La primera impresión es definitiva, afirman. Incluso puede ser eterna, añadimos. Como el recuerdo de aquella fecha, hoy hace exactamente cuarenta años, la boda entre Carmen y quien suscribe en la Basílica de Begoña de Bilbao y el banquete en el ya desaparecido Club Marítimo del Puerto Viejo de Algorta.
Aquella misma tarde de verano de 1973, tú con 18 supe intuir que cumpliríamos muchos años juntos, sin paréntesis, sin discontinuidades, sin dejarnos de amar ni un solo minuto. ¡Ojalá sean así cuarenta años más en la tierra!
La música de 1977 envejece peor que nosotros, pero vale la pena rememorarla,...
El latiguillo —frase de constante repetición— o cliché se ha usado ampliamente en el ámbito de los negocios, especialmente por consultores de gestión y coaches (entrenadores) ejecutivos, y además ha sido mencionado en un gran número de anuncios. Pensar fuera de la caja es mirar más lejos y tratar de no pensar cosas obvias, tratando de pensar más allá. La jubilación es un modo radical de pensar fuera de la caja para alcanzar una innovación disruptiva, exponencial, sobre aquellos mismos ámbitos y temáticas en la que se ha estado inmerso durante décadas. Una buena, única y gran oportunidad que habrá que explorar,...
Quizá sea una opinión futurista (y por ello arriesgada en este momento donde cuatro de cada diez hogares mantienen mascotas), pero quizá habría que prohibir TODAS LAS MASCOTAS en casas particulares de ciudades, por vivir de un modo muy alejado a su entorno natural.
Ya se está extendiendo el concepto del "mascotismo ilegal" (como el de la imagen adjuntada) cuando se trata de animales salvajes autóctonos y exóticos, pero la domesticación aviar, perruna o gatunade extrañas razas se parece mucho. Pero vamos a argumentar someramente la idea propuesta.
Pensemos que los espectáculos de circo con animales, o la misma tauromaquia, parecían aceptables (y siguen siendo) legales y habituales, aunque crece constante e imparablemente la oposición a estas formas de esclavitud de animales, seres vivos con todos sus derechos (si bien no humanos, que conste). Sorprende incluso que muchas de las personas "amantes de las mascotas" sean las primeras y más vehementes detractoras de estos anacronismos,... sin reparar que en su mismo domicilio retienen mascotas en circunstancias semejantes.
Los absurdos argumentos taurinos de "no criaríamos toros de raza, si no fuese para lidiarlos", o de los cazadores (otra reminiscencia injustificable) de "no habría cotos de caza, si no fuese para disparar",... desmotan la habitual y recurrente justificación de la cría masiva de mascotas.
Sin querer abundar -para evitar más ataques- en las razones psico y sociológicas que nos han llevado a las sociedades del primer mundo a esta (casi) dependencia de los animales de compañía(¡qué terrible dilema el preferir la compañía animal a la humana!), en la ingente inversión económica (privada y pública), en las indicaciones médicas en pro de la salud humana (y animal), en los riesgos medioambientales, o en la desaforada deriva de demandas que rozan lo demente ("hemos de adaptar la ciudad a las mascotas", cuando quizá las mascotas en su versión original no quieran para nada vivir en ciudades,... como también los preferirían muchos seres humanos), concluiríamos solicitando si no hemos de revisar nuestros criterios éticos y sociales sobre la misma existencia de mascotas.
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El Turco fue una famosa estructura que se cree que era un autómata que jugaba al ajedrez (según Wikipedia). Fue construido y revelado por Wolfgang von Kempelen (1734-1803) en 1769. Tenía la forma de una cabina de madera de 1.20 cm × 60 cm × 90 cm, con un maniquí vestido con túnica y turbante sentado sobre él.
La cabina tenía puertas que una vez abiertas mostraban un mecanismo de relojería y cuando se hallaba activado era capaz de jugar una partida de ajedrez contra un jugador humano a un alto nivel. También podía realizar el problema del caballo con facilidad. Sin embargo, se cree que la cabina era una ilusión óptica bien planteada que permitía a un maestro del ajedrez de baja estatura esconderse en su interior y operar el maniquí, el Turco era capaz de hacer esto gracias a que los ojos del maniquí enviaban al maestro del ajedrez las posiciones de las piezas del tablero por medio de espejos.
En teoría cualquiera de los dos maestros de ajedrez podría ganar, pero el maestro escondido debajo del Turco contaba con una pequeña ventaja al poder asustar a su oponente haciéndole creer que el Turco en realidad era autómata, lo cual ponía nervioso al retador, impidiéndole desempeñar sus conocimientos sobre el juego con totalidad. Por lo que El Turco ganaba la mayoría de las partidas. Este planteamiento es una suposición ya que nunca fue revelada su verdadera naturaleza, además el espacio físico de la cabina era demasiado pequeño como para una persona de tamaño normal.
Kempelen exhibió por primera vez a El Turco en la corte de la emperatriz de AustriaMaría Teresa en 1770, realizando posteriormente una gira por Europa durante varios años de la década de 1780. Durante esta época, el Turco fue exhibido en París, donde jugó una partida contra Benjamin Franklin, que este perdió. También jugó una partida contra Napoleón Bonaparte, quien en un momento hizo un movimiento ilegal, ante lo cual el Turco respondió tirando las piezas del ajedrez. Wolfgang von Kempelen decidió que el autómata estaba ocupando buena parte de su tiempo y lo relegó a un rincón del palacio de Austria, centrándose en otros autómatas.
En 1789, Freiherr Joseph Friedrich zu Racknitz construyó un duplicado de El Turco y escribió un libro ―publicado en Dresde― donde especulaba sobre su funcionamiento. A pesar de que su explicación era correcta en algunos puntos, dicha explicación resultaba en un maniquí que solo podía ser operado por un enano o un niño, y las medidas del autómata de Racknitz no eran las mismas que las de Kempelen.
Posteriormente hubo intentos de reproducir a El Turco mediante autómatas, como «El Ajedrecista». Aunque no tuvieron los mismo resultados.