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Pepephone, una marca favorita

Pepephone, www.pepephone.comes una de nuestras marcas favoritas. Incluso le hemos dedicado una etiqueta propia Pepephone en este blog, algo que muy pocas referencias tienen en positivo (algunas empresas cuentan con ella como Audi, pero más bien por lo mal que funcionan y lo decepcionante de su servicio).

Pepephone actúa como muy pocas empresas lo hace. Rebaja precios a sus usuarios de siempre, antes de buscar nueva clientela (eso sí es entender la fidelización comercial). Ahora ha sabido interpretar que su devota clientela ya no espera tarifas más bajas (aunque nunca vienen mal), sino que la falta de oferta de 4G o LTE podría llevarnos a otras opciones. Añoramos mucho nuestra experiencia con LTE vivida ya casi hace dos años en Estados Unidos.

Así que Pepephone reacciona con un movimiento proactivo de buscar y ofrecer 4G, aunque ello signifique cambiar de proveedor hacia Yoigo en telefonía móvil. Sólo nos queda esperar que el proceso culmine pronto para disfrutar de 4G. Sólo esperaremos porque la fidelidad desde la libertad que Pepephone nos brinda merece correspondencia.

Otras de nuestras marcas a las que mantenemos fidelidad son Euskaltel, ToyotaCanon (aunque sin etiqueta aún), ETBFONApple (en tabletas iPad, ecosistemas educativos,...), Nexus (en móviles), Samsung (en TVs),...
Mapamundi actual del 4G (fuente). Más entradas sobre Pepephone.

El timo del euro

El euro nos ha aportado muchas ventajas, pero el mito pasó a timo por su innegable repercusión en el coste de la vida.

El verano es época de viajar por todo el mundo, y por lo que nos cuentan cada vez es más frecuente sorprenderse de lo barato que resulta vivir en muchos aspectos (vivienda, transporte,…) en países tan remotos como Australia o Estados Unidos. En Europa aún es más fácil comparar precisamente por el uso de una moneda común.

En la supuestamente encarecida Alemania, sorprende que por 1 euro den una caña de cerveza de medio litro, cuando aquí por ese precio apenas nos sirven un zurito (un vasito de cerveza). Un completo menú del día cuesta menos de 8 euros en una gran metrópoli germana, cuando en nuestras ciudades hay que desembolsar un 50% más. Y por 6 euros un ticket permite viajar en todo tipo de transportes públicos a una familia durante un día, cuando en nuestro metro apenas viajaríamos un trayecto.

Durante años nos contaron que la llegada del euro en 2002 armonizaría nuestros salarios, elevándolos. La triste realidad es que los sueldos han subido menos del IPC y seguimos manteniendo un salario mínimo interprofesional que es la tercera parte del francés (de las pensiones prefiero no acordarme), mientras que nuestro coste de la vida se ha equiparado o es superior al de nuestros vecinos más pudientes.

Todo ello sin contar las considerables ayudas a las familias, y a los jóvenes para independizarse y encontrar un nuevo hogar (al menos, en alquiler). Desafortunadamente para nosotros lo único barato que encontramos es el alcohol de alta graduación, el tabaco, la televisión (no gravada con canon ni con impuesto de lujo) y los coches.

Así que pásame un cigarrillo y una copa para olvidarme de la fábula europea viendo lo que nos cuenta la caja tonta sobre el próximo sorteo de viviendas de protección oficial. Y a esperar que los bancos sigan aumentando los beneficios un 50% cada año para que se apiaden de nosotros y nos admitan una hipoteca vitalicia, mientras seguimos siendo el Estado europeo con la inmensa mayoría de los billetes de 500 euros. ¿Qué pasaría si ese dinero negro pagase impuestos?
Versión .DOC para imprimir
Versión final en: mikel.agirregabiria.net/2006/euro.htm

La fecha de la Pascua

Explicando porqué siempre hay luna llena en los días primaverales de la Semana Santa.

Cada año nos preguntamos cuánto se adelantará o retrasará la Semana Santa. La razón de su ubicación en el calendario se justifica por motivos históricos, religiosos,… y astronómicos. Lo único seguro, en cualquier año, es que entrada la primavera (21 de marzo), la Pascua será el primer domingo tras la luna llena.

En el mundo occidental, el calendario vigente se basa en la liturgia cristiana, que celebra la Pascua, en memoria de la resurrección de Jesucristo. La última cena, el jueves santo según los cuatro evangelios, los apóstoles celebraron con su Maestro la “Pascua Judía”, conmemorando el éxodo de los israelitas de Egipto, conducidos por Moisés a través del mar Rojo. Según el judaísmo, los hebreos deben renovar cada año esta celebración el día 15 del mes de Nisan, que empieza con la primera luna nueva de primavera: es decir, el primer plenilunio de primavera, con independencia del día de la semana.

El cristianismo, a través de los siglos fue unificando la fecha de su Pascua, no sin diferencias internas entre sus iglesias, porque en Asia Menor hasta el siglo V los cuartodecimanos mantuvieron la coincidencia exacta de fecha con los judíos. Roma paulatinamente impuso que la Pascua fuese en domingo, y además el progreso en astronomía detectó el movimiento de precesión, con el consiguiente retraso de 50 segundos por año en la entrada de los equinoccios. El cómputo judío se guiaba por la constelación de Aries, adelantándose la fecha sin esperar a la observación del equinoccio (misma duración del día y de la noche). Así pues, al inicio del siglo IV había protopasquistas, que prescindían del equinoccio y seguían el cálculo judío, y equinoccialistas; pero incluso dentro de éstos, los romanos tomaban como referencia del equinoccio el 18 de marzo y los alejandrinos el 21. El concilio de Arlés del año 314 ordenó su primer canon que la Pascua se celebrase en todas partes el mismo día, pero hubo de esperarse hasta el Concilio de Nicea en 325 para solventar la cuestión.

Convocado por el emperador Constantino, que todavía no era cristiano, se destinó a combatir la herejía arriana, pero también fijó la fecha de la Pascua. Instituyó que sería en domingo, tras el equinoccio real (olvidándose de la entrada en Aries), y que jamás coincidiría con la pascua judía, por lo que si caía en plenilunio se retrasaría al domingo siguiente. Quedó fijada la superioridad en Astronomía de Alejandría, y se decretó que su iglesia comunicase a Roma el día de la Pascua, para ser transmitida toda la cristiandad. Todavía perdurarían las discrepancias astronómicas, hasta que en 525 el respetado cronologista Dionisio el Exiguo convenció a los romanos de las ventajas del cómputo alejandrino.

Así pues el Domingo de Pascua acontece en un paréntesis de 35 días, entre el 22 de marzo y el 25 de abril, ambos inclusive. El cálculo de la Pascua por fórmulas no es demasiado difícil, mediante el algoritmo de Butcher o con el ideado por el insigne matemático Karl F. Gauss (1777-1855), pero su descripción sería aburrida. Las fechas de Pascua se repiten en idéntica sucesión en un periodo de 5.700.000 años y en ese intervalo de tiempo la fecha más frecuente es el 19 de Abril, si bien la mayoría de las veces, la Semana Santa cae durante la primera o segunda semana de Abril. Este año, 2005, nos viene bastante adelantada, lo que quizá sea un inconveniente para los planes de vacaciones, pero resulta sumamente agradable comprobar que todavía el calendario no se rige por criterios comerciales, sino por el movimiento del Sol y la Luna. Sólo el Cielo ordena el tiempo y las estaciones…

Comunicar: Un verbo plural

©Mikel AgirregabiriaEn sus múltiples formas verbales sorprende la polisemia de “comunicar”, de mezquina infrautilización en nuestro tiempo.

El mágico vocablo “comunicar” contiene varios verbos en uno. Hasta hace unas décadas, este término era transitivo esencialmente: “Fulano comunica algo a Mengano" o "a la opinión pública". Más recientemente pasó a emplearse como intransitivo: "Alguien comunica bien (o mal)”. También como verbo reflexivo: "Sabe comunicarse". Incluso contiene una cuarta dimensión, de alto interés para el éxito en la vida cotidiana, la educación, la familia o la economía: La voz pasiva, el “dejarse comunicar por los otros, el entorno, el mercado,…”.

Los “medios de comunicación” no siempre ofrecen un buen modelo de comunicación. Exponen muchas noticias, más o menos precisas, pero apenas escuchan a sus audiencias lectoras o audiovisuales. Comunicar, además de extenderse o propagarse (“el incendió se comunicó a las casas circundantes”), también significa establecer un medio de acceso entre comunidades o lugares distintos (“el puente comunica las dos orillas”). La prensa, demasiadas veces, sólo crea o difunde una opinión que cree compartida con su audiencia, pero raramente se esfuerza en tender puentes entre distintas diferentes sensibilidades colectivas.

Communicatio es una palabra latina que designa la comunicación entendida como “facultad de sentirnos unos a otros”. Es un cultismo extraído de la comunión eclesial: “Communicantes et memoriam venerantes”... dice el canon de la misa. Cuando la tecnología extrajo este término de la liturgia para incorporarlo al “nuevo culto” que permitió la transmisión masiva mediante los primeros “medios de comunicación” (prensa, radio, TV), se produjo la preponderancia de una comunicación desequilibrada, truncada, exclusivamente unidireccional.

Esta imperfección, propia del siglo XX por los poderosos grupos de comunicación (y que Internet atenúa en el presente siglo), se infiltró en toda la comunicación interpersonal y causa verdaderos estragos de soledad e incomunicación a escala individual y social. A menudo, el peor referente de monólogo se escenifica pésimamente entre políticos en las grandes cadenas televisivas, con el contraejemplo cómico (si no fuese trágico) de “comunico, aunque sin escuchar ni ser escuchado, sin pretender compartir nada ni convencer a nadie que no esté ya convencido”.

Nuestra mayor torpeza vital proviene de la incapacidad para escucharnos diestra, efectiva y mutuamente como comunicantes que buscan un encuentro. Cuando falta la correspondencia (comunión) en la comunicación entre un comunicador y su audiencia, es culpa del comunicador. Y ésa es una buena noticia, porque la solución reside en cada uno de nosotros, en tanto que somos comunicadores. Bernard Shaw señaló: "El mayor problema de la comunicación es la ilusión de que ha sido realizada con éxito."

Analicemos nuestra capacidad personal de comunicación: ¿Comunicamos? ¿Nos comunicamos? ¿Bien? ¿Qué y a quiénes? ¿Nos dejamos comunicar? ¿Qué y de quiénes? ¿Nos hace bien esa comunicación? Revisemos todos los esquemas de nuestra comunicación activa y pasiva. En caso contrario, probablemente sigamos “comunicando como los teléfonos” cuando la línea está ocupada.

Versión para imprimir en: http://mikel.agirregabiria.net/2005/verbo.htm