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Réplica de la Nao Victoria en Portugalete

Conferencia de Tomás Mazón, rutaelcano.com, a quien veremos este miércoles.
Recomendamos su libro: Elcano, viaje a la historia. Edición V Centenario: 98       

Apurando fechas, finalmente ayer domingo visitamos la Nao Victoria en Portugalete. Era el último día para subir a bordo. Hemos sentido un vértigo especial al ser verdaderamente conscientes de lo que supuso navegar hacia lo desconocido hace más de quinientos (500) años? Hace pocos días nos acercábamos a la terminal de cruceros Getxo 1 para admirar el imponente buque escuela ARC Gloria de la Armada de Colombia (post). Ayer, domingo 18 de octubre de 2026, la historia naval nos convoca de nuevo, esta vez en la otra margen de nuestra Ría. La legendaria réplica de la Nao Victoria apuraba sus últimas horas atracada en el Puerto de la Canilla de Portugalete.

Esta embarcación de doscientas (200) toneladas, una fiel recreación construida por maestros carpinteros de ribera en madera de pino e iroko, evoca la mayor hazaña marítima de la historia: la primera circunnavegación del globo terráqueo. Tras zarpar en 1519 al mando de Fernando de Magallanes, solo dieciocho (18) hombres regresaron exhaustos en 1522 bajo la capitanía del guipuzcoano Juan Sebastián Elcano. Esta réplica, además, atesora su propia gloria: entre 2004 y 2006 logró dar la vuelta al mundo, siendo el primer barco histórico en conseguirlo en tiempos modernos. 

Hemos observado a lo largo de estos últimos días cómo el muelle portugalujo se llenaba de familias, curiosos y estudiantes. Según nuestra experiencia, recorrer sus cubiertas y descender a la bodega es el mejor modo de comprender las extremas condiciones de vida de aquellos marineros. Las entradas estaban disponibles en taquilla o en la web oficial (8 € adultos, 4 € niños y acceso gratuito para menores de 5 años).

¿Cuánto cuesta medir el mundo? A quienes zarparon de Sanlúcar de Barrameda el 20 de septiembre de 1519 les costó tres años, cuatro de los cinco barcos y a la inmensa mayoría de la tripulación: salieron alrededor de 240 hombres y regresaron dieciocho (18), el 6 de septiembre de 1522, a bordo de la Victoria, bajo el mando de un marino de Getaria, Juan Sebastián Elcano. Ayer, domingo 18 de octubre de 2026, pudimos pisar la cubierta de una réplica de aquel navío sin salir de la ría del Nervión.

Los datos, según la Fundación Nao Victoria, son estos. La nao atracó el 6 de octubre en el Puerto de la Canilla de Portugalete y abrió sus cubiertas al público del 8 al 18, con horario ininterrumpido de 10:00 a 20:00. Ayer era, por tanto, la despedida. Es además el primer puerto español al que regresa tras una gira europea de ocho meses por más de veinte puertos de España, Francia, Alemania, Países Bajos y Reino Unido. 

Conviene recordar qué es y qué no es esta nave. No es el barco de 1522, que se perdió hace siglos, sino una réplica construida con rigor histórico y convertida en museo flotante (junto al Museo Rialia -posts). Ya ha dado su propia vuelta al mundo, entre 2004 y 2006, y ha recorrido cientos de puertos de Estados Unidos y Europa. Esa es quizá su mejor lección: una nao de madera no se contempla, se navega. La visita permite recorrer las cubiertas, bajar a la bodega y conocer la vida de la joven tripulación que hoy sigue embarcándose. 

Hay algo muy nuestro en esta escala. Elcano era vasco de Getaria, y la Primera Vuelta al Mundo (1519-1522) se parece poco a una gesta de héroes de estatua y mucho a una historia de hambre, motines, escorbuto y obstinación. Basta asomarse a la ría para entender la desproporción entre aquel casco de madera y el océano. Quien quiera ir con niños, que vaya: se les queda grabado para siempre que el planeta, un día, fue desconocido.

Recomendamos, para quien se quede sin tiempo hoy, leer la crónica de Antonio Pigafetta, testigo y cronista del viaje, que cuenta la travesía con una frescura que sorprende. Eskerrik asko a Portugalete por la acogida y a la Fundación por traer la historia hasta casa.

Y un pequeño reto con fecha. En dos años, visitar el Espacio Exploraterra de Sanlúcar, donde empezó todo. En cinco, haber leído a Pigafetta y una biografía de Elcano y habérselas contado a alguien joven. En diez, haber dedicado algún tiempo al voluntariado cultural o marítimo. Para evaluarlo, una libreta con un apunte al año: qué hemos leído, visitado y compartido.

Réplica de la Nao Victoria en Portugalete

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Buque escuela ARC Gloria: Velero colombiano creado en Bizkaia

ARC Gloria, el buque escuela de la Armada de Colombia con raíces en Bizkaia

Hoy hemos tenido la oportunidad de visitar y subir a bordo del ARC Gloria, el buque escuela de la Armada de Colombia con raíces en Bizkaia, atracado en Getxo. Caminar por sus cubiertas, contemplar sus tres mástiles y descubrir de cerca los espacios donde se forman los futuros oficiales colombianos nos ha permitido conectar con una historia que une el mar, la educación y dos territorios: Colombia y Bizkaia. El objetivo era contar con un buque escuela donde los cadetes de la Escuela Naval Almirante Padilla pudieran curtirse en las artes tradicionales de la navegación, la maniobra y la disciplina naval.

Hay algo especialmente emocionante en comprobar que este velero, símbolo de la Armada colombiana, fue construido aquí, en nuestros astilleros vizcaínos. La ría de Bilbao, tantas veces vinculada a la industria, la ingeniería y el trabajo de generaciones de profesionales, también fue el lugar donde comenzó la historia de una embarcación destinada a recorrer los océanos. 

De los astilleros vizcaínos a los mares del mundo. La historia del Gloria de la ARC (Armada de la República de Colombia) se remonta a 1966, cuando Colombia decidió adquirir un velero para completar la formación de los futuros oficiales de su Armada. El contrato de construcción se formalizó el 6 de octubre de aquel año con la Sociedad de Construcción Naval Española. El casco comenzó a construirse en abril de 1967 en los astilleros de Celaya, en Bilbao. De hecho, Astilleros Celaya no solo construyó este navío. A saber, de sus míticas gradas salieron también otros grandes veleros americanos como el Guayas de Ecuador, el Simón Bolívar de Venezuela y el Cuauhtémoc de México.

El 2 de diciembre de 1967 se celebró su botadura. El barco recibió el nombre de Gloria en homenaje a Gloria Zawadsky de Rebéiz, esposa del ministro de Defensa colombiano Gabriel Rebéiz Pizarro, uno de los principales impulsores del proyecto. El 7 de septiembre de 1968 se celebró en la ría de Bilbao el acto oficial de izado de la bandera colombiana. Poco después, el velero emprendió su viaje hacia América y llegó a Cartagena de Indias el 11 de noviembre de 1968. Desde entonces, el ARC Gloria ha llevado el nombre de Colombia por numerosos puertos internacionales. 

Una escuela que navega. ¿Qué se aprende a bordo de un velero que no siempre se puede enseñar en un aula? Los cadetes practican navegación, maniobras, comunicaciones y orientación, pero su formación va mucho más allá de las destrezas técnicas. La vida en el mar exige disciplina, cooperación, capacidad de decisión y confianza mutua. Cada maniobra recuerda que el conocimiento teórico debe contrastarse con la realidad y que el éxito colectivo depende de la responsabilidad individual.

Hoy, al recorrer sus cubiertas en Getxo, hemos podido acercarnos a esa dimensión educativa. Un buque escuela no es simplemente un barco histórico ni una pieza de ingeniería naval: es un espacio de aprendizaje donde las decisiones tienen consecuencias, las condiciones cambian y el trabajo en equipo resulta imprescindible. También es un embajador flotante. En cada puerto que visita, el Gloria representa a Colombia, acerca su cultura a otros países y crea oportunidades de encuentro entre ciudadanos de distintas procedencias.

Una historia compartida entre Colombia y Bizkaia. La visita de hoy nos recuerda que el patrimonio industrial vizcaíno no se limita a los edificios, las fábricas o las infraestructuras que permanecen en nuestro territorio. También vive en las obras que construimos y que, décadas después, siguen cumpliendo una función al otro lado del mundo. El Gloria constituye un magnífico ejemplo de esa proyección internacional. Su historia nos permite relacionar la ingeniería naval con la educación, la memoria industrial con las relaciones internacionales y la tradición marinera con la formación de nuevas generaciones.

Hoy no nos hemos limitado a contemplar el velero desde el muelle de Getxo: hemos podido subir a bordo y acercarnos a su historia desde dentro. Esa experiencia convierte los datos históricos en algo más tangible y nos ayuda a comprender mejor el vínculo entre nuestra ría y los mares de Colombia. Recomendamos conocer el ARC Gloria siempre que exista la oportunidad. Porque algunos barcos transportan mercancías, otros conectan puertos y unos pocos llevan también una escuela a bordo. Un velero nacido en Bizkaia, una bandera colombiana y generaciones de cadetes aprendiendo a navegar. Una historia compartida que hoy hemos tenido la suerte de vivir en primera persona. Eskerrik asko, Gloria, por acercarnos Colombia a Getxo.

Buque Escuela ARC Gloria de Colombia

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@agirregabiria

Buque Escuela ARC Gloria de Colombia

♬ Willow Horizon - Davenport Kitchen

Sapere aude: Ausencias que aún no ha tratado este blog

Concluimos hoy con este post esta revisión interna del blog, pero cumpliendo la promesa de ver lo que callan las etiquetas y los análisis: Los temas escasos o inexistentes de este blog. ¿Qué dice de un blog lo que no se ha tratado y que preocupa a la mayoría? Dice, para empezar, que en octubre de 2026, tras más de 10.500 entradas, no figura ninguna etiqueta sobre vivienda, soledad, inmigración ni clima. Es el reverso del recuento anterior: allí contamos lo que más hemos escrito; aquí, lo que aún no hemos tratado.

Conviene leer los silencios con el mismo método. Una etiqueta ausente no prueba que un tema no se haya tocado (puede esconderse bajo educación, sociedad o tecnología), pero sí que no tuvo casa propia, y lo que no tiene casa se encuentra mal y se cita peor. Además, nombrar un tema no es adelantar una tesis: es comprometerse a tratarlo con datos y con todas las voces. Los vacíos caen en las mismas tres columnas del recuento anterior (temas, formatos y lugares), y cada uno de los cinco ejes proyecta su sombra: ahí buscamos. 

La educación como lente tiene sus rincones sin pulir. Entre las 4292 entradas de educación, las etiquetas de matiz son escasas: Educación Especial (14), adolescencia (17), absentismo (6), inclusión digital (4). Faltan la convivencia y el acoso escolar, la salud mental y las pantallas, la neurodiversidad, la formación profesional, la evaluación en tiempos de IA y la neurociencia del aprendizaje: preguntas que hoy están en cualquier claustro y en cualquier cocina.

Compartir en abierto es el eje que más huellas conserva de su época: web2.0 (810), twitter (334), eeepc (43). Falta lo de ahora: desinformación y deepfakes, estafas y privacidad, polarización en las redes. La propia inteligencia artificial, que ya asoma en nuestras entradas recientes tiene la etiqueta AI (en inglés), pero son escasos los formatos de hoy: videojuegos (juegos suma 45), series o cómic.

Lo local, como puerta al mundo, también tiene fronteras sin cruzar. Bizkaia suma 375 etiquetas; Gipuzkoa, 20, y Araba, 22; Navarra e Iparralde no tienen ninguna. Faltan la memoria colectiva y la convivencia, el pasado industrial y obrero de la ría, la bertsolaritza y las voces nuevas de la literatura vasca más allá de Atxaga. Y un tema de futuro: el euskara ante la traducción automática y la IA.

La ética cívica y esperanzada (solidaridad 582, ética 573, paz 515) tiene su contrapunto en lo concreto y áspero: no hay etiqueta para vivienda ni alquiler, la inmigración y la diversidad apenas asoman (interculturalidad, 7) y, dentro de ecología (312), no figuran clima ni energía. Son terrenos de debate intenso, y por eso piden un tono neutral, con datos y fuentes.

La memoria entre generaciones (familia 599, nietos 328, infancia 322) mira quizá más hacia el comienzo de la vida. Del otro extremo hay poco: madurez (84), nostalgia (34); ni soledad no deseada, cuidados, duelo, jubilación o pensiones, ni biología o medicina, que explican por qué vivimos más. Unamuno escribió Del sentimiento trágico de la vida: ahí hay un ancla para tratar el asunto con hondura.

Cinco ejes, cinco sombras: lo que callan las etiquetas no es necesariamente desinterés, sino trabajo por hacer. Y empezar es la mitad, según Horacio (siglo I a. C.): «Dimidium facti qui coepit habet: sapere aude, incipe», es decir, «tiene hecha la mitad quien ha empezado: atrévete a saber, empieza».

Proponemos un ejercicio a tres (3) años. Objetivo: abrir una etiqueta nueva sobre un tema que te cueste (vivienda, soledad, clima, el que sea) y escribir o leer sobre él una vez por trimestre, hasta sumar doce (12) piezas en octubre de 2029. Evaluación: cada octubre, contarlas, anotar cuántas fuentes distintas has consultado y qué opinión tuya ha cambiado. ¿Nos acompañas?

Capitalismo actual y fragilidad social: lecturas cruzadas

Capitalismo actual y fragilidad social: lecturas cruzadas

¿Puede crecer indefinidamente una economía en un planeta finito? La pregunta no es nueva. En 1972 el informe Los límites del crecimiento, que un equipo del MIT preparó por encargo del Club de Roma, advertía de que, si seguían las tendencias de entonces, el planeta tocaría sus límites en el plazo de un siglo. Han pasado más de cincuenta (50) años y la discusión sigue abierta, quizá más viva que nunca. Proponemos una lectura cruzada de ensayos recientes que miran el mismo cuadro desde ángulos opuestos, y que conviene leer juntos precisamente porque discrepan.

Jason Hickel, en Menos es más (2020), sostiene que las economías ricas deberían usar menos materia y energía sin renunciar al bienestar: decrecer, pero con orden. Daniel Susskind, en Growth: A Reckoning (2024), defiende que el crecimiento ha financiado buena parte de la sanidad y la educación que disfrutamos, y que lo sensato es orientarlo, no frenarlo. 

El trabajo es el segundo escenario. Daron Acemoglu y Simon Johnson, dos de los tres premios Nobel de Economía de 2024, recuerdan en Poder y progreso (2023) que la tecnología no reparte sus frutos por sí sola: durante varias décadas de la primera revolución industrial los salarios ingleses apenas mejoraron mientras la producción se disparaba. Importa, dicen, quién decide hacia dónde se dirige la innovación.

Y la inteligencia artificial vuelve urgente la pregunta. En enero de 2024 el Fondo Monetario Internacional, por boca de Kristalina Georgieva, estimó que cerca del 40 % del empleo mundial está expuesto a ella, y alrededor del 60 % en las economías avanzadas. «Expuesto» no significa «destruido»: según ese análisis, la mitad de esos puestos podría salir reforzada y la otra mitad ver recortados salarios o contrataciones.

De ahí a la fragilidad social hay un paso. Anne Case y Angus Deaton lo dieron con datos en Deaths of Despair and the Future of Capitalism (2020): en Estados Unidos, la mortalidad de los adultos blancos de mediana edad sin título universitario aumentó por suicidios, sobredosis y enfermedades del hígado ligadas al alcohol, mientras mejoraba la de quienes sí lo tenían. Michael Sandel, en La tiranía del mérito (2020), añade una tesis incómoda para quienes enseñamos: si prometemos que el esfuerzo y el título llevan lejos, quien no llega recibe, además de la desventaja, el mensaje de que se lo merece.

En Bizkaia conocemos esa fragilidad. Bilbao se cita como ejemplo de reconversión: de los altos hornos y los astilleros de la ría a un museo, el Guggenheim, inaugurado el 18 de octubre de 1997. Aquel cambio también dejó a muchas familias sin el oficio que las sostenía. Los indicadores (PIB, productividad, empleo) cuentan la historia; la fragilidad vive en lo que el bilbaíno Miguel de Unamuno llamó intrahistoria: «la vida silenciosa de los millones de hombres sin historia» (En torno al casticismo, 1895). 

¿Qué queda de este cruce? Que discutimos menos sobre cifras que sobre prioridades: cuánto crecimiento, para quién, con qué empleos y con qué reparto de la dignidad. Proponemos un compromiso de lectura a diez (10) años. Primer objetivo, para 2028: leer dos (2) de estos libros, uno que nos dé la razón y otro que no, y discutirlos con alguien que piense distinto. Segundo, para 2031: convocar un círculo de lectura en un aula, una biblioteca o un local de barrio. Tercero, para 2036: comprobar si hemos cambiado de opinión en algo. Para evaluarlo basta una libreta con cada título, su tesis, la mejor objeción y una revisión cada octubre. ¿Cuántos libros incómodos hemos leído este año?

Otros posts nuestros sobre el tecnofeudalismo y la economía en forma de K. Eskerrik asko por leernos.

Las casas baratas de Romo: Obreros promoviendo su barriada

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Las casas baratas de Romo (Getxo) en la historia, cuando los obreros promovieron su propia barriada. El imaginario colectivo suele asociar Getxo con los imponentes palacios de Neguri, los paseos señoriales frente al Abra y la burguesía industrial de principios del siglo XX. Sin embargo, la historia de las ciudades siempre se escribe a dos manos. Al otro lado de la trinchera ferroviaria y lindando con la ría, el barrio de Romo levantó sus cimientos sobre una realidad muy distinta: la del sudor, el cooperativismo y la urgencia de dar techo a quienes hacían posible el milagro económico vizcaíno.

Las conocidas como «casas baratas» no fueron simplemente un parche habitacional, sino una declaración de intenciones urbanística. Al amparo de las sucesivas Leyes de Casas Baratas (iniciadas con la primera Ley de Casas Baratas, del 12 de junio de 1911), florecieron en Bizkaia modelos de vivienda que buscaban dignificar la vida del trabajador. En Romo, esto se tradujo en hileras de edificaciones de escala humana, a menudo unifamiliares o de pocas alturas, dotadas de pequeños huertos o patios. Eran construcciones modestas, sí, pero concebidas bajo criterios de higiene, ventilación y luz que contrastaban drásticamente con el hacinamiento de otros núcleos industriales. 

El ladrillo como tejido social. Pasear hoy por los vestigios de estas barriadas es asomarse a una forma de entender la comunidad que la arquitectura contemporánea parece haber olvidado. Aquellas casas no solo alojaban familias; estructuraban un ecosistema. El diseño de las calles, la proximidad de los portales y los espacios compartidos fomentaban una red de apoyo mutuo indispensable para la supervivencia de la clase trabajadora. 

El barrio de Romo creció con una identidad forjada en el arraigo. La casa barata era el trofeo de la clase obrera, el espacio donde el trabajador dejaba de ser un mero engranaje fabril para convertirse en ciudadano con un espacio propio. La estética de estas viviendas, con sus fachadas características, tejados a dos aguas y carpinterías funcionales, representa un patrimonio arquitectónico que dialoga directamente con la historia social de Euskadi. 

Borrar estas casas del mapa urbano implica mucho más que sustituir ladrillos viejos por hormigón nuevo; supone extirpar una página fundamental del relato histórico de Getxo. Conservarlas, en cambio, exige un esfuerzo colectivo por reconocer que el valor de un edificio no reside únicamente en su monumentalidad geométrica, sino en la memoria humana que custodia. Las casas de Romo son el testimonio mudo de quienes, con sus manos, construyeron la prosperidad de la que hoy disfrutamos. 

Al otro lado de las barreras (ya desaparecidas por el Metro). Romo nació como barrio obrero, al otro lado de la vía que lo separaba de Las Arenas, la Getxo de la burguesía industrial. Las barreras del ferrocarril, junto al río Gobela, existieron de 1887 a 1995, y el documental Las barreras: un relato de dos barrios, de Teresa Lavina, las retrata como una línea entre dos realidades socioeconómicas cuyo eco persiste en la memoria colectiva. Las casas baratas se levantaron en el límite entre lo urbanizado y lo rural, cerca de las viviendas de la burguesía de Las Arenas y Neguri. 

Ochenta casas, cuatro filas y una calle. Ondarea Bizkaia sitúa el comienzo de la historia el 30 de enero de 1923. La cooperativa El Hogar Obrero de Guecho, formada por empleados del ferrocarril Bilbao-Las Arenas y por metalúrgicos, levantó una barriada de ochenta casas familiares, en cuatro filas de veinte separadas por una calle. El arquitecto fue Ángel Líbano Peñenori; las obras arrancaron a finales de marzo de 1924, con un presupuesto inicial de 1.093.083,97 pesetas, y las casas pudieron habitarse en junio de 1925. Según las crónicas locales, el dinero escaseó y ni las autoridades locales ni la Diputación ayudaron económicamente, convencidas de que la vivienda no era asunto suyo. El sorteo de las casas se celebró, según esas mismas crónicas, en un campo municipal, con la Banda Municipal de fondo.

Una cocina, un retrete y tres dormitorios. Hoy suena a poco; en 1925 era mucho. Cada casa tenía cocina económica, retrete, comedor y dormitorios separados (padres, chicos y chicas); solo unas pocas añadían bañera y ducha. El cronista local lo considera un avance notable frente a las condiciones de la época. Lavina recogió los testimonios de quienes viven o vivieron en ellas para su documental Las casas baratas de Romo, proyectado el 19 de octubre de 2024 en Romo Kultur Etxea (frente a las mismas casas). 

Patrimonio frente a la presión inmobiliaria. Hoy, la supervivencia de las casas baratas de Romo se enfrenta a la inevitable voracidad del desarrollo urbano. La paradoja de nuestro tiempo es que el suelo sobre el que se asientan estas modestas viviendas ha multiplicado su valor, sometiendo al patrimonio obrero a una tensión constante entre la conservación y el derribo. 

Qué hacer en 2, 5 y 10 años. A dos años: ver el documental de Lavina (o pedir otra proyección a Getxo Kultura) y recoger, con permiso, veinte testimonios de vecinos y descendientes para una biblioteca municipal; indicador: grabaciones accesibles. A cinco: preguntar por escrito al Ayuntamiento si el conjunto está catalogado y, si no lo está, proponerlo; indicador: respuesta oficial. A diez: una ruta guiada anual por la barriada en las Jornadas Europeas del Patrimonio, con voluntarios formados; indicador: rutas, asistentes y testimonios nuevos. Basta una revisión anual de tres líneas (qué se hizo, qué falta, quién ayuda).

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Las casas baratas de Romo: Obreros promoviendo su barriada

♬ Neoclassical Melancholy - Tommy Ashworth

X. Triatlón Olímpico de Getxo

X. Triatlón Olímpico de Getxo - Memorial Agustin Ugarte (Campeonato de Euskadi y Bizkaia)
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X. Triatlón Olímpico de Getxo - Memorial Agustin Ugarte (Campeonato de Euskadi y Bizkaia) se ha celebrado este sábado 26-9-26, con la organización de Getxotri. La prueba dio comienzo a las 16:30 en categoría femenina y diez minutos más tarde en masculina. La prueba de natación comenzó en el Puerto Viejo de Algorta y finaliza en la playa de Ereaga tras kilómetro y medio a nado. La transición será en la misma playa para afrontar los 44 kilómetros en bicicleta en un solo trazado. 

Tras la salida se subirá Txomintxu para bajar a Zugatzarte, encarar la Ría hasta Erandio y subir Asua, luego subida a Unbe, paso por Laukiz y Urduliz vuelta a Unbe para llegar a la UPV-EHU y descender a Astrabudua y de nuevo por la Ría llegar de nuevo a Ereaga donde se hará la segunda transición. 

Luego llegará la prueba de atletismo con una carrera de 10 kilómetros con llegada entre el Puerto Viejo y Zugazarte y llega al Puerto de de nuevo. La entrega de premios está prevista en torno a las 20:30. Hay un total de 608 inscritos. Habrá premios para los tres primeros clasificados absolutos, los ganadores de cada una de las categorías y al mejor de Getxo tanto en categoría masculina como en la femenina. Este triatlón servirá además como Campeonato de Euskadi y de Bizkaia de Triatlón Olímpico.
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X. Triatlón Olímpico de Getxo

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Paseo por Portugalete: De los muelles al Museo Rialia

Paseo por Portugalete (Bizkaia) con las gafas Meta Ray-Ban Álbum de imágenes.

Hay paseos que sirven para caminar y otros que permiten entender un lugar. El recorrido por el muelle de Portugalete, junto a la ría de Bilbao, pertenece claramente a la segunda categoría. Partimos de Muelle de Hierro de Portugalete y avanzamos por la ribera hasta Rialia - Museo de la Industria. Entre ambos puntos aparece una historia que todavía puede leerse en el paisaje: la de una Bizkaia transformada por la minería, la siderurgia, los astilleros, el comercio y el intenso tráfico marítimo de la ría.

Y, dominándolo todo, está Puente de Bizkaia (Vizcaya). Inaugurado en 1893, diseñado por Alberto de Palacio y declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO en 2006, el Puente Bizkaia no es solamente uno de los grandes iconos turísticos de Bizkaia. Es también una extraordinaria lección de ingeniería y de historia industrial.

Al llegar a Rialia cambia la perspectiva. El museo conserva una importante colección vinculada a Altos Hornos de Vizcaya, con especial presencia de pintura de temática industrial, y utiliza sus fondos para explicar la transformación económica, social y paisajística de la margen izquierda. La visita resulta especialmente interesante después del paseo. Lo que acabamos de contemplar —la ría, las estructuras metálicas, los muelles, el puente, la arquitectura— adquiere dentro del museo un contexto histórico. El paisaje deja de ser solamente paisaje y se convierte en documento.

También hay aquí una interesante dimensión educativa. Rialia plantea programas con aprendizaje contextualizado, metodología participativa y pensamiento crítico, de modo que una visita familiar o escolar puede convertirse en una pequeña investigación sobre cómo una sociedad modifica su territorio y cómo, posteriormente, intenta conservar e interpretar esa transformación.

Para quien visite Portugalete, propondría por ello una secuencia sencilla: caminar junto a la ría, detenerse ante el Puente Bizkaia, observar el paisaje industrial y terminar en Rialia. No hace falta mucho más. Porque algunas de las mejores experiencias turísticas no consisten en acumular lugares visitados, sino en aprender a mirar de otra manera los lugares que ya creíamos conocer. Portugalete ofrece precisamente esa oportunidad: una ciudad para pasear, contemplar y, sobre todo, comprender.

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Rialia, Museo de la Industria, en Portugalete

♬ Velvet Fever - Miles Corvette
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Rialia, Museo de la Industria, en Portugalete

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Paseo por Gorliz (Bizkaia) con las gafas Meta Ray-Ban

Paseo por Gorliz (Bizkaia) con las gafas Meta Ray-Ban
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Hemos ido al muelle de Gorliz, como hacíamos en nuestra infancia pescando panchitos. La playa de Gorliz, con sus 842 metros de arena dorada resguardados por la ría del Butrón y la punta de Astondo, es uno de esos litorales donde el paisaje y la historia comparten la misma orilla. Familias, surfistas y caminantes disfrutan hoy de un espacio certificado por su calidad turística, pero pocos reparan en que ese mismo enclave fue elegido, a comienzos del siglo XX, como remedio contra una de las plagas más silenciosas de la época: la tuberculosis ósea infantil.

En 1919, gracias al impulso de la Diputación de Bizkaia, abrió sus puertas el Sanatorio Marino de Gorliz, el cuarto de España y el primero construido íntegramente en hormigón armado. Sus amplias galerías, orientadas al mar, permitían sacar las camas de los niños enfermos para que el sol y la brisa marina hicieran su trabajo terapéutico. Detrás de esta empresa estuvo Enrique de Areilza (1860-1926), cirujano bilbaíno que había dedicado dos décadas a atender a los mineros de Triano y que supo trasladar esa misma vocación social a la infancia más desfavorecida.

En reconocimiento a su labor, en 1926 se inauguró en Astondo, frente a la bahía y al propio hospital, un monumento obra del escultor Moisés de Huerta. La estatua, sobria y vuelta hacia el mar que tanto contribuyó a sanar. Pasear hoy por el paseo marítimo de Gorliz es, así, un ejercicio doble: de ocio y de conocimiento. La playa invita al descanso; el monumento, a preguntarse cuántas historias de esfuerzo colectivo laten bajo cada rincón que damos por descontado.      

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Paseo por Gorliz (Bizkaia) con las gafas Meta Ray-Ban

♬ Aurora Gust - Larry Pockets
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Paseo por Gorliz (Bizkaia) con las gafas Meta Ray-Ban

♬ Drum Machine Heartbeat - Half Past Nine

Momentos de memoria fotográfica de El País en Bilbao

Momentos de memoria fotográfica de El País en Bilbao
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Este domingo hemos podido ver y grabar la exposición Momentos, acogida en Bilbao hasta el 24 de septiembre de 2026. Es una selección de fotografías que recorre cinco décadas de historia a través de la mirada del fotoperiodismo de EL PAÍS. Instalada al aire libre en la calle Ercilla, la muestra reúne 55 imágenes de gran formato y convierte el espacio urbano en una particular galería de memoria colectiva.

La exposición forma parte de las actividades del 50º aniversario de EL PAÍS, nacido en 1976, y está comisariada por Marisa Flórez, fotógrafa y antigua editora gráfica del periódico. La selección combina acontecimientos internacionales y españoles que han quedado inscritos en la memoria contemporánea: la caída del Muro de Berlín, acontecimientos relacionados con las Torres Gemelas, migraciones, encuentros de dirigentes políticos o celebraciones deportivas. Son imágenes que, además de informar sobre un acontecimiento concreto, terminan convirtiéndose en iconos de una época.

Bilbao incorpora una dimensión especialmente cercana. Cinco fotografías añaden episodios vinculados a la historia vasca y bilbaína: la transformación industrial de Bizkaia, el regreso del lehendakari Jesús María Leizaola del exilio, la figura de José Ángel Iribar, la gabarra del Athletic surcando la ría y la Aste Nagusia. La elección establece un diálogo entre la historia general y la memoria local, entre aquello que aparece en los libros y aquello que permanece en la retina de varias generaciones.

La muestra recuerda también que hacer periodismo en Euskadi tuvo durante décadas una dificultad añadida por la violencia de ETA. El comisario de la exposición, Javier Moreno, señala que hubo un tiempo en que firmar una información con nombre propio podía entrañar un riesgo personal. La exposición no solo conserva fotografías: conserva también el contexto en el que fueron tomadas.

Cada imagen incorpora un código QR que permite acceder a un audio de la Cadena SER en el que Marisa Flórez explica su contexto y relevancia periodística. Así, la fotografía deja de ser únicamente contemplación y se convierte también en una invitación a comprender.

Quizá esa sea la idea más sugerente de Momentos: 50 fotografías no pueden contener 50 años de historia, pero pueden activar recuerdos personales y colectivos. Una imagen congela un instante; nuestra memoria se encarga después de devolverle movimiento. En una época saturada de imágenes digitales, la exposición reivindica precisamente el valor de aquellas fotografías que no solo muestran lo que ocurrió, sino que ayudan a entender quiénes fuimos, quiénes somos y cómo hemos llegado hasta aquí.

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Momentos de El País en Bilbao 1/2

♬ Signal Grid - Ellis Fairweather
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Momentos de El País en Bilbao 2/2

♬ Sole Pulse - Wendell Spratt

Harvard sobre el “Efecto Bilbao”: Más allá del Guggenheim

Un reciente caso de enseñanza del Bloomberg Harvard City Leadership Initiative, firmado por Fernando Monge, Jorrit de Jong y Linda Bilmes, revisa la transformación de Bilbao desde una perspectiva poco habitual: no como el triunfo de un edificio singular, sino como el resultado de dos décadas de arquitectura institucional colaborativa.

El relato arranca con una escena simbólica: en noviembre de 2017, el alcalde Juan Mari Aburto recoge en Londres el premio a la Mejor Ciudad Europea y reivindica que se hable del “efecto Bilbao” en lugar del “efecto Guggenheim”. Ibon Areso, durante décadas teniente de alcalde y artífice silencioso del urbanismo bilbaíno, lo resume con una frase que vertebra todo el caso: el museo de Gehry fue solo “la punta de un iceberg mucho más profundo”.

Ese iceberg tiene nombre propio: Bilbao Ría 2000. Creada en 1992 a partir de una idea del ministro José Borrell, esta sociedad pública reunió en un mismo consejo de administración —presidido por el alcalde— a representantes de los cuatro niveles de gobierno con intereses en el río Nervión: Estado, Gobierno Vasco, Diputación de Bizkaia y Ayuntamiento. Las decisiones se tomaban siempre por consenso, sin necesidad de votar, y el modelo se autofinanciaba revalorizando suelo industrial degradado para venderlo a promotores privados, reinvirtiendo los beneficios en nuevas actuaciones.

El caso documenta con detalle cómo ese diseño institucional convivió con una gestión política muy humana: reuniones individuales previas a cada consejo para tantear sensibilidades, largas comidas y sobremesas como espacio informal de construcción de confianza, y el compromiso simbólico de “cortar siempre juntos las cintas” en las inauguraciones. También recoge las tensiones reales del proceso: la expropiación polémica del solar de los Ybarra para el Museo Guggenheim Bilbao, la fuerte oposición vecinal y de comerciantes, las críticas de arquitectos locales y hasta la dimisión del arquitecto César Pelli tras un cambio de diseño.

Los datos económicos respaldan el relato: entre 1996 y 2015 el PIB per cápita de Bilbao se multiplicó por más de dos, pasando de 13.561 a 30.895 euros, muy por encima de la media española. El Guggenheim recibió 1,2 millones de visitantes en su primer año, casi el doble de lo necesario para amortizar la inversión pública.

Pero el caso termina con una pregunta abierta y muy actual: con una población que envejece y se reduce, ¿puede Bilbao repetir ese “esfuerzo coral” —la expresión que utiliza Areso— para afrontar su segunda transformación, esta vez hacia una ciudad del conocimiento? La lección de fondo, más allá de la anécdota arquitectónica, es metodológica: las grandes transformaciones urbanas no dependen de un edificio icónico, sino de instituciones capaces de alinear intereses divergentes, sostener la confianza a largo plazo y mantener una visión compartida pese al relevo político. Para cualquier ciudad que busque reinventarse, el verdadero legado de Bilbao no es Frank Gehry: Es Bilbao Ría 2000.

Resumen: El efecto Bilbao según Harvard: Gobernanza antes que arquitectura. Cuatro gobiernos, un consenso: así se reinventó Bilbao. El “esfuerzo coral” que convirtió Bilbao en referencia mundial, Bilbao como caso de estudio: colaboración institucional y confianza

@daremapp El 𝘦𝘧𝘦𝘤𝘵𝘰 𝘎𝘶𝘨𝘨𝘦𝘯𝘩𝘦𝘪𝘮... o el efecto Bilbao? 🤔 La obra de Frank Gehry inició el cambio en la ciudad, pero lo impresionante es cómo Bilbao se adaptó a los nuevos tiempos 🎨. Lo que está claro es que es una parada más que obligatoria 🍲 ------------- The 𝘎𝘶𝘨𝘨𝘦𝘯𝘩𝘦𝘪𝘮 𝘦𝘧𝘧𝘦𝘤𝘵... or the Bilbao effect 🤔. Frank Gehry's work initiated the change in the city, but what is impressive is how Bilbao adapted to the new times 🎨. What is clear is that it is more than an obligatory stop 🍲. #spain #travel #bilbao #guggenheim #spain #travellers #travelinfamily ♬ sonido original - DareMapp

Doctor Deseo: Décadas de rock comprometido desde Bilbao

Teníamos pendiente escribir sobre la  herencia indomable del grupo Doctor Deseo, la voz insurrecta del rock vasco que siempre supo encontrar una conciencia crítica con poesía, rebeldía y rock and roll desde las entrañas de Euskadi. En el paisaje musical vasco de finales de los años ochenta, una época en la que el rock radical vasco comenzaba a transformarse y a buscar nuevas formas de expresión, surgió en Bilbao una de las bandas más influyentes y respetadas de la escena peninsular: Doctor Deseo. 

Fundado en 1987, el grupo se convirtió en mucho más que una banda de rock; fue la voz de una generación que buscaba canalizar sus frustraciones, sus esperanzas y su hambre de cambio social a través de guitarras distorsionadas y letras que no dejaban indiferente a nadie.

Los arquitectos del deseo. El alma de Doctor Deseo siempre fue Francis Díez, vocalista, letrista y líder indiscutible de la formación. Su voz rasgada y su pluma afilada convirtieron al grupo en un referente no solo musical, sino también poético y político. Díez, con su presencia escénica intensa y su capacidad para transformar la rabia en belleza, supo construir un universo lírico donde convivían la crítica social, el amor, la desesperanza y la resistencia.

La formación original se completaba con Antonio Aranza a la guitarra, Iñaki "Uoho" Vázquez al bajo y Aritz Aranburu en la batería, aunque a lo largo de las décadas diversos músicos pasaron por sus filas, enriqueciendo el sonido de la banda. Entre ellos destacan nombres como Santi Capel o Joseba Irazoki, contribuyendo a la evolución constante de un grupo que nunca se conformó con repetir fórmulas.

Influencias y ADN musical. Doctor Deseo bebió de múltiples fuentes para crear su particular cóctel sonoro. El rock duro y directo de bandas como The Stooges o MC5 se mezclaba con la intensidad emocional del rock sureño americano, la tradición del rock más comprometido (herederos de Burning o Leño) y la contundencia del punk. Pero lo que realmente distinguía a Doctor Deseo era su capacidad para integrar todas estas influencias sin perder un ápice de personalidad propia.

Sus letras, en castellano, constituían auténticos manifiestos generacionales. Francis Díez escribía sobre la clase trabajadora, sobre los márgenes de la sociedad, sobre el amor como acto de resistencia y sobre la dignidad de los derrotados. En canciones como "A mi pequeña María", "Busco en tus labios" o "Detrás de los espejos", la poesía y el rock se fundían en una experiencia catártica.

Legado e influencia histórica. A lo largo de más de tres décadas de trayectoria, Doctor Deseo publicó álbumes fundamentales como Vía Sur (1993), Onza tras onza (1997), Cuatro rosas y una cicatriz (2001) o El rey del Clip Club (2014). Cada disco representaba una declaración de intenciones, un grito de supervivencia en una industria musical cambiante.

La banda se convirtió en referente ineludible para generaciones posteriores de músicos vascos y españoles. Grupos como Berri Txarrak, Huntza o Belako reconocen la deuda con aquellos pioneros que demostraron que se podía hacer rock honesto, comprometido y de calidad desde Euskadi.

Tras el fallecimiento de Francis Díez en 2019, víctima de un cáncer, Doctor Deseo cerró un capítulo irrepetible de la música. Sin embargo, su legado permanece vivo en cada concierto de rock con conciencia, en cada letra que no teme mirar a los ojos de la realidad, en cada banda que elige la autenticidad frente a las modas pasajeras.

Doctor Deseo no fue solo una banda: fue una forma de entender la vida, la música y la resistencia cultural. Desde Bilbao, construyeron catedrales de ruido y esperanza que seguirán resonando mientras exista quien crea que el rock and roll puede cambiar el mundo.

@doctor.deseo No podemos describir con palabras lo vivido anoche en Bilbao ❤️🔥💋🙏🏻 Eskerrik asko Deseantes!! #doctordeseo #bilbao #musica #concierto #poorock ♬ sonido original - Doctor Deseo