Mostrando las entradas para la consulta Flaubert ordenadas por fecha. Ordenar por relevancia Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas para la consulta Flaubert ordenadas por fecha. Ordenar por relevancia Mostrar todas las entradas

Geronymonstre: Club de lectura que desafía los estereotipos

Hay fenómenos culturales que sorprenden no porque inventen algo completamente nuevo, sino porque consiguen colocar lo conocido en un escenario inesperado. Geronymonstre pertenece a esa categoría. Desde un barrio de Avignon, un grupo de jóvenes ha convertido la conversación sobre los grandes autores y pensadores en un espectáculo callejero difundido por las redes sociales. Marx, Zola, Flaubert, Molière, Rimbaud, George Sand o Simone de Beauvoir aparecen así entre chándales, zapatillas deportivas, humor, lenguaje coloquial y debates improvisados. 

La propuesta tiene algo deliberadamente contradictorio. Si imaginamos un club de lectura, probablemente pensamos en una biblioteca, una librería, un aula o una sala tranquila. Geronymonstre desplaza ese escenario a un aparcamiento situado junto a bloques de viviendas populares. Allí, la literatura deja de presentarse como un territorio reservado a quienes dominan determinados códigos culturales y se convierte en conversación, juego y enfrentamiento intelectual. Le Monde ha descrito el proyecto como una iniciativa de jóvenes de la periferia de Avignon que organizan auténticas «batallas literarias» entre grandes figuras del pensamiento. 

El fenómeno resulta especialmente interesante desde la educación, más aún tras la debacle de PISA 2025. Durante décadas hemos debatido cómo conseguir que los jóvenes lean. Con frecuencia, la respuesta institucional ha consistido en seleccionar obras, establecer lecturas obligatorias, elaborar cuestionarios y evaluar posteriormente su comprensión. Geronymonstre plantea una posibilidad diferente: quizá antes de pedir a un adolescente que lea un clásico haya que conseguir que perciba que la literatura también habla su lenguaje y puede formar parte de su mundo social.

No se trata, sin embargo, de simplificar los clásicos hasta hacerlos irreconocibles. Precisamente una de las virtudes del proyecto es mantener la ambición intelectual mientras cambia el registro comunicativo. La ironía, el argot, la escenificación y el humor funcionan como puertas de entrada hacia contenidos complejos. El resultado no es necesariamente una reducción de la cultura, sino una recontextualización.

Aquí aparece una cuestión educativa de fondo. ¿Quién determina qué aspecto debe tener una persona culta? Durante mucho tiempo existió una asociación bastante rígida entre cultura, apariencia, instituciones y determinados comportamientos. Geronymonstre desmonta esa asociación visual: jóvenes que podrían ser estereotipados socialmente como poco interesados en la cultura aparecen hablando de filosofía, literatura e historia de las ideas. El contraste es parte esencial de su mensaje.

También importa su dimensión digital. El proyecto comenzó en un entorno físico muy concreto, pero su difusión mediante Instagram, TikTok y otras plataformas ha multiplicado su alcance. La cuenta de Geronymonstre reúne cientos de miles de seguidores y ha llamado incluso la atención de instituciones culturales. 

Esto permite reconsiderar la relación entre libro y redes sociales. Con frecuencia se presentan como enemigos: el móvil distrae y el libro concentra; TikTok fragmenta y la lectura profundiza. La experiencia de Geronymonstre sugiere una relación menos sencilla. Una red social puede ser también un escaparate que despierte curiosidad por autores, obras y debates que después requieren una atención mucho más prolongada.

Naturalmente, conviene evitar la idealización. Un vídeo viral sobre Flaubert no equivale a leer Madame Bovary, del mismo modo que una batalla entre Marx y Adam Smith no sustituye el estudio de sus textos. La divulgación tiene límites y la cultura digital puede convertir cualquier obra compleja en una caricatura. El verdadero éxito educativo se produce cuando el espectáculo inicial conduce hacia la lectura, la argumentación y el pensamiento propio.

Por eso Geronymonstre merece atención más allá de su dimensión anecdótica. Su principal lección quizá no sea que los jóvenes franceses leen clásicos, sino que la cultura puede cambiar de escenario sin perder necesariamente su profundidad.

La literatura no necesita solemnidad para ser importante. Necesita lectores, conversación y preguntas. Si un aparcamiento de Avignon consigue que cientos de miles de personas vuelvan a hablar de Zola, Marx o Rimbaud, quizá la pregunta educativa no deba ser por qué esos jóvenes leen de una manera tan poco convencional, sino qué podríamos aprender de su manera de hacer que leer vuelva a parecer una aventura colectiva

Pierre Bourdieu habría reconocido de inmediato el mecanismo en juego: el capital cultural, ese patrimonio de referencias que distingue a quien "tiene derecho" a hablar de Flaubert de quien no. Geronymonstre no destruye ese capital, lo redistribuye: lo saca del salón burgués y lo devuelve a la calle sin perder rigor ni la palabra justa.

Un lector vasco reconocerá enseguida el parecido con la bertsolaritza, la improvisación oral en verso que Bernardo Atxaga situó siempre en el corazón vivo de la literatura vasca: dos voces, un tema impuesto, métrica exigente y el público como juez inmediato. La batalla de Aviñón y el bertso improvisado en una plaza vasca comparten una intuición muy anterior a internet: la literatura se conserva mejor cuando se dice en voz alta y se disputa, que cuando se archiva en vitrinas.

Para la educación, el fenómeno plantea una pregunta incómoda. Si un aparcamiento genera más entusiasmo lector que muchas aulas, quizá lo que falla no sea el contenido enseñado, sino el envoltorio institucional en que se presenta. La forma agonal —el debate, la disputatio medieval, el diálogo socrático— ha sido siempre uno de los motores más eficaces del pensamiento; Geronymonstre no ha inventado nada, ha recordado algo que la escuela olvida a veces: que las ideas se aprenden mejor cuando se defienden en voz alta, entre iguales, con algo en juego.

Queda por ver si el fenómeno sobrevivirá a su propia viralidad o se disolverá, como tantos otros, en el ciclo veloz de las redes. Pero mientras dure, recuerda una verdad incómoda para instituciones y minorías cultas por igual: la literatura no pertenece a nadie en particular, y menos aún a quienes creen poseer en exclusiva la llave de su vocabulario.

@anacabo17 ¿qué os parece esta iniciativa? #lectura #geronymonstre #francia #datoscuriosos #booktokenespañol ♬ sonido original - Ana Cabo

George Perec y el arte de escribir con límites

Ayer volvimos a citar a Perec, y no es la primera vez (posts anteriores). Queremos dedicarle un post de homenaje a Georges Perec: el escritor que convirtió las restricciones en libertad. Georges Perec (1936-1982) ocupa un lugar singular en la literatura del siglo XX. No es el más célebre de los escritores franceses, pero sí uno de los más inclasificables: novelista, ensayista, crucigramista, cineasta ocasional y miembro del legendario OuLiPo (Ouvroir de Littérature Potentielle), el taller de literatura potencial fundado por Raymond Queneau y François Le Lionnais en 1960. Su obra, aparentemente lúdica, esconde una de las meditaciones más hondas sobre la memoria, la identidad y el vacío que ha producido la literatura contemporánea.

La vida como materia literaria. Perec nació en París en el seno de una familia judía de origen polaco. Su padre murió en la Segunda Guerra Mundial y su madre fue deportada y asesinada en Auschwitz. Esa ausencia radical —la del origen, la de la lengua materna, la de los padres— vertebra toda su escritura, aunque raramente de forma directa. Perec no escribió sobre el Holocausto; escribió alrededor de él, con una estrategia de rodeo que resulta tanto más devastadora cuanto más silenciosa.

Su obra autobiográfica más explícita, W ou le souvenir d'enfance (1975), alterna dos relatos aparentemente inconexos: una novela de aventuras protagonizada por un niño llamado Gaspard Winckler y los fragmentos de una autobiografía interrumpida. Solo al final el lector comprende que ambos hilos convergen en una alegoría sobre los campos de exterminio. La literatura como cifra, como modo de decir lo que no puede decirse de frente.

El juego como método. Lo que distingue a Perec de sus contemporáneos es su relación con la restricción formal. Para el OuLiPo, las reglas no son una camisa de fuerza sino un trampolín: la limitación libera la imaginación de sus inercias. Su novela La Disparition (1969) está escrita sin utilizar en ningún momento la letra e, la más frecuente del francés. No se trata de un truco vacío: la ausencia de esa vocal es también la ausencia de la madre (mère), del padre (père), de los seres queridos (aimée). El lipograma se convierte en elegía.

Su obra más ambiciosa, La Vie mode d'emploi (1978), describe en un instante detenido los cuartos de un edificio parisino y las vidas de sus habitantes. La estructura se basa en el recorrido del caballo de ajedrez por un tablero de diez por diez; cada capítulo incorpora elementos tomados de listas combinatorias cuidadosamente elaboradas. El resultado no es un ejercicio matemático sino una novela humana, polifónica y melancólica, sobre el tiempo que pasa y las historias que quedan inconclusas. Georges Perec murió de cáncer a los 45 años, sin haber terminado varios de sus proyectos. También eso forma parte de la obra.

Lo cotidiano como territorio. Perec fue también el escritor de lo infraordinario. En Tentative d'épuisement d'un lieu parisien (1975) se sentó durante tres días en la Place Saint-Sulpice y tomó nota de todo: los autobuses que pasaban, los peatones, las palomas, los cambios de luz. No buscaba lo extraordinario sino lo que habitualmente pasa desapercibido. "Lo que nos interroga", escribió, "es quizás no tanto lo insólito como lo cotidiano".  Esa atención minuciosa al detalle doméstico, a los objetos, a las listas, a los inventarios, conecta a Perec con una tradición que va de Flaubert a Proust y que en nuestros días resurge con fuerza en la autoficción y en la escritura de lo real.

Una lección de escritura. Leer a Perec es descubrir que la forma no es ornamento sino pensamiento. Que las reglas pueden ser más liberadoras que la espontaneidad. Que el juego y el duelo no son incompatibles. Y que la literatura, cuando funciona, convierte el silencio en palabra sin traicionarlo.

@franceculture À vous d'écrire un commentaire sans "e" dedans 👇 #surrealisme #alphabet #georgesperec #litterature #booktok #tiktokacademie ♬ son original - France Culture

Los Soprano: Anatomía de una revolución televisiva

El paciente de Nueva Jersey: Una radiografía de "Los Soprano"En 1999, la televisión cambió para siempre. No fue un cambio sutil, sino un terremoto cultural provocado por un hombre corpulento, con una bata de baño, recogiendo el periódico al final de una entrada en Nueva Jersey. "Los Soprano" (The Sopranos), creada por David Chase para HBO, no sólo inauguró la llamada "Edad de Oro de la Televisión", sino que elevó el medio a la categoría de arte, equiparando la narrativa serializada con la complejidad de la literatura rusa o el cine de autor de los años 70.

A lo largo de seis temporadas y 86 (5*13+21) episodios, la serie nos sumerge en la vida de Tony Soprano (el inigualable James Gandolfini), un capo de la mafia italoamericana que, tras sufrir un ataque de pánico, se ve obligado a hacer lo impensable para un hombre de su posición: acudir a una psiquiatra, la Dra. Jennifer Melfi (Lorraine Bracco). 

La Historia: Dos Familias en ColisiónLa premisa superficial sugiere un drama criminal, pero "Los Soprano" es, en esencia, un drama doméstico y existencial. La narrativa se bifurca constantemente entre "La Familia" (la organización criminal DiMeo) y "su familia" (su esposa Carmela, sus hijos Meadow y A.J., y su terrible madre, Livia).

Lo brillante del guión de Chase es cómo utiliza la mafia como una metáfora del capitalismo salvaje y la rutina laboral. Tony no es el Padrino operístico de Coppola; es un gerente de nivel medio, estresado por los ingresos, los empleados incompetentes (como su sobrino Christopher Moltisanti) y las rivalidades de oficina.

El conflicto central no es siempre la policía o las bandas rivales, sino la batalla interna de Tony. A través de las sesiones de terapia con la Dra. Melfi, la serie explora la depresión, la ansiedad, la masculinidad tóxica y la búsqueda de sentido en un mundo posmoderno donde las viejas lealtades se desmoronan. 

¿Por qué es la mejor serie de la historia? Para la crítica académica y cultural, "Los Soprano" ocupa el lugar que Ciudadano Kane tiene en el cine. Su valoración se sustenta en tres pilares fundamentales:

- La invención del Antihéroe Moderno: Antes de Walter White (Breaking Bad) o Don Draper (Mad Men), estuvo Tony. Chase nos desafió a empatizar con un asesino, un adúltero y un sociópata. La serie nos educa en la incomodidad moral: amamos a Tony por su carisma y vulnerabilidad, pero nos horrorizamos ante su brutalidad. Esta ambigüedad moral es pedagógica; obliga al espectador a cuestionar su propia ética.
- El Realismo Psicológico: A diferencia de otras ficciones, los personajes en "Los Soprano" no siempre aprenden de sus errores ni tienen arcos de redención claros. A menudo, retroceden, se estancan o empeoran. Carmela Soprano (interpretada magistralmente por Edie Falco) representa la complicidad silenciosa, debatiéndose entre su fe católica y los lujos financiados con sangre. Es un estudio de la hipocresía humana tan agudo como cualquier texto de Flaubert.
- La Narrativa Simbólica: La serie está repleta de simbolismo onírico. Los sueños de Tony no son relleno; son claves freudianas para entender su subconsciente. Patos en una piscina, carne cruda, figuras en las sombras; "Los Soprano" exige una audiencia activa y culta capaz de descifrar estos códigos.
Dato Clave: El sindicato de guionistas de EE. UU. (WGA) la nombró la serie mejor escrita de todos los tiempos. Ganó 21 premios Emmy y 5 Globos de Oro

El Final y el LegadoNo se puede hablar de esta obra sin mencionar su desenlace. El corte a negro en el restaurante Holsten's mientras suena Don't Stop Believin' de Journey sigue siendo el momento más debatido en la historia de la televisión. ¿Murió Tony? ¿Es simplemente el fin de nuestra visión como espectadores?

David Chase rechazó el cierre convencional para ofrecernos algo más valioso: la incertidumbre. Nos enseñó que en la vida, a diferencia de las historias baratas, no siempre hay conclusiones limpias ni justicia poéticaEse cierre resume la propuesta estética y moral de toda la serie: No hay respuestas fáciles, no hay catarsis limpia, no hay redención gratuita.

Para el estudiante de narrativa, psicología o sociología, "Los Soprano" es una tesis visual sobre el declive del imperio americano a principios del siglo XXI. Nos muestra una sociedad obsesionada con el consumo, medicada para soportar la realidad y profundamente sola a pesar de estar rodeada de "familia". Ver "Los Soprano" hoy no es solo un acto de entretenimiento, es un ejercicio intelectual. Es mirar al abismo de la naturaleza humana y ver cómo el abismo, con una sonrisa encantadora y un habano en la boca, nos devuelve la mirada.

Recomendable el documental sobre la serie, también en HBO.

Por qué amo mi rutina (y por qué tú también podrías)

Hoy queremos elogiar el valor y el arte de la rutina, y cómo los hábitos nos enseñan a vivir. Abrazar lo cotidiano no es cárcel, es el mejor taller de una vida plena y la óptima estructura secreta para la libertad. 

Hay días, sobre todo en un verano de AlicanTerapia (más posts), que parecen repetirse con un ritmo tan previsible que casi podríamos recitarlos de memoria: levantarse temprano, antes andar ahora nadar unos largos en la piscina, escribir unas páginas, conversar y aprender con amistades de todas las edades y disfrutar de la naturaleza y del entorno

Lejos de ser un signo de monotonía, la rutina es un espacio de cultivo. Como dijo Gustave Flaubert«Sé regular y ordenado en tu vida para ser vehemente y original en tu obra».

La rutina nos da la estructura sobre la que construimos. La piscina, por ejemplo, no es solo ejercicio: es una forma de meditación en movimiento. El agua obliga a un diálogo interior. Al nadar, uno se encuentra con su respiración, sus pensamientos, y el ritmo cadencioso calma la mente y abre espacio a la creatividad. He resuelto más problemas en el silencio líquido de una piscina que en muchas tormentas de ideas.

Luego está la escritura diaria. No siempre se escribe bien, algunos casi nunca lo hacemos, pero siempre se entrena la mirada. La costumbre de sentarse ante la página vacía enseña humildad: hay días fecundos y otros baldíos, pero la rutina hace el trabajo. La gran escritora Joan Didion, a la que pronto dedicaremos un post, apuntó: «Escribo para saber lo que pienso».

Por último, las conversaciones con vecinos y amigos, de aquí y de allá, de niños a abuelos. Algunos ven en ellas una distracción; para mí son parte esencial de la rutina. Son laboratorios de ideas, espacios donde uno se expone a lo que no sabe. Nada reemplaza una buena charla, con risas o con silencios compartidos, para sentir que la vida tiene textura.

La rutina no es prisión. Es un andamiaje. Gracias a ella podemos explorar lo incierto sin miedo de perdernos. O como decía Séneca«La vida sin un plan es errar al azar».

Así, cada día que parece igual es, en el fondo, diferente. Porque somos diferentes después de cada brazada, de cada frase escrita, de cada conversación. Y esa es la magia de la rutina bien elegida: nos mejora. Añade a la rutina diaria un poco de lectura, otra dosis de aprendizaje y un montón de amor. Así será más feliz.

La educación sentimental

En nuestros días se desconoce casi todo de esta materia, ni siquiera la insigne obra de Flaubert es reconocida.

Es indudable la mejoría de la formación de nuestra juventud, tanto en lo referente al desarrollo de la inteligencia cognitiva, como –también, aunque en menor grado- de la inteligencia emocional. Pero la “educación en valores”, y particularmente la “educación sentimental” son un déficit para el pleno desarrollo personal y colectivo de la generaciones futuras.

Con ánimo educativo y sin pretensiones de categorizar, se relacionan algunos consejos que se han demostrado útiles para orientar a jóvenes con incertidumbres y pesares en tan sensible problemática, que a veces conduce a la infelicidad de una vida solitaria o mal acompañada. El método nemotécnico podríamos denominarlo “CEDA”, por las iniciales de los verbos implicados.

Comprometerse. La búsqueda de una pareja exige decisión y empeño. Lo primero es determinar si se busca “un ligue” o un compromiso mayor. Es exigible que las dos partes tengan el mismo propósito. Este esquema se orienta más hacia quienes desean y pretenden un compromiso estable y duradero. Esta etapa es esencial, pero a menudo se olvida y luego es fuente de desengaño.

Elegir. Es preciso comprender que escoger una potencial pareja no es lo mismo que tomar parte en un jurado de “Miss o de Mister”. No se trata de buscar la candidatura óptima… para no se sabe quién. Escoger bien es hallar alguien que te convenga,… y que tú le convengas a esa persona. Porque alguien que te “conviene a ti” debe ser alguien a quien “tú también convengas”. Repetimos: Si tú no le convienes a esa persona, esa persona no te conviene a ti. Puede parecer muy prosaico, pero éste es el quid de una buena selección. El objetivo es encontrar una pareja que se hagan y se sientan bien mutuamente.

Declinar. Todo lo anterior resultaría insuficiente si no aseguramos nuestra capacidad de rechazar opciones que no cumplan con generosidad y rigor lo planteado anteriormente. Hay que aprender a romper lo que no ha empezado bien, o lo que empeora. La gente cambia, es cierto, pero una relación con dificultades de entendimiento o compromiso desequilibrado con el tiempo suele ir… a peor. Sólo desde un análisis frío, incorporando opiniones de quienes nos quieren incondicionalmente (como la familia), y desde la libertad de poder romper… se puede dar el último paso…

Aceptar. Que es mucho más que decir “SÍ” en un momento; es aceptarse y disfrutarse de cómo sois ambos, y aceptar que podéis amaros aún más. No sólo hay que aceptar las diferencias que puedan existir, también hay que adorarlas desde ambos lados. Significa apostar por la pareja, por encima de uno mismo. Hacer que la primera dicha buscada no sea la tuya, sino la de tu cónyuge. Aceptar significa pensar en el medio y largo plazo, no en lo inmediato. Aceptar es amar, profundamente y para siempre. Aceptar el amor es… asumir la vida y descubrir la felicidad.

Versión para imprimir: mikel.agirregabiria.net/2007/edusentimental.DOC

El mejor libro de la Historia

Diez imprescindibles libros que todos deberíamos haber releído varias veces, y que pueden descargarse gratuitamente desde Internet.

Muchos críticos consideran que el mejor libro de la historia de la literatura universal es “El Ingenioso Hidalgo Don Qujote de la Mancha”, escrito por Miguel de Cervantes a principios del siglo XVII. Otros creen que también podrían optar al primer puesto “La Divina Comedia” de Dante Alighieri, “Madame Bovary” de Gustave Flaubert, u obras de William Shakespeare como ”Hamlet”, “Otelo” o el “Rey Lear”.

Entre los más clásicos más modernos, en la cumbre siempre han figurado títulos tan variados como “Los hermanos Karamazov” de Dostoievski (o “Crimen y castigo” del mismo autor que fue mi primer gran libro), “Guerra y paz” de Tolstói, “La montaña mágica” de Thomas Mann o el más reciente “Ficciones”, un texto de Jorge Luis Borges del año 1944.

Muchos creen que el libro principal es alguno de carácter sagrado: la “Biblia”, el “Corán”, o el “Talmud”,… Todos de innegable valor literario e indudable trascendencia histórica. Otras obras de reconocimiento universal, como el "Ulises” de James Joyce, se excluyen porque nunca facilitaron su lectura.

Cada persona mantiene sus propias preferencias. Por su valor educativo para quienes se inician en la lectura, quizá algunos profesores nos decantaríamos por “El Principito” de Antoine de Saint-Exupéry, “Moby Dick” de Herman Melville, “Las aventuras de Tom Sawyer” de Mark Twain, o “La vuelta al mundo en 80 días” de Julio Verne,… Como lema final, se podría apuntar que en todo tiempo y lugar el mejor libro fue y será el que a más personas y en más lenguas, con menos páginas y requisitos previos, enseña más, alegra más, libera más y aviva más.

La erudición es algo refrescante.

La erudición es algo refrescante. Flaubert

Un día del hombre erudito es más largo que un siglo del ignorante. Posidonio

El que tiene imaginación sin erudición es como el que tiene alas y carece de pies. Joubert

Encarrilados

Si yo hubiese inventado el ferrocarril no habría consentido que nadie montara en él sin mi permiso. Gustave Flaubert

Lección de Atxaga

La sobrepresencia mediática de la disputa política ha sofocado y desviado el debate social sobre los temas verdaderamente decisivos, como familia o educación.

La aparición de la última novela de Bernardo Atxaga, 'El hijo del acordeonista', nos ha permitido deleitarnos con las múltiples entrevistas concedidas por el escritor vasco contemporáneo más reconocido. Cada entrevistador y cada medio de comunicación orientan sus preguntas con intencionalidades propias, no sólo culturales sino también políticas, pero la sabiduría un genio literario como el de Atxaga sobrevuela muy por encima de los planteamientos pedestres de gran parte de la prensa actual.

En un periódico local, Joseba Irazu (el escritor que se esconde bajo el seudónimo de Atxaga) concluye un diálogo con unas recomendaciones para los lectores, que al tiempo son un reproche al mundo de la comunicación escrita y audiovisual sobre el mal uso que hacen de su único pero inmenso poder: La capacidad de elegir los temas sobre los que enfocar la atención pública. Atxaga señala que “tenemos que cambiar de conversación pública, no ser tan reiterativos. Esas reiteraciones esconden un montón de hechos y de vidas que tú palpas cuando sales a la calle, pero de las que no se habla”. Y continúa apuntando lo que, a su juicio, debiera ser con mayor propiedad el centro del debate social: “Debiera opinarse más lo que hay que hacer en las escuelas para mejorar la educación de nuestros hijos, de qué pasa con los adolescentes, de cómo se van a integrar los inmigrantes. A veces vengo de dar una charla, paso por un pueblo y veo una cuadrilla de chavales. Me parece asombroso que nadie hable de ellos, que no haya artículos, columnas, una reflexión constante sobre estos fenómenos. Los padres están desconcertados con lo que ocurre en su casa. Están esperando a que pase el tiempo y las cosas cambien. Pero pongo la radio y oigo la trifulca política, que me aburre soberanamente”.

Atxaga pone el dedo en la llaga: ¿Estamos respondiendo debidamente a los retos contemporáneos en medio de la bronca política? Quizá ha llegado el tiempo de focalizar nuestros esfuerzos y recursos en los problemas esenciales del tiempo que nos ha tocado vivir. ¿Cómo son las familias actuales? ¿Qué queda hoy en día de la “educación familiar” anterior y previa a cualquier forma de escolarización? ¿La generación que nos sucederá, incluida la nueva y creciente ciudadanía de origen extranjero, están debidamente atendidas en su formación? ¿Qué futuro se ofrece a los adolescentes? ¿Cada uno de nosotros hemos asumido la necesidad de una enseñanza permanente durante toda la vida por razones profesionales y de desarrollo personal?

A mediados del siglo XIX, Gustave Flaubert manifestó que “la vida debe de ser una incesante educación”. Ojalá que siguiendo el consejo de Atxaga, los periódicos, radios, televisiones e Internet recojan secciones más nutridas y documentadas sobre educación, familia y sociedad. Una pregunta reveladora: ¿Cuántos periodistas están especializados en educación o familia comparados con los innumerables dedicados a política, deportes o prensa del corazón?