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Ousman Umar: Superviviente que se convierte en maestro

Aún estoy conmovido con el libro Viaje al país de los blancos, de Ousman Umar: Un niño que vio un avión y cruzó el Sahara, una odisea entre la supervivencia y la dignidad. Porque hay obras que incomodan porque revelan lo que preferimos ignorar. Viaje al país de los blancos (Penguin Random House, 2019), del escritor ghanés Ousman Umar, es uno de ellos: un testimonio autobiográfico que convierte la experiencia migratoria en literatura sin perder ni un gramo de verdad. 

Ousman Umar salió de Ghana siendo un niño, cruzó el Sáhara a pie, el mar en patera y vio morir en el camino a la mayoría de sus compañeros de viaje, entre ellos a su mejor amigo. Recorrió 21.333 kilómetros para llegar a Barcelona cruzando ocho países y tardó cinco años en hacerlo. El joven ghanés llegó a Fuerteventura en diciembre de 2004, 48 horas después de iniciar el tramo final en patera y haberse quedado sin combustible en alta mar. Tras ser atendido por Cruz Roja, pasó 33 días en el Centro de Internamiento de El Matorral y fue derivado a Málaga. El 24 de febrero de 2005 llegó a Barcelona. 

Después de meses durmiendo en la calle, fue acogido por una familia, comenzó sus estudios y consiguió trabajo como mecánico de bicicletas. En 2012, con sus primeros ahorros, fundó NASCO Feeding Minds con el objetivo de mejorar la educación en su país de origen. En 2018 se integró además en el equipo de Proactiva Open Arms. Hoy, Ousman Umar es conferenciante, activista y escritor reconocido en toda España.

La obra narra la odisea de un joven que arriesgó su vida por un futuro mejor. El relato arranca en la sabana africana, con una infancia sencilla marcada por la comunidad, la oralidad y una escuela a siete kilómetros de casa. El giro lo provoca un avión que sobrevuela el cielo natal: desde ese momento, el protagonista quiso ser piloto, ingeniero, todo, menos negro. Esa frase, lanzada con la crudeza desarmante de la infancia, sintetiza el núcleo psicológico del libro: la migración no es únicamente una huida de la pobreza, sino también la búsqueda de una identidad que el mundo exterior ha devaluado.

A los trece años, Ousman inicia su periplo. La travesía del Sahara es el corazón más duro del relato: días sin agua, compañeros que mueren de sed o de agotamiento, la violencia arbitraria de los traficantes de personas, la radical soledad del desierto. No hay épica gratuita; la narración avanza con una sobriedad que resulta más aterradora que cualquier dramatismo. Tras el desierto llega el Mediterráneo, otra frontera mortal donde fallece Musa, su mejor amigo, en la patera contigua. La aleatoriedad de la supervivencia —por qué él y no otro— atraviesa todo el libro como una pregunta sin respuesta.

La llegada a Europa no cierra la odisea: la abre en otra dirección. La primera noche que durmió en una casa con comodidades y confort, se puso a llorar como un niño. Europa no era el paraíso prometido, y esa decepción es también una de las lecciones más perturbadoras del libro para el lector occidental. Ousman descubrió que el paraíso no estaba en Europa, sino en el corazón de cada ser humano, y que la educación es la clave para acceder a él. 

Citas del libro y de su autor: El texto incluye pasajes de una densidad moral considerable. Algunos de los más citados por lectores y reseñistas son los siguientes: «Cuatro años después de comenzar esa hazaña, logré llegar a España y, tras varios meses durmiendo en la calle, me acogió una familia. La primera noche que dormí en su casa, pese a las comodidades y el confort, me puse a llorar como un niño. ¿Por qué había sufrido tanto?» «La idea de NASCO Feeding Minds es crear las condiciones en Ghana para que los jóvenes de allí no sientan la tentación de pasar por las penalidades por las que tuve que pasar. Que nadie más muera en el desierto o en el mar.» Y en la apertura del libro, con esa voz que mezcla ingenuidad y lucidez: «Mi nombre es Ousman Umar. Sé que nací un martes, no sé de qué mes ni de qué año porque en mi tribu eso no importa.»

Por qué leerlo. Viaje al país de los blancos no es un libro de denuncia al uso, aunque denuncia. No es literatura de victimismo, aunque narra un sufrimiento casi inconcebible. Es, ante todo, un ejercicio de humanismo activo: el relato de alguien que, habiendo tenido todas las razones para amargarse, eligió la generosidad como proyecto de vida. En una época en que el debate migratorio se ha reducido a cifras y eslóganes electorales, este testimonio devuelve el rostro a las estadísticas. Ahora, el autor necesita contar esta historia hasta que no haya más historias como esta que contar. Un libro breve, urgente y necesario.

@dandoecotv_ 🌍 DE CRUZAR EL MAR EN PATERA A INSPIRAR A MILES DE PERSONAS 💙 Ousman Umar dejó África con solo 13 años buscando una oportunidad para cambiar su vida. Un viaje marcado por el miedo, el sufrimiento y la esperanza que estuvo a punto de costarle la vida. 🙏 Gracias a la ayuda de personas que creyeron en él, consiguió salir adelante, estudiar y construir un futuro que hoy inspira a miles de personas. Su historia ha dado lugar a un libro y a una película. 🗣️ «Me ha tocado el Euromillón muchas veces», afirma al recordar a quienes le tendieron la mano cuando más lo necesitaba. 💬 ¿Crees que historias como la suya ayudan a cambiar la forma de ver la inmigración y la superación personal? 👇 Te leemos en comentarios. #ÚltimaHora #Superación #HistoriasQueInspiran #Actualidad #DandoEcoTV ♬ sonido original - 🗣️Dando Eco TV| Noticia Viral

¡Quince millones de visitas en este vuestro blog! ¡Gracias!

Este nuestro, pero sobre todo vuestro, blog ha superado hoy, sábado 20 de junio de 2026,  los QUINCE millones de vuestras amables visitas desde aquel abril de 2005 en que se creó en blog.agirregabiria.net. En realidad desde hace menos tiempo, porque solamente se contabiliza desde que se incorporó el contador. No todos los millones de visitas los hemos ido celebrando; algunos sí, como luego veremos. 

¿Qué está pasando, qué maravillas estáis logrando, o solamente son bots según la Teoría del Internet muerto (post reciente)? Ahora que no estamos en voluntariado tan activo, sin GetxoBlog, ni AUVE, ni Nagusiak (que tanto echamos de menos),... Lo tenemos claro: un blog sólo crece con sus lectores y lectoras. Catorce millones de visitas cómplices, catorce millones de gracias. 

Apenas han transcurrido 31 días desde el martes 19 de mayo de 2026, cuando alcanzamos 14 millones de visitas.  Menos que los 79 días que necesitamos para cada uno de los dos millones anteriores. Fueron 13 millones el 1 de marzo de 2026 (79 días). Esto confirma que este espacio digital sigue vivo, vibrante y compartido. Los dos anteriores millones se lograron respectivamente en 59 días (del 14 de octubre al 15 de diciembre de 2025) y 78 días (del 28 de julio de 2025 al 14 de octubre). Pero este logro no es del autor. Es, sobre todo, de quienes leen, comentan, comparten y dialogan. Cada visita, cada clic, cada relectura y cada reflexión son los auténticos cimientos de este largo viaje que comenzó hace años y que hoy celebra una cifra redonda: 14 millones de pasos juntos.

El blog continúa porque vosotros lo hacéis posibleSeguimos… hacia el próximo millón, pero sobre todo, hacia nuevas ideas compartidas. En una época dominada por la inmediatez, el blog reivindica el valor del tiempo lento, del análisis, de la palabra que se piensa antes de ser dicha. Escribir y leer blogs es una manera de educar la mirada, de entrenar la empatía y de construir comunidad a través de las ideas.

Previamente logramos TRECE millones el 1 de marzo de 2026. Anteriormente DOCE millones el 12 de diciembre de 2025 y los ONCE millones el 14 de octubre de 2025. Antes transcurrieron 15 meses entre el 28 de julio de 2025 (DIEZ millones, post) y el 13 de mayo de 2024 cuando alcanzamos los NUEVE millones de visitas (post). Anteriormente, necesitamos 18 meses desde la cifra de OCHO millones del 8 de octubre de 2022, cuando rompimos la barrera de los SIETE millones el 30 de septiembre del año 2021

Esto se va estabilizando, dado que también necesitamos un año y medio para subir de los seis a los siete millones de visitas. Fue el sábado 21 de febrero de 2020 cuando se alcanzaron los SEIS millones de visitas (véase el post). Anteriormente, tardábamos algo más. No celebramos los 5 millones, pero sí cuando alcanzamos las 4.444.444 visitas  el 31-1-16 y el resto de hitos del blog se relatan a continuación. El martes 3 de febrero de 2015, se alcanzaron los CUATRO millones de visitas (ver post) en menos de 10 años desde su creación. Casi dos años y medio para lograr cada millón de visitas, prácticamente el mismo ritmo que para lograr cinco año después otros dos millones de lectores. El tercer millón fue el 15 de junio de 2013 (ver la entrada correspondiente)El segundo millón se alcanzó a principios de 2009, si bien la fecha exacta no está recogida. Os queremos agradecer esta amistad que nos brindáis, especialmente a quienes nos acompañáis desde hace años. 

Vamos a ir simplificando estas celebraciones, porque en apenas 3 días ya se contabilizan un cuarto de millón más. Todo a pesar de nuestra jubilación hace ya más de 8 años meses, parece que seguimos contando con la fidelidad de quienes nos leéis y comentáis. ¡Gracias y no nos abandonéis en este lugar de encuentro y de debate! Eskerrik asko! Thanks! Merci!

El tren de la vida según Jean d’Ormesson

Circula por Internet, atribuido con devoción a Jean d'Ormesson, un texto breve titulado Le train de ma vieEl tren de mi vida— que comienza así: al nacer, subimos a un tren y encontramos a nuestros padres, y creemos que viajarán siempre con nosotros. Pero en alguna estación descienden, y el viaje continúa sin ellos. Un texto de apenas unas decenas de líneas que ha recorrido millones de pantallas, ha sido leído en funerales y bodas, susurrado en hospitales y copiado en cuadernos de adolescentes. El problema —o quizás la gracia— es que los investigadores literarios no han podido localizar este fragmento en ninguna obra ni discurso oficial de d'Ormesson. Todo apunta a que se trata de un texto anónimo que el imaginario colectivo decidió, con una especie de justicia poética, colocar bajo la firma del escritor francés más amado de su generación. 

Y sin embargo, pocas atribuciones resultan tan comprensibles. Jean d'Ormesson, fallecido en 2017 a los 92 años, era uno de los intelectuales más populares entre los franceses, que apreciaban su optimismo frente a la desesperanza de muchos de sus colegas. Él mismo definía sus libros como «una especie de Prozac para almas atormentadas», y su último título llevaba por nombre Je dirai malgré tout que cette vie fut belleDiré pese a todo que esta vida ha sido bella—, una declaración que podría servir de epílogo al texto del tren sin perder ni una gota de autenticidad. Estudió en la Escuela Normal Superior de París y se especializó en letras, historia y filosofía, antes de convertirse en académico, periodista, novelista y en lo que los franceses llaman, con afecto, le prof de lettres des Français: el maestro de letras de los franceses.

La metáfora del tren como representación del transcurso vital tiene una larga historia en la literatura y el pensamiento occidental. Desde las meditaciones de Marco Aurelio sobre el paso del tiempo hasta las imágenes ferroviarias de Tolstói o la filosofía bergsoniana de la duración, el viaje en tren ha funcionado como espejo del tiempo irreversible: todo avanza en una sola dirección, las estaciones se suceden sin posibilidad de retorno, y los pasajeros suben y bajan según leyes que nos sobrepasan. Lo que el texto atribuido a d'Ormesson añade es una modulación sentimental y ética al mismo tiempo: los otros no son mero paisaje, sino compañeros de vagón cuya presencia o ausencia nos define.

La estructura narrativa del texto es engañosamente sencilla. Comienza con la infancia —el encuentro con los padres— y va desplegando, en orden casi cronológico, los vínculos que conforman una vida: hermanos, amigos, amores, hijos. Cada uno ocupa su asiento durante un trecho, y luego desciende. Algunos lo hacen de manera ruidosa y dolorosa; otros, «tan discretamente que no nos damos cuenta de que han abandonado su asiento». Esta distinción no es menor: hay pérdidas que dejan cicatriz y pérdidas que solo se reconocen en retrospectiva, cuando la ausencia ya es antigua y el nombre apenas emerge de la memoria. La sabiduría del texto reside precisamente en no jerarquizar: ambas formas de partir merecen atención. 

El desenlace apunta hacia una ética del presente que tiene resonancias estoicas y también budistas: no sabemos en qué estación descenderemos, de modo que la única respuesta razonable es vivir con gratitud, perdonar a tiempo y procurar dejar buenos recuerdos en quienes continúan el viaje. Es una filosofía sin asperezas, quizás demasiado luminosa para algunos, pero que en Jean d'Ormesson —real o imaginado como autor— encuentra su portavoz natural.

Que un texto anónimo haya necesitado un nombre para circular, y que ese nombre haya sido el suyo, dice algo revelador sobre la función social de los autores. La autoría no es solo un dato bibliográfico: es una promesa de coherencia, un marco interpretativo. Cuando leemos este texto creyendo que es de d'Ormesson, lo leemos de otra manera: con la gravedad serena de alguien que se sabe mortal y ha decidido celebrar la vida de todas formas. La ficción de autoría, en este caso, no engaña; ilumina.

Al final, quizás importe menos quién escribió Le train de ma vie que el hecho de que alguien lo escribió, de que millones lo han reconocido como propio, y de que d'Ormesson —con su elegancia aristocrática y su incurable amor por la existencia— sigue siendo, incluso más allá de la muerte, el tipo de escritor a quien uno querría atribuirle las palabras más hermosas sobre el viaje que todos, sin excepción, estamos haciendo juntos.

@pooeticphrases Le Train de La Vie by Jean d’Ormersson🚞#legend #tiktok ♬ son original - PoéticPhrases

¡Alzad la mirada! El eco humanista de León XIV en España

El reciente mensaje del Papa León XIV a la Iglesia y a la sociedad española, condensado en el sugerente lema «Alzad la mirada», ha abierto un espacio de profunda reflexión teológica, social y educativa. No se trata de una simple consigna piadosa, sino de una provocación intelectual y evangélica que sacude las estructuras del viejo continente. En una España que se debate entre la polarización, los desafíos demográficos y la gestión de sus fronteras, la voz del Pontífice resuena como una llamada urgente a la justicia restaurativa y a la audacia institucional.

La trascendencia que compromete: El significado de «Alzad la mirada» Levantar la vista, en la rica tradición bíblica, implica salir de la autorreferencialidad. León XIV utiliza este lema para combatir lo que denomina la «miopía del bienestar». Cuando una sociedad se obsesiona exclusivamente con sus curvas macroeconómicas o sus tensiones identitarias internas, se vuelve espiritualmente estéril.

El Papa propone una mirada vertical —hacia la trascendencia y los valores absolutos del Evangelio— que, lejos de evadir la realidad, se traduce de inmediato en una mirada horizontal de largo alcance. Alzar la mirada significa ver más allá de los muros físicos y de los ciclos electorales, redescubriendo la dignidad intrínseca de cada ser humano como sujeto de derechos inalienables.

Justicia y hospitalidad: La centralidad del migrante. El núcleo más agudo del mensaje papal ha sido, sin duda, la solidaridad con las personas migrantes. León XIV evita deliberadamente el lenguaje puramente utilitarista o tecnocrático. Para el Pontífice, las fronteras no son solo límites geopolíticos, sino termómetros morales de una nación.

"La justicia no es la mera aplicación de la ley positiva, sino la restitución activa de la dignidad a los vulnerables." Al exigir vías seguras y políticas de hospitalidad integradoras, el Papa vincula directamente la autenticidad de la fe cristiana con la justicia social. No hay culto legítimo a Dios que ignore el clamor del desterrado. En el esquema conceptual de León XIV, la acogida al migrante no es un accesorio ético o una muestra de beneficencia opcional, sino una deuda de justicia global que Occidente no puede seguir postergando.

Una pedagogía del encuentro: El reto educativo. Aquí es donde el mensaje del Papa interpela directamente a las instituciones educativas, especialmente a las de inspiración humanista y cristiana. El Pontífice propone una pedagogía del encuentro capaz de contrarrestar las narrativas del miedo y la xenofobia que proliferan en la conversación pública.

La educación, bajo esta premisa, no puede limitarse a la capacitación técnica para el mercado laboral; debe ser, ante todo, una escuela de alteridad (descubrimiento del otro). Alzar la mirada en las aulas implica: Deconstruir prejuicios: Enseñar a los jóvenes a analizar críticamente los discursos de odio. Comprender las causas: Estudiar los factores estructurales (guerras, crisis climáticas, desigualdad) que fuerzan el desplazamiento humano. Fomentar la empatía: Diseñar espacios de convivencia real donde el migrante sea visto como una riqueza cultural y humana, y nunca como una amenaza.

Una hoja de ruta para el futuro. El llamamiento de León XIV deja a España ante un espejo exigente. No es coherente rezar con la vista al cielo mientras se cierran los ojos ante el hermano que llama a la puerta. Religión, justicia y educación se entrelazan de forma indisoluble en este documento. La respuesta que la sociedad civil y las comunidades de fe den a estas claves determinará si el lema «Alzad la mirada» se queda en una hermosa retórica o si se convierte en la semilla de una sociedad verdaderamente justa, profética y acogedora.

¡Catorce millones de visitas en este vuestro blog! ¡Gracias!

Este nuestro, pero sobre todo vuestro, blog ha superado a las 23 horas de hoy, martes 19 de mayo de 2026, los CATORCE millones de vuestras amables visitas desde aquel abril de 2005 en que se creó en blog.agirregabiria.net. En realidad desde hace menos tiempo, porque solamente se contabiliza desde que se incorporó el contador. No todos los millones de visitas los hemos ido celebrando; algunos sí, como luego veremos. 

¿Qué está pasando, qué maravillas estáis logrando, o solamente son bots según la Teoría del Internet muerto (post reciente)? Ahora que no estamos en voluntariado tan activo, sin GetxoBlog, ni AUVE, ni Nagusiak (que tanto echamos de menos),... Lo tenemos claro: un blog sólo crece con sus lectores y lectoras. Catorce millones de visitas cómplices, catorce millones de gracias. 

Al igual que con el millón anterior del 1 de marzo de 2026 (79 días), nuevamente hemos necesitado apenas otros 79 días exactamente para sumar un millón más de lecturas, lo que confirma que este espacio digital sigue vivo, vibrante y compartido. Los dos anteriores millones se lograron respectivamente en 59 días (del 14 de octubre al 15 de diciembre de 2025) y 78 días (del 28 de julio de 2025 al 14 de octubre). Pero este logro no es del autor. Es, sobre todo, de quienes leen, comentan, comparten y dialogan. Cada visita, cada clic, cada relectura y cada reflexión son los auténticos cimientos de este largo viaje que comenzó hace años y que hoy celebra una cifra redonda: 14 millones de pasos juntos.

El blog continúa porque vosotros lo hacéis posibleSeguimos… hacia el próximo millón, pero sobre todo, hacia nuevas ideas compartidas. En una época dominada por la inmediatez, el blog reivindica el valor del tiempo lento, del análisis, de la palabra que se piensa antes de ser dicha. Escribir y leer blogs es una manera de educar la mirada, de entrenar la empatía y de construir comunidad a través de las ideas.

Previamente logramos TRECE millones el 1 de marzo de 2026. Anteriormente DOCE millones el 12 de diciembre de 2025 y los ONCE millones el 14 de octubre de 2025. Antes transcurrieron 15 meses entre el 28 de julio de 2025 (DIEZ millones, post) y el 13 de mayo de 2024 cuando alcanzamos los NUEVE millones de visitas (post). Anteriormente, necesitamos 18 meses desde la cifra de OCHO millones del 8 de octubre de 2022, cuando rompimos la barrera de los SIETE millones el 30 de septiembre del año 2021

Esto se va estabilizando, dado que también necesitamos un año y medio para subir de los seis a los siete millones de visitas. Fue el sábado 21 de febrero de 2020 cuando se alcanzaron los SEIS millones de visitas (véase el post). Anteriormente, tardábamos algo más. No celebramos los 5 millones, pero sí cuando alcanzamos las 4.444.444 visitas  el 31-1-16 y el resto de hitos del blog se relatan a continuación. El martes 3 de febrero de 2015, se alcanzaron los CUATRO millones de visitas (ver post) en menos de 10 años desde su creación. Casi dos años y medio para lograr cada millón de visitas, prácticamente el mismo ritmo que para lograr cinco año después otros dos millones de lectores. El tercer millón fue el 15 de junio de 2013 (ver la entrada correspondiente)El segundo millón se alcanzó a principios de 2009, si bien la fecha exacta no está recogida. Os queremos agradecer esta amistad que nos brindáis, especialmente a quienes nos acompañáis desde hace años. 

Esta transición de 13 a 14 millones de visitas, a día de hoy y según Blogger, ha supuesto pasar de 10.384 a 10.466 entradas publicadas (apenas 82 posts más). Mencionando a nuestro Flickr desde 2005 que nos ha acompañado estos VEINTE AÑOS de BLOG también se ha producido un inexplicable arreón

En solamente estos 79 días mágicos hemos llegado a 35,89 millones de visitas en Flickr cuando antes antes fueron 34,35 millones de visitas para 280.200 imágenes actuales. Hace 21meses fueron casi 15 millones de visitas en Flickr para las entonces 273.014 imágenes (si bien muchas son privadas o abiertas sólo a familiares o amistades). Con 8 millones las cifras fueron de casi 14 millones de visitas en Flickr para las 200.500 imágenes de aquel momento.

A pesar de nuestra jubilación hace ya más de 8 años parece que seguimos contando con la fidelidad de quienes nos leéis y comentáis. ¡Gracias y no nos abandonéis en este lugar de encuentro y de debate! Eskerrik asko! Thanks! Merci!

BookCrossing o libros viajeros en el CC La Zenia

Nos ha sorprendido que en La Zenia también había un punto de BookCrossing (nuestras fotos). Este tema de cruce libre de libros (ver en muchos posts previos), es una práctica que convierte el mundo entero en una biblioteca sin paredes ni horarios. Nacida en Estados Unidos en 2001 de la mano de Ron Hornbaker, la idea es tan sencilla como radical: registrar un libro en la plataforma global bookcrossing.com, asignarle un código de identificación único —el BCID— y liberarlo en un lugar público para que otro lector lo encuentre, lo lea y lo devuelva a la circulación. Cada ejemplar se convierte así en un viajero con historia propia.

En España, el movimiento arraigó con notable entusiasmo durante la primera década del siglo XXI, cuando las comunidades virtuales comenzaban a vertebrar formas de sociabilidad inéditas. Ciudades como Barcelona, Madrid, Bilbao o Valencia acogieron puntos de liberación habituales: bancos de parques, vestíbulos de bibliotecas, cafeterías, salas de espera de hospitales. Los participantes, denominados bookcrossers, comparten en la plataforma sus avistamientos y sus lecturas, tejiendo una red de afinidades literarias que trasciende la geografía.

El fenómeno conecta con una tradición cultural profunda: la del libro prestado, anotado y comentado que circula entre amigos. Pero le añade una dimensión comunitaria y rastreable que lo resignifica. Cada libro liberado es un acto de confianza en el desconocido, una apuesta por la generosidad como norma social. En un tiempo dominado por el consumo individual y la pantalla, el BookCrossing propone una economía del don aplicada a la cultura escrita.

Las cifras globales de la plataforma superan los quince millones de libros registrados en más de cien países. En España, aunque el pico de actividad corresponde a los años 2005-2012, persisten comunidades activas y eventos periódicos organizados por bibliotecas públicas y asociaciones culturales, que han sabido integrar esta práctica como herramienta de animación lectora y cohesión social. El libro que alguien abandona no se pierde: empieza otro viaje.

El tiempo que no se recupera: una lección de felicidad

Nos gustó Una cuestión de tiempo (About Time, 2013), o cómo vivir cada instante como si fuera el últimoPorque el tiempo no se recupera. O quizás sí. Pero es una película que no olvidarás con el tiempo. Richard Curtis lo intenta con ternura, humor y una melancolía que cala hondo. Hay películas que se anuncian como comedias románticas y terminan siendo algo mucho más hondo: una reflexión sobre la felicidad, la pérdida y el arte de habitar el presente. Una cuestión de tiempo (About Time, Reino Unido, 2013) pertenece a esa rara categoría de films que engañan al espectador para bien, conduciéndole desde la risa hacia la emoción sin que advierta el instante exacto en que se produjo el cambio.

Richard Curtis: el arquitecto de las emociones británicas. Escrita y dirigida por Richard Curtis, About Time es una comedia dramática y romántica británica protagonizada por Domhnall Gleeson, Rachel McAdams y Bill Nighy. Curtis es ya un nombre mítico en el género: el hombre que escribió Cuatro bodas y un funeral, Notting Hill y Love Actually lleva décadas codificando el amor con acento inglés, esa mezcla de torpeza, ironía y sinceridad que resulta tan universalmente reconocible.

About Time fue solo su tercera película como director, y el propio Curtis reconoció que probablemente sería la última en ese rol, aunque aseguró que continuaría vinculado a la industria cinematográfica. La génesis de la idea surgió durante un almuerzo con un amigo, cuando salió el tema de la felicidad. Al admitir que no era verdaderamente feliz, la conversación derivó hacia la descripción de un día ideal; Curtis se dio cuenta entonces de que aquel almuerzo constituía precisamente uno de esos días, lo que le llevó a escribir una película sobre cómo se alcanza la felicidad en la vida cotidiana. Pensando que el concepto resultaba demasiado "simple", decidió añadir el elemento del viaje en el tiempo.

Argumento: el tiempo como segunda oportunidad. La película trata sobre un joven con la capacidad de viajar en el tiempo que intenta cambiar su pasado con la esperanza de mejorar su futuro. Tim Lake (Gleeson), al cumplir veintiún años, recibe de su padre una revelación extraordinaria: los hombres de su familia pueden desplazarse al pasado. Basta encontrar un espacio oscuro, cerrar los ojos y apretar los puños. Con ese don aparentemente irresistible, Tim se lanza a conquistar el amor de Mary (McAdams) y a enmendar los errores de su vida cotidiana. Pero el relato evoluciona con inteligencia: Curtis deja muy claro que hay hechos y momentos que solo se tienen que vivir una vez, y que viajar en el tiempo y tratar de prevenir ciertos desastres puede causar muchos otros, borrando incluso a personas de la propia vida. El verdadero viaje no es temporal, sino interior.

Un reparto de altura. El joven actor Domhnall Gleeson se maneja de manera perfecta entre lo cómico y lo dramático, siendo uno de los puntos fuertes de la película junto con el guión. Bill Nighy impregna ese toque de dulzura y elegancia muy británica que resulta imprescindible para el tono del film. Rachel McAdams, completamente diferente al estilo de papeles que había interpretado anteriormente, aparece aquí más dulce y natural, formando con Gleeson una dupla perfecta. En los papeles secundarios destacan Tom Hollander, Lydia Wilson como la frágil y entrañable hermana Kit Kat, y una breve pero memorable aparición de Margot Robbie.

Inteligente y dulce, divertida y realmente emotiva, About Time no es una película perfecta en términos técnicos. Los críticos han señalado los agujeros de la trama relacionados con el viaje en el tiempo, y su metraje podría haberse recortado. Pero esos defectos se disuelven ante la autenticidad de lo que propone: que la verdadera magia no está en retroceder en el tiempo, sino en aprender a vivir cada jornada con plena conciencia. "Todos viajamos juntos a través del tiempo, cada día de nuestras vidas. Todo lo que podemos hacer es disfrutar al máximo de este extraordinario viaje", dice Tim en su monólogo final. Pocas moralejas cinematográficas resultan tan genuinas.

En 2025, la película fue incluida en la edición "Readers' Choice" de la lista del The New York Times con las 100 mejores películas del siglo XXI, alcanzando el puesto 160. Un reconocimiento tardío, pero merecido, para una obra que ha ido ganando adeptos con los años.

@ruso.recs ⏳ “About Time” (2013) no es solo una historia de amor. Es un recordatorio de que cada día, por más simple que parezca, puede ser extraordinario si sabemos vivirlo de verdad. Una película que te hace reír, llorar y valorar el presente. ❤️🎬 #AboutTime #LiveTheMoment #TimeTravelMovie #MovieThatStaysWithYou #RomanticDrama #FilmRecs #EmotionalCinema #Movies #DomhnallGleeson #RachelMcAdams ♬ original sound - Ruso.recs

Palacio Museo Barón de Benifayó en San Pedro del Pinatar

Para un museólogo como soy, con un selecto Máster universitario de dos años pero sin demasiada trayectoria profesional, hoy ha sido un lujo completar la visita a dos palacios, de un mismo linaje: Benifayó entre tierra firme (San Pedro del Pinatare Isla Mayor o del Barón (Mar Menor). Hoy hemos visitado el Palacio Museo Barón de Benifayó, repleto de historia, arquitectura y memoria colectiva; hace unos días vimos en barco su palacete réplica menor (posts previo). Nos ha recibido su Director, Marcos David Gracia Antolinos, quien muy amablemente nos ha hecho un resumen de esta joya demasiado poco reconocida. Incluso nos ha invitado a una exposición temporal "Cuarenta años de historia viva" que este próximo viernes 8 de mayo se inaugura. 

Hay edificios que trascienden su función original para convertirse en depositarios de la memoria de todo un territorio. El Palacio Museo Barón de Benifayó, en San Pedro del Pinatar (Región de Murcia), es uno de esos lugares privilegiados donde la arquitectura, la historia nobiliaria y el patrimonio arqueológico y etnográfico convergen en una visita que sorprende por su densidad cultural.

Un encargo aristocrático con ecos universales. El palacio fue construido en el siglo XIX como residencia de veraneo, en un momento en que San Pedro del Pinatar comenzaba a despuntar como destino estival de la alta burguesía. Su promotor fue Don Julio Falcó d’Adda, perteneciente a la casa italiana de Saboya y emparentado con las más ilustres familias de la nobleza española, quien encargó el proyecto al arquitecto madrileño Lorenzo Álvarez Capra. La construcción se terminó en 1892. 

Lo que hace singular a este encargo va más allá de su destinatario: el palacete es una réplica reducida del Pabellón de España en la Exposición Universal de 1873, lo que convierte al edificio en un eco construido de la modernidad internacional del siglo XIX, trasplantado a un enclave costero del Mediterráneo español. Álvarez Capra concibió así una obra que dialoga, desde la periferia levantina, con las grandes corrientes arquitectónicas de su época.

La magia del neomudéjar frente al Mar Menor. Se trata de una residencia rural de carácter palacial, formada por varios cuerpos de edificación que en su aspecto externo toman la forma romántica de una especie de castillo con almenas y torreones, rodeada por un gran parque. El resultado es un ejercicio de eclecticismo romántico que entronca con la corriente neomudéjar: el uso del ladrillo en canto o punta, frecuente en la arquitectura mudéjar, permite marcar los diversos motivos y decoraciones de la fachada.

La relación del edificio con su contexto urbano también merece atención: originalmente disponía de unos extensos terrenos ajardinados que fueron cedidos, a finales del siglo XX, en su mayor parte al municipio por la condesa de Campo Hermoso y Villar de Felices, convertidos en el parque adyacente con su nombre. Una generosidad aristocrática tardía que hoy beneficia a residentes y visitantes por igual.

Un duelo, una isla y un segundo palacete. La historia del Barón no se agota en San Pedro del Pinatar. Detrás de su arraigo murciano hay un episodio de novela: el Barón retó a duelo a un adversario y, casual o intencionadamente, lo mató, por lo que fue procesado y condenado a prisión durante varios años. La cárcel que le correspondió no fue cualquiera: la Isla Mayor pertenecía a la marina española y era prisión militar, y a ella fue enviado Don Julio Falcó a cumplir su condena. Unos seis años pasó rodeado de agua salada pero, posiblemente por ser quien era, recibía visitas y obtenía permisos para visitar los alrededores. El Barón se enamoró de la isla y su entorno.

Cumplida la condena, lejos de alejarse del lugar de su reclusión, el aristócrata lo hizo suyo: adquirió la Isla Mayor para recreo y caza, mandando construir el palacete neomudéjar que todavía existe. El mismo arquitecto Álvarez Capra diseñó ambos edificios siguiendo un esquema común, aunque con diferencias notables: el de San Pedro disponía de dos torres y estaba rodeado de un gran jardín, mientras que el de la isla contaba con una sola torre y escasas plantas por la falta de agua dulce y el tipo salino del terreno. Así, la isla debe su segundo nombre —Isla del Barón— precisamente a quien levantó ese palacio neomudéjar en su cima volcánica.

Hoy la isla es propiedad privada y de acceso muy restringido, lo que confiere al palacete insular una aureola de misterio que contrasta con la accesibilidad del museo de San Pedro. En el recorrido que realizan los turistas por la isla pueden ver por fuera este inmueble, así como otras edificaciones que todavía se mantienen en uso, y subir a la torre para contemplar el paisaje. Dos arquitecturas gemelas, pues, separadas por las aguas del Mar Menor: una abierta al público como museo vivo, la otra custodiada por la distancia y la propiedad privada como reliquia casi inaccesible.

Leyendas y propietarios: La Casa de la Rusa. Todo gran edificio acumula capas de historia y, a menudo, de leyenda. El palacio es también conocido como la «Casa de la Rusa», al ser vivienda de una señora de esa nacionalidad durante unos años. Aunque la historiografía local matiza que no hay constancia documentada de ello, la denominación popular ha persistido con la tenacidad que solo tienen los mitos urbanos bien arraigados. Sus últimos propietarios fueron los Condes de Villar de Felices, quienes finalmente donaron el inmueble al Ayuntamiento, asegurando así su preservación y uso público.

El museo: tres miradas sobre el territorio. Hoy el palacio alberga el Museo Arqueológico y Etnográfico de San Pedro del Pinatar, que organiza su discurso expositivo en tres grandes ejes temáticos de notable interés didáctico. La sección de arqueología ofrece una muestra de los principales hallazgos del municipio, tanto terrestres como submarinos, así como una selección de fósiles y material de culturas prehistóricas del sureste, con piezas que abarcan desde el mundo ibérico y romano hasta el medieval e islámico. La etnografía, por su parte, recorre la vida cotidiana de dos mundos paralelos: la burguesía que se asentó en San Pedro del Pinatar a finales del siglo XIX construyendo sus residencias de verano, y las gentes de a pie que con su trabajo levantaron el municipio, representadas a través de oficios como la pesca, la agricultura, las salazones y la industria salinera.

Y quizás el rincón más entrañable sea la colección de juguetes antiguos: más de 300 juguetes cedidos o donados por colaboradores, que recorren la historia del juguete desde los más antiguos tirachinas, canicas y trompas hasta los primeros videojuegos de ordenador. Un viaje generacional que conecta emocionalmente con visitantes de cualquier edad.

Una visita que merece el desvío. El Palacio Museo Barón de Benifayó es mucho más que una parada turística convencional. Es un lugar donde la ambición estética de un aristócrata decimonónico, la sabiduría popular de una comunidad costera y los estratos arqueológicos de siglos convergen bajo un mismo techo almenado. Y para quien mire desde sus ventanas hacia el horizonte azul del Mar Menor, sabrá que en el centro de esas aguas se alza, inaccesible y silenciosa, la isla que el mismo Barón amó lo suficiente como para hacer de su prisión un hogar.

Palacio Museo Barón de Benifayó

Álbum de imágenes. Post en elaboración que continuará creciendo.

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Palacio Museo Barón de Benifayó

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Ser parisino, o bilbaíno, es una experiencia, no un origen

«Être Parisien, ce n’est pas être né à Paris, c’est y renaître.» (Ser parisino no es nacer en París, sino renacer allí), señaló Sacha Guitry. Pocas ciudades del mundo han generado una mitología tan densa y tan disputada como París. Capitales más grandes existen; urbes más antiguas, también. Pero ninguna ha logrado convertirse, con tal persistencia a lo largo de los siglos, en un estado de ánimo. Y nadie lo formuló con mayor precisión y elegancia que Sacha Guitry, ese dramaturgo, actor y cineasta de la Belle Époque tardía que hizo del ingenio su firma más reconocible.

El hombre que encarnó París. Alexis Georges Pierre Sacha Guitry nació en San Petersburgo en 1885 —paradoja biográfica que la cita convierte en autobiografía involuntaria— y murió en París en 1957. Hijo del gran actor Lucien Guitry, creció entre bambalinas y salones literarios, absorbiendo desde niño ese arte tan parisino de decir lo profundo con ligereza y lo trivial con aparente seriedad. Escribió más de ciento veinte obras de teatro, dirigió una treintena de películas y cultivó una imagen pública de dandi brillante e irremediablemente enamorado de su ciudad.

Su relación con París fue, en efecto, la gran historia de amor de su vida —más estable, desde luego, que sus cinco matrimonios, todos ellos con actrices célebres. Se le atribuye haber dicho que un hombre que pierde a su mujer y a su perro al mismo tiempo comprende cuánto echaba de menos al perro. Ese filo irónico, capaz de herir y de hacer reír en el mismo instante, es la marca inconfundible de su estilo.

Pero Guitry fue también algo más que un ingenioso de salón. Durante la ocupación alemana de París sufrió acusaciones de colaboracionismo —fue arrestado en 1944 y posteriormente exonerado— en un episodio que enturbia su legado y lo humaniza a la vez, recordándonos que los espíritus más refinados no están necesariamente a salvo de los dilemas morales más brutales de su tiempo.

La frase es, en apariencia, sencilla. Ser parisino no es una cuestión de cuna, sino de renacimiento. Pero bajo esa aparente ligereza —tan característica del esprit français— late una reflexión filosófica de considerable profundidad sobre la identidad, el aprendizaje y la transformación personal.

El peso del nacimiento y la libertad de la elección. Durante siglos, la pertenencia a un lugar fue una cuestión de sangre y de suelo. Se era bretón, provenzal o alsaciano antes incluso de comprender qué significaba serlo. La modernidad, sin embargo, fue abriendo lentamente otra posibilidad: la de elegir a qué comunidad, a qué ciudad, a qué tradición cultural se desea pertenecer. París, más que ninguna otra metrópolis occidental, encarnó ese ideal.

Desde el siglo XIX, la ciudad fue destino de artistas, escritores y pensadores que llegaron desde los rincones más diversos del mundo —Apollinaire desde Polonia, Picasso desde Málaga, Hemingway desde Illinois, Beckett desde Dublín— y que, sin embargo, terminaron siendo inseparables del paisaje cultural parisino. No nacieron en París, pero en París renacieron. La ciudad los rehízo.

La pedagogía implícita de una ciudad. Hay en la cita de Guitry una dimensión educativa que merece atención. Renacer implica un proceso: no es una transformación instantánea, sino el resultado de una exposición prolongada, de una escucha activa, de lo que podría llamarse —en términos pedagógicos— un aprendizaje experiencial de la más alta intensidad.

París enseña a quien se deja enseñar. Sus cafés son aulas sin horario; sus museos, bibliotecas sin índice; sus mercados, lecciones de historia social. Caminar por el Marais o detenerse ante el Sena al atardecer no es turismo: es, para quien lo vive con atención, el inicio de una conversación con la civilización europea en su versión más concentrada y más exigente.

En este sentido, la frase de Guitry conecta con una tradición intelectual que va de Montaigne —quien consideraba el viaje como forma suprema de autoconocimiento— hasta la filosofía contemporánea del lugar y la identidad. No somos solo lo que nacemos; somos también lo que aprendemos a amar.

La ciudad como texto literario. La literatura francesa ha tratado París no como escenario, sino como protagonista. Balzac la cartografió socialmente; Baudelaire la convirtió en símbolo de la modernidad melancólica; Perec la fragmentó en inventarios cotidianos de insólita belleza. Todos ellos, a su manera, confirman la intuición de Guitry: uno no comprende París al llegar, sino al volver; no al visitarla, sino al habitarla; no al mirarla, sino al dejarse mirar por ella. Esa capacidad de la ciudad para interpelar al viajero, para hacerle preguntas que no sabía que llevaba consigo, es quizás su rasgo más literario y más pedagógico a la vez.

Coda final. La próxima vez que alguien regrese de París con esa extraña mezcla de melancolía y plenitud que la ciudad deja como rastro, convendrá recordar a Guitry. No es nostalgia lo que siente. Es, simplemente, que ha comenzado a renacer.