Ahogar el hogar

La “solución habitacional” de 30 metros cuadrados, ¿es un piso sin peso ni poso que se puso de paso?

La genial escritora Dorothy Parker decía, refiriéndose a sus inicios profesionales con su colega Robert Benchley: “Él y yo teníamos una oficina que de haber sido una pulgada más pequeña hubiera sido adulterio”. Porque oficinas y viviendas de tamaña reducido siempre ha habido. Incluso hoy día, existe gente (incluso pudiente) que vive feliz con fórmulas de alquiler o propiedad en apartamentos, pisitos, habitáculos o ratoneras,… de 22, 30, 35 ó 40 metros cuadrados. Una amiga inclusive reseña ventajas como la de seguir viendo la TV cuando vas al baño…

En nuestra sociedad, sólo el 0,4% de los pisos tiene menos de 30 metros cuadrados. Pero en Madrid esta cifra se eleva hasta el 1,2%, y en el Estado francés alcanza el 4%, y en París sube al 10%. Un sociólogo ha calculado que si se dividen los metros cuadrados habitables por el número de habitantes, nos corresponden en nuestro entorno europeo unos 30 m2… a cada persona.

Vivimos una realidad social cambiante con la aparición de nuevas tipologías familiares, con una presencia creciente de personas solteras, divorciadas o viudas, así como familias monoparentales (más del 10% en Catalunya). Por otra parte, el insoportable precio de las viviendas disponibles en el mercado inmobiliario condiciona que el 70% de los jóvenes menores de 30 años resida aún con sus padres, cuando en Francia más del 50% de los mayores de 21 años vive por su cuenta.

Los minipisos, preferentemente en alquiler, pueden representar una solución temporal válida para determinadas épocas de la vida, durante etapas juveniles o universitarias, de residencia laboral provisional o para la tercera edad, siempre que así lo prefieran sus inquilinos. Por ello, resulta absurdo que mientras acumulan telarañas más del 15% de las viviendas que están desocupadas y que tampoco se ponen en alquiler, la construcción de vivienda libre y protegida se dirija casi exclusivamente a residencias de tamaño medio, grande o muy grande. Entre tanto, en los servicios públicos de vivienda (como Etxebide) se agolpan millares de demandantes inscritos para alquilar o adquirir pisos asequibles.

Evidentemente hemos de distinguir entre una residencia temporal y un hogar. Porque en caso contrario, al final no sabremos si la vivienda fue menguando con las familias, o fueron las familias las que no pudieron crecer en micro-pisos. La raíz de la carestía de la vivienda se cimienta en la especulación inmobiliaria, no sólo de las empresas constructoras sino también de la falta de suelo que algunos municipios no facilitan, lo que resulta injustificable fuera de los centros urbanos de las principales metrópolis.

Dicen que si se quiere saber cómo es una persona, mira cómo es el hogar en que vive; esto mismo rige para una sociedad. Los proverbios nos recuerdan que el hogar de cada uno es su castillo. Un proverbio coreano sugiere incluso que “en un hogar pobre el marido ama más a su mujer”. Lo cierto, urgente y exigible es que todos merecemos disponer de un hogar, y mejor de un “dulce hogar”. Y que las parejas para procrear y criar debidamente a sus hijas e hijos necesitan viviendas dignas en equipamiento, ubicación y tamaño.

Artículo ilustrado en: http://mikel.agirregabiria.net/2005/hogar.htm

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