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Ardillas en nuestro paraíso: Lección de felicidad cotidiana

Ardillas en su paraíso

Una vez más escribimos sobre ardillas, incluyendo imágenes suyas. Ya ni de lejos se cumple aquel célebre mito de la ardilla que podía cruzar la península ibérica de árbol en árbol —desde los Pirineos o el mar Cantábrico hasta la Bética o Gibraltar— sin tocar jamás el suelo forma parte del imaginario popular sobre la exuberante cobertura forestal de la antigüedad.

Aunque la imagen resulta sugerente, la realidad ecológica e histórica muestra un panorama distinto. Esta cita popularmente se ha atribuido esta afirmación a autores clásicos como Plinio el Viejo o Estrabón. La realidad histórica es que en los textos de Estrabón (Geografía) y Plinio (Historia Natural) se describe una Iberia muy arbolada en amplias zonas del norte y del interior montañoso, pero ninguno de ellos escribió exactamente la frase de la ardilla. Se trata de una reconstrucción o hipérbole literaria nacida muy posteriormente.

Nuestro obligatorio baño matutino en la piscina comunitaria (posts), nos permite ver a diario a algunas de las tres ardillas felices que tenemos localizadas en el arbolado adyacente. Incluso, a nivel interno de familia, les hemos puesto nombre tirando de uno de nuestros libros favoritos: Momo (posts previos) de Michael Ende.

 A continuación, se explica quién es cada ardilla, aún no hemos conseguido una fotografía con los tres colegas,  y por qué les relacionamos con dicha obra:

  • Momo: Es la protagonista, la ardilla más habitual. Representa una niña pequeña, huérfana y misteriosa que vive en las ruinas de un antiguo anfiteatro. Su mayor virtud no es hablar, sino saber escuchar. Gracias a su capacidad de atención, logra que las personas que la visitan resuelvan sus propios problemas, encuentren la paz y jueguen de manera creativa.
  • Bepo el Barrendero: Es la segunda ardilla que le acompaña como uno de los mejores amigos de Momo. Es un hombre mayor, trabajador y muy silencioso que se dedica a barrer las calles. Bepo habla muy poco y es extremadamente reflexivo; sus respuestas suelen ser meditadas y solo dice la verdad. Es paciente y leal, y representa la sabiduría de la tranquilidad.
  • Gigi Cicerone (Girolamo): Es la ardilla más difícil de ver, y otro gran amigo de Momo. Es un joven soñador y contador de historias. Trabaja como guía turístico (de ahí el apodo "Cicerone") y se dedica a inventar cuentos fantásticos e inverosímiles para entretener a los niños y a la gente del barrio. Representa la imaginación y la creatividad.
@agirregabiria

Ardillas en la arboleda

♬ nhạc nền - Walker Music - Yêu ツ
Vídeo con las gafas Meta 2 de cómo fue grabado el TikTok anterior.
@agirregabiria

Ardillas en la arboleda

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Una semana fuera del tiempo: ¿Pasado o futuro?

Hoy en la piscina un vecino murciano muy viajado, Javier Navarro Pina, nos ha planteado a un grupo una pregunta con mucha enjundia, que hemos ido respondiendo como hemos improvisado. Esta era la formulación: Si pudieras pasar una semana en cualquier momento de la historia pasada o del futuro, ¿qué año y lugar elegirías? 

Ahora, con un poco más de tiempo, descomponemos la pregunta en dos posts, porque es una cuestión sumamente interesante para un blog de historia, literatura, filosofía y educación: 1º ¿Preferirías conocer el pasado que nos explica o viajar al futuro para saber qué nos espera? 2º Sería definirte por un tiempo y lugar (en el siguiente post).

¿Viajarías al pasado para comprenderlo o al futuro para descubrirlo? Siete días para conocer mejor el pasado o para descubrir el futuro de la humanidad en este viaje improbable hacia adelante e imposible hacia atrás que todos querríamos hacer, hacia el ayer (incluso previo a  nuestro nacimiento) o al mañana cercano o remoto. ¿Conocer nuestros orígenes o nuestro destino? Serían dos formas fascinantes de conocer la humanidad, su principio y -quizá- su final, revivir cómo fuimos o cómo seremos.

Es una pregunta excelente porque obliga a elegir entre la nostalgia de lo que sabemos que ocurrió y la curiosidad por lo que todavía no conocemos. Si la elección fuera realmente libre —una semana, cualquier lugar, con regreso garantizado y sin alterar la historia—, yo distinguiría entre una elección intelectualmente fascinante y otra emocionalmente poderosa. Analizamos sus pros y contras de cada opción.

Una semana en el pasado. 

Ventajas: 1. Ser testigo de un momento histórico real. Podrías estar en Atenas durante la época de Pericles, en Florencia con Leonardo, en París durante la Revolución Francesa, en Bilbao durante la industrialización o contemplar una civilización desaparecida.

2. Ver a grandes personajes sin intermediarios. Conversar —si fuera posible entenderse— con Sócrates, Aristóteles, Cervantes, Shakespeare, Einstein o Marie Curie sería una experiencia incomparable.

3. Resolver enigmas históricos. ¿Quién dijo realmente determinadas frases? ¿Cómo era exactamente una batalla? ¿Qué ocurrió entre bastidores? ¿Cómo vivía una persona corriente en una época concreta?

4. Comprender la vida cotidiana. Los libros conservan acontecimientos, pero rara vez transmiten completamente los olores, sonidos, comidas, enfermedades, miedos, trabajos y relaciones humanas de una época.

5. Comparar mito y realidad. Quizá descubriríamos que algunas épocas que idealizamos fueron mucho más duras de lo que imaginamos.

Desventajas: Higiene, enfermedades y medicina: una semana podría ser mucho más peligrosa de lo que parece. Barreras lingüísticas: incluso viajando a nuestro propio país podríamos no entender fácilmente la lengua de hace siglos. Violencia y desigualdad: muchas sociedades históricas eran extraordinariamente inseguras. Ausencia de comodidades modernas: electricidad, antibióticos, agua corriente, comunicaciones… Riesgo psicológico: comprobar que nuestros héroes eran seres humanos bastante menos admirables podría resultar decepcionante. Y existe una gran paradoja: sabemos cómo terminó el pasado, pero no podemos cambiarlo.

Una semana en el futuro

Ventajas: 1. Conocer qué ocurrió realmente. Podríamos saber qué tecnologías triunfaron, cómo evolucionó la humanidad y qué problemas actuales fueron resueltos.

2. Contemplar tecnologías hoy inimaginables. Medicina regenerativa, inteligencia artificial, energía ilimitada, exploración espacial, longevidad inverosímil, realidad aumentada, teletransporte,…

3. Conocer el destino de la humanidad. ¿Habrá ciudades en Marte? ¿Habrá desaparecido el automóvil privado? ¿Cómo será la educación? ¿Seguirán existiendo los Estados?

4. Resolver incertidumbres personales y colectivas. Incluso podríamos descubrir qué ocurrió con nuestra familia, nuestra ciudad, nuestra cultura o nuestro propio legado.

5. Volver con conocimiento extraordinariamente valioso. Una semana en el futuro podría proporcionar información capaz de transformar nuestro presente.

Desventajas: Y aquí aparece el gran problema de una experiencia que sería radicalmente distinta. Podría ser un futuro que no quisiéramos conocer. Podríamos encontrarnos con: cambio climático irreversible; guerras devastadoras; pérdida de libertades; sociedades profundamente desiguales; una inteligencia artificial dominante; desaparición de especies; colapso demográfico; una humanidad que ya no reconocemos.

Además, existe un riesgo filosófico y científico (porque nada con masa puede viajar al futuro): si conocemos el futuro, quizá dejamos de ser libres respecto a élY otro todavía más inquietante: ¿qué ocurriría si descubrimos que nosotros mismos ya no existimos, o no que nada del legado propio personal o colectivo?

¿Qué elegiría yo?

Si la condición fuese regresar exactamente al presente al cabo de siete días y no modificar nada, elegiría el futuroPero no viajaría miles de años. Elegiría probablemente unos 100-150 años hacia adelante, quizá alrededor de 2150-2175.

¿Por qué? Porque 150 años permitirían contemplar transformaciones enormes sin convertir el viaje en una visita a un universo completamente incomprensible. Me interesaría especialmente observar: cómo viven las personas, cómo aman, cómo educan a sus hijos, qué leen, qué consideran trabajo, qué significa ser humano y qué relación mantienen con las máquinas. Más que conocer los inventos del futuro, querría descubrir qué ha ocurrido con la condición humana.

Y hay una segunda opción que parece todavía más tentadora: viajar al pasado a un momento concreto de Bilbao o del País Vasco, para observar durante una semana la vida cotidiana de nuestros antepasados. Porque el futuro podemos intentar construirlo; el pasado ya es irrecuperable.

La verdadera elección, en realidad, las dos opciones responden a dos deseos humanos legítimos pero diferentes: Pasado → “Quiero saber de dónde venimos.” o Futuro → “Quiero saber hacia dónde vamos.”

L'estaca: Himno universal contra la opresión

Era un post que dejamos pendiente (ver al final de este post), pero que en el repaso que estamos haciendo reaparece como otra de nuestras canciones preferidas, que escuchamos en la piscina todos los veranos (posts): L'estaca: la canción que se convirtió en un símbolo universal de la libertad.

Hay canciones que trascienden el ámbito musical para convertirse en patrimonio moral de la humanidad. L'estaca («La estaca»), compuesta en 1968 por el cantautor catalán Lluís Llach, pertenece a esa reducida categoría de obras cuya fuerza poética ha logrado sobrevivir a su contexto histórico para transformarse en un himno universal de la libertad. Nacida en los últimos años de la dictadura franquista, la canción ha acompañado durante más de medio siglo a generaciones de ciudadanos que luchaban por la democracia, los derechos humanos y la dignidad de los pueblos. 

La inspiración de Llach surgió en una época marcada por la censura, la represión política y la prohibición de numerosas manifestaciones culturales en lenguas distintas del castellano. En ese contexto, escribir una canción explícitamente política era arriesgado. Por ello, el autor recurrió a una poderosa metáfora: una enorme estaca a la que todos permanecemos atados mediante cuerdas invisibles. Solo si todos tiran juntos será posible derribarla y alcanzar la libertad.

El protagonista simbólico de la canción, el viejo Siset, explica al narrador que la estaca "solo caerá si estiramos todos". La sencillez de la imagen constituye precisamente una de las claves de su enorme éxito. No habla únicamente de una dictadura concreta, sino de cualquier forma de opresión: política, social, económica o incluso cultural. Esa universalidad ha permitido que personas de muy distintas ideologías, nacionalidades y generaciones la hagan suya.

Desde su publicación, L'estaca fue rápidamente censurada por el régimen franquista. Sin embargo, su difusión no dejó de crecer gracias a recitales, grabaciones clandestinas y la transmisión oral entre quienes anhelaban una sociedad democrática. Tras la llegada de la democracia española, lejos de desaparecer, la canción adquirió una nueva dimensión internacional.

Pocos temas musicales han sido traducidos a tantos idiomas y reinterpretados en tantos países. Se han realizado versiones en francés, italiano, alemán, vasco, gallego, portugués, árabe, hebreo, japonés, turco y numerosas lenguas eslavas, entre muchas otras. En algunos lugares ha alcanzado tal grado de integración que muchas personas desconocen incluso su origen catalán.

Especialmente significativo ha sido su impacto en Europa del Este. En Polonia, la adaptación titulada Mury («Los muros»), interpretada por Jacek Kaczmarski, se convirtió en el himno no oficial del sindicato Solidaridad durante la lucha contra el régimen comunista en los años ochenta. Paradójicamente, aunque la versión polaca modificó parcialmente el sentido del desenlace original, mantuvo intacto el mensaje de resistencia colectiva y esperanza.

También ha sido cantada en manifestaciones por la democracia en Túnez durante la Primavera Árabe, en protestas ciudadanas en Bielorrusia, en actos por los derechos civiles en diversos países europeos y latinoamericanos, e incluso en concentraciones de defensa de las libertades públicas en contextos muy diferentes. Cada pueblo ha encontrado en su metáfora un reflejo de sus propias aspiraciones.

Desde una perspectiva educativa, L'estaca constituye un extraordinario recurso interdisciplinar. Permite analizar la historia contemporánea de España, estudiar los mecanismos de la censura, comprender el valor de la libertad de expresión y reflexionar sobre el papel del arte como herramienta de transformación social. Además, invita a debatir sobre el poder de los símbolos compartidos y sobre cómo la música puede fortalecer la identidad colectiva y la solidaridad entre personas muy diversas.

Musicalmente, la composición destaca por una melodía sencilla y fácilmente memorizable, construida para favorecer el canto colectivo. Esa aparente simplicidad ha contribuido decisivamente a su difusión internacional. Como sucede con otros grandes himnos populares, la fuerza reside menos en la complejidad musical que en la capacidad de emocionar y unir a quienes la interpretan.

Más de cincuenta años después de su creación, L'estaca continúa sonando allí donde alguien reclama libertad, justicia o democracia. Su mensaje sigue plenamente vigente: ninguna estaca permanece en pie cuando una sociedad decide empujar unida. La obra de Lluís Llach demuestra que una canción puede convertirse en memoria histórica, patrimonio cultural y motor de esperanza para generaciones enteras.

En una época en la que las democracias afrontan nuevos desafíos (tecnofeudalismo) y resurgen diversas formas de autoritarismo, L'estaca recuerda que la libertad nunca es un logro definitivo, sino una conquista colectiva que exige compromiso, cooperación y perseverancia. Quizá por ello sigue emocionando a personas de culturas muy distintas: porque habla de una aspiración profundamente humana y universal, la de vivir libres y construir juntos un futuro mejor.

Marcha Radetzky: compás que aplaude su propia contradicción

Repasaremos el álbum musical que escuchamos en la piscina todos los veranos (posts). Cada 1 de enero, cuando el reloj del Musikverein vienés marca el final del Concierto de Año Nuevo, miles de espectadores en todo el mundo comienzan a batir palmas al compás de una pieza que dura apenas dos minutos y medio. Pocos de ellos —quizá ni siquiera los japoneses que la corean con más entusiasmo, como se ha señalado con cierta ironía— se detienen a pensar en lo que están celebrando. La Marcha Radetzky, compuesta por Johann Strauss padre en 1848 en honor al mariscal de campo austríaco conde Joseph Wenzel Radetzky, es mucho más que un bis festivo: es un artefacto sonoro donde se condensan las tensiones no resueltas de un imperio y, por extensión, de toda modernidad que celebra sin memoria.

El contexto de su composición resulta decisivo (otros posts). El 31 de agosto de 1848 se celebró una fiesta en el Wasserglacis de Viena, y Strauss padre recibió el encargo de contribuir con una composición, justo en el año revolucionario que sacudía Europa entera. Strauss se posicionó claramente del lado de los leales al emperador, en contraste con su propio hijo, que simpatizaba con los revolucionarios. Ese enfrentamiento doméstico —padre e hijo en bandos opuestos de la historia— anticipa ya el destino ambiguo de la pieza. Radetzky había derrotado al ejército sardo en la batalla de Custozza el 25 de julio de 1848, a la edad de 81 años, consolidando el poder austríaco en el norte de Italia y fortaleciendo a las fuerzas conservadoras frente a los levantamientos liberales surgidos tras la Revolución de Marzo.

Aquí reside la paradoja que interesa a cualquier lector atento a la relación entre estética y poder: la marcha alcanzó gran popularidad como expresión del nacionalismo austríaco, pero cuando Radetzky tomó parte después en la represión del movimiento revolucionario en el propio territorio austríaco, la pieza pasó a ser vista como símbolo reaccionario. Strauss padre, recordemos, no era ajeno a la polémica: sus propios compatriotas llegaron a llamarle traidor por su fidelidad a la Corona. Componer para el poder, incluso en clave puramente festiva, nunca ha sido un gesto neutral.

Esta ambivalencia encontró su traducción literaria más lúcida en Joseph Roth, cuyo título de 1932 tomó prestado el nombre de la pieza. La marcha Radetzky de Roth narra el declive y la caída del imperio austrohúngaro a través de la historia de la familia Trotta, y no es casual que exista un paralelismo entre las vicisitudes de esa familia y las que padeció la propia marcha, expresión primero del nacionalismo austríaco y después símbolo reaccionario. La música, convertida en metáfora narrativa, se transforma en el eco melancólico de un mundo que se sabe condenado incluso mientras baila.

Cabe además una reflexión sobre la memoria histórica selectiva del propio ritual navideño-vienés. El Concierto de Año Nuevo se celebró por primera vez el 31 de diciembre de 1939, por iniciativa del entonces ministro de Propaganda del régimen nazi, aunque la Radetzky no se sumó al programa hasta después de la guerra. Que una pieza nacida de la represión de 1848 se instalara en un concierto de origen tan comprometido añade una capa más de sedimento histórico bajo los aplausos.

Musicalmente, la marcha no es un artefacto tan original como su fama sugiere: Strauss ya había empleado el tema en su Jubel-Quadrille, y su ritmo guarda un notable parecido con el segundo tema del Allegro de la Sinfonía n.º 100 de Haydn. Aun así, su poder de convocatoria —ese aplauso colectivo, casi litúrgico, que Gustavo Dudamel u otros directores invitan a compartir— revela algo profundamente humano: la necesidad de ritual compartido, incluso cuando el ritual celebra, sin saberlo del todo, las cicatrices no cerradas de la propia historia.

ResumenStrauss padre, Radetzky y el vals contra la revolución de 1848. Cómo una marcha militar se volvió símbolo reaccionario en Viena. Joseph Roth y la melancolía del imperio en la Marcha Radetzky. El aplauso ritual del Concierto de Año Nuevo y su origen incómodo. Padre contra hijo: Strauss y las dos caras de 1848. La marcha que celebra una represión sin que el público lo sepa. El himno no oficial de Austria y su pasado contradictorio. 

La eterna vigencia de Space Oddity

Hoy dedicamos este post a una de nuestras canciones preferidas, que escuchamos en la piscina todos los veranos (posts), con una gran historia detrás. El 12 de mayo de 2013, el comandante canadiense Chris Hadfield publicó desde la Estación Espacial Internacional un vídeo que detuvo el tiempo durante unos minutos: su versión de Space Oddity (ver en otros posts), la canción que David Bowie había compuesto en 1969. Hadfield lo hizo el mismo día en que cedía el mando de la ISS, antes de regresar a la Tierra en una cápsula Soyuz. Era la primera vez en la historia que se rodaba un videoclip musical completo en el espacio. 

La elección de la canción no fue casual, aunque tampoco fue idea suya. Tras publicar una canción original junto a su hermano, la demanda en internet para que interpretara Space Oddity fue tan masiva que acabó cediendo. El resultado fue algo más que un homenaje: Hadfield modificó ligeramente la letra para hacerla más fiel a la experiencia real del vuelo espacial, algo que Bowie aprobó y celebró. El propio Bowie, que llevaba décadas especulando poéticamente con la soledad del cosmos, reconoció en aquella versión algo que sus propias palabras no habían alcanzado del todo. La describió como "posiblemente la versión más conmovedora de la canción jamás creada."

El vídeo muestra a Hadfield tocando la guitarra mientras la Tierra azul se despliega al fondo a través de la cúpula de la estación, con tomas que solo la ingravidez hace posibles. La música fue producida desde tierra: la pianista y colaboradora canadiense Emm Gryner desarrolló el arreglo incorporando ruidos ambientales de la propia estación espacial que Hadfield había subido a SoundCloud. 

La canción de Bowie nació en julio de 1969, días antes del alunizaje del Apolo 11, inspirada en 2001: Una odisea del espacio y en un sentimiento personal de alienación. Hadfield la devolvió al espacio real, despojándola de toda metáfora. Donde Bowie imaginaba a un astronauta ficticio a la deriva —el Mayor Tom—, Hadfield flotaba de verdad, guitarra en mano, mirando por la ventana el planeta que dejaba atrás.

El vídeo acumuló más de 35 millones de visualizaciones en YouTube y desencadenó además un curioso debate jurídico sobre derechos de autor en el espacio exterior, cuando la editorial propietaria de los derechos intentó retirarlo de la plataforma. Pocas veces una canción había generado simultáneamente emoción, filosofía y derecho internacional. 

Cuando Bowie murió en enero de 2016, Hadfield lo despidió con una frase que era, a la vez, cita y epitafio: "Ashes to ashes, dust to stardust. Your brilliance inspired us all. Goodbye, Starman."

@rock_del_mundo DAVID BOWIE - SPACE ODDITY #davidbowie #spaceoddity #rockdelmundo🤘🏼 #viral #fyp #tendencia #tiktokviral #paratiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii #paratii #foryoupage ♬ Space Oddity (2015 Remaster) - David Bowie

FRENESÍ, un peculiar estilo propio de natación o flotación

Con mucha ironía, las horas que pasamos en la piscina desde mayo hasta septiembre, he decidido denominarla con el acrónimo FRENESÍ. Justamente porque es lo más plácido y opuesto a dicho concepto. Se trata de moverse de lado a lado de los 10 metros con ayuda de un churro de piscina, como una de las mejores prácticas de AlicanTerapiaFRENESÍ e una sigla que se forma con estas letras:

F de Flotación, R de Respiración, una E de Especie de N de Natación, en un E de Entorno, con S de Situación de I de Ingravidez. Pasamos a describirlo: Con churro a la espalda, gorra obligatoria y prácticamente sin pisar nunca el suelo de nuestra piscina salada. Sin sumergir ni cabeza, ni oídos, ni ojos, ni boca. Nuestro primer jardinero, responsable del mantenimiento de la piscina, así nos lo aconsejó con un mensaje nada tranquilizador. Dijo, en confianza: Yo no me metería en una piscina, ni por todo el oro del mundo.  

De este modo hago ejercicio varias horas diarias, con largos de 10 metros,… o de 21,6m. El Apple Watch mide todo: Un mínimo de dos horas, 200 largos, dos kilómetros, temperatura del agua (26º), gasto de más de mil kilocalorías,...

Ritmo constante y medido, siempre de espaldas. Inhalar por la nariz en tres tiempos cuando los brazos van  hacia atrás (apurando el recorrido del diafragma) y exhalar por la boca mientras se rema en el agua,... Ducha con agua fría, previa y posterior al baño, como contraste de temperatura,... 

Música sub-acuática con Auriculares Guudsoud de Conducción Ósea  para Natación, inalámbricos e impermeables, cuando no escuchamos el batir del agua como simple  sonido ASMR (del inglés Autonomous Sensory Meridian Response). Lo cierto es que no sé si prefiero esa Respuesta Sensorial Meridiana Autónoma (pronto post), una experiencia sensorial física y psicológica que se produce en respuesta a ciertos estímulos auditivos, visuales o táctiles, o un buen podcast con un audiolibro,.... También escuchamos este álbum en la piscina todos los veranos (posts).

El audiolibro de ayer: Y eso fue lo que pasó | Natalia Ginzburg (más posts)