
PISA eres tú (artículo sobre #PISA2015 publicado en El Correo, DEIA,...)

PISA 2025: 5 causas capitales del desastre y 6 posibles soluciones

Los resultados de PISA 2025, publicados el 8 de septiembre de 2026, nos han dejado anonadados. Era esperable el declive. porque confirma lo que ya se insinuaba en PISA 2018 y PISA 2022 (PISA 2021 no pudo realizarse por la pandemia), pero no en esa grado de pérdida de nuestras generaciones de infancia y juventud. Cae peligrosamente el rendimiento de los adolescentes de 15 años en lectura, matemáticas y ciencias ha seguido deteriorándose en buena parte del mundo rico. No se trata de un tropiezo puntual ni, según la propia OCDE, de un artefacto del instrumento. Es un cambio de época educativa, visible a la vez en el promedio de la OCDE, en España y, con particular intensidad, en el País Vasco.
PISA no mide “cultura general” ni fidelidad al currículo nacional. Mide la capacidad de aplicar conocimientos a problemas nuevos. Por eso su caída no es un dato administrativo: es un indicador de la capacidad cognitiva colectiva con la que una generación entra en la vida adulta, en un momento en que la inteligencia artificial y la complejidad informativa exigen precisamente lo contrario: atención sostenida, lectura de textos largos, razonamiento y perseverancia.
Hay momentos en los que una estadística deja de ser simplemente una estadística. Los resultados de PISA 2025, publicados por la OCDE el 8 de septiembre de 2026, constituyen uno de esos momentos. Más de 760.000 estudiantes de 91 países y economías han participado en esta evaluación internacional y el diagnóstico es inequívoco: el deterioro del rendimiento no afecta únicamente a un país o a un determinado modelo educativo. La OCDE registra una caída generalizada y sitúa el rendimiento medio de sus países miembros en mínimos históricos en matemáticas, lectura y ciencias.
Por tanto, sería un error interpretar el resultado exclusivamente como un «fracaso un agente o una comunidad», del mismo modo que sería tranquilizador atribuirlo únicamente a la pandemia, a los teléfonos móviles, a una determinada ley educativa o a la supuesta falta de esfuerzo de los adolescentes. El problema es más profundo, multifactorial y estrepitoso por fallo sistémico de todos los intervinientes. Estamos ante una disrupción cultural, tecnológica y educativa de gran alcance. Y precisamente por eso las soluciones tampoco pueden reducirse a apuntar hacia algo en concreto y menos aún a cambiar alguna ley cada pocos años.
Premisa crucial: la caída es internacional. La primera conclusión obliga a abandonar cualquier explicación exclusivamente nacional. Entre 2015 y 2025, la puntuación media de la OCDE cayó 22 puntos en matemáticas y 28 puntos en lectura. En ciencias, donde PISA 2025 situó su principal foco de evaluación, también se produjo un descenso, aunque considerablemente menor.
La magnitud es extraordinaria porque PISA no está describiendo solamente una oscilación coyuntural. La tendencia descendente venía manifestándose desde antes de la pandemia en numerosos sistemas. La COVID-19 agravó probablemente un problema que ya existía, pero no lo creó desde cero. Esta distinción es fundamental. Si pensamos que todo se debe a los confinamientos, nuestra respuesta será recuperar simplemente las clases perdidas. Si entendemos que existe una transformación estructural del aprendizaje, necesitaremos rediseñar parte del sistema.
1. Primera causa: la pandemia, pero no como explicación total. La pandemia provocó interrupciones escolares, aislamiento social, pérdida de rutinas, dificultades familiares y una aceleración improvisada de la educación digital. Su impacto sobre determinados grupos fue especialmente intenso. Pero la propia evidencia de PISA 2022 ya advertía de que no existe una relación sencilla entre duración del cierre escolar y caída del rendimiento. Algunos sistemas con cierres relativamente prolongados tuvieron resultados mejores que otros con interrupciones menores.
La pandemia debe entenderse, por tanto, como un acelerador. Aceleró tendencias anteriores: desigualdad, problemas de salud mental, pérdida de hábitos de lectura, dependencia tecnológica, dificultades de concentración, absentismo y debilitamiento de determinados vínculos entre escuela y familia. La cuestión no es volver a 2019. Es aprender a educar en una sociedad que ya no es la de 2019.
2. Segunda causa: la revolución de la atención. Probablemente estamos ante uno de los cambios menos comprendidos de nuestro tiempo. Durante siglos, aprender significaba fundamentalmente concentrarse durante períodos prolongados. Ahora vivimos rodeados de estímulos diseñados para interrumpir la concentración. Móviles, redes sociales, vídeos breves, videojuegos, notificaciones y plataformas digitales compiten permanentemente por la atención de los adolescentes.
No es una cuestión moral. Es una cuestión cognitiva. La atención sostenida es un recurso limitado. Y la escuela tiene que competir con industrias cuyo modelo económico consiste precisamente en maximizar el tiempo de permanencia del usuario. PISA ofrece señales relevantes. En 2022, alrededor del 30% de los estudiantes de los países de la OCDE declaraba distraerse por dispositivos digitales durante las clases. Además, la utilización moderada de dispositivos para aprender podía asociarse positivamente con el rendimiento, mientras que el uso excesivo o recreativo presentaba relaciones negativas. La conclusión no debería ser «tecnología sí» o «tecnología no». Debe ser: tecnología dentro cuando mejora el aprendizaje; tecnología fuera cuando destruye la atención.
3. Tercera causa: hemos debilitado la lectura profunda. La caída en comprensión lectora merece una consideración especial. Leer no significa únicamente descodificar palabras. Significa construir significado, inferir, relacionar ideas, distinguir hechos y opiniones, interpretar argumentos, reconocer matices y mantener información en la memoria de trabajo. La lectura profunda necesita tiempo. Y necesita una cierta tolerancia al aburrimiento. Una generación acostumbrada al desplazamiento permanente de contenidos puede encontrar especialmente difícil enfrentarse a un texto largo, complejo y sin recompensas inmediatas.
España ofrece aquí una señal preocupante: en PISA 2025 obtiene 451 puntos en lectura, frente a 474 en 2022. Es su peor resultado histórico en esta competencia. La respuesta debería ser inequívoca: hay que volver a enseñar a leer mucho, despacio y críticamente. No solamente en Lengua. También en Ciencias, Matemáticas, Historia, Filosofía y Tecnología. Un alumno que no comprende un problema escrito difícilmente podrá resolverlo matemáticamente, aunque conozca las operaciones.
4. Cuarta causa: menor esfuerzo cognitivo. Existe otro fenómeno que conviene abordar sin prejuicios generacionales. Aprender cuesta. La memoria, la práctica deliberada, la resolución de problemas, la escritura y la lectura exigente requieren esfuerzo. La educación contemporánea ha incorporado con razón metodologías activas, aprendizaje por proyectos, colaboración, creatividad y competencias. El problema aparece cuando estos enfoques se interpretan como sustitutos de los conocimientos básicos, y no como instrumentos para utilizarlos.
No existe pensamiento crítico sin conocimientos. No existe creatividad sólida sin dominio de un campo. No existe competencia científica sin fluidez matemática. No existe inteligencia artificial bien utilizada sin criterio intelectual. La educación debe recuperar un equilibrio entre conocimiento y competencia, contenidos y aplicación, memoria y comprensión.
5. Quinta causa: la inteligencia artificial cambia las reglas. PISA 2025 incorpora explícitamente el nuevo contexto de la inteligencia artificial. El problema no es que los estudiantes utilicen ChatGPT, Gemini, Claude u otros sistemas. El verdadero problema sería que la IA sustituyera precisamente las operaciones cognitivas que la escuela pretende desarrollar. Si una máquina resume, redacta, calcula, traduce y resuelve problemas, la educación debe plantear una pregunta nueva: ¿Qué necesitamos seguir aprendiendo los humanos cuando las máquinas pueden ejecutar buena parte de las tareas intelectuales rutinarias? La respuesta no puede ser «nada».
Debe ser exactamente la contraria: necesitamos más comprensión, más capacidad para formular preguntas, más razonamiento, más verificación, más cultura científica, más pensamiento crítico y más capacidad para distinguir una respuesta plausible de una respuesta verdadera. La IA debería convertirse en tutor, simulador, interlocutor y herramienta de investigación, no en sustituto del esfuerzo intelectual.
España: el problema es especialmente serio. España llega a PISA 2025 con resultados históricamente bajos. La puntuación nacional se sitúa en 457 puntos en matemáticas, 451 en lectura y 477 en ciencias. Respecto a 2022, las pérdidas son aproximadamente de 16 puntos en matemáticas, 23 en lectura y 8 en ciencias. El dato resulta particularmente preocupante porque España ya había experimentado retrocesos en las ediciones anteriores.
En PISA 2022, la OCDE constataba que los resultados españoles habían descendido respecto a 2015 en las tres competencias. No parece razonable atribuir todo el deterioro a una única reforma educativa. Tampoco sería científico afirmar que la LOMLOE es por sí sola responsable del descenso. Los estudiantes evaluados en PISA 2025 han pasado por una combinación de circunstancias: pandemia, transformación digital, cambios curriculares, nuevas pautas familiares, mayor diversidad social y lingüística, modificaciones en las prácticas docentes y cambios culturales profundos. La respuesta debería ser, por tanto, igualmente sistémica.
Euskadi: una alarma especialmente insufrible. El caso vasco merece un análisis específico porque Euskadi había construido durante décadas una reputación de sistema educativo relativamente sólido y equitativo. Los resultados de PISA 2025 obligan a revisar esa percepción. Euskadi obtiene 460 puntos en matemáticas, 419 en lectura y 459 en ciencias, frente a 482, 466 y 480 respectivamente en PISA 2022. La caída es particularmente dramática en comprensión lectora:47 puntos menos.
En lectura, Euskadi queda en la parte inferior de las comunidades autónomas. No es un pequeño retroceso estadístico. Es una señal estructural. Y precisamente por eso sería un error responder mediante una explicación simplista —por ejemplo, atribuirlo exclusivamente al modelo lingüístico, a la inmigración, a la metodología competencial o al uso de pantallas—. Cada una de esas hipótesis puede ser investigada. Ninguna debería convertirse automáticamente en una conclusión causal.
El propio organismo vasco de evaluación, ISEI-IVEI, señala que PISA 2025 incorpora además nuevas dimensiones relacionadas con el aprendizaje en el mundo digital y la lengua extranjera, mientras ciencias constituye la competencia principal de la edición. Euskadi necesita ahora investigación educativa propia, no solamente interpretación política de las tablas.
El factor socioeconómico sigue siendo determinante. PISA demuestra reiteradamente que el contexto familiar importa. En España, el estatus socioeconómico y cultural continúa siendo un predictor relevante del rendimiento. En PISA 2022 explicaba aproximadamente el 14% de la variabilidad del rendimiento matemático, frente al 15% en el conjunto de la OCDE. Pero hay una conclusión igualmente importante: la escuela sí puede compensar parcialmente las desigualdades de origen.
El objetivo no debería ser conseguir que todos los alumnos obtengan exactamente el mismo resultado. Eso sería imposible y tampoco deseable. El objetivo es que el origen familiar determine lo menos posible el destino educativo. Para ello hacen falta refuerzos tempranos, orientación, tutorías, becas, apoyo lingüístico, educación infantil de calidad y una atención mucho más individualizada.
Pasemos a las fórmulas urgentes que puedan corregir esta aterradora deriva.
1. Primera fórmula: recuperar la lectura. La medida más barata y probablemente una de las más poderosas sería establecer un innovador Plan Vasco y Español de Lectura Profunda. Entre 30 y 45 minutos diarios de lectura sostenida y cumplimiento estricto. Libros completos. Textos científicos. Ensayos adaptados. Literatura clásica. Prensa de calidad, si se encuentra. Y después, conversación y escritura. No se trataría de convertir la lectura en una asignatura más, sino en una infraestructura intelectual transversal. Un estudiante que lee bien aprende mejor prácticamente todo.
2. Segunda fórmula: volver a enseñar explícitamente los fundamentos. Necesitamos recuperar una idea aparentemente antigua y profundamente moderna: lo básico debe dominarse. Ortografía, vocabulario, sintaxis, cálculo, álgebra, proporcionalidad, estadística, razonamiento científico, comprensión de gráficos, escritura argumentativa. Después vendrán los proyectos interdisciplinarios, la creatividad, la programación, la robótica y la inteligencia artificial. Pero no antes. Un sistema educativo innovador no es aquel que utiliza más aplicaciones. Es aquel que consigue que sus estudiantes aprendan más y mejor.
3. Tercera fórmula: una política inteligente de pantallas. Ni tecnofobia ni tecnolatría. Un buen colegio del siglo XXI debería poder utilizar tablets, ordenadores, simuladores, laboratorios virtuales e inteligencia artificial y, simultáneamente, establecer períodos protegidos sin dispositivos. La evidencia disponible sugiere precisamente esa moderación: un uso educativo limitado puede resultar beneficioso, mientras que la distracción digital se relaciona negativamente con el rendimiento. La pregunta correcta no es «¿hay tecnología en el aula?». Es: «¿Qué aporta esta tecnología que el estudiante no podría aprender mejor de otra manera?»
4. Cuarta fórmula: dignificar y reconocer al profesorado. Ninguna reforma educativa funcionará sin profesores preparados, motivados y con tiempo para enseñar. Hay que reducir tareas burocráticas, mejorar la formación permanente, reforzar la carrera profesional y atraer talento hacia la docencia. Y hay que proporcionar al profesorado herramientas eficaces para gestionar aulas heterogéneas. PISA 2022 ya mostraba la importancia del apoyo docente: los estudiantes que percibían mayor disponibilidad de ayuda del profesor presentaban mejores resultados matemáticos. La innovación educativa no debería consistir en pedir al profesor que haga cada año diez cosas nuevas. Debería consistir en ayudarle a hacer mejor las cosas esenciales.
5. Quinta fórmula: intervenir antes. Una caída detectada a los 15 años puede haberse iniciado a los 7, a los 9 o incluso antes. Por ello necesitamos sistemas de alerta temprana. Si un niño presenta dificultades persistentes de comprensión lectora en tercero de Primaria, no deberíamos esperar hasta Secundaria. La regla debería ser sencilla: detectar pronto, intervenir pronto y evaluar si la intervención funciona. Esto exige evaluaciones diagnósticas rigurosas, pero no convertir la escuela en una sucesión interminable de exámenes. Evaluar no es examinar continuamente. Evaluar es obtener información útil para tomar mejores decisiones.
6. Sexta fórmula: menos teorías, más evidencias. España necesita superar el ciclo perverso de las reformas educativas. Cada cambio político modifica currículos, terminología, prioridades y estructuras. El profesorado vuelve a empezar.
Una política educativa madura debería establecer objetivos para diez o quince años. Por ejemplo: elevar sustancialmente la comprensión lectora; reducir el porcentaje de alumnado por debajo del nivel básico; aumentar el alumnado excelente; mejorar matemáticas y ciencias; reducir las brechas socioeconómicas; mejorar la formación docente; disminuir la distracción digital; integrar la IA con criterios pedagógicos. Y medir anualmente el progreso. No esperar tres años hasta PISA.
Una propuesta específica para Euskadi. Euskadi debería responder al resultado con un nuevo Pacto Escolar por el Aprendizaje, construido sobre evidencia y no sobre trincheras políticas. Debería incluir al menos: 1. Un plan extraordinario de comprensión lectora. 2. Refuerzo intensivo de matemáticas y ciencias. 3. Evaluación externa e independiente de las metodologías utilizadas. 4. Investigación rigurosa sobre el impacto de los modelos lingüísticos. 5. Programas específicos para alumnado inmigrante recién incorporado. 6. Formación avanzada del profesorado en IA y alfabetización digital. 7. Regulación efectiva de móviles durante la jornada escolar. 8. Reducción de burocracia docente. 9. Tutorías individualizadas para alumnado vulnerable. 10. Publicación transparente y pormenorizada de indicadores de progreso.
Y una undécima medida sine quo non: recuperar la ambición. Euskadi no debería conformarse con estar cerca de la media estatal o europea. Por esfuerzo histórico, por inversión mantenida y por imperativo de supervivencia debería aspirar de nuevo a situarse entre los sistemas europeos de mayor rendimiento y equidad.
La OCDE también necesita aprender de PISA. A modo de recopilación final, es preciso comprender que el problema no es exclusivamente vasco, ni español, ni de toda la OCDE. Si numerosos sistemas educativos avanzados están retrocediendo simultáneamente, la propia OCDE debería promover una investigación internacional sobre las causas. Necesitamos saber cuánto corresponde a: pandemia; digitalización; móviles; redes sociales; inteligencia artificial; hábitos familiares; lectura; salud mental; absentismo; disciplina; motivación; cambios curriculares; composición demográfica; condiciones docentes,... Y, sobre todo, necesitamos estudios longitudinales que permitan distinguir correlación de causalidad. PISA es extraordinariamente valioso, pero es una fotografía periódica. Para comprender la película necesitamos más datos y mucha más investigación.
Tampoco debemos convertir PISA en una competición de rankings. PISA no mide toda la educación. No mide directamente la calidad humana de una escuela, la creatividad completa de una persona, su ciudadanía, su felicidad, su ética o su capacidad para construir relaciones. Por eso sería absurdo reducir la educación a una tabla de posiciones. Pero también sería absurdo despreciar PISA cuando los resultados son malos. Las dos posiciones extremas son intelectualmente cómodas y científicamente pobres. PISA es un termómetro. No es la enfermedad. Pero cuando el termómetro marca fiebre, conviene investigar. Y en 2025 la fiebre es alta.
Una apelación a la verdadera innovación educativa. Quizá la lección más profunda de PISA 2025 sea paradójica. Para preparar el futuro no necesitamos necesariamente una escuela más tecnológica. Necesitamos una escuela más inteligente en el uso de la tecnología. Una escuela que enseñe a leer cuando todos consumen fragmentos. A calcular cuando existen calculadoras. A escribir cuando existe la IA generativa. A memorizar aquello que conviene tener disponible mentalmente. A investigar cuando existe Google, Quora, ChatGPT,... A contrastar cuando existen millones de respuestas. A conversar cuando proliferan las pantallas. Y a pensar cuando las máquinas empiezan a hacerlo extraordinariamente bien. La innovación educativa no consiste en introducir cada novedad. Consiste en conservar lo que funciona (siempre ha sido mucho más difícil de discernir que lo que hay que sumar) y cambiar aquello que ha dejado de funcionar.
Una década para recuperar el aprendizaje. El resultado de PISA 2025 debería provocar preocupación, pero no pesimismo. Los sistemas educativos pueden y deben cambiar. Existen países y territorios que han demostrado que es posible combinar equidad y excelencia. PISA identifica sistemas capaces de mantener buenos niveles de competencia básica junto con una distribución relativamente equitativa del rendimiento. La cuestión no es descubrir una fórmula mágica. No existe. La fórmula real es mucho menos espectacular y mucho más exigente: buenos profesores, buenos directores, familias implicadas, alumnos que estudian, currículos coherentes, evaluación rigurosa, lectura abundante, matemáticas sólidas, ciencia, disciplina razonable, tecnología bien utilizada y políticas educativas estables.
Y, por encima de todo, una sociedad adulta y consciente que vuelva a transmitir a sus jóvenes una idea esencial: aprender merece la pena. PISA 2025 no debería ser recordado dentro de diez años como el momento del desastre educativo. Debería convertirse en el momento en que decidimos cambiar de rumbo. No para volver al pasado. Sino para construir una escuela capaz de preparar a nuestros hijos y nietos para un mundo que será simultáneamente más tecnológico, más complejo y más humano. Porque la verdadera pregunta que plantea PISA no es qué posición ocupa España o Euskadi en una clasificación. La cuestión más trascendente es: ¿Qué estamos haciendo hoy para que las próximas generaciones puedan comprender mejor el mundo que nosotros? Y esa respuesta todavía está en nuestras manos.
Imagen de PISA 2015. Posts previos nuestros sobre PISA
Aprendamos del Informe PISA 2012
Las ideas que se enuncian seguidamente provienen de un análisis de innovación educativa, de aspectos para la mejora. ¿Qué hemos de aprender de PISA 201 para cambiar cada uno en la medida de sus posibilidades y mejorar entre todos nuestra educación? Evitaremos las más habituales referencias de reproche politiquero (siempre a algo o alguien ajeno), de triunfalismos injustificados (siempre habrá con qué comparase ventajosamente), de negatividad per se (hay quienes se regodean en lo que consideran un determinismo insoluble), o de mera venta de resultados (siempre habremos mejorado en algo, respecto a un promedio variante). - El Informe PISA pronostica, en cierto grado, el futuro de la ciudadanía de los diferentes países, que se ha demostrado altamente correlacionado con su nivel educativo y cultural.
- Algunos de los países asiáticos han relegado de los primeros puestos a la élite europea, en una tendencia de mejora que se confirma y consolida. Algunos analistas han criticado cierta indolencia de Europa frente a la máxima trascendencia educativa que se otorga en Asia.
- Sobresale Shanghai-China en primer lugar en las tres escalas (Matemáticas, Lectura y Ciencias) y que casi vapulea al segundo clasificado, Singapur. La irrupción de Shanghai-China
- La máxima relación entre la mejora de PISA y la actitud política (educativa y general) se puede pronosticar cuando la ciudadanía y la clase política hacen autocrítica y se aprestan a corregir factores que están a su alcance (desde lo familiar a lo macroeducativo). Las diferencias de actitud en la prensa escrita son muy notables según países (Finlandia, a pesar de su pérdida de liderazgo reacciona con prontitud).
- Como algunos expertos destacan la educación no sólo se produce en la escuela: "La sociedad ha cambiado más rápido que lo que nos gustaría. La realidad de los jóvenes es muy diferente a como la imaginamos. La educación ya no tan solo cosa del colegio y de la familia. Hoy por hoy, las redes sociales, Internet, la industria del entretenimiento, son tan válidas como otras", dice el presidente de la Unión de Profesores Olli Luukkainen.
- Si las desigualdades promediadas entre países o comunidades son inmensas (por ejemplo, entre Navarra y Extremadura hay un curso y medio de diferencia al llegar el alumnado a los 15 años), es imaginable la inmensa falta de equidad que se puede producir a escala de centro (o de alumnado).
- Sorprende (y apena) que haya países y comunidades (Canarias, Castilla-La Mancha, Comunidad Valenciana, Ceuta y Melilla) que ni siquiera participan (y paguen) en el Informe PISA. Quizá eviten figurar en puestos rezagados, pero manifiestan desconocer lo que es una evaluación para diagnosticar y mejorar su sistema educativo y social.
- Hay mediciones incluidas en el Informe PISA que son menos fiables que otras, como el índice de absentismo que figura en la página 141 del PDF, porque se basan en mediciones remitidas con criterios y toma de datos de muy diferente rigor (adicionalmente a las muy diversas situaciones sociológicas).
- Lo más relevante del Informe PISA es que mide tendencias,... siempre respecto a los niveles precedentes: Por ejemplo, el País Vasco respecto al trienio anterior empeora algo en Matemáticas, pero mejora más en Lectura y -sobre todo- en Ciencias (donde partía de un valor menor).
- Las competencias -que no contenidos curriculares- que mide el Informe PISA se alcanzan dentro de la escuela (unas 1.050 horas/anuales como máximo) y, sobre todo, fuera de ella (el resto de las 8.760 horas de un año). La lectura constante (en todo tipo de soportes, incluido el papel), el esfuerzo familiar, las muy decisivas actividades complementarias y extraescolares, las de aprendizaje conectado con otros agentes y condiscípulos (que irán cobrando relevancia) son críticas,...
- El factor familiar -incluido el grado de alfabetización de varias generaciones hacia atrás-, medido colectivamente (por la pertenencia a grupos étnicos en países como Estados Unidos), es determinante. Por ejemplo, el alumnado asiático-norteamericano ofrece los mejores resultados (¿madre-tigre tiene razón?, porque en Alemania o EE.UU. este alumnado de origen chino supera al de sus condiscípulos), similares a los Hong Kong o Corea del Sur, pero los hispano-americanos están tan mal como Grecia, y los afro-americanos se sitúan al final de la escala.
- La política educativa tiene más capacidad de empeorar lo esperable por nivel socio-cultural de las familias, como en el caso de Suecia, que es mejorar rápidamente lo que se deriva del ISEC (Índice Socio-Económico-Cultural). Con el mismo marco de leyes educativas, siempre que sea lo suficientemente flexible, se obtienen resultados tan dispares como los del Estado español. El último gráfico (a la derecha) muestra por CC.AA. la fuerte correlación entre PIB/persona y puntuación en el Informe PISA.
Primeras impresiones sobre el Informe PISA 2015 en Euskadi
De ahí deriva una medida correctora pedida hace años: incrementar las horas lectivas de ciencias como ya se establece en Heziberri 2020. No basta el incremento cuantitativo en este caso, que analizaremos en un posterior post: Se requieren modificaciones cualitativas del aprendizaje científico desde la enseñanza primaria,...
- Gracias PISA (medida de competencias), TIMMS & PIRLS (medida de conocimientos más académicos),... por aportar unos informes que objetivan una referencia comparativa de lo educativo.
- Las evaluaciones deben servir para mejorar el sistema. Desistimos de buscar excusas para justificar unos resultados muy mejorables, como lo de que se hacen por ordenador,... Esto ha sucedido en todos los países, y en Euskadi también se han hecho todas las evaluaciones diagnósticas por ordenador desde 2013, en Primaria y Secundaria. Así como el piloto de PISA 2009,... En todo caso denota baja competencia digital con PCs, y su escaso uso en educación, exámenes,...
- Nuestra educación es un reflejo de una sociedad,... que se precariza. Y el resultado de las competencias medidas se corresponde con el ISEC (Índice Socio-Educativo-Cultural) del alumnado y de sus familias (que está descendiendo,... producto de esa precariedad creciente que se niega).
- Las evaluaciones externas han de tomarse en serio,... y sospechamos que algunos centros no lo hacen (prepararse con ítems liberados puestos a disposición por PISA,...).
- En una sociedad bilingüe, la mitad de la OCDE lo es, los resultados pueden retrasarse,... cuando se miden a los 15 años. Más aún si hay docentes que no entienden que debe hacerse la prueba en el idioma familiar (en muchos casos el español aunque mayoritariamente se estudie en euskara). Resulta obvio que en la CAPV hay un problema de comprensión lectora (y de velocidad lectora en una prueba tasada en tiempo) que empeora no sólo Lectura, sino también Matemáticas y Ciencias. PISA ofrece la respuesta en el enunciado (pruébese con estos ejemplos).
- La solución debe centrarse a escala de centro. El centro (de innovación) es el centro (escolar). No vale de nada cambiar a escala macro-educativa, nuevo currículo, o grandes planes institucionales,... si a nivel de cada centro y de cada comunidad escolar no se acuerda un compromiso de esfuerzo y responsabilidad. El mismo Andreas Schleicher, Responsable de PISA, nos alerta que centrarse en la legislación... desvía la atención y perjudica los resultados. La primera y mejor medida podría ser participar en PISA for Schools de modo obligatorio, especialmente para los centros públicos, haciendo partícipes a las familias de los resultados de su centro concreto. La CAPV paticipó en un pilotaje de PISA 2012 para Centros Educativos en el curso 13-14.
- Lo anterior implica evaluar resultados a escala de centro educativo,... y no sólo con el índice de éxito escolar porque eso lo mismo indica buen aprendizaje que relajada docencia. No sugerimos que se hagan públicos los centros que aportan o no valor añadido a lo esperado por el ISEC de su alumnado, pero sí que este dato sea relevante para el claustro y decisivo en su financiación y funcionamiento. Igualmente debe actuarse sobre factores determinantes propios de las redes de titularidad pública y de titularidad concertada.
- Cada centro, cada red escolar, cada docente y cada padre o madre,... tenemos en nuestras manos la capacidad de esforzarnos más, de responder mejor a los desafíos del presente,... que condicionará nuestra futuro personal y colectivo.
- El primer paso de mejora es abandonar esa falsa sensación de calidad asegurada (quizá por la fuerte inversión dedicada), la autocomplacencia que gusta predicarse en política. En educación, como en la vida, sólo se garantiza lo que se persigue con denuedo.
- La educación es tan trascendental que no puede dejarse sólo en manos de docentes o políticos. Toda la ciudadanía debe involucrarse porque de su calidad y equidad depende su futuro. Necesitamos compromisos de país, como Portugal, Estonia (en Ciencias) o Singapur y su apuesta por el aprendizaje.
¿PISA o posverdad? Datos y soluciones. 1º/5
Mejor ver el vídeo yendo a EITB A la carta, del programa "En Jake" del jueves 16-2-17, a partir de las 13:18 o del minuto de grabación 1:08:00Estas entradas tuvieron un primer análisis, a vuelapluma, con aquellas Primeras impresiones sobre el Informe Pisa 2015 en Euskadi (ver post), que hizo surgir dudas sobre aquellas "intuiciones",... que han sido corroboradas por el estudio pormenorizado del ISEI-IVEI.
Creemos en un debate abierto, constructivo, que empodere a la ciudadanía, que le informe y forme,... Reiteramos el ¡GRACIAS PISA!, gracias ISEI-IVEI, por ser un termómetro RIGUROSO Y TRASCENDENTE, que no se puede falsear ni ensayar, que mide la fiebre (aunque hemos de aprender mejor a tomar la temperatura, dónde y cómo poner el termómetro).
En estos textos destacaremos lo mejorable, desde esta DISONANCIA COGNITIVA (¿no teníamos un sistema educativo inmejorable?), porque hemos de felicitarnos por nuestra atención e inversión eeducativas, que queda mucho margen de mejora en Innovación Educativa desde hace 42 años,... No basta hacer cambios meramente superficiales,... Se han de aplicar medias a corto, medio y largo plazo, y si bien los de efecto a largo plazo (como mejorar la formación inicial y continua del profesorados, su acompañamiento y asesoramiento,...) son los más urgentes,... también hemos de aprestarnos a que #PISA2018, en un año, mejore nuestra autoimagen hecha con un selfie de PISA, porque PISA eres tú.
1º.- Descenso notable del ISEC (Índice SocioEconómico Cultural) en la CAPV (imagen de la página 21 del informe).
Es cierto que un alto ISEC no siempre garantiza buenos resultados en PISA (Islandia es la mejor prueba), pero la correlación entre descenso de ISEC y empeorar resultados en competencias es más seguro. Por tanto, si ya antes de PISA 2015 erróneamente confiábamos que nuestro ISEC en el Estado (el segundo ahora tras la Comunidad de Madrid), a futuro con caídas tan importantes hay que adoptar acciones urgentes para evitar los peores presagios.
Soluciones propuestas: Mejorar nuestro ISEC logrando que remonte, con medidas socioeconómicas y culturales.
Hay que evitar que se repita en 2018 el grave decrecimiento del ISEC producido en el trienio 2012-2015, en el conjunto de la CAPV de 0,03 al -0.25 respecto a la media de la OCDE, especialmente en la red Pública desde -0.17 a -0.50, pero también en la red Concertada del +0,19 al -0.03. Todo esto significa mejorar rentas familiares, asegurar ingresos mínimos en las familias (especialmente con escolares),... Pero no sólo se trata de datos económicos, sino también culturales, de acceso al conocimiento,... tales como los recursos disponibles en el hogar (número de libros, dispositivos digitales…). De ahí la urgencia en un Plan Lector con Clubs de Lectura Escolar, gamificados y que alcancen al alumnado y a las familias y les impulsen a adquirir hábitos lectores, en todo tipo de soportes, para ganar compresión y velocidad lectoras,...
Según el gráfico en #PISA2015 nada menos que un 9,1% del alumnado pasa a realizar la prueba del castellano al euskera hasta el 25%, a pesar de que los hogares euskeldunes bajan en este trienio del 20,6% al 18,2%, pasando los castellano-parlantes del 76,2% al 77.8%, y los de otra L1 (lengua familiar, árabe, rumano, chino, portugués,...) del 3.2% al 4.0%.
Este 9,1% que cambia de lengua de la prueba estadísticamente era alumnado con un comparativo alto nivel competencial, que se minusvalora por falta de comprensión y velocidad lectora. El resultado es que penalizan fuertemente, según la lengua de la prueba, a ambos grupos: A quienes realizaban antes en euskera (bien elegidos por sus hogares en 2012) y a quienes respondían en castellano. Si bien la serie desde 2003, con muestra propia es digna de análisis, las bajadas según lengua prueba son escalofriantes: -21,9% al -29.5% en ciencias (imagen no adjuntada), del -1.8% al -25.1% en lectura (imagen anexa ampliada) y del -13.2% al -24.3% en matemáticas (ver imagen no adjuntada).
En 2012 el alumnado que hizo la prueba en euskera era 11,2 puntos MÁS COMPETENTE en lectura que el promedio de quienes la hicieron en castellano (507,5 puntos frente a 496,3). Simplemente relajando que la prueba la hagan en la lengua que prefieran, esa deriva del 9,1% del alumnado hacen que en 2015 se volteen los resultados haciendo que comprendan mejor (ahora son 12,2 puntos superiores los de castellano, 494,5 puntos frente a 482,4 los de euskera). Esto tan claro, que repercute en ciencias y matemáticas porque no se entienden bien y con rapidez los enunciados, ¿lo llegarán a entender algunos prescriptores, docentes, familias,...? Confiemos que no se abunde en este erro en PISA 2018.
Soluciones propuestas: Esto requiere difusión, explicación de qué es PISA, medición a los 15 años de qué son capaces de entender y hacer nuestros alumnos y alumnas,... en una prueba tasada en tiempo,... Con una respuestas ciertas de las familias, con instrucciones claras y prescritas de elegir la lengua familiar como la de la prueba para recoger más y mejor las competencias discentes, la mejoría en las tres áreas sería más que perceptible (estimativamente en torno a diez puntos, al menos, como mínimo). PISA es algo científico, medido con un método objetivo y sin margen para especulaciones u opiniones no probadas.
En el próximo post analizaremos otros dos aspectos preocupantes con algunas de las innovaciones para recuperar los resultados que merecemos.
3º.- Bajísimos porcentajes de alumnado en los niveles de excelencia, especialmente en el nivel 6.

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