Sabiduría popular

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Historias cotidianas que demuestran el ingenio y la grandeza de la gente humilde, que saben mejor que muchos ilustrados cómo afrontar los retos de la vida. Las hemos recopilado de entre las muchas que hemos escuchado este verano, hablando con personas amigas y sus familiares o amistades.
  • Nuestro panadero ambulante (ver foto superior) ya se ha despedido porque el retorno de los veraneantes no hace rentable su viaje hasta las urbanizaciones de la playa. Hace unos días, el único y extraño con lluvia, le comentamos que quizá la meteorología le estropearía las ventas en esa jornada. Con preclara filosofía se desentendió de semejante preocupación con esta respuesta: ¿Y qué podemos hacer?
  • Nuestro buen amigo Javier Martínez nos relató otra historia que ofrece un buen consejo. Entre varios colegas un día de trabajo decidieron prepararse un improvisado aperitivo y la comida fue abundante. Al ser en jornada intensiva, al llegar a casa uno de los comensales dijo a su esposa que ya había comido, lo que le ocasionó una regañina por no haberla avisado con antelación. Cuando lo comentó con los amigos, el más veterano le sugirió: "Mejor es comer dos veces,... que no dar explicaciones".
  • Diego Martínez, el padre de Javier, nos hizo reír con distintas anécdotas. Una verídica sucedió a un hijo que llevaba a su padre la comida a la era. En tiempo de posguerra había hambre y el niño no pudo ceder a la tentación de abrir el tarro y comerse una patatita y alguna albóndiga. Y así siguió... Al abrir el labrador el puchero vio que sólo quedaba salsa y nada sólido. Al preguntarle al hijo, a éste se le ocurrió esta peregrina excusa: "Es que por el camino se me ha caído la tartera y sólo he podido recoger el caldo".

1 comentarios:

enne dijo...

Las mejores historias son las que pueden pasar todos los días, pero están contadas con un toque de magia.

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