Caricaturas a lo loco... nos regala la nuestra
Sobre MOOCs a finales de 2013
Nuestra visión sobre los MOOCs es similar a los recursos metodológicos e instrumentales de la nueva realidad digital: Son una nueva aportación, con su particular impulso, origen, distribución,..., que se suma a otras opciones ya preexistentes. Por su naturaleza cuentan con algunas ventajas (alcance, coste/aprendizaje, acceso, aprendizaje colectivo si se facilita,...) y algunas desventajas (desequilibrio de posibles autorías por valor de contendido y certificación, presencia privilegiada de algunos idiomas,...).
La segunda cita, el V Encuentro GetxoBlog, reunió con mayor brevedad y ponentes diversos una Mesa sobre Aprendizaje en la que se insistió sobre el tema de MOOC. Nuevamente, al igual que lo que sucedió hace un año con el mismo ponente, Gorka Palazio realizó una sugerente visión del presente y futuro de los MOOCs.
Intervención de Gorka Palazio en V Encuentro GetxoBlog.
La falacia del hombre de paja: Cómo se manipulan los debates
Resumen: Se analiza la falacia del hombre de paja, una trampa retórica que distorsiona los argumentos ajenos para atacarlos más fácilmente, degradando el diálogo. Hemos de contrarrestarla mediante el "principio de caridad interpretativa", que exige entender la versión sólida del oponente antes de criticarla. Se cita a John Stuart Mill al señalar que sólo enfrentando con honestidad las ideas opuestas se logran refinar y fortalecer nuestras propias convicciones.
Hoy repasamos algo demasiado visto y que tiene una denominación propia: La falacia del hombre de paja (Straw man fallacy) o cuando la controversia se convierte en teatro. En el arte de la argumentación, pocas trampas retóricas resultan tan efectivas y simultáneamente tan destructivas para el diálogo genuino como la falacia del hombre de paja.
Esta maniobra, cuyo nombre evoca la imagen de un muñeco de entrenamiento fácil de derribar, consiste en distorsionar, exagerar o simplificar excesivamente la posición del interlocutor para después refutarla con facilidad. En lugar de enfrentar los argumentos reales del oponente, se construye una versión debilitada, caricaturesca o completamente ficticia de estos, que resulta mucho más sencilla de atacar.
Anatomía de una distorsión. La mecánica de esta falacia opera en tres pasos reconocibles. Primero, se presenta una versión distorsionada del argumento original, frecuentemente llevándolo a extremos que su defensor nunca sostuvo. Segundo, se refuta esta versión alterada con argumentos que, aunque puedan ser válidos contra la caricatura creada, no tienen relevancia alguna frente a la posición auténtica. Tercero, se concluye triunfalmente que la posición original ha quedado refutada, cuando en realidad ni siquiera ha sido abordada.
Consideremos un ejemplo cotidiano. Alguien argumenta: "Deberíamos invertir más recursos en educación pública". El interlocutor que emplea la falacia del hombre de paja podría responder: "¿Así que quieres que el Estado controle absolutamente todo y que los padres no tengan ninguna voz en la educación de sus hijos?". Esta reformulación extrema no representa el argumento original, pero es mucho más fácil de atacar que la propuesta moderada de incrementar la inversión educativa.
El veneno del diálogo público. Las consecuencias de esta falacia trascienden el mero error lógico. En el ámbito político, la construcción sistemática de hombres de paja polariza el debate y erosiona la posibilidad de consenso. Los matices desaparecen, las posiciones se radicalizan artificialmente y el espacio para el entendimiento mutuo se reduce hasta hacerse inexistente. Cuando los medios de comunicación y las redes sociales amplifican estas distorsiones, contribuyen a crear un ecosistema informativo donde las caricaturas prevalecen sobre la complejidad real de las ideas.
En el contexto educativo, esta falacia representa una oportunidad perdida de aprendizaje genuino. El pensamiento crítico requiere la capacidad de enfrentar las versiones más sólidas de las posiciones contrarias, lo que los filósofos llaman el "principio de caridad interpretativa". Este principio nos exige interpretar los argumentos ajenos de la manera más razonable y fuerte posible antes de criticarlos. Solo así el debate se convierte en un ejercicio de búsqueda colaborativa de la verdad en lugar de un combate para inflar el propio ego.
Hacia un diálogo más honesto. Reconocer la falacia del hombre de paja en nuestros propios razonamientos requiere humildad intelectual. Nos obliga a preguntarnos constantemente: ¿estoy respondiendo a lo que realmente se ha dicho o a lo que me resulta más cómodo refutar? ¿He comprendido genuinamente la posición ajena o estoy atacando una caricatura conveniente?
La práctica de parafrasear los argumentos del interlocutor y solicitar confirmación de que hemos entendido correctamente constituye un antídoto efectivo. Esta simple cortesía intelectual no solo previene distorsiones involuntarias, sino que demuestra respeto hacia quien piensa diferente y fortalece la calidad del intercambio de ideas.
En última instancia, superar la tentación del hombre de paja representa un compromiso ético con la verdad por encima de la victoria retórica. Porque en el ámbito de las ideas, como sostenía John Stuart Mill, es confrontando las versiones más fuertes de las posiciones opuestas como nuestras propias convicciones se refinan, corrigen o fortalecen verdaderamente.
Falacia del hombre de paja: no refutar lo que alguien dice, sino una caricatura de ello. https://t.co/uOby5KeSBX Consiste en deformar el argumento ajeno para hacerlo más débil, extremo o ridículo… y así “ganar” el debate sin pensar. Muy común en política, tertulias y redes… pic.twitter.com/53w303ovHa
— Mikel Agirregabiria (@agirregabiria) January 28, 2026
Gaseosa La Cruz del Gorbea
,... En 1995, Txemi Del Olmo, que trabajaba por entonces como locutor de radio, grabó unas cuñas de la bebida ficticia para divertirse. Las guardó hasta que años más tarde Nacho Allende, más conocido como Torbe, se las pidió para colgarlas en su web. Del Olmo digitalizó los anuncios y se los envió. La gaseosa se hizo famosa. Los vascos se reían con las cuñas, en las que un supuesto aldeano vendía las propiedades de la bebida, que servía tanto para ponerse fuerte como para alegrar a la mujer. Los audios se enviaban por correo electrónico o por aquellos teléfonos móviles con mp3. Cruz de Gorbea se hizo viral.
La gaseosa Cruz de Gorbea queda como un ejemplo más del humor vasco. Su creador cree que los vascos saben reírse de sí mismos. No tiene constancia de que nadie se sintiera ofendido por el tono aldeano de la parodia. “Más bien al contrario”, afirma. “Sé que a personas comprometidas con la cultura y el folclore vasco, incluso a nivel político, les hizo gracia”. “El humor vasco es inteligente y socarrón, disparatado, basado en la caricatura y que esencialmente se ríe de sí mismo. Es el humor de Ocho apellidos vascos o de Vaya Semanita, o de los muchísimos chistes de vascos de los que no conozco uno solo que sea malo”. Es, en fin, el humor de una gaseosa que no existe pero que a uno le encantaría beber.
Chavs: La demonización de la clase obrera británica
Owen Jones (ver en otros posts), nacido el 8 de agosto de 1984 en Sheffield, Inglaterra, es un periodista, columnista y escritor asociado con la izquierda política británica. Graduado en Historia por el University College de Oxford, ha trabajado como columnista para medios como The Guardian y The Independent. Su primer libro, "Chavs: The Demonization of the Working Class" (2011), analiza cómo los medios y la clase política británica han estigmatizado a la clase trabajadora. Este trabajo fue reconocido por The New York Times como uno de los diez mejores libros de no ficción de 2011.
En este aclamado ensayo, "Chavs: La Demonización De La Clase Obrera", Owen Jones analiza cómo la clase trabajadora ha pasado de ser «la sal de la tierra» a la «escoria de la tierra». Desvelando la ignorancia y el prejuicio que están en el centro de la caricatura chav, retrata una realidad mucho más compleja: el estereotipo chav, dice, es utilizado por los gobiernos como pantalla para evitar comprometerse de verdad con los problemas sociales y económicos y justificar el aumento de la desigualdad. Owen Jones propone recuperar la dignidad y el respeto por la clase trabajadora, desafiando los estereotipos y fomentando políticas que reduzcan la desigualdad. Chavs es una crítica contundente al clasismo en el Reino Unido y un llamado a la acción para cambiar la narrativa sobre la clase obrera. Es un libro clave para entender el clasismo en la política y la sociedad actual, con paralelismos en muchos otros países.
Somos pacíficos y, por ello, respetuosos con las religiones
Crónica de urgencia de "Aurreko Eguna"

Hoy hemos celebrado el encuentro "Aurreko Eguna", que anunciamos hace días con el siguiente programa definitivo. Ha sido antecedido por una entrevista a un trío de los analistas catalanes que nos visitan estos días (de los 16 que estuvieron en Washington durante la elección de Obama) y a un trío nuestro (Iñaki Murua, Ricardo Ibarra y yo mismo) en el programa "Más que palabras" de Javier Vizcaíno en Radio Euskadi. En el mismo estudio nos hemos fotografiado con toda la comitiva catalana, y pronto incluiremos sus fotos. De momento, arriba aparece la genial caricatura que Josu Garro ha dibujado en minutos de mí mismo, Ricardo y Javier (de izquierda a derecha).El encuentro ha sido interesante, vibrante, a ritmo rápido (moderado por Iñaki Murua y Luis Alfonso Gámez), con gran participación de invitados y componentes de Politika 2.0. Algunos de los primeros asistentes en llegar han cumplimentado el vídeo inferior ante nuestra intrépida Marta Sauca. Quizá había mucho programa, mucha gente que sabe de esto, muchas ganas de hablar en una sesión que se ha quedado corta. En los próximos días ampliaremos este post con vídeos de todo el evento, excepto la comida final donde se ha hablado de todo. Alguna fotos (más de 77) y vídeos (presentación, 2º, 3º, 4º, 5º, 6º, 7º y 8º) etiquetados con "aurreko eguna". [Esta crónica será ampliada próximamente]
Cultura y simulacro: Baudrillard predijo la posverdad
En 1978, cuando Editorial Kairós encargó a Pedro Rovira la traducción de unos ensayos dispersos de Jean Baudrillard, nadie podía sospechar que aquel volumen modesto, Cultura y simulacro, contenía ya el germen de una de las intuiciones más inquietantes del pensamiento contemporáneo: la sospecha de que la realidad, tal y como la entendíamos, había dejado de existir. Casi medio siglo después, en plena era de algoritmos, deepfakes y realidades aumentadas, el libro se lee menos como una reliquia académica que como un mapa —él mismo hubiera apreciado la ironía— de nuestro presente.
Jean Baudrillard (Reims, 1929 – París, 2007) fue sociólogo de formación y filósofo por vocación. Estudió filología germánica en la Sorbona, tradujo a Marx y a Brecht, y en 1966 defendió en Nanterre una tesis dirigida por Henri Lefebvre. Tras dedicar sus primeros libros —El sistema de los objetos y La sociedad de consumo— a diseccionar el fetichismo de las mercancías, derivó hacia una crítica radical de la representación que lo convirtió, junto a Lyotard y Deleuze, en una de las voces centrales de la posmodernidad. Su fama mundial llegó más tarde, cuando los hermanos Wachowski convirtieron su obra mayor, Simulacra and Simulation (1981), en atrezo filosófico de Matrix, gesto que el propio autor recibió con escepticismo: sospechaba, no sin razón, que el cine había simplificado su tesis hasta la caricatura.
El corazón de Cultura y simulacro es el ensayo «La precesión de los simulacros», donde Baudrillard invierte la célebre fábula de Borges sobre los cartógrafos del Imperio, que dibujaban un mapa tan detallado que terminaba por cubrir el territorio. Hoy, sostiene, ya no queda territorio que precise mapa: es el mapa —el modelo, el simulacro— el que genera el territorio, y son sus jirones los que se pudren en el desierto de lo real. De ahí nace la hiperrealidad, ese régimen donde la copia ya no remite a ningún original y donde Disneylandia cumple una función precisa: hacer creer que fuera de sus muros, en Los Ángeles, en América entera, existe todavía algo real.
Los ensayos que completan el volumen —«El efecto Beaubourg», «A la sombra de las mayorías silenciosas» y «El fin de lo social»— trasladan esa lógica al terreno político. Baudrillard describe a las masas como un agujero negro que absorbe sin devolver: ni la historia, ni la ideología, ni el sentido logran atravesarlas, porque las masas no son sujeto político sino pura inercia neutralizadora. La tesis dialoga, sin buscarlo, con La rebelión de las masas de Ortega y Gasset: donde el pensador temía la imposición de la mediocridad mayoritaria, Baudrillard describe algo aún más inquietante, una masa que ni siquiera aspira a imponerse, que simplemente disuelve cuanto se le arroja. Hannah Arendt, desde otra tradición, había advertido ya cómo las sociedades de masas erosionan el espacio común donde la política resulta posible; Baudrillard lleva esa erosión hasta su extremo lógico.
Leído hoy, el libro se adelanta con precisión inquietante a nuestro presente: campañas electorales convertidas en escenificación de signos, atentados que se disputan en el terreno de la interpretación antes que en el de los hechos, redes que fabrican consenso sin referente real alguno. No es casualidad que Cultura y simulacro recupere lectores en la era de la inteligencia artificial generativa, cuando distinguir una imagen real de una sintética ha dejado de ser un ejercicio académico para volverse cotidiano. Baudrillard no ofrece salidas ni consuelos —nunca fue su estilo—, pero sí una herramienta afilada para nombrar el vértigo. Volver a este librito de apenas doscientas páginas sigue siendo, cerca de cinco décadas después, un ejercicio de higiene intelectual.
Resumen: Baudrillard, medio siglo después: cuando el mapa devora el territorio. Qué nos enseña «Cultura y simulacro» sobre las redes y la IA. De Borges a Baudrillard: el simulacro que sustituyó a la realidad. Por qué releer a Baudrillard en la era de los deepfakes.
Caricaturas de grandes matemáticos en DivulgaMAT
Hacía semanas lo tenía dispuesto, en agradecimiento al libro dedicado que aparece abajo, pero se me ha adelantado Eugenio Manuel Fernández Aguilar, autor del indispensable blog "Ciencia en el XXI: Mirando con la mente". Nos ha recordado la excelente y fecunda labor de DivulgaMAT, de la que nosotros ya hemos hablado en otras ocasiones y, en particular, del gran trabajo de síntesis realizado con "El rostro humano de las Matemáticas", del que también dimos cuenta hace meses. Se ha enfrentado el equipo de redacción, encabezado por Santiago Fernández Fernández (cuya caricatura aparece a la derecha), un gran matemático, docente y divulgador (de cuya antigua amistad me precio), a la ingente tarea de seleccionador 30 biografías de matemáticos (hombres y mujeres) insignes y luego condensar su aportación en una sola página. Reducir así la obra de Newton es un esfuerzo realmente sobresaliente. Me consta que renunciar a incluir a Lobachevski, ha sido especialmente difícil para Santi que le dedicó un libro. Otro de los coordinadores de este proyecto ha sido su colega Raúl Ibáñez, de quien también hemos dado noticia en anteriores ocasiones.
Una de las muchas cualidades de la obra ha sido destacar la historia de las mujeres matemáticas a lo largo de la historia, incorporando en tan breve selección a HIPATIA (¿? - 415), MADAME DE CHÂTELET (1706 - 1749), SOPHIE GERMAIN (1776 - 1831), SONIA KOVALÉVSKAYA (1850 - 1891) y EMMY NOETHER (1882 - 1935). [Fotos del libro y otros libros dedicados...] Abajo, el texto completo en PDF:Rostro.Humano.Matematicas
Caricatura del pésimo rol de algunos Media
Avatares Potachovizad@s
En síntesis, las gafotas evitan los supuestos riesgos de los pequeños netbooks educativos y dan aspecto de ser un emulador del Prrofesor Potâchov de Moldavia. Quedamos en deuda con este gran educador @pvil. No es la única caricatura que nos regalan en poco tiempo... Abajo puede verse al conjunto de docentes Potachovizad@s y su autor nos explica cómo es el proceso de transformación.
Idiocracia: Distopía que anticipó la actual cultura en crisis
Idiocracy (Idiocracia) es una película de ciencia ficción satírica que trasciende el mero entretenimiento para constituirse en una reflexión profunda sobre los mecanismos de degradación intelectual y cultural en las sociedades de consumo. Dirigida por Mike Judge en 2006, aunque distribuida de manera limitada inicialmente, la obra ha adquirido con el tiempo el estatus de cult film entre intelectuales, educadores y analistas de tendencias sociales. Puede verse en su integridad en el tuit final de este post.
La premisa narrativa es simple pero efectiva: un soldado estadounidense ordinario despierta del criocriogenización en el año 2505, encontrándose un mundo donde la inteligencia media ha descendido drásticamente. Las corporaciones controlan todos los aspectos de la vida pública, la educación se ha disuelto, y la población sobrevive mediante estímulos audiovisuales constantes y alimentos altamente procesados. Esta visión futura no pretende ser realista en sentido predictivo, sino operativa como reductio ad absurdum de tendencias contemporáneas ya visibles en el siglo XXI.
Lo que distingue Idiocracy de otras distopías es su precisión diagnóstica respecto a los mecanismos específicos de la degradación cognitiva colectiva. Judge identifica tres vectores principales: primero, la eliminación gradual de la educación crítica y reflexiva en favor del entretenimiento; segundo, la perpetuación intergeneracional de patrones de bajo capital cultural mediante selección natural inversa (la teoría que la película ilustra); y tercero, la colonización completa del espacio público por corporaciones que se lucran del mantenimiento de la ignorancia.
La película funciona como una sátira sociológica en la tradición de Jonathan Swift, aunque su medio sea audiovisual. No recurre al morbo ni a la caricatura absurda sin propósito: cada detalle —desde los nombres de las empresas hasta los contenidos televisivos ficticios— refleja una extrapolación lógica de dinámicas reales. En este sentido, posee valor educativo considerable para cursos de sociología de la comunicación, historia intelectual contemporánea, o seminarios sobre distopía literaria.
Mike Judge, creador de la película, es graduado en Física por la Universidad de California en San Diego, su trasfondo científico permea su obra a través de una observación casi antropológica de la conducta humana. Se convirtió en animador, cineasta y productor de televisión. Su trayectoria profesional incluye la creación de Beavis and Butt-Head (que, paradójicamente, criticaba la degradación de la cultura audiovisual mientras participaba en ella) y la serie Silicon Valley, una sátira sobre la cultura empresarial tecnológica. Judge posee un intelecto técnico agudo combinado con una sensibilidad sociológica penetrante, lo que le permite identificar contradicciones y patrones sistémicos donde otros ven sólo fenómenos aislados.
Lo notable es que Idiocracy, pese a su pesimismo explícito, contiene una premisa humanista implícita: la inteligencia no es un rasgo heredado inmutable, sino un producto de prácticas culturales, acceso a educación, y estimulación intelectual. Su diagnóstico es sombrío, pero la responsabilidad no recae en deficiencias genéticas sino en elecciones institucionales y colectivas. Esto la diferencia radicalmente de determinismos biológicos o conspiracionistas.
Para educadores y profesionales de la comunicación, Idiocracy constituye un documento de valor heurístico: permite problematizar la relación entre consumo mediático, capital cultural, y capacidad cognitiva de manera que evita la condescendencia moralizante. El film respeta la inteligencia de su audiencia precisamente porque no pretende ofrecer soluciones, sino únicamente exponer con nitidez el problema.
En nuestro contexto actual, donde los algoritmos de recomendación personalizan el aislamiento cognitivo y donde la desinformación estructurada mina la capacidad colectiva de discernimiento, Idiocracy no ha perdido relevancia. Si acaso, se ha convertido en una profecía desasosegante cuya actualidad crece año tras año.
Sí, ya sé que es Semana Santa y toca Ben-Hur, La Pasión de Cristo, Los Diez Mandamientos…
— 🅼🅸🆂🅸🅵🆄🐦 (@Misifu72) April 2, 2026
Pero esas ya las tenéis vistas 20 veces.
Igual es más útil ver Idiocracia… y no olvidéis tomar apuntes.😂pic.twitter.com/qCxRLppweG
Aristófanes y el arte de reírse del poder
Alguna vez escribimos sobre Aristófanes, un caso paradigmático de mordacidad clásica, pensamiento crítico y la fragilidad del debate público que desafió al poder en Atenas. Cuando pensamos en el teatro griego clásico, la tragedia —Esquilo, Sófocles, Eurípides— suele acaparar la atención. Sin embargo, existió un género paralelo, igual de vigoroso y mucho más incómodo para el poder: la comedia. De ella, Aristófanes (c. 448 – c. 385 a. C.) es el único autor cuya obra ha sobrevivido en piezas completas, lo que lo convierte en la ventana más nítida que poseemos hacia el humor, la política y las costumbres de la Atenas clásica.
Sabemos poco de su biografía. Probablemente nació en el demo ateniense de Cidateneo, aunque algunas fuentes tardías —quizá por motivos políticos, dado que fue acusado de usurpar la ciudadanía— lo vinculan con Egina. Vivió los años más turbulentos de la historia ateniense, marcados por la Guerra del Peloponeso contra Esparta, un conflicto que atraviesa buena parte de su producción. Compuso más de cuarenta comedias, de las que solo once han llegado completas: Los acarnienses, Los caballeros, Las nubes, Las avispas, La paz, Las aves, Lisístrata, Las tesmoforiantes, Las ranas, La asamblea de las mujeres y Pluto.
Su primera obra, Los banqueteadores, se representó en el 427 a. C., cuando el autor rondaba apenas los veinte años, y ya entonces mostró el rasgo que definiría toda su carrera: una audacia crítica que no respetaba a nadie, ni a generales, ni a demagogos, ni a filósofos. En Los caballeros ridiculizó sin tapujos al político Cleón; en Las nubes convirtió a Sócrates en cabeza de una absurda «Pensadería» dedicada a sofismas huecos, una caricatura que —según cuenta el propio Platón en la Apología— contribuyó a fraguar la mala fama que llevaría al filósofo al juicio y la condena. En Las ranas, Esquilo y Eurípides discuten en el Hades sobre cuál merece regresar al mundo de los vivos para salvar la tragedia, en una de las parodias literarias más finas de la Antigüedad.
Pero el sello más reconocible de Aristófanes es su rechazo obstinado de la guerra. Los acarnienses, La paz y, sobre todo, Lisístrata —donde las mujeres de Grecia deciden negarse a sus maridos hasta que estos depongan las armas— son comedias antibelicistas que, bajo el disfraz de la carcajada, denuncian el desgaste, el hambre y el absurdo de un conflicto fratricida. Esa misma imaginación desbordada construye en Las aves una ciudad utópica suspendida entre el cielo y la tierra, Nefelococigia —la «Ciudad de Cuco en las Nubes»—, neologismo que resume su capacidad para inventar mundos posibles desde la sátira pura.
El estilo aristofánico combina registros que hoy nos resultarían incompatibles: la obscenidad más desenfadada convive con pasajes corales de gran lirismo, y la invectiva política se entrelaza con la parábasis, ese momento en que el coro se dirige directamente al público para opinar sobre la actualidad de la ciudad. Pocos ejemplos ilustran mejor esa mezcla que el coro de ranas de Las ranas, con su célebre estribillo onomatopéyico «Brekekekex, koax, koax», que ha sobrevivido veinticinco siglos como una de las frases más reconocibles del teatro universal.
La huella de Aristófanes llega hasta Rabelais, Cervantes, Molière o Voltaire, y su fórmula —reírse del poder para poder pensarlo mejor— sigue siendo, en cualquier época, un ejercicio de libertad. Leerlo hoy no es solo un ejercicio de arqueología literaria: es recordar que la risa, cuando se dirige contra quienes mandan, ha sido siempre una forma seria de resistencia.
Aristófanes trasciende la mera broma de coyuntura histórica para consolidarse como un pilar fundamental en la historia de la literatura universal. Su obra nos recuerda que la comedia, cuando se ejerce con rigor intelectual y libertad de espíritu, representa una de las formas más elevadas del examen democrático y del pensamiento crítico.
🎭 Aristófanes: la risa como el arma política y filosófica más poderosa de la Antigua Grecia. 🏛️⚡
— Mikel Agirregabiria (@agirregabiria) August 31, 2026
¿Un teatro solo para entretener? Nada de eso. El genio cómico ateniense transformó la sátira, la parodia y la ironía en una crítica feroz contra la demagogia, la guerra y la… pic.twitter.com/r5eKLcyWXj
@mercedescruz.1093 La juventud pasa. La inmadurez se supera, la ignorancia se cura con la educación, y la embriaguez con sobriedad, pero la estupidez dura para siempre. #maestros #alumnos #aristofanes #consejo ♬ sonido original - Mercedes Cruz💋







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