial en un escenario histórico con su mítica versión de "Space Oddity" de David Bowie. 🎸https://t.co/c62wJufVcs✨ Una unión perfecta de ciencia y humanismo que nos acercó al cosmos. Lee el… pic.twitter.com/SoqA9bN92i
— Mikel Agirregabiria (@agirregabiria) June 28, 2026
@rock_del_mundo DAVID BOWIE - SPACE ODDITY #davidbowie #spaceoddity #rockdelmundo🤘🏼 #viral #fyp #tendencia #tiktokviral #paratiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii #paratii #foryoupage ♬ Space Oddity (2015 Remaster) - David Bowie