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Marcha Radetzky: compás que aplaude su propia contradicción

Repasaremos el álbum musical que escuchamos en la piscina todos los veranos (posts). Cada 1 de enero, cuando el reloj del Musikverein vienés marca el final del Concierto de Año Nuevo, miles de espectadores en todo el mundo comienzan a batir palmas al compás de una pieza que dura apenas dos minutos y medio. Pocos de ellos —quizá ni siquiera los japoneses que la corean con más entusiasmo, como se ha señalado con cierta ironía— se detienen a pensar en lo que están celebrando. La Marcha Radetzky, compuesta por Johann Strauss padre en 1848 en honor al mariscal de campo austríaco conde Joseph Wenzel Radetzky, es mucho más que un bis festivo: es un artefacto sonoro donde se condensan las tensiones no resueltas de un imperio y, por extensión, de toda modernidad que celebra sin memoria.

El contexto de su composición resulta decisivo (otros posts). El 31 de agosto de 1848 se celebró una fiesta en el Wasserglacis de Viena, y Strauss padre recibió el encargo de contribuir con una composición, justo en el año revolucionario que sacudía Europa entera. Strauss se posicionó claramente del lado de los leales al emperador, en contraste con su propio hijo, que simpatizaba con los revolucionarios. Ese enfrentamiento doméstico —padre e hijo en bandos opuestos de la historia— anticipa ya el destino ambiguo de la pieza. Radetzky había derrotado al ejército sardo en la batalla de Custozza el 25 de julio de 1848, a la edad de 81 años, consolidando el poder austríaco en el norte de Italia y fortaleciendo a las fuerzas conservadoras frente a los levantamientos liberales surgidos tras la Revolución de Marzo.

Aquí reside la paradoja que interesa a cualquier lector atento a la relación entre estética y poder: la marcha alcanzó gran popularidad como expresión del nacionalismo austríaco, pero cuando Radetzky tomó parte después en la represión del movimiento revolucionario en el propio territorio austríaco, la pieza pasó a ser vista como símbolo reaccionario. Strauss padre, recordemos, no era ajeno a la polémica: sus propios compatriotas llegaron a llamarle traidor por su fidelidad a la Corona. Componer para el poder, incluso en clave puramente festiva, nunca ha sido un gesto neutral.

Esta ambivalencia encontró su traducción literaria más lúcida en Joseph Roth, cuyo título de 1932 tomó prestado el nombre de la pieza. La marcha Radetzky de Roth narra el declive y la caída del imperio austrohúngaro a través de la historia de la familia Trotta, y no es casual que exista un paralelismo entre las vicisitudes de esa familia y las que padeció la propia marcha, expresión primero del nacionalismo austríaco y después símbolo reaccionario. La música, convertida en metáfora narrativa, se transforma en el eco melancólico de un mundo que se sabe condenado incluso mientras baila.

Cabe además una reflexión sobre la memoria histórica selectiva del propio ritual navideño-vienés. El Concierto de Año Nuevo se celebró por primera vez el 31 de diciembre de 1939, por iniciativa del entonces ministro de Propaganda del régimen nazi, aunque la Radetzky no se sumó al programa hasta después de la guerra. Que una pieza nacida de la represión de 1848 se instalara en un concierto de origen tan comprometido añade una capa más de sedimento histórico bajo los aplausos.

Musicalmente, la marcha no es un artefacto tan original como su fama sugiere: Strauss ya había empleado el tema en su Jubel-Quadrille, y su ritmo guarda un notable parecido con el segundo tema del Allegro de la Sinfonía n.º 100 de Haydn. Aun así, su poder de convocatoria —ese aplauso colectivo, casi litúrgico, que Gustavo Dudamel u otros directores invitan a compartir— revela algo profundamente humano: la necesidad de ritual compartido, incluso cuando el ritual celebra, sin saberlo del todo, las cicatrices no cerradas de la propia historia.

ResumenStrauss padre, Radetzky y el vals contra la revolución de 1848. Cómo una marcha militar se volvió símbolo reaccionario en Viena. Joseph Roth y la melancolía del imperio en la Marcha Radetzky. El aplauso ritual del Concierto de Año Nuevo y su origen incómodo. Padre contra hijo: Strauss y las dos caras de 1848. La marcha que celebra una represión sin que el público lo sepa. El himno no oficial de Austria y su pasado contradictorio. 

La eterna vigencia de Space Oddity

Hoy dedicamos este post a una de nuestras canciones preferidas, que escuchamos en la piscina todos los veranos (posts), con una gran historia detrás. El 12 de mayo de 2013, el comandante canadiense Chris Hadfield publicó desde la Estación Espacial Internacional un vídeo que detuvo el tiempo durante unos minutos: su versión de Space Oddity (ver en otros posts), la canción que David Bowie había compuesto en 1969. Hadfield lo hizo el mismo día en que cedía el mando de la ISS, antes de regresar a la Tierra en una cápsula Soyuz. Era la primera vez en la historia que se rodaba un videoclip musical completo en el espacio. 

La elección de la canción no fue casual, aunque tampoco fue idea suya. Tras publicar una canción original junto a su hermano, la demanda en internet para que interpretara Space Oddity fue tan masiva que acabó cediendo. El resultado fue algo más que un homenaje: Hadfield modificó ligeramente la letra para hacerla más fiel a la experiencia real del vuelo espacial, algo que Bowie aprobó y celebró. El propio Bowie, que llevaba décadas especulando poéticamente con la soledad del cosmos, reconoció en aquella versión algo que sus propias palabras no habían alcanzado del todo. La describió como "posiblemente la versión más conmovedora de la canción jamás creada."

El vídeo muestra a Hadfield tocando la guitarra mientras la Tierra azul se despliega al fondo a través de la cúpula de la estación, con tomas que solo la ingravidez hace posibles. La música fue producida desde tierra: la pianista y colaboradora canadiense Emm Gryner desarrolló el arreglo incorporando ruidos ambientales de la propia estación espacial que Hadfield había subido a SoundCloud. 

La canción de Bowie nació en julio de 1969, días antes del alunizaje del Apolo 11, inspirada en 2001: Una odisea del espacio y en un sentimiento personal de alienación. Hadfield la devolvió al espacio real, despojándola de toda metáfora. Donde Bowie imaginaba a un astronauta ficticio a la deriva —el Mayor Tom—, Hadfield flotaba de verdad, guitarra en mano, mirando por la ventana el planeta que dejaba atrás.

El vídeo acumuló más de 35 millones de visualizaciones en YouTube y desencadenó además un curioso debate jurídico sobre derechos de autor en el espacio exterior, cuando la editorial propietaria de los derechos intentó retirarlo de la plataforma. Pocas veces una canción había generado simultáneamente emoción, filosofía y derecho internacional. 

Cuando Bowie murió en enero de 2016, Hadfield lo despidió con una frase que era, a la vez, cita y epitafio: "Ashes to ashes, dust to stardust. Your brilliance inspired us all. Goodbye, Starman."

@rock_del_mundo DAVID BOWIE - SPACE ODDITY #davidbowie #spaceoddity #rockdelmundo🤘🏼 #viral #fyp #tendencia #tiktokviral #paratiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii #paratii #foryoupage ♬ Space Oddity (2015 Remaster) - David Bowie

FRENESÍ, un peculiar estilo propio de natación o flotación

Con mucha ironía, las horas que pasamos en la piscina desde mayo hasta septiembre, he decidido denominarla con el acrónimo FRENESÍ. Justamente porque es lo más plácido y opuesto a dicho concepto. Se trata de moverse de lado a lado de los 10 metros con ayuda de un churro de piscina, como una de las mejores prácticas de AlicanTerapiaFRENESÍ e una sigla que se forma con estas letras:

F de Flotación, R de Respiración, una E de Especie de N de Natación, en un E de Entorno, con S de Situación de I de Ingravidez. Pasamos a describirlo: Con churro a la espalda, gorra obligatoria y prácticamente sin pisar nunca el suelo de nuestra piscina salada. Sin sumergir ni cabeza, ni oídos, ni ojos, ni boca. Nuestro primer jardinero, responsable del mantenimiento de la piscina, así nos lo aconsejó con un mensaje nada tranquilizador. Dijo, en confianza: Yo no me metería en una piscina, ni por todo el oro del mundo.  

De este modo hago ejercicio varias horas diarias, con largos de 10 metros,… o de 21,6m. El Apple Watch mide todo: Un mínimo de dos horas, 200 largos, dos kilómetros, temperatura del agua (26º), gasto de más de mil kilocalorías,...

Ritmo constante y medido, siempre de espaldas. Inhalar por la nariz en tres tiempos cuando los brazos van  hacia atrás (apurando el recorrido del diafragma) y exhalar por la boca mientras se rema en el agua,... Ducha con agua fría, previa y posterior al baño, como contraste de temperatura,... 

Música sub-acuática con Auriculares Guudsoud de Conducción Ósea  para Natación, inalámbricos e impermeables, cuando no escuchamos el batir del agua como simple  sonido ASMR (del inglés Autonomous Sensory Meridian Response). Lo cierto es que no sé si prefiero esa Respuesta Sensorial Meridiana Autónoma (pronto post), una experiencia sensorial física y psicológica que se produce en respuesta a ciertos estímulos auditivos, visuales o táctiles, o un buen podcast con un audiolibro,.... También escuchamos este álbum en la piscina todos los veranos (posts).

El audiolibro de ayer: Y eso fue lo que pasó | Natalia Ginzburg (más posts)