Aviso a navegantes, especialmente para quienes vayan a comprar una casa con hipotecas de larga duración o con períodos de carencia, donde sólo se abonan intereses. Esto se anuncia en EE.UU., pero es aplicable aquí. Todo lo que sube baja, y en mercados de suelo tan limitado como Japón las viviendas se han abaratado fuertemente tras largas épocas de subidas ininterrumpidas.
Explosión de la burbuja inmobiliaria
Otoño, la porción más hermosa del año.
¡A la mesa, políticos!
Los niños de medio mundo, desde América (norte o sur) al Extremo Oriente, juegan a un duelo que se llama: piedra-papel-tijeras. Es un pasatiempo infantil parecido a la apuesta de “pares o nones”. Dos jugadores cuentan juntos "1, 2, 3, ¡piedra, papel o tijera!" y al acabar muestran al mismo tiempo una mano que representa el objeto elegido. La piedra, mediante el puño cerrado; las tijeras, con los dedos corazón e índice en forma de "V"; y el papel, con la palma extendida.
El juego es de puro azar porque la piedra gana ante las tijeras (las rompe), pero las tijeras vencen al papel (lo cortan) y el papel a la piedra (lo envuelve). De ese modo, no existe un objeto preferente y todo queda en manos de la capacidad de predicción o suerte de cada adversario. Este simple entretenimiento ha sido elegido por un Tribunal Federal de Florida para dilucidar definitivamente algún contencioso interminable. Y no es la primera vez que tal cosa sucede.
El caso y el juego sugieren algunas reflexiones metafóricas para superar el conflicto vasco. Son demasiado años de tijeras (sangre, dolor,…), de piedras (destrozos, intereses,…), y quizá incluso de papeles (prensa, pactos anti-otros,…). Ha llegado la hora de utilizar todos estos elementos,… debidamente. Necesitamos un acuerdo sólido asentado sobre fundamentos firmes, recortando todo aquel sobrante que no sea democrático y midiendo todo con papeletas libres.
Abandonemos la violenta edad de piedra, las armas afilados e incluso los folletos de odio. ¡Estrechémonos las manos abiertas y pactemos algo pensado con la cabeza, como adultos que debemos ser! La ciudadanía está dispuesta, preparada y cansada de esperar. Políticos, ¡a la mesa!
Versión final en: mikel.agirregabiria.net/2006/mesa2.htm
El día sin calles
La Unión Europea ha celebrado el “día sin coches”. Un total de 25 Estados con más de 220 millones de automóviles particulares, lo que supone un coche por cada dos ciudadanos. Este porcentaje sigue creciendo imparablemente, con un incremento del 38% desde 1990 hasta 2004.
Los “días sin coches” pretenden concienciar, animar a fórmulas alternativas y anunciar el fin de la entrada masiva de coches particulares en los núcleos urbanos. Pero esto no se consigue simplemente cerrando calles, colapsando aún más las entradas a las ciudades. Así sólo se generan “días sin puntualidad, sin buen humor, y sin vergüenza por parte de los poderes públicos que no hacen lo que deben hacer, limitándose a dar buenos consejos acompañados de malos ejemplos, mientras viajan en coche oficial con conductor”.
Nadie desea aburrirse diariamente en caravanas, ni conducir solo en un coche durante demasiadas horas de la vida. Si se hace es porque no existe transporte público de calidad, ni infraestructuras para ciclistas, ni interés político en desviar el exorbitante dinero del cemento para supercircunvalaciones hacia la subvención o gratuidad plena de un transporte público más extendido, frecuente y cómodo.
Versión final en: mikel.agirregabiria.net/2006/sincalles.htm
Inteligencia máxima
La niñez es inteligencia y alegría en estado puro, al ser una edad confiada que aún cree que no existe lo imposible.
(Modestamente opino)
Una foto de denuncia del HAMBRE
En 1994, el fotógrafo Kevin Carter ganó el premio Pulitzer de fotoperiodismo con esta imagen tomada en la región de Ayod (una pequeña aldea en Sudán), que recorrió el mundo entero.
Al recibir el galardón, Carter declaró: “Es la foto más importante de mi carrera, pero no estoy orgulloso de ella, no quiero ni verla. La odio. Todavía estoy arrepentido de no haber ayudado a la niña”. Cuatro meses después, abrumado por la culpa y por una fuerte dependencia de las drogas, Kevin Carter se quitó la vida.
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