Monasterio de Leire, la visita que debíamos desde 1983

Hoy alcanzamos 26 millones de visitas a las12 horas del mediodía (foto) en apenas 6 días desde el anterior 25º millón. Es tiempo de cumplir una promesa. Ya estamos programando para este mes de noviembre de 2026 una visita por Navarra, donde hemos estado y pernoctado muchas veces, con un lugar pendiente muy especial. Esta es una guía improvisada para una visita demorada ya 43 años. 

Nuestra primera hija se llama Leire. Nació en 1983 y desde entonces teníamos pendiente una visita que cualquiera daría por obvia: conocer el monasterio que le da nombre. Han pasado cuarenta y tres años. Ella sí ha estado, con su familia y con sus hijos. Nosotros, todavía no. Prometemos un álbum de imágenes en menos de un mes,... 

¿Cómo se explica? Quizá como se explican casi todas las cosas cercanas: «ya iremos el mes o el año que viene». Lo próximo siempre espera, y lo lejano se planifica con meses de antelación. Conviene confesarlo con humildad, porque de ahí nace esta guía. 

El monasterio de San Salvador de Leire (Yesa, Navarra) se alza en la falda de la sierra del mismo nombre, con el embalse de Yesa a sus pies. Las primeras noticias fiables lo sitúan en el siglo IX, con una visita de san Eulogio de Córdoba hacia el año 848. Durante siglos fue panteón de los primeros reyes pamploneses y centro espiritual del reino naciente.

Lo primero que pensamos hacer es empezar por la cripta, del siglo XI, la parte más antigua del conjunto. Sus bóvedas bajísimas descansan sobre columnas gruesas y capiteles toscos, y aguantan en pie desde hace casi mil años. Es arquitectura de supervivencia: sostener un templo entero sobre la roca y hacerlo con modestia.

Arriba espera la iglesia románica, consagrada en 1098, con tres ábsides esbeltos y una nave de austeridad cisterciense. Los cistercienses llegaron en 1236. Después, la Porta Speciosa, la portada occidental del siglo XII, con sus arquivoltas pobladas de figuras. Es el contrapunto exacto de la cripta: aquí la piedra se ha vuelto narración.

La historia posterior tiene su dramatismo. La desamortización de Mendizábal (1835-1836) vació el monasterio y lo dejó en ruina durante más de un siglo. Los benedictinos volvieron en 1954, procedentes de Silos, y desde entonces la comunidad mantiene viva la liturgia con canto gregoriano. Si el calendario lo permite, intentaremos coincidir con algún oficio. Escuchar ese canto bajo bóvedas del siglo XI no es una actividad turística, es otra manera de estar en un lugar.

Unamuno llamó intrahistoria a la vida callada de quienes sostienen un país sin salir en los libros. Leire es un buen sitio para entender la palabra, y también nuestra propia familia lo es: un nombre elegido en 1983, una hija que lo ha paseado después con sus hijos, unos padres que llegan los últimos. Es una intrahistoria pequeña, pero nuestra.

Para quien quiera organizarse, se llega con facilidad desde Pamplona (unos 50 km) por la carretera de Yesa, y hay hospedería en el propio monasterio. Horarios, precios y días de cierre cambian con la temporada, así que conviene confirmarlos antes en la web oficial [www.monasteriodeleyre.com]. Nuestro plan es llegar temprano, bajar a la cripta y dejar para el final el mirador, con el pantano a un lado y la sierra al otro.

Recomendamos este tipo de visitas a quien tenga un lugar cercano esperando desde hace años. ¿Cuál es el tuyo? Nosotros ya tenemos fecha, y Leire, la nuestra, sabrá guiarnos mejor que cualquier folleto. Eskerrik asko, Leire!

Llamada a la acción. Proponemos elegir este año un lugar cercano que llevemos tiempo aplazando y visitarlo, mejor en compañía de quien ya lo conoce, para escuchar su versión. Objetivo a 2 años: cuatro de esas visitas, con crónica breve en el blog. A 5 años: una pequeña ruta familiar de «lugares pendientes» de Euskal Herria y Navarra. A 10 años: un álbum comentado, con fotografías y fechas, que puedan heredar hijos y nietos. Evaluación: revisión anual de visitas hechas, crónicas publicadas y lectores que cuenten la suya.

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