Lo hemos citado en varias ocasiones (incluso comprobamos demasiado tarde que ya escribimos con detalle hace un año), pero hoy queremos dedicarle un nuevo post a Slavoj Žižek: el filósofo que piensa donde duele. Hay pensadores que consuelan y pensadores que incomodan. Slavoj Žižek pertenece sin ambigüedad a los segundos. Nacido en Liubliana en 1949, en lo que entonces era la Yugoslavia socialista, este filósofo esloveno ha construido a lo largo de cinco décadas una obra tan vasta como provocadora, capaz de irritar simultáneamente a la derecha y a la izquierda, al académico y al militante, al creyente y al ateo. Esa capacidad de incomodar a todos, lejos de ser un defecto, constituye quizá su mayor mérito intelectual.
Su obra cardinal, El sublime objeto de la ideología (1989), publicada apenas dos años antes del derrumbe soviético, anticipaba con notable lucidez que el fin del comunismo realmente existente no supondría la liberación anunciada por el liberalismo triunfante, sino la emergencia de nuevas formas de sujeción ideológica, más sutiles y por ello más eficaces.
Un marxismo sin partido ni nostalgia. Žižek se reivindica marxista, pero no de manera ortodoxa. Critica con igual ferocidad la socialdemocracia acomodaticia, el identitarismo progresista y el populismo de izquierda, a los que acusa de haber abandonado la crítica al capitalismo en favor de batallas culturales que el sistema puede absorber sin dificultad. Su polémico argumento es que la política de identidad, cuando no está articulada con una crítica económica estructural, termina siendo funcional al orden que pretende impugnar.
Esta posición le ha granjeado enemigos en todos los frentes: la izquierda le reprocha sus provocaciones deliberadas y cierto exhibicionismo intelectual; la derecha no sabe qué hacer con un marxista que cita a Chesterton y defiende el legado cristiano como reserva crítica frente al nihilismo del mercado.
El filósofo como espectáculo. No puede ignorarse la dimensión performativa de Žižek. Sus conferencias son eventos casi teatrales, sus tics verbales y su energía desbordante forman parte de un estilo que ha convertido a la filosofía en algo que puede llenarse de audiencias. Hay quien ve en ello pura mercadotecnia intelectual; hay quien lo celebra como la única filosofía capaz de competir en la economía de la atención.
La verdad, probablemente, es que Žižek hace lo que los grandes filósofos siempre hicieron: forzar a sus contemporáneos a pensar lo que preferirían no pensar. En una época de pensamiento reconfortante y consenso administrado, eso no es poca cosa. Como titulares finales: Žižek irrita a la izquierda y desconcierta a la derecha, Hegel, Lacan y Hollywood al servicio del pensamiento crítico o la ideología cínica según Žižek: Sabemos, pero actuamos como si no.
Slavoj Žižek sigue siendo uno de los filósofos más incómodos y fascinantes del siglo XXI. Entre Marx, Lacan y el cine, analiza cómo la ideología moldea nuestros deseos incluso cuando creemos ser libres. https://t.co/Pa7dea1km1 ¿Por qué seguimos obedeciendo sistemas que… pic.twitter.com/ODvtUGLokI
— Mikel Agirregabiria (@agirregabiria) May 15, 2026
Los impuestos son el precio justo de convivir juntos, no son un castigo, son una conquista histórica. Pagar impuestos es el acto más solidario que existe, pero esta palabra maldita es precisamente la que sostiene nuestra civilización. Existe una paradoja lingüística de enorme consecuencia política: la palabra impuesto lleva inscrita, en su propia etimología, una carga de imposición, de coacción, de algo que se nos hace contra nuestra voluntad.
Y esa trampa semántica ha sido el mayor regalo que la historia le ha dado a quienes desean desmantelar el Estado del bienestar. Porque si logramos convencer a la ciudadanía de que los impuestos son una agresión, habremos ganado la batalla ideológica sin necesidad de argumentos. Hay que decirlo con claridad: lo peor de los impuestos es su nombre. Todo lo demás son virtudes.
John Rawls nos enseñó que una sociedad justa es aquella que elegiríamos diseñar sin saber qué posición ocuparíamos en ella. Nadie, bajo ese velo de ignorancia, elegiría un mundo sin sanidad pública, sin educación universal, sin pensiones dignas. Y sin embargo, ese mundo sin impuestos es exactamente lo que nos promete el populismo de derechas cuando agita el fantasma del "robo fiscal".
El asedio al contrato social. En la última década, hemos asistido a un resurgimiento de discursos que, bajo una pátina de libertad individual, agitan la impopularidad del tributo para erosionar los pilares del Estado del bienestar. Estas corrientes, a menudo situadas en la ultraderecha o el libertarismo radical, presentan al Estado como un ente extractivo y al ciudadano como una víctima de "expolio".
Sin embargo, como estudiosos y ciudadanos, debemos ser claros: la fiscalidad no es un robo, es el precio de la libertad. No existe mercado libre sin seguridad jurídica, ni innovación privada sin una base de educación pública, ni paz social sin una red de seguridad que amortigüe la caída de los más vulnerables. La retórica anti-impuestos no busca "liberar" al ciudadano, sino desmantelar el mecanismo de redistribución que garantiza la igualdad de oportunidades.
Ética, justicia y el valor de lo público. Desde una perspectiva ética, los impuestos representan la materialización de la solidaridad orgánica. Los impuestos son la herramienta técnica que hace posible esa visión ética. Permiten que: • La sanidad no sea un privilegio de cuenta corriente, sino un derecho humano. • La educación actúe como ascensor social, rompiendo el determinismo de la herencia. • La infraestructura común facilite el desarrollo económico de las regiones periféricas. Sin una base fiscal sólida, la meritocracia es un mito; se convierte simplemente en la perpetuación de la ventaja de quienes ya lo tienen todo.
El rentismo moral de la ultraderecha, que odia los impuestos porque odia lo común. La retórica ultraliberal y ultraderechista sobre los impuestos descansa en una ficción antropológica: la del individuo soberano que ha generado su riqueza en soledad, sin infraestructuras públicas, sin trabajadores formados por escuelas financiadas colectivamente, sin contratos protegidos por jueces pagados con fondos comunes. Esa ficción es, intelectualmente, insostenible. Toda fortuna privada es, en parte, una deuda con lo público.
Adam Smith —ese clásico liberal que los neoliberales citan sin haberlo leído— fue perfectamente consciente de que los mercados requieren instituciones sólidas para no degenerar en monopolios, fraudes y depredación. Los impuestos no son el enemigo del mercado; son su condición de supervivencia.
Hay una dimensión ética que con frecuencia se olvida en el debate fiscal. Pagar impuestos progresivos —más quien más tiene— no es solo una política redistributiva eficiente: es un acto moral. Es reconocer que la suerte, la herencia y el capital acumulado no confieren títulos absolutos sobre la riqueza, sino que esta está social y políticamente mediada desde su origen.
Y hay, también, una dimensión democrática irrenunciable. Las democracias liberales necesitan Estados capaces de actuar con autonomía frente a los poderes privados. Un Estado sin recursos fiscales suficientes es un Estado capturado: por las corporaciones, por los mercados financieros, por los donantes de campaña. La evasión fiscal masiva y la competencia fiscal entre países no son sólo problemas económicos; son amenazas directas a la soberanía popular.
Los países con mayor bienestar, menor desigualdad y democracias más robustas —los escandinavos a la cabeza, pero no solo ellos— son también los que tienen presiones fiscales más elevadas y ciudadanías más convencidas de su legitimidad. No es una coincidencia. Es una lección que podríamos aprender, si dejáramos de escuchar a quienes confunden el precio de la civilización con un robo. Los impuestos son lo que pagamos por no vivir solos.
Lo peor de los impuestos quizá sea su nombre. Sin ellos no habría sanidad pública, educación, pensiones, justicia ni democracia sólida. https://t.co/oSrm3XOPVX Quienes demonizan los impuestos suelen olvidar que los derechos colectivos también se financian colectivamente. Pagar… pic.twitter.com/MP2f3COyUr
— Mikel Agirregabiria (@agirregabiria) May 11, 2026
El libro vino acompañado de una lupa dorada que nuestra nieta Léa ya nos birló,...
Tras unos días de lectura y reposo, hoy tenemos el placer de analizar y recomendar este libro de mesilla, "Microéxitos: La revolución de lospequeños logros", de Salva López (salvarock.es). El autor es un brillanteeconomista, profesor, pensador del cambio y buen amigo que nos ha hecho llegar esta nueva obra que redefine la escala del progreso personal cuando se transita por la innovación y el emprendizaje.
Salvador López, conocido en el
ámbito académico y empresarial como SalvaROCK, es licenciado en Ciencias
Económicas y Empresariales por la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona, con
posgrados en Dirección de Marketing e Investigación de Mercados. Desde 2008,
ejerce como profesor de Marketing en ESADE Business School, una de las escuelas
de negocio más prestigiosas de Europa. Su trayectoria combina la docencia con
la consultoría empresarial y la formación en habilidades directivas,
especializándose en el desarrollo de personas desde una perspectiva práctica y
cercana.
Lo más singular de su trayectoria como ponente es su vertiente internacional (mucho más allá de España y Latinoamérica como speaker de habla hispana). Sus conferencias han recorrido toda Asia, lo cual es insólito: Ha estado en Japón, India, Filipinas, Malasia, Indonesia, Bangladesh, Mongolia, o Pakistán.
Esta perspectiva ecléctica
encuentra su máxima expresión en Microéxitos, publicado por Editorial
Plataforma, donde se propone una filosofía vital alejada del ruido
motivacional convencional. Es una obra que continúa su libro previo, ahora reeditado y plurilingüe como "Empresas en clave de ROCK" (ver en Amazon).
Microéxitos se presenta
como una brújula amable para el progreso cotidiano y una invitación al cambio sin dramatismos, desde lo pequeño, cotidiano y
alcanzable. Frente al culto contemporáneo al éxito inmediato y espectacular
—alimentado por la cultura del emprendimiento heroico y los gurús del
crecimiento personal—, SalvaROCKpropone una filosofía de vida basada en los logros
minúsculos que, acumulados, generan beneficios ingentes. El libro rechaza las
fórmulas mágicas y las promesas grandilocuentes para centrarse en la
observación lúcida y las propuestas posibles.
Con un estilo ágil, cercano y
cargado de inteligencia práctica, SalvaROCK guía al lector a través de reflexiones
que ayudan a avanzar con constancia, humor y sentido común. El autor, con
experiencia en comunicación, formación y gestión del cambio, articula un
discurso que huye de la autoayuda convencional para situarse en un territorio
más honesto: el de la imperfección como punto de partida y el progreso gradual como
estrategia sostenible.
El concepto de microéxito opera
como unidad mínima de transformación. SalvaROCK sostiene que los grandes cambios
raramente se producen por decisiones radicales o revelaciones súbitas, sino por
la acumulación de pequeñas victorias que, en su conjunto, reconfiguran hábitos,
actitudes y resultados. Esta perspectiva conecta con investigaciones recientes
en psicología del comportamiento, particularmente con el trabajo de autores
como James Clear en Hábitos atómicos (post de 2024), aunque SalvaROCK aporta una
sensibilidad más europea y menos orientada al rendimiento obsesivo.
El libro es ideal para quienes
buscan resultados reales sin perderse en grandes promesas. Así se ofrece una
brújula amable para orientarse en el día a día, construir progreso desde la imperfección
y avanzar con alegría y sin ansiedad. No hay aquí un manual de instrucciones ni
una receta para el éxito, sino una compañía inteligente para el camino.
Filosofía del cambio incremental. La propuesta de SalvaROCK se
fundamenta en varias premisas que atraviesan el libro. En primer lugar, la
reivindicación de lo cotidiano como escenario legítimo del cambio. Frente a la
épica del gran giro vital, el autor defiende que es en las decisiones menores
—qué desayunar, cuándo responder un email, cómo afrontar una conversación
difícil— donde se construye realmente una vida distinta.
SalvaROCK escribe: "El
cambio no necesita ser heroico para ser real. La valentía está en levantarse
cada día y elegir avanzar, aunque sea un milímetro". Esta afirmación
resume el espíritu del libro: la transformación no como evento extraordinario,
sino como práctica ordinaria.
En segundo lugar, la obra
defiende el humor y la ligereza como herramientas de cambio. El autor desconfía de
la solemnidad motivacional y apuesta por un tono que reconoce lo absurdo de la
existencia sin caer en el cinismo. "La vida es demasiado seria para
tomársela en serio", sugiere el autor, invitando a relativizar los
fracasos y celebrar los avances sin grandilocuencia.
Finalmente, Microéxitos propone una ética de la constancia frente a la cultura de la intensidad. "No
se trata de quemarte en un sprint, sino de encontrar un ritmo que puedas
sostener hasta el final". Esta idea conecta con la
sostenibilidad emocional y la economía de la atención: en un mundo que premia
la hiperproductividad y el agotamiento, el autor reivindica la posibilidad de
construir sin destruirse.
Se incluyen ejercicios
prácticos, reflexiones y estrategias concretas para identificar microéxitos en
la vida profesional y personal. Salva Lópezno promete revoluciones, pero sí ofrece
algo más valioso: un método para avanzar sin ansiedad, para construir sin
dramatismo, para cambiar sin perder la cordura. En tiempos de exigencia extrema
y promesas vacías, Microéxitos se presenta como un antídoto necesario,
una invitación a reconocer que el progreso también puede ser silencioso,
gradual y, sobre todo, humano.
Algunas citas representativas para estos tiempos acelerados, que podrían resumirse en tres: “Cambiar sin dramatismos, desde lo pequeño y alcanzable.” “Los logros minúsculos generan beneficios inmensos.” “No hay fórmulas mágicas, solo observación lúcida y propuestas posibles.”
Con permiso del autor, reproducimos una exhaustiva selección de 43 referencias. Todo el mundo habla
siempre del secreto del éxito. SalvaROCK prefiero hablar del éxito secreto. Durante la mayor parte de la Historia, el
éxito se ha asociado más al poder que a la sabiduría, con contadas excepciones.
Hoy en día la mayoría de las personas siguen sin comprender de verdad la
diferencia entre conocimiento y sabiduría. El conocimiento puede encontrarse,
construirse, comprarse e incluso robarse. Pero la sabiduría no, la sabiduría
debe desarrollarse.
1. Es importante
distinguir entre el éxito de las cosas que uno hace y el de la persona que las
hace. 2. Todo ser humano
merece sentir la satisfacción del éxito ya que es a la vez una necesidad para
el desarrollo humano y un derecho de nacimiento. 3. “Mucha gente
pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, pueden cambiar el
mundo”. Esta frase se atribuye por igual aal
periodista y escritor uruguayo Eduardo Galeano y a San Juan Bautista de La
Salle. 4. El éxito de cara a
la galería vs. El éxito íntimo, secreto e invisible. 5.Siempre que compito
contra mí mismo gano, aunque pierda. 6.Desafíate, hazlo
con frecuencia, con retos y objetivos alcanzables y factibles. Ese es el
camino hacia lo que podemos bautizar como logros en cascada. 7.Para lograr cosas
grandes primero hay que lograr cosas pequeñas, y luego convertirlo en un
hábito. 8.Pero la escala no
es lo importante aquí. Aquí lo importante es entrar en el flujo de lo que
significa lograr cosas, triunfar en algo. 9.Mi disciplina es
la música, y de ella he aprendido muchas cosas sobre el cerebro, el cuerpo, el
sistema nervioso, la mente y la consciencia. 10.Un micrologro,
experimentado con conciencia, tiene repercusiones en tu cerebro, modifica
cosas, deja una huella. 11.En determinadas
circunstancias un logro minúsculo podría llegar a cambiar tu percepción de la
realidad, tu actitud ante la vida diaria y, consecuentemente, podría cambiar tu
vida. 12.Un solo microéxito puede poner
en marcha este mecanismo, puede ponerte en movimiento, en el camino de una
infinita colección de otros logros que solo pueden conducirte a una versión
mejorada, expandida, multiplicada de ti. 13.No se trata de andar buscando el
significado de la vida, sino de que seas tú quien llene tu vida de significados 14.Hay una serie de endorfinas y
neurotransmisores que se activan cuando logras una pequeña victoria. Y al cerebro le ENCANTAN esas
pequeñas descargas químicas. Nos hacen sentir muy bien, y eso no provoca
adicción, pero sí produce afición. Por ahí es por donde se entra en el
deseable flujo de los pequeños logros. Es la puerta de embarque de este
viaje. 15.Uno debe seguir un camino de
pequeños logros secuenciales y concatenados.16. Si la paciencia es la madre de
la ciencia, la repetición es, sin duda alguna, la madre de la perfección. 17.Tu cerebro, esa máquina
increíble y maravillosa, tiene la capacidad de crear éxito para que tú y las
personas que te rodean lo disfrutéis, si logras entender cómo funciona el
mecanismo. 18.El resultado de una vida depende
de los hábitos de esa vida. 19.A veces, la fórmula más simple
para que te vayan bien las cosas consiste en aprender a no hacer lo que no te
conviene, no perseguir sueños que no son verdaderamente nuestros, no aceptar
la definición del éxito que otros nos inculcan, y, por supuesto, no adquirir
malos hábitos. Así de simple. 20.Los hábitos son, literalmente,
nuestras herramientas para cincelar nuestro cerebro. 21.Cuando empiezas algo y lo
terminas, estás desarrollando tu fuerza de voluntad, lo cual es en sí mismo un
logro importantísimo.
22.Estamos en un libro que habla de
logros minúsculos que pueden proporcionar beneficios personales inmensos. Todo
se enmarca en un contexto de desprogramación y reprogramación y, en el fondo,
todo consiste en convertir la superación en algo cotidiano, fácil de alcanzar
y divertido. La superación no tiene por qué limitarse a grandes gestas
heroicas. Uno puede superarse a sí mismo cada día, con gestos pequeños y cotidianos.
Lo importante es el ritmo y la frecuencia, y para mantener ambas cosas esos
gestos deben ser pequeños para poder convertirlos en algo cotidiano. 23.El cerebro, al igual que el
cuerpo, no mejora repentina ni instantáneamente, sino a base de pequeños esfuerzos
repetidos y acumulados en el tiempo, que irán resultando en pequeños progresos
que lo irán reconfigurando. 24.El cerebro es una máquina muy
viva y adaptable, que puede recablearse y evolucionar en función de lo que
hagamos con él cada día. 25.Esas microsuperaciones serán
literalmente nuestros microéxitos. Y para convertirlas en hábito primero hay
que subirse al flujo de los pequeños logros. 26.Pero si deseas ser más
ambicioso, recuerda que no se progresa de golpe, dando saltos demasiado
grandes. Se progresa paso a paso. 27.Un niño que inicia su propio
flujo de pequeños logros estará haciendo exactamente lo que necesita para
llegar a ser un adulto plenamente desarrollado. 28.La buena noticia es que el
flujo de pequeños logros es un tren que pasa todos los días, y puedes subirte a él cuando tú
quieras, empezando ahora mismo. 29.Como muchos ya sabemos, nuestras
vidas son un conjunto de automatismos cotidianos que repetimos cada día
mientras pensamos en otras cosas. 30.Poner conciencia en lo que haces
es la clave de todos los logros, de cualquier tamaño. 31.La falta de control sobre
nuestra mente es uno de los males de nuestra especie. Lograr aunque sea un
pequeño control sobre ella es un absoluto éxito para cualquiera que lo consiga. 32.Cuando somos pequeños tenemos
nuestra capacidad de asombro al 100 %. Cualquier detalle nos puede resultar
fascinante, porque, en realidad, todo es fascinantemente asombroso si lo
miramos adecuadamente. 33.La capacidad de asombro se va
borrando con la edad y con la propagación y establecimiento de automatismos. 34.Recuperar nuestra capacidad de
asombro es algo que está al alcance de todos y que cuesta muy poco, y es algo
básico para la percepción de los pequeños logros. 35.Estamos rodeados de gloriosas
maravillas que ya no percibimos, como si estuviéramos anestesiados. 36.¿Son tus sueños realmente tuyos
o vienen de otros lugares? ¿Te han enseñado a desear determinadas cosas? 37.La respuesta es justamente una
pregunta que uno puede hacerse ante cualquier deseo que uno sienta. ¿Por qué
deseo esto o aquello? 38.Lograr decir lo que se quiere
decir y lo que se necesita decir, sin herir a nadie y sin crear ningún
conflicto, es uno de los logros más útiles para el día a día de cualquier
persona. 39.Las emociones pueden
considerarse mensajeros de nuestro interior, y deben escucharse, digerirse e
integrarse en nuestra vida. 40.De algún modo, el ambiente
social en el que vivimos trata de arrebatarnos la soberanía sobre nuestras
emociones. 41.Siempre me ha parecido algo
perverso que en nuestra infancia nos enseñen algunas materias que, para una
mayoría de nosotros, jamás nos servirán de nada, y sin embargo no se nos enseñe a alimentarnos inteligentemente, que es algo que nos serviría absolutamente a todos. 42.Es a la vez liberador y
aterrador acceder a puntos de vista y datos que pueden contradecir las
versiones oficiales que nos ofrecen los medios tradicionales. 43.[En el ámbito espiritual] todas
las enseñanzas ya han sido dadas. Toda la información ya está entre nosotros.
Pero para encontrar, hay que buscar.
Estas frases ilustran el perfecto equilibrio entre realismo, optimismo y pragmatismo. Y recoge citas clásicas como esta de Epicteto (posts): "No tienes que ser perfecto. Solo tienes que ser mejor que ayer". El mejor consejo para volver a valorar la lentitud del aprendizaje y la modestia de los avances cotidianos. Sigue un vídeo muy reciente del autor,...
¿Y si el éxito no fuera un gran salto, sino miles de pequeños pasos? 📘 Microéxitos, de Salva López (SalvaRock), propone una revolución silenciosa: avanzar cada día con logros diminutos pero constantes. https://t.co/dZTz2LYFHp En un mundo obsesionado con el éxito instantáneo,… pic.twitter.com/lOYwFinP4A
En un momento donde la globalización parece haber chocado contra un muro de descontento social y fragmentación geopolítica, surge una voz que no grita, sino que razona con la precisión de un cirujano: Dani Rodrik. Su tesis en la obra "Prosperidad compartida en un mundo fracturado" (Shared prosperity in a fractured World) no es solo un análisis económico; es un mapa para reconstruir el contrato social. El autor plantea que es posible avanzar simultáneamente en tres objetivos globales: Combatir el cambio climático, fortalecer la democracia y reducir la pobreza global. Para ello propone una nueva visión de la globalización más pragmática y menos ideológica.
El economista que vio venir la grieta. Dani Rodrik (Estambul, 1957) no es un economista convencional. Profesor de Economía Política Internacional en la John F. Kennedy School of Government de la Universidad de Harvard, Rodrik se ha ganado la reputación de ser el "Pepito Grillo" del pensamiento neoliberal.
Mientras en los años 90 el consenso de Washington celebraba la hiper-globalización, Rodrik advertía sobre las tensiones entre la integración económica mundial y la democracia soberana. Su concepto del Trilema de la Política Mundial —la imposibilidad de tener simultáneamente hiper-globalización, democracia y soberanía nacional— es hoy una lectura obligatoria para entender el ascenso de los populismos y el proteccionismo moderno.
- Federalismo Global (Globalización + Democracia): Sacrifica el Estado-nación. Requiere una gobernanza mundial donde las leyes se decidan en instituciones supranacionales, diluyendo las fronteras políticas.
- Compromiso de Bretton Woods (Democracia + Soberanía): El modelo que Rodrik defiende. Sacrifica la integración total para proteger el contrato social, permitiendo que cada país regule su economía según sus necesidades sociales.
- Del bienestar al productivismo: Ya no basta con dar transferencias monetarias a quienes se quedan atrás. El objetivo debe ser la creación de empleos productivos para la mayoría de la población, integrando a los trabajadores en la transición verde y digital.
- Localismo estratégico: Rodrik argumenta que las soluciones no vendrán de instituciones globales remotas, sino de la colaboración estrecha entre gobiernos locales, empresas y centros educativos para revitalizar regiones "olvidadas".
- Redefinir la innovación: En lugar de incentivar tecnologías que solo reemplazan humanos (automatización destructiva), propone orientar la innovación hacia herramientas que aumenten la capacidad humana.
Citas seleccionadas: "La verdadera prueba de una economía no es cuánto produce, sino cuántas vidas dignas es capaz de sostener en su seno." "No podemos esperar que la democracia sobreviva si la economía solo funciona para una minoría cosmopolita, mientras el resto observa desde la periferia." "El reto del siglo XXI no es cerrar las fronteras, sino asegurar que el comercio internacional no se convierta en una excusa para erosionar los derechos sociales en casa."
Rodrik sostiene que, desde los años 90, Occidente intentó forzar la hiperglobalización pensando que la democracia y el Estado-nación se adaptarían solos. El resultado, según su análisis, ha sido el auge del populismo. Cuando los ciudadanos sienten que su voto no sirve para cambiar la política económica (porque el país está en la "Camisa de Fuerza Dorada"), acaban votando por líderes que prometen recuperar la soberanía a toda costa, rompiendo con las reglas del juego global.
Este post busca no solo informar, sino provocar una reflexión sobre cómo las instituciones deben adaptarse a una realidad donde la eficiencia ya no es la única métrica del éxito.
🌍📘 En "Shared Prosperity in a Fractured World", el economista Dani Rodrik lanza una pregunta crucial: ¿puede el capitalismo democrático sobrevivir sin una clase media fuerte? https://t.co/BH29miy0Yc Su respuesta es una nueva agenda económica basada en el productivismo: crear… pic.twitter.com/qrpegbIXyM
— Mikel Agirregabiria (@agirregabiria) March 8, 2026