La edad de la sinceridad anuncia la era de la innovación

Ya escribimos sobre "la edad de la verdad" hace años, pero ahora ha llegado "la era de la sinceridad". ¿Y cuál es la diferencia? La verdad hay veces que se impone por sí misma, que resulta tan innegable que convierte en patética a la falsedad. Por el contrario, la sinceridad siempre es una opción entre otras. Una decisión difícil que paga su precio para alcanzar el paraíso.
Para ser sincero, sincero hasta el fondo, es preciso ser muy joven... o bastante viejo. La escuela de la vida domestica los sentimientos y aconseja máscaras de prudencia. Sólo el retorno a la infancia que aparece con la madurez permite recuperar la grandeza de la descarnada,prosaica y gloriosa franqueza.
La periódica crisis olvidada, hacía tiempo que nadie la echaba de menos, el anunciado fin del consumismo, que nos adormecía, y la madurez de un nuevo mundo que asoma animan a una revisión general de nuestros valores. Porque son ellos los que nos hacen levantarnos, optar, caminar y... hasta sonreír, de vez en cuando. La manoseada palabra innovación cobra sentido sólo cuando la aplicamos desde muy dentro hacia afuera. Algo ha de cambiar en nuestra alma, para que todo se transforme en el planeta.
No todo lo que se pregona como innovación lo es. Más aún, la cuantía del ruido generado es indicativa de pseuso-innovación, de aquello de "cambia algo, para que nada cambie". En unos pocos días volveremos a trabajar en "innovación educativa". Prometemos hacerlo con la máxima sinceridad... [Abajo: Vídeo para "Educar la sinceridad en la familia"]

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