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Letras ganadoras

Descubre el poder oculto de los apellidos largos (o el tamaño sí importa)

Los habitantes de las remotas montañas de Kentucky, casi analfabetos, sabían siempre de antemano (antes de las encuestas preliminares) cuál de los dos candidatos sería el próximo Presidente de los Estados Unidos. Los periodistas desplazados se sorprendieron con tales dotes de adivinación y más cuando averiguaron su simple e infalible método: El apellido del ganador contenía más letras.

Este predecible sistema válido desde 1789 con George Washington que no tuvo opositor, ha funcionado casi sin excepciones durante todo el siglo XX. McKinley ganó por dos veces a Bryan; Roosevelt a Parker; Harding a Cox; Coolidge a Davis; Hoover a Smith; Roosevelt en 4 ocasiones a Hoover, Landon, Wilkie y Dewey; Truman a Dewey; Eisenhower dos veces a Stevenson; Kennedy a Nixon (aunque luego éste ganó a Humprey y McGovern); Ford, que lo tenía mal sólo fue presidente por renuncia de Nixon, y luego perdió contra Carter; Reagan disputó cerradamente a Carter; Bush padre sí ganó a Dukakis, pero perdió contra Clinton, quien también venció a Dole; y finalmente entre Bush y Gore la disputa no pudo ser más cerrada. Así pues, Kerry ganará a Bush, por un margen pequeño pero definitivo.

Desconozco desproporcionadamente la extraterritorialidad e interdisciplinariedad de esta metodología, pero si aceptamos contrarrevolucionariamente su internacionalización, quizá Rodríguez Zapatero haya errado al rebautizarse como ZP frente a Rajoy. Que aprenda de lo sucedido a Mas contra Maragall o Carod-Rovira.

2ª Medida para mejorar PISA 2025: Now, Education

2ª Medida para mejorar PISA 2025: Now, Education

Proseguimos con las medidas para mejorar PISA 2025 (ver otros posts). El orden será reorganizado cuando alcancemos las 25 propuestas para superar los resultados en la CAPV (Comunidad Autónoma de Euskadi). Hoy nos tendremos en una clave que es condición imprescindible, necesaria y casi suficiente: Que la educación sea el tema primero y central del debate y del acuerdo político. Esto es algo que nunca se ha dado, y menos en nuestro escenario vasco, estatal o europeo.

Esta reflexión trae recuerdos de hace 50 ó 25 años,... Cuando comencé a educar en 1975 en la universidad, con la Didáctica de las Matemáticas y las Ciencias Experimentales, y cuando entre 2002 y 2003 tuve el honor de ser el redactor único de Hezkuntza XXI: "Libro Blanco para la Educación Vasca del Siglo XXI". 

Sus conclusiones, resumidas en 11 apartados y presentadas por Josu Jon Imaz en 2004, siguen siendo un faro que podría guiar cómo persistir en lo válido y reconducir en lo innovador el complejo sistema educativo vasco. El undécimo (con toda la carga de hamaika en euskera) y final punto declaraba: "Somos muchos quienes creemos firmemente que sólo existe un cauce social de equidad, solidaridad, cohesión social, progreso y futuro: la Educación". 

Pero premisa preliminar es otorgar a la educación el rol social en toda su singular trascendencia y grandiosa magnitud, siendo coherentes con recursos y prioridades acordes con la función que desempeña a través de todos los agentes implicados. Se ha manoseado la educación en algunos debates politiqueros, pero nadie -ni aún- lo ha puesto en la cúspide de las promesas de futuro. 

Hace un cuarto de siglo, aquel un libro Hezkuntza XXI de 550 páginas ya hablaba de «escuela expandida», de software libre, de weblogs y de pasar de la New Education a la Now, Education. Lo releo veinticinco años después, con la IA llamando o esperando a la puerta del aula, y me quedo con una cautela que ha envejecido muy bien: las tecnologías digitales exigen cosas nuevas, pero presuponen las antiguas, y la primera es (era y será) saber leer. 

Toda comunidad política decide, lo quiera o no, qué clase de ciudadanos tendrá, y lo decide sobre todo educando; por eso la educación es menos una política sectorial que la medida primera de todas las demás. Montesquieu lo condensó al abrir el libro IV de El espíritu de las leyes: las leyes de la educación son «las primeras que recibimos», y nos preparan para ser ciudadanos. Kant fue más lejos: el ser humano, sostuvo en su Pedagogía, «no es nada sino lo que la educación hace de él». 

Que tradiciones tan distintas coincidan en este primado no resuelve, sin embargo, para qué educar. Dewey escribió en 1916 (hace 110 años) que la democracia debe «nacer de nuevo en cada generación» y que la educación es su partera; Mill, que defendía obligar a todos a recibir instrucción, advertía en Sobre la libertad que una educación estatal general es «un mero artificio para moldear a las personas» con el molde que prefiera el poder dominante. Entre ambas posiciones se juega el dilema que ya planteaba Kant: cómo cultivar la libertad en medio de la coacción. Quizá el mínimo común de una política plural sea formar ciudadanos capaces de sostener las instituciones sin renunciar a examinarlas. 

La primacía pedagógica dentro de la praxis gubernamental no constituye un mero recurso retórico, sino la condición ontológica de cualquier proyecto cívico perdurable. Como bien señalaba Jules Michelet al inquirir sobre las prioridades fundamentales de la polis, «¿cuál es la primera parte de la política? La educación. ¿Cuál la segunda? La educación. ¿Y la tercera? La educación». Esta intuición encuentra su correlato clásico en el ideal platónico expuesto en La República, donde la paideia deja de ser un instrumento secundario del Estado para convertirse en su propia arquitectura constitutiva. Si la política aspira a estructurar la convivencia y la justicia, debe reconocer que ninguna institución subsiste sin la formación deliberada de las mentes que la sostienen; toda reforma institucional que prescinda de la maduración intelectual del ciudadano queda, indefectiblemente, condenada a la esterilidad formal.

Por otra parte, articular la acción pública en torno a la enseñanza implica entender la libertad no como un dato previo, sino como un logro formativo. Con precisión lapidaria, Epicteto de Frigia sentenció que «sólo las personas que han recibido educación son libres», presupuesto que siglos más tarde reinterpretaría la teoría crítica al concebir el aprendizaje como un acto eminentemente emancipador. Sin un pensamiento educado para el discernimiento autónomo y la duda metódica, la participación ciudadana corre el riesgo de degenerar en simple automatismo autómata o en mera reacción pasiva ante la demagogia. En consecuencia, situar la educación en el centro del diseño político trasciende la asignación presupuestaria: representa el compromiso ético de dotar a la sociedad de las herramientas epistémicas necesarias para auto-determinarse y construir su propio porvenir.

El lema «Education, education, education!», asociado a Tony Blair, sintetizó una de las prioridades políticas del Nuevo Laborismo británico en la década de 1990: situar la educación en el centro de la modernización económica y social. La fórmula, pronunciada durante la campaña electoral de 1996, antes de la victoria laborista de 1997, convirtió una política pública en un mensaje de extraordinaria fuerza comunicativa. Blair desarrolló estas ideas en su discurso de Ruskin College, en diciembre de 1996, defendiendo también la alfabetización temprana, la formación docente y el aprendizaje permanente. Tres palabras memorables, en definitiva, que siguen planteando una pregunta esencial: ¿cómo convertir la educación en una prioridad presupuestaria, pedagógica y social, y no solo electoral?

Aquel libro, Hezkuntza XXI, merece una relectura 25 años después. Sugiere augurios y esperanzas: más acceso, más autonomía, más aprendizaje. Contiene, sin embargo, una cautela que ha envejecido mejor que muchos de sus entusiasmos. Recoge un pasaje según el cual las tecnologías digitales exigen cosas nuevas pero presuponen las antiguas, y la más importante es la lectura. En 2026, con sistemas capaces de producir texto sin esfuerzo, esa idea pesa más: cuando cualquiera obtiene una respuesta, escasea quien sabe decidir si merece confianza. Cuánto de lo proyectado se cumplió en las aulas vascas es otra cuestión; responderla exigiría cruzar la obra con evaluaciones externas como PISA.

De la enseñanza PUSH al aprendizaje PULL

La tecnología y el aprendizaje son ámbitos de estrecho solapamiento y donde ambas temáticas encuentran ricas metáforas de fertilización. Aportamos una perspectiva, que valoramos como esencial para Sarezkuntza, el proyecto de educación digital o Reducación que colaborativamente estamos perfilando.

En las comunicaciones a través de Internet se distinguen dos estilos muy diferentes:
  • La Tecnología Push (empujar), con un servidor push, describe un modelo de recepción pasiva donde la petición de una transacción se origina desde el servidor. El servidor remite la información hacia los destinatarios.
  • La Tecnología Pull (tirar), por el contrario, sucede cuando un servidor push atiende la petición activa originada por el cliente. El usuario elige el contenido que necesita en cada petición. Un ejemplo son las búsquedas por Google, donde indicamos qué queremos saber.
Trasladando esta dicotomía, consideramos que hemos de superar el paradigma de la educación push (que pretende cubrir el currículo empujando los contenidos hacia la memoria del alumnado, que puede aburrirse y desertar) por una educación pull, que motiva al alumnado con cuestiones que les incita a aprender y aprender aquello que entienden es de su interés.

En el fondo de la cuestión persiste la idea de quién es el protagonista de la educación: el profesor que organiza las materias y las enseña en clase con carácter obligatorio,... o el alumnado que aprende y descubre todo aquello que necesita en cada momento. No olvidemos a John Dewey cuando apuntaba que "la educación no es preparación para la vida, la educación es la vida misma".

Vivimos en la era de Internet y las redes sociales, ahora también por vía digital. Hemos de optar entre dos posibles modos de propagar el saber. La primera supone que lo decisivo es cuánto sabe el emisor que difunde la idea. La segunda confía en que la transmisión será más plena y efectiva si ese saber interesa y motiva a quienes han de recrearlo y reconstruirlo con su propia experiencia. En definitiva, conocer conocer las dinámicas de la red humana es determinante para transformar la educación.

Empujar era que el profesorado enseñase en el aula siguiendo el currículo predefinido,... mientras que Tirar es motivar al alumnado para investigar y hacer conjuntamente descubriendo la gratificación de aprender sobre algo que es de su interés.

Y lo mismo funciona con el liderazgo, también el educativo, que debe ser colectivo, en red y como una actividad programada. Una metáfora final: Guiar, apasionar con el ejemplo, la labor docente por excelencia, es como tirar de una cuerda, que nunca se deja empujar por su misma naturaleza.
Aprender en el Siglo XXI: Aprendizaje formal_informal_invisible. 
Educación Expandida from Fernando Trujillo.
Origen de la imagen superior: Are Your E-Learning Courses Pushed or Pulled?

Más posts de Sarezkuntza y de Reducación. 

[Actualización: La metáfora Push-Pull también se aplica al doble proceso de aprender en tiempos contemporáneos, no basta adquirir conocimientos (Push), sino aplicarlos, criticarlos, mejorarlos y republicarlos (Pull).]

Ciudadanía aprendiente, crónica del encuentro 15M

  • Ciudadanías y ciudades, o municipios humanizados.
  • Asociación Internacional de Ciudades educadoras: Baracaldo, Bilbao, Donostia-San Sebastián, Iruña-Pamplona, Santurce, Tudela, Vitoria-Gasteiz,...
  • Educación formal, no formal e informal. Montesquieu citaba tres formas de educación: "“...recibimos tres educaciones diferentes, si no contrarias: la de nuestros padres, la de nuestros maestros y la del mundo".
  • Cita de John Dewey de forma admirable, “La esencia de toda filosofía es la filosofía de la educación, que consiste en estudiar cómo constituir un mundo”.
  • Apuesta por potenciar la educación no formal y la informal abierta.
  • Educación informal, educación difusa, educación no-intencional, educación incidental y constituyen por sí mismos una auténtica "escuela paralela".
  • Cambio del paradigma de aprendizaje continuo, ubicuo y global.
  • Ruptura disruptiva del modelo de "la educación es cosa de las escuelas",... "Hace falta toda una tribu para educar a un solo niño", como apunta un aforismo africano.
  • Antídoto del "fracaso escolar", que es -en cierta medida- fracaso institucional. El mejor abordaje de esta temática, y otras, probablemente sea a escala municipal. Un centro escolar es demasiado pequeño y una comunidad mayor demasiado grande.
  • Responsabilidad acorde a la edad para las nuevas generaciones, y no sólo académica.
  • Recuperación de los recorridos escolares o “caminos amigos” (como se inició en Italia) para la corresponsabilidad de la ciudadanía en el cuidado de la infancia.
  • Nodos y foros de aprendizaje, con recursos educativos y sociales.
  • Aportación fuera del tiempo lectivo de todo el profesorado (universitario,..., o de infantil).
  • Implicación del conjunto de instituciones y organismos, en pro de una ciudadanía aprendiente.
  • Especial compromiso de la administración local, la más próxima a la ciudadanía.
  • Aprovechamiento 365/24 de los recursos públicos más allá de 200 días y 6 horas.
  • El derecho a la docencia, nuestra aportación al Kfe04.
  • Todas las personas somos agentes educativos.
  • Un debate glocal, universal pero localizado y social.
  • La nueva alfabetización, funcional, digital, móvil,...
  • La ciudadanía elige qué, cómo y por qué aprender.
  • Redes sociales para el aprendizaje conjunto.
  • Necesitamos generar un llamamiento a la quinta columna educativa. Incluso sería buena idea organizar un wikileaks educativo.
  • Aprender como lo más gratificante (no que nos enseñen).
  • El aprendizaje es demasiado importante para dejarlo sólo en manos de algunos,... (políticos, profesorado, familias, alumnado,..., sin negar su responsabilidad)
Hashtag de la cita: #M15Meduca. Más entradas nuestras sobre el 15M.
Post que estuvo en borrador desde el 24-3-2012. 
Recuperado retrospectivamente cuatro años después.

Educación en X (Twitter)

"La educación es algo que nadie te puede quitar". - Elin Nordegren.
"Vive como si fueras a morir mañana. Aprende como si fueras a vivir para siempre". - Mahatma Gandhi.
"La educación no es la preparación para la vida; la educación es la vida misma". - John Dewey. "La gente piensa en la educación como algo que puede terminar". Isaac Asimov "Si no estás dispuesto a aprender, nadie puede ayudarte. Si estás decidido a aprender, nadie podrá impedírtelo". "Siempre pensé que la idea de la educación era aprender a pensar por uno mismo". - Robin Williams. "Nadie debería salir de nuestras universidades sin comprender lo poco que sabe". - J. Robert Oppenheimer. "La educación es el arma más poderosa para cambiar el mundo". - Nelson Mandela.

Muchas más citas sobre la educación.

Pedagogía para la profesión docente

En los pasados meses ha surgido un interesante debate sobre la mayor o menor presencia de la Pedagogía en la formación necesaria para adscribirse al Profesorado de Enseñanza Secundaria. La controversia se está dilucidando en ámbitos universitarios, comenzando con el Manifiesto contra la nueva regulación del acceso al profesorado de secundaria y bachillerato que surgía de la Junta de la Facultad de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid, la mayor del Estado. Este manifiesto sobre "La profesión de profesor" denunciaba a finales de enero de 2008 que el Máster de Formación del Profesorado de Enseñanza Secundaria previsto de 60 créditos fuera de orientación y contenidos prioritariamente psicopedagógicos y didácticos, con muy escasa formación adicional en las diferentes disciplinas. Era una respuesta inmediata al Anexo a la Orden ECI/3858/2007 de 27 de diciembre de 2007 (BOE, 29-XII-2007). Este manifiesto fue suscrito por numerosas personas, mayoritariamente en el ámbito universitario, y varias Juntas de Gobierno de distintas Facultades.

Este texto original fue rebatido por un artículo, "Facultades de Filosofía y la profesión de profesor", que se publicó en prensa el pasado 17 de noviembre, negando las tesis principales ("no es cierto que a los futuros profesores se les reste formación en su materia",...) lo que reavivó una cuestión que ha permanecido demasiado tiempo apartada del debate social. Además, los autores del segundo artículo, Rafael Feito, Antonio Bolívar y Rodrigo J. García empleaban artillería pesada del tipo: "Lo que hay detrás del manifiesto no es más que un craso corporativismo",... Concluían que el manifiesto sólo trataba de impedir "el tránsito a los grados [que supondría] perder un quinto de la carga de docencia" (de los departamentos firmantes).

La polémica prosiguió, en una segunda vuelta completa, con un tono grueso, desde el título, con la contestación "La estafa del enseñar a enseñar", firmado por Andrés de la Oliva y otros 15 profesores de universidad o instituto el 8 de diciembre pasado. Se esgrimían argumentos como "si no se sabe cómo enseñar algo es porque no se sabe suficientemente, y la consecuencia es que hay que estudiarlo más y mejor" y con andanadas tales como "los 'expertos en educación' llevan muchos años abduciendo a las autoridades ministeriales",... En definitiva, como el manifiesto inicial se apostaba por una especie de "MIR docente", con "un periodo de prácticas seriamente concebido, tutelado, y remunerado... tras una formación no básica y generalista, sino avanzada y específica en un campo determinado de conocimiento".

La cuarta réplica es del 15 de diciembre, con la tribuna "En defensa de la Pedagogía" firmado por José Gimero y otros nueve profesores. De nuevo, el formato era agresivo contra "las soflamas antipedagógicas, ... que atribuyen el deterioro del sistema educativo y hasta el fracaso escolar ... a lo que denominan la ‘pedagogización’ de la educación". Mejoraba la intención con alguna fina ironía ("¿Por qué en Harvard o en Moscú mantienen estudios de pedagogía? ¿Hasta ahí llega nuestra capacidad de abducción?") y hasta un asomo de autocrítica con retranca: "Es cierto que hay malos pedagogos, como debe haber malos psicólogos, economistas, filósofos y hasta algún mal profesor en bachillerato". Pero se alcanzaban ciertos acuerdos de consenso: "Hemos defendido la importancia del buen dominio de la materia para ser docente y hemos criticado el menosprecio de los contenidos para suplirlos por los procesos o por las competencias". Se desentienden del diseño del posgrado que sustituye al denostado CAP (Certificado de Aptitud Pedagógica). Luego, pasan a repasar el trayecto histórico recorrido por personalidades como Platón, Kant, Dewey, Ortega, Luzuriaga, Freinet, Freire, Montessori, Piaget, Giner de los Ríos, Delors, Bourdieu, Mayor Zaragoza, Bernstein, Bruner, Marta Mata, Vigotsky e, incluso, alguno como Ferrer i Guardia fusilado por sus ideas pedagógicas. Concluyen su alegato reivindicando su papel: "En consecuencia, les sugerimos [a los 'anti-pedagogía'] que busquen a otro chivo expiatorio, pues somos sabedores de que nuestro saber [la Pedagogía] es débil, como lo es nuestro poder. Pero nos interesa".

El cruce dialéctico no sabemos si está cerrado (posiblemente nunca deba concluirse, pero sí reconducirse por cauces más académicos y menos satíricos), pero el fondo de la cuestión sigue abierto: el acierto en el delicado equilibrio entre sabiduría (de la temática) y pedagogía (para su transmisión). Sorprende, y puede asustar a la opinión pública, que existan tantos ilustres profesores y pedagogos que aireen tan descaradamente sus diferencias, exhibiendo el actual, y quizá poco satisfactorio, "estado del arte de enseñar y de aprender".

Desde nuestra perspectiva, creemos que se ha de superar un sistema dicotómico de profesorado, que proviene de dos orígenes muy diferentes: Diplomaturas en Magisterio de Educación Infantil y Primaria con formación disciplinar mejorable y Licenciaturas especializadas con una preparación didáctica perfectible. Urge cualificar más y mejor a ambos colectivos, compensando sus déficits previos. Se puede y debe dignificar la profesión docente con más teoría (grado y postgrado superior como formación inicial para todo el profesorado) y con más experiencia (mediante unas auténticas prácticas como en el caso sanitario) antes de asumir el reto de dirigir un aula.

Otro requerimiento urgente y pospuesto en nuestro entorno sería ampliar y estrechar el enlace entre la formación inicial (encomendada exclusivamente a la Universidad) y la formación continua del profesorado preuniversitario, en el que participa escasamente la Universidad. Esta colaboración, permanente, a la que poco pudieron ayudar los extintos ICEs (Institutos de Ciencias de la Educación), es imprescindible para una investigación y una innovación como las que necesita y merece el conjunto de cualquier sistema educativo contemporáneo. Este mismo debate, más circunscrito a la esfera universitaria y que no ha alcanzado al profesorado de Secundaria al que se dirige, denota el alejamiento efectivo entre ambos mundos que apenas se encuentran en su quehacer diario en ocasiones puntuales como la Selectividad, de inmediata revisión programada.

La investigación pedagógica que se dirige desde los departamentos universitarios y la innovación didáctica que se despliega desde las consejerías de educación, con sus servicios de apoyo, deben encontrarse para facilitar el enlace del profesorado, universitario o previo a la universidad. Sólo así se alcanzará una óptima mentalidad disciplinar y pedagógica de todo el profesorado, profundizando en las didácticas específicas de las distintas etapas y áreas de conocimiento, revisando éstas y aligerándolas en sus currículos a fin de alcanzar las competencias fundamentales que son lo esencial a proveer en las Enseñanzas Básicas (desde la Educación Infantil hasta la Secundaria Obligatoria). Porque una educación de calidad y en equidad requiere pocos elementos, aparte del máximo interés familiar, político y social y de toda la colaboración interinstitucional: Un "currículum por competencias", sobre el que abundaremos en otra ocasión, y un profesorado magistralmente seleccionado y cualificado profesional y pedagógicamente.

Versión para imprimir: mikel.agirregabiria.net/2009/pedagogia.doc.
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Cien voces definiendo la libertad, de Kant a Sartre

Hoy en día, pero más o menos como siempre, se aduce con demasiada frecuencia la libertad como excusa para no comprometerse con nada, aceptar lo inadmisible o liberarse de cualquier obligación. Por ello conviene recordar que la libertad ha sido objeto de reflexión filosófica desde los albores del pensamiento humano. Este concepto, aparentemente simple pero profundamente complejo, ha generado algunas de las definiciones más brillantes de la historia intelectual. Aquí presentamos un recorrido por cien visiones que iluminan las múltiples dimensiones de la libertad.

Libertad como autodeterminación. Kant nos legó una de las definiciones más influyentes: "La libertad no consiste en hacer lo que se quiere, sino en querer lo que se debe". Esta concepción sitúa la autonomía moral en el centro de la experiencia libre. Spinoza complementa: "El hombre libre es aquel que vive según el solo dictamen de la razón". Rousseau añade que "el hombre nació libre, pero en todas partes se encuentra encadenado", señalando la tensión entre naturaleza y sociedad.

La libertad existencial. Sartre proclamó que "el hombre está condenado a ser libre", una paradoja que expresa nuestra ineludible responsabilidad. "La libertad es lo que haces con lo que te han hecho", continuaba. Simone de Beauvoir precisó: "Entre la independencia total y la esclavitud total, hay mil formas de libertad". Camus observó: "La única manera de lidiar con un mundo sin libertad es volverse tan absolutamente libre que tu misma existencia sea un acto de rebelión".

Límites y responsabilidades. John Stuart Mill estableció un principio fundamental: "La libertad de cada uno termina donde comienza la del otro". Montesquieu matizó: "La libertad es el derecho a hacer todo lo que las leyes permiten". Benjamin Franklin advirtió: "Aquellos que renuncian a la libertad esencial para comprar una pequeña seguridad temporal, no merecen ni libertad ni seguridad".

Libertad interior y exterior. Epicteto distinguió: "Ningún hombre es libre si no es dueño de sí mismo". Marco Aurelio reflexionó: "La libertad no se otorga, se conquista". Gandhi añadió una dimensión moral: "La libertad no vale la pena si no incluye la libertad de equivocarse". Nelson Mandela afirmó: "Ser libre no es simplemente romper las cadenas de uno, sino vivir de una manera que respete y mejore la libertad de los demás".

Pensamiento y expresión. Voltaire defendió: "No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo". Mill sostuvo: "Si toda la humanidad menos uno tuviera una opinión, y solo una persona tuviera la opinión contraria, la humanidad no tendría más derecho a silenciar a esa persona que ella a silenciar a la humanidad". Orwell advirtió: "La libertad es la libertad de decir que dos más dos son cuatro".

Dimensiones políticas y sociales. Hannah Arendt observó: "La libertad solo es posible en la esfera de la pluralidad humana". Isaiah Berlin distinguió entre libertad negativa (ausencia de interferencia) y libertad positiva (autogobierno). Tocqueville previó: "El hombre fue creado para la libertad, pero en todas partes vive en cadenas". Martin Luther King Jr. declaró: "La injusticia en cualquier lugar es una amenaza a la justicia en todos lados".

Libertad y educación. Freire afirmó: "La educación no cambia el mundo, cambia a las personas que van a cambiar el mundo". Montessori sostuvo: "La primera tarea de la educación es agitar la vida, pero dejarla libre para que se desarrolle". Dewey añadió: "La educación es el método fundamental del progreso y la reforma social".

Reflexiones contemporáneas. Amartya Sen definió la libertad como capacidad real de elección. Martha Nussbaum la vinculó con las capacidades humanas fundamentales. Zygmunt Bauman exploró cómo la modernidad líquida transforma nuestra experiencia de libertad.

Como corolario, diez citas provocadoras diseccionadas bajo la lupa de los dilemas éticos de nuestra década. 1. Jean-Paul Sartre: "El hombre está condenado a ser libre". El dilema actual: La parálisis por análisis. En un mundo con opciones infinitas (desde qué carrera estudiar hasta qué ver en Netflix), la libertad se siente como una condena. La angustia sartreana se manifiesta hoy en el agotamiento mental: si todo depende de nuestra elección, el fracaso es exclusivamente culpa nuestra. No hay destino a quien culpar, solo al "espejo".

2. Rosa Luxemburg: "La libertad es siempre y exclusivamente libertad para quien piensa de manera diferente". El dilema actual: La cultura de la cancelación. Luxemburg no hablaba de tolerar al que opina igual, sino de proteger activamente la disidencia. En las cámaras de eco de las redes sociales, donde el algoritmo nos devuelve solo lo que queremos oír, esta cita es un recordatorio de que una libertad que solo admite el consenso es, en realidad, un dogma disfrazado.

3. Viktor Frankl: "Al hombre se le puede arrebatar todo salvo la última de las libertades humanas: la elección de su actitud ante cualquier serie de circunstancias". El dilema actual: Salud mental y resiliencia. Frente al determinismo biológico o social, Frankl nos lanza un salvavidas ético. En una era de crisis sistémicas (climáticas, económicas), esta cita nos obliga a preguntarnos: ¿Somos víctimas de nuestro entorno o autores de nuestra respuesta ante él?

4. John Stuart Mill: "La libertad de uno termina donde empieza la de los demás". El dilema actual: Bioética y salud pública. Parece un cliché, pero durante las crisis sanitarias globales (como la reciente pandemia o los debates sobre vacunación), este principio se volvió el campo de batalla principal. ¿Hasta qué punto mi autonomía corporal puede poner en riesgo la seguridad inmunológica del vecino? Es el eterno pulso entre el individuo y la colmena.

5. Byung-Chul Han: "Hoy el sujeto se explota a sí mismo creyendo que se está realizando". El dilema actual: La dictadura del emprendimiento y el "burnout". Aunque es una reflexión contemporánea, Han conecta con la ética clásica. La libertad de hoy no es contra un opresor externo (un rey o un dictador), sino contra un "yo" que se exige productividad constante. Somos esclavos y amos en el mismo cuerpo.

6. Hannah Arendt: "La libertad es la razón de ser de la política". El dilema actual: El desapego democrático. Arendt sostenía que la libertad solo existe cuando actuamos en público. Hoy, muchos confunden libertad con privacidad (poder comprar lo que quiera en mi sofá). Si nos retiramos de lo público, la libertad política muere por inanición.

7. George Orwell: "Libertad es el derecho a decirle a la gente lo que no quiere oír". El dilema actual: La tiranía de lo 'políticamente correcto'. Orwell nos advierte que la verdadera libertad escuece. En un entorno educativo o mediático que prioriza no ofender por encima de la búsqueda de la verdad, esta cita actúa como un bisturí necesario contra la autocensura.

8. Baruch Spinoza: "La libertad es la conciencia de la necesidad". El dilema actual: Algoritmos y Big Data. Spinoza decía que creemos que somos libres porque ignoramos las causas que nos determinan. Hoy, los algoritmos de IA predicen nuestros deseos antes de que los sintamos. ¿Somos libres o simplemente estamos siendo movidos por hilos matemáticos que no alcanzamos a comprender? 

9. Simone de Beauvoir: "Mi libertad no debe buscarse sino a través de la libertad de los otros". El dilema actual: Desigualdad global. Es una crítica directa al individualismo atomizado. ¿Puedo ser realmente libre si mi ropa o mi tecnología son producidas por personas en condiciones de semi-esclavitud al otro lado del globo? Beauvoir nos dice que la libertad es un proyecto colectivo o no es nada. 

10. Epicteto: "¿Quieres no ser esclavo? No tengas deseos de cosas que dependan de otros". El dilema actual: El capitalismo de la atención. Vivimos en una economía diseñada para crearnos deseos constantes (likes, estatus, consumo). El estoicismo de Epicteto es hoy una herramienta de liberación radical: la verdadera libertad es la capacidad de desconectar y recuperar el control sobre nuestra propia atención.

Estas cien voces nos revelan que la libertad no es un concepto monolítico, sino un prisma multifacético que refleja dimensiones éticas, políticas, existenciales y educativas. Comprender sus múltiples significados es el primer paso para ejercerla con responsabilidad y profundidad.

Meliorismo: El mundo puede mejorar,... con tu ayuda

En tiempos de desazón y pesimismo, surge la oportunidad de ser meliorista. El meliorismo (del latín melior, mejor) es la idea de que el progreso es un concepto real y de que los seres humanos pueden interferir en los procesos naturales para mejorar el mundo. El meliorismo, como concepción de la persona y de la sociedad, está en la base de la democracia liberal contemporánea y de los derechos humanos y es un componente básico del liberalismo. 

El meliorismo es una filosofía que sostiene que el mundo puede mejorarse a través del esfuerzo humano. No es ni completamente optimista ni pesimista, sino que reconoce los problemas del mundo, pero cree en la capacidad humana para resolverlos.

William James (filósofo pragmatista) popularizó el término meliorismo en el siglo XIX. Se basa en el pragmatismo, que enfatiza la acción y la mejora gradual. Influye en movimientos políticos, sociales y tecnológicos que buscan el progreso humano.

Otra concepción importante de la tradición meliorista procede de la tradición pragmática estadounidense. Se puede leer sobre ella en las obras de Lester Frank Ward, William James y John Dewey. En las obras de James, sin embargo, el meliorismo no apunta al progresismo y/o al optimismo. Para William James, el meliorismo se sitúa en medio entre el optimismo y el pesimismo, y trata la salvación del mundo como una probabilidad más que como una certeza o imposibilidad. 

En el caso de una praxis meliorista, la activista contemporánea de los pragmatistas Jane Addams despojó a los ideales progresistas de cualquier privilegio elitista, abogando por un "progreso lateral" cuya preocupación fuera directamente la gente corriente. Arthur Caplan también ha utilizado el meliorismo para describir posturas en bioética que están a favor de mejorar las condiciones que causan sufrimiento, incluso si las condiciones existen desde hace mucho tiempo (por ejemplo, estar a favor de curar enfermedades comunes, estar a favor de terapias antienvejecimiento serias a medida que se desarrollan).

Ejemplos de meliorismo en Acción:

Derechos Humanos: Movimientos como la abolición de la esclavitud o el sufragio femenino. 

Medicina y Salud: Avances como las vacunas o la lucha contra enfermedades como el SIDA.

Cambio Climático: Acciones para reducir emisiones, energías renovables, acuerdos como el de París.

Tecnología y Educación: Internet y la IA como herramientas para democratizar el conocimiento.

Ciencia y Espacio: Exploración espacial, avances en física y biotecnología.

El meliorismo nos dice que el mundo no es perfecto, pero podemos mejorarlo con ciencia, ética y esfuerzo colectivo.