Miss Afganistán

Tras décadas de guerras internas con intervención de los ejércitos más poderosos del planeta, el 5-12-2001 nació en Bonn un nuevo Afganistán, mediante un acuerdo auspiciado por la ONU y firmado los principales grupos afganos. Lakhdar Brahimi, el representante de la ONU para Afganistán, declaró que el pacto suponía “un primer paso para la construcción de un Afganistán pacífico, democrático y próspero”. El líder pastún Hamid Karzai, leal al ex rey Zahir Shah y designado primer ministro, señaló que, aunque proseguía el enfrentamiento armado en Kandahar, sus “principales preocupaciones serían la economía y la seguridad”. En el seno de un complejo gobierno interino con pastunes, tayicos, hazaras, uzbecos y otras etnias afganas, destacaban dos mujeres: Sima Samar, para la cartera de Asuntos de la Mujer, y Suhaila Seddiqi como ministra de Sanidad. Estas incorporaciones femeninas fueron especialmente significativas porque las mujeres afganas sufrieron especialmente la represión talibán durante los últimos años, debiendo abandonar sus puestos de trabajo, renunciando a la educación y viviendo totalmente marginadas de la vida social. El jefe de la delegación del Frente Unido Yunus Qanooni, y posterior ministro de Interior, se comprometió a trabajar para transformar Afganistán “en un país pacífico, democrático, donde se respeten los derechos humanos y los derechos de las mujeres”.

Afganistán dejó de ser noticia, porque a un país pobre sólo la guerra le saca del anonimato, hasta que una pintoresca noticia circuló por los teletipos: El olvidado país volvía a competir en un concurso de belleza. Vida Samadzi, una afgana de 25 años, residente en Estados Unidos y estudiante en una universidad californiana, desataba el morbo universal por el contraste entre el biquini y la burka. Vida, precioso nombre, aducía que no sólo es una mujer guapa, sino que intenta impulsar los derechos de la mujer y su educación en su país. Con su presencia en el concurso, quería "demostrar al mundo que las mujeres afganas somos talentosas, inteligentes y hermosas", aunque su opinión no es compartida por la mayor parte de la población de su país, donde pervive una fuerte tradición islámica. La respuesta del Tribunal Supremo de Afganistán no se hace esperar y condenan la participación de Vida en el certamen de Miss Mundo, criticándola por aparecer en público en bikini, lo que va en contra de "la 'sharía', el Islam y la cultura del país".

Los medios de comunicación internacionales se hacen hecho eco de las opiniones, todas contrarias a la joven, de ciudadanos afganos, hombres y mujeres, sobre las imágenes difundidas de Vida en bikini: "No es afgana", "se le debería retirar la nacionalidad", "podría haber participado con ropa tradicional de nuestro país",… Pese a la caída del régimen Talibán, algunos de los gobernadores provinciales afganos siguen imponiendo un régimen islámico estricto, obligando a las mujeres a taparse de los pies a la cabeza con la "burka" e impidiéndoles algunas actividades públicas y el trabajo. Incluso en Kabul, donde las costumbres son menos estrictas, la gran mayoría de las mujeres viste la burka para salir a la calle.

Lo más lamentable de todo es que sólo una noticia de este tipo, foto con bikini rojo incluida, sea capaz de traspasar la criba de los informativos. Frivolidad, plasticidad, impacto visual, superficialidad, simplicidad, reflexión efímera,… parecen ser los criterios imperantes en la selección de contenidos. Seguiremos sin saber nada riguroso de Afganistán, sólo algo de su epidermis, de su dermis o de su Miss.

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