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La educación no es lo que creemos, según Jiang Xueqin

He sucumbido al efecto en redes sociales del Prof. Jiang Xueqin y su visión alternativa, incluso transgresora, de la historia, la educación,... Por ejemplo y sólo para comenzar posts, en este primer video, titulado "Prof Jiang Explains the True Purpose of Schools", el profesor Jiang Xueqin ofrece una visión sumamente crítica y provocadora sobre el sistema educativo moderno. Leyamos un resumen de sus puntos principales:

El "lavado de cerebro": El profesor afirma que la idea de que vamos a la escuela para aprender o adquirir conocimientos es una mentira. Según él, el propósito fundamental de la educación obligatoria es el lavado de cerebro.

Experiencia vs. Academia: Argumenta que, a lo largo de la historia, el ser humano aprendía mediante la práctica y la mentoría (aprendices). Pone como ejemplo que un médico que aprende trabajando en un hospital desde joven sería mucho mejor que uno que solo estudia en Harvard hasta los 30 años sin haber tocado a un paciente.

Origen militar: Explica que la escuela pública gratuita y obligatoria fue introducida primero por tres sociedades: Esparta, los Aztecas y Prusia. El factor común entre ellas era que eran sociedades dedicadas a la guerra. El sistema escolar fue diseñado para preparar a las personas para obedecer y combatir.

La separación de la familia: Sostiene que las escuelas separan a los niños de sus padres a edades muy tempranas (5 o 6 años) para romper el vínculo de seguridad familiar. Al sentirse inseguros y ansiosos fuera de su hogar, los niños aceptan más fácilmente la autoridad del maestro y el adoctrinamiento del sistema.

Creación del Estado-Nación: El objetivo final es implantar en los estudiantes la creencia en el Estado-Nación. A través de la historia, la geografía y el idioma, se enseña a los niños a amar a una entidad abstracta (como "la madre China" o "Francia") y a estar dispuestos a sacrificarse, luchar y morir por ella.

La historia como memoria falsa: Jiang Xueqin define la historia que se enseña en las escuelas como una "memoria falsa" diseñada para crear ciudadanos obedientes a la autoridad y útiles para los intereses del Estado.

En conclusión, el profesor sostiene que la escuela no está hecha para que pienses por ti mismo, sino para que seas dócil y sirvas fielmente a la estructura de poder de tu país. Jiang Xueqin es un destacado educador, escritor y asesor de políticas chino-canadiense, conocido recientemente por su presencia en redes sociales como YouTube y TikTok, donde analiza la historia y la educación desde una perspectiva crítica.

Repasemos su biografía. Nacido en 1974, Jiang Xueqin ha desarrollado una carrera centrada en la reforma educativa y el análisis social. Formación: Se graduó con distinción en Literatura Inglesa por la Universidad de Yale en 1999. Experiencia en Escuelas: Ha ocupado cargos directivos en instituciones de élite en China, incluyendo el puesto de subdirector en la Escuela Secundaria de la Universidad de Tsinghua en Beijing y director de currículo en la Escuela Secundaria de Shenzhen. Investigación y Reconocimientos: Es miembro de la Royal Society of Arts (RSA) y ha sido investigador en la Iniciativa de Innovación Educativa Global de la Escuela de Graduados en Educación de Harvard.

Su trabajo se centra en cuestionar los sistemas educativos tradicionales y analizar el declive de las estructuras sociales modernas. Libros Publicados: Creative China (2014): Donde discute sus esfuerzos por reformar el sistema educativo chino hacia uno que fomente la creatividad en lugar de la memorización. Schools for the Soul: Obra que ofrece perspectivas sobre el futuro de la sociedad y el papel de la educación en la formación de individuos.

Contenido en Redes Sociales: En su canal de YouTube, Predictive History, utiliza patrones históricos y la teoría de juegos para analizar temas como el colapso de civilizaciones, la rivalidad entre potencias y las tendencias económicas. En sus videos virales, critica el consumismo moderno, describiéndolo como una forma de esclavitud que busca impresionar a otros con dinero que no se tiene.

Crítica Educativa: Es un crítico vocal del sistema Gaokao (el examen de ingreso a la universidad en China), argumentando que, aunque produce burócratas eficientes, asfixia el espíritu emprendedor necesario para una economía basada en el conocimiento. Jiang Xueqin colabora frecuentemente con medios globales como The New York Times, Wall Street Journal y The Diplomat, escribiendo sobre los desafíos que enfrentan los estudiantes y las instituciones educativas en un mundo interconectado.

En la primera parte del video, en ocasiones retitulado como "¿Por qué tenemos escuelas?", presenta al Prof. Jiang Xueqin explica el origen histórico y militar de la educación pública gratuita y obligatoria. Las tres sociedades fueron las primeras en introducir este sistema escolar: Esparta: Donde los niños ingresaban a la escuela a los 5 o 6 añosLos AztecasPrusia: Cuyo sistema es el que se utiliza prácticamente en todo el mundo hoy en día.

El factor común: Las tres sociedades tenían en común,... la guerraEran sociedades fundamentalmente bélicas dedicadas a derrotar a sus vecinos. Por lo tanto, el propósito original de la creación de las escuelas fue preparar a las personas para la guerra. (Nota final: Sigue un interesante tuit sobre la historia y cómo sirve para interpretar la actualidad bélica, que merecerá un post propio.)

2026, el año en que la Fuerza bruta desnudó al Derecho

2026, está siendo el año del descubrimiento del poder bruto. Vivíamos en un teatrillo mundial de la democracia, manteniendo las apariencias de una legalidad internacional. Pero Ucrania, Gaza y Venezuela han retirado el telón y muestra que solamente la fuerza militar al servicio de la economía de los gigantes manda en el mundo. Descubrimos, incómodos, que el escenario está vacío de normas y lleno de tanques, drones y divisas. Ucrania, Gaza y Venezuela no son solo conflictos regionales; son espejos que devuelven una misma imagen: la fuerza militar al servicio de la economía de los gigantes se ha impuesto al derecho. El poder bruto ha dejado de ser la excepción para convertirse en la regla que nadie se atreve a nombrar.

Hasta hace poco, la comunidad internacional se comportaba como un elenco de teatro clásico: cada actor recitaba su parte —soberanía, derechos humanos, resoluciones de la ONU— mientras el público asentía, satisfecho con la apariencia de orden. Hoy ya una mera observación periodística nos conduce a una comprensión sistémica de por qué el 2026 ha certificado el colapso de la retórica liberal. Es el Retorno a la Tebaida Geopolítica, si leemos las noticias con las perspectivas del realismo estructural de Kenneth Waltz y el realismo ofensivo de John Mearsheimer.

Al analizar el panorama global de 2026, la sensación de "desvelo" ante el poder bruto no es una novedad histórica, sino la reconfirmación de las tesis más severas de la ciencia política. El optimismo antropológico que dominó las instituciones tras la Guerra Fría ha sucumbido ante la anarquía sistémica, un concepto central en la obra de Kenneth Waltz. Según esta visión, al no existir un "gobierno de gobiernos" con capacidad coercitiva real, el sistema internacional obliga a los Estados a actuar bajo la lógica de la autoayuda (self-help).

1. La Distribución de Capacidades (Waltz) y el Dilema de Seguridad. Para Kenneth Waltz, el comportamiento de los Estados no depende de su régimen interno (democracia o autocracia), sino de su posición en la estructura del sistema. En 2026, los conflictos en Ucrania y Gaza ilustran perfectamente lo que Waltz denominó el dilema de seguridad: el esfuerzo de un actor por aumentar su seguridad es percibido por otros como una amenaza existencial, desencadenando una espiral de rearmamento y fuerza.

Desde esta perspectiva neorrealista, la "legalidad internacional" nunca fue un regulador autónomo, sino un epifenómeno de la distribución de capacidades. Mientras el poder estuvo unipolarmente concentrado, las reglas parecían sólidas; al volverse el sistema multipolar y fragmentado en 2026, la estructura obliga a los "gigantes" a ignorar la norma para preservar su seguridad relativa.

2. La Tragedia de las Grandes Potencias (Mearsheimer). Si Waltz nos explica por qué el sistema es inestable, John Mearsheimer nos ofrece la clave de la agresividad actual a través de su realismo ofensivo. Para Mearsheimer, las grandes potencias no son meras buscadoras de seguridad (como sugería Waltz), sino maximizadoras de poder. En su visión, la única forma de garantizar la supervivencia en un mundo anárquico es ser el actor más fuerte del sistema. 

- UcraniaDe la norma al hecho: la aceleración de la «realpolitik». Siguiendo a Mearsheimer, la expansión de esferas de influencia no es una elección moral, sino un imperativo estructural. El conflicto es la consecuencia trágica de grandes potencias compitiendo por un espacio que ambos consideran vital. La invasión rusa a Ucrania en 2022 ya había exhibido la anulación abierta del principio de no agresión. Sin embargo, la guerra de 2026 —más larga, más destructiva— ha trascendido la lógica de ocupación para instalarse en la lógica de aniquilación de la voluntad política del adversario. Occidente responde con sanciones que, paradójicamente, consolidan bloques económicos alternativos: el rublo-yuan se fortalece, el comercio de materias primas se desdolariza y la «legalidad» se reduce a un capítulo de retórica diplomática. El poder bruto ya no necesita justificarse; basta con imponer un fait accompli y esperar que el cansancio lo legitime.

Gaza: la humanitarización del cinismo. En Gaza, el derecho internacional humanitario se ha vuelto un acompañamiento ornamental de los comunicados de prensa. El principio de proporcionalidad se mide en días de titulares, no en vidas salvadas. Cuando los hospitales se convierten en objetivos militares y la ayuda exterior es filtrada por algoritmos de seguridad, la comunidad internacional descubre que el veto en el Consejo de Seguridad funciona como un interruptor de legalidad: basta con pulsarlo para que desaparezca. El poder bruto ya no oculta su rostro; lo transmite en streaming y lo monetiza como contenido.

Venezuelala ilusión contractual rota. El mantenimiento del régimen en Caracas, bajo el paraguas de potencias extrarregionales, responde a la lógica de impedir la hegemonía absoluta de un solo actor en el hemisferio, transformando el derecho a la democracia en una variable secundaria frente al equilibrio de poder material. El caso venezolano cierra el triángulo moral. En 2015-2019 la crisis se presentaba como un problema de gobernanza; en 2026 es un laboratorio de «Estado fallido administrado (ver tuit)». Las multinacionales extraen petróleo bajo licencias que el gobierno de Caracas no puede revocar sin enfrentar demandas millonarias en tribunales arbitrales. La oposición, desarmada y sin recursos, negocia con la misma élite que la reprime. El poder bruto aquí no es bala ni bomba: es deuda soberana, embargo de activos y bloqueo financiero que decide quién come y quién emigra. La lección es brutal: sin capacidad de disuasión militar o económica, la palabra «soberanía» es un suspiro. El asalto postrero es la evidencia de poder militar y del secuestro descarado de una soberanía

El triángulo Ucrania-Gaza-Venezuela revela una arquitectura mundial en la que las normas solo se aplican a quienes no pueden pagar el costo de violarlas. El resultado es una suerte de «vigilantismo» institucional: cada potencia actúa como sheriff en su zona de influencia, imponiendo su interpretación de la seguridad y la economía. La democracia internacional se reduce a una competencia de narrativas en redes sociales, mientras los algoritmos premian la emoción, no la verificación. El poder bruto, lejos de ser anacrónico, se ha digitalizado: se mide en megavatios, terabytes y capacidad de veto en foros multilaterales.

La tarea de la ética política: nombrar lo que sucede. Ante este panorama, la reflexión ética no puede limitarse a condenar o lamentar. Su primer deber es conceptual: nombrar con precisión lo que ocurre. Llamar «guerra» a la invasión, «ocupación» al asedio, «bloqueo» al cerco financiero. El lenguaje neutral no es imparcial; a menudo es cómplice. El segundo deber es educativo: devolver a la ciudadanía —y especialmente a las nuevas generaciones— la capacidad de relacionar causa y efecto más allá del titular de 280 caracteres. La desinformación no se combate solo con fact-checking; se combate con alfabetización política que enseñe a leer intereses tras las normas.

La Economía como Proyección de la Fuerza. En 2026, la distinción entre low politics (economía) y high politics (seguridad) ha desaparecido. Mearsheimer sostiene que el poder económico es solo un medio para obtener poder militar. La formación de bloques económicos cerrados y el uso de sanciones como armas de guerra no son fallos del mercado, sino la demostración de que la riqueza es, ante todo, potencia latente. Los gigantes ya no compiten por el bienestar global, sino por la capacidad de producir los medios de coacción necesarios para dominar la próxima década.

Pedagogía y Ética: El Desafío de la "Realpolitik". Este escenario impone una revisión ética y educativa profunda. Si aceptamos las premisas de Waltz y Mearsheimer, ¿qué espacio queda para la educación en valores?

- Educación Crítica vs. Idealismo: La pedagogía del 2026 debe transitar hacia una "alfabetización en el realismo". No se trata de validar la violencia, sino de entender las leyes de hierro del poder para que la ciudadanía no sea presa de la propaganda. Como advertía Mearsheimer, las potencias a menudo usan un lenguaje liberal para camuflar objetivos realistas.

- Ética de la Responsabilidad: Frente a la ética de la convicción (que se limita a los grandes principios), 2026 exige una ética de la responsabilidad weberiana: actuar comprendiendo las consecuencias y las limitaciones impuestas por la fuerza bruta.

El Fin de la Minoría de Edad Internacional. En definitiva, 2026 ha sido el año en que la comunidad internacional ha alcanzado una amarga madurez. Hemos descubierto que el "teatro de la democracia" era una tregua temporal en la eterna competencia por el poder. Al leer a los clásicos del realismo estructural, comprendemos que el telón no se ha caído por accidente; se ha desgarrado por el peso de la realidad material. El desafío actual de la ética y la educación política es construir un nuevo humanismo que, reconociendo la primacía de la fuerza, sea capaz de encontrar mecanismos de equilibrio que eviten la conflagración total.

Epílogo: El riesgo de acostumbrarnos. El mayor peligro de 2026 no es la violencia en sí, sino la tentación de normalizarla. Si aceptamos que el poder bruto es el default histórico, renunciamos a la innovación política y a la ética pública. Quedarse en la indignación moral es cómodo; construir contrapesos es laborioso. Pero la alternativa es un mundo donde la única pregunta relevante sea «¿quién dispara primero?». La educación, la ética y la política tienen aún una ventana estrecha para demostrar que la humanidad puede algo más que disparar.