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¡Veinte millones de visitas en este vuestro blog! ¡Gracias!

¡Veinte millones de visitas en este vuestro blog! ¡Gracias!

20.000.000 visitas: Hoy, jueves 17 de septiembre de 2026, este nuestro, pero sobre todo vuestro, blog.agirregabiria.net ha superado esta cifra de vuestras amables visitas desde aquel abril de 2005 en que se creó. Han transcurrido apenas 14 días desde el millón anterior. En realidad desde hace menos tiempo, porque solamente se contabiliza desde que se incorporó el contador. No todos los millones de visitas los hemos ido celebrando; algunos sí, como luego veremos. 

19.000.000 visitas: Jueves 3 de septiembre de 2026, en pleno viaje de regreso hacia Getxo este nuestro, pero sobre todo vuestro, blog.agirregabiria.net ha superado esta cifra de vuestras amables visitas desde aquel abril de 2005 en que se creó. Han transcurrido apenas 22 días desde el millón anterior.

18.000.000 de visitas: Miércoles 12 de agosto de 2026. Anteriormente, de modo resumido. Ante la aceleración de las cifras, a partir de ahora solamente recogeremos las cifras muy redondas, múltiplos de 5 en millones: 20 millones, 25 millones,....

17.000.000 de visitas: Miércoles 21 de julio de 2026. El blog continúa porque vosotros lo hacéis posible. Seguimos… hacia el próximo millón, pero sobre todo, hacia nuevas ideas compartidas. En una época dominada por la inmediatez, el blog reivindica el valor del tiempo lento, del análisis, de la palabra que se piensa antes de ser dicha. Escribir y leer blogs es una manera de educar la mirada, de entrenar la empatía y de construir comunidad a través de las ideas. 

16.000.000 de visitas: Sábado 4 de julio de 2026. ¿Qué está pasando, qué maravillas estáis logrando, o solamente son bots según la Teoría del Internet muerto (post reciente)? Ahora que no estamos en voluntariado tan activo, sin GetxoBlog, ni AUVE, ni Nagusiak y EuskoFederpen (que tanto echamos de menos),... Lo tenemos claro: un blog sólo crece con sus lectores y lectoras. 

15 millones de visitas: Sábado 20 de junio de 2026. Esto confirma que este espacio digital sigue vivo, vibrante y compartido. Este logro no es del autor. Es, sobre todo, de quienes leen, comentan, comparten y dialogan. Cada visita, cada clic, cada relectura y cada reflexión son los auténticos cimientos de este largo viaje que comenzó hace años y que hoy celebra una cifra redonda. 

14 millones de visitas: Martes 19 de mayo de 2026. 13 millones de visitas: Domingo 1 de marzo de 2026. 12 millones de visitas: 12 de diciembre de 2025. 11 millones de visitas: 14 de octubre de 2025. 10 millones de visitas: 28 de julio de 2025. 9 millones de visitas: 13 de mayo de 2024. 8 millones de visitas: 8 de octubre de 2022. 7 millones de visitas: 30 de septiembre de 2021. 6 millones de visitas: 21 de febrero de 2020. 

No celebramos los 5 millones, pero sí cuando alcanzamos las 4.444.444 visitas  el 31-1-16 y el resto de hitos del blog se relatan a continuación. El martes 3 de febrero de 2015, se alcanzaron los CUATRO millones de visitas (ver post) en menos de 10 años desde su creación. Casi dos años y medio para lograr cada millón de visitas, prácticamente el mismo ritmo que para lograr cinco año después otros dos millones de lectores. El tercer millón fue el 15 de junio de 2013 (ver la entrada correspondiente). El segundo millón se alcanzó a principios de 2009, si bien la fecha exacta no está recogida. Os queremos agradecer esta amistad que nos brindáis, especialmente a quienes nos acompañáis desde hace años.

Vamos a ir simplificando estas celebraciones, porque cada día se contabilizan setenta mil visitas más. Todo a pesar de nuestra jubilación hace ya más de 8 años, parece que seguimos contando con la fidelidad de quienes nos leéis y comentáis. ¡Gracias y no nos abandonéis en este lugar de encuentro y de debate! Eskerrik asko! Thanks! Merci!

Elizabeth Davidson - Blythe & Daniel Quayle

Concluimos nuestra crónica de Getxo Folk 2026 con otros dos eventos.  Elizabeth Davidson-Blythe & Daniel Quayle forman un dúo de referencia en la interpretación y difusión de la Isla de Man, que combinan con sonidos de synth pop y eurofolk. Con una sólida trayectoria internacional, ambos artistas destacan por su extraordinaria calidad interpretativa y por una propuesta que combina el respeto por la tradición con una sensibilidad contemporánea. 

Sus conciertos son un viaje por las melodías, canciones y danzas del patrimonio celta, interpretadas con autenticidad, elegancia y una profunda conexión con sus raíces. Sobre el escenario, la complicidad entre ambos da lugar a una experiencia musical cercana y cautivadora. La calidez de sus voces, el virtuosismo instrumental y la riqueza de sus arreglos crean un repertorio lleno de matices que acerca al público la esencia de la música tradicional de Escocia, Inglaterra y la Isla de Man. Cada actuación se convierte en un encuentro íntimo y emocionante, donde la tradición cobra nueva vida a través de la interpretación de dos de sus más destacados embajadores. 

En el anfiteatro, sobre todo los más pequeños han disfrutado de Sonarium. Se trata de una instalación de experimentación sensorial que invita al público a descubrir el sonido desde una perspectiva lúdica, inmersiva y participativa. Concebida como un espacio de exploración, la propuesta transforma la escucha en una experiencia activa, donde la curiosidad y la interacción son las protagonistas. A través de diferentes dispositivos sonoros y elementos interactivos, Sonarium anima a experimentar con las vibraciones, los ritmos y las resonancias, despertando los sentidos y fomentando la creatividad. Dirigida a públicos de todas las edades, la instalación convierte cada recorrido en una oportunidad para jugar, aprender y redescubrir el sonido como una herramienta de expresión, comunicación y asombro.
Sonarium es una instalación de experimentación sensorial que invita al público a descubrir el sonido desde una perspectiva lúdica, inmersiva y participativa. Concebida como un espacio de exploración, la propuesta transforma la escucha en una experiencia a

Klezmerama en Getxo Folk 2026

La presencia de agrupaciones dedicadas a la recuperación de patrimonios musicales periféricos en festivales de marcado carácter plural enriquece de manera notable el panorama cultural contemporáneo. En este contexto, la participación de Klezmerama en el festival Getxo Folk ofrece una magnífica oportunidad para reflexionar sobre la pervivencia y la vigencia de las tradiciones sonoras de la Europa oriental.

El género klezmer, tradicionalmente vinculado a las comunidades judías askenazíes de Europa Central y Oriental, constituye un fascinante objeto de estudio etnomusicológico. Lejos de ser un repertorio estático, este estilo se caracteriza por su naturaleza eminentemente sincrética, integrando influencias gitanas, eslavas, otomanas y balcánicas. Los instrumentos solistas, especialmente el clarinete y el violín, imitan la inflexión de la voz humana —el lamentoso y el freilach—, modulando estados de ánimo que oscilan entre la melancolía existencial y la celebración festiva. 

La propuesta artística de Klezmerama destaca precisamente por su rigor interpretativo y su capacidad pedagógica para transmitir esta compleja red de influencias a públicos diversos. Durante su actuación en Getxo, la formación demostró que el folklore no es una pieza de museo destinada a la contemplación pasiva, sino un organismo vivo que dialoga con el presente. La ejecución técnica precisa, unida a una puesta en escena respetuosa con los cánones tradicionales pero abierta a la improvisación contemporánea, subraya el valor educativo de estas manifestaciones artísticas.

Desde una perspectiva pedagógica, eventos como el Getxo Folk desempeñan un papel insustituible en la alfabetización intercultural de la ciudadanía. Acercar expresiones musicales minoritarias o geográficamente distantes fomenta la empatía cognitiva y el pensamiento crítico frente a la homogenización cultural global. La música actúa así como un vehículo privilegiado para la transmisión de la memoria histórica y la diversidad antropológica.

En definitiva, el paso de Klezmerama por Getxo trasciende el mero evento lúdico para consolidarse como una experiencia de enriquecimiento cultural colectivo. La acogida del público evidencia que existe una demanda creciente por propuestas que conjuguen la excelencia artística con el rigor patrimonial, reafirmando el compromiso de los grandes festivales con la difusión del patrimonio musical universal.
@agirregabiria

Klezmerama en Getxo Folk 2026

♬ sonido original - Mikel Agirregabiria

¡Diecinueve millones de visitas en este vuestro blog! ¡Gracias!

19.000.000 visitas: Hoy, jueves 3 de septiembre de 2026, en pleno viaje de regreso hacia Getxo este nuestro, pero sobre todo vuestro, blog.agirregabiria.net ha superado esta cifra de vuestras amables visitas desde aquel abril de 2005 en que se creó. Han transcurrido apenas 22 días desde el millón anterior. En realidad desde hace menos tiempo, porque solamente se contabiliza desde que se incorporó el contador. No todos los millones de visitas los hemos ido celebrando; algunos sí, como luego veremos. 

18.000.000 de visitas: Miércoles 12 de agosto de 2026. Anteriormente, de modo resumido. Ante la aceleración de las cifras, a partir de ahora solamente recogeremos las cifras muy redondas, múltiplos de 5 en millones: 20 millones, 25 millones,....

17.000.000 de visitas: Miércoles 21 de julio de 2026. El blog continúa porque vosotros lo hacéis posible. Seguimos… hacia el próximo millón, pero sobre todo, hacia nuevas ideas compartidas. En una época dominada por la inmediatez, el blog reivindica el valor del tiempo lento, del análisis, de la palabra que se piensa antes de ser dicha. Escribir y leer blogs es una manera de educar la mirada, de entrenar la empatía y de construir comunidad a través de las ideas. 

16.000.000 de visitas: Sábado 4 de julio de 2026. ¿Qué está pasando, qué maravillas estáis logrando, o solamente son bots según la Teoría del Internet muerto (post reciente)? Ahora que no estamos en voluntariado tan activo, sin GetxoBlog, ni AUVE, ni Nagusiak y EuskoFederpen (que tanto echamos de menos),... Lo tenemos claro: un blog sólo crece con sus lectores y lectoras. 

15 millones de visitas: Sábado 20 de junio de 2026. Esto confirma que este espacio digital sigue vivo, vibrante y compartido. Este logro no es del autor. Es, sobre todo, de quienes leen, comentan, comparten y dialogan. Cada visita, cada clic, cada relectura y cada reflexión son los auténticos cimientos de este largo viaje que comenzó hace años y que hoy celebra una cifra redonda. 

14 millones de visitas: Martes 19 de mayo de 2026. 13 millones de visitas: Domingo 1 de marzo de 2026. 12 millones de visitas: 12 de diciembre de 2025. 11 millones de visitas: 14 de octubre de 2025. 10 millones de visitas: 28 de julio de 2025. 9 millones de visitas: 13 de mayo de 2024. 8 millones de visitas: 8 de octubre de 2022. 7 millones de visitas: 30 de septiembre de 2021. 6 millones de visitas: 21 de febrero de 2020. 

No celebramos los 5 millones, pero sí cuando alcanzamos las 4.444.444 visitas  el 31-1-16 y el resto de hitos del blog se relatan a continuación. El martes 3 de febrero de 2015, se alcanzaron los CUATRO millones de visitas (ver post) en menos de 10 años desde su creación. Casi dos años y medio para lograr cada millón de visitas, prácticamente el mismo ritmo que para lograr cinco año después otros dos millones de lectores. El tercer millón fue el 15 de junio de 2013 (ver la entrada correspondiente). El segundo millón se alcanzó a principios de 2009, si bien la fecha exacta no está recogida. Os queremos agradecer esta amistad que nos brindáis, especialmente a quienes nos acompañáis desde hace años.

Vamos a ir simplificando estas celebraciones, porque cada día se contabilizan cien mil visitas más. Todo a pesar de nuestra jubilación hace ya más de 8 años, parece que seguimos contando con la fidelidad de quienes nos leéis y comentáis. ¡Gracias y no nos abandonéis en este lugar de encuentro y de debate! Eskerrik asko! Thanks! Merci!

Mirar y admirar: El abismo entre el ojo y el alma

Hay verbos que se disfrazan de sinónimos y que, sin embargo, señalan dos formas irreconciliables de estar en el mundo. Mirar y admirar comparten el mismo instrumento —el ojo— pero no el mismo destino. Mirar es una función casi biológica, un reflejo que el cerebro ejecuta miles de veces al día sin que medie voluntad alguna; admirar exige, en cambio, detención, entrega, una suspensión del tiempo que nuestra época, saturada de pantallas y estímulos fugaces, apenas se permite ya. 

La filosofía occidental intuyó esta distancia desde su origen. Aristóteles sostuvo que la filosofía nace del asombro, del thaumazein: no del simple ver, sino de un ver que se detiene y se interroga ante lo que parecía evidente. Ese extrañamiento es, precisamente, lo que separa la mirada de la admiración. Spinoza, siglos después, definió en su Ética la admiratio como el estado en que la mente queda fija en un objeto por su singularidad, sin relacionarlo aún con ninguna otra idea: un instante suspendido que puede ser tanto el umbral del conocimiento como su trampa, si el espíritu se detiene ahí y no avanza hacia una comprensión más adecuada. 


La literatura ha explorado esta misma frontera con instrumentos propios. Marcel Proust escribió que el verdadero viaje no consiste en buscar paisajes nuevos, sino en mirar con ojos nuevos; la frase condensa una convicción compartida por buena parte de la tradición moderna: lo que cambia no es el mundo, sino la calidad de la atención que le dedicamos. Rainer Maria Rilke llevó esa idea hasta sus últimas consecuencias en su soneto sobre el torso arcaico de Apolo: contemplar de verdad una obra de arte —admirarla— nos devuelve una mirada que exige transformación; el poema termina con una orden que resuena como advertencia: hay que cambiar de vida. Mirar una estatua es catalogarla; admirarla es sentirse observado por ella.


La pensadora Simone Weil, muy citada en este blog, ofreció quizá la formulación más precisa: la atención, llevada a su grado más alto, es idéntica a la plegaria. Admirar sería entonces una forma laica de oración, un acto de generosidad hacia lo contemplado, mientras que mirar permanece en el registro de la utilidad, del reconocimiento funcional que nos permite orientarnos sin detenernos a comprender.


Miguel de Unamuno, por su parte, habría discrepado de cualquier admiración fría o meramente estética: para el hombre de carne y hueso que él reivindicaba, admirar sin implicarse, sin que el objeto contemplado nos duela o nos alegre, sería una forma sutil de seguir mirando. La admiración auténtica compromete, no solo contempla. 


Juan Ramón Jiménez pedía a la inteligencia el nombre exacto de las cosas; esa exactitud solo llega tras la admiración, nunca tras la mirada apresurada. John Berger, por su parte, recordó que ver es siempre un acto de elección: elegimos lo que miramos, pero admirar añade a esa elección una entrega que no todo acto de ver posee.


En un tiempo de scroll infinito, donde los ojos recorren miles de imágenes sin posarse en ninguna, recuperar la admiración —esa mirada que se detiene, se pregunta y se deja transformar— no es un lujo estético, sino una forma de resistencia. Mirar es recorrer la superficie del mundo; admirar es, todavía, habitarlo. En una época saturada de imágenes, fotografías, vídeos y estímulos fugaces, recuperar la diferencia entre mirar y admirar constituye casi un ejercicio de resistencia cultural. Mirar consume un instante; admirar reclama tiempo. Mirar registra; admirar interpreta. Mirar puede distraernos; admirar puede transformarnos.


Quizá educar sea, en buena medida, enseñar esa segunda mirada. Porque al final no vemos solamente con los ojos. Vemos con nuestra memoria, nuestra inteligencia, nuestra sensibilidad y nuestros valores. Y cuando todas esas facultades se reúnen ante algo que reconocemos como valioso, la mirada deja de ser mera percepción y se convierte en admiración. La diferencia es enorme: mirar es ver que algo existe; admirar es descubrir por qué merece nuestra atención. 

Una semana fuera del tiempo: ¿Pasado o futuro?

Hoy en la piscina un vecino murciano muy viajado, Javier Navarro Pina, nos ha planteado a un grupo una pregunta con mucha enjundia, que hemos ido respondiendo como hemos improvisado. Esta era la formulación: Si pudieras pasar una semana en cualquier momento de la historia pasada o del futuro, ¿qué año y lugar elegirías? 

Ahora, con un poco más de tiempo, descomponemos la pregunta en dos posts, porque es una cuestión sumamente interesante para un blog de historia, literatura, filosofía y educación: 1º ¿Preferirías conocer el pasado que nos explica o viajar al futuro para saber qué nos espera? 2º Sería definirte por un tiempo y lugar (en el siguiente post).

¿Viajarías al pasado para comprenderlo o al futuro para descubrirlo? Siete días para conocer mejor el pasado o para descubrir el futuro de la humanidad en este viaje improbable hacia adelante e imposible hacia atrás que todos querríamos hacer, hacia el ayer (incluso previo a  nuestro nacimiento) o al mañana cercano o remoto. ¿Conocer nuestros orígenes o nuestro destino? Serían dos formas fascinantes de conocer la humanidad, su principio y -quizá- su final, revivir cómo fuimos o cómo seremos.

Es una pregunta excelente porque obliga a elegir entre la nostalgia de lo que sabemos que ocurrió y la curiosidad por lo que todavía no conocemos. Si la elección fuera realmente libre —una semana, cualquier lugar, con regreso garantizado y sin alterar la historia—, yo distinguiría entre una elección intelectualmente fascinante y otra emocionalmente poderosa. Analizamos sus pros y contras de cada opción.

Una semana en el pasado. 

Ventajas: 1. Ser testigo de un momento histórico real. Podrías estar en Atenas durante la época de Pericles, en Florencia con Leonardo, en París durante la Revolución Francesa, en Bilbao durante la industrialización o contemplar una civilización desaparecida.

2. Ver a grandes personajes sin intermediarios. Conversar —si fuera posible entenderse— con Sócrates, Aristóteles, Cervantes, Shakespeare, Einstein o Marie Curie sería una experiencia incomparable.

3. Resolver enigmas históricos. ¿Quién dijo realmente determinadas frases? ¿Cómo era exactamente una batalla? ¿Qué ocurrió entre bastidores? ¿Cómo vivía una persona corriente en una época concreta?

4. Comprender la vida cotidiana. Los libros conservan acontecimientos, pero rara vez transmiten completamente los olores, sonidos, comidas, enfermedades, miedos, trabajos y relaciones humanas de una época.

5. Comparar mito y realidad. Quizá descubriríamos que algunas épocas que idealizamos fueron mucho más duras de lo que imaginamos.

Desventajas: Higiene, enfermedades y medicina: una semana podría ser mucho más peligrosa de lo que parece. Barreras lingüísticas: incluso viajando a nuestro propio país podríamos no entender fácilmente la lengua de hace siglos. Violencia y desigualdad: muchas sociedades históricas eran extraordinariamente inseguras. Ausencia de comodidades modernas: electricidad, antibióticos, agua corriente, comunicaciones… Riesgo psicológico: comprobar que nuestros héroes eran seres humanos bastante menos admirables podría resultar decepcionante. Y existe una gran paradoja: sabemos cómo terminó el pasado, pero no podemos cambiarlo.

Una semana en el futuro

Ventajas: 1. Conocer qué ocurrió realmente. Podríamos saber qué tecnologías triunfaron, cómo evolucionó la humanidad y qué problemas actuales fueron resueltos.

2. Contemplar tecnologías hoy inimaginables. Medicina regenerativa, inteligencia artificial, energía ilimitada, exploración espacial, longevidad inverosímil, realidad aumentada, teletransporte,…

3. Conocer el destino de la humanidad. ¿Habrá ciudades en Marte? ¿Habrá desaparecido el automóvil privado? ¿Cómo será la educación? ¿Seguirán existiendo los Estados?

4. Resolver incertidumbres personales y colectivas. Incluso podríamos descubrir qué ocurrió con nuestra familia, nuestra ciudad, nuestra cultura o nuestro propio legado.

5. Volver con conocimiento extraordinariamente valioso. Una semana en el futuro podría proporcionar información capaz de transformar nuestro presente.

Desventajas: Y aquí aparece el gran problema de una experiencia que sería radicalmente distinta. Podría ser un futuro que no quisiéramos conocer. Podríamos encontrarnos con: cambio climático irreversible; guerras devastadoras; pérdida de libertades; sociedades profundamente desiguales; una inteligencia artificial dominante; desaparición de especies; colapso demográfico; una humanidad que ya no reconocemos.

Además, existe un riesgo filosófico y científico (porque nada con masa puede viajar al futuro): si conocemos el futuro, quizá dejamos de ser libres respecto a él. Y otro todavía más inquietante: ¿qué ocurriría si descubrimos que nosotros mismos ya no existimos, o no que nada del legado propio personal o colectivo?

¿Qué elegiría yo?

Si la condición fuese regresar exactamente al presente al cabo de siete días y no modificar nada, elegiría el futuro. Pero no viajaría miles de años. Elegiría probablemente unos 100-150 años hacia adelante, quizá alrededor de 2150-2175.

¿Por qué? Porque 150 años permitirían contemplar transformaciones enormes sin convertir el viaje en una visita a un universo completamente incomprensible. Me interesaría especialmente observar: cómo viven las personas, cómo aman, cómo educan a sus hijos, qué leen, qué consideran trabajo, qué significa ser humano y qué relación mantienen con las máquinas. Más que conocer los inventos del futuro, querría descubrir qué ha ocurrido con la condición humana.

Y hay una segunda opción que parece todavía más tentadora: viajar al pasado a un momento concreto de Bilbao o del País Vasco, para observar durante una semana la vida cotidiana de nuestros antepasados. Porque el futuro podemos intentar construirlo; el pasado ya es irrecuperable.

La verdadera elección, en realidad, las dos opciones responden a dos deseos humanos legítimos pero diferentes: Pasado → “Quiero saber de dónde venimos.” o Futuro → “Quiero saber hacia dónde vamos.”