Felicidad, experiencias y el recuerdo que dejan,...

Daniel Kahneman, psicólogo y Premio Nobel en Economía en 2002, fundador de la economía conductual revela cómo nuestro "yo que tiene experiencias" y nuestro "yo que recuerda" perciben la felicidad de manera diferente. Esta nueva revelación tiene profundas implicaciones para la economía, las políticas públicas... y nuestra propia conciencia de nosotros mismos.

El factor tiempo, la duración, apenas tiene influencia en la historia que recordamos de lo que vivimos. Influye, sobre todo, el final que condiciona nuestro recuerdo. Nos descubre nuestros dos yos: el yo que experimenta el presente vivo y el yo que recuerda el pasado vivido. Ambas identidades mantienen muy diferentes nociones de lo que es la felicidad.

Daniel Kahneman también nos habla del Estudio sobre Felicidad de UP-TNS Gallup, de muy recomendable lectura. Y esa Encuesta Gallup da una cifra: 60.000 $/año (para los norteamericanos). Ese el salario de la felicidad. Por encima de esa cifra, ganar más dinero no aporta más felicidad,... al yo que vive la experiencias (aunque sí lo haya al yo que recrea, recuerda, su historia). Por eso, quizá sea cierto que el dinero no da la felicidad (siempre que se cuente con ese mínimo de 43.600€ al cambio). 

Obligado es realizar el experimento mental sobre las próximas vacaciones que nos propone Daniel Kahneman. En nuestro caso, nos ratifica que acudir a nuestra habitual AlicanTerapia en Pilar de la Horadada (Alicante) es una magnífica elección. Muy recomendable su libro «Pensar rápido, pensar despacio», que se puede leer íntegramente en este enlace de Google Books.

Muchas más con la etiqueta TED..

1 comentarios:

Enrique Sánchez dijo...

Nuestra memoria, el conjunto de todas ellas, no deja de reescribirse una y otra vez. Y los recuerdos se enturbian y se distorsionan, se mezclan con el presente y se cargan de expectativas sobre el futuro, sobre lo que suponemos, esperamos o tememos que va a pasar.

Y aquí reside una de las claves del aprendizaje, en el uso que le damos a la memoria y en la posibilidad que tiene de impulsar o de paralizar. Desde este punto de vista, podríamos distinguir entre dos formas de usar la memoria, aquella que potencia y facilita que el aprendizaje se siga produciendo y esa otra que supone una carga y lo limita. La ejecución de movimientos de un pintor, el toque personal de un cocinero y, en general, la maestría en cualquier oficio o situación en la es preciso arriesgar, combinando la experiencia con la innovación, serían memoria del primer tipo. Por el contrario, la repetición, la actitud desconfiada ante lo nuevo o lo diferente, el uso de viejas fórmulas para resolver problemas nuevos y todo aquello que suponga revivir nuestras manías, obsesiones, traumas, prejuicios y situaciones mal vividas formarían parte de ese otro tipo de memoria que nos empeñamos en cultivar.

Porque nuestro sistema educativo fomenta muy poco la primera y propicia mucho la segunda, proporciona pocas alas y genera mucho peso.

http://www.otraspoliticas.com/educacion/aprender-de-memoria

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