Anécdotas filiales (II): Nueva religión

Viajando de Estocolmo a París, nuestra hija coincidió con un niño francés de nueve años. Muy inteligente, lo primero que él indicó es que no hablaría con nadie que no fuese una azafata. Pero -visto que ninguna de ellas conocía su idioma- pasó a charlar con Leire. Toda la conversación fue muy interesante, indicativa de los nuevos modelos de familias, pero lo mejor fue cuando para asegurar la verdad de una de sus afirmaciones, añadió:
- "Y si no es así, que me vaya al infierno".
Siendo de rasgos muy morenos, que podrían indicar algún antecedente norteafricano, Leire le preguntó:
- "¿De qué religión eres?", siendo inmediatamente contestada por el avispado niño...
- "De cuál voy a ser,... ¡soy de religión francesa!".

Una foto diaria... en vacaciones (13)

Aeropuerto de Alicante (una decoración oportuna). MÁS FOTOS...

La estupidez explícita

Hace unos años corrió el rumor en nuestra urbanización de que había pasado unos días entre nosotros un Premio Nobel (o ¿fue una Miss Universo?).

¿Cómo saber si nuestro vecino es un Premio Nobel? Resulta casi imposible. Ese anciano de pelo cano que suele leer libros, ¿es un Nobel? ¿Quizá de Literatura o de la Paz (que siempre son más famosos), o acaso sólo de Física, Química o Medicina? ¿Será éste el Premio Nobel que se baña en nuestra misma playa? Definitivamente, la sabiduría, o la virtud en general, son comedidas, reservadas y sólo se aprecian con plenitud con el trato próximo o en la intimidad. Incluso se requiere ser un poco culto para percibir la sabiduría, y un poco amable para deleitarse con la bondad.

Por el contrario, la ignorancia o la falta de educación siempre son escandalosas, descaradas… y pueden ser infinitas. Ahora mismo, en plena madrugada, no sabemos quién conduce ese coche con la música a tope y tocando la bocina. Pero su conductor pregona, a diestro y siniestro, que es un declarado idiota, que con todo lo que desconoce se podría concluir la wikipedia y que la escuela no dejó el menor rastro en su identidad actual.

¿Qué fue de aquella entrañable y prudente discreción? ¿De aquel saber estar, desvelándose poco o mucho, pero siempre en función de las circunstancias? Algunos mejor harían tratando de pasar desapercibidos, que no desplegando todas sus miserias. Por desgracia, no suele suceder así. Son, con frecuencia, quienes se recogen en su interior quienes más debieran manifestarse,… y viceversa. Aprendamos del poeta cuando dijo: Es discreción saber disimular lo que no se puede remediar.

Versión para imprimir en: mikel.agirregabiria.net/2007/estupidez.DOC

SeeqPod Music: Buscador musical

Lo tiene todo: Buscador y gestor de ficheros sonoros... Vía.