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Ley de Goodhart-Campbell: Si el mapa sustituye al territorio

Hoy nos detendremos en la famosa Ley de Goodhart-Campbell. Porque hay leyes que no rigen la materia sino la conducta de quienes la miden, y entre ellas ninguna resulta tan incómodamente fértil como la que hoy conocemos como ley de Goodhart-Campbell. El economista Charles Goodhart la formuló en 1975 para criticar la política monetaria británica, advirtiendo que cualquier regularidad estadística tiende a colapsar en cuanto se ejerce presión sobre ella con fines de control. 

El sociólogo Donald T. Campbell había llegado también, en 1976, a una conclusión paralela desde la evaluación de políticas sociales: cuanto más se emplea un indicador cuantitativo para tomar decisiones, más se corrompe y más distorsiona los procesos que pretendía vigilar. La formulación popular, atribuida a la antropóloga Marilyn Strathern, la resume con una economía admirable: cuando una medida se convierte en objetivo, deja de ser una buena medida. 

El fenómeno no es una curiosidad técnica, sino una lección sobre la naturaleza misma del conocimiento aplicado. Toda métrica nace como representación parcial de una realidad más rica; funciona mientras permanece inocente, mientras nadie actúa deliberadamente para satisfacerla. En el instante en que se convierte en criterio de recompensa o castigo, los agentes racionales —y no hace falta que sean cínicos, basta con que sean razonables— reorientan su comportamiento hacia el número y no hacia el fin que el número debía representar. Ortega y Gasset advirtió que las ideas se convierten en creencias cuando dejamos de cuestionarlas; algo semejante ocurre con los indicadores, que de instrumentos pasan a ser dogmas administrativos en cuanto se institucionalizan.

Los ejemplos abundan y son familiares para cualquier profesor. Cuando la calidad educativa se reduce a resultados en pruebas estandarizadas, los centros terminan enseñando para el examen y no para la comprensión, erosionando precisamente lo que el examen debía certificar. Cuando la productividad médica se mide en número de intervenciones, se multiplican las intervenciones innecesarias. Cuando el rendimiento policial se mide en detenciones, se detiene más y se investiga menos. En cada caso el indicador sobrevive, pero la realidad que nombraba se ha desvanecido detrás de él, sustituida por su propia sombra estadística.

Esta patología revela algo más profundo sobre la relación moderna entre poder y cuantificación. Hannah Arendt observó que la administración burocrática tiende a sustituir el juicio por el procedimiento, precisamente porque el procedimiento es medible y el juicio no. La ley de Goodhart-Campbell describe el precio de esa sustitución: ganamos gestionabilidad y perdemos verdad. No se trata de un defecto corregible con mejores estadísticas, sino de una tensión estructural entre la vida —siempre excesiva, siempre desbordante respecto de cualquier categoría— y los instrumentos que empleamos para gobernarla. Unamuno hubiera reconocido aquí una variante de su desconfianza hacia los sistemas que aspiran a encerrar lo viviente en fórmulas cerradas.

La respuesta razonable no es abandonar la medición, tarea imposible para cualquier sociedad compleja, sino cultivar una relación más humilde con ella: multiplicar los indicadores para que ninguno concentre por sí solo el poder de definir el éxito, mantener espacios de evaluación cualitativa que ningún número sustituye, y recordar constantemente que toda métrica es un mapa, nunca el territorio. La universidad, la sanidad, la administración pública y la propia investigación científica —sometida hoy a la tiranía de las citas y los índices de impacto— harían bien en releer a Goodhart y Campbell no como una anécdota de la economía de los setenta, sino como una advertencia permanente contra la tentación de confundir lo que se mide con lo que importa.

ResumenLa ley de Goodhart-Campbell: cuando medir se convierte en mentirEl número que devora la realidad que pretendía representar. De indicador a dogma: la corrupción silenciosa de las métricas. Cuando el mapa sustituye al territorio: la ley de Goodhart.

@stgoallamand

El problema no es la métrica. El problema es olvidar para qué la estás usando. Ahorrar, vender o invertir no son objetivos en sí mismos: son medios para lograr algo más grande. Cuando optimizas solo el número, terminas saboteando el resultado que buscabas desde el inicio. Usa los números como brújula, no como destino. Ahí está la verdadera diferencia. #FinanzasPersonales #MetasFinancieras #LeyDeGoodhart #EducaciónFinanciera #PensamientoEstratégico

♬ original sound - 𝗦𝗮𝗻𝘁𝗶𝗮𝗴𝗼 Allamand

La mediocridad ha tomado el poder, según Alain Deneault

La Médiocratie: cuando la medianía se convierte en norma de poder, En 2015, el filósofo quebequés Alain Deneault publicó en Lux éditeur un ensayo breve pero incisivo, La Médiocratie, que en apenas 224 páginas propuso una tesis tan sencilla como perturbadora: los mediocres han tomado el poder. No se trata de la incompetencia ni de la torpeza, aclara Deneault, sino de algo más sutil y más extendido: la elevación de lo mediano, de lo funcional y sumiso, al rango de autoridad. La medianía —lo que en francés no tiene un sustantivo propio, "moyenneté", y debe nombrarse con la palabra "mediocridad"— deja de ser una simple estadística para convertirse en una exigencia normativa que atraviesa todos los ámbitos de la vida social.

La mediocracia no es, según explica el propio autor, un anatema moral contra los individuos corrientes. Ser mediocre en algo —tocar el piano a un nivel discreto, cocinar una tortilla aceptable— no constituye un defecto. El problema, sostiene Deneault, surge cuando ese estado medio se instala como modelo de gobierno, cuando las instituciones —la universidad, la empresa, el arte, la política— premian sistemáticamente a quienes juegan el juego de la conformidad aparente, respetando las reglas en la superficie mientras las vacían de contenido por dentro. En ese régimen, la competencia central ya no es el saber ni la creación, sino el reconocimiento mutuo entre medianías: "la principal competencia de un mediocre es saber reconocer a otro mediocre".

El libro recorre distintos escenarios de esta captura silenciosa: la universidad, convertida en mercado de estudiantes, investigadores y saberes vendibles a intereses privados; la figura del experto, cuyo pensamiento nunca es propiamente suyo sino la traducción técnica de un orden ideológico ya decidido; el lenguaje, sometido a una neolengua gerencial que sustituye la palabra por la gestión; y la democracia misma, erosionada por lo que Deneault llamará después, en obras complementarias como Gouvernance y Politique de l'extrême centre, un centrismo que convierte el compromiso permanente en sustituto de la deliberación política. El resultado es una sociedad en la que las ideas y las personas se vuelven intercambiables, paramétricas, fáciles de clasificar.

Inspirándose libremente en Aristóteles y dialogando, aunque sin citarlo como fuente central, con la sátira del lógico soviético Aleksandr Zinóviev sobre la mediocridad como fórmula de éxito social, Deneault no ofrece un programa cerrado de transformación. Su propuesta, más modesta y más exigente a la vez, consiste en identificar a los mediocres allí donde ejercen su poder, para poder situarse frente a ellos, y en recuperar el gusto por el pensamiento crítico, la lectura exigente y la palabra con sentido como formas de resistencia. 

Alain Deneault nació en 1970 en la región del Outaouais, en Quebec. Doctor en Filosofía por la Universidad de París VIII bajo la dirección de Jacques Rancière, con estancia de investigación en el Centro Marc Bloch de Berlín, orientó sus primeros estudios hacia la filosofía alemana del siglo XIX y el pensamiento francés del XX, con especial atención a Georg Simmel. Ha enseñado ciencia política y sociología en la Universidad de Quebec en Montreal, dirigido programas en el Collège international de philosophie de París y actualmente enseña en el campus de Shippagan de la Universidad de Moncton. Antes de La Médiocratie, se dio a conocer por Noir Canada (2008), una investigación sobre la industria minera canadiense en África que le valió una demanda judicial de la empresa Barrick Gold, resuelta finalmente fuera de los tribunales. Su obra posterior, reunida en lo que él llama sus "folletines teóricos" sobre la economía, y su reciente Faire que! (finalista del Premio del Gobernador General 2025), confirman una trayectoria consagrada a desmontar, con rigor filosófico y estilo mordaz, los lenguajes del poder contemporáneo.

Resumen: Cuando la mediocridad se convierte en régimen político. Alain Deneault: retrato filosófico de una sociedad paramétrica. Del anatema a la norma: la mediocridad como sistema. La Médiocratie, un libro que nombra a su enemigo. Alain Deneault, el filósofo que desafió a las mineras y a la mediocridad.

La ilusión de la meritocracia: Una relectura de "Los herederos"


Resumen: Se analiza la tesis de Pierre Bourdieu y Jean-Claude Passeron en su obra "Los herederos", donde se cuestiona la neutralidad de la escuela y el mito de la meritocracia. A través del concepto de "capital cultural", se explica cómo el sistema educativo legitima la desigualdad social al transformar la herencia familiar en éxito académico. El texto concluye que la educación a menudo ejerce una violencia simbólica que invisibiliza las barreras de clase de los estudiantes menos favorecidos.

Nada con los viejos libros para entender realidades muy persistentes. Hoy repasamos una obra de 1964, cuando Pierre Bourdieu y Jean-Claude Passeron publicaron "Los herederos: los estudiantes y la cultura", un ensayo que revolucionó nuestra comprensión de la educación superior al desmontar el mito de la meritocracia académica. Más de medio siglo después, sus conclusiones siguen resonando con inquietante actualidad en nuestros sistemas educativos.

Los Herederos: Cuando el Capital Cultural determina el Éxito Académico... y el subsiguiente profesional. La tesis central de Bourdieu y Passeron resulta tan incómoda como reveladora: el éxito universitario no depende principalmente del talento o el esfuerzo individual, sino de la herencia cultural que los estudiantes traen consigo desde sus hogares. Los autores introducen el concepto de "capital cultural", ese habitus (post previo de 2024) o conjunto de conocimientos, competencias, disposiciones y códigos culturales que las clases privilegiadas transmiten a sus hijos de manera casi imperceptible. 

Los investigadores franceses demostraron que el sistema universitario, lejos de funcionar como igualador social, actúa como reproductor de las desigualdades de clase. La universidad presupone en sus estudiantes una familiaridad previa con la cultura legítima: referencias literarias, hábitos de lectura, formas de expresión oral y escrita, incluso posturas corporales y maneras de relacionarse con el conocimiento que solo se adquieren en determinados entornos familiares.

Lo verdaderamente perverso de este mecanismo es su invisibilidad. La institución educativa presenta estas competencias culturales como "dones naturales" o resultado del mérito personal, ocultando su origen social. Así, los hijos de las clases cultivadas navegan el sistema universitario con la naturalidad de quien se mueve en su hábitat, mientras que los estudiantes de origen popular deben descifrar códigos no escritos, dominar referencias culturales ajenas y adoptar disposiciones que contradicen sus experiencias vitales.

Bourdieu y Passeron identificaron cómo la relación misma con el saber difiere según el origen de clase. Los herederos desarrollan una relación desenvuelta, casi lúdica con la cultura académica, que les permite la brillantez aparentemente espontánea que tanto valoran los profesores. Los estudiantes de origen modesto, en cambio, mantienen una relación laboriosa y aplicada con el conocimiento, marcada por la inseguridad y la sobre-adaptación a las demandas explícitas del sistema.

El análisis no se limita a constatar desigualdades de acceso, sino que revela cómo la propia pedagogía universitaria está diseñada para los herederos. La valoración de la "elegancia" expositiva sobre la precisión técnica, la preferencia por la síntesis brillante sobre el trabajo exhaustivo, el culto a la facilidad aparente: todos estos criterios de excelencia benefician sistemáticamente a quienes ya poseen el capital cultural adecuado.

Las implicaciones políticas de esta investigación son profundas. Si la educación superior reproduce las jerarquías sociales mientras proclama evaluar el mérito, entonces el ideal meritocrático funciona como legitimación ideológica de la dominación. Los privilegiados se sienten merecedores de sus posiciones, y los excluidos interiorizan su fracaso como deficiencia personal. 

¿Qué vigencia tiene este diagnóstico hoy? Pese a la masificación universitaria y las políticas de ampliación de acceso, los mecanismos descritos por Bourdieu y Passeron persisten con notable tenacidad. Las universidades de élite siguen reclutando desproporcionadamente entre las clases altas, y dentro de todas las instituciones, los patrones de éxito académico continúan correlacionando fuertemente con el origen social.

"Los herederos" nos plantea un desafío incómodo: reconocer que la educación no puede compensar por sí sola las desigualdades sociales sin transformar profundamente sus propias prácticas. Requiere hacer explícito lo implícito, enseñar sistemáticamente lo que se presupone, y cuestionar los criterios de excelencia que naturalizan privilegios de clase como superioridad intelectual. Mientras no afrontemos esta tarea, la universidad seguirá siendo, parafraseando a los autores, una máquina de consagrar las desigualdades sociales con la apariencia de medir capacidades individuales.

@fernandoparro6 Breve resumen de la sociología de Pierre Bourdieu #bourdieu #sociology #sociologia #filosofia #epistemologia #historia #psicologia #marxismo #campus #habitus #capital ♬ sonido original - Fernando Parronchi

“Stoner”: la épica silenciosa de una vida común

Redescubriremos hoy Stoner (1965), un clásico moderno de John Williams, una obra maestra redimida por el paso del tiempo. Es una novela introspectiva y sobria que narra la vida de William Stoner, un hombre común nacido en una familia de campesinos en Missouri a finales del siglo XIX. A pesar de un inicio humilde, Stoner asiste a la universidad para estudiar agronomía, pero se enamora de la literatura y decide convertirse en académico.

La novela Stoner sigue su vida como profesor universitario: su carrera modesta, su matrimonio infeliz con Edith, su distante relación con su hija Grace, y su conflicto con colegas en el ámbito universitario. También tiene una relación amorosa breve, pero profunda con una colega llamada Katherine.


Lo que hace especial a Stoner no son los eventos, sino la forma sutil y humana en la que retrata la vida cotidiana, el paso del tiempo, la frustración, la dignidad silenciosa, y la lucha por encontrar sentido y belleza en la existencia.


A pesar de ser ignorado tras su publicación inicial, el libro fue redescubierto décadas después y se convirtió en una obra de culto, muy apreciada por su estilo elegante y su visión melancólica pero profundamente humana de la vida.


John Williams (1922–1994) fue un novelista, poeta y profesor universitario estadounidense. Escribió cuatro novelas, siendo Stoner la más famosa, aunque también recibió elogios por Butcher’s Crossing y Augustus (esta última ganó el National Book Award en 1973). Su estilo es sobrio, clásico y cuidadosamente medido. Fue un defensor de la escritura precisa y honesta. A pesar de no ser ampliamente reconocido en vida, hoy es considerado un autor de culto.


En resumen, Stoner representa la dignidad de lo ordinario, o cómo una vida discreta puede ser profundamente conmovedora. Es una joya olvidada que ahora brilla más que nunca, libro que te rompe el corazón con suavidad. Una novela que nadie leyó en su tiempo… y que ahora todos aman. El héroe más silencioso de la literatura moderna.

John Williams muestra la belleza de no brillar. Cuenta una vida gris  en una novela luminosa. Stoner no grita, pero se queda contigo para siempre. Todo es precisión, poesía y la historia de un hombre entre libros.

Juramos que no buscamos en la serie de audiolibros "Un libro, una hora", sino que al elegir un libro encontramos que este genial canal de podcast ya lo había reseñado.

Modelo Hefei: La fórmula china de innovación y prosperidad

El "Modelo Hefei" se refiere a la estrategia de desarrollo económico implementada en Hefei, capital de la provincia de Anhui en China. Esta estrategia combina inversión gubernamental local con la iniciativa privada para impulsar el crecimiento económico y la innovación tecnológica.

A través de este modelo, Hefei ha logrado atraer y desarrollar empresas tecnológicas emergentes, transformándose en un centro económico y de innovación destacado en China. Para una visión más detallada sobre cómo Hefei ha emergido como una potencia económica e innovadora, puedes consultar el video inicial.

El éxito del "Modelo Hefei" ha captado la atención tanto a nivel nacional como internacional, sirviendo como ejemplo de cómo las ciudades menos desarrolladas pueden alcanzar un crecimiento económico significativo mediante reformas y estrategias adaptadas a sus contextos específicos.

El Modelo Hefei es un enfoque innovador de desarrollo económico implementado en la ciudad de Hefei, capital de la provincia de Anhui, China. Este modelo combina la inversión gubernamental estratégica con la colaboración del sector privado, lo que ha permitido a Hefei emerger como un centro de innovación tecnológica y crecimiento económico en las últimas décadas. A continuación, se detallan sus principales características y logros:

1. Enfoque en la inversión gubernamental estratégica. El gobierno de Hefei juega un papel clave como inversor inicial y catalizador en industrias clave. Invierte en empresas tecnológicas emergentes, investigación y desarrollo, infraestructura, y sectores estratégicos como:

  • Tecnología cuántica: Hefei es sede de empresas líderes como QuantumCTek, pioneras en comunicaciones cuánticas.
  • Energías renovables: Gran impulso a tecnologías de baterías y vehículos eléctricos (BYD y CATL).
  • Semiconductores: Apoyo a fábricas de microchips y electrónica avanzada.

2. Alianzas público-privadas. El gobierno invierte en empresas prometedoras, a menudo obteniendo participaciones accionarias. Esto les permite:

  • Compartir riesgos con el sector privado.
  • Atraer capital extranjero y nacional.
  • Crear un entorno de innovación y colaboración entre empresas tecnológicas, universidades y centros de investigación.

3. Educación y desarrollo de talento. Hefei ha priorizado la educación y el desarrollo de talento local mediante:

  • Universidades de clase mundial: La Universidad de Ciencia y Tecnología de China (USTC), ubicada en Hefei, es un centro líder en investigación avanzada.
  • Atracción de talento global: Incentivos para científicos, investigadores y empresarios extranjeros.

4. Éxitos notables. Gracias al Modelo Hefei, la ciudad se ha transformado en un centro económico y tecnológico competitivo. Algunos de sus logros más destacados incluyen:

  • Transformación industrial: De una economía agrícola a un centro de alta tecnología.
  • Atracción de inversiones: Miles de millones de yuanes en capital privado y extranjero.
  • Expansión global: Empresas basadas en Hefei ahora son actores clave en mercados internacionales.

5. Replicabilidad del modelo. El éxito del Modelo Hefei ha inspirado a otras ciudades chinas y países en desarrollo. Su enfoque demuestra cómo una combinación de políticas gubernamentales inteligentes, apoyo al sector privado y desarrollo del talento local puede impulsar el crecimiento económico sostenible.

En resumen, el Modelo Hefei es un ejemplo de cómo el liderazgo estratégico y la innovación pueden transformar una ciudad en un epicentro global de desarrollo económico.

La universidad defendiendo los Derechos Humanos en Palestina


Resulta sumamente gratificante comprobar que la juventud universitaria a escala mundial mantiene una perspectiva alerta sobre los Derechos Humanos allí donde se están vulnerando flagrantemente, como en Palestina. Y que muestran capacidad de movilización en distintos continentes. Hay esperanza en medio de esta tragedia. 

Este lunes 6-5-24 cumplen una semana acampados en los jardines de la Facultad de Filosofía de la Universitat de València para protestar “contra el genocidio que está perpetrando Israel en Gaza” y para pedir a la institución académica que cese “cualquier tipo de relación con instituciones o empresas que colaboren con Israel”, explica Esther Monge, de 20 años, estudiante de Ciencias Políticas y Sociología. 

Las protestas y acampadas organizadas en los campus de EE UU han sido una “inspiración”, pero el colectivo Estudiants per Palestina lleva movilizándose desde mucho antes, agrega, tras acordar con sus compañeros que se turnarán para hablar con este periódico. La mecha de las protestas estudiantiles está prendiendo en España. Barcelona, Madrid, Bizkaia, Álava, Pamplona, Sevilla, Zaragoza... Esto parece que acaba de empezar.