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Momentos de memoria fotográfica de El País en Bilbao

Momentos de memoria fotográfica de El País en Bilbao
Álbum de imágenes.

Este domingo hemos podido ver y grabar la exposición Momentos, acogida en Bilbao hasta el 24 de septiembre de 2026. Es una selección de fotografías que recorre cinco décadas de historia a través de la mirada del fotoperiodismo de EL PAÍS. Instalada al aire libre en la calle Ercilla, la muestra reúne 55 imágenes de gran formato y convierte el espacio urbano en una particular galería de memoria colectiva.

La exposición forma parte de las actividades del 50º aniversario de EL PAÍS, nacido en 1976, y está comisariada por Marisa Flórez, fotógrafa y antigua editora gráfica del periódico. La selección combina acontecimientos internacionales y españoles que han quedado inscritos en la memoria contemporánea: la caída del Muro de Berlín, acontecimientos relacionados con las Torres Gemelas, migraciones, encuentros de dirigentes políticos o celebraciones deportivas. Son imágenes que, además de informar sobre un acontecimiento concreto, terminan convirtiéndose en iconos de una época.

Bilbao incorpora una dimensión especialmente cercana. Cinco fotografías añaden episodios vinculados a la historia vasca y bilbaína: la transformación industrial de Bizkaia, el regreso del lehendakari Jesús María Leizaola del exilio, la figura de José Ángel Iribar, la gabarra del Athletic surcando la ría y la Aste Nagusia. La elección establece un diálogo entre la historia general y la memoria local, entre aquello que aparece en los libros y aquello que permanece en la retina de varias generaciones.

La muestra recuerda también que hacer periodismo en Euskadi tuvo durante décadas una dificultad añadida por la violencia de ETA. El comisario de la exposición, Javier Moreno, señala que hubo un tiempo en que firmar una información con nombre propio podía entrañar un riesgo personal. La exposición no solo conserva fotografías: conserva también el contexto en el que fueron tomadas.

Cada imagen incorpora un código QR que permite acceder a un audio de la Cadena SER en el que Marisa Flórez explica su contexto y relevancia periodística. Así, la fotografía deja de ser únicamente contemplación y se convierte también en una invitación a comprender.

Quizá esa sea la idea más sugerente de Momentos: 50 fotografías no pueden contener 50 años de historia, pero pueden activar recuerdos personales y colectivos. Una imagen congela un instante; nuestra memoria se encarga después de devolverle movimiento. En una época saturada de imágenes digitales, la exposición reivindica precisamente el valor de aquellas fotografías que no solo muestran lo que ocurrió, sino que ayudan a entender quiénes fuimos, quiénes somos y cómo hemos llegado hasta aquí.

@agirregabiria

Momentos de El País en Bilbao 1/2

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@agirregabiria

Momentos de El País en Bilbao 2/2

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Preguntas de Fermi para estimar lo aparentemente imposible

Hoy repasamos las Preguntas de Fermi, para aprender a calcular sin conocer todos los datos. ¿Cuántos afinadores de piano trabajan en una gran ciudad? ¿Cuántos granos de arroz caben en un estadio? ¿Cuántas gotas de agua contiene una piscina olímpica? ¿Cuántos pelos tiene una persona? A primera vista, parecen preguntas destinadas al fracaso: carecemos de los datos necesarios para responderlas con precisión. Sin embargo, precisamente ahí reside su interés.

Las preguntas de Fermi son problemas que pueden resolverse mediante estimaciones razonables, descomponiendo una cuestión aparentemente imposible en varias preguntas más sencillas. Reciben su nombre de Enrico Fermi, uno de los grandes físicos del siglo XX, célebre tanto por sus contribuciones a la física nuclear como por su capacidad para realizar cálculos aproximados mentalmente. La cuestión no consiste en acertar una cifra exacta. Consiste en aprender a pensar cuando la información es incompleta.

Del problema imposible a una cadena de preguntas. Imaginemos la pregunta clásica: ¿cuántos afinadores de piano puede haber en una ciudad? No necesitamos conocer el número real. Podemos comenzar suponiendo que la ciudad tiene un millón de habitantes. Quizá uno de cada cien hogares posea un piano; serían 10.000 pianos. Si cada piano necesita una afinación aproximadamente una vez al año y un afinador puede realizar unas cuatro afinaciones al día durante 250 días laborales, cada profesional podría efectuar unas 1.000 al año. La división final —10.000 entre 1.000— proporciona una estimación de unos diez afinadores.

La cifra puede estar equivocada. Incluso puede estarlo por un factor de dos o tres. Pero el razonamiento es transparente: cualquiera puede revisar las hipótesis, modificarlas y comprobar cómo cambia el resultado. Ese procedimiento constituye una pequeña lección de metodología científica: suposición, modelo, cálculo, contraste y revisión.

La importancia del orden de magnitud. Las preguntas de Fermi enseñan una habilidad especialmente valiosa en física y en ingeniería: distinguir entre 10, 100 y 1.000 resulta mucho más importante que decidir entre 237 y 241. El concepto de orden de magnitud permite trabajar con potencias de diez y reconocer rápidamente si un resultado es plausible. Un cálculo aproximado puede revelar que una respuesta publicada es imposible, incluso sin disponer de todos los datos necesarios para reconstruirla. Esta competencia tiene además una dimensión crítica. En una sociedad saturada de cifras, porcentajes, gráficos y estadísticas, saber estimar ayuda a detectar afirmaciones absurdas, errores de escala y conclusiones exageradas. 

Una herramienta educativa extraordinariamente fértil. Las preguntas de Fermi poseen un particular valor pedagógico porque no tienen necesariamente una única vía de solución. Permiten combinar matemáticas, física, razonamiento lógico, conocimientos cotidianos e imaginación.

Un profesor puede plantear, por ejemplo: ¿cuánta energía consume una ciudad durante un día?, ¿cuántas palabras pronunciamos durante nuestra vida?, ¿cuántos autobuses serían necesarios para transportar a todos los habitantes de una localidad?, ¿cuánta lluvia cae sobre un campo durante una tormenta? El objetivo no debería ser penalizar una estimación imperfecta, sino analizar qué hipótesis se han utilizado y cuáles son más determinantesAquí aparece una enseñanza profunda: cuando desconocemos algo, no siempre debemos detenernos. Podemos construir un modelo provisional y mejorarlo progresivamente.

De Fermi a la inteligencia artificial. La actualidad concede a estas preguntas una nueva relevancia. Los buscadores y la inteligencia artificial pueden proporcionar rápidamente cifras concretas, pero disponer de un número no garantiza comprenderlo. Una pregunta de Fermi obliga a recorrer el camino inverso: primero razonar, después calcular y finalmente comprobar. Incluso cuando una máquina ofrece la respuesta, necesitamos criterio para evaluar si resulta coherente.

En realidad, la lección de Fermi trasciende la física. Investigar significa a menudo trabajar con incertidumbre, datos incompletos y modelos imperfectos. La ciencia no siempre comienza con una respuesta; muchas veces comienza con una buena pregunta. Las preguntas de Fermi nos recuerdan, por tanto, que pensar bien no significa saberlo todo. Significa saber qué podemos inferir de lo que conocemos, reconocer nuestras incertidumbres y convertir un problema enorme en una sucesión de problemas manejables. Y quizá esa sea una de las formas más sencillas —y más poderosas— de enseñar ciencia: pedir a alguien que estime lo que parece imposible y preguntarle, sobre todo, cómo ha llegado hasta allí.

A continuación 12 ejemplos muy variados, evitando el clásico de los afinadores de pianos de Chicago:

  1. 🚕 ¿Cuántos taxis circulan ahora mismo por Getxo?  Población → personas que usan taxi → viajes diarios → horas de actividad → taxis necesarios.
  2. ☕ ¿Cuántos cafés se beben cada día en Bilbao? Habitantes → porcentaje que toma café → cafés/persona/día → consumo fuera de casa.
  3. 🏟️ ¿Cuántas pelotas de fútbol cabrían en San Mamés? Volumen del estadio → volumen aproximado de una pelota → factor de empaquetamiento.
  4. ✈️ ¿Cuántos aviones están volando sobre Europa en este momento?Vuelos diarios → duración media → horas del día → distribución geográfica.
  5. 📱 ¿Cuántos teléfonos móviles hay encendidos ahora mismo en Francia? Población → móviles por persona → porcentaje encendido → dispositivos secundarios.
  6. 🌳 ¿Cuántos árboles hay en Bilbao? Superficie urbana → superficie arbolada → densidad media de árboles → parques y calles.
  7. 🍕  ¿Cuántas pizzas se venden en Navarra un sábado por la noche? Hogares → porcentaje que pide pizza → frecuencia → pizzas por pedido.
  8. 🚿 ¿Cuántos litros de agua se gastan en Alicante mientras alguien se ducha? Población → duchas/día → duración → litros/minuto.
  9. 🧑‍🏫 ¿Cuántos profesores hacen falta para enseñar a todos los niños de Europa? Población infantil → alumnos por profesor → horas lectivas → organización escolar.
  10. 📚 ¿Cuántos libros cabrían en una biblioteca de 1.000 m²? Superficie útil → estanterías → metros lineales → libros por metro.
  11. 🌧️ ¿Cuántos litros de agua caen sobre Bilbao durante una tormenta? Superficie afectada × precipitación acumulada. Una excelente ocasión para convertir milímetros de lluvia en litros.
  12. 💶 ¿Cuántas monedas de un euro harían falta para llenar una bañera? Volumen de la bañera → volumen de una moneda → huecos entre monedas → número total.

Una especialmente buena para educación: ¿Cuántas veces se abre una puerta en Bilbao en un día? Parece absurda, pero obliga a formular hipótesis: número de habitantes, hogares, oficinas, comercios, colegios, entradas y salidas, puertas por edificio, aperturas por persona… Y ahí está precisamente la gracia de Fermi: la calidad de la respuesta depende menos de acertar el número que de construir un razonamiento defendible.

Educar en preguntas de Fermi es, en última instancia, educar en una forma de coraje intelectual: la de atreverse a responder algo razonable cuando lo cómodo sería callar por falta de certeza absoluta. Post relacionado: Paradoja de Fermi.

Una semana fuera del tiempo: ¿Pasado o futuro?

Hoy en la piscina un vecino murciano muy viajado, Javier Navarro Pina, nos ha planteado a un grupo una pregunta con mucha enjundia, que hemos ido respondiendo como hemos improvisado. Esta era la formulación: Si pudieras pasar una semana en cualquier momento de la historia pasada o del futuro, ¿qué año y lugar elegirías? 

Ahora, con un poco más de tiempo, descomponemos la pregunta en dos posts, porque es una cuestión sumamente interesante para un blog de historia, literatura, filosofía y educación: 1º ¿Preferirías conocer el pasado que nos explica o viajar al futuro para saber qué nos espera? 2º Sería definirte por un tiempo y lugar (en el siguiente post).

¿Viajarías al pasado para comprenderlo o al futuro para descubrirlo? Siete días para conocer mejor el pasado o para descubrir el futuro de la humanidad en este viaje improbable hacia adelante e imposible hacia atrás que todos querríamos hacer, hacia el ayer (incluso previo a  nuestro nacimiento) o al mañana cercano o remoto. ¿Conocer nuestros orígenes o nuestro destino? Serían dos formas fascinantes de conocer la humanidad, su principio y -quizá- su final, revivir cómo fuimos o cómo seremos.

Es una pregunta excelente porque obliga a elegir entre la nostalgia de lo que sabemos que ocurrió y la curiosidad por lo que todavía no conocemos. Si la elección fuera realmente libre —una semana, cualquier lugar, con regreso garantizado y sin alterar la historia—, yo distinguiría entre una elección intelectualmente fascinante y otra emocionalmente poderosa. Analizamos sus pros y contras de cada opción.

Una semana en el pasado. 

Ventajas: 1. Ser testigo de un momento histórico real. Podrías estar en Atenas durante la época de Pericles, en Florencia con Leonardo, en París durante la Revolución Francesa, en Bilbao durante la industrialización o contemplar una civilización desaparecida.

2. Ver a grandes personajes sin intermediarios. Conversar —si fuera posible entenderse— con Sócrates, Aristóteles, Cervantes, Shakespeare, Einstein o Marie Curie sería una experiencia incomparable.

3. Resolver enigmas históricos. ¿Quién dijo realmente determinadas frases? ¿Cómo era exactamente una batalla? ¿Qué ocurrió entre bastidores? ¿Cómo vivía una persona corriente en una época concreta?

4. Comprender la vida cotidiana. Los libros conservan acontecimientos, pero rara vez transmiten completamente los olores, sonidos, comidas, enfermedades, miedos, trabajos y relaciones humanas de una época.

5. Comparar mito y realidad. Quizá descubriríamos que algunas épocas que idealizamos fueron mucho más duras de lo que imaginamos.

Desventajas: Higiene, enfermedades y medicina: una semana podría ser mucho más peligrosa de lo que parece. Barreras lingüísticas: incluso viajando a nuestro propio país podríamos no entender fácilmente la lengua de hace siglos. Violencia y desigualdad: muchas sociedades históricas eran extraordinariamente inseguras. Ausencia de comodidades modernas: electricidad, antibióticos, agua corriente, comunicaciones… Riesgo psicológico: comprobar que nuestros héroes eran seres humanos bastante menos admirables podría resultar decepcionante. Y existe una gran paradoja: sabemos cómo terminó el pasado, pero no podemos cambiarlo.

Una semana en el futuro

Ventajas: 1. Conocer qué ocurrió realmente. Podríamos saber qué tecnologías triunfaron, cómo evolucionó la humanidad y qué problemas actuales fueron resueltos.

2. Contemplar tecnologías hoy inimaginables. Medicina regenerativa, inteligencia artificial, energía ilimitada, exploración espacial, longevidad inverosímil, realidad aumentada, teletransporte,…

3. Conocer el destino de la humanidad. ¿Habrá ciudades en Marte? ¿Habrá desaparecido el automóvil privado? ¿Cómo será la educación? ¿Seguirán existiendo los Estados?

4. Resolver incertidumbres personales y colectivas. Incluso podríamos descubrir qué ocurrió con nuestra familia, nuestra ciudad, nuestra cultura o nuestro propio legado.

5. Volver con conocimiento extraordinariamente valioso. Una semana en el futuro podría proporcionar información capaz de transformar nuestro presente.

Desventajas: Y aquí aparece el gran problema de una experiencia que sería radicalmente distinta. Podría ser un futuro que no quisiéramos conocer. Podríamos encontrarnos con: cambio climático irreversible; guerras devastadoras; pérdida de libertades; sociedades profundamente desiguales; una inteligencia artificial dominante; desaparición de especies; colapso demográfico; una humanidad que ya no reconocemos.

Además, existe un riesgo filosófico y científico (porque nada con masa puede viajar al futuro): si conocemos el futuro, quizá dejamos de ser libres respecto a élY otro todavía más inquietante: ¿qué ocurriría si descubrimos que nosotros mismos ya no existimos, o no que nada del legado propio personal o colectivo?

¿Qué elegiría yo?

Si la condición fuese regresar exactamente al presente al cabo de siete días y no modificar nada, elegiría el futuroPero no viajaría miles de años. Elegiría probablemente unos 100-150 años hacia adelante, quizá alrededor de 2150-2175.

¿Por qué? Porque 150 años permitirían contemplar transformaciones enormes sin convertir el viaje en una visita a un universo completamente incomprensible. Me interesaría especialmente observar: cómo viven las personas, cómo aman, cómo educan a sus hijos, qué leen, qué consideran trabajo, qué significa ser humano y qué relación mantienen con las máquinas. Más que conocer los inventos del futuro, querría descubrir qué ha ocurrido con la condición humana.

Y hay una segunda opción que parece todavía más tentadora: viajar al pasado a un momento concreto de Bilbao o del País Vasco, para observar durante una semana la vida cotidiana de nuestros antepasados. Porque el futuro podemos intentar construirlo; el pasado ya es irrecuperable.

La verdadera elección, en realidad, las dos opciones responden a dos deseos humanos legítimos pero diferentes: Pasado → “Quiero saber de dónde venimos.” o Futuro → “Quiero saber hacia dónde vamos.”

Historia de LUBE: Todas sus motocicletas (1947 a 1967)

LUBE: Todos sus modelos de motocicleta ordenados por fecha de lanzamiento. La historia de LUBE ocupa un lugar singular en la industrialización motociclista española de la posguerra. Nacida en el entorno de Bilbao y vinculada estrechamente a Lutxana, en Barakaldo, la marca fue fundada por el ingeniero y antiguo piloto Luis Bejarano Murga. Entre 1947 y 1967 produjo una sucesión de motocicletas que permiten recorrer, casi como en un laboratorio histórico, la evolución de la moto española: desde las sencillas máquinas utilitarias de dos tiempos hasta las deportivas Renn capaces de superar los 120 km/h.

Conviene advertir que no existe una única nomenclatura histórica completamente uniforme. Catálogos, archivos de aficionados y fuentes museísticas utilizan en ocasiones denominaciones diferentes para versiones o evoluciones de un mismo modelo. Por ello, la siguiente cronología distingue las principales familias y variantes documentadas, indicando el año de aparición o el inicio aproximado de fabricación. 

1947 — LUBE A-99. La A-99 fue la primera gran motocicleta de producción de LUBE. Presentada en 1947, derivaba de los prototipos LBM desarrollados previamente por Bejarano y utilizaba un motor monocilíndrico de dos tiempos cercano a 100 cm³. Con unos 4,3 CV y cambio de tres velocidades, era una máquina concebida fundamentalmente para la movilidad cotidiana en una España con una red viaria todavía precaria. Su sencillez, robustez y precio contribuyeron a que fuese conocida popularmente como «la moto del pueblo». Se fabricaron alrededor de 2.000 unidades de esta primera serie. 

1950 — LUBE B-25 y D-25. La expansión de la gama llevó a LUBE hacia los 125 cm³. Aparecieron las variantes B-25 y D-25, con motores de dos tiempos de unos 123,6 cm³ y alrededor de 5,2 CV. La D-25 se mantuvo durante varios años y representa la consolidación de LUBE como fabricante nacional de motocicletas de cilindrada media. Algunas fuentes sitúan su fabricación entre 1950 y 1953/54.

1953 — LUBE 150. A comienzos de los años cincuenta apareció una LUBE de aproximadamente 150 cm³, destinada a quienes necesitaban mayores prestaciones que las proporcionadas por las 100 y 125. Su motor de dos tiempos desarrollaba alrededor de 6,7 CV y permitía alcanzar unos 80-85 km/h. Fue fabricada aproximadamente entre 1953 y 1957. 

1954 — LUBE 125 T. La 125 T, producida aproximadamente entre 1954 y 1958, continuó la filosofía utilitaria de la marca. Su motor de 123,6 cm³ proporcionaba unos 5,2 CV. Estas motocicletas participaron en las célebres pruebas de resistencia Bilbao-Málaga-Bilbao, utilizadas por LUBE como extraordinaria herramienta publicitaria y deportiva. 

1955 — LUBE 125 Sport. La versión 125 Sport introdujo una orientación más dinámica. La primera serie, fabricada aproximadamente entre 1955 y 1957, alcanzaba unos 90 km/h; una segunda evolución, entre 1957 y 1960, elevó sus prestaciones hasta aproximadamente 95 km/h. La aparición de estas variantes muestra cómo el mercado español comenzaba a demandar motocicletas que no fueran exclusivamente instrumentos de transporte. 

1955 — LUBE-NSU Max 250 y Super-Max. Uno de los episodios tecnológicos más interesantes fue el acuerdo alcanzado con la alemana NSU. Desde mediados de los cincuenta LUBE ensambló en España las NSU Max de 250 cm³, comercializadas como LUBE-NSU. La Max utilizaba un sofisticado monocilíndrico de cuatro tiempos de 247 cm³, con distribución OHC, muy diferente de los pequeños motores de dos tiempos habituales en la producción española. Existieron las versiones Max y Super-Max, esta última con mejoras en la suspensión trasera. La producción/ensamblaje se sitúa aproximadamente entre 1955 y 1958.

1956 — LUBE 75 S. La 75 S, con motor de 72,6 cm³ y unos 3,25 CV, amplió la oferta hacia las cilindradas pequeñas. Fabricada aproximadamente entre 1956 y 1961, representaba una opción económica para un público con menores necesidades de potencia. 

1956 — LUBE 99 y 99 S. Las nuevas 99 y 99 S actualizaron la pequeña cilindrada que había inaugurado la A-99. Las diferentes evoluciones ofrecían aproximadamente entre 4 y 5,5 CV. Estas variantes permanecieron en catálogo hasta alrededor de 1960. 

1956 — LUBE 125 P. La 125 P introdujo una característica muy reconocible: su configuración semicarenada. La tradición popular llegó a apodarla «la moto del cura», por la protección que ofrecía al conductor. Se fabricó aproximadamente entre 1956 y 1957. 

1958 — LUBE 125 E. La 125 E fue una de las últimas evoluciones de la familia utilitaria clásica. Con unos 6,8 CV, podía alcanzar alrededor de 85 km/h y permaneció en fabricación hasta 1960. El mismo periodo estuvo marcado por otra colaboración con NSU: LUBE llegó a ensamblar el ciclomotor NSU Quickly, aunque debe considerarse un producto NSU ensamblado por LUBE y no necesariamente un modelo genuinamente diseñado por la marca vasca. 

1960 — LUBE Renn I 125. Con la Renn comenzó una nueva etapa. Presentada alrededor de 1960 tras finalizar la colaboración tecnológica con NSU, la Renn 125 incorporaba un motor de dos tiempos de 125 cm³, cambio de cuatro velocidades y una concepción claramente deportiva. Con unos 10,2 CV y una velocidad máxima próxima a 110 km/h, suponía un salto enorme respecto a las LUBE utilitarias. Su característica rueda trasera carenada contribuía a su personalidad estética. (Wikipedia⁠)

1961 — LUBE Renn II 150. La Renn II, de unos 150 cm³, elevó la potencia hasta aproximadamente 11,5 CV y la velocidad máxima hasta unos 120 km/h. Su comportamiento inicial planteó problemas de estabilidad a alta velocidad, que posteriormente fueron abordados mediante modificaciones en la suspensión y el bastidor. 

1962 — LUBE Renn 125 TR. La Renn 125 TR fue la transformación radicalmente deportiva de la familia. Con una potencia que algunas fuentes sitúan en torno a 19 CV y una velocidad máxima próxima a 130 km/h, se convirtió en una de las LUBE más apreciadas por pilotos y aficionados. Las Renn tuvieron además una importante presencia deportiva y fueron utilizadas por organismos oficiales, incluida la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil, circunstancia que contribuyó a su popularidad. (Terranea Seguros⁠)

1962-1965 — LUBE Yack 150. La Yack 150 constituye una de las propuestas más singulares de la marca. Concebida para un uso de campo, utilizaba un motor de unos 148 cm³ y alrededor de 19 CV. Su producción se sitúa aproximadamente entre 1962 y 1965. Fue una anticipación, todavía rudimentaria, del creciente interés por las motocicletas capaces de abandonar el asfalto. 

1964 — LUBE Le Mans 125. La Le Mans 125 trasladó la filosofía de las Renn a una motocicleta de aspecto deportivo y líneas particularmente modernas para su época. Con unos 18 CV, podía alcanzar aproximadamente 130 km/h. Su estética ligera y futurista constituye hoy uno de los rasgos más atractivos del patrimonio motociclista de LUBE. (Fricandó motarra⁠)

1964 — LUBE Izaro 150. La Izaro 150 fue una alternativa más orientada al turismo. Su motor de dos tiempos de unos 148 cm³ entregaba aproximadamente 14 CV y permitía alcanzar unos 125 km/h. El nombre Izaro, evocador de la isla vizcaína, encaja además con una etapa en la que LUBE intentaba diversificar su catálogo frente a la creciente competencia. 

1964-1965 — LUBE Cóndor 150. La Cóndor 150, deportiva y de prestaciones particularmente elevadas para su cilindrada, cerró prácticamente la evolución de las LUBE convencionales. Las fuentes consultadas sitúan su potencia alrededor de 20 CV y su velocidad máxima en torno a 140 km/h, cifras extraordinarias para una motocicleta española de dos tiempos de mediados de los años sesenta. 

Una cronología resumida1947: A-99. 1950: B-25 / D-25. 1953: 1501954: 125 T. 1955: 125 Sport / LUBE-NSU Max y Super-Max 2501956: 75 S / 99 / 99 S / 125 P. 1958: 125 E1960: Renn I 1251961: Renn II 150. 1962: Renn 125 TR / Yack 150. 1964: Le Mans 125 / Izaro 1501964-1965: Cóndor 150.

Esta relación debe entenderse como una cronología de familias y variantes principales, no como un inventario administrativo de cada modificación de chasis, motor, carburación o acabado. Las fuentes históricas presentan algunas discrepancias de fechas, especialmente alrededor de las primeras 125 y de las denominaciones Renn. 

El final de LUBE. La trayectoria de LUBE terminó en 1967, cuando la crisis del sector motociclista español, la pérdida de ventas, las dificultades financieras y la falta de renovación suficiente del producto hicieron inviable la continuidad de la empresa. Su desaparición no resta importancia a su legado. Durante dos décadas, LUBE contribuyó a crear una auténtica industria motociclista vasca y española, generó empleo industrial en Barakaldo y acompañó la transformación social de la posguerra.

Vista con perspectiva histórica, la evolución resulta especialmente reveladora: de la A-99 de 1947 a la Cóndor de mediados de los sesenta hay menos de veinte años, pero media una revolución tecnológica. Se pasó de unos 70 km/h y motores sencillos de tres velocidades a motocicletas de 140 km/h, cuatro velocidades y una marcada vocación deportiva. Por eso LUBE no es únicamente una marca desaparecida. Es también una pieza del patrimonio industrial vasco y un capítulo fundamental de la historia de la movilidad española.

@agirregabiria

Colección de motos clásicas de Emiliano Escudero Cano

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